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El tren del abismo

Viajan sin conocer su ventura
en trenes fantasmas para el mundo
cubren bocas tenebrosas
a lo largo de todo el recorrido

Su trayecto, noche perpetua
ni estrellas que brillen, ni lunas
se niegan a ser testigos
del dolor ahogando lamentos

Vagones repletos, agonizantes
de ojos de vida hambrientos
de alaridos que son voraces
de rostros espejos del temor

Tren que el abismo avanza
sin estaciones, ni alientos
raudo al campo de exterminio
para volver y comenzar de nuevo

Tren, testimonio de la historia
que muere al ser descubierto
por tantas vilezas perpetradas
que en el recuerdo lloran y lloran
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El último tren

He olvidado el dulce sabor de tus besos,
se me borran los aromas de tu piel,
no recuerdo la fragancia de tu cuerpo
y en mis labios, el regusto ahora es a hiel.

Y no quisiera, en mi mente, la memoria,
del mal recuerdo viciado de desdén,
ni sentir que lo nuestro pasó a la historia,
o pensar que nunca más te besaré.

Rememora lo que pasó en aquel bar,
pregúntate si no fui tu amante fiel,
y si esta etapa estás dispuesta a cerrar,
si no sientes que tu abandono hoy es cruel.

Tus silencios acrecientan mi vacío,
dime y no mientas, que te volveré a ver,
yo solo pretendo despertar contigo,
sentir tu cuerpo, amarte, una última vez.

Aunque demuestras que ya no eres la misma,
yo, siempre niña, te espero en el andén,
anhelando, ya lo sabes, que algún día,
quieras de nuevo, subir conmigo al tren.
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6comentarios 116 lecturas versoclasico karma: 91

En el tren

1. Augurios se encienden
en mi conciencia;
preguntas sin sentido
en mi corazón.

2.
Guirnaldas
penden de tu cabeza;
cortinas de angustia
nublan tu visión.

3.
De vez en cuando
tu mano las retira.
Veo en tu rostro la resignación.
El tren ya se mueve,
tus pies tambalean.
Es tiempo de hacer
de la memoria el presente.

4.
Tus dedos ya se esconden
detrás de tu espalda;
meditas, tal vez,
tu decisión más reciente.

5.
Pienso en escribir
este poema.
Tu sonrisa al revés
desmantela un sueño.

6.
De vez en cuando
tus pies se encaran;
tus ojos buscan
el camino al descenso.
El tren se detiene,
y tú ya te mueves.
El tiempo llegó
de hacer esto un recuerdo.
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3comentarios 32 lecturas versolibre karma: 61

Confesión suplicante

CONFESIÓN SUPLICANTE


Mírame miseria de las hojas secas
que vive de las nubes y se llena de ilusiones
cuando arremete la cara un mal
muriendo en el alma la materia
¡ Combinación que pasma !
¡ Dualismo que contrasta !.

Por el polvo de la abatida frente
y el tiempo sin vasallos muerde
aquel vendaval que azota
tantas rosas amarillas, negras y verdes
horrorizadas en un luctuoso manto.

Sí, sí… ¡ No me dejaron ser !
y sin inquirir me derramaron
murmurando balbuciente
enarenado me incendiaron
en el bosque apacible solo
sembrando flores
recogiendo cardos
plácidos pétalos y agujas.

Como una buena perla pierde
Como un rayo dispuesto a ser clavel
Como un libro de honor precipitado.

Porque tiene el hueso hogueras
corren y cantan… ¡ No hagas caso !
vamos a ver la nieve riendo
al saber del anzuelo
sus secretos.

¡ Descúbrelos míralos !

Ellos deben al deber su deuda
evitando al beber embeberse
como el tren serené y esperé
entre teje, entre desteje…

Nadie hay que sepa todo
con el rostro de la verdad
entre la piel y el hueso
Estúdiatelo
Apréndetelo
Y
Presto
Avísamelo volando suave.

Autor: Joel Fortunato Reyes Pérez.
(Tanto del texto como de la imagen)


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Recuerdo el tren aquel...

Recuerdo el tren aquel, en que llegaste,
al filo de una tarde de verano,
sonaron campanillas en las almas
de muchos compañeros que temblaron,
quedaron cautivados, sin remedio,
los ojos de los niños solitarios,
siguiendo, sin descanso, la figura,
del hada y la princesa de aquel cuadro;
ajena caminabas por la plaza
buscando la pensión, y en ella, el cuarto,
que había contratado tu familia
para ir a conseguir un buen descanso,
traías la maleta de los sueños
repleta de ilusiones, sin candados,
querías compartir lo que tenías
y luego despertar de tu letargo...

Recuerdo el tren aquel, y no le olvido,
llegaba a la estación y, sin retraso,
nos trajo un aire nuevo y diferente,
un verso sin pulir para las manos,
nacieron golondrinas y violetas,
volaron mariposas con abrazos
y luego renacieron las caricias
del fuego juvenil y tan dorado,
entonces comenzaron los suspiros,
se oyeron los susurros de los barcos
y puede que las olas murmuraran
extrañas a beodos y borrachos,
porque esta borrachera intermitente,
nacía de los pechos embrujados,
seguía por los cuerpos tan sensibles
queriendo compartir ese regalo...

"...Recuerdo el tren aquel, y tu sonrisa,
llegaste a renovar nuestro cansancio,
y fueron unos meses deliciosos
que nunca olvidaré, porque te amo..."

Rafael Sánchez Ortega ©
06/07/18
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6comentarios 74 lecturas versoclasico karma: 116

Al Tren

Del vapor por tus venas desprendido

queda solo un recuerdo titilante,

del chirriar de la zapata ese instante

para ver tu camino detenido.


Recuerdos que sustentan tus anales

e infinitos te guardan la memoria,

como esperanza en ti, para más gloria,

puso Venta de Baños a raudales.


Quizá viajeros faltos de equipaje

y estaciones vacías de sentido

que añoran en sus andenes peaje,


guarden hoy tu silueta en el olvido,

si recorres veloz este paisaje

con histriónico paso desmedido.
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4comentarios 73 lecturas versoclasico karma: 126

El tren está por salir…

En las bisagras
de tu sostén blanco
la canción
de un niño
retoza con las palomas
del atardecer.

El tren está por salir
<<<<te marchas
como garza errante.

Entre mis dedos
un rió desbocado
sirve de pañuelo
y te dice.......... adiós.
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4comentarios 70 lecturas versolibre karma: 105

qué me queda del verano

qué me queda del verano,
pienso
mientras observo
la playa desde el tren,
de vuelta a alguna parte
donde pasaré las horas
sentado sobre
la moto, fumando
para desencallar mis músculos
de un lento y fútil
desacato;
acaso intentándome
reconciliar con el tiempo,
después de cuánto
lo he repudiado.
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2comentarios 104 lecturas versolibre karma: 92

El tren del pasado ya se fue de nuevo

Llevas un lustro encadenado a los recuerdos del tiempo
no puedes redimir solo tu pasado
ese tren que partió
se fue llevando todas las cosas que alguna vez fueron.

Ya no estás ahí con la nostalgia pasajera de un suspiro que se agota
ahora es otro momento inaudito
único e irrepetible
no debes permanecer inmóvil.

Ya has callado muchas letras que se esconden testarudas
en el silencio de un no lo quiero
debes agitar los brazos y moverte
como si quisieras liberarte de algo que aún te sujeta.

Debes fijar la mirada en un horizonte que promete
es muy cierto que es un mundo que desconoces
y que la sorpresa a veces trae enmascarada
en su senda la desdicha.

Vale la pena correr el riesgo de un río rápido e indolente
ya no vuelvas la mirada atrás
nunca alcanzará tu mano a aquellas cosas que quedaron en el camino.

Camina de frente aunque tus pies tambalean en el intento,
no mires los senderos luminosos que no te llevarán a ningún lado
son caminos encantados que brillan a ciegas.

Respira hondo hasta que tus pulmones revienten alegrías
sonríe seguro aunque el entorno grisáceo de la vida
no conciba tu eterna melancolía.

Llevas un lustro soñando y construyendo puentes
que no usarás en tu camino
es mejor emprender el vuelo que permanecer siempre intranquilo.

Libérate
después de todo que puedes perder
el tren del pasado ya se fue de nuevo.

Poesía.
Miguel Adame Vázquez.
14/03/2016.
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2comentarios 369 lecturas versolibre karma: 18

El chachachá del tren

Hora punta AM.

Apenas ha amanecido y el rebaño se agolpa en los andenes de la gran ciudad. Una locomotora tras otra. Cada pocos minutos se abren las puertas de un tren hacia la rutina.

Vagones atestados de hormigas rumbo a su quehacer. Se palpan, se respiran, algunos se mezclan y otros se esquivan. Sobresalen hombres trajeados y mujeres con carmín, ataviados con carteras y agendas digitales, los que empiezan la jornada más frenéticos. Otros, rostros cabizbajos, se bostezan, abatidos, es la cara de la resignación de la obligación.

Las mañanas son calladas. Viajeros solitarios entre los dietarios, los libros madrugadores, los apuntes de escuela y evasivos auriculares. A veces escapan del letargo ante un móvil ajeno que agobia la rutina, alguna alarma aún sin desconectar, el papel indiferente que posan los mendigos en sus rodillas, el instrumento de un músico que en ocasiones aligera y dibuja sonrisas, y otras tuerce el gesto de los rostros abstraídos en sus tareas.

Parada tras parada, unos salen aliviados, otros cogen aire para hacerse un hueco entre cabezas y carteras, otros desploman su sueño sobre el hombro del asiento de al lado, que se retuerce y sobresalta.

Por fin llegas al destino. Te apeas y te desplazas entre obstáculos presurosos, hormigas que tropiezan por posar el primer pie sobre las escaleras mecánicas, como si de atrapar la miga de pan se tratase.

Unos, tranquilos, a la derecha forman civilizados una fila calmada; otros, los frenéticos, a la izquierda, se sortean y avanzan peldaños a la carrera apresurando los talones contiguos.

Es el rebaño, caballos zarandeados que corren apresurados antes de que el patrón cierre la puerta de la cerca.

Ya está, han llegado a su particular fábrica. ¿De qué? De objetos, de ideas… no importa que sea si no se pueden fabricar sueños.
Altas dosis de cafeína y afrontar otra jornada frente a la ventana del quehacer; esa pantalla sucia que anuncia caravana entre teléfonos que suenan bajo los rayos de fluorescentes que a veces creen parpadean.

Pupilas resecas. Frotar de ojos. Es la hora.

Ya es de noche en el corazón financiero de la ciudad. Pero los pasos siguen acelerados. Corren, no tienen prisa, pero no son capaces de descender el ritmo cardiaco.

Otra vez la misma boca de metro, el mismo andén, en hora punta PM.
Mismos rostros con distinto disfraz. Camisas arrugadas y americanas al hombro, caras desempolvadas y descoloridos pintalabios.

Otra vez. Se respiran, se mezclan, se miran pero no se ven. Ojos rojos, cuerpos cansados, botones desabrochados, tacones que cambian de postura… Mentes abatidas. Es el rostro cansado de la gran ciudad.

Pero las tardes son bulliciosas. Algunos solitarios regresan con compañía. A saber, a veces, a contrariedad, el pesado del departamento financiero, el colega de clase que no te habla en el recreo y ahora se muestra amigo… y otras, cómplices, que despotrican la jornada, cotillean, conversan…

Más susurros, más melodías móviles, más ecos de conversaciones ajenas. ‘Acabo de salir’; ‘ya llego’, ‘estoy a solo dos paradas’…
‘¿Has hecho la cena?’

Un día menos a contar. Las hormigas se retiran a su madriguera. A saber, unos a continuar quehaceres domésticos, otros sofá, reality show y a caer rendido en el sofá. Los más desorientados, copas bien frías y apuradas que el trabajo lo merece.

Mañana se pondrán de nuevo las calles para la cotidianidad de los robots urbanos.
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Trenes

He cogido muchos trenes que no iban a ningún lado, sin destino para mí, equivocados.
Trenes para soldados, estudiantes, alcohólicos, muertos y esclavos.
Y si no recuerdo mal, trenes para enamorados.
De todos me han bajado o me han echado. Pero en este llego hasta el final, si no hallo mi parada habré fracasado una vez más,
a lo mejor en el último vagón
del último tren que voy a coger, encuentro lo que nunca encontre
y me enamoró locamente una vez.
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1comentarios 48 lecturas versolibre karma: 72

Senryu (el tren)

Ya se ha ido el tren.
Duermen mis sueños blancos
sobre los rieles.


@AljndroPoetry
2018-ene-5
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5comentarios 111 lecturas versoclasico karma: 126

El tren de los sueños rotos

Subí al tren de los sueños rotos
sin rumbo y sin dirección.
Pero encontré mi camino
justo aquí, en esta estación.
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4comentarios 117 lecturas versoclasico karma: 114

Tren de la ilusión

El niño corre descalzo, quiere alcanzar el tren de la ilusión, siempre ha soñado con convertirse en lo que los demás no desean.
El tren lo ha dejado porque ha llegado tarde, quizás no fue en el cual debía irse,
ese día sollozó y sollozó con ese sabor amargo de boca que queda,
cuando crees que vas a alcanzar un sueño que se ha perdido en ese tren, se fue sin clemencia alguna.
Él cree poder alcanzar el próximo tren de la ilusión, sentado en la estación vieja de aquel pueblo,
con los pies descalzos que no sienten dolor, no tanto como las lágrimas que a veces tiene que contener en su corazón.
¿Cuándo vendrá de nuevo el tren? --Se cuestiona con candidez.
Entonces ha preferido guardar sus sueños en una botella de cristal y quizá algún día pueda salir a errar en el tren de la ilusión, como mariposas que revolotean de alegría en el cielo.
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Trenes

He visto el amor
en cada uno de los abrazos que nos dábamos en Atocha,
y en esos ojos dilatados con cada cosa nueva que aprendían.

Lo he sentido con cada rayo que paraba mi corazón
cuando los trenes salían de las vías
y las agujas del reloj se volvían a mover.

Y ahora
que los viajes dejaron de tenerte como destino,
y ahora
que mi corazón ha sido arrollado mil veces en Sorolla
es cuando creo en él.
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Se perdió el tren

Allí estabas,
envuelto en tu aura encapsulada,
con una mirada,
sin nombre extraviada,
con tu piel
cubierta de estrofas,
rendidas a tus pies,
buscando tu horizonte perdido,
atado a tu cuerpo,
a tu huella sin sentido,
recordando reminiscencias
hechas minutas
en un camino
que perdió su tren,
que pudo ser
y no ha sido.

Ahora te vistes de añoranza,
y te empuja a mirar
al abismo de la nada.
Es tiempo de sufrir
una profunda metamorfosis,
de versos que buscan
encontrar savia nueva
en otros versos.

Angeles Torres
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El tren

Bájate del tren de la desesperanza
en esta estación encontrarás tu alma
escucha el chirrido de sus ruedas
baja sin pensar, por esa escalera
observa los humos de sus chimeneas
y déjalo partir...
por siempre,
y en un vagón se llevará tus penas.

Charly
@pereiralibre
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Trenes ludópatas

Voy hacia ninguna parte,
el tiempo se ofrece a llevarme.
Con puntos suspensivos de equipaje
solo se llega al nunca.

Lo bueno de dejar pasar los trenes
es que en la estación conoces
a personas con cosas en común.

Camino por los sonidos de los besos
y en mi memoria resuenan
los que no nos dimos.
En el vagón de la lluvia
leo los suspiros
y el paisaje sabe que estoy a una mirada
de volver del exilio.

Hay lugares que parecen que tienen
un lagrimal a punto de desbordarse
y yo no paro de empaparme
de desiertos sentimentales.
Se me resbalan las despedidas
en este presente áspero
y siempre acabo donde diciembre me derrota.

El insomnio descarrila por el abrazo
y me doy cuenta de que
yo soy más de esperar a que pasen estrellas fugaces,
que de esperar a que pasen trenes.
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9comentarios 180 lecturas versolibre karma: 97
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