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Paloma negra

Aquella paloma blanca
transporta felicidad.
Pero aquí la guerra arranca,
la harmonía ahora es maldad.

La paloma es negra y llora.
Le han arrebatado la paz;
pues en ella el odio aflora,
la calma solo es un disfraz.
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Noble tormenta

Lluvia y trueno
se abre el invierno
paz después, callar.
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Los mariachis callaron

Recién ha pasado nuestra fiesta nacional,
nuestra alegría por festejar la gesta heroica de los insurgentes, que nos trajo la independencia, y el suelo se sacudió en un vaivén de ondas sísmicas que nos dejaron en la desolación total. Cientos de Miles de muertos, edificios derruidos, casas destruidas...

...los mariachis callaron,
la fiesta de colores vivos se volvió un mar de oscuridad, de lamentos de dolor, destrucción; desaparecidos, heridos, muertos sepultados entre los escombros.

Eso sucedió, un 19 de septiembre de 1985.
Y en una casualidad, siniestra y dolorosa, en la misma fecha, pero del año 2017, otro sismo nos volvió a devastar la gran ciudad.

Y nuevamente, los mariachis callaron...
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5comentarios 98 lecturas versolibre karma: 84

Fábulas pugilísticas (primera parte)

Mi cuerpo ya no es el mismo. Experimentó algunos cambios morfológicos, algunos son mutaciones naturales ocurridas desde el alumbramiento hasta hoy; carácter común en seres de la misma especie.
A mi favor, hoy pienso conocer algunas cosas que ignoré antes. Y en mi contra, hoy no puedo ejecutar algunas de las acrobacias físicas que en su momento dieron más placer, que la cándida creencia de saber.
Aunque todavía suelo correr treinta kilómetros, a mis espaldas, el cronometro burlesco se desparpaja de la risa al comparar los tiempos que hacía años atrás y los que a duras penas, logro alcanzar hoy.
Mi cuerpo cambió. Creo que el cambio más notable tuvo su origen en el sub campeonato estatal de boxeo aficionado del 81; después del Nocaut.
Fue mi última pelea y entablamos el careo por nocaut simultáneo finalizando el primer asalto. ¿Han visto antes algo similar?
También —desde esa vez— quedé inhabilitado para algunas otras disciplinas deportivas. Según el médico de turno, atrofiada alguna de las terminaciones nerviosas del carpo, causaba la ingrata sensación del transitar de una corriente eléctrica desde la muñeca derecha, hasta el codo izquierdo pasando por ambos antebrazos a modo de calambre. Otra aptitud anómala heredada de aquel combate, es la propiedad de magnetizar pequeños objetos ferrosos con mis manos, con lo cual, suelo ganar apuestas en las barras de los bares haciendo levitar monedas de níquel y pequeños tornillos de acero carbonado.
Al parecer, todo este cambio en mi cuerpo, fue producto del fuerte impacto con el rostro de mi contrincante. Impacto que lo mandó directo y sin pasaje a la lona, pero de un modo inexplicable yo también caí al suelo permaneciendo inconsciente el tiempo que duró el conteo del árbitro.
A mi oponente lo apodaban el eléctrico, yo ingenuamente, pensaba que tal seudónimo se debía a su oficio como ayudante de electricista en la industria de la construcción, y en realidad era porque generaba alto voltaje al golpearle la nariz.
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Santuario

Tus pies,
santuario que devotamente
yo venero.
Ara de mi adoración,
Sagrario de tu feminidad.
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Amor discreto

.


Sencillamente, Te Amo,
en secreto, en el silencio
de un verso discreto.
No hay más que aclarar.


.
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Lumen

Infinitas son    
partículas, asombro    
relámpago, tú.
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Los Cerdos No Se Suicidan

Abro las manos y entre ellas veo un puñado de piedras.
Fracciones de segundo bastan para establecer un sesgo mental preciso y concluyente; sé exactamente cuántas piedras tengo. ¿Estaré en boca del azar o en el tracto digestivo de la causalidad? La incógnita cohonesta con la fragilidad de mi existencia, sí el problema es estadístico tendré alguna probabilidad de subsistir, sí se lo endosamos a la suerte, el final será abismalmente indeterminado, porque nadie es capaz de predecir sobre la vasta inexactitud de un evento aleatorio. En tal caso, las piedras en estas sudorosas manos instituyen una noción de la ruta a seguir, diré que son siete las piedras y la salida se muestra intrépidamente abierta, esperando por mí. —Por supuesto—. ¡Tengo el doble seis!



Imagen: tu domino.com
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Mariposas Cabalísticas

A mi amigo Pedro @Saltamontes.

El curso de los hechos ocurridos recientemente y el efecto inmediato de su observación a través del lente científico, primario y terriblemente empírico que dormita en el subconsciente de todo humano, a favor o en detrimento de este relato, me conducen a la siguiente conclusión:
Hay una relación directa entre los eventos controlado por el azar y una misteriosa conexión con los símbolos del sistema de numeración y algunas otras expresiones algebraicas de mayor complejidad expuestas en la naturaleza.
Hace algunas semanas atrás recibí, por vía epistolar, una misiva de un doblemente viejo amigo de la Habana. En la misma, entre otras cosas, hacía referencia a un suceso absolutamente casual y asintomático en su relación con alguna presunción lógica. Resultó la tarde de un viernes cualquiera de estos tiempos, justo antes de salir de su sitio de trabajo, osó una mariposa —yo presumo que debió ser de esas clasificadas como Búho Caligo— posarse sobre sus hombros. He aquí la concatenación de fenómenos de vinculación tendenciosa a casos paranormales.
Uno de sus compañeros activado un su más agudo sentido de percepción, fue capaz de captar en ese instante sobre los ocelos impresos en las alas del lepidóptero, una figura representativa de tres o cuatro cifras correspondientes a nuestro sistema de numeración decimal, sin un ápice de duda, inmediatamente aquel iluminado compañero de trabajo, le pidió con cierta insistencia unos pocos pesos a mi amigo Pedro y sin incurrir en mayores explicaciones que perturbaran o desviaran la atención de las alarmas encendidas por su sistema parasimpático. Inmediatamente después inscribía aquellas irrisorias monedas en los sorteos de lotería de la Habana. Esa noche —para fortuna de mi amigo— se conjugaron cuatro factores clásicos que constituyen una expresión algebraica compleja, las variables tiempo/espacio, la expansión intrínseca en la derivación de productos y potencias en números racionales y por último la materialización en el orden perfecto sugerido por una visión, —asunto sin vinculación pertinente a ninguna obediencia matemática— sino puramente resultante del azar originada en un acontecimiento biológico asociada al mimetismo sin nada que ver con esferas flotantes, ruletas ni leyes de probabilidad.
Lo cierto es que mi amigo Pedro y su compañero de trabajo resultaron ganadores de un jugoso primer premio de la lotería multiplicando exponencialmente su escaso patrimonio, gracias a la misteriosa interrelación existente entre la naturaleza, la lógica y el azar (vaya contradicción)
En ese orden de ideas y persiguiendo las huellas de la escurridiza fortuna, me di a la tarea durante mis diarias caminatas alrededor de la laguna con mis tres perros (Timoteo, Martita y Mándala) a observar con más detenimiento el vuelo de las coloridas y agiles mariposas que suelen encontrarse con regular precisión en los verdes márgenes que circundan este prodigioso reservorio natural de aguas salobres y azuladas. Sucedió en una tarde atestiguada por un ocaso naranja-fucsia, una enorme mariposa parda revoloteaba entre los troncos secos y en franco coqueteo con las fauces de Timoteo, se distinguía sobremanera entre los colores del atardecer y como parodiando una estrofa Sáfica en tiempos modernos, al abrir y cerrar sus alas sugería símbolos numéricos parecidos a los “Captcha” solicitados por los algoritmos de las computadoras para diferenciar a los humanos de un robot.
Me estrujé los ojos para verificar si aquella perspectiva era real o era un producto inconsciente de mis ansiedades, al cabo de unos segundos pude determinar con gran objetividad que las cifras figuraban un siete, dos cincos y un tres; acto seguido mentalmente hice mis cuentas y sustraje de ellas los montos estipulados para dos semanas de bohemia, obtuve por medio de una matriz bidimensional todas las combinaciones posibles de aquellos cuatro dígitos y en el kiosco de quinielas más cercano a mi domicilio emulando a un poeta paisano dije:—¡voy juagando a Rosalinda!—me entregaron una boleta con las combinaciones impresas la cual debía presentar en caso de acertar alguna de aquella docena de combinaciones resultantes.
Debo confesar sin los preámbulos cortados por mi frustración que la cábala no se cumplió en esas coordenadas y los números premiados durante los tres días siguientes, en nada se parecían a los sufragados por el exiguo estipendio de las copas de vino que los atentos hombres de las barras me ofrecen cortésmente en los bares de Buenos Aires; pero para mantener viva la fe mutua;—la suya vaya adelante distinguido lector — y después los retazos de lo que queda de la mía, se materializaba el efecto cabalístico de aquella serie de cuatro dígitos en el perfecto orden expresado en las alas de la inocente mariposa parda. Ignoro cuales son los elementos pseudocientíficos que sustentan estos hechos, pero los números se dan, lo determinante es descifrar en que objeto. La compañía de suministro de servicios de electricidad reprodujo sobre la atorrante facturación del mes pasado, exactamente la suma de siete mil quinientos cincuenta y tres pesos. !Como para no perder la fe en las mariposas¡.
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Besaré

Besaré tus versos
versaré tus besos
entre exceso y exceso
exageraré tu sexo
nadaré en tu plexo
te amaré a lo lejos
lloraré en tus ojos
mis dolores viejos.
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Memoria Del fuego

Del fuego nace la ciencia; así como el caos, da origen a las estrellas. Lo sé porque en algún tiempo, fui ese hombre primitivo invalidado e impensable en estos tiempos de algoritmos y algebras. Lo delata la altura del puente de mi pie izquierdo y mi apéndice vermiforme menguante y constrictor de celulosa vegetal.
No expongo la posibilidad de otras vidas anteriores a esta, ni una fantástica presunción tentada en la resurrección. Es el tratado de un ser que se hace terriblemente anciano, de un ser con cognición de primera mano, de un testigo arqueológico cuya experiencia esta consustanciada del inmenso poder poseído por el subconsciente.
Lo sé porque fui parte de las greyes talladoras de la roca en las cavernas y arcilla del ánfora fundamental.
Lo sé, porque mi memoria reproduce en sueños, las imágenes arcaicas adorando las llamaradas de fuego primigenio y opimo en un período supremamente feliz.
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Al Tercer Día

Los muertos salen; no es una sentencia, más bien una teoría surgida a consecuencia de hechos perfectamente cuantificables y comprobables. Fundamentada en la soledad, ausencia de amigos, imprevisión económica y social, pobreza, estados de inopia y otras acepciones que podrían considerarse para sustentar hipótesis.
Trataré de ilustrar mis palabras con un ejemplo sin vilipendio a los venerados difuntos.
Negando fervientemente la consumación de este hecho; supongamos que: yo Ludico Ognimod Mayor de edad con documento nacional de identidad expedido tras tramitación legal; muriese mañana. Tendría que salir al tercer día — no hablo de resurrección— salir de mi cómoda tumba, acondicionada como lecho eterno.
Tendría que salir, con el propósito de gestionar un crédito bancario que cubra los costos acarreados por mis exequias.

Ilustración: Edvar Munch Noruega 1893 ; El Grito.
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Punto final Sobre Plano Cartesiano

Mirando mis álbumes de fotos encuentro en ellas, muchos rostros de gente que ha muerto. Ante esas circunstancias, podría yo, advertir que mi tiempo está pasando. Pretender inquirir frente a la muerte, es comenzar por el final —como en un cuento de Cela—. Es entonces cuando en mi propio contexto de acepciones aparecen los dos vectores geométricos en que se resume la esencia de la vida en términos físicos: espacio y tiempo.
El resto del entramado existencial es proyectado por mi lóbulo occipital, en el caso humano: como una inconstante nebulosa en cuyo centro, se diluyen caracteres con ligeras semejanzas a las que muestra el círculo de la creación impreso en el Séfer Yetsirah.
Para otras especies es más simple la apreciación; a mi errático sistema perceptivo, llegan volubles agentes aromáticos y edulcorantes, cuyo fin primigenio es el de establecer canales de supervivencia para esa especie, en un sentido absolutamente individual.
El avance del tiempo llena de recuerdos espacios en nuestra memoria, por más que apelemos a la razón para comprender sucesos con implicaciones lógicas y muy predecibles, en las órbitas de las extrañas nebulosas ocurren explosiones que causan dolores inconsolables.
Las interrogantes que caminan por los segmentos generados por los segundos y los milímetros, encuentran respuestas que negamos, por el simple temor a ser demasiado ambiciosos, y, ¿no es ambiciosa la plántula que aspira crecer entre la maleza? Los seres vivos somos portadores de elementos comunes en nuestras estructuras genéticas; ¿acaso no es una ambición procurar la vida eterna? Cuestionamos la generación de riqueza, como una genuina expresión de la avaricia, ya qué, será una condición innecesaria e impotente ante el inevitable acto de expiración, ¿sí, preexiste una lejana probabilidad de vivir en la abundancia, tiene sentido elegir vivir en la miseria?
En alguna medida somos ambiciosos por el simple hecho de amar la existencia propia, por no adoptar conciencias intemporales en procura de un poco de cordura, algunos recuerdos pesan por ser inevitables, otros, adornan las esferas esplendorosas del ego. Pero cada uno tiene su lugar en los cajones que conforman la memoria.
Los años pueden anular algunos recuerdos, sin embrago, no hace a nadie inmune a la tristeza ni a ninguna otra bestia interna. Siempre seremos presa de ambiciones expresadas en formas logarítmicas, esclavos atados al tiempo, buscando a tientas espacios, reservorios donde disipar el inmenso volumen de la tragedia articulada a la muerte.
Yago inhábil; en el punto ultimo de dos vectores:
Donde concluyen mi espacio y mi tiempo, luego, deviene la muerte.

Ilustración:Plaza Bolívar de Santa teresa del Túy 15 de octubre 1971, foto de autor anónimo.
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Un Perro

Estas noches pasarán, cómo el canto de los peregrinos por los pérfidos caminos, sentenciando fantasías en el círculo insustancial de las plegarias; invadiendo la realidad con un nimbo de esperanza comprada y buscando un reducto para la fe que no se asume.

De niño soñaba tener un perro con cuernos de toro, lengua de serpiente, raudo, feroz y adiestrado para enfrentar juntos, a los bribones que merodean las esquinas en las urbes impúdicas, tuve que conformarme con el dolor que queda en los nudillos después de golpear mentones y los dilatados pómulos posteriores a la pendencia, porque mis perros, siempre fueron buenos para los chistes y las carreras , nunca aptos para las batallas, esas batallas que solo los humanos procuramos desde temprana edad.

Me hice grande sin perro, sin cuernos, sin novia, sin dios y con hambre. Como en un cuento surrealista, los tiempos trajeron aires desconocidos para mí, con su carga de impertinente extemporaneidad: oportunidades sin la recia virtud del conocimiento. Entre rigor y premura experimenté formulas de honestidad basadas en la palabra, sólo el coro sintético de los grillos que irrumpen la madrugada respondió con precisión, los documentos formaron tortuosos senderos de felonías, y entre ir y venir quedaron mis pies descalzos y una confianza marchita en nocturnidad.

Estas noches han de pasar, sin duda, nuevas apariciones del sol proclamarán el destierro de una soledad abreviada en el azar inquisidor de lo que jamás se tuvo, de lo que no se podrá alcanzar, porque hay una sola ocasión de vivir, sólo un amigo fiero y leal puede resumir un sueño, miles de sueños, quizás… millones.

Las realidades son frágiles, la dulzura de su néctar, puede transfigurarse en una enorme amargura, las penas no son eternas, pero la sonrisa puede perpetuarse si el recuerdo de un perro cornudo asalta tu imaginación cada vez que un ladrido circunda el aire insano de madrugada; el aborrecimiento, la premura, el rigor, el azar, el hambre y hasta los pies descalzos adquieren acepciones nobles cuando tu cómplice profesa la fidelidad sin mediación de los edictos, cuando el afecto ha superado todas las fronteras de un modo asimétrico; es allí donde apelamos a una experiencia irrestricta: la muerte, la muerte no es otra cosa que un ladrido menos en estas noches que han de pasar alguna vez, la secuela de esas batallas que motivamos en excitante alevosía, la vertiente de dolores inconmensurables.

Estas noches pasaran alguna vez, mientras tanto, seguiré esperando el milagro que niega la eutanasia, con los sentidos desgarrados ante el dolor que exhalan doce kilos de huesos forrados en piel cubierta de pelos blanco y negro. Las noches pasaran, como pasa la juventud, vendrán otras tristezas, y con ellas la frustración de conciliar ante el mundo que en el pináculo de mis sueños había solo un
perro.

Marzo 10 , 2016

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Breve Fárrago Misántropo

Dios existe, — no me animo a contradecir a mis incrédulos amigos—
Dios existe. Lo que ocurre: es que hay un espacio temporal que supera todo lo previsiblemente divino. Sí; un estadio súbitamente ignorado por los manuales de incubación de las deidades.
Donde la prioridad era el ser humano, ahora, sugiere cambios intempestivos hacia el reino animal; nótese: que desde hace algunos milenios no hablan las serpientes —por decir menos— tampoco los demonios eligen cerdos como rehenes, las osamentas de burro han sido reemplazadas por bombas atómicas como instrumento de exterminio. En ese mismo contexto, hoy en día, no es cuantificable la cantidad de agua convertida en vino y viceversa.
Del mismo modo, las conductas de los dioses atienden requerimientos de otro orden, alejadas de las peticiones a favor de la concesión de milagros y resoluciones básicas como multiplicación de objetos comestibles.
Hago referencia; como ejemplo, al elevado grado de atención que debe ser necesario para proteger ballenas indefensas en los extensos océanos de los temibles barcos, tripulados por nobles creyentes que en el nombre de dios, zarpan al peligro de los mares.
Suelo torturarme pensando en la angustiosa travesía del ganado en tránsito a los mataderos.
Pero muy dentro de mi egocéntrica proyección de impío, me llegan aires reconfortantes, al evidenciar que los ángeles guardianes no malgastan su preciado tiempo, en colocar bajo las puertas de los pobres, sobres contentivos con las cuatro cifras del primer premio de la lotería local. —Que trabajen—
Sonrío imaginando que legiones de esos intrépidos querubines, están en la tierra destinados al cuido y protección de los perros callejeros. sobre todo, en invierno.

Modelo: La Inolvidable, audaz y afectuosa Loka,
fallecida en marzo de 2016
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Globalización: Máquina de Sangre

Adoptar una idea sugiere un patrón de conducta lineal, en la misma dirección de los conceptos que sustentan el establecimiento de las múltiples coordenadas mentales que edifican y robustecen un planteamiento filosófico. Es una acción propia de seres humanos, aunque parta de premisas biológicas, aunque se persigan intereses vinculados a la supervivencia o a la destrucción.
A lo largo de la historia el hombre sin mucho esfuerzo ha sido ávido en el diseño y creación de mecanismos y métodos de involución — como si la meta a lograr residiera en el retorno a los modos de vida primigenios— Expresiones que hoy, se esgrimen como vanguardistas en el contexto social, no son sino burdas recopilaciones de antiguas formas de organización proyectadas a gran escala con un lenguaje nutrido por acepciones retoricas, además de un sofisticado e impactante componente tecnológico. Imagino que: cada generación a enfrentado sus propios demonios en el tiempo que lo tocó vivir en defensa o menoscabo de doctrinas, mitos y espacios etéreos, sin detenerse en las implicaciones de orden racional y comedidamente humanístico, en nombre de la causa se exprimen al máximo la capacidad de creación intelectual y física de los contemporáneos como un acto natural y a todas luces benefactor; en algún extremo del planeta , en ese mismo tiempo, algún disidente, en la capa externa de la burbuja será capaz de captar que el combustible y el lubricante que pone en movimiento las virtuosas máquinas que impulsan dicha idea, no es otra cosa
que sangre.

Abril 2015; ilustración; Globalización Maquina De Sangre: Juan Manuel Boté, técnica mixta sobre madera 2014.
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Algo Supremo

Algo supremo; majestosamente irrefutable, terriblemente omnipotente y de una ubicuidad inmarcesible ha de tener la física como ramal de ciencia en sus designios, ya que las leyes y dios la confrontan, pero no pueden eludirla. Sobre la faz de los libros en todas las páginas de historia que cubren la esfera terrestre, por intrincado y recóndito que sea el laberinto universal siempre su efecto será determinante. La ley misma en su inquebrantable naturaleza responde a un código netamente físico como es: la propiedad que tiene todo cuerpo de cambiar de forma cuando sobre él, se aplica una fuerza exterior «Ley de flexibilidad ».
En el caso concerniente a dios, o a una multitud de ellos, —para mantener intacta la base utópica de la blasfemia, — digamos que Poseidón, luego de dimitir su reinado sobre caballos y otras bestias se entrona sobre los mares y el control de sus ciertamente poderosas olas; pero aun así, se muestra en apariencia complaciente con navíos y otras embarcaciones que usurpan sus aguas desafiándolas sin mayor tributo que una justa relación de densidad entre materia y volumen. Cuestión de un equilibrio benefactor en la sabiduría de Arquímedes discernido entre lógica y fe.
La lluvia, las tormentas con sus rayos y centellas en los agrisados cielos Aztecas pudieron merecer un gran número de ofrendas a Tláloc —dios dominador de rayos—y estas no fueron suficientes para contener la ionización de nitritos y nitratos hidrogenados en los bolas de fuego celestiales que más tarde el léxico científico llamaría rayos globulares.
Desde la oscuridad que suele teñir de luto mi pusilánime aptitud pensante, surge la negación de atribuirles a los dioses facultades demoledoras, en cierto modo carente del sentido conciliador y edificante como corresponde a la solemnidad de un dios; sería como asentir que hay algo de perversión en su conducta o una especie de patología propia de mortales. Acepto la propiedad de ínfima partícula predecible y mortal que me atañe dentro del vasto universo, en la extensión de esa vaga idea, no seré yo quien dictamine porqué caen los puentes. Tengo la sospecha de que no es porque dios quiere, sino por insuficiencia física.
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Juan 5:28 Y 29

Se deslizan las lágrimas por las huesudas
cuencas. Humedecen la tierra e inundan designios.

No hay vida en aguas tan
saladas.
Atrevidos
unos
pocos a nadar sobre
fondos tan
oscuros.

En orilla escasos quedan. Se hunden
muchos
otros,
muertos por
muertos.

Pies en nuevo barro, ojos mirando las
mismas
suelas.
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Cuerda de Birimbao

Me andaba buscando, yo lo sabía, con una filosa navaja se acicalaba las uñas a la salida del callejón —parecía la imagen de perfil de EstebanPerezSán— a mi corta edad, el miedo había silbado tantas veces en mis oídos que sus desafíos no causaban las típicas alteraciones que suceden en los esfínteres.
Simulando una imagen comprada en alguna película de vaqueros de bajo presupuesto, me salió al paso, la navaja en su mano, reflejaba la luz de un destartalado farol incandescente que guindaba de dos cables, donde un enjambre de moscas, pernoctaba la última noche de su fugaz existencia. Ese barrio era tan peligroso que ni la luna le entraba, no podía reflejar otra cosa aquella incisiva cuchilla.
—Tenemos una cuenta pendiente, dijo con densa cólera.
—No peleo por mujeres… Intenté responder, pero fui interrumpido por el furor de su voz acalambrada por la furia.
—Pero yo si… dijo como como un trueno, mientras apretaba los dientes.
(Pensé; no lo dije)—cuidado y te muerdes la lengua, maricón, porque me manchas mi camisa de la suerte— solo lo pensé, no lo dije por no avivar mas las llamas de aquel dragón que se abalanzaba sobre mi tirando navajazos como hélice de helicóptero. Yo reculaba esquivando las puñaladas y buscando el balance con las dos manos, bailaba una danza mortal marcada al ritmo elíptico formado en el aire en cada navajazo. —Por no aprender capoeira— me recriminaba el sub consciente cuando mi combado y esquivo abdomen emulaban la cuerda única del birimbao. El sempiterno charco de agua putrefacta consecuente en todo callejón marginal, me salvó de las heridas —dudo que ese pendenciero tan inexperto y torpe pudiera matarme— el tipo resbaló y se desplomó de espaldas sobre el hormigón que lo esperaba sin efectos de amortiguación, vi como la pulida navaja se desprendía de su mano y giraba en círculos por el aire, confirmando su extravió en la oscuridad con el célebre trik, trik, trak, —ya no la consigues mas —
El viejo farol dio lumbre suficiente para ver la palidez en aquel rostro boca al cielo, privado por el porrazo y a falta de voz, con los ojos pidiendo clemencia. No lo toqué, —lo puedo jurar— De ese suceso no quedó ningún testigo que registrara los hechos en su memoria, el barrio a esa hora dormía, el callejón estaba tan solo como la cuerda del birimbao.
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