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Agridulce

Es agridulce el eco distante de la voz
que conoce la palma de tu mano.
Es agridulce cuando tu mano está vacía,
cuando la luz es ajena,
cuando la cajas no son.
Es agridulce querer que si y saber que no,
saber que si y creer que no.

Si fumara, haría castillos de filtros
y en las sombras del humo
vería las diapositivas y las palabras,
leería los posos de la ceniza,
humedecería el papel en los ojos
con cristales de sal.

Agridulce como cristales abandonados
rompiéndose en un camión de trastos,
como plantas de pascua en la puerta de un bazar,
como una servilleta de tela maltrecha
en un paso de cebra
atropellada,
sucia,
abandonada.
Esperando que el viento la devuelva.
Esperando que una mano la recoja.

Agridulce es el sonido de los ejes
de los mundos a los que perteneciste
cuando, sin molde, los ves girar.

Agridulce es, a veces, la sombra
y el eco de la distancia
en la cerradura,
en el espejo,
en el cenicero vacío.
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Mi último poema

Los días pasan frente a mí,
las horas es lo último que cuento,
los minutos casi no los veo,
y los segundos ya ni los puedo sentir

El tiempo está por consumir,
todos mis muchos recuerdos,
pulverizando sin esfuerzo,
lo que nombré vivir.

Qué decepción que en este momento,
quiera retornar yo atrás,
por olvidar la forma fugaz,
en que se ha perdido mi aliento.

No es tiempo de lamentos,
sino de disfrutar,
lo que aún puedo recordar,
y no olvidaré ni muerto.

Mi legado será,
todo lo que escribí,
las amistades que pude hacer,
la familia que construí,
y este poema que dejaré.

Espero así poder,
lograr que los demás,
se interesen un poco más,
en el tiempo que poseen.
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Sólo el mar nos sirve

Después de adentrarse por lugares donde quedó cobijado parte
del pasado, después de sentir que lo único que queda de todo aquello es sólo
incierta brisa, sombra y ciertos aromas vegetales que resisten, el exilio se torna más dócil, las sombras perdidas transparentan el sol del día
a día,

ocurre igual con los rostros, con las personas enteras
en las que habitó parte de tu pasado,
pieles roídas por el tiempo, dientes manchados por la vida,
y con el cuerpo que se encoge al presente,

una vez recorrido cierto trecho de esos
mapas antiguos, la soledad se hace virtud,
una vez se ha vencido el paso del tiempo
sólo queda un minúsculo germen
que vive solitario en la memoria aceptando su eterna oscuridad,

el sol viene de vez en cuando a posar su guante luminoso sobre el norte, la soledad
es un arma viajera, aventurera, la soledad es una mentira que duele, que nadie comprende, la soledad es la cumbre del futuro,
el paso final,

también ocurre con el deseo carnal, con la voracidad y la desdicha que provoca
la carne explícita, el sexo liberador, la contrapartida que creemos tomar al dejar unas muestras palpables de nuestra oculta existencia,
gotas perdidas en las sábanas
de una cama desecha y arrugada,

se cree que los días pasan, que avanzamos, que algo
mejor nos espera,
las mandíbulas se alargan, las piernas se tuercen, los rostros se desencajan,
la lluvia es bienvenida a estas calles repletas de condenas, el agua
revive la pequeña hierba sepultada en el asfalto, avanzamos sí, el progreso
consiste en arrugarse, en caminar más despacio, en sentir miedo ante cualquier
sorpresa, el camino se va quedando sin luces,

el cielo está encapotado
y sólo el mar nos sirve.
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En tus aposentos

En ese pequeño y sucio aposento.
inadecuado,
Solitario,
donde mi propia tristeza
se duerme en la oscuridad.
Atravesando ese desierto árido,
Infértil.

Cierro los ojos de mi alma.
Permanezco quieto mientras penetro en ese recinto donde cantare para ti,
y dejare que mi voz se una a la poesía de tu creación.
Es en ese momento cuando eres el centro de mí ser.
Sin tiempo.
Sin espacio.
Solo tus ojos posándose sobre mi mirada en la profundidad de mi alma.

Arrodillo mi andar ante este apacible silencio.
Donde el eco de tu voz resuena dentro de mí
Siento una suave brisa que susurra en mis sentidos,
Siento tu fuerza como un rayo ferviente que arde en mi corazón


En ese pequeño y sucio aposento,
dejare que en tu serenidad escuches mi clamor.
Entonces me despojare del tiempo.
Me arrancare la piel de las vanidades y me hundiré en tus pensamientos para estar a solas contigo.
Abriré mis ojos ensombrecidos por las lágrimas de la emoción.
Y allí,
Brillara tu luz,
Y hallare tus brazos placenteros buscando abrazarme

En ese pequeño y sucio aposento me quedare a solas contigo.
No quiero estar en ningún otro sitio.
Solo allí
Arrodillado
en tu presencia.
Desnudando mi alma al saber que estás conmigo.
Mi único y verdadero Dios.
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Cuento de un horizonte

Buscaba posada entre sus brazos.
El frío del invierno
dejó escarcha en la doblez del codo
y el hueco del ombligo.
Salió a la vida,
buscando un refugio de leña
y un calor de cuerpo.

--------Clandestina luz que apareciendo por el horizonte, marcó destino a tiempo----------

Surcando una nube de algodón
en un avión de papel,
descorchó la mañana y se la bebió a sorbos,
al amparo de caricias y besos.
Descubriendo que lo más bello
puede estar anidando en las cosas más simples.

---------Y siguió mirando a la luz del horizonte sin importar si era amanecer o era ocaso-----
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"Cuando la Luna se deja amar por un Poeta" Autores: @CorazónDeFlor y @rayperez)

La Luna llena se reclina desnuda
en un manto celeste bordado
con orquídeas recién nacidas
de la espuma marina y del nácar
sus hilos son de gusano plateado
cosidos por las manos
de una rosa Griega, extasiada en ámbar
dando a los eternos enamorados
de esta Tierra esférica
flor y canto.

La Luna tan pálida abre sus piernas
de estrellas cual estela humedece
perlas púrpuras y rosadas
se exhibe impúdica ante un poeta
que la invoca desde lejos
un tanto solitario
entre las penumbras de una isla Espartana
donde recita tan glorioso y trasnochado
las letanías de su amada patria
¡Venezuela la jamás olvidada!
Pues esta noche más que su musa
es su amante etérea
Y se entrega lúbrica al compositor de sones
para brotar líricas de encaje astrales...

De este prístino suelo y de mi puerto cerúleo
un mar de seda con encajes verde y azul brota
por el anclaje marino, es mi luna,
mi crisol mis picos nevados
opalinas circunferencias
es mi Venezuela recostada
a la cervantina luna
Que en su nostalgia se cimienta
a su amante nocturna y despierta abismada
por el perfume de rosas
que despide tu acanalando
y frondoso cabello.

Mi amante luna, mi constelación fecunda en luceros
en tus arcadas me quiero posar
cual pájaro de acero volar
entre las ramas
y rocas de tú espejo adosar
un nido de velos.
Y en ese lecho hacerte mía
como la estrella fugaz que trasciende
en la época decembrina
tú, ostia divina,
permite que mi corazón,
antífona, flor mosqueta primaveral
te arrulle entre mis brazos.



Enid Rodríguez Isáis
Estados Unidos

Ramón Pérez
Venezuela

2018
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Magia

Magia que permite verte cada día,
aunque no estés dispuesta al tacto
y no es que te moleste el acto,
mi bella princesa en lejanía.

Magia que permite escuchar tu voz,
aunque no bese ya tus dulces labios,
solo entiendo tus consejos sabios,
por tu amor… vivo el corazón… en pos.

Magia incesante recuerdo sublime,
así como es sublime todo tu ser,
que provocas todo mi amor humilde,

con la magia de tu alma de mujer,
magia del deseo y la pasión que vive,
siempre en la magia viva… del querer
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Un poema a Sonia

Buscas la belleza
y aún donde no la hay
tú la encuentras
De eso me hablan tus fotos
de montes, arbustos
y raíces borradas de la tierra
o una tímida flor que asoma
y una mariposa posada sobre ella
Pero es que la belleza eres tú
y a donde quiera que vas la llevas
luego tus ojos la reflejan
sobre todo lo que encuentras
ya sea la selva virgen
o un objeto inanimado
una torta o una estrella
sea la sombra misma
o la luz que la perpetua
la ciudad, el mar, la montaña
un libro, una manzana, un poema
los perros de tus amores
la felicidad ajena.
Porque tú eres bella
por dentro y por fuera
y eso explica tantas cosas
y las que aún no alcanzó
a comprenderlas
cuando me pregunto
¿ Por qué me enamoré de ella ?
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Ya me has marchitado y agotado

Ya me has marchitado y agotado.
Me has rechazado.
Mi arrogancia ha herido a tantas personas humildes.
Mi sabiduría ha herido a muchas personas versátiles.
Mis ojos se han vuelto abismos.
Desafortunadamente, la sangre se ha extendido.
La leche de mis pechos también se ha convertido en lágrimas.

También es la penuria del oro.
Me posees como una noche, poseyendo luciérnagas.
Mi alma se convertirá en una nube de humo.
Deja que mi cuerpo no sea nada.

Che-Bazan.España
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Y volvió el amor ® ©

Y como el canto de la aurora,
que con alegría anuncia,
la dicha de poseer aún la vida,
dichosamente has vuelto tú,
así como la marea lleva a la playa,
al afortunado naufrago,
que gran odisea sobrevivió,
de la misma forma has vuelto a mí,
eres vino añejo de amor,
que en cálices de oro,
nos sirve el destino ya vencido,
ante la fuerza de nuestras vidas,
y con alegría y anhelo,
te abrazo una vez más,
con la esperanza,
de que ahora sí,
te quedes junto a mí.

Carlos Luis Molina Lara
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Perdón

Ninguna caricia me quemo tanto,
Ningún susurro me pareció tan simple,
Ninguna lagrima fue tan falsa , ni un "te amo" tan hipócrita.

Desde que el destino que tu marcaste te arrebato de mi futuro, están en mis pensamientos el constante martillar de tus recuerdos.
Tus ojos…dos luceros en los que solo yo me veía reflejado

Tus labios…el riesgo que debía tomar si quería tocar el cielo

Tus curvas…marcaron el sendero a mi perdición

Y tu olor …la fragancia que se volvió mi droga

Ahora se posan ante mi esos labios con la amargura del licor, el olor a tabaco en la ropa y la silueta femenina que cumple la misión del olvido

¡pero que insulsos saben los labios que no son los tuyos ¡

Y aunque pediste perdón a la hora de partir en aquel velero que se quedo estancado al pasar por tantos puertos. nunca fue tu culpa.

Hoy solo me queda el viento para que lleve a tus oídos mis suplicas
¡te pido perdón¡ porque fui yo quien metió el amor ,sin tener en cuenta de que el amor…es un arma de doble filo .
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Yoya

Nota:
Realmente no soy ducho en gramática, nunca la estudié a pesar de cuánto me han gustado siempre las letras. La vida y mis quehaceres como cubano de nuestro tiempo me llevaron insoslayablemente por rumbos incompatibles con las letras. No me pesa, porque cuanto hice fue con amor y creo haberlo hecho bien.
A la lectura debo, sin lugar a dudas, el hecho de poseer ciertas facilidades al escribir, porque aunque imperceptiblemente, cada libro que se lee deja huellas y aporta conocimientos además de placer, ampliando nuestro dominio de palabras, significados e incluso, sentimientos. Nos prepara mejor para entender, apreciar y fortalecernos ante las circunstancias que durante nuestro paso por el tiempo debemos afrontar.
De cuando era pequeño, recuerdo la expresión: “Matar enanos”, en alusión a poder realizar algo que siempre se soñó mucho tiempo después. Pues bien, no me siento frustrado porque ahora, después de viejo y jubilado, es que estoy “matando mis enanos literarios”:



Yoya: Así se resumen sus apelativos. Menuda como su mote, es su apariencia frágil cual mariposa. Pero… encierra tanta fortaleza física y espiritual, que sumadas al abanico de cualidades que airean las calles del pueblo cuando pasa, se ha tornado en objetivo de muchos que siguen sus huellas de buenas influencias.
Es un siglo con cuerpo de mujer, una ristra de años bien trenzados que conservan el mismo aroma infanto-juvenil que aún exhala en la envidiable senectud.
Con su andar, como alado, al pasar o detenerse, la saludan todos con cariño, y grácil, les corresponde. Siempre provoca comentarios entre quienes la siguen con la mirada…
-–Parece increíble, pero… ¡ahí va Yoya! –Dicen unos.
–Por ella no pasa el tiempo –Aseguran otros.
¡Y tienen razón! Pareciera que los años no le pesaran, o no le importen. Nunca los cumple….
– ¿Para qué?, si no sé ni cuántos son. –Me responde sonriente –De que los tengo, los tengo y nos llevamos bien.
Con la curiosidad que provocan los asombros, no he podido sustraerme a los impulsos por descubrir los misterios que han mantenido, como en urna de cristal blindado… sus neuronas, tierna sonrisa, carácter afable, férrea salud y excelente memoria; aunque:
–No en mí todo está bueno –Me dijo sin inquietarse –De hace un tiempo a esta parte… no oigo bien.
Hurgando entre amistades, algunas tan longevas y de ambos géneros, con las que compartió infancia, adolescencia y adultez; coincidentes afirman:
Salvo uno que otro resfriado u oportunista virus común que ha sabido eliminar con mañas propias, no ha sufrido enfermedades. ¿Hospitales? Solo a visitar o acompañar enfermos. Desde muy pequeña fue siempre solidaria, buena amiga, mesurada y solícita consejera. Bautizada y fiel creyente iba a la iglesia a cada evento y procesión. Todavía lo hace. Como toda niña, aún sin dejar los juguetes flotó entre humos de ilusión, por los campos de la fantasía. Creciendo amó y pudo descubrir después, que la vida es distinta a las creaciones de sueños dorados de besos sin treguas, de amores sin escalas en los paraderos del diario vivir. La abandonó el primero y al segundo se dedicó con devoción hasta ser separados por la muerte.
Continúa desbrozando dificultades. Las mismas de hombres y mujeres de nuestra sociedad, con el mismo sentido patrio que abrazó y compartió laborando por más de cuarenta años. Después de convivir en pareja por muchos años, ella y Alfredo tuvieron el honor de ser el primero de los matrimonios colectivos celebrado por Los Círculos de Abuelos. Se graduó en la Universidad del Adulto Mayor a los noventa años de edad… y con orgullo conserva su diploma.
A fines de mayo pasado, al cruzarnos le vi el brazo izquierdo en cabestrillo:
– ¡Pero…, Yoya! ¿Qué le pasó? –Le dije al saludarla con un beso y mi mano sobre su hombro derecho como si con ello la aliviara en algo.
–Nada… –Me respondió –Como cada domingo temprano en la mañana iba para el estanquillo del parque a esperar el periódico, en la acera había unos obstáculos de basuras, di un traspiés, me caí… ¡Y ya vez! –concluyó con pesadumbre.
Se me antojó paloma con el ala rota y me causó tristeza. Más tarde supe que sufrió fractura en la clavícula izquierda (Cabeza del húmero) y que no la enyesaron para evitarle daños en la fina y magullada piel.
–Lo de Yoya no son huesos, son cabillas –Me dijo en broma una amiga común celebrando que solo dos meses después, ya hace de todo , incluso lava y afirma que en Septiembre se incorporará de nuevo a los ejercicios en El Circulo de Abuelos.
Su carnet de identidad refiere que nació el 22 de julio de 1918, aunque confiesa haber nacido el 29 de junio de ese propio año. Vive sola, hace todos los quehaceres y mandados. Cada domingo en horas de la mañana se sienta en el mismo banco del parque, detrás del estanquillo, para leer el periódico “Tribuna de la Habana” y enterarse de la “distribución de productos”. Se interesa por las noticias de la ciudad.
–Las internacionales no me gustan… –Dice M– ¡Este mundo está muy loco!
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Insomnium

El insomnio conquistó mi sueño, como acostumbraba cada noche. Es por eso que me levanté a echar una ojeada a mi estantería. Mientras observaba los libros creí ver, de reojo, la puerta entreabierta. ¿No había echado el pestillo? De pronto, algo pareció moverse en la penumbra. Permanecí inmóvil unos instantes hasta que, poco a poco, comencé a abrir cautelosamente la puerta. La tenue luz de mi lámpara impregnó de tímidos rayos el pasillo.

Entonces contemplé una oscura figura que, muy lentamente, se acercaba a mí. Ya no sentía miedo, pues mi corazón parecía saber más que mi razón. ¿Y sus pisadas? Si mi vista me fallase, no serían mis oídos los que me advirtieran. Casi que podía ver aquella silueta; tal vez un manto gris, acaso una larga capa.

Las tinieblas parecían alzarse sobre mí. Retrocedí justo para ver morir a la luz y la oscuridad bañó la habitación. Cerré la puerta y eché el pestillo. La lámpara estaba apagada. Comencé entonces a retroceder, paso a paso, con la mirada clavada en la puerta.
De pronto, tropecé y caí la cama. Me precipité rápidamente a encender la lámpara. La luz iluminó sutilmente mi dormitorio. “No entrarás todavía…”, murmuré entre dientes. Volví a levantarme y, como si nada hubiera pasado, volví a echar un vistazo a la estantería. Cuando mis ojos se posaron en Baudelaire, no me lo pensé dos veces.

Aquellas flores tan maléficas acentuaron mi desvelo. Tal vez era momento de leer un poco de Tolstoi. Así pues, mientras lo hacía, las agujas de mi reloj avanzaban más rápido que nunca. Quizá era la hora de leer a Víctor Hugo. Y leyendo a Víctor Hugo, las agujas de mi reloj se paralizaron. ¿Otra vez la sombra?

Cerré el libro, malhumorado, y contemplé que la puerta estaba abierta. ¡Si ni siquiera la había oído! “Esto ya no puedo permitirlo”, dije en voz alta y, acto seguido, cerré una vez más de un fuerte portazo. Suspiré, y de nuevo dirigí la vista a la polvorosa estantería. ¿Sería Kafka mi solución? Fue Kafka pues a quien me encomendé entonces. Puesto que no me fiaba de la sombra, no volví a la cama, sino que empecé a dar vueltas por el dormitorio. Al tiempo, el proceso del señor K. fue turbando mis pensamientos. Nadie me molestó.

“Creo que se ha ido”, pensé al rato. Cerré el libro y volví mi cama. Tras echar un vistazo al móvil y asumiendo mi desvelo, decidí repasar algunos de mis poemas. Poco después de hacerlo, la puerta se abrió de golpe. Me sobresalté. Las sombras penetraron una vez más en la habitación y la lobreguez conquistó mi sitio.

Desesperado, encendí el móvil para intentar ver algo. Me sorprendió encontrarme un libro de Unamuno en el suelo, por lo que decidí recogerlo. La lámpara no funcionaba. Activé la linterna y comencé a bañarme entre las líneas de Unamuno. No fueron ni más de diez cuando la sombra irrumpió.

Le vi lo suficiente como para comprender quién era. Poco más pude recordar entonces, excepto vagos recuerdos; cosas que nunca pasaron y el esbozo de un mundo mejor.
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No se que decirte

No se que decirte
cuando preguntas por mi
no puedo decirte
mentiras
no puedo decirte
que todo es normal
no puedo decirte
que estoy mal
no puedo decirte
que la estrellas
que posan en mi ventana
te extrañan como yo
no puedo decirte
que mi cuarto
te olvido
porque aun tengo
tu aroma
en mi ropa y paredes


Solo puedo decirte
que ando coqueteando
a la nostalgia
y ando ignorando
lo besos de otro comienzo

Solo puedo decirte
que aunque no te espere
sigo en el mismo refugio
de recuerdos
disparando palabras
contra el olvido
y a todo aquello
que quiera entrar
sin recibir invitación

Solo puedo decirte
que ando buscando
a ese villano
que según era yo
para escapar
de este aburrido
yo
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Entendí tu mensaje en el silencio...

Entendí tu mensaje en el silencio
y marché, con el mismo, hacia la nada,
quería refugiarme en las tinieblas
y ser un Peter Pan con telarañas,
quería ser la rosa de los vientos
que un día sorprendió la marejada,
cubiertas sus espinas por las olas
dejando entre las aguas su nostalgia,
quería emborracharme en el salitre
y ser el cisne gris de la mañana,
que marcha en un estanque abandonado
en pos de la silueta de las hadas,
es fácil que renazcan del silencio
los gritos inaudibles de fantasmas,
aquellos que surgieron en las noches
por medio de cadenas y campanas...

Entendí que quisieras liberarte
y marchar por el mundo con tus alas,
a beber en las fuentes misteriosas
que ofrecían mil sueños y esperanzas,
pero yo me quedé con una duda
y pensaba en un tiempo y las palabras,
cuando tú me ofrecías tu cariño
y, también, me decías que "me amabas",
pudo ser una frase irreflexiva
para hacer de mi vida una metáfora,
un oasis de paz, un espejismo
y lograr embriagar, así, tu alma,
pero atrás me quedé con el silencio,
compañero de guerras y batallas,
él bien sabe de heridas y lamentos
y de sangre, tinieblas y de lágrimas...

"...Entendí que los hombres nacen libres
y que tú, en el fondo, eso buscabas,
a pesar de sumirme en el silencio
y negar lo que un día proclamaras..."

Rafael Sánchez Ortega ©
06/11/18
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Me amaste

Me amaste, te amé

y cayendo las manos

mirándonos lado a lado

tu mirada no solté…


Me amaste como nadie,

como sólo vos, como quise yo,

y en mi cuerpo tus besos

sellaron mi piel,

en latidos de sangre…


Y en silencios

sólo recobrar el respiro,

porque las ganas de vivir

estaban en cada suspiro,

queriendo volver y volver…


Como amarte

si no sé de otra forma,

cuando mis ojos al verte

te llaman, te nombran,

te desean y en la boca muda

espera besos en tu idioma…


Me amaste amante

me amaste amor

me amaste dulce

me poseíste obsceno

y mas te desee…


Ámame entonces como ayer

como ahora, como la última vez

en que probemos nuestros cuerpos

y conviden nuestras bocas

Ámame…

(Lola)
.
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El ahogado

-Tras la lectura de un cuento de G.García Márquez-

Las gaviotas se posaban en algo que flotaba para descansar. Eso extrañó a los habitantes del pueblo y se sorprendieron al ver cómo una cosa extraña asomaba entre las olas. Los primeros que se refirieron a ese islote flotante decían: ¡Es un cocodrilo!, ¡no, es una tortuga!, ¡no tenéis ni idea, es un tronco flotando a la deriva! Los niños jugaban con la idea de que fuera un barco pirata que se iba acercando. Los comentarios cesaron cuando quedó varado en la arena de la playa, entre piedras y algas.

 Se acercaron temerosamente, poco a poco. El más valiente fue, no, la más valiente fue la chica pelirroja. Ella fue la primera que se aproximó y le apartó la masa de poseidonia que le cubría la cara, y sólo entonces descubrió que era un ahogado.

A partir de ese momento, los hombres se acercaron. Los niños fueron corriendo al pueblo para dar la voz de alarma. Lo llevaron hasta la primera casa del pueblo y advirtieron que pesaba mucho más de lo normal y comentaron que tal vez estaba hinchado por haber estado demasiado tiempo flotando a la deriva. Apartaron la mesa de la sala para dejar el cuerpo en el suelo, fue ahí cuando se dieron cuenta de que era grande y negro. Uno de ellos dijo que los negros crecían después de la muerte.

Nadie le conocía, no era del pueblo ni de los alrededores. ‘No podía ser, no hay negros por aquí’, comentaron. Pero su negrura era especial, al tiempo que tenía algo desconcertante, también había algo de reconocible en esa cara. Sí, sus rasgos recordaban a alguien, pero era imposible. No había negros en esas latitudes.

Aquella noche los hombres decidieron averiguar si no faltaba alguien en los pueblos vecinos, las mujeres, encabezadas por la pelirroja, se quedaron velando al ahogado. Le quitaron la poseidonia que le cubría el cuerpo, le cepillaron el cabello, le sacaron los restos de ropa que aún le tapaban y descubrieron que sobrellevaba la muerte con dignidad aunque con manchas claras y oscuras por toda la piel. Solo faltaba sacarle el harapo que hacía las veces de taparrabos. Se miraron con picardía y la pelirroja se aprestó a reclamar su derecho. Así lo hizo. Lo que allí apareció no era negro y tenía una envergadura que las dejó atónitas, lo estaban viendo y no les cabía en la imaginación.

Entró un vecino a buscar un cubo y como con un reflejo instantáneo, las telas que tenían diversas vecinas taparon la imagen que avergonzaría a los hombres del pueblo. Asombradas por su proporción o desproporción y su color o no color, las mujeres decidieron entonces remendarle algo de ropa para que pudiera tener un funeral respetable. Mientras cosían sentadas frente al cadáver, lo miraban entre puntada y puntada con picardía. ¿Por qué aquello era blanco si él era negro?, se preguntaban. Lo compararon entre risas con sus propios maridos, pensando que ellos no serían capaces de hacer en toda una vida lo que aquél habría sido capaz de hacer en una noche.

—Tiene cara de llamarse Nacho, como el actor porno.

Y todas entre risas, asintieron. A la mayoría le bastó con mirarlo otra vez para comprender que no podía tener otro nombre. Las más atrevidas, que eran las más jóvenes, se mantuvieron con la ilusión de que al ponerle la ropa, el roce pudiera despertar aquel milagro de la naturaleza, aunque fuera por un instante. Pero fue una ilusión vana.
Por la mañana, cuando le taparon la cara para que no le molestara la luz, lo vieron tan muerto, tan indefenso, tan parecido a sus hombres, que empezaron a sentir pena por él. Fue una de las más jóvenes la que, habiendo consultado internet por la noche, les explicó su descubrimiento:

«El color de la piel es un carácter que cambia con relativa facilidad por la selección natural. Los primeros humanos, al salir de África, son de color, pero empiezan a perderlo en cuanto emigran a latitudes altas. Y esta pigmentación no fue igual para los que fueron a Europa y los que fueron al norte de Asia. El sol - continúa explicando- es el factor que hace que nos tengamos que proteger de él en latitudes donde hay más; donde no hay sol, la piel clara es mejor, porque necesitamos la energía solar para fabricar vitamina D».

 Es decir, continuó, el ejemplo es muy tonto, pero puede explicar los cambios de color que, con el paso de millones de años, pudieron llevar a los primeros hombres de África a ser primero blancos, después negros y a que, más tarde, algunos volvieran nuevamente a ser blancos. Es decir, Nacho era blanco y mientras su cuerpo flotó en el mar, se oscureció para protegerse, a pesar de estar muerto.

 Todas ellas se miraron con incredulidad. Pero la chica continuó, lo que debemos hacer ahora es volverle a mirar y tratar de verlo como a un blanco y no como a un negro. Quizás así le reconoceremos.

 Al rato, los hombres llegaron con la noticia de que el ahogado no era tampoco de los pueblos vecinos, ellas se mantuvieron calladas. Los hombres, sorprendidos ante aquel silencio, creyeron que no era más que cosa de mujeres y se marcharon al bar.

 La pelirroja, mortificada por tanta duda, le quitó entonces al cadáver la tela de la cara. Empezaron a mirarlo con ojos diferentes, le iban aclarando la piel mientras le escaneaban de arriba a abajo. A medida que pasaban los minutos, las mujeres se mostraban más inquietas, no se atrevían a poner palabras a sus pensamientos. No podía ser, se decían a sí mismas, pero se les notaba en las caras que iban llegando a una conclusión.

 Nacho solamente podía ser uno en el mundo, y allí estaba estirado frente a ellas. Las facciones que tenía por la mañana habían cambiado. Las mujeres se iban mirando unas a otras hasta que a la más joven se le escapó la risa y todas estallaron en una carcajada conjunta y deshinibida.

 ¡¡Es el sustituto del cura que se marchó del pueblo el mes pasado!! Gritaron alborozadas.

Decidieron no decírselo a los hombres del pueblo para poder así vivir en paz. Fue un secreto de mujer. Solo ellas se llevarían el recuerdo de aquel mástil vigoroso que les alegró la vista durante unas horas.

 Al día siguiente, le hicieron los funerales más espléndidos que podían concebirse para un ahogado huérfano. Las mujeres fueron a buscar flores y lo cubrieron con tantas flores que los hombres no entendían nada y seguían pensando: ¡cosas de mujeres!

 Ellas no tuvieron necesidad de mirarse las unas a las otras para darse cuenta de que todo sería diferente a partir de entonces. Sabían que, desde ese momento, los encuentros amorosos con sus maridos iban a eternizar la memoria de Nacho.
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Sevilla una tarde de abril

Tarde de Toros; hace calor por las calles de Sevilla, dos amantes se dirigen a la plaza... Se van a despedir, no queda otro remedio, sabían que su aventura sólo duraría unas horas, se habían citado allí.

¡Sevilla en primavera!, el azahar y el jazmín en flor. Los olores rememoran viejos sueños...

Pasean de la mano, muy prietas, entrelazadas, los dos saben que el tiempo se agota y su piel pretende fundirse en un abrazo eterno.

La puerta de la Maestranza está abierta, la plaza vacía. Acceden al ruedo por la Puerta de Príncipe, aquella que solo utilizan los triunfadores. El albero ocre, muy ocre, impoluto. Los amantes llegan al centro del ruedo bajo un sol radiante y un silencio sepulcral. Se miran, se besan, un beso infinito..., saben que la hora está cerca y no quieren desperdiciar ni un segundo de sensaciones, los ojos cristalinos por las lágrimas que afloran. Entonces el silencio se rompe y suena una melodía a lo lejos, el vello se eriza y las caricias surgen, sus ojos se clavan en el deseo mutuo y ambos saben que jamás volverán a estar juntos.

Lentamente, cual si el tiempo se hubiera detenido, rozan ya la arena con sus cuerpos en un baile de sensualidad extrema, el ruedo de la Maestranza acostumbrado a poseer en su vientre armónicas faenas inmortales, les abraza en los medios. Sudor, pasión y arena en tantas tardes de gloria, hoy no es diferente, los amantes se entregan cual matador al toro bravo en un sinfín de cites y embestidas.

Creen oír los tendidos, la gente enardecida aplaudiendo su amor explicito con la fusión de sus cuerpos, el sexo interpretado en un muestrario de figuras imposibles, muletazos perfectos para un entorno inolvidable.

Al final la música cesa, ha caído la tarde y el tiempo ese compañero que nunca estuvo de su parte reclama el trofeo, los tendidos vacíos son ahora los testigos de su despedida, un último beso y el paseo de regreso a la salida, después la Puerta del Príncipe se cierra tras ellos.

Quizá algún día en otro lugar...
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El Tiempo (colaboración con @Letizia)

Como una palabra dicha,
como una piedra arrojada,
como una oportunidad
que uno desaprovecha.

Así eres, esa es la verdad:
nunca jamás volverás.
Alguna metáforas más,
alguna palabra menos,

Hay quienes incluso
hasta volar te han visto;
otros dicen que ya están
el codo doblando,
o que no pasas en vano.

Por todos eres amado
cuando te poseemos,
pero cuando están
con un pie fuera
y el otro ya dentro,
hay quienes lamentan
todo el que han
desperdiciado.

Si la inclemente parca
viene a por otros,
consuelo buscamos
en un calendario
o un reloj a mano:

“Que ellos ya habían
vivido lo suficiente”,
“que maldita la suerte”,
“que debemos ser fuertes”,

Con los años y experiencia
con paciencia y resiliencia,
cuando amamos y nos amaron,
nuestras deudas ya saldamos
entonces consideraremos
que cualquier momento
es el más apropiado...
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Desalmada

En tu frente nació un rocío perfumado
olor a primavera aterciopelada
tan viva y colorida
que le arrancaron al cielo
lágrimas prístinas cual cristales
posaron en tu boca entreabierta
incitando una invitación a amarte.

Así fue, te quise al instante que cantaste
que hasta las mismas golondrinas lloraban
en tus manos angélicas o perversas...

Mírame
¡te lo imploro!
te desnudas como las nereidas
húmeda antes que te roce el agua
a que me ahogue junto contigo
al abismo infernal que me aguarda.

Te ríes maliciosa nadando
lejos de mi regazo mojado
provocando el mortal abrazo
de mi perdición absoluta.

Luego desapareces aburrida
escabulléndote de mis besos
siempre huyendo
siempre lejos
¡Desalmada!
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