Verso clásico Verso libre Prosa poética Relato
Perfil Mis poemas Mis comentarios Mis favoritos
Cerrar sesión

encontrados: 2925, tiempo total: 0.008 segundos rss2

Querida oscuridad

Querida oscuridad
en ti desgrano mis células
en tus prados dorados
huyen cuervos
dolores se despeñan
en mis pecados
arden sapos y culebras
emergen oropéndolas redimidas
hierven cantos y colores
revolotean iluminados
los jilgueros del alma
entre las umbrías flores
copulan las amapolas
en las tinieblas de los corazones
…orgías de la levedad.

Querida oscuridad
empápame de lluvia etérea
enjuga las lágrimas níveas
de las estrellas
arrópame de latidos
de orquídeas negras
marchita los enardecidos pétalos
de la luna llena
mata la luz de la pena
de los amores esquivos
que cada mañana florecen
entre los dedos
entre las grietas
del olvido.

youtu.be/798cGxiH-JU PJ Harvey - Dear Darkness
leer más   
11
5comentarios 57 lecturas versolibre karma: 103

La muerte y yo ® ©

La muerte y yo nos conocemos un poco
seguramente ella me conoce más a mí
de lo que yo pueda conocerle a ella
yo como todos he perdido a alguien
que la muerte se llevó
al principio la maldije.

Pero con el tiempo comprendí
que no es ella la autora de los juicios
solo ejecutora de los mismos
pero no se puede negar que a veces
ella se lleva sin clemencia
a quien merecía vivir mucho más.

Recuerdo mi primer encuentro con ella
fue el peor y el más violento de todos
el que marco toda mi vida pero reconozco
que su abrazo puso alivio al dolor
de quien se llevó aquel día de septiembre
cuando vi con terror el toque de la muerte.

Después la volví a ver por accidente
un inconsciente manejo hasta chocar con ella
luego la vi en aquel hospital como cura infame
aliviando el dolor de toda una vida
siempre es mal comprendida la muerte
no por quienes se van con ella
si no por quienes se quedan.

Mis encuentros con la muerte siguieron
cuando ostente aquel trabajo que tanto amé
donde mi meta era preservar y proteger la vida
pero muchas veces solo fui testigo público
de los restos que deja la muerte
yo tenía qué levantar aquellos restos
y encontrarles un, ¿Por qué?

La muerte siempre es incomprendida
y aunque a veces solo en algunos casos
como cuando muere algún malvado
muchos la celebran como agente justiciero
aun así más de alguien sintió afecto
por aquella persona y lamenta su muerte.

Recuerdo la etapa de mi vida
donde me vi forzado incluso
a llevar a la muerte entre mis manos
donde tuve un momento
a solas con ella
y le pude preguntar y reclamar
por la pena que me causo alguna vez.

Fue ahí en ese momento crucial donde yo
me sentí en las manos de la muerte
y comprendí que no era ella
la que decidía a quien llevar y a quien no
en esa hora de violencia y tras sobrevivir
viéndome ileso vi distinta a la muerte.

Y recordé las palabras de un hombre sabio
que me dijo:
-Nadie muere cuando no le toca.
Claro como negar el dolor
que deja la muerte de un ser amado
sentimos un gran vacío
un desconsuelo infinito
extrañando al que se fue
yo no sé cuándo
ni cómo vendrá la muerte por mí.

Pero sin duda sé
que no dejare de vivir
por esperarla
o por temer su abrazo oscuro
tan cierta es la vida
su magia y su luz
como tan cierto es
que la peor desdicha
no es el morir, sí no
el no haber sabido vivir
porque la muerte
tan solo es
un cambio más de la vida.


Carlos Luis Molina Lara

Ángel de la muerte de Evelyn De Morgan
14
4comentarios 77 lecturas versolibre karma: 103

Piedra Roja

Una piedra roja viene cayendo desde las alturas,
rodando torpemente sobre su incipiente redondez
y de tanto rodar en su caída, se ha hecho una gran bola
que ya no corta con sus filudas aristas, sino aplasta
aquello que opaca su encendida determinación.
Arrasa todo lo que está buscando, y no se detiene,
aunque se le ofrezcan dádivas, ruegos u oraciones.
Unas personas huyen despavoridas ante su presencia,
y otras, sin embargo, la ven pasar embelesadas.
La piedra que rueda, ya no se detiene ante nada,
y nadie sabe de dónde vino, ni se sabe a dónde va.
Pero deja una estela de confusión en los corazones,
porque hay en su camino espíritus simples
que disfrutan con su implacable proceder,
y hay quienes temen, porque guardan oscuros secretos
que la piedra, con su rotundidad, quiere revelar.
Los hombres justos le dicen, muy agradecidos:
“No te detengas piedra, y sigue firme en tu rodada”.
Los descaminados en cambio, le piden a la piedra
que no siga atentando contra el orden establecido,
porque no vaya a ser que se cruce en su camino
y les malogre su vida tan bien organizada:
“Piedra subversiva, no sigas destruyendo la paz”.
“Piedra terrorista, tu color delata tu intención”.
Solo unos cuantos se dan cuenta que la piedra,
de tanto rodar, ya está perdiendo su vivaz color
y han salido en busca de la fuente y del motivo
por el cual se deprenden las masas que aplastan
todo lo malo que brota del corazón de los humanos.
¿Y qué creen?
Al subir a buscar la verdad en las alturas,
se toparon con una empresa transnacional
que tiene una provechosa concesión del Estado,
para extraer las piedras rojas y venderlas
en pequeños bloques, con agregados de color,
y recubiertas de una fina capa de laca protectora,
con las que se construirán pequeñas capillas,
que puedan proteger a los hombres
que requieren olvidar a diario sus mentiras,
invocando al espíritu de la cantera,
amansado ahora por una naciente religión…

Ya pronto no habrá piedras rojas en las alturas,
ni verdades que no puedan ser justificadas.
leer más   
2
sin comentarios 12 lecturas versolibre karma: 33

Tú pelo es suave como la brisa

Tú pelo salvaje no se desenreda
es suave como la seda
en verano tiene un olor a pétalos de rosa,
y en otoño su olor es dulce de ciruela
tú pelo es suave como la brisa
quisiera soltar cada hebra
y que el viento los recoja
tú pelo parece...
un bosque de hadas y princesas.

Déjate llevar por el rubor del silencio
y siente como mis dedos lo mecen;
tu pelo tan natural no necesita
de tintes ni colorantes
cuando estamos en luna llena
se vuelve más brillante.

Tú cabello me trae el frescor de la mañana
es negro azabache
como el potro que corre por la llanura;
su galope es persistente
no esquiva sombras
su pelaje es como la noche más oscura.

Tú pelo parece un glosario de sueños húmedos
cuando llega la lluvia empapa el silencio
y desciende hasta tu cintura.
Mis manos lo envuelven
y se llenan de un dulce frutal,
como buscando el elixir,
el néctar que te hace suspirar.

Tú pelo en épocas
suele tener más brillo
parece una cascada
que la montaña más alta deja caer,
provoca humedecer mi rostro
sentir que mi cuerpo lo moja
el rocío taciturno.
leer más   
18
8comentarios 134 lecturas versolibre karma: 160

En lo profundo del pozo

¿En dónde me encuentro? Es lo único en lo que pienso
recuerdo la calidez del sol en mi rostro
corriendo feliz en un campo como si fuera un potro
ahora estoy en un lugar oscuro
con una débil luz titilante y rodeado de mostruos
de ese estado de alegría ya no veo ni rastro
es muy extraño, ahora todo eso me parece muy lejano
quiero sonreir aunque sin ganas pero no puedo
siento que ni siquiera puedo mirar al cielo
y sin embargo no siento miedo
sólo la melancolía se va apoderando de mi mente
y quisiera que alguien venga y me despierte
leer más   
1
sin comentarios 6 lecturas versolibre karma: 7

La biblia

Había que domar al hombre
No se lo podía dejar pensar,
De alguna forma una omnipresencia castigadora
Necesitaban inventar
La libertad tenían que enjaular.

Un gran libro se escribió
Bajo la pluma de una mente con oscura ambición,
Letras de supuesta humanidad y salvación
El mejor cuento con dos tomos
Quien lo escribió, de la historia literaria, es el mejor escritor.

Y así, alguien se aprovechó,
Y al leerlo
Una doctrina inventó
Y de esta aparecieron más
Todo a costa de la inocencia
De los corderos que no saben pensar.

Grandes guerras,
Atentados, matanzas, sacrificios a diario se realizan
Para venerar al personaje principal y al secundario, su hijo,
Se enfrentan unos con otros
Y el oro a sus líderes los bolsillos llena.

Una historia bien redactada
Sin detalles al aire,
Todo se justifica
Porque el fiel si sale de regla
Su alma, su espíritu
No se santifica.

Inventaron el paraíso y el infierno,
Pero quienes predican
La ley modifican
Al enfrentar
La justicia creada por el humanista.

Los quieren dominar
Con cruces, estrellas, o candelabros,
Con personajes que solo existen en el papel
A sus fieles asustan y castigan.

El libro más antiguo de la historia humana,
El terror más grande sembrando siglos de odio,
Farsa doctrinaria, calendarizado comportamiento,
Esperanzas redentoras envejeciendo la esencia del hombre,
No puedes, no debes, no cuestiones si lo haces te mueres.

Que viva el libre pensamiento!
Que viva el humanismo!
leer más   
15
11comentarios 100 lecturas versolibre karma: 102

Terraza solitaria

Infragante me encontré espiando a la luna en la solitaria terraza.
Que salía suavemente en la Virgen noche
soldados luminares se hacían presentes para su protección

Luciérnagas daban brillo a la oscura noche y a los campos

Mientras tanto las luces de la ciudad se encendían lentamente para guiar a los caminantes errantes, amantes del placer nocturno.

Luces navideñas tiñen de color
a los hogares noche de diciembre.

En la terraza solitaria
una suave brisa acaricia la Copa de los árboles y daban un refrescante golpe al rostro triste y nostálgico

Caminar bajo la luz de la luna
En el bullicio de la gente no calmo la ansiedad de una noche tibia.
leer más   
2
1comentarios 21 lecturas versolibre karma: 37

En un sueño

En un sueño sumergido de párpados
he visto como el monte sin hacer ruido
bajaba descalzo hasta la Mar.
Como unos tambores enormes
de tinieblas y largos
pinceles húmedos tocaban.

He visto hilos que deshacen
el aire de la mañana,
pasando por galerías
y espejos empañados.
Como duendes con ropajes de colores
descendían al fondo oscuro de la luz.

He visto unas plumas
misteriosas que goteaban
sobre la pared del arrepentimiento.
Como caía una lluvia adolescente
en el desván de la memoria muerta.
Como una lengua de húmedo musgo
se arrastraba hasta
debajo de mi pena.

Entonces mis párpados se entornaron
y respiré al ver que estabas a mi lado.
Oí como hablabas desde
dentro del amor,
no palabras, sólo luz
y tu respiración pura.
leer más   
12
7comentarios 71 lecturas versolibre karma: 111

Adios

Adiós
Al verte mi corazón se siente vivo…
En tu ausencia la lentitud de su palpitar marcan mi tristeza…
Ahora que se que el final se acerca, temerosa quedo ante los recuerdos que no cesan dentro de mi…
Viviendo el momento contigo me encuentro, sin pensar en un mañana melancólico por tu ida…
Te siento dentro, son tan profundas estas emociones, que el mar se queda escaso…
Mis lágrimas derraman ira, una ira producida por la apatía de tus sentimientos…
Sola me quedo, pero escarmentada me siento…
Un querer que no quiera marcharse, me desafía en este reto donde el olvido queda como protagonista…
Mis manos se agarran con fuerzas a la nostalgia que dejas…
En la oscuridad se pierde tu rostro, cada vez más tenue porque ya no hay brillo en mis ojos…
Idealizada te encontré en mi imaginación, la cual fue puro engaño dentro de mi interior…
El sol se acerca, pero mi agonizante alma no le deja paso a esos rayos que solo tienen compasión por un cuerpo frágil y roto por tu adiós…
Sufro a solas y a escondidas, sigo esperándote…
Mi adrenalina quema mi cabeza, haciéndola inútil por tales sucesos….
Corrompes mi cielo que ahora se convierte en un infierno, donde todo lo que siento se quema a fuego lento….
Me das pena, me dicen los silencios de amargura…
Pero mi aura que aun tiene fuerzas, brillan por mí como brillan esta noche las estrellas…
Alzo la mirada al cielo, donde alzo mi cuerpo y yacen mis sentimientos…
Soledad cógeme en este silencio…
14
4comentarios 41 lecturas relato karma: 107

Sólo el mar nos sirve

Después de adentrarse por lugares donde quedó cobijado parte
del pasado, después de sentir que lo único que queda de todo aquello es sólo
incierta brisa, sombra y ciertos aromas vegetales que resisten, el exilio se torna más dócil, las sombras perdidas transparentan el sol del día
a día,

ocurre igual con los rostros, con las personas enteras
en las que habitó parte de tu pasado,
pieles roídas por el tiempo, dientes manchados por la vida,
y con el cuerpo que se encoge al presente,

una vez recorrido cierto trecho de esos
mapas antiguos, la soledad se hace virtud,
una vez se ha vencido el paso del tiempo
sólo queda un minúsculo germen
que vive solitario en la memoria aceptando su eterna oscuridad,

el sol viene de vez en cuando a posar su guante luminoso sobre el norte, la soledad
es un arma viajera, aventurera, la soledad es una mentira que duele, que nadie comprende, la soledad es la cumbre del futuro,
el paso final,

también ocurre con el deseo carnal, con la voracidad y la desdicha que provoca
la carne explícita, el sexo liberador, la contrapartida que creemos tomar al dejar unas muestras palpables de nuestra oculta existencia,
gotas perdidas en las sábanas
de una cama desecha y arrugada,

se cree que los días pasan, que avanzamos, que algo
mejor nos espera,
las mandíbulas se alargan, las piernas se tuercen, los rostros se desencajan,
la lluvia es bienvenida a estas calles repletas de condenas, el agua
revive la pequeña hierba sepultada en el asfalto, avanzamos sí, el progreso
consiste en arrugarse, en caminar más despacio, en sentir miedo ante cualquier
sorpresa, el camino se va quedando sin luces,

el cielo está encapotado
y sólo el mar nos sirve.
leer más   
14
2comentarios 51 lecturas versolibre karma: 115

El hombre sin cabeza

Un frío que raja la piel, y esta maldita llovizna impertinente aumenta el fango del camino. Mis botas se hunden. ¡Oscura madrugada! Solo por amor recorro seis kilómetros para verme con ella. ¡Cuánto sacrificio! El amor se impone. Cuando las ganas aprietan…, se acaban los imposibles.
“Es peligroso andar de madrugada”, dicen en la zona. Y comentan la aparición de “El hombre sin cabeza”… ¡Pamplinas…! ¡Supersticiones!
El frío y el cerner de lluvia continúan. Suerte el abrigo, que extendiéndolo me cubre la cabeza.
Diviso algo delante. Es alguien…, sí, no cabe dudas, pero no se mueve. Me detengo. ¿Será…? ¡Los fantasmas no existen! ¿Y qué hago parado? No. No creo… ¿Será que, creyendo dudo? ¡Allá voy!
--¡Eeeehhh!— grité nervioso al pasarlo a rápidas zancadas. Me remedó un grito aterrador, indescriptible.
Llegué jadeante al campamento. Todos dormían, me quité la ropa mojada, sequé, puse un short y tiré sobre la litera. No se me quitaba de la cabeza lo ocurrido. Cuando dieron el “¡De pié!, estaba molido, no dormí nada. A penas rendí en el corte de caña.
Concluida la jornada, tome un baño y dormí un rato. A nadie conté nada…, que va, sería desprestigiarme. Me senté a jugar dominó.
Nicomedes, el del batey. Vino a jugar. Mientras esperaba su turno dijo:
--Anoche vi al “hombre sin cabeza”... —¡Su historia fue la mía!, pero más exagerada
--Siéntate Nicomedes, juega por mí. – le dije parandome.
— Pero Raúl, termina la data. --masculló mi pareja.
–Me voy —Le contesté, y salí otra vez a encontrarme con Amparo, más convencido que nunca de que los fantasmas no existen.
11
4comentarios 62 lecturas relato karma: 116

En tus aposentos

En ese pequeño y sucio aposento.
inadecuado,
Solitario,
donde mi propia tristeza
se duerme en la oscuridad.
Atravesando ese desierto árido,
Infértil.

Cierro los ojos de mi alma.
Permanezco quieto mientras penetro en ese recinto donde cantare para ti,
y dejare que mi voz se una a la poesía de tu creación.
Es en ese momento cuando eres el centro de mí ser.
Sin tiempo.
Sin espacio.
Solo tus ojos posándose sobre mi mirada en la profundidad de mi alma.

Arrodillo mi andar ante este apacible silencio.
Donde el eco de tu voz resuena dentro de mí
Siento una suave brisa que susurra en mis sentidos,
Siento tu fuerza como un rayo ferviente que arde en mi corazón


En ese pequeño y sucio aposento,
dejare que en tu serenidad escuches mi clamor.
Entonces me despojare del tiempo.
Me arrancare la piel de las vanidades y me hundiré en tus pensamientos para estar a solas contigo.
Abriré mis ojos ensombrecidos por las lágrimas de la emoción.
Y allí,
Brillara tu luz,
Y hallare tus brazos placenteros buscando abrazarme

En ese pequeño y sucio aposento me quedare a solas contigo.
No quiero estar en ningún otro sitio.
Solo allí
Arrodillado
en tu presencia.
Desnudando mi alma al saber que estás conmigo.
Mi único y verdadero Dios.
leer más   
5
1comentarios 29 lecturas relato karma: 81

Reminiscencia de invierno (parte I) (B)

Cae la tarde, los vientos gélidos del norte soplan con fuerza sobre la estampa de plomizos y níveos colores del centro de la ciudad. Los pasos de Salvatore se hacen pesados sobre el pavimento glacial mientras libra una batalla épica contra la ventisca que escupe su ráfaga de furiosos copos de nieve. Recién salido del trabajo, se dirige a su estación del metro urbano, a unas pocas cuadras del altísimo edificio de cristal donde trabaja. Hoy no tiene ánimo de pasar a tomar su macchiato bien espeso en la cafetería de moda del centro que le queda en el camino, urge llegar a casa a atizar unos leños en la chimenea y entibiar un poco el espíritu.

A pocos metros de la cafetería, desde el otro lado de la acera, observa sin embargo a los grupos de amigos, parejas e individuos solitarios que beben los cálidos sorbos de sus bebidas a temperatura de ebullición, casi todos con un móvil en la mano y unos pocos con un libro. Y su vista se detiene en una figura en particular; una chica de mirada perdida que sentada en una mesita al lado de la ventana, observa la blancura del ocaso y se extravía en los laberintos espirales de algún fugaz remolino de viento. Sus ojos son de un café tan oscuro como la densidad del espresso en el macchiato que Salvatore suele tomar. Su cabello castaño claro es tan liso que la luz de la lámpara encima de su mesita resbala por su pelo hasta caer al piso. Sus labios carnosos sugieren que su sonrisa debe ser angelical, pero su expresión es más bien de tristeza, pero no de una tristeza llana y simple, más de esas que son complejas, envueltas por el misterio. El corazón de Salvatore, sin embargo, late ahora con una tibieza inesperada, y antes de darse cuenta se encuentra en la puerta de entrada; sus pies lo han llevado hasta allí sin notarlo, como deslizándose o patinando por el pavimento helado.

El lugar está abarrotado, no cabe un alma; el frío invernal obliga a los transeúntes a hacer parada obligatoria y pedir una bebida bien caliente. Pero ya está allí y voltea a ver a la chica de los ojos café profundo, ahora de espaldas hacia él; lleva un abrigo corto de un color tan blanco como la nieve, lo cual realza el rojo escarlata del lapiz labial sobre sus carnosos labios. —Me das un macchiato con leche de soya y un toque de caramelo por favor —le dice al cajero— ¿alto, grande o venti? —le responde el cajero— Mejor un venti. Que me dure un buen rato— y le da un billete de diez dólares. Ya con su café en la mano, da un par de vueltas por las mesas y barra de asientos individuales del lugar, sin encontrar un solo espacio, excepto por una silla disponible en una mesita pequeña donde una anciana de cabellos plateados que está absorta en la lectura de su libro mientras bebe un latte que parece inagotable; y otra silla al lado de un hombre de mediana edad —aunque por su cabeza calva parece mayor— con una abundante barba y cara de pocos amigos, como quien ha tenido un día muy cargado; y por supuesto, la silla libre en la mesita de la chica de los ojos profundos, absorta en el panorama invernal de la calle, con un libro abierto casi por la mitad al que no ha vuelto a mirar en todo el rato que Salvatore lleva observándola. —¿Te molesta si me siento aquí? —ella lo mira con semblante serio, con especial asombro, como quien quiere ver hacia adentro y no solo por encima, pero no dice nada— ¡Es que no hay un solo lugar disponible! Claro, si no soy inoportuno, y si no esperas a nadie —Y ella lo sigue mirando por breves segundos más, pero su boca no se abre, mas con sus labios hace un gesto tan leve, como el de una tímida sonrisa; y de alguna manera parece que asiente a que Salvatore la acompañe. Al menos así lo entiende él, que sin decir más pone su bebida sobre la mesa y jala la silla, inusualmente pesada y sin protectores de hule en las patas, haciendo un ruido particularmente enervante al hacerlo. Ella levanta una ceja, como diciendo: —¿Qué haces? —pero realmente no dice nada— Perdona, no ha sido mi intención— se excusa él.

La mirada de ella se zambulle ahora en la página actual de su libro, como queriendo esquivar la conversación con el chico; aunque en su interior siente, sabe, que debe, que necesita hablar con él. Mientras lee, sus ojos café parecen sumergirse en las páginas y éstas abren un portal que la transporta al mundo de la novela; al mismo tiempo, con su mano derecha y sus uñas semilargas, muy bien cuidadas, sin pintura; hace un sonido sobre la mesa que emula el cabalgar de caballos. —¿Qué lees? —pregunta él con sincera curiosidad. Y ella, en ese instante, es como sacada por un haz de luz del mundo de su novela y transportada en el acto a la mesita, con un par de bebidas calientes, un libro, y claro, un desconocido frente a ella. —No me despiertes del olvido —le responde, sin más— ¿Y de qué trata? —vuelve a preguntar, a lo que ella replica— es un cuento muy largo para contártelo, y aún no me decido si es ciencia ficción, o magia mística egipcia, o una combinación de ambas cosas; es intensamente romántica, eso si te lo puedo asegurar; pero, parece ser un romance que trasciende generaciones, eras, culturas y algo más— suena bastante bien —responde Salvatore— ¡es apasionante, no tienes idea! —concluye ella, y se sumerge de nuevo en su lectura. Mientras tanto él, bebe su macchiato lentamente, como disfrutando cada pequeño sorbo de alegría caliente; no sin notar que la alegría que siente no proviene del macchiato exactamente, sino de la contemplación de la hermosa chica que tiene frente a él. Su mirada se hace penetrante, sus ojos chocan contra el café oscuro de los de ella; por su parte ella, se siente observada, quizás contemplada más bien. Ya no logra concentrarse en el libro, se dedica a tomar su bebida, observarlo de vuelta disimuladamente, para luego envolverse con él en una charla trivial de desconocidos; de esas en las que hablas muy a grosso modo de tus aficiones, de tu trabajo, de que estudiaste, de que te gustaría hacer con tu vida más tarde, de alguna experiencia interesante vivida. Y hablan, y se observan, continuan charlando y se miran, casi como acariciándose con los ojos, hasta que en un instante inesperado, al unisono, ambos tienen una especie de flashback, una reminiscencia; una escena compartida, ambos caminando tomados de la mano, en una tarde de otoño, por una larga avenida de tiendas de moda en Milán. —¿Alguna vez has estado en Italia? —preguntan ambos al mismo tiempo— ¡Qué casualidad! Hacernos la misma pregunta en este instante —dice Salvatore— Nunca he salido de los Estados Unidos, dice ella —yo estuve de viaje en Alemanía hace unos pocos años, pero es el único lugar de Europa en el que he estado —responde él. Ninguno se atreve a mencionar nada de esa reminiscencia absurda que parecen haber tenido, para no atemorizar al otro.

En un abrir y cerrar de ojos, cae la noche con todo el peso de su oscuridad y la temperatura desciende unos cuantos grados más. Han conversado por dos horas y media ya. Ella se excusa, que debe salir corriendo, que tiene que pasar haciendo unas compras antes de irse a casa, que le cierran el supermercado. El quisiera acompañarla, quisiera pasar toda la noche conversando con ella, observando sus bellos ojos y sus carnosos labios que invitan a besarla. Pero no dice nada al respecto. —¿Te volveré a ver? —le pregunta— ¡Quiero creer que sí! —responde ella y le da un post-it de color neón, con algo anotado; se levanta de la mesa, le da un ligero beso en la mejilla y sale de la cafetería antes que Salvatore pueda siquiera decir adiós. La observa desde la ventana mientras se aleja, con sus jeans apretados y sus botas blancas de invierno; la ve caminar pero más bien parece que flota en el viento y se pierde en la oscuridad de la esquina donde dobla, para desaparecer.

Salvatore se queda sentado en la mesa unos minutos más, tratando de asimilar qué ha significado ese encuentro. ¡Qué significa ese flashback! ¿De dónde puede conocer a esta chica que se le hace tan familiar? Abre el post-it: "Alessandra, 493-2345. ¡Despiértame del olvido!". Es lo que ve al leerlo.

(continuará...)


~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~

@AljndroPoetry - 2018-Dic-12

Quise recordar este relato
originalmente escrito a finales del 2017


Puedes leer la 2a parte en:
poemame.com/m/relato/reminiscencia-invierno-parte-ii
leer más   
16
11comentarios 125 lecturas relato karma: 117

En la esquina

En la esquina hay un bar que presume de adicciones, donde las monedas compran los indultos a sus penas, que se sienten prisioneras de inconvenientes pasiones.

En la esquina hay un bar que me alentaba pisar, porque guardaba en mi Alma el malestar de un adiós, fue tanto lo que dolió que me costaba olvidar

Y en ese bar dejé mi huella en cada copa, y junto a mi huella la marca de mi boca que de todo lo indebido se dejaba provocar

Con los ojos cerrados la amé, pero a ojos abiertos fue tanto lo que lloré que si una de mi lágrima del cielo callera, convertiría el seco otoño en la más verde primavera

Acompañado del alcohol llegan las tardes, porque en mil historias de amor fuimos cobardes, desamparados infortunios en las sendas más oscuras, con almas desnudas carecientes de ternura

Pero de recuerdos nos llenamos quienes de la rosas recordamos la más filosa de su espina, y las penas desahogamos en este bar de la esquina.
leer más   
13
6comentarios 90 lecturas versoclasico karma: 113

En tercera persona

...

En tu piel he venido a morir
de esta pasión sin un huella.
Las calles a recorrer para partir
recobrando el aliento a ella

De entre tantas hojas secas
es mi tinta la que te añora;
son todos los años que disecas
de estas letras sobrecogedoras.

Voy caminando junto al viento
para de entre mis manos tenerte,
ser mi eterno alojamiento
deshojando la espera al verte

Eres mi retorno infalible
¿cuanta paz hay en este silencio?.
Nuestra oscuridad es imposible
bajo el escribir de comercio.
12
8comentarios 85 lecturas versoclasico karma: 112

Una voyeur estúpida

Una voyeur estúpida. Así puedo resumir sus emociones, fiel paseo por las mías —aunque no voy a admitirlo, jamás nunca—. Impotencia ante unos ojos, cada día más hundidos, una boca temblorosa y un aviso: poner sombras de tachones por encima de lo cierto, no lo borra. La lectura bajo alambres de lo que no sea propicio, de lo que es amargo y duele, sigue siendo al fin y al cabo, una lectura legible. Presenciar lo irreparable a pesar de la porfía… porque mira que no hay quién que a su insistencia gane. O eso parecía.

Permitidme que suponga que su corazón aún late como cuando no era otoño. Sin embargo, yo diría que palpita encogido, recostado sobre su hombro como rama de peral. Ahora son cuatro los ojos que observan el derrumbe, resultado de renuncias obligadas. ¿Exagero? Ojalá.

Me parece que ella nota el desorden, esa mezcla de emociones, el jardín sobre el asfalto que no logra echar raíces porque viven las renuncias por debajo y van a ser cepo que atrape su esperanza para siempre. Teme agosto y su sequía, odia las evocaciones al candil de otra sonrisa, rabia cuando le salpican intercambios de señales… Ya le dicho yo que no, que no puede apedrear una a una las farolas de una ciudad que aún respira —pese a que no viva nadie— , que no debe trasnochar recorriendo cada calle, intentando evitar lo… Y me pide que no hable, le revuelvo las entrañas, pero no voy a callarme. Si escribiera yo la historia y pusiera yo los versos… pero ella es la poeta. Si escribiera yo la historia ni siquiera yo estaría. Un camino de dos piernas y amapolas, solamente.

No es que quiera que se rinda, lo que quiero es que no sufra en la espera de una nota musical, un milagro que le bese bien la boca. ¿Experiencia o agonía? Cuando alguien se debate entre salir corriendo y quedarse, eligió la tercera alternativa, es decir: volverse loco. Y allí está, en una habitación a oscuras, más peso sobre una espalda repleta de arañazos, de rutina, de costumbre, polvo, mugre. ¿Cómo va a dar sosiego en ese estado? Dadme a mí la solución de una mente más perdida que la mía y puede ser que así encuentre el desvío o la esperanza que no tengo.
13
6comentarios 84 lecturas prosapoetica karma: 106

Virginidad perdida

Desnuda en la penumbra,
el lienzo de su cuerpo
del valle a la llanura
revela su misterio.

Instante clandestino
que da forma a la incógnita,
tentando con sigilo
la rosa que desflora.

Oscuro es el deseo,
su libido insondable,
recóndito el secreto,
su sexo indescifrable.

Afloran los estímulos
en ese cuarto oscuro,
temblando el sable frío
sobre el calor profundo.

Hermética es la cripta
de su placer más íntimo,
descífrese el enigma
al dividir el virgo.
19
10comentarios 92 lecturas versoclasico karma: 108

Luna, la luz que necesité

Yo también silencié palabras que quise gritar alguna vez,
derramé lágrimas saladas sobre mis mejillas
mutilé mis buenas intenciones y maté mis ilusiones.
Rasgué mis vestiduras en los momentos de cólera
renuncié a mis principios, yací perdida en mi mundo;
me entregué a la bohemia/
transporté mi alma a la locura/
hice del whisky el agua de vida/
y mientras todo daba vueltas a mi alrededor
serpenteaba el humo hacía la confusión.
Sin embargo…
Nunca fue tarde para entender
que en las noches más oscuras
la luna seguía alumbrando mis senderos.
10
2comentarios 70 lecturas versolibre karma: 99

Misterio de la Rosa

El misterio es la rosa taciturna
marchita, mustia por sed y dolor
que aún así florece desnuda,
que aún así no pierde su color

Sedas sus pétalos oscuros y rojos
suaves al tacto impregnados de aroma
botones pequeños que parecen ojos
me envuelven y acarician mientras me toma

Rosa que no muere en el desierto
entre llanto y risa suspira alevosa
sabe que la belleza es solo cuento
que su mejor virtud es su alma piadosa.
leer más   
16
13comentarios 91 lecturas versoclasico karma: 104

Tenerte sin tenerte

Miro al cielo en esta noche
de nubes negras,
cual lágrimas espesas
de aquellos que no pueden amarse,
cuando han de pensarse,
en el camino del destierro,
del que llega primero, sin poder amar.

Mente que divaga en la oscuridad,
sin poder ver el brillo de tus ojos negros,
que resuelven primero, tu figura tan audaz,
como un espejo en mi mente,
sin la suerte de tenerte en mis brazos de verdad.

Cierro mis ojos y te encuentro tan cercano y tan sereno
que me uno con tu paz,
en esta inmensa oscuridad,
que nos envuelve de lleno,
Como en la palma de mi mano te tengo,
tan inmenso como el mar.

Puede que el destino te acerque,
aún más hondo en mi mente,
que a está triste realidad,
De tenerte sin tenerte,
Tan cerquita de mi mente y tan lejana realidad.


Autor: Claudia Viviana Molina.
14
11comentarios 71 lecturas versoclasico karma: 105
« anterior1234550