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En tus aposentos

En ese pequeño y sucio aposento.
inadecuado,
Solitario,
donde mi propia tristeza
se duerme en la oscuridad.
Atravesando ese desierto árido,
Infértil.

Cierro los ojos de mi alma.
Permanezco quieto mientras penetro en ese recinto donde cantare para ti,
y dejare que mi voz se una a la poesía de tu creación.
Es en ese momento cuando eres el centro de mí ser.
Sin tiempo.
Sin espacio.
Solo tus ojos posándose sobre mi mirada en la profundidad de mi alma.

Arrodillo mi andar ante este apacible silencio.
Donde el eco de tu voz resuena dentro de mí
Siento una suave brisa que susurra en mis sentidos,
Siento tu fuerza como un rayo ferviente que arde en mi corazón


En ese pequeño y sucio aposento,
dejare que en tu serenidad escuches mi clamor.
Entonces me despojare del tiempo.
Me arrancare la piel de las vanidades y me hundiré en tus pensamientos para estar a solas contigo.
Abriré mis ojos ensombrecidos por las lágrimas de la emoción.
Y allí,
Brillara tu luz,
Y hallare tus brazos placenteros buscando abrazarme

En ese pequeño y sucio aposento me quedare a solas contigo.
No quiero estar en ningún otro sitio.
Solo allí
Arrodillado
en tu presencia.
Desnudando mi alma al saber que estás conmigo.
Mi único y verdadero Dios.
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Reminiscencia de invierno (parte I) (B)

Cae la tarde, los vientos gélidos del norte soplan con fuerza sobre la estampa de plomizos y níveos colores del centro de la ciudad. Los pasos de Salvatore se hacen pesados sobre el pavimento glacial mientras libra una batalla épica contra la ventisca que escupe su ráfaga de furiosos copos de nieve. Recién salido del trabajo, se dirige a su estación del metro urbano, a unas pocas cuadras del altísimo edificio de cristal donde trabaja. Hoy no tiene ánimo de pasar a tomar su macchiato bien espeso en la cafetería de moda del centro que le queda en el camino, urge llegar a casa a atizar unos leños en la chimenea y entibiar un poco el espíritu.

A pocos metros de la cafetería, desde el otro lado de la acera, observa sin embargo a los grupos de amigos, parejas e individuos solitarios que beben los cálidos sorbos de sus bebidas a temperatura de ebullición, casi todos con un móvil en la mano y unos pocos con un libro. Y su vista se detiene en una figura en particular; una chica de mirada perdida que sentada en una mesita al lado de la ventana, observa la blancura del ocaso y se extravía en los laberintos espirales de algún fugaz remolino de viento. Sus ojos son de un café tan oscuro como la densidad del espresso en el macchiato que Salvatore suele tomar. Su cabello castaño claro es tan liso que la luz de la lámpara encima de su mesita resbala por su pelo hasta caer al piso. Sus labios carnosos sugieren que su sonrisa debe ser angelical, pero su expresión es más bien de tristeza, pero no de una tristeza llana y simple, más de esas que son complejas, envueltas por el misterio. El corazón de Salvatore, sin embargo, late ahora con una tibieza inesperada, y antes de darse cuenta se encuentra en la puerta de entrada; sus pies lo han llevado hasta allí sin notarlo, como deslizándose o patinando por el pavimento helado.

El lugar está abarrotado, no cabe un alma; el frío invernal obliga a los transeúntes a hacer parada obligatoria y pedir una bebida bien caliente. Pero ya está allí y voltea a ver a la chica de los ojos café profundo, ahora de espaldas hacia él; lleva un abrigo corto de un color tan blanco como la nieve, lo cual realza el rojo escarlata del lapiz labial sobre sus carnosos labios. —Me das un macchiato con leche de soya y un toque de caramelo por favor —le dice al cajero— ¿alto, grande o venti? —le responde el cajero— Mejor un venti. Que me dure un buen rato— y le da un billete de diez dólares. Ya con su café en la mano, da un par de vueltas por las mesas y barra de asientos individuales del lugar, sin encontrar un solo espacio, excepto por una silla disponible en una mesita pequeña donde una anciana de cabellos plateados que está absorta en la lectura de su libro mientras bebe un latte que parece inagotable; y otra silla al lado de un hombre de mediana edad —aunque por su cabeza calva parece mayor— con una abundante barba y cara de pocos amigos, como quien ha tenido un día muy cargado; y por supuesto, la silla libre en la mesita de la chica de los ojos profundos, absorta en el panorama invernal de la calle, con un libro abierto casi por la mitad al que no ha vuelto a mirar en todo el rato que Salvatore lleva observándola. —¿Te molesta si me siento aquí? —ella lo mira con semblante serio, con especial asombro, como quien quiere ver hacia adentro y no solo por encima, pero no dice nada— ¡Es que no hay un solo lugar disponible! Claro, si no soy inoportuno, y si no esperas a nadie —Y ella lo sigue mirando por breves segundos más, pero su boca no se abre, mas con sus labios hace un gesto tan leve, como el de una tímida sonrisa; y de alguna manera parece que asiente a que Salvatore la acompañe. Al menos así lo entiende él, que sin decir más pone su bebida sobre la mesa y jala la silla, inusualmente pesada y sin protectores de hule en las patas, haciendo un ruido particularmente enervante al hacerlo. Ella levanta una ceja, como diciendo: —¿Qué haces? —pero realmente no dice nada— Perdona, no ha sido mi intención— se excusa él.

La mirada de ella se zambulle ahora en la página actual de su libro, como queriendo esquivar la conversación con el chico; aunque en su interior siente, sabe, que debe, que necesita hablar con él. Mientras lee, sus ojos café parecen sumergirse en las páginas y éstas abren un portal que la transporta al mundo de la novela; al mismo tiempo, con su mano derecha y sus uñas semilargas, muy bien cuidadas, sin pintura; hace un sonido sobre la mesa que emula el cabalgar de caballos. —¿Qué lees? —pregunta él con sincera curiosidad. Y ella, en ese instante, es como sacada por un haz de luz del mundo de su novela y transportada en el acto a la mesita, con un par de bebidas calientes, un libro, y claro, un desconocido frente a ella. —No me despiertes del olvido —le responde, sin más— ¿Y de qué trata? —vuelve a preguntar, a lo que ella replica— es un cuento muy largo para contártelo, y aún no me decido si es ciencia ficción, o magia mística egipcia, o una combinación de ambas cosas; es intensamente romántica, eso si te lo puedo asegurar; pero, parece ser un romance que trasciende generaciones, eras, culturas y algo más— suena bastante bien —responde Salvatore— ¡es apasionante, no tienes idea! —concluye ella, y se sumerge de nuevo en su lectura. Mientras tanto él, bebe su macchiato lentamente, como disfrutando cada pequeño sorbo de alegría caliente; no sin notar que la alegría que siente no proviene del macchiato exactamente, sino de la contemplación de la hermosa chica que tiene frente a él. Su mirada se hace penetrante, sus ojos chocan contra el café oscuro de los de ella; por su parte ella, se siente observada, quizás contemplada más bien. Ya no logra concentrarse en el libro, se dedica a tomar su bebida, observarlo de vuelta disimuladamente, para luego envolverse con él en una charla trivial de desconocidos; de esas en las que hablas muy a grosso modo de tus aficiones, de tu trabajo, de que estudiaste, de que te gustaría hacer con tu vida más tarde, de alguna experiencia interesante vivida. Y hablan, y se observan, continuan charlando y se miran, casi como acariciándose con los ojos, hasta que en un instante inesperado, al unisono, ambos tienen una especie de flashback, una reminiscencia; una escena compartida, ambos caminando tomados de la mano, en una tarde de otoño, por una larga avenida de tiendas de moda en Milán. —¿Alguna vez has estado en Italia? —preguntan ambos al mismo tiempo— ¡Qué casualidad! Hacernos la misma pregunta en este instante —dice Salvatore— Nunca he salido de los Estados Unidos, dice ella —yo estuve de viaje en Alemanía hace unos pocos años, pero es el único lugar de Europa en el que he estado —responde él. Ninguno se atreve a mencionar nada de esa reminiscencia absurda que parecen haber tenido, para no atemorizar al otro.

En un abrir y cerrar de ojos, cae la noche con todo el peso de su oscuridad y la temperatura desciende unos cuantos grados más. Han conversado por dos horas y media ya. Ella se excusa, que debe salir corriendo, que tiene que pasar haciendo unas compras antes de irse a casa, que le cierran el supermercado. El quisiera acompañarla, quisiera pasar toda la noche conversando con ella, observando sus bellos ojos y sus carnosos labios que invitan a besarla. Pero no dice nada al respecto. —¿Te volveré a ver? —le pregunta— ¡Quiero creer que sí! —responde ella y le da un post-it de color neón, con algo anotado; se levanta de la mesa, le da un ligero beso en la mejilla y sale de la cafetería antes que Salvatore pueda siquiera decir adiós. La observa desde la ventana mientras se aleja, con sus jeans apretados y sus botas blancas de invierno; la ve caminar pero más bien parece que flota en el viento y se pierde en la oscuridad de la esquina donde dobla, para desaparecer.

Salvatore se queda sentado en la mesa unos minutos más, tratando de asimilar qué ha significado ese encuentro. ¡Qué significa ese flashback! ¿De dónde puede conocer a esta chica que se le hace tan familiar? Abre el post-it: "Alessandra, 493-2345. ¡Despiértame del olvido!". Es lo que ve al leerlo.

(continuará...)


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@AljndroPoetry - 2018-Dic-12

Quise recordar este relato
originalmente escrito a finales del 2017


Puedes leer la 2a parte en:
poemame.com/m/relato/reminiscencia-invierno-parte-ii
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Adios

Adiós
Al verte mi corazón se siente vivo…
En tu ausencia la lentitud de su palpitar marcan mi tristeza…
Ahora que se que el final se acerca, temerosa quedo ante los recuerdos que no cesan dentro de mi…
Viviendo el momento contigo me encuentro, sin pensar en un mañana melancólico por tu ida…
Te siento dentro, son tan profundas estas emociones, que el mar se queda escaso…
Mis lágrimas derraman ira, una ira producida por la apatía de tus sentimientos…
Sola me quedo, pero escarmentada me siento…
Un querer que no quiera marcharse, me desafía en este reto donde el olvido queda como protagonista…
Mis manos se agarran con fuerzas a la nostalgia que dejas…
En la oscuridad se pierde tu rostro, cada vez más tenue porque ya no hay brillo en mis ojos…
Idealizada te encontré en mi imaginación, la cual fue puro engaño dentro de mi interior…
El sol se acerca, pero mi agonizante alma no le deja paso a esos rayos que solo tienen compasión por un cuerpo frágil y roto por tu adiós…
Sufro a solas y a escondidas, sigo esperándote…
Mi adrenalina quema mi cabeza, haciéndola inútil por tales sucesos….
Corrompes mi cielo que ahora se convierte en un infierno, donde todo lo que siento se quema a fuego lento….
Me das pena, me dicen los silencios de amargura…
Pero mi aura que aun tiene fuerzas, brillan por mí como brillan esta noche las estrellas…
Alzo la mirada al cielo, donde alzo mi cuerpo y yacen mis sentimientos…
Soledad cógeme en este silencio…
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En la esquina

En la esquina hay un bar que presume de adicciones, donde las monedas compran los indultos a sus penas, que se sienten prisioneras de inconvenientes pasiones.

En la esquina hay un bar que me alentaba pisar, porque guardaba en mi Alma el malestar de un adiós, fue tanto lo que dolió que me costaba olvidar

Y en ese bar dejé mi huella en cada copa, y junto a mi huella la marca de mi boca que de todo lo indebido se dejaba provocar

Con los ojos cerrados la amé, pero a ojos abiertos fue tanto lo que lloré que si una de mi lágrima del cielo callera, convertiría el seco otoño en la más verde primavera

Acompañado del alcohol llegan las tardes, porque en mil historias de amor fuimos cobardes, desamparados infortunios en las sendas más oscuras, con almas desnudas carecientes de ternura

Pero de recuerdos nos llenamos quienes de la rosas recordamos la más filosa de su espina, y las penas desahogamos en este bar de la esquina.
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En tercera persona

...

En tu piel he venido a morir
de esta pasión sin un huella.
Las calles a recorrer para partir
recobrando el aliento a ella

De entre tantas hojas secas
es mi tinta la que te añora;
son todos los años que disecas
de estas letras sobrecogedoras.

Voy caminando junto al viento
para de entre mis manos tenerte,
ser mi eterno alojamiento
deshojando la espera al verte

Eres mi retorno infalible
¿cuanta paz hay en este silencio?.
Nuestra oscuridad es imposible
bajo el escribir de comercio.
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La Escaramuza de mi musa

Entre desprecios pasajeros,
Vi mi escaramuza deleitada,
Corriendo entre las almas
De mi ciega juventud.

Entre los bosques de mi mente
Estaba ella
Perdida!, atrofiada!
Y hasta rebuscada!
Oh! Una lucha del presenté.

Por las veredas en la noche me persigue,
Me golpea hasta en los sueños,.
Me arrolla con su mirar tan frágil y versátil.
Y con un Renault 6 que no sé dónde putas sale.

Con los cielos despejados,
La lucha se extrémese
Mi arma es una pluma
Y la de ella su dulzura.

La escaramuza de mi musa.
Tan confusa, oscura como lechuza
Es la rusa de mi tusa
Oh! Mi musa
Con sus lindos tulipanes de gamuza.


Dedicado a esa persona que me inspira, con el hecho de no hacer nada.
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Una voyeur estúpida

Una voyeur estúpida. Así puedo resumir sus emociones, fiel paseo por las mías —aunque no voy a admitirlo, jamás nunca—. Impotencia ante unos ojos, cada día más hundidos, una boca temblorosa y un aviso: poner sombras de tachones por encima de lo cierto, no lo borra. La lectura bajo alambres de lo que no sea propicio, de lo que es amargo y duele, sigue siendo al fin y al cabo, una lectura legible. Presenciar lo irreparable a pesar de la porfía… porque mira que no hay quién que a su insistencia gane. O eso parecía.

Permitidme que suponga que su corazón aún late como cuando no era otoño. Sin embargo, yo diría que palpita encogido, recostado sobre su hombro como rama de peral. Ahora son cuatro los ojos que observan el derrumbe, resultado de renuncias obligadas. ¿Exagero? Ojalá.

Me parece que ella nota el desorden, esa mezcla de emociones, el jardín sobre el asfalto que no logra echar raíces porque viven las renuncias por debajo y van a ser cepo que atrape su esperanza para siempre. Teme agosto y su sequía, odia las evocaciones al candil de otra sonrisa, rabia cuando le salpican intercambios de señales… Ya le dicho yo que no, que no puede apedrear una a una las farolas de una ciudad que aún respira —pese a que no viva nadie— , que no debe trasnochar recorriendo cada calle, intentando evitar lo… Y me pide que no hable, le revuelvo las entrañas, pero no voy a callarme. Si escribiera yo la historia y pusiera yo los versos… pero ella es la poeta. Si escribiera yo la historia ni siquiera yo estaría. Un camino de dos piernas y amapolas, solamente.

No es que quiera que se rinda, lo que quiero es que no sufra en la espera de una nota musical, un milagro que le bese bien la boca. ¿Experiencia o agonía? Cuando alguien se debate entre salir corriendo y quedarse, eligió la tercera alternativa, es decir: volverse loco. Y allí está, en una habitación a oscuras, más peso sobre una espalda repleta de arañazos, de rutina, de costumbre, polvo, mugre. ¿Cómo va a dar sosiego en ese estado? Dadme a mí la solución de una mente más perdida que la mía y puede ser que así encuentre el desvío o la esperanza que no tengo.
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6comentarios 78 lecturas prosapoetica karma: 106

Virginidad perdida

Desnuda en la penumbra,
el lienzo de su cuerpo
del valle a la llanura
revela su misterio.

Instante clandestino
que da forma a la incógnita,
tentando con sigilo
la rosa que desflora.

Oscuro es el deseo,
su libido insondable,
recóndito el secreto,
su sexo indescifrable.

Afloran los estímulos
en ese cuarto oscuro,
temblando el sable frío
sobre el calor profundo.

Hermética es la cripta
de su placer más íntimo,
descífrese el enigma
al dividir el virgo.
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Luna, la luz que necesité

Yo también silencié palabras que quise gritar alguna vez,
derramé lágrimas saladas sobre mis mejillas
mutilé mis buenas intenciones y maté mis ilusiones.
Rasgué mis vestiduras en los momentos de cólera
renuncié a mis principios, yací perdida en mi mundo;
me entregué a la bohemia/
transporté mi alma a la locura/
hice del whisky el agua de vida/
y mientras todo daba vueltas a mi alrededor
serpenteaba el humo hacía la confusión.
Sin embargo…
Nunca fue tarde para entender
que en las noches más oscuras
la luna seguía alumbrando mis senderos.
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El hombre sin cabeza

Un frío que raja la piel, y esta maldita llovizna impertinente aumenta el fango del camino. Mis botas se hunden. ¡Oscura madrugada! Solo por amor recorro seis kilómetros para verme con ella. ¡Cuánto sacrificio! El amor se impone. Cuando las ganas aprietan…, se acaban los imposibles.
“Es peligroso andar de madrugada”, dicen en la zona. Y comentan la aparición de “El hombre sin cabeza”… ¡Pamplinas…! ¡Supersticiones!
El frío y el cerner de lluvia continúan. Suerte el abrigo, que extendiéndolo me cubre la cabeza.
Diviso algo delante. Es alguien…, sí, no cabe dudas, pero no se mueve. Me detengo. ¿Será…? ¡Los fantasmas no existen! ¿Y qué hago parado? No. No creo… ¿Será que, creyendo dudo? ¡Allá voy!
--¡Eeeehhh!— grité nervioso al pasarlo a rápidas zancadas. Me remedó un grito aterrador, indescriptible.
Llegué jadeante al campamento. Todos dormían, me quité la ropa mojada, sequé, puse un short y tiré sobre la litera. No se me quitaba de la cabeza lo ocurrido. Cuando dieron el “¡De pié!, estaba molido, no dormí nada. A penas rendí en el corte de caña.
Concluida la jornada, tome un baño y dormí un rato. A nadie conté nada…, que va, sería desprestigiarme. Me senté a jugar dominó.
Nicomedes, el del batey. Vino a jugar. Mientras esperaba su turno dijo:
--Anoche vi al “hombre sin cabeza”... —¡Su historia fue la mía!, pero más exagerada
--Siéntate Nicomedes, juega por mí. – le dije parandome.
— Pero Raúl, termina la data. --masculló mi pareja.
–Me voy —Le contesté, y salí otra vez a encontrarme con Amparo, más convencido que nunca de que los fantasmas no existen.
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Misterio de la Rosa

El misterio es la rosa taciturna
marchita, mustia por sed y dolor
que aún así florece desnuda,
que aún así no pierde su color

Sedas sus pétalos oscuros y rojos
suaves al tacto impregnados de aroma
botones pequeños que parecen ojos
me envuelven y acarician mientras me toma

Rosa que no muere en el desierto
entre llanto y risa suspira alevosa
sabe que la belleza es solo cuento
que su mejor virtud es su alma piadosa.
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13comentarios 88 lecturas versoclasico karma: 104

Tenerte sin tenerte

Miro al cielo en esta noche
de nubes negras,
cual lágrimas espesas
de aquellos que no pueden amarse,
cuando han de pensarse,
en el camino del destierro,
del que llega primero, sin poder amar.

Mente que divaga en la oscuridad,
sin poder ver el brillo de tus ojos negros,
que resuelven primero, tu figura tan audaz,
como un espejo en mi mente,
sin la suerte de tenerte en mis brazos de verdad.

Cierro mis ojos y te encuentro tan cercano y tan sereno
que me uno con tu paz,
en esta inmensa oscuridad,
que nos envuelve de lleno,
Como en la palma de mi mano te tengo,
tan inmenso como el mar.

Puede que el destino te acerque,
aún más hondo en mi mente,
que a está triste realidad,
De tenerte sin tenerte,
Tan cerquita de mi mente y tan lejana realidad.


Autor: Claudia Viviana Molina.
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Para cuando te sientas solo

Cuenta con mis destellos
con mis instantes
con mis poemas y mis cuentos
con mis versos y mi tinta
Cuenta con mi cielo, con mi alas
y con mis vientos
Cuenta con mi defectos que estan hechos
a tu perfección
y la locura de mi cordura
Cuenta con mis miedos
con mi oscuridad
con mis pasos
con mi camino
Con mis verdades y mis mentiras
cuenta con mis duendes y mis hadas
con mi infinito
con todo lo que me queda
despues de habertelo entregado
Cuenta con cada unas de mis vidas
Ya no necesitas estar solo
porque ahora cuentas conmigo
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No hay salida

Entre letras y discursos mueren
los trayectos, indiferentes, ciegos al interior,
entre hemorragias siempre iguales de aquel
profundo rompimiento, de un pasado roto,
jamás mejor.


A pesar de los cortos recuerdos y sucesos
enmarcados en el interior de lo
que se traduce en betas de brillo
en oscuro carbón.


Son incontables, los cuchillos, tan certeros
los puñales, sucios lacerantes.
Frustración se siente al no saber
de dónde salen, gran dolor se percibe,
cuando de aquellos filos, supura la sangre,
entre el llanto vibrante de lo
que no fue y de lo que en lo recóndito,
se anhelo ser, es entonces cuando pienso,
que si es acaso que quebrada la esencia se
encuentra, y que por tal razón es
siempre difícil, verle aflorar completa.


Es visto entonces que la esencia, muere y renace
siempre separada, contrariada como
en dos fases, amarradas.
¿Que encrucijada es esta?, convirtió mi
amor en miedo y mi bondad en veneno, para llevar
a cuestas.


Siento en el alma esos sucesos,
porque de no ser por
ellos el mundo habría tenido de lo
más precioso
en los bancos de las más dulces almas.


Sin importar, lo frustrante en la ilógica, y
lo lacerante en tan extraño dogma,
siempre la luz aquí ha brillado.
Aunque otros por la ceguera
del prejuicio jamás en sus vidas
la hayan contemplado.
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Fue un día...

Fue un día gris y triste,
con lluvia en los tejados y las calles,
y el agua que llegaba de los cielos
buscaba, en las aceras,
la figura de los hombres.

Fue un día gris, repito,
y el alma se encogía tratando de volver
a su refugio en el recuerdo,
a ese desván oscuro y polvoriento
de mi alma.

Fue un día que pasó, y atrás quedó,
quemando tentaciones
y mil ganas de caer y abandonar
en la batalla
por causa de esas fuerzas que no tengo
y que me faltan.

Pero pude acabar, cansado y sudoroso,
esta primera etapa.

Rafael Sánchez Ortega ©
20/11/18
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Besos al Ocaso

La luz del día ha decidido morir,
suicidarse sobre las montañas
Las últimas aves buscan refugio,
Y cantan desde la posibilidad de una nueva oportunidad de volar.
Tu respiración se agita,
mientras disfrutas de los nuevos colores del horizonte
De mi sentimiento transparente y viejo;
De mis manos que te dibujan en el humo de una vela azul.
El olor a tarde de lluvia me llena los pulmones,
Tú simplemente te dejas acechar por las primeras lloviznas;
Y te mueves casi desnuda, tarareando un deseo camuflado.
La luz del día se apaga, en secreto
¡Tu te enciendes!, explicita y casi sin ropa
Yo a merced del mal tiempo y de los despojos de mi tranquilidad.
La tarde y tú disfrutan de mi exceso de oscuridad y mis arrebatos;
de mi filosofía de vida, el humo de una vela azul
y algún que otro tarareo contemporáneo en tu oído.
Los naranjas y los azules se mezclan
y aparecen tus carcajadas más inconformes,
Solo necesitamos una banca,
una cortina batida al viento
Mi boca en tu cuello
y la luz que se escapa tranquila en el horizonte.
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Fuera de tiempo

En el ir y venir de los sucesos, mi sesgo eterno de rencor
me ha dejado inerte e inconcluso. En extraña soledad,
acaparado por miles que nada ni a nadie entienden.
Tratando de ver en ellos lo que siempre en su sonrisa estaba,
aquella que entre otras miles con gracia mi cariño anhelaba.

Dos esmeraldas de vivaz color captaban el infinito amor de
su alma, soltándolo en ráfagas de luz que a mí ser llegaban,
contrastadas de la calma que el fluir del viento con la infinita
oscuridad de su cabello formaba.
No podrá el universo en su expansión constante de eternidad,
superar jamás el bello arte que aquel todo en ella es.

Un todo ante el que fui ciego, un todo sin el que en la
noche nada logre ver. Entre tanta obscuridad y tan
profunda ceguera cuando aquella luz me busco,
la eternidad de mi miseria le opaco y el tropiezo
constante entre los miserables y sus desniveles de
decadencia, la empatía de mí en pedazos destrozo.

Al final el tiempo paso, y en moronas de olvido y
mierda aquel martirio se convirtió.
Aunque muertas las moronas, cuando la deriva es
fuerte se levantan de nuevo y me torturan en su vuelo,
me recuerdan la incoherencia en mi condición sentirse solo
sin siempre estarlo, buscar lo ya encontrado, perderlo sin saberlo.

Entre noches intermitentes llegan mis memorias con
fragmentos de su cariño contenidos,
alegrando mis parpadeantes miserablesas,
recordándome que alguien buena un
día vio en mí aquello que yo fuera de tiempo
veo ahora en ella.
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9comentarios 64 lecturas versolibre karma: 110

Me encanta

- me encanta verte... me encanta besarte y me encanta quererte... La oscuridad no podrá nublar la verdad de nuestro amor, tus ojos brillosos y tan hermosos, hacen que sueñe queriéndote tanto, tanto que no puedo negar que te amo, hasta las estrellas cuando las miras ellas te admiran, tu mano al calentarlo se vuelve tan suavecito, mi corazón late muy fuerte cuando estás cerca -
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sin comentarios 17 lecturas prosapoetica karma: 40

Un ojalá asoma

La casa nublada
sin relojes de ocho horas
desde que la distancia
es tu beso en otra boca.

Fatalidad sin mujer,
ni filo en el que morir
satélite en pausa
con causa disimulada.


Mi nombre en tu voz
deja de ser propio,
lo común es un tesoro perdido
donde guardo anhelos concretos.

Enciendes la luz
dejándome a oscuras
en tu cripta reservada
donde hago arder todos los mapas.

Miras por debajo de mi falda
te asomas a veranos no vividos
y yo me siento vencedora
porque tú ,
ya no te das por vencido.
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9comentarios 77 lecturas versolibre karma: 114

Cien, mil, un millón

Podría jurar que han sido mil,
mil cartas que te he escrito,
mil veces que te he pensado.

Pero han sido cien,
cien cartas nacidas para ti,
cien veces que te he pensado.

Y mis letras siguen,
porque son infinitas,
porque son para ti.

porque aún en el vacío,
tu voz resuena,
tu voz me llena.

Porque no hay oscuridad,
porque tu eres mi luz,
porque tu deslumbras todo.

Podría jurar que han sido mil,
mil veces que te he fallado,
mil veces que te he decepcionado.

Pero han sido un millón,
un millón de heridas,
un millón de disculpas.

Y sigues estando aquí,
y me sigues mirando,
y me sigues amando.

Amor tan único,
amor tan inigualable,
amor tan tuyo.

Amor que no cambiaría,
porque me hace mejor,
porque me hace creer.

Podría jurar que han sido cien,
ó han sido mil,
ó han sido un millón,

Podría mentir,
podría omitir todo,
podría exagerarlo.

Porque no he contado
los besos que te he dado,
porque no he contado
las veces que me has robado
TODO.
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sin comentarios 35 lecturas versolibre karma: 96
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