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Buenos días!

Arrogante el sol por levante ha levantando
su clara luz se filtra entre los árboles
he visto que el viento juega con las aves
y las flores están bañadas con gotas de rocío
la magia de un nuevo día ha comenzado.

MMM
Malu Mora

Imagen tomada de internet
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15comentarios 90 lecturas versolibre karma: 148

Todos los días en la cuerda floja

Todos los días el hombre camina
en la delgada cuerda floja.
Todos los días está ante la vida y la muerte.

La muerte esa loba hambrienta
que abre su boca para comernos.
Pero a su lado crece,
la flor hermosa de la nueva vida emergente.

En la cuerda floja
toma las decisiones más importantes,
debe ser perito de lo arriesgado.
Nunca mirar para abajo, ni para atrás.
Le podría costar la vida.

El hombre,
juega con la vida y la muerte
diariamente
¡Y no se da cuenta!
Su vida pende de un hilo, de una cuerda,
y solo lo advertirá cuando se quede
sin nada,
y caído en el piso derrotado,
¡Cómo mendigo, desnudo!

Estando arriba se creía un Dios,
un héroe invencible.
Abajo caído de sus cuerdas,
se ve tan pobre y desolado
¡Cómo un simple humano!
Tocando la tierra de su realidad.

Autora: Edith Elvira Colqui Rojas-Perú-Derechos reservados
prohibida su cipoa total o parcial.
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sin comentarios 80 lecturas versolibre karma: 100

Hay días

Hay días
que son sin prisas,
hay días
que sacan sonrisas.
Hay días
que deprimen,
hay días
que no vienen.
Hay días
soleados,
hay días
nublados.
Lo bueno es que
de todos se aprenden,
lo malo es que
hay gente
que no los entienden.
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4comentarios 64 lecturas versolibre karma: 96

Paraguas

El silencio ese desbaratador de ilusiones

enigmas dilapidados entre rutinas

vinimos a deshacernos la cama,

acabamos con las ganas tristes

y los afluentes ordenados.


Nos veíamos más allá de los ojos

tocándonos como ciegos

éramos exceso en pleno naufragio

retando malos augurios inventados por otros.


Encontrarnos en la misma huida

hizo que deseásemos más el alcance

de la piel y del refugio

de días de lluvia bajo las mismas sábanas.


Ahora todo son paraguas

sin parábolas húmedas

todo lo que se carga es seco y repetido.


Ya no espero despierta cuando regresas

para no ver que te has ido.
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8comentarios 88 lecturas versolibre karma: 96

Seguirás palpitando

Y cuando se me acaben
mis lunas
mis instantes
mis días bajo el sol . . .

seguirás palpitando
en el centro de mi galaxia
. . . tú

mi estrella
 mi vida
  mi aliento
   mi todo
    mi amor . . .





~~~~~~~~~~~~~~
@AljndroPoetry
2018-jul-31
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12comentarios 116 lecturas versolibre karma: 111

Que me arranco

Caminando por la zona
del Parc de l'Escorxador
me encontré a una bella dona
que cantaba una canción.
Una así muy facilona
que conoce todo dios,
esa de que "soc de Barcelona,
i que em moro de calor".

Una risa, medio tono,
y probé a cantarla yo.
Un currela, con el mono,
que pasaba, se lanzó
con bocata de micrófono
y los coros abordó.

Dos abuelas y su nieta
se pusieron a bailar,
taconeo de chancletas,
el tablao es la ciudad.
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6comentarios 85 lecturas versoclasico karma: 105

Pertenezco a esos días...

Días color naranja,
con aroma a frío,
abrigados por el sol.

Dicha de una inocencia
sin gusto a realidad.

El tiempo hizo de las suyas.
El invierno siempre regresa.

Se siente el frío,
vuelven esos días,
vuelven sin color naranja,
sin calor del sol.
Sólo vuelven esos días...
Y traen frío!
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2comentarios 50 lecturas prosapoetica karma: 60

Gajos de mandarina

Contando entre la tercera costilla y la primera bocacalle a mi izquierda, se encuentra el Pub de las patadas de harina. El de las naranjas amargas y las pequeñas mandarinas.

Cuando la vida hace zancadillas, me paso un rato, suena mi canción favorita y le digo al camarero que me sirva nuevas facetas, bien frías.

Hielo, hierbabuena y un toque de lima.

En un cuenquito amarillo acompaña ganas mojadas en pica-pica. Y me envuelven en el impulso de saltar más alto, de cantar de noche y de soñar de día.

No hay posavasos en la barra, y sí muchas flores naturales. No importan las marcas de agua, son señales de haber sentido (vivido, sufrido, reído, caído, volado, amado, soñado, luchado, mirado, tocado).

Con cada melodía, una amapola, un alhelí o una horquídea.

Me encanta quedar allí con los amigos. Me envuelven en risas, abrazos y ganas de vida.

[Nota mental número dos millones quinientos veintisiete mil (uno): cuando quieras gajos de mandarina, no esperes a ir a este pub sólo cuando lleguen patadas de harina]
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29comentarios 121 lecturas versolibre karma: 117

Un día de esos...

Despierto de mi exilio
con ésta espina en la sonrisa,
sensación de que hoy será uno de esos días.

Sí de esos días en los que te levantas
con dos pies izquierdos pisándose entre ellos,
uno derecho dándote en el..... bueno....
donde la espalda pierde su buen nombre.

Con un ojo en la frente
sin la posibilidad de verlas venir,
de esos días que mejor callar
que ciento volando...

Como no, a desayunar y no
tengo cuchillos con los que matar
mis ganas, o untar la mantequilla
en el pomo de mis despedidas.

Uno de esos días, de los que
cuando piensas que no puede empeorar
abro la puerta, escapando
de mis silencios musicales,
me encuentro mi vecina,
no por dios, (o por tries)
me enseña por enésima vez
sus juanetes operados,
su lista de medicamentos
cuál pócimas para mi suicidio.

Por fin, con el aire exfoliador
de recuerdos y ausencias,
voy saltando entre errores
sin darme cuenta que me
he puesto la camiseta,
sí esa con la leyenda
" Hoy será un buen dia,
hasta que venga algún
tonto y lo arregle..?
[o era que lo reviente...?]

Perdóname padre porque he pecado...

Amén
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22comentarios 157 lecturas versolibre karma: 119

Días descomunales

Lamento no escribirte por los medios electrónicos
sucede que estoy tan ocupado escribiéndote en mi vida
que se me olvida que un mundo alterno al real existe.

Lamento no tener tiempo para escribirte,
sucede que estoy tan ocupado inventándome tu abecedario
para escribir tus líneas en mi vida
de este lenguaje que no entiendo cuando tu lengua
me atraviesa las sensaciones de que nunca, por más poliglota
que llegue a ser, comprenderé la dulzura de tu saliva
porque esa no debo entenderla;
simplemente, debo dejar que me vuelva loco
cuando sigo sin saber por qué demonios no te había escrito.

Lamento no poder escribirte, no porque no pueda
sino porque ya no estoy cuerdo, no sé qué demonios es escribirte
cuando mi mente está tan ocupada pensándote
y mis dedos tan tontos acariciándose entre sí mismos
buscando el recuerdo que tienen de tu piel.

Disculpa si no te he escrito, no soy un hombre cualquiera
soy un loco especial, encerrado en el manicomio de tu sonrisa
que necesita que su protagonista lo salve, susurrándole al oído
que no hay historias de princesas y dragones
sino de locos y dramáticos que en nombre de un tal amor




convierten los días comunes en días descomunales.
2371M47
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Soledad amorosa

Soledad amorosa.

La brisa de la tarde
sobre la hierba mojada
coloreado el horizonte
color de plata.
Allá en la hondonada se ve
un paisaje color naranja
sobre la ladera camina
el hombre enamorado de su amada.
Sol de diamante brilla
en la puerta sin hora.
Llegando al lado uno
su sombra vecina se agarra.
Pájaros silvestres cantan
volando de árbol en árbol
rama de rama
soñando un mañana con su amada.
Brisa mojada
amorosa soledad.
Paisajes color esperanza, amaneceres con aroma a incienso..sombras que se disipan en el claro alba de los días, donde piel y verso se conjugan para crear un instante de perfección absoluta,
Soledad.
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2comentarios 96 lecturas versolibre karma: 92

Sin motivo

Porque en este día me duele el alma y sin motivo me oculto me niego a escuchar el trino simple del ave simple que simplemente le canta al día.
Porque en este día me duele el alma y sin motivo al despertar añoro el sol que llegaba en tu mirada.
Hoy que me duele el alma un deseo pido vida, no te vayas sin mirarme y solo por un segundo…abrígame que tengo frio.
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1comentarios 146 lecturas versolibre karma: 50

Mejor por la mañana

Bendita sea mi suerte
que al darme la media vuelta en la cama topo con tu imagen.
Una imagen que queda sellada en mis pupilas y despierta mis neuronas.
Y cuando te mueves hay tempestades de belleza en la habitación y la olor de tu piel inunda mi razón y no hay palabras solo silencio y enredo dedos entre tu pelo hermoso color avellana , suave como hilos de seda, y te giras y tu mirada sonriente se clava en la mía diciéndome que tu mejor hora para amarnos siempre fue la mañanera.
Y me escurro por las sabanas y me enredo en tus largas piernas.
Tu piel de melocotón, con olor a coco, tus pechos punzantes,
y me pierdo en otro universo al llegar a tu ombligo que es un remolino de sensaciones al lamerlo y me llaman con ansia de mas abajo y respondo al aviso con un beso que se funde con el calor de tu volcán a punto de estallar.

Y mi lengua te ama con insistencia porque tu cuerpo cada vez pide mas amor y te lo doy sin queja alguna.
De que me voy a quejar, si no me canso de dar gracias al cielo por tenerte bajo mi lengua y un estallido de sabores y colores empapan mi boca y tu cuerpo se retuerce abrazada a la almohada.
Y unos buenos días envueltos en placer salen de tu linda boca.
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12comentarios 131 lecturas versolibre karma: 52

Malo no, lo que le sigue

¡Ayyyy de esos días donde todo sale mal! Las cosas más pequeñas, más insignificantes o rutinarias, por arte de magia se transforman en odiseas o terremotos que nos dejan nada en pie. La presión del pecho sube tan alto que desbordo por los ojos y no, no me hace sentir mejor o más liviana. ¡Al contrario, me siento fatal!
Me miro y con sabia compasión me digo mil veces, y a veces muchas muchas más,
- ¡No seas tonta! Todo tiene una solución en la respuesta; existe una razón de suceder para cambiar. ¡Tonta! Es un vaso de agua, no un océano sin costas a la vista... -
Me escucho atentamente, asintiendo con la cabeza y dejando asomar una sonrisa de
- ¡Es verdad! Tenes razón... tenemos razón... tengo razón. Estamos todos sanos, el trabajo existe, el techo no nos falta ni el poder elegir el menú del día. Soy... somos, unos privilegiados de la vida. -
Pero en cuanto me doy la espalda, vuelvo a estallar de impotencia. Y es que la suma no me da; me faltan cosas buenas que compensen esa batería de echos desafortunados con los que me bombardearon hoy.
Sé que podría sentar a mis hormonas en el banquillo de los acusados y sin necesidad de un abogado, declararlas culpables sentenciándolas a la silla eléctrica. Pero no. Tal vez sean partícipes necesarios, pero culpables, lo que se dice culpables, no.
Por lo pronto, mis mariposas están con un ataque de indigestión, mis pies necesitan caminar por las paredes y el impulso me lleva a revisar las ventanas para elegir una y tirarme. Considerando que vivo en planta baja, ni siquiera para chichón serviría mi gesta.
Así es que, subo el volumen de la música que más me duele, porque a mazoca no me gana nadie. Sólo queda esperar que siga su curso y termine de sopapearme hasta que me duerma y rezar... rezar porque el insomnio no me visite por un vaso de agua desbordado de tonta angustia y ansiedad.
Gracias al cielo no me compré un enano, porque como dice el dicho, seguro me crece. Y como método de supervivencia, me mantengo lejos de las tostadas con mermelada, porque el piso, también lo limpio yo.
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sin comentarios 225 lecturas relato karma: 54

No hay días grises

No hay días grises
en el fondo de tus ojos,
ni tormentas que tus manos
no sepan calmar.
No existe el abismo
si camino a tu lado,
ni el tiempo erosiona
la dicha de amar.
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6comentarios 505 lecturas versolibre karma: 63

No es lo mismo...

No es lo mismo
que las lágrimas tengan sus días...
a que cada día tenga sus lágrimas.
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2comentarios 78 lecturas versolibre karma: 66

Otra historia de amor (parte 4)

Ese viernes Martín pidió permiso para salir dos horas antes de la oficina. Pudieron haber tenido la cita un sábado ─con más calma─, pero para Martín la fecha del viernes tenía un significado especial que le explicaría a Verónica durante la cena. Saliendo de la oficina se fue directo al supermercado gourmet para comprar esos tallarines tan particulares y los frescos mariscos, los tomates, albahaca y demás ingredientes de su receta especial de pasta con frutos de mar. Sin olvidar el exquisito vino que le ofreció a su novia. La tarde era adorable mientras conducía por las calles camino a su casa, luego de comprar las cosas para la comida y la decoración de la casa. La felicidad le irradiaba en todas sus formas, desde la calidez del atardecer con sus colores pastel, el arrullo de los ruidos urbanos; hasta las bocinas de los autos y el ritmo de los semáforos parecía ser parte de una sinfonía. Y por supuesto, la alegría de ésta cita tan especial que tendría. Los recuerdos de la primera cita y las posteriores fluian en su mente con una cadencia casi musical. Él anticipaba que Verónica se quedaría en casa todo el fin de semana luego de esa cena tan romántica y lo que le seguía.

Con una mezcla de nerviosismo, ansiedad y gozo siguió todo el ritual de preparación de la comida. Una pizca de pimienta por aquí, otras pizcas de sal por allá, el fino corte de algunas hierbas, otros cortes de vegetales, la preparación de los mariscos y demás. Mientras la pasta estaba al horno aprovechó para colocar unas velas de fragancias lavanda, vainilla, canela y otros. Era un popurri de aromas, que extrañamente no le quedó mal, ningún aroma era excesivo. Derramó algunos petalos de rosas en la entrada de la casa, otros cuantos por su sala y comedor y muchos más en el dormitorio. El ambiente estaba listo y aunque el arte de decoración romántica no era su fuerte, al parecer el resultado era exquisito a la vista y el olfato. La comida estaba casi lista. Todo a la perfección para su invitada tan especial.

Son ya las seis cuarenta y Verónica no llama desde la estación del tren, tampoco le envía ningún mensaje. Debe estar un poco retrasada, piensa Martín y se despreocupa otros quince minutos. No llega ningún mensaje de ella. Se habrá retrasado tanto. La cita era a las siete de la tarde. A las siete y diez, Martín le llama, el tono de llamada suena tres o cuatro veces y no hay respuesta. ─¿Mi amor, como va todo? ─dice el primer mensaje que le envía por WhatsApp. No hay respuesta en los siguientes cinco minutos. Una segunda llamada sin respuesta concluye con un mensaje de voz que le deja Martín. Le llama tres veces, le deja otro mensaje de voz en la quinta llamada. Le manda un sinfín de mensajes de WhatsApp en las siguientes dos horas, cada vez más alarmado, pensando que algo malo le había ocurrido. Sube a su dormitorio a recoger un sueter, la noche se había puesta fría, o era él que se estaba helando ante la situación que vivía; baja al garage y se sube al automovil, listo para ir a casa de Verónica, ─algo malo tuvo que pasarle ─piensa. Está a punto de encender el auto y el celular suena con la notificación de mensaje entrante, está nervioso, no se acuerda si lleva el celular en la bolsa del pantalón o lo puso en el otro asiento del auto, revisa ambos lados, y curiosamente lo encuentra en la guantera ─¿a que hora puse el celular allí, nunca lo hago? ─piensa. ─Estoy bien, no te preocupes ─dice el mensaje de Verónica. A toda velocidad le escribe un largo mensaje contándole lo preocupado que está y todas las cosas que pasaron por su cabeza mientras la esperaba y antes de presionar el botón de envío entra el segundo mensaje: ─Estoy solamente un poco indispuesta, mañana te llamo y te explíco─. Se queda pensativo, borra todo el mensaje que ha escrito y le escribe uno diferente, diciéndole cuanto se alegra que ella esté a salvo en su casa, que no se preocupe por no haber podido venir, que espera que se reponga pronto, que se acueste temprano y descanse bien, que si gusta puede llegar en automóvil ahora mismo y acompañarla un rato hasta que ella se quede dormida. Envía el mensaje y espera. Pasan diez minutos. Nunca encendió el auto, se quedo allí estático esperando una reacción en la pantalla del celular. Las dos rayitas azules nunca aparecen. Ese mensaje, simplemente, ya no fue leído por Verónica. ─Estará muy indispuesta ─piensa y sale del auto y regresa al sofa de su sala. Por su mente pasan un sinúmero de pensamientos e ideas, algunos con matices de ansiedad, muchos otros negativos y finalmente se queda dormido.

El día siguiente Verónica no responde sus llamadas ni sus mensajes. Él está muy preocupado. Decide que pasará a su apartamento a verla ─debe estar muy mal de salud ─piensa. Antes de salir del trabajo le envía mensaje indicando que llegará a verla y le lleva un poco de sopa de pollo para que le levante el ánimo. Casi de inmediato Verónica le responde que tiene una variedad de influenza excesivamente contagiosa, que el doctor le aconsejó no recibir visitas ni ir al trabajo en los próximos días. Le ruega que por favor no llegue, que no quiere contagiarlo y que incluso él perdería días de trabajo. Martín nota algo raro en toda la descripción que le hace Verónica, algo no anda bien.

Los días siguientes Verónica sigue evadiéndolo y finalmente, al parecer sin fuerzas o valentía para verlo en persona y contarle lo que pasa, le envía un kilométrico mensaje de WhatsApp diciéndole que la perdone, pero que necesita espacio, que ya no puede seguir con esta relación, que no es culpa de él, que es algo que le pasa a ella. Que algún día tal vez le explique. Que incluso saldrá de la ciudad unas semanas. Que no la busque, que no insista y sobretodo que la perdone. Que él merece alguien mejor que ella, alguien que de verdad valore el tipo de hombre que es.

Ese viaje de regreso a su casa, en el tren, le parece a Martín que dura una eternidad. Una tristeza y desesperanza profundas lo embargan. Siente un frío glaciar en medio de la tibia tarde soleada. La tarde para él es nublada, muy gris, nada que ver con los destellos de naranjas y lilas de la acuarela del cielo.

Seis meses después... el sonido de la alarma despertador del celular rompe la pesadilla de madrugada que está teniendo. Esa recurrente que le roba calidad a su sueño. Qué ganas de lanzar el celular contra la ventana. Qué ganas de hundirse en la almohada, de dejarse caer en el abismo de los últimos minutos de sueño, para realmente exhalar su último hálito de vida, allí, en esa soledad de pesadilla; finalmente morir, sin paz.
El brillante sol que atraviesa la ventana de su dormitorio, la verdad, entra en escalas de gris por las ventanas de su alma. En la cocina, una bolsa de pan viejo que empieza a enmohecer. Un queso crema vencido. Un poco de café hecho hace unas cuarenta y ocho horas ─quizás setenta y dos─. No importa, igual, no hay ganas de comer. Le hinca apenas una mordida a una manzana que ni se acuerda como llegó a su cocina. Se demora más de lo usual en la ducha, no porque disfrute el baño caliente, sino porque le escurre tanta tristeza junto con las gotas de la regadera y no quisiera dejar el baño hasta que toda ella le haya abandonado. Pero no es posible. Esta siempre se queda.
Sale de su apartamento en el cuarto nivel de ese viejo edificio. No nota las gradas de cuatro pisos que baja, no nota las cuadras que camina por esas calles algo sucias y olvidadas. Llega temprano otra vez a su estación del tren, por si acaso Verónica decidiera viajar más temprano para no toparse con él.

Así comienza ahora Martín sus mañanas, luego de mudarse a vivir al mismo edificio en que vivía Verónica, para estar más cerca de ella cuando volviera de su viaje de cortas semanas. Y aunque a los treinta días se enteró que Verónica se había ido a vivir con su antiguo novio ─indiscreciones del jefe de mantenimiento del edificio─ ya no tuvo fuerzas para mudarse de vuelta a los suburbios donde vivía.


@SolitariAmnte
vi-2017
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22comentarios 193 lecturas relato karma: 91

Mimetismo

Muchas veces
desfallezco en este viaje continuo,
camino de no sé dónde,
con la prisa pegada al zapato
que aguanta mis pasos
que ya casi corren,
intentando que no se les note
el vagar perdido.
Esas veces, esos días,
sufro vértigo
desde muy temprano.
Sentada en el colchón,
siento el suelo lejano
y lo miro
como quien contempla
el mundo desde el borde
de un precipicio.

¿Por qué va todo
tan rápido?

Mis versos no consiguen
encontrarme.
Soy propensa al escapismo
si me hablan de cadenas
y mis dedos bailan la danza
del nervio
frente al folio en blanco.
Odio estas veces, estos días
en los que hay demasiado espacio
entre tecla y tecla,
en los que un conciliador mimetismo
delata las horas muertas
y hago un camaleónico esfuerzo
para respirar.
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En tres días

Es muy gracioso,
en ocasiones celebramos
los aniversarios
y no los cumpleaños.
Dedicamos más tiempo y esfuerzo
al día de casados,
del orgullo
o de la muerte
que al del nacimiento.
Y es que al nacer tienes toda
la vida
por delante,
ya sea que vivas
Cien años, días u horas.
Tal vez por eso
no se celebre tanto
mientras se puede.
Y por eso tal vez
no se quiere dejar de celebrar
una vez el nacido
tumba los pies.
Y es entonces cuando
se comienza a festejar
esa cantidad
de fechas
en soledad.
Y las raíces, retorcidas,
vanse soltando del tiempo
a medida que este
nos suelta de la vida.

Pero de momento,
en tres días,
otras raíces vendrán.
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