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Desánimo

Fuman sus cigarrillos lento
Sus ojos brillan
Pero sin profundidad
Esperaban a un ebrio que las invitara a continuar

Tengo un par de billetes
Y estoy ebrio
Me gritan
Me invitan
Estoy agusto no necesito mas mediocridad

Hay luces
Hay tumulto
Hay diversion
Hay algo en el aire

Para que desperdiciar
Ese par de billetes
Ese tiempo mio
Creo que seria lo mismo

Igual volteo
Las veo de reojo
Conectamos las miradas
Y pienso
Que solo tal vez
Hubiera sido genial.
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Una urna quisiera...

Una urna llena de arcilla,
para remodelar
alma, corazón y sentimeinto,
trae Talía, la luz del día,
basta ya de melancolías
deja atrás las Elegías.

Pero cuando caigo en lo profundo
de Neptuno en su mundo,
y cada gota se reviste
del cielo en celeste,
son tus ojos que me abrazan
y mi corazón de nuevo maltratan.

Acudo a los Dioses y a las Musas,
ved, no soy sensata,
acercad a mis labios la copa de plata,
dadme de beber la Ambrosía y el vino
la gota de los Dioses,
para alcanzar felices voces,
para cantar Himno divino
y ponerlo a tus piés,
Oh, destino!
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Hipócritas

Hay que hablar de amor,
de lo profundo de lo que escribes,
de qué bellos son tus ojos,
o tu pelo,
o de lo injusta que es la vida contigo.

Tal vez,
decir que ese paisaje, ese lugar,
es precioso,
que recuerdas cuando fuiste allí,
o que nunca has ido pero que te encantaría.

Lo preciosa que es la ropa,
o lo artística de la foto...
Sí, sí,
sin duda todos buscamos algo más,
estamos hartos de dar tanto
y recibir tan poco,
cansados de tanta superficialidad,
de pesadas y pesados por privado,
por direct.

Luego,
no seguimos cuentas de cuerpos esculturales,
no somos más complacientes
con las personas atractivas,
no buscamos grandes tetas
o grandes pollas cuando vemos porno,
seguramente pensamos en buenas personas
(y no en quienes nos parecen actractivos)
cuando nos masturbamos
y nos da igual la cantidad
y la calidad del sexo cuando elegimos pareja.

Damos bastante asco.
Somos mezquinos e hipócritas.

Y yo,
que me he sentido grande
en ocasiones sólo gracias al amor,
cada vez siento menos,
cada vez me siento menos.
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Licenciado Vidriera

I

En todas partes del Mundo,
si se busca bien profundo

Tomás Rueda tiene un doble
así como él, que es muy noble;
aunque firme como el roble
mientras que no lo desdoble,

por estar enamorada,
una mujer despechada.

Porque loco y errabundo,
por una acción tan innoble
se convierte el hombre en nada.


II

Tomás, de Cervantes obra,
desde muchacho zozobra

para labrarse el futuro.
Ingenioso y muy seguro
logra con accionar puro,
de la ignorancia ancho muro

traspasar con gran empeño.
Y con hábil desempeño

cultura obtener de sobra
que repartió sin apuro,
sin interés ni desdeño.

III

De nada vale el talento,
cuando azota como el viento

el amor de una mujer,
incapaz de comprender
que no se puede obtener
cuanto procura tener:

Con celos y por despecho,
como un tigre al acecho

vuelca todo el sentimiento
haciéndolo revolver
hasta ver todo desecho.


IV

Por eso Tomás pasó,
porque no correspondió

al amor de una doncella,
que, sintiendo gran querella,
de membrillo, no grosella…,
un poco dio a comer ella

que le trastocó la mente,
de forma tan reluciente

que hasta el nombre se cambió
Y aunque no se creyó estrella,
sí vidriera, por demente.
V

Derecho fue la carrera
que estudió y le dio cartera

después de mucho bregar,
ser invitado a viajar,
conocer y disfrutar
de Italia su trajinar;

de sus guerras las historias,
la grandeza de sus glorias…:

Fue experiencia tan certera
que mucho solía hablar
sin llegar a vanaglorias.


VI

Se afirma bien que, de loco,
todos tenemos un poco.

Creyéndose de cristal,
se cuidaba como tal
la estructura corporal.
¡Para no sufriera mal!

El burgo lo que quisiera
al Licenciado Vidriera

preguntaba sin sofoco,
y el daba respuesta tal
que deslumbraba a cualquiera.

VII

A los muchachos traviesos
esquivaba por aviesos.

Los mayores lo cuidaban…
agradecidos estaban
de escuchar lo que contaban
y los consejos que daban

sus reflexiones tan sabias,
que a veces quitaban rabias

por vivencias de sucesos
que a algunos mortificaban
y el las hacía contrarias.





VIII

Mucho prestigio tenía,
porque con gran valentía

criticando era un arpegio;
elogiaba al buen egregio,
con la justicia era regio
haciendo gran sortilegio.

Descifraba el mal y astuto,
a veces se hacía el bruto

y con malicia reía…;
instruyendo era colegio
sin pensar en ningún fruto.


IX

Después de que con fervor
lo estudiara un buen doctor,

le devolvió la cordura.
Él, privado de locura
agradeció con premura
al médico, padre o cura.

Retomó su profesión
con debida devoción…

Pero era mucho el candor.
La sociedad tan impura
fue ingrata con su pasión.






X

Como el Quijote, demente,
lo fue Tomás claramente.

Con las historias narradas,
bien escritas e hilvanadas
con letras que eran espadas
por nadie más igualadas…

Don Cervantes nos legó
Grandes obras que regó

de forma muy eficiente.
Para que fueran contadas
al Mundo las entregó.


XI

De España, ¿quién no lo sabe…?
Es de Cervantes la clave

de lo mejor de su idioma,
de su lenguaje redoma
donde el universo toma
del español el aroma

gozando de gran disfrute,
cosa que nadie discute

al sentirse como el ave
que al volar ojos asoma
y ama todo lo que escrute.
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Bauman [Síntesis mediocre]

Las dudas inundan mi dormitorio,
de día a noche,
de muerte ínfima
a vida transeúnte del anonimato.
Dónde ha quedado ella.
Nos hemos vuelto endríagos,
fanáticos de lo efímero,
de lo pernoctante.
Nos hemos sumido
todos
en el profundo antónimo
de la felicidad,
y no nos hemos percatado
de su falsa eficacia.
Andamos vidas cortas,
luchamos para estar en paz
a la hora de la cena
y morimos bajo un arcoiris
de niebla atemorizada.
Y con la vanidad de nuestra
entrepierna
lo denominamos, sin menor dilación ,
placer.
El universo se mantiene con la presión
de nuestra falsedad
y todos somos inútiles partícipes.
Pusilánimes dedos controlan
nuestro destino.
No sólo miran nuestros ojos
con buen lustre,
sino que se hace grande
nuestra morbosidad
y reventamos nuestra inhumana mente
en un aterrador
clímax.
¿En qué momento se volvieron cortos
el tiempo divino
y el pesimismo de los poetas?
¿En qué momento se hizo
erógena
la manía de morir?
Quizás haga falta una guillotina
para darnos cuenta de lo que
vale el tiempo.
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Desquiciado

De nuevo, tú y yo frente a siempre, disparatada manera de mirar el espacio cuando tu sangre corre por venas calientes.
Una ráfaga de cifras que no detecto, protesto la manera con la que fijas la vista en las profundas entrañas de tu crudo aspecto.
Deshabitado el hueco entre mi memoria, otra vez vuelto a nacer con las paredes cubiertas de paranoia...
...¿Qué? ¿Qué no tiene sentido?
¿El sentido qué es? Cuando la cabeza da vueltas sin importar quien es.
Bueno, bueno, ahora tus ansias y tu júbilo aleteo lo que atormenta la tormenta en un cielo que no veo.
Mirando arriba de las nubes no noto más que azúl y una extraña sensación de que alguien me observa y sin pena remito al sentir de lo que mis sentidos conservan, desepcionado me siento cuando al pedir que se muestre sólo se escuchan las aves, la naturaleza y el viento.
Que hay de ti, una vez te tuve y fuí feliz para después de líos y tropiezos encadenado a una figura morí por no dejar ir...
Pero cuando recién te conocí no eras así, tenías llenos mis oídos de ilusión, pero con cada errata sólo se me complicaba cada día más pronunciar esa endemoniada oración.
¡Sueltame!
Porfavor si con un soplo derribaste dos torres ¿Qué no le puedes hacer a la devoción de quien por tu nación deja piel, almas y carnes?
Traicionero, chantajista, oportunista, antipático, creador de crisis y escasez global... Tú, quien no puede dejar el pasado detrás, ¡Tú, quien no puede pensar en ayudar a los demás! ¡Tú quien cuando alguien grita verdades lo encierras en un hospital para no ver la luz nunca más!...
Testigos de rasguños que he hablado a las paredes. Moriré amarrado y maltratado por saber lo que tú no quieres.
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Adios

Adiós
Al verte mi corazón se siente vivo…
En tu ausencia la lentitud de su palpitar marcan mi tristeza…
Ahora que se que el final se acerca, temerosa quedo ante los recuerdos que no cesan dentro de mi…
Viviendo el momento contigo me encuentro, sin pensar en un mañana melancólico por tu ida…
Te siento dentro, son tan profundas estas emociones, que el mar se queda escaso…
Mis lágrimas derraman ira, una ira producida por la apatía de tus sentimientos…
Sola me quedo, pero escarmentada me siento…
Un querer que no quiera marcharse, me desafía en este reto donde el olvido queda como protagonista…
Mis manos se agarran con fuerzas a la nostalgia que dejas…
En la oscuridad se pierde tu rostro, cada vez más tenue porque ya no hay brillo en mis ojos…
Idealizada te encontré en mi imaginación, la cual fue puro engaño dentro de mi interior…
El sol se acerca, pero mi agonizante alma no le deja paso a esos rayos que solo tienen compasión por un cuerpo frágil y roto por tu adiós…
Sufro a solas y a escondidas, sigo esperándote…
Mi adrenalina quema mi cabeza, haciéndola inútil por tales sucesos….
Corrompes mi cielo que ahora se convierte en un infierno, donde todo lo que siento se quema a fuego lento….
Me das pena, me dicen los silencios de amargura…
Pero mi aura que aun tiene fuerzas, brillan por mí como brillan esta noche las estrellas…
Alzo la mirada al cielo, donde alzo mi cuerpo y yacen mis sentimientos…
Soledad cógeme en este silencio…
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Boconó: policromia andina

En Boconó se conjuga la belleza que brindan unos cerros matizados de verdes durante todo el año, excepto entre noviembre y enero, cuando se cubren de un rosa fuerte que hacen sentir la proximidad de las festividades decembrinas, con una arquitectura híbrida, añeja y moderna, siempre presta para dar su mejor cara al lente de turistas o lugareños.

Pero lo que si afirmo por experiencia personal, es que la hermosura del pueblo y su entorno natural se aprecia realmente, cuando se retorna de una ausencia prolongada. De esta manera, cada vez que regreso, y paso "Algo" Redondo como le dicen mis hijos a la cumbre carretera, comienza a proyectarse una película de paisajes profundos, recreando lejanas nubes y canosos yagrumos que alimentan el espíritu.



José Urbina Pimentel
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Besos con suspiros

Si tus besos durarán lo que un suspiro,
alargarian mi existencia,
de solo pensarlos me llevan,
a viajar sin equipaje

Aunque de ellos se trate,
mi mente se invade,
en un sin fin de medidas,
que no caben sin anclaje

Entre mis dedos se alejan,
como el agua se asemejan,
cuanto más los anhelo,
más deprisa se despejan.

Si el imaginar se concreta,
y tus labios fuesen míos,
te juro que en un suspiro,
mi alma se doblega.

Al pensar en la carrera,
de alcanzar la meta de tus labios,
mi corazón hace trato,
para llegar a ser primera.

Cuando llegue serán míos,
o me hundo en este lío,
de caminar sin sentido,
imaginando tu boca.

Como un sueño profundo,
ellos se derrochan,
anhelando ser prosa,
de tus besos con suspiros.

Autor: Claudia Viviana Molina
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En tus aposentos

En ese pequeño y sucio aposento.
inadecuado,
Solitario,
donde mi propia tristeza
se duerme en la oscuridad.
Atravesando ese desierto árido,
Infértil.

Cierro los ojos de mi alma.
Permanezco quieto mientras penetro en ese recinto donde cantare para ti,
y dejare que mi voz se una a la poesía de tu creación.
Es en ese momento cuando eres el centro de mí ser.
Sin tiempo.
Sin espacio.
Solo tus ojos posándose sobre mi mirada en la profundidad de mi alma.

Arrodillo mi andar ante este apacible silencio.
Donde el eco de tu voz resuena dentro de mí
Siento una suave brisa que susurra en mis sentidos,
Siento tu fuerza como un rayo ferviente que arde en mi corazón


En ese pequeño y sucio aposento,
dejare que en tu serenidad escuches mi clamor.
Entonces me despojare del tiempo.
Me arrancare la piel de las vanidades y me hundiré en tus pensamientos para estar a solas contigo.
Abriré mis ojos ensombrecidos por las lágrimas de la emoción.
Y allí,
Brillara tu luz,
Y hallare tus brazos placenteros buscando abrazarme

En ese pequeño y sucio aposento me quedare a solas contigo.
No quiero estar en ningún otro sitio.
Solo allí
Arrodillado
en tu presencia.
Desnudando mi alma al saber que estás conmigo.
Mi único y verdadero Dios.
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Reminiscencia de invierno (parte I) (B)

Cae la tarde, los vientos gélidos del norte soplan con fuerza sobre la estampa de plomizos y níveos colores del centro de la ciudad. Los pasos de Salvatore se hacen pesados sobre el pavimento glacial mientras libra una batalla épica contra la ventisca que escupe su ráfaga de furiosos copos de nieve. Recién salido del trabajo, se dirige a su estación del metro urbano, a unas pocas cuadras del altísimo edificio de cristal donde trabaja. Hoy no tiene ánimo de pasar a tomar su macchiato bien espeso en la cafetería de moda del centro que le queda en el camino, urge llegar a casa a atizar unos leños en la chimenea y entibiar un poco el espíritu.

A pocos metros de la cafetería, desde el otro lado de la acera, observa sin embargo a los grupos de amigos, parejas e individuos solitarios que beben los cálidos sorbos de sus bebidas a temperatura de ebullición, casi todos con un móvil en la mano y unos pocos con un libro. Y su vista se detiene en una figura en particular; una chica de mirada perdida que sentada en una mesita al lado de la ventana, observa la blancura del ocaso y se extravía en los laberintos espirales de algún fugaz remolino de viento. Sus ojos son de un café tan oscuro como la densidad del espresso en el macchiato que Salvatore suele tomar. Su cabello castaño claro es tan liso que la luz de la lámpara encima de su mesita resbala por su pelo hasta caer al piso. Sus labios carnosos sugieren que su sonrisa debe ser angelical, pero su expresión es más bien de tristeza, pero no de una tristeza llana y simple, más de esas que son complejas, envueltas por el misterio. El corazón de Salvatore, sin embargo, late ahora con una tibieza inesperada, y antes de darse cuenta se encuentra en la puerta de entrada; sus pies lo han llevado hasta allí sin notarlo, como deslizándose o patinando por el pavimento helado.

El lugar está abarrotado, no cabe un alma; el frío invernal obliga a los transeúntes a hacer parada obligatoria y pedir una bebida bien caliente. Pero ya está allí y voltea a ver a la chica de los ojos café profundo, ahora de espaldas hacia él; lleva un abrigo corto de un color tan blanco como la nieve, lo cual realza el rojo escarlata del lapiz labial sobre sus carnosos labios. —Me das un macchiato con leche de soya y un toque de caramelo por favor —le dice al cajero— ¿alto, grande o venti? —le responde el cajero— Mejor un venti. Que me dure un buen rato— y le da un billete de diez dólares. Ya con su café en la mano, da un par de vueltas por las mesas y barra de asientos individuales del lugar, sin encontrar un solo espacio, excepto por una silla disponible en una mesita pequeña donde una anciana de cabellos plateados que está absorta en la lectura de su libro mientras bebe un latte que parece inagotable; y otra silla al lado de un hombre de mediana edad —aunque por su cabeza calva parece mayor— con una abundante barba y cara de pocos amigos, como quien ha tenido un día muy cargado; y por supuesto, la silla libre en la mesita de la chica de los ojos profundos, absorta en el panorama invernal de la calle, con un libro abierto casi por la mitad al que no ha vuelto a mirar en todo el rato que Salvatore lleva observándola. —¿Te molesta si me siento aquí? —ella lo mira con semblante serio, con especial asombro, como quien quiere ver hacia adentro y no solo por encima, pero no dice nada— ¡Es que no hay un solo lugar disponible! Claro, si no soy inoportuno, y si no esperas a nadie —Y ella lo sigue mirando por breves segundos más, pero su boca no se abre, mas con sus labios hace un gesto tan leve, como el de una tímida sonrisa; y de alguna manera parece que asiente a que Salvatore la acompañe. Al menos así lo entiende él, que sin decir más pone su bebida sobre la mesa y jala la silla, inusualmente pesada y sin protectores de hule en las patas, haciendo un ruido particularmente enervante al hacerlo. Ella levanta una ceja, como diciendo: —¿Qué haces? —pero realmente no dice nada— Perdona, no ha sido mi intención— se excusa él.

La mirada de ella se zambulle ahora en la página actual de su libro, como queriendo esquivar la conversación con el chico; aunque en su interior siente, sabe, que debe, que necesita hablar con él. Mientras lee, sus ojos café parecen sumergirse en las páginas y éstas abren un portal que la transporta al mundo de la novela; al mismo tiempo, con su mano derecha y sus uñas semilargas, muy bien cuidadas, sin pintura; hace un sonido sobre la mesa que emula el cabalgar de caballos. —¿Qué lees? —pregunta él con sincera curiosidad. Y ella, en ese instante, es como sacada por un haz de luz del mundo de su novela y transportada en el acto a la mesita, con un par de bebidas calientes, un libro, y claro, un desconocido frente a ella. —No me despiertes del olvido —le responde, sin más— ¿Y de qué trata? —vuelve a preguntar, a lo que ella replica— es un cuento muy largo para contártelo, y aún no me decido si es ciencia ficción, o magia mística egipcia, o una combinación de ambas cosas; es intensamente romántica, eso si te lo puedo asegurar; pero, parece ser un romance que trasciende generaciones, eras, culturas y algo más— suena bastante bien —responde Salvatore— ¡es apasionante, no tienes idea! —concluye ella, y se sumerge de nuevo en su lectura. Mientras tanto él, bebe su macchiato lentamente, como disfrutando cada pequeño sorbo de alegría caliente; no sin notar que la alegría que siente no proviene del macchiato exactamente, sino de la contemplación de la hermosa chica que tiene frente a él. Su mirada se hace penetrante, sus ojos chocan contra el café oscuro de los de ella; por su parte ella, se siente observada, quizás contemplada más bien. Ya no logra concentrarse en el libro, se dedica a tomar su bebida, observarlo de vuelta disimuladamente, para luego envolverse con él en una charla trivial de desconocidos; de esas en las que hablas muy a grosso modo de tus aficiones, de tu trabajo, de que estudiaste, de que te gustaría hacer con tu vida más tarde, de alguna experiencia interesante vivida. Y hablan, y se observan, continuan charlando y se miran, casi como acariciándose con los ojos, hasta que en un instante inesperado, al unisono, ambos tienen una especie de flashback, una reminiscencia; una escena compartida, ambos caminando tomados de la mano, en una tarde de otoño, por una larga avenida de tiendas de moda en Milán. —¿Alguna vez has estado en Italia? —preguntan ambos al mismo tiempo— ¡Qué casualidad! Hacernos la misma pregunta en este instante —dice Salvatore— Nunca he salido de los Estados Unidos, dice ella —yo estuve de viaje en Alemanía hace unos pocos años, pero es el único lugar de Europa en el que he estado —responde él. Ninguno se atreve a mencionar nada de esa reminiscencia absurda que parecen haber tenido, para no atemorizar al otro.

En un abrir y cerrar de ojos, cae la noche con todo el peso de su oscuridad y la temperatura desciende unos cuantos grados más. Han conversado por dos horas y media ya. Ella se excusa, que debe salir corriendo, que tiene que pasar haciendo unas compras antes de irse a casa, que le cierran el supermercado. El quisiera acompañarla, quisiera pasar toda la noche conversando con ella, observando sus bellos ojos y sus carnosos labios que invitan a besarla. Pero no dice nada al respecto. —¿Te volveré a ver? —le pregunta— ¡Quiero creer que sí! —responde ella y le da un post-it de color neón, con algo anotado; se levanta de la mesa, le da un ligero beso en la mejilla y sale de la cafetería antes que Salvatore pueda siquiera decir adiós. La observa desde la ventana mientras se aleja, con sus jeans apretados y sus botas blancas de invierno; la ve caminar pero más bien parece que flota en el viento y se pierde en la oscuridad de la esquina donde dobla, para desaparecer.

Salvatore se queda sentado en la mesa unos minutos más, tratando de asimilar qué ha significado ese encuentro. ¡Qué significa ese flashback! ¿De dónde puede conocer a esta chica que se le hace tan familiar? Abre el post-it: "Alessandra, 493-2345. ¡Despiértame del olvido!". Es lo que ve al leerlo.

(continuará...)


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@AljndroPoetry - 2018-Dic-12

Quise recordar este relato
originalmente escrito a finales del 2017


Puedes leer la 2a parte en:
poemame.com/m/relato/reminiscencia-invierno-parte-ii
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Tras los pasos de Machado

Acabo de culminar hace días una Antología Poética de Antonio Machado publicada en 1970 por Salvat, reencontrándome con el poeta primario de la hispanidad, que desde mis años adolescentes comenzó a asir mi interés por la poesía, al descubrirlo como creador de la letra de la hermosa obra musical plasmada por Serrat en Cantares. Fue así, como de apoco me acerque a sus versos, para recorrer en parte, los campos de Andalucía y las tierras manchegas, en descripciones certeras del romántico poeta, radiografiando con marrones y verdes, y mucho pan y mucho vino, en hostales de blancas paredes y ricos jardines, entre el Guadalquivir y el Duero, la España profunda del canto jondo de siempre.
Se percibe una eterna búsqueda del poeta, tras un incansable andar, emprendida por rutas que inequívocamente deben conllevar a la felicidad; mas sin embargo, se muestra efímera, dentro de la tragedia vital de Machado en el amor inconcluso, lejano, mas por si, quimérico. Además el poeta andaluz, se muestra como puente de lo rural a la modernidad: es como si leyera a Mario Briceño Iragorri sacando a la provincia andina hacia toda Venezuela en "Los Riberas".
Por eso, cada vez que caminando por El Pocito, Las Guayabitas y El Hato, sucumbo ante las postales naturales de la policromía boconesa, convirtiéndome en un pintor sin pinceles ni acuarelas ni oleos, para dibujar en cantos la belleza de mi tierra, doy gracias a aquellos versos leídos desde el antier de mis años mozos, escritos hace mas de 100 años por el padre poeta Machado.

2017
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Soledad

Sentir ser el unico en otro mundo
Sentir que cada desicion me ahoga mas profundo en mi perdicion
Sentir que nadie te entiende aun asi demostrandolo
Sentir amar sin conocer el amor
Sentir calor cuando siempre pasas frio
es lo que siento cuando vivo
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Querubín

Mi infancia se desarrolló en una casa siniestra, al mismo tiempo que la fobia hacia las cucarachas y una enfermedad nerviosa que hoy sé, requería atención médica. Viví años de terror con la idea de espíritus malignos a mi alrededor. El hogar materno era sombrío, de arquitectura antigua. El aire transitaba por dos largos ventanales y se esfumaba por los pasillos que daban a las habitaciones. A un lado del comedor nacía una escalera recta que conducía al segundo piso; me aterraba subir porque al final había una estatua de mármol, que al recibir la luz del sol producía un efecto fantasmal. Los espejos de los cuartos, formaban una serie de imágenes que trastornaban mi pensamiento, parecían como si pudieran hablar; había uno en especial, con marco negro, que simulaba ser un demonio. Estaba colgado en la pared de la cabecera de la cama. Aprovechando mi situación de la preferida de la casa pedí que lo pinten de dorado; aún así, no dejé de temerle.

El patio era grande y al final se erguía un pozo tapado con láminas de asbesto. Una leyenda giraba en torno a él; pues se decía que había oro en sus profundidades y que una víbora enorme lo cuidaba. Recuerdo que cierto día mi madre contrató a tres hombres para excavar a su alrededor con el fin de encontrar la fortuna, pero una serie de insectos nauseabundos salió del pozo arremetiendo contra ellos. Uno manifestó haber visto a la culebra negra con sus ojos rojizos. Los hombres nunca más regresaron. Por su parte, Querubín cuidaba el patio por las noches. Se trataba de un pastor alemán blanco, consentido de mi madre y al que yo no le caía bien. Me daba la impresión de que Querubín veía cosas que los humanos no podíamos mirar. Ladraba mirando hacia ciertos rincones del patio en donde no había nada. El tío bisabuelo que dormía en un tinglado al final de la terraza dormía con él. Una noche Querubín se le lanzó abrazándolo mientras aullaba de manera escalofriante y el tío bisabuelo lo golpeó lleno de miedo. Querubín a veces se comportaba agresivo. Sólo con mi madre era noble. Nadie se explicó su inesperada desaparición. Una madrugada, después de escuchar un aullido desgarrador, acompañado de un ruido como si unas cadenas hubieran golpeado el piso, llegó un silencio prolongado. A la mañana siguiente Querubín ya no estaba. No lo volvimos a ver.
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Virginidad perdida

Desnuda en la penumbra,
el lienzo de su cuerpo
del valle a la llanura
revela su misterio.

Instante clandestino
que da forma a la incógnita,
tentando con sigilo
la rosa que desflora.

Oscuro es el deseo,
su libido insondable,
recóndito el secreto,
su sexo indescifrable.

Afloran los estímulos
en ese cuarto oscuro,
temblando el sable frío
sobre el calor profundo.

Hermética es la cripta
de su placer más íntimo,
descífrese el enigma
al dividir el virgo.
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•• fénix cinco ••, "Despertar amargo"

Hace tres inviernos que comenzamos mis amigos y yo a hacer el "amigo invisible" por Navidad, y yo era la típica del grupo que pedía mil cosas.
Hoy, al saber quién nos había tocado para este año y ponerme a hacer mi lista, he tenido que ponerme a pensar. Mucho.

Quizá veo profundidad donde solo hay superficie hueca, pero en ese suceso se me ha revelado la verdad sobre mi cambio...
Ya no necesito nada. Ya no quiero nada lo suficiente como para pedirlo.
Y lo que ansío, es inalcanzable.

Me quedo sentada en mi cama mientras los últimos rayos de sol se cuelan por mi persiana creando sombras en la pared blanca
y mi niña interior quiere levantar la mano y hacer formas con los dedos y que se proyecten.
La que soy hoy se limita a mirar
expectante
a la pared. Y a la ventana. Y a mi mano.
Y les pregunta a los tres y a sí misma y a todo lo de su alrededor
por qué existe y existen.
Qué sentido tiene todo.

Expectante. Callada. Observadora.
Me gustaría seguir siendo deseo
y no tristeza conforme.
Ser estrella fugaz
y no tierra firme.

He aprendido
en tan solo unos meses
cuánto puede ofrecer y cuánto puede arrebatar la vida
en un segundo.
Así que ya no soy capaz de querer algo con fiereza,
porque siento que he asumido a la fuerza
que nada permanece demasiado
como para dejar que me importe tanto.

No se es feliz de manera sempiterna.
Tampoco llueve eternamente.

Es lo único que saco en claro del hecho de haberme costado escribir qué deseo en una lista.
Lo único que he aprehendido y no podrá negarme nadie...
Que una vez la vida te quita algo esencial
o te da un golpe tan fuerte que te despierta,
nada de lo que se pueda ir a partir de ahí va a doler tanto
ni a partir de ahí se cerrarán los ojos de la misma forma.
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Perdí las Lunas

Perdí las lunas
no bebí del agua de tu noche
se escapó
esa ave del nunca
ondeando en el tiempo...

Hace un rato
que camino
al filo de horas dislocadas
mientras dos duendes
patean piedras de olvido
un colibrí
va y viene
me susurra todo...

Varias veces
ha aparecido un felino
de entre los recuerdos
queriendo comer al ave...

Al costado
encontré a un loco
que señaló la puesta
puso en mi palma
ónix y esmeraldas
su abrazo
tan sincero
cómo un respiro profundo...
Me calzó con sus matices
par de sonrisas
que allanan el sendero...

Sobre horizonte
se dibujan dunas
sonrisas extraviadas
antes del oasis
que solo se revela
ante la ceguera del ego...

Perdí las lunas
no comí
solo tomé un trozo de tu beso
y lo llevo
para cuando el hambre condene...

De cuando en cuando
me consumo…
una parte se evapora
la otra, padece...

De cuando en cuando
sonrío
la estrella fugaz
y la música
da el dorso de su mano
seda en la mejilla...

Perdí las lunas
a trueque con la vida
a cambio
pisa las manos
lacera los dorsales
llaga las rodillas
surca las sienes
y grita que avance...

*************************
Perdí las lunas
2018
Transmisor d Sinestesias©
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13comentarios 118 lecturas versolibre karma: 116

Simplemente morir

Voy caminando plenamente hacia el atajo de mi propia muerte.
Hacia ese largo cansancio del alma quien insistentemente me recuerda todo lo que he vivido.
Atrapado en una habitación rasgada por el tiempo.
En mi propio féretro.
Simulando dormir.

El arreglo floral que siempre imagine,
cubre la totalidad donde palidezco en mi última morada.
Todos esos rostros somnolientos,
despavoridos.
Observándome una vez más.
Todos allí.
Murmurando.
Fisgoneando.
Una y otra vez.

Todos hablan al mismo tiempo.
Las voces repercuten en mi cabeza.
No puedo expulsarlas. Por más que lo intento; parecen como si cobraran vida. Voces que se funden en esas lágrimas que me conducen hacia un anunciado suplicio. Hacia ese abismo donde se alza el vuelo hacia la muerte de ese espacio infinito.

Paredes frías.
Inertes.
Girando en un inconstante movimiento de ida y retroceso.
Aquí todo está muerto.


Mi cuerpo aborrece el cansancio eterno.
De ese frió sepulcral.
Donde me deslizo en las aguas profundas de ese rió con olor a muerte.
Pestífero a formol.

Solo soy yo.
Sin respiración alguna.
En proceso hacia algo que desconozco.
Ahogado en el tiempo.
Observando fijamente el techo sin poder mirar hacia los lados.
Solo escucho llantos. Voces de alarmas.
Olor a Flores.
De velas encendidas
Olor del alma inquebrantable que duerme.


Logro escuchar pasos agigantados que se acercan a mí.
Siento la voz de un niño que se acerca.
Creo que soy yo mismo tratándome de abrirme entres las penumbras de una soledad inmensurable.
Donde las lagrimas soplan muy dentro, como queriendo arrancarme el corazón.
Nunca aprendí a llorar.
Siempre me tragaba las lágrimas.


Simplemente morir.
Acostado.
Inerte.
Sin vida.
Con una gran hendedura sobre el pecho. Zurcido a las patadas.
Con hedor de perro. Aun sangrando. Coagulado. Casi morado.
Sin movimiento.

Y allí quedo yo.
Con mis labios cerrados.
Dentro de mi propia esencia.
Todo será polvo.
De Vida a muerte.
De transformación.

Muerto.
Vivo.
Aun no lo sé.
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sin comentarios 19 lecturas relato karma: 78

Amor hasta la muerte

Amor hasta la muerte
Un árbol, un árbol
está solo el uno con el otro, el
viento y el aire
dicen su distancia,
pero bajo la cubierta de tierra,
sus raíces crecen
en las profundidades de lo invisible.
Enredan las raíces juntas hasta la muerte.


Che-Bazan.España
www.youtube.com/watch?v=FiX_xKgdvbw
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2comentarios 69 lecturas versolibre karma: 98

Fuera de tiempo

En el ir y venir de los sucesos, mi sesgo eterno de rencor
me ha dejado inerte e inconcluso. En extraña soledad,
acaparado por miles que nada ni a nadie entienden.
Tratando de ver en ellos lo que siempre en su sonrisa estaba,
aquella que entre otras miles con gracia mi cariño anhelaba.

Dos esmeraldas de vivaz color captaban el infinito amor de
su alma, soltándolo en ráfagas de luz que a mí ser llegaban,
contrastadas de la calma que el fluir del viento con la infinita
oscuridad de su cabello formaba.
No podrá el universo en su expansión constante de eternidad,
superar jamás el bello arte que aquel todo en ella es.

Un todo ante el que fui ciego, un todo sin el que en la
noche nada logre ver. Entre tanta obscuridad y tan
profunda ceguera cuando aquella luz me busco,
la eternidad de mi miseria le opaco y el tropiezo
constante entre los miserables y sus desniveles de
decadencia, la empatía de mí en pedazos destrozo.

Al final el tiempo paso, y en moronas de olvido y
mierda aquel martirio se convirtió.
Aunque muertas las moronas, cuando la deriva es
fuerte se levantan de nuevo y me torturan en su vuelo,
me recuerdan la incoherencia en mi condición sentirse solo
sin siempre estarlo, buscar lo ya encontrado, perderlo sin saberlo.

Entre noches intermitentes llegan mis memorias con
fragmentos de su cariño contenidos,
alegrando mis parpadeantes miserablesas,
recordándome que alguien buena un
día vio en mí aquello que yo fuera de tiempo
veo ahora en ella.
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9comentarios 65 lecturas versolibre karma: 110
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