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Silencio

Esa brisa que vitalicia llega vespertina
trayendo rumores de mar y recuerdos de golfo,
aminora el sopor que pacientes cala
en nuestra piel y que inteligente
desdibuja la crisis que dejaron
los calores nocturnos de esa noche sin luna
que avisaba tristeza,
fue tan fatídica que nadie vió luceros,
ni a las misteriosas luciérnagas
que fotografiaron esa oscuridad,
tampoco se escuchó la música de viento
de las incansables cigarras,
solo disparos certeros que mataron el presente
con la grandilocuente excusa
de exorcizar el mal
y que sin dirimir acuerdos
ni escuchar razones
sentenciaron el presente
de un pueblo que día a día
recuerda la época donde el misterio
trajo la tortura llena de sevicia
y ese dolor inexplicable
aunado a las balas infinitas
que retorcieron la vida de un pueblo
que hoy lucha por su futuro.
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9comentarios 71 lecturas relato karma: 106

Historiodrama Colombiano

Volveré al tiempo en que el cabalgar de las bestias era la medida misma del borbotear de las venas.
Aquellos tiempos en que la vida valía el tajar de un machete y una cabeza rodante.
Cuánto miedo, burdo saber sobre la nada.

Al fondo, los complices de la danza de la peinilla, que macabra belleza, cuántas agonizantes victorias se ahogaron en las tripas del carroñero.
Hordas que asolaban hasta el último caserío, gritos de dolor que opacados por el conservatismo o la libertad así pura, salvaje, más violenta que mil aludes a mansalva golpeaban las veinticuatro del Jawaco de pared.

He de volver allí, atado en el suelo forrado de arapos, empapado entre lágrimas y sudor, destinado a arder en mi provincia.
Seré un faro humano y mi cabeza será pateada para el divertimiento de aquellos hombres castigados a hacer justicia y ley.
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3comentarios 91 lecturas prosapoetica karma: 90

En Cartagena la encontré

Un dolor punzante me agrede la cerviz
la línea vertical se entumece
con una dosis de pastillas
descargo la furia
y mil insomnios registrados
en el puente del olvido me adormecen
soy la roca que se mueve
piensa, respira y sueña. 

Navego por un sórdido mar leñoso
de espeluznantes olas
y un trémulo submarino
de amaneceres arcaicos, antiguos y primitivos
me atrapan y me hacen
dar vueltas y vueltas
hasta caer tendido
en el lodazal de las circunstancias
de las pasiones efervescentes
más repulsivas.


Y me veo en las tabernas
de un puerto marino
del siglo XVII acompañado por acorazados piratas
saqueando tesoros en tierra firme
en la amurallada costa de Cartagena de indias,
hermosa ciudad del caribe mar
ahí nos convertimos en arrebatadores,
en vándalos
y en cazadores furtivos de doncellas
de bellas mantuanas, criollas y morenas.
En estas tierras fortificadas,
actual Colombia, conocí
la joven más preciosa
que jamás mis ojos habían visto.
Y nos embriagamos hasta al amanecer,
en sus brazos me refugié
su boca dulce como la miel
me sustrajo mi apostata proceder
e hicimos el amor no hubo tregua
ni contrarevuelta
ni levantamiento
fue un torbellino
quedé suspendido hasta que levité.

Un leve pestañeo
ya no sincronizo con ese efímero deseo
y vuelvo a sentir latir la cerviz
como un dolor punzante.
Ya es de mañana y el reloj marca las 6
el carro no quiere prender
es lunes y tengo que salir a trabajar
miro el estuche de pastillas
mis manos la toman
y la estrello contra la pared.
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Acróstico en soneto para Medellín

Mañana dulce que bajo la bruma
Empieza a brindar sus primeras luces,
De gala se tornan verdes y azules
En un óleo de suma natura.

Las tardes que en ti brillan sin premura,
Languidecen y muy lentamente huyen
Inertes van hacia el ocaso dulce,
Nicte abre sus puertas a toda anchura.

En ti descubrí un cielo sin fronteras,
La libertad de un joven que se esmera
En hacerle frente a cualquier percance

Sublime alhaja de oro sobre un valle,
con un pasado histórico imborrable,
Con todo ese futuro allí, a su vera.
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Guerra en Irak, Colombia y Sarajevo

En todos lados
lo que oigo
solo una voz
¿En dónde estoy?
Todo lo que soy
no sé donde estoy
vienen con armas
asesinos y tanques
te meces en una hamaca
los niños nadan
contra la corriente
juegan con granadas
mueren bajo mis pies
dime ¿Es tú canción?
En Siria hay cadáveres
de madres en las calles
¿Quién era Afganistán
cuando murió
mi prometida?
¿Colombia queda
dónde yo estoy?
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Malditos

Maldita guerra, malditos, malditos...
Malditas ganas de eliminarse,
de ahogar en gritos,
de hacerse desaparecer..
Malditas ganas de no dejar vivir,
de hacer y deshacer...
Malditos aquellos dementes,
que gobiernan las ilusiones de la gente..
Malditos los que imponen religiones,
credos, deseos, ambiciones,
libertades esclavizadas y otras condiciones..
Malditos los que compraron un billete
en primera línea de la tierra,
y ahora se creen dueños de sus fronteras...
Malditos aquellos
que creen ser jueces de lo moral,
desde la poca vergüenza
y la profunda inmoralidad..
Malditos, malditos..
Malditos los que atentan contra las personas,
porque se creen superiores a ellas..
Malditos los verdugos y portadores de sogas...
Malditos los que mantienen
las noches sin estrellas,
para que no se vea la trista realidad,
de la muerte de las horas..
Malditos hipócritas,
aún sin saber si todos lo somos un poco..
Maldito yo,
por no poder hacer más,
por quedarme quieto..
Maldito mundo loco,
que se muere,
con nosotros dentro..

Fran Renda
@Fran44Sombras
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20comentarios 259 lecturas prosapoetica karma: 86

Mudando de piel

Pies descalzos se pasean
divagando en la oscuridad,
aun en medio de la incertidumbre,
temen a lo desconocido,
huyen sin esperar.

Anhelan cambio, evolución.
Anhelan libertad…
Pero ahí están. Pasmados.
Bailando siempre el mismo ritmo,
perdiéndose en la nimiedad.

¡Tortuosa monotonía!
Me obligás a retroceder,
el cuerpo suplica mudar,
enredarse en una nueva piel.

Las alas dubitativas
se mecen en un vaivén.
Confusas, se asoman al vacío,
meditando el precio por arriesgarse,
las razones que implican ceder.

Ceder. Ceder y soltarse,
fluir cual riachuelo.
Arremeter contra la jaula,
Y escapar de las amargas cadenas,
que atentaron vilmente contra su libertad.

El miedo ata,
la rutina castiga.
Y, aun así, el deseo innato por el cambio,
sigue ileso.
Aunque el pasado se asome débilmente.

Los pies ahora, caminan orientados,
danzan al son de una melodía insólita.
Las alas se despliegan, firmes y sublimes,
ansiosas por lo que ha de venir,
dispuestas a lo que se aproxime.
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El paraíso del diablo

Sonaba a heliconias trenzando un embrujo,

a pétalos cocidos con el vaho de una cascada.

Y lo demás era sorda luz perpetua,

olor perenne a ritmos florales.

Y nada más que la flauta dulce de la eternidad

acariciando los senos de la tierra.

Y siempre embriagado el voladizo momento

con el elixir melífero de la savia amazónica.

Y nadie al despertar sin el cálido beso

del cielo luminoso que no decaía.

Y todo bajo la sombra del ramaje inmortal

donde las almas saciaban placeres.

Y doquier el pestañeo del río de los frutos

envuelto en collares de chaquiras cristalinas.

Y así el anciano tierno brotar de la vida

parecía irrigar con oro el jardín del Putumayo.


—¿Y por qué lloraba oscuro el paraíso?


Bueno el día sabía a mieles,

pero las lágrimas eran negras.

Lo decía el callado verde

y el himen roto de la tierra.

Los perros mordían la selva

y perforaban ciegos su alma.

Sus heridas sangraban pena,

su angustia fluía entubada.

Así brotaba crudo el llanto

y gemían huecos los pozos.

Nomás fluía negro el manto,

viudo yacimiento de emporio.

La fiebre sedaba a animales

y lo sabían bien sus dueños.

Bombeaban sueños fugaces,

secaban tesoros eternos.

Porque el cielo olía a fango,

el edén yacía podrido.

Porque se destilaba diablo,

lloraba oscuro el paraíso.
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El silencio de la mina

Al beso del sol
manaba el hormigueo,
lodoso y dócil,
de cabezas gachas,
adorando sus sombras,
atrás la noche de mancebías,
despertar errante,
la montaña delante,
penetrada, sometida,
venenosa herida
de labrantío, de esmeraldas...

—¡Silencio!

En fila india,
pesarosa, lenta,
desfilaban los hombres,
achacosos hijastros del sol,
hacia el puñado de tierra,
maldecido, bendecida,
por donde se deslizaba su vida,
oscura sí,
hasta que una noche,
triste sí,
brillasen las estrellas verdes...

—¡Silencio!

Esmeradamente,
al avance,
uno a uno,
huaqueros de la quebrada,
miserables, fatigada,
por la garganta profunda,
cebaban a la tierra madre,
empachaban sus entrañas,
picos, barras, pólvora,
roca, polvo, agua,
vetas de chispas...

—¡Silencio!

Al calor intestinal,
asfixia y ceguera,
por el deleznable socavón,
en el opaco averno,
ya presto el matricidio,
escarbaban, hurgaban
los muros negros,
las tripas blancas,
esos malhadados,
ilusos cazadores
de lágrimas de Fura...

—¡Silencio!

Hambreaba el aire,
olía a vergel,
a puñaladas,
piedra a piedra,
en sudores y jadeos,
los mineros boyacenses
echaban la pala,
al anhelo del cielo,
embejucados, ofuscados
por el brillante señuelo
con pedazos de marmaja...

—¡Silencio!

En el jardín de hierro,
un grito, luminoso,
un paso, endiablado,
un último zapateado,
la tierra en remolino,
el estruendo y el humo,
un torbellino de roca,
un derrumbe afilado,
un cuerpo sepultado,
un puño cerrado en alto
y el cristal verdoso parpadeando...

¡Silencio! —dijo la montaña.
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El Colombiario (Amor chocoano)

Enfrascada la lluvia,
descaperuzado el bosque,
emperchado el árbol,
rociada la tierra,
herida la marimba,
desflorado el currulao,
ya reman
ya reman
ya reman
desnudos los cuerpos
negros.
Dos péndulos
enramados por el vaivén,
el repique hechizado,
ya reman
ya reman
ya reman.
Y mordió el borojó
y besó el jugo
y chocó el soplo
y trepó la yedra
y tibió el ardor
y alcanzó un grito:

—¡Ay Dios mío!
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Disparos de historia

Suenan disparos

Y no a ratos sino a diario

Cae la sentencia

Y no sobre el muerto

Que ya de gritar no sabe

Cae sobre los que quedan

Para que no hablen

Para que también estén muertos



Suenan disparos

En la noche y en el día

Y van borrando nombres

Pero la lista nunca acaba

Porque no hay quién silencie

Al hijo

A la madre

A la hija

Al padre

Que al gritar también escriben

En esta lista sus miserables nombres



Suenan disparos

Como truenos que despiertan

Pero nadie se levanta

Ya todos saben lo que dicen las pistolas

«Te callas o te matamos»

«Te vas o te matamos»

«Vende la tierra o te matamos»

«Apóyanos o te matamos»



Suenan disparos

Y siguen sonando

Es la música de la historia

De nuestra historia

De una patria sin oídos

Que nunca escucha los gritos

Que nunca escucha los tiros.
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2comentarios 41 lecturas versolibre karma: 53

2 de febrero

Polvareda insaciable son el velo de tus calles,
que por cemento jamás cambiaría.

El cielo que te cubre es la romántica poesía,
es el alba que en silencio despierta,
el insondable recuerdo que guardo de ti.

El mudo aleteo de tus mariposas,
inerme pasea por los aires de tus jardines empíricos;
sabiéndome temblar por el crisol de lagartos e insectos,
y que, con todo y ello, no cambiaría.

El mediodía de tus tiempos,
-manso como quienes te habitan -
son el recuerdo imborrable que de ti me queda.

Bendita la vida que a ti me lleva,
mientras medito y pienso.
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Mi amada mentira

Tu mirada esquiva, de mentiras tejida,
Quién puede leerte si sólo dices
Migajas de verdades a medias:
Estás frente a la víctima elegida.

Pestañas baten nerviosos delirios,
Tu boca que prende locura, te creo
Oh! Cómo quisiera que todo fuera real!
Que un aliento tuyo apagara mi delirio.

Te veo, te siento, te percibo a mi lado,
Imposible olvidarte, no logro entender...
Si nada era cierto, ni siquiera eras tú,
Por qué aún deseo que estés enamorado?

Si un día pudiera verte, tú sin verme,
Transparente cerca de ti, rozarte,
Respirar tu perfume que no olvido,
Si un día pudieras creerme y yo perderme.

Amor sin nombre, sin testigos.
Sólo tú y yo lo supimos.
Sólo tú y yo lo vivimos...
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2comentarios 62 lecturas versolibre karma: 63

La barca

Mi barca partió rumbo a la esperanza,
Sin timón, se dejó llevar
Por las olas furiosas, a veces en calma
Con el norte dibujando mi añoranza.

Tu barca opuesta a mi ruta
Alejándose cada vez más
Mar en picada, turbias aguas
Dejas mi soledad absoluta.

Volverás a buscarme,
Puedo ver tu cara y sentir la emoción
Espero ilusionada en el puerto
Y si no estoy podrás esperarme.

Pues no tardaré,
No claudicaré,
Por tenerte frente a mi,
No perderé.
Volverás! volverás!
Y de nuevo te veré.
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El '10' entre rejas

Mi dedo índice no te señala. ¿Cómo hacerlo? Si fuistes tú, amigo mío, motivo de alegrías pasadas. El corazón no olvida.
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Dolor

Ví la guerra,
conocí sus objetivos
y percibí sus propósitos.
Escuché sus quejas postreras,
discerní sus dudas,
digerí sus lágrimas
y reprimí las mías.
Hoy llueve dolor,
se respira miedo
y retrotraemos un pasado
cargado de luto y polarizado
donde muere quien no debe.
Hoy llueve,
el río persevera
en su esperanza
y camina prístino
como brisa de verano.
Sus aguas llevan
la odisea silente
que trasgredió la epopeya
de los pueblos que lloraron
su dolor callado
y los muertos sin tumba
que el río se llevó.
El río bautizó sus muertos
y todos lloramos.
Hoy llueve dolor.
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2comentarios 47 lecturas versolibre karma: 44