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eSe

Dijo adiós y desapareció
bajo la curvatura de la eSe.
Se perdió en el propio giro
del círculo concéntrico de la O,
que sin matices,
postergó su tilde
ante el asombro de los hechos.
Dejó mi corazón,
manga por diente,
divagando hacia la izquierda.
Tambaleándose punto
y pendiente,
por el peso del vacío
y la costumbre.
Salida directa,
a torpes latidos por mi boca.
No me dejó,
ni el miserable calor de un café,
ni la entretenida lectura de los posos
de un insostenible futuro.
Me quedé en un visto para sentencia,
obviando obsoletas caricias
y atenuantes,
cuentos de cuentas
y caramelos de colores,
de los que vuelan a la puerta
de cualquier colegio de bien.
Se olvidó el cargador de sueños
de alto voltaje,
con conexión de polos opuestos
en la mesita de noche.
Amedrentando así,
las cargas de suspiros veinticuatro siete
y unos cuantos silencios de negra,
teñidos por la propia oscuridad del abismo.
Ambivalencia de puertas giratorias
para almas despistadas.
Peaje y posterior delirio
en base arcillosa.
Consecuente derrumbe,
de cimientos ambiguos.
Y aquí me quedé,
sola,
en el andén del tiempo.
A dos minutos y medio,
del próximo tren.
Anhelando que este,
tenga a bien,
hacer parada y fonda,
en las cavidades
de mi maltrecho corazón.
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Cincelando esperas

Cincelando el pasado relegado,
hollando recuerdos de acero
en un intento de olvidar
las vidas que nunca viví, las que quise,
hasta que los sueños perpetúan
el cristal descompuesto en gotas de sal.

Profeso horizontes sin respuestas,
flanqueado por el dolor,
la indefensión de la cordura senil,
comprender que el camino es solo polvo,
que no hay voluntad, únicamente salidas
donde navegan las inquietudes laceradas.

Exhausto de mi, de la falta de silencios,
aceptar que no hay soles, ni flores,
ilusiones de nuestro arrebato
por alcanzar ése amor, mecenas de hados,
que no hay alas, ni suficiente luz
para tanta oscuridad.

Buscando ésa grieta solidaria,
con la boca llena de palabras desertoras,
del raciocinio, de todo juicio,
derramo mi mirada en ojos ajenos,
renuncio encontrar el puerto donde el fleje
de mi sangre halle el cáliz donde verter
el cielo, la sima más profunda,
para acoger la lápida del olvido adúltero
con una leyenda cincelada en piedra:
“solo espero….”

Amén
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Todo

Qué sentido tiene todo, si un día este todo se irá.
Qué es ese todo que anhela mi alma,
que añoran mis lágrimas.
Ese todo por el que mi corazón late insatisfecho,
late con dolor, con ganas de saltar al abismo en busca de ese todo.

Quisiera poder convencer a mi sed
que ese todo no es más que un soplo del aire de otoño,
un suspiro de ese ser enamorado sentado en el anden.
No es más que un recuerdo nostálgico
por el que la pena de las almas rotas pagaría con olvido.

Quisiera poder convencer a este ignorante corazón
que el todo por el que lloró no es más que un efímero latido del invierno,
un eterno segundo de la estación de tren donde viaja el amante,
no es más que un frío aleteo del pájaro gris.

Quisiera poder convencer a mi llanto
que ese todo por el que vacía el alma
no es más que una triste sonrisa imperceptible
en el rostro de la mujer que alimenta con sus historias las palomas del parque.
No es más que un desesperado grito de las cartas mudas
que nunca se enviaron,
o no más que el silencio de las que nunca fueron leídas.

Quisiera poder convencerme
que ese todo no es más que una lágrima de la nube
que abraza el cielo en una triste y fría noche de diciembre.
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No supe que había partido

... y camine en la noche, era tarde y estaba ya cansado cuando apenas había partido, había sido mucho estrés y no sabía nada debido a la incertidumbre, no podía con mi carga pues era muy pesada, pensaba en llegar en un cerrar de ojos cuando en realidad llegaría al día siguiente luego de dormir entre curvas y asientos, luego de esperar el expreso de medianoche, luego de tomar autobuses estresantes que me llevarían hasta la estación y pasar por un trayecto oscuro, solo e inseguro, luego de sentir que en cualquier momento se marcaría un antes y un después esperando no despertar en un hospital, en una comisaría o afortunadamente sano y salvo pero en casa plantado. Al casi llegar aún tendría que escuchar al predicador, ir a un baño muy bullicioso y tener que hacer cola para entrar en él, dormir sentado y si todavía me quedaba suerte y quedaba espacio quizás podría dormir sentado con mi cabeza recostada en mis maletas, apretando muy fuerte las asas de mis maletas para no ser victima de un robo sin embargo eran las 3 de la mañana y dicha espera y dicho estrés continuaban pues éstos usualmente y por experiencia no acababan sino hasta más o menos las 3 de la tarde de ese continuadisimo e ininterrumpido día-noche y de ese largo viaje.

Muy seguido sentía la derrota, sentía la incertidumbre, la zozobra, sentía el fracaso, sentía la predisposición a aberraciones que no quería, a estar en un ambiente extraño o a dormir en una cama ajena, sentía el frío de una noche huérfana y abandonada, dejada en la calle por la ausencia de un techo y el calor de un hogar, la falta de alimentos y la sed no saciada. Ansiaba la paz, ansiaba estar tranquilo, ansiaba estar en calma y que la calma no estuviera tensa, no tener más taquicardias en mi corazón, sudor en frente y manos, tartamudeos y temblores, nervios destrozados. Ya no podía ver atrás porque había dado muchos pasos como para devolverme, no tendría quizás los medios, el orgullo aún estaba intacto y conservaba una esperanza y optimismo; pensaba en toda la decepción que me había hecho partir, en toda la rabia que tenía dentro en todo el rencor que me hacía ser agresivo y obstinado, estaba cansado y reuní todas las fuerzas que me quedaban para irme, si había algo peor que quedarse era no irse.

Los pasos pisaban cada vez con más frustración, las mejillas se pronunciaban cada vez más tensas y le daban una mirada ajena a los ojos, el ceño se fruncía, quebrado de la amargura terminaba, solo el hecho de que mi rostro actuara de esa manera activaba un vil o varios viles recuerdos en mi memoria que despertaban más odio, más rabia, más repulsión, más instinto e incitación a la venganza, un recuerdo que me hacía darme cuenta de tal parecido en un ceño fruncido. Mi mente creaba las más atroces formas de obtener calma a medida que me alejaba más y me acercaba a la parada de autobús, mi cuerpo sudaba dolor a pesar de la fría brisa que me recordaba lo rapado que estaba mi cabello y al sentir el frío en mi cabeza, recuerdos iban y venían como si la cinta de mi vida rodara en mi cabeza y me hiciera sentir una especie de delirio cuando veía una luz que se aproximaba más rápido que mi caminar, quizás sí de alguna forma estaba muriendo pero no era ninguna luz al final de ningún túnel, eran las luces del autobús que al fin llegaba.

Sabía que era lo suficiente maduro para entender que aun estando cerca podía alejarme no era necesario irse, pero debía y tenía que irme, vivir una época donde no es permitido enfermarse puesto que la competencia no lo permite, flaquear, temblar, aunque sea un ambiente muy frío sería de miedosos o de extranjeros no acostumbrados al clima, asustarse o denigrase sería de cobardes, menospreciarse sería de ineficaces cuando se es lo suficientemente valiente para dejarlo todo. Veía las pocas luces del alumbrado público de las calles, una vez que pasaba el autobús se desvanecián rápido en la lejanía, veía la soledad de las calles, me percataba de que si se cometiera un error pasaría la noche fuera pero sin rumbo y esperando retornar.

Caminaba, caminaba sábados caminaba domingos, caminaba buscando perfección o queriendo perderla en medio de traumas, caminaba siguiendo a la cordura cuando ésta se transformaba en pura locura, caminaba buscando verdades, caminaba envuelto en confusiones. Esto no era igual había cometido tal vez una locura, una quijotada, una hazaña pero no un error, había sido acosado sexualmente, se me había dicho: "puedes quedarte pero hay solo una cama", había sido acusado de hacer cosas que no hice, había sido acusado de tener hambre o de bañarme mucho. Había desafiado al peligro muchas veces tanto que quise burlarme de él cuando lo tuve enfrente y no me dejaba dormir por sus tiroteos o por las tanquetas y los militares que permanecían en la entrada del edificio o cuando fui hurtado.

En fin ahora despierto un 2 de abril, aquella fue la mañana de un día de julio, estaba tranquilo pues ya se acercaba el fin de aquella caminata y aunque ésta no terminó muy bien el objetivo se logró y ya estaba cansado. Ahora estoy más descansado, mucho más, y menos mal a la expectativa y no en incertidumbre, he aprendido a tener un hogar y a sentirme bien en él, a veces se me tenta con volver a partir pero pensando en ello pierdo el entusiasmo y al saber el cansancio que ganaré en el proceso prefiero adquirirlo aquí. Aún hay muchas cosas que claman que me quede y mis plantas no paran de echar raíces en mi nombre.
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