Verso clásico Verso libre Prosa poética Relato
Perfil Mis poemas Mis comentarios Mis favoritos
Cerrar sesión

encontrados: 546, tiempo total: 0.007 segundos rss2

Pintor

Los colores
de tu paleta
son sueños
pintados
con letras.
Y pintas versos
mi poeta
derramando tu alma
sobre el lienzo
como las olas
del mar besan
la playa,
tú pintor,
con tus colores
besas mi alma,
porque pintas
poesía
y yo intento
con mis versos
pintarte una sonrisa.

Bela

Imagen:
“La botella del náufrago”
Óleo sobre lienzo
Autor: Jose Bautista Martínez
leer más   
14
9comentarios 53 lecturas versolibre karma: 95

Paraste corazón...

Paraste corazón, como el reloj,
que antaño contemplaban los poetas
dejando en una torre tantos sueños
que duermen al amparo de las piedras.

Un día volverás con tus latidos
a ser ese reloj que el hombre espera,
la dulce sinfonía de la vida
vibrando en libertad y sin cadenas.

Serás la referencia de los niños,
el brillo que se busca en las leyendas,
la brisa y la resaca de la playa
que impulsa por el aire los cometas.

Serás ese segundo tan ansiado
que pide el comprador de luz eterna,
la tierna Campanilla renovada
la rosa singular de otro poema.

Se quedan en la torre, reflejados,
los trazos singulares y las huellas,
del tiempo en que dictaba tu figura
la furia y la pasión a esa silueta.

Se quedan los suspiros contenidos
las lágrimas de tantas primaveras,
las noches de lujuria incandescente
y el llanto, singular, de las estrellas.

Y vuelas, corazón, hacia otros puertos,
a brazos de marinos y sirenas,
aquellos que soñabas con los niños
en ratos de fervor en la escollera.

Seguro que el volcán que llevas dentro
dará a nuestro reloj algo de cuerda,
haciendo que su lava se derrita
surgiendo, la pasión, desde tus venas.

"...Paraste, corazón, en un momento
e hiciste que el reloj se detuviera,
así te curarías las heridas
y un día volarías de tu celda..."

Rafael Sánchez Ortega ©
22/11/18
13
4comentarios 46 lecturas versoclasico karma: 102

Costas del Uruguay

-la costa de arena forma una sonrisa, entrecortada por las olas generadas por la brisa.
está similitud es también emotiva, cuando el reflejo del sol, el ojo del mar, percibe alegría.
En la noche, este personaje para muchos escencial, llamado costas del Uruguay, oculta su ojo en la lejanía del mar.
luego se tranquiliza, su soplo y su risa, y solo el más reflexivo complementa su misa.
bajo la luz de la luna, donde intercambian palabras disfrazadas de caricias.
leer más   
7
1comentarios 37 lecturas versolibre karma: 94

Motivos

Un verso inquieto
que susurra soledades.

El lúgubre gris
de una mirada dolorida.

Una herida abierta
que desangra el último abrazo.

El tiempo que perdimos
en querernos sin querer.

Ese aire viciado
de una huida hacia adelante.

Un grito que se ahoga
en un mar sin playa.

El tacto que se rompe
al roce de una piel gélida.

Un beso que se pierde
porque nadie lo reclama.

Una vida sin vivir,
y el tiempo, que siempre acaba.
leer más   
4
1comentarios 21 lecturas versolibre karma: 64

Te he soñado tanto

He soñado
amaneceres junto a ti
sin alguna despedida
He soñado
mágicos caminares
por la playa
en cada mañana
como alimento
en dulce amanecer a tu lado
He soñado primaveras
en inviernos
...alocadas tormentas en abril,
que desaparecen
cuando tú a mi lado vas ...
He soñado que despierto
y conmigo estás aquí
Te he soñado tanto
que ya no eres irreal
He soñado
que llegada la noche
ya tus brazos me cobijan
y me arrullan tus latidos
He soñado
beber cada mañana
el dulce sabor de tus besos
que me abordan y me colman
He soñado
infinitos buenos días
interminables
apasionadas buenas noches
Te he soñado tanto
¡y de qué manera!
Te sueño dormida
te pienso en mi despertar
tu sonrisa
es compañía de mis andares
Te he soñado tanto
que ya eres parte de mi ser
Te sueño
y te seguiré soñando
para que seas realidad perpetua
para tenerte siempre
y jamas, jamás existan despedidas. ...
(Mirlo ) Lima-Perú
leer más   
13
6comentarios 71 lecturas versolibre karma: 113

Y volvió el amor ® ©

Y como el canto de la aurora,
que con alegría anuncia,
la dicha de poseer aún la vida,
dichosamente has vuelto tú,
así como la marea lleva a la playa,
al afortunado naufrago,
que gran odisea sobrevivió,
de la misma forma has vuelto a mí,
eres vino añejo de amor,
que en cálices de oro,
nos sirve el destino ya vencido,
ante la fuerza de nuestras vidas,
y con alegría y anhelo,
te abrazo una vez más,
con la esperanza,
de que ahora sí,
te quedes junto a mí.

Carlos Luis Molina Lara
15
4comentarios 90 lecturas versolibre karma: 119

Caprichoso tiempo

El tiempo nunca se detuvo
no se detiene aunque sostengamos las agujas
aunque no giremos el reloj de arena
y da vueltas nuestro mundo
sin que caigamos en el mismo extremo
sin que te vea…

Es el tiempo caprichoso y loco
ese que a veces me aburre con su silencio
tan mudo, con su hora en punto, y yo tan suspensiva
le marco dos detrás, mareando a sus segundos…

A veces quiero ganarle
cuando a la tarde quiero escapar de mi playa
y me regresa subiendo su marea
y no me deja escapar al designio de mi orilla…

Y me somete, con la oscuridad de la noche
vigilando mi desvelo en la mañana
y si pretendo ir contra corriente
me sumerge en la espuma de las olas
me seduce con espuma
atormentando con su sal y su iodo
los caprichos de mi cuerpo…

El tiempo nunca se detuvo
y yo a su ritmo tampoco
ahora lo persigo, lo acoso
y a veces hasta creo
un poco me enamoro
de su rutina, tan aburrida
del silencio de sus horas…


soundcloud.com/lola-bracco/el-tiempo-nunca-se-detuvo-1 (Lola)
.
.
18
6comentarios 100 lecturas versolibre karma: 133

Hoy debo...

Hoy debo comenzar, salir,
y dar los pasos necesarios
para intentar llegar a puerto.

Hoy debo saludar a la vida,
al compañero del trabajo,
al anciano del parque,
al niño que va al colegio,
al limpiabotas de la esquina
al mendigo del supermercado…

Hoy debo repartir sonrisas
a las personas que encuentre,
a las gaviotas que están en el puerto,
a los cormoranes que secan sus alas en la playa,
a los barcos que, en bajamar, sestean, sobre la arena,
a la vida misma…

Hoy debo vivir, intentar ver la luz,
y que la misma se quede en mis pupilas.

Rafael Sánchez Ortega ©
17/11/18
13
4comentarios 82 lecturas prosapoetica karma: 110

Haiku

Todo en silencio
de mañana en la playa
Llega el verano.
26
11comentarios 91 lecturas japonesa karma: 126

Poema extraño para un cuerpo incoloro

A: Cristina y su miedo a vivir.

Pareciera extraño dormir sin parpados, como los peces
Subir la torre Eiffel para luego temerle a la altura;
Padecer de Tos y reprocharle a nuestros malos hábitos;
Parecería cruel acusar a nuestro cuerpo por ser solo un tronco,
Por no saber bailar, sudar, tatuarse, reír, burlarse de los años;
¡Pareciera extraño, si!
Escribirle líneas descarriladas a un cuerpo incoloro,
A algo insípido sin matices ni equivocaciones;
¡Pareciera extraño, si!
Golpear neuronas para justificar la tisis de entusiasmo,
El intento ingles por mantenerse inmutable,
en una playa nudista del Mediterráneo.
¡Pareciera extraño, si!
Que un cuerpo sin cicatrices ni envidias ajenas,
Merezca que mi pupila se mantenga en vigilia,
¡No sé cómo sería!,
Siempre he reencarnado en cuerpos experimentales.
leer más   
12
2comentarios 62 lecturas versolibre karma: 109

A lo más castizo de la España

Madrid-Barajas nos recibe
E inmediatamente vamos a El Retiro
Paseamos, disfrutamos y navegamos por el lago
Zapateamos con el flamenco
Y los solos de guitarra
A lo largo de la Milla de Oro
Como los más pijos y majos
Del barrio de Salamanca.

En la Cibeles la fiesta se arma
Flipamos y suenan las castañuelas
Coqueteamos como si fuera la primera vez
En las playas de la Barcelona y El Mediterráneo,
En las escaleras del Parque Güell
Dejando que todo fluya
O solo se despedace
Que lo nuestro sea un mosaiquillo más
Inscrito en su arte sin distinción
Nos besamos con pasión en un bar de Chueca
y Lolita Flores nos hace olvidar todo
A la mañana siguiente con su "Amnesia"
Con la paella, las parrandas y la marcha.

De Venezuela al cielo
O de Madrid al cielo
Ambas son sus sucursales
Gozaremos unas tapas
y derrocharemos en la Gran Vía
Al son de las cantaoras y bailaoras
De las Plazas de Toros
Y tomando fotos en la Puerta de Alcalá.
Efectivamente será de infarto
Ni la Pantoja, la Rocío, o la Penélope
Podrán igualarlo
La Moncloa se nos quedará corto como palacio
Pues ni el Bernabéu ha sido testigo de tanto desparpajo.
3
sin comentarios 29 lecturas versolibre karma: 38

Miami-Habana

— Cuba es un país pequeño, hermoso, de bellos palmares y cocoteros; de dulce caña y deliciosas frutas… ¡Y tiene un cielo tan azul! ¡Tan azul!... que es el principal motivo de lo acogedor de sus playas, de sus preciosas playas. Tiene más o menos la figura de un caimán, de un caimán que no se arrastra, y bien dicho sea, pero que se sabe defender y no permite que se le ofenda. Y su gente… ¡Qué gente! No los hay en el mundo más solícitos, campechanos y guarosos, que en el español cubano significa: abiertos, familiares y tan divertidos que enseguida se granjean el afecto y el cariño de quienes los visitan… —Disertaba con elocuencia ante un grupo de viajeros de un vuelo demorado con destino a La Habana.
— ¿Eres cubano…? —Le preguntó otro pasajero con los ojos empañados...
—No lo soy, aunque me sentiría dichoso de serlo. He visitado tantas veces la isla... ¿Y tú, de donde eres? —dijo el viejo.
—De Cuba —dijo con cierta vergüenza.
— ¿Pero eres cubano de aquí, o de allá?
Tras una larga reflexión contesto apesadumbrado:
—Me fui de allá hace más de treinta años…—y pasándose la mano por la cabeza continuó —Desde entonces no he vuelto, lo hago hoy por vez primera. A ver familiares, algunos que solo conozco en fotos.
—Es duro eso. ¿Eres feliz?
No respondió. Respiro profundamente y se pasó el dorso de la mano por los ojos al notar que eran observados con atención por otros interesados en escucharlos.
—Usted me ha conmovido con sus palabras. Extraño todo lo que dijo. Solo no mencionó, entre otras cosas: Tabaco y ron. —Dio un largo abrazo a su interlocutor, sin poder ocultar las lágrimas.
*
5
1comentarios 40 lecturas relato karma: 86

Lo reconozco

He caído
a un estanque de pirañas,
lo reconozco,
las he mordido.

He roto una botella de licor
solo por comerme el lagarto,
lo reconozco,
tengo la lengua llena de cristales.

Hoy he visto el amanecer
más bello de mi vida,
lo reconozco,
de casualidad he mirado
por la ventana cuando iba al baño,
luego me he vuelto acostar.

He contemplado con añoranza
todos los souvenirs
que adquirimos en París,
lo reconozco,
me he rascado la espalda
con el llavero de la torre Eiffel,
era lo que tenía a mano.

He escrito la mejor canción
que jamás he podido escribir,
lo reconozco,
el colosal aburrimiento
no me ha dado otra alternativa.

He ido por primera vez a votar
a uno de esos aspirantes
a director del "Teatro Guiñol"
lo reconozco,
solo lo he hecho para ver
a la presidenta de la mesa
de la letra A a la H,
dentro del sobre prehistórico
que hay que salivar
y posterior arcada
he dejado mi número y email.

He ido a comprar
en pijama, bata y zapatillas,
lo reconozco,
el vago me puede
pero la supervivencia cotidiana
me ha llevado a ello.

Este (no sé yo) poema debería
haber hablado de amor, desamor,
tormenta, lluvia, crepúsculo,
reivindicaciones y flores varias...

Debería haber hablado
de otoño, primavera, invierno,
de verano no,
que es para ir a la playa
y desintoxicar la cabeza
con un mar de cerveza helada.

Pués ya está,
me he cansado de escribir
con este boli desnortado,
vaya chapa estoy pegando,
lo reconozco,
ahora intentar corregir
está gilipollez, procesarla
y luego mostrarla da grima.

Quizás más tarde,
ahora lo que importa es saber
dónde cojones he dejado el mando.
leer más   
19
8comentarios 93 lecturas versolibre karma: 111

Ocaso de los ochenta

El ocaso y el mar, escenario de un otoño eterno.
Caminaban por la playa tomados de la mano del tiempo,
(aproximadamente, a los 80 años de edad, menos seis)
mientras la memoria desdibujaba la furia de un mar platino.
Ella, soltaba sus cabellos largos de promesas incumplidas;
él, un pantalón blanco, con el ruedo recogido.

Los trapecistas de un sueño realizaban
malabares en los malos bares y mares.
Allí, entre las líneas imaginarias del meridiano cero,
el uso horario empezaba desde (a)cero y desde uno
y dado el calor de la luna a medianoche,
las ondas marinas se alisaron todas
y del resultado uno menos uno o más uno: daba igual.
Un año, tal vez bisiesto, sucesivo e inesperado,
juntos, frente el ocaso de las cinco (05) de la tarde.

Se fue oxidando las cuerdas de un violonchelo.
Recreaban versos y los te amos arados en el ayer,
emergían a la superficie, los bordaba con dedal,
para evitar los pinchazos de los erizos traviesos.
Se escuchaba el susurro de los delfines enamorados.
El mar devolvió lo que el viento llevó.

Acaecía la noche.
El sol se iba arrastrando horizonte abajo.
El mar, otorgaba menos olas y más "holitas" saludables.
El viento ya no jugaba al escondite;
porque nadie intentaría encontrarlo nunca más,
ya no importaba si salía por el este
o desapareciera por el oeste
o si salía del confesionario del sacerdote.

¡Cómo brillaba el anillo de compromiso
del planeta Júpiter al conocer su propuesta!
Dejaron de huir con el disfraz vampirizo dentro del saco
y de ver películas francesas en blanco y negro.
En lo oscuro pintaban; en lo claro,
releían aquellas misivas lúgubres.
Nunca se versaron, bajo la sombra de las palmeras.
Jamás escribieron su nombre
en la corteza del áloe vera en primavera.

Dado el canto soprano de una sirena,
el reloj de arena había explotado
y nació una orilla a su mar rocoso.
Con telescopios de bambúes y sin aumentos
podían divisar la felicidad de un ocaso inquieto.
El mar aparentaba estar menos molesto.
Las piedras estrenaban sus faldas verdes.
El mar se volvió tópico, naranja y estrellado,
parecía que el cielo se estaba cortando las venas
con el filo de alguna nube y la lluvia como agua oxigenada,
desinfectaba las heridas del mar abierto y burbujeaban.

Disfrutaban de ese cielo rojizo e inquebrantable
y los alucinógenos para concebir el sueño,
fueron lanzados al mar y el bastón en flor no hacía falta.
Caminaban y saltaban de una caracola a otra.
La silla de colgar la ropa se divisaba desde lejos,
la piedra de los varios tropiezos encontró su pieza y
sin reprochar nada, cada uno sabía hasta dónde nadar.

¡Era su ocaso de las cinco (05) de la tarde, único e intransferible!
Fue un flash, un disparo oportuno que la cámara del destino
accionó ante la insuficiencia de luz.
Era su playa, jarrón de flores ancladas.
Amor ahogado y resucitado al único día
y subieron al cuarto del mismísimo infierno
y revivieron el ocaso sobre las (es)camas.
Un vía crucis exento de semáforos recorrieron,
un diadema de blandas espinas de peces muertos,
en el pensamiento lucieron.

Fue su tarde, la tarde, cuando dormidos se vieron despiertos,
cuando las estrellas, el deseo juvenil desempolvaban,
ya no importaba el tamaño del alma
ni las dimensiones del cuerpo ni qué comía la luna.
Fue la repetición de los ochenta, cuando se conocieron.
Ese término fijo llegaba, un lapso infinito detenido en el cielo.
Fue su ocaso breve y súbito.
El ocaso de latitud oeste, donde todo latía por última vez.
El amor solo dormía, bajo las profundidades del agua,
de la arena y en la puesta del sol.
Luego compartirán el amanecer crepuscular y así...


23 de abril de 2017
leer más   
19
12comentarios 122 lecturas relato karma: 102

De tiempo y relativos

Hay algo en sus ojos, que me hace permanecer ahí, intentando descifrar qué pasa por su cabeza y aunque al final no lo entiendo, lo cierto es que no quiero que me mire con esos ojos, no quiero que piense que puede quedarse y habitar mi cuerpo e irse apoderando de mis recuerdos.

Me niego a que me mire de esa forma, con ese brillo en los ojos; es que quizás él no lo nota, pero me hace querer correr hasta sus brazos y al mismo tiempo huir lo más lejos que pueda, y no, no quiero huir y tampoco quiero anidar en su pecho como quien al fin encuentra refugio.

Está mal, todo mal, no tiene pies ni cabeza. Sin embargo, cuando estoy con él, es decir, cuando estamos ahí frente a frente todo parece encajar, incluso nuestros cuerpos ‘rebeldes’, tan parecidos como diferentes.

Y no, no es como dice Cortázar que… andábamos por ahí sin buscarnos pero sabiendo que andábamos para encontrarnos... porque no, no quiero, muy romántica la frase, muy linda sí, muy de todo, pero no.

Yo no quiero pensar que estaba destinada a encontrármelo en el camino, en cambio quiero pensar que decidí por mi cuenta, sí, por mi cuenta y no la del "señor destino" que esa tarde nos juntáramos para tomar café (por cierto, fue una tarde hermosa, hacía mucho que no sentía un abrazo como ese ¡Y vaya lluvia tan conveniente, tan precisa! No casualidad sino un pretexto).

Como venía diciendo, quiero creer que sí hubiese sido diferente y nos cruzáramos cualquier otro día por la calle y por casualidad alguno de los dos fijara su mirada en el otro, lo primero que haríamos sería girar la cabeza hacia el lado contrario.

Sí, es que por más loco que resulte, no siempre es fácil sonreír a los extraños, (aunque deberíamos naturalizarlo), yo por lo menos me hubiese intimidado un poco, por la misma razón del principio, esos putos ojos y su maldito brillo que parece estar hablando a gritos sin decir una palabra.

Es probable que no me entiendan, créanme yo escasamente lo consigo, la cosa es que quiero verlo y saber que el tiempo juntos puede ser tan largo como corto y que así como suena de fácil leerlo, sea de fácil creerlo, a fin de cuentas, el tiempo es relativo y estar juntos también.

Hablando de tiempo y de relativo, y esa manía mía por contar los días y sacar cuentas sin sentido, ya superé mis expectativas en tiempo de estar con él y no sé si me asusta o me gusta (la verdad es que me encanta).

Quiero que él lo sepa, y me miré sin respuestas, que se dé cuenta que no tengo certezas de nada, que me he hecho una y mil ilusiones al tiempo que las he hecho desvanecerse, que no espero nada suyo y que aun así me sorprende siempre.

Es que me muero (sigo hablando de relativos) por decirle que no me hacen falta compromisos porque de esos tengo bastantes conmigo misma y ya suelen agobiarme lo suficiente, que con él quiero todo y nada (y en todo incluyo los orgasmos ya sean en el baño, en la sala u en la cama… donde sean pero que sean).

Ya le he dicho que lo quiero, y lo cierto es que esa no es la palabra correcta, porque si algo siento por él, es algo que se sale de lo posesivo que puede resultar un ‘te quiero’, esa frase que para mí en tantas ocasiones ha significado encierro…

… A él lo veo y lo siento libre y me encanta así; tan feliz, tan hombre y tan niño, es un misterio. Me fascina pensar que con él todo es nuevo; es como ir aprendiendo a gatear y de pronto estar corriendo o mejor aún montando en bicicleta sin las manos en el timón y con los brazos abiertos (como eyacular en medio de un oral y reír sin aliento).

Así me siento, con los brazos abiertos, con el corazón galopando en cada respiro; con ganas de decirle que se vaya lejos, que vuele tan alto como quiera, que suba la montaña y que también camine desnudo por la playa, mientras se fija en la flaquita de cara linda y bonitas nalgas.

Me encantaría que sepa lo bonito de sentir que puede enamorarse de cualquiera, que puede querer pasar su tiempo aquí o allá; me gustaría que sepa que no importa si mañana se va y ya no regresa nunca más, porque me habrá quedado todo y nada. Y la nada que me da, es más que todo lo que he recibido antes.
leer más   
14
9comentarios 141 lecturas relato karma: 102

El ahogado

-Tras la lectura de un cuento de G.García Márquez-

Las gaviotas se posaban en algo que flotaba para descansar. Eso extrañó a los habitantes del pueblo y se sorprendieron al ver cómo una cosa extraña asomaba entre las olas. Los primeros que se refirieron a ese islote flotante decían: ¡Es un cocodrilo!, ¡no, es una tortuga!, ¡no tenéis ni idea, es un tronco flotando a la deriva! Los niños jugaban con la idea de que fuera un barco pirata que se iba acercando. Los comentarios cesaron cuando quedó varado en la arena de la playa, entre piedras y algas.

 Se acercaron temerosamente, poco a poco. El más valiente fue, no, la más valiente fue la chica pelirroja. Ella fue la primera que se aproximó y le apartó la masa de poseidonia que le cubría la cara, y sólo entonces descubrió que era un ahogado.

A partir de ese momento, los hombres se acercaron. Los niños fueron corriendo al pueblo para dar la voz de alarma. Lo llevaron hasta la primera casa del pueblo y advirtieron que pesaba mucho más de lo normal y comentaron que tal vez estaba hinchado por haber estado demasiado tiempo flotando a la deriva. Apartaron la mesa de la sala para dejar el cuerpo en el suelo, fue ahí cuando se dieron cuenta de que era grande y negro. Uno de ellos dijo que los negros crecían después de la muerte.

Nadie le conocía, no era del pueblo ni de los alrededores. ‘No podía ser, no hay negros por aquí’, comentaron. Pero su negrura era especial, al tiempo que tenía algo desconcertante, también había algo de reconocible en esa cara. Sí, sus rasgos recordaban a alguien, pero era imposible. No había negros en esas latitudes.

Aquella noche los hombres decidieron averiguar si no faltaba alguien en los pueblos vecinos, las mujeres, encabezadas por la pelirroja, se quedaron velando al ahogado. Le quitaron la poseidonia que le cubría el cuerpo, le cepillaron el cabello, le sacaron los restos de ropa que aún le tapaban y descubrieron que sobrellevaba la muerte con dignidad aunque con manchas claras y oscuras por toda la piel. Solo faltaba sacarle el harapo que hacía las veces de taparrabos. Se miraron con picardía y la pelirroja se aprestó a reclamar su derecho. Así lo hizo. Lo que allí apareció no era negro y tenía una envergadura que las dejó atónitas, lo estaban viendo y no les cabía en la imaginación.

Entró un vecino a buscar un cubo y como con un reflejo instantáneo, las telas que tenían diversas vecinas taparon la imagen que avergonzaría a los hombres del pueblo. Asombradas por su proporción o desproporción y su color o no color, las mujeres decidieron entonces remendarle algo de ropa para que pudiera tener un funeral respetable. Mientras cosían sentadas frente al cadáver, lo miraban entre puntada y puntada con picardía. ¿Por qué aquello era blanco si él era negro?, se preguntaban. Lo compararon entre risas con sus propios maridos, pensando que ellos no serían capaces de hacer en toda una vida lo que aquél habría sido capaz de hacer en una noche.

—Tiene cara de llamarse Nacho, como el actor porno.

Y todas entre risas, asintieron. A la mayoría le bastó con mirarlo otra vez para comprender que no podía tener otro nombre. Las más atrevidas, que eran las más jóvenes, se mantuvieron con la ilusión de que al ponerle la ropa, el roce pudiera despertar aquel milagro de la naturaleza, aunque fuera por un instante. Pero fue una ilusión vana.
Por la mañana, cuando le taparon la cara para que no le molestara la luz, lo vieron tan muerto, tan indefenso, tan parecido a sus hombres, que empezaron a sentir pena por él. Fue una de las más jóvenes la que, habiendo consultado internet por la noche, les explicó su descubrimiento:

«El color de la piel es un carácter que cambia con relativa facilidad por la selección natural. Los primeros humanos, al salir de África, son de color, pero empiezan a perderlo en cuanto emigran a latitudes altas. Y esta pigmentación no fue igual para los que fueron a Europa y los que fueron al norte de Asia. El sol - continúa explicando- es el factor que hace que nos tengamos que proteger de él en latitudes donde hay más; donde no hay sol, la piel clara es mejor, porque necesitamos la energía solar para fabricar vitamina D».

 Es decir, continuó, el ejemplo es muy tonto, pero puede explicar los cambios de color que, con el paso de millones de años, pudieron llevar a los primeros hombres de África a ser primero blancos, después negros y a que, más tarde, algunos volvieran nuevamente a ser blancos. Es decir, Nacho era blanco y mientras su cuerpo flotó en el mar, se oscureció para protegerse, a pesar de estar muerto.

 Todas ellas se miraron con incredulidad. Pero la chica continuó, lo que debemos hacer ahora es volverle a mirar y tratar de verlo como a un blanco y no como a un negro. Quizás así le reconoceremos.

 Al rato, los hombres llegaron con la noticia de que el ahogado no era tampoco de los pueblos vecinos, ellas se mantuvieron calladas. Los hombres, sorprendidos ante aquel silencio, creyeron que no era más que cosa de mujeres y se marcharon al bar.

 La pelirroja, mortificada por tanta duda, le quitó entonces al cadáver la tela de la cara. Empezaron a mirarlo con ojos diferentes, le iban aclarando la piel mientras le escaneaban de arriba a abajo. A medida que pasaban los minutos, las mujeres se mostraban más inquietas, no se atrevían a poner palabras a sus pensamientos. No podía ser, se decían a sí mismas, pero se les notaba en las caras que iban llegando a una conclusión.

 Nacho solamente podía ser uno en el mundo, y allí estaba estirado frente a ellas. Las facciones que tenía por la mañana habían cambiado. Las mujeres se iban mirando unas a otras hasta que a la más joven se le escapó la risa y todas estallaron en una carcajada conjunta y deshinibida.

 ¡¡Es el sustituto del cura que se marchó del pueblo el mes pasado!! Gritaron alborozadas.

Decidieron no decírselo a los hombres del pueblo para poder así vivir en paz. Fue un secreto de mujer. Solo ellas se llevarían el recuerdo de aquel mástil vigoroso que les alegró la vista durante unas horas.

 Al día siguiente, le hicieron los funerales más espléndidos que podían concebirse para un ahogado huérfano. Las mujeres fueron a buscar flores y lo cubrieron con tantas flores que los hombres no entendían nada y seguían pensando: ¡cosas de mujeres!

 Ellas no tuvieron necesidad de mirarse las unas a las otras para darse cuenta de que todo sería diferente a partir de entonces. Sabían que, desde ese momento, los encuentros amorosos con sus maridos iban a eternizar la memoria de Nacho.
11
5comentarios 172 lecturas relato karma: 105

Todo que perder

Dudas al frente de un barco inseguro,
surcas los bares de calles extrañas,
mares y muros...
duerme en la playa,
sueños oscuros despiertan al alba.

Driblas detalles de tiempos futuros,
sigues pisando sin ver a quién dañas,
cañas y vinos...
codos en barras,
mirada absorta que siempre te engaña.

Te crees que has pasado momentos muy duros,
deshechas la vida, ya nada te importa,
tascas y tortas...
cortas batallas,
al suelo le cuentas tu lucha por nada.
leer más   
14
7comentarios 78 lecturas versoclasico karma: 111

Vacío existencial

Soy prisionera en la presa
de mi desierto sin agua
esa gota salada
en el río estancada
Soy mi todo a sabiendas
que soy poco en la nada
quien anda y se para
y hablando se calla
Soy el nervio con calma
y la humedad disecada
Soy un alma varada
que se ahoga en la playa .......
leer más   
16
12comentarios 74 lecturas versolibre karma: 102

De esa manera...

De esa manera volvió la vida,
se estremecieron las palabras
y una brisa nueva me besó en la cara.

El alma sintió la ráfaga furiosa de la primavera,
que llegó gritando, dejando su caricia,
y hasta cerró los ojos de placer.

El sol salía y saludaba con fuerza,
las olas venían a la playa
desgranando una sinfonía en las resacas
que llenaban mis oídos

El corazón volvió a latir con fuerza,
y hasta el cuerpo se estremecía con pasión
al sentir el alma renovada.

Volví a vivir
y una sonrisa, temblorosa,
se posó tímidamente en mis labios.
sin darme cuenta.

Rafael Sánchez Ortega ©
19/10/18
13
3comentarios 91 lecturas prosapoetica karma: 104

Cazador del mar

Cazador del mar

El sol modificó las aguas, y a tu piel
la hizo cuero con el salitre a cada hora.

La mar concedió el espacio a tu aventura
de redes en puertas, boya auxiliar, línea o deriva.

Te enseñó sus colores, la espuma, la planicie de paz,
la inquietud, la marejada en indómita bravura.

Las aguas errantes, el viento en susurro,
la niebla agolpada, las estrellas ausentes.

Imágenes, paisajes que atrapó tu retina
en esa soledad de sal y humedad…


También te acompaña la irradiante Luna,
el tórrido solar y la grave gaviota.

Lobo, señor del mar, cosechero de las aguas,
el muelle y el hogar velan tu regreso.

El flujo, la marea, te invitan al hacer.
La marcada y dura hora te condenó a partir.

En marcha, el destino es el ruidoso mar
que Dios te signó y lo ciñó a tu oído.

Tu figura se dibuja en cada proa,
en el mástil la bandera es anhelo y es porfía.

El tesón se hace garra, tu esfuerzo espíritu,
y la bravía pasión es tu coraje.

Tu alma reconoce el atracadero, el muelle y la caleta,
del río, sus orillas sin tiempo y el verde.

El descanso teje redes de faenas ya pasadas…
…buscando un después con el alba.

La humeante pipa trae los sueños
que despiertan la mañana del mañana.

Horacio F. Rodríguez Porto
Libro: “Amanecer Crepuscular”
leer más   
5
1comentarios 21 lecturas prosapoetica karma: 78
« anterior1234528