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La última fila

Mi padre era alcohólico,
casi siempre estaba ausente.
Excepto cuando nos dedicaba
temerosas muestras de cariño
o excesivas de violencia.

Mi madre se enamoró de él
y se casó muy ilusionada.
Nunca más estaría sola, pensó
hasta que,
diazepam tras diazepam,
olvidó aquel desvarío
dedicando sus pocos momentos de lucidez
a llorar agarrada a los barrotes
del cabezal de la cama.

Los recuerdos felices de mi niñez
siempre acababan de forma terrible.
Era el niño que se sentaba en la última fila
y vivía feliz en su mundo.

Pero siempre había alguien dispuesto a sacarme de él.

En casa o fuera de ella.

Y con el tiempo aprendí, observando a los animales que me rodeaban
que uno sólo puede llegar a realizarse revolcándose en el dolor ajeno.

Nunca saqué muy buenas notas
pero acabé el instituto
entre el humo de la marihuana y
las canciones de los Smiths.

Escribiendo mis propios poemas sobre la mesa.

Un día mi profesora leyó uno de ellos
y vi, por primera aquella mirada.

La que significaba que detrás de aquel chico triste y solitario
se escondía alguien capaz de ser deseado,
porque la intensidad de mis pensamientos
rozaba la enfermedad mental al tiempo
que atraía los gemidos de placer más profundos.

Aquellos que siempre había escuchado en mi mente,
los que van a mezclarse ahora con tu dolor.

Esta noche tu vida acabará, con ella tus anhelos,
Las buenas notas que hacían sentir a tu padre orgullosa,
las vacaciones de verano en una bonita casa en la playa,
todos aquellos novios de una noche a los que te entregabas
como una guarra, sólo suplicando el afecto que te faltaba
y alimentando la sensación de ser deseada que te perdía.

Esta noche la sentirás, yo me encargaré de ello.
Viajaremos al fondo de mi subconsciente
para hacer realidad por fin mis deseos más ocultos.

Siempre te acercaste a mí por considerarme inofensivo,
razón por la que me contaste todos tus secretos.

Hoy seré yo quien te cuente los míos.
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5comentarios 78 lecturas versolibre karma: 90

Fiebre

Fiebre

Soñé que tenías fiebre
y, entre sudor y temblores,
nos abrazábamos
mientras me repetías
que no te dejara ir.

Soñé que te atrapaba entre mis brazos.
Soñé que desaparecías para siempre.
Soñé como un insecto,
observando la escena pegado a la pared.
Desde arriba te mataba.

Me he levantado con fiebre esta mañana.
He desayunado un poco y me he vuelto a dormir.
La energía fluía
y escapaba lentamente de mi cuerpo.
Soñé que toda aquella energía podía destruir todo el universo.

Y, desde algún lugar,
una presencia extraterrestre me observaba.
Convencida de que mi mal no tenía cura,
arrancaba su nave a máxima velocidad
para destruir nuestro planeta.
El que soñamos tú y yo,
desgastando el sexo, sudor y nuestras lágrimas.
Alimentándonos sólo de la fiebre,
del deseo de ir más allá.

Ahora me encuentro en el purgatorio
y la escena se repite constantemente.
Llegan y lo destruyen todo.
Yo tengo fiebre y tú también.
Nos abrazamos y tú desapareces.

Porque esta noche he aprendido
que sólo puedo detener esta locura
abrazando fuerte tu cuello,
esperando que llegue el momento
en el que, por fin,
dejes de respirar.
Ésa es mi última posibilidad
de proteger nuestro mundo.

Y veo criaturas en las paredes,
vienen a por mí,
tiemblo sólo con la posibilidad
de pensar que podrían
volver a tocarme.

Abrazado a ti,
tiritando,
pensando en la posibilidad
de que vengan a buscarnos
de que esta fiebre acabe,
porque es lo único que nos mantiene vivos:
La necesidad de malgastar todas nuestras fuerzas
hasta quedarnos agotados,
tumbados el uno al lado del otro,
risa con risa nerviosa,
sólo esperando que nuestros cuerpos dejen de temblar
y nuestros sexos dejen de doler.

Y descubro la posibilidad de una noche más.
Deja de estar en guardia el universo.
Los moratones poco a poco desaparecen.
Puedo volver a besar tu precioso cuello.
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Un gran porvenir

Mi madre se casó muy ilusionada.
Todas las mujeres consideraban
que mi padre era un hombre bastante guapo
con un gran porvenir.
Pero, lo que más le importaba a ella,
era toda la retahíla de atenciones que le dispensaba.
Con él nunca estaría sola.

Pasaron los años, entre medias yo nací,
mi padre pasaba cada vez menos tiempo en casa.
Normalmente no salía del bar hasta que el camarero,
cada día de manera un poco menos educada,
le instaba a hacerlo aunque no quisiera.

Echaba la culpa de todos sus problemas a la crisis industrial
pero yo podía sentir la vergüenza que sentía
las pocas veces que se animaba a dedicarme temerosas muestras de cariño
para compensar el color gris de nuestras paredes.

Después empezaron las explosiones de violencia,
y lo que debió ser una niñez plena de recuerdos felices
se vio alterado por el llanto de una madre,
que diazepam tras diazepam, había olvidado sus desvaríos
aferrándose a los barrotes del cabezal de la cama.

Miraba a los otros niños desde un pupitre de la última fila.
La profesora me miraba con desprecio desde la pizarra.
Mis compañeros siempre se percataban de mi presencia
cuando necesitaban alguien con quien meterse
y no para jugar al fútbol,
escogiéndome siempre al final, de mala gana,
cuando había que organizar los equipos para un partido.

En fin, sólo me hallaba feliz dentro de mi mundo,
cuando imaginaba que tenía alas y podía volar
o una espada con la que cortar las cabezas de todos mis enemigos.

Aquellas imágenes me acompañaron desde que tengo memoria,
fueron ellas y la literatura los únicos lugares en que me sentí importante,
pero siempre estaba ahí la realidad dispuesta a sacarme de mis ensoñaciones.

Y con el tiempo aprendí, observando a los animales que me rodeaban
que uno sólo puede llegar a realizarse revolcándose en el dolor ajeno.

En el instituto me reinventé, era aquel chico triste y solitario
que se había comprado una chaqueta negra
con la palabra odio escrita en la espalda.
Yo me regodeaba en mi interior,
cada vez más, gracias al dulce humo de la marihuana
y a aquella música que potenciaba mis sueños
que, día tras día, se teñían color rojo, odio y rencor.

Nadie se preocupó nunca de los secretos
que se ocultaban detrás de mi mirada
hasta que llegaste tú,
preguntándome por aquellos poemas
que escribía en aquella libreta negra.

Te gustaban aunque nunca llegaras a comprenderlos del todo,
te parecían crueles y cercanos al trastorno mental
y siempre me regañabas por su oscuridad.

Tú, una persona cuya única preocupación en su niñez
fue la de crecer y ser feliz.

Me consideraste el amigo inofensivo
al que podías contar todos tus secretos.
Y, poco a poco, te dejé entrar en los míos
protagonizar las primeras fantasías
con las que me masturbaba,
donde mi placer se mezclaba con tu dolor.

Y es por eso que ahora te escribo esta carta
mientras estás tirada en alguna parte de ese bosque
donde lo único vivo son los insectos que devorarán tu carne.

Se acabaron las buenas notas
y los ánimos que te dedicaban tus padres,
tan falsamente amables conmigo y tan orgullosos de ti.

Se acabaron las vacaciones de verano,
tus historias acerca de todos aquellos tíos
a los que te entregabas
sólo por sentirte deseada.

Se acabó la universidad,
formar una familia,
trabajar como abogada defendiendo causas perdidas,
tantos y tantos viajes que tenías planeados.

Adiós a un gran porvenir que siempre todos te vaticinaron.

Esta noche hemos viajado al fondo de mi subconsciente
y, gracias a ti, he podido realizar mis deseos más ocultos.

Durante tantos años, he sido yo el guardián de tus secretos.

Por eso te lo debía, esto: ser la silenciosa guardiana de los míos.
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El Mar Le Hace Compañía ...

La soledad que esa mujer sentía por dentro,
Tal vez la fragancia del mar refrescaba su alma de arena,
Tal vez el ruido del mar le hacia compañía su silencio,
Tal vez el sol le rejuvenecía recorriendo en aquel paisaje
Su juventud perdida en el tiempo.
Y así la mujer se sentía liberada ante el mar que la acobijada en sus mojadas manos...
Mientras el amanecer caía ante sus ojos olvidaba la melancolía
Mientras las estrellas ella mira y...
El mar le hace compañía en su soledad
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15comentarios 124 lecturas versolibre karma: 105

La palabra

La palabra

La palabra escrita no se pierde en el aire
la palabra escrita no se puede callar
grita cuando nadie la quiere escuchar.

Hay oídos por donde las palabras
no pasan y se convierten en agua
escapando entre los dedos

Se escribe para recordar y perpetuar.
escribiendo se ama, se enamora se seduce
se puede, odiar y hasta maldecir.

Escribo porque no sé escribir,
simplemente las palabras brotan
como manantial de las mismas entrañas

Escribo para sentirme viva
porqué a mis manos un lápiz y un papel
son como una amiga siendo mi mejor aliada.

MMM
Malu Mora.
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17comentarios 137 lecturas prosapoetica karma: 89

Flamenca

Una luz íntima envuelve el cuadro
y todo se conjuga,
para dar sentido al rasgueo
de una guitarra que llora.

Rompen las palmas
uniéndose a un cante desgarrado;
arrastrando en un quejido
el apasionado baile de una flamenca.

Con gesto fruncido y dominante,
la intensidad de su mirada
es un constante desafío,
reflejando el ardiente fuego
que ha crecido en sus entrañas.

Evocando mil andaduras
en un indómito
y salvaje taconeo contra el suelo,
proyecta un afligido lamento
que arquea
y tensa su cuerpo cimbreante,
mientras los dedos de sus manos,
dibujan en el aire
el sentimiento que le embarga.




Publicado en la Asociación solidaria cinco palabras:
cincopalabras.com/2017/11/26/escribe-tu-relato-de-noviembre-v-rosi-de-
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8comentarios 106 lecturas versolibre karma: 89

Siempre elegante

Como Hades emergiendo desde la profundidad de mis entrañas,

el otro día casi te deseo el mal.

Pero lo hice bien,

deseé tu caída amortiguada sobre ese lecho neumático,

del color del que nunca tintaría mi cabello.


Lo hice bien, sí.

Porque estando a finales de verano,

una sabe que no puede pedir primaveras tardías,

y hay un estatus de madurez y maestría que mantener.


Para que no corra la sangre, corre la tinta,

y te escribo sobre fases lunares,

con la esperanza de que entiendas mis cíclicos demonios.


No hallarás nada más puro y veraz,

contenido entre curvas y sensuales aromas.


Porque en ese lugar en el que temo tu orden,

yo desordeno la ropa y silencio los insomnios.
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11comentarios 205 lecturas versolibre karma: 97

Había una vez… “2” Cuentitos de horror y humor, sin pudor…

Había una vez… “2” Cuentitos de horror y humor, sin pudor…
Viviendo en los sueños…


Que sean felices y amados, nunca robados, nunca con finales de olvido, siempre aunque aburran repetidos hasta que los acabe un beso en la frente al final.

Y más personas que sin mundo se tomen las manos, se amen humanos, se acepten defectos, se amen sin promesas, desde celdas lejanas, entre condenas y presos, esperando otros tiempos mejores que estos, para amarse tras la misma reja, felices en un cuento sin perdices, ni finales y siempre puntos suspensivos…

Te Amo tanto que mi alma tiene cadena perpetua por culpa de la sangre de tus venas, que cuando no cantas me desvela porque arde y arde sin acabarse la vela…

Y sabes, que No hay borrón y cuenta nueva que te esconda, porque siempre te encuentro dando vueltas, sin decir nuestros nombres, y ahora dejas el silencio y hablas dormido, mientras yo sin cuento hago que te olvido pero no, no puedo, lo tengo por mi misma prohibido…


Vamos por las noches con cosquillas para que no falten las risas y con los ojos cerrados por los sueños, aunque acabemos en el suelo por no ver desnudos a donde vamos…


Había una vez un pequeño inquieto que visitaba a sus sueños siempre despierto, les cantaba en vivo hasta morir en su pecho, de nube en nube, de cuento en cuento, y sin cansarse, porque estaba casado volvía temprano a cambiar pañales, con la cola de diablo entre las piernas y las piernas cansadas, con el corazón lleno de amor para su enamorada, con la corona de Ángel un poco sucia y desgastada de tantos

saltos en la vía pública, culpa del smog de los humos, de las venus desnudas que calentaban motores en primavera y no dejaban diablos callados sin hacerlos goce…Había una vez, si, pero me salte las partes donde yo me crucé en su nube, y me caí… Por eso le empecé a escribir…

Una noche hicimos castillos de arena, armados de correrla mientras nos amamos, y con suspiros les hacemos las ventanas las torres y las puertas, para luego meternos, y quedarnos escondidos del mundo, Bien adentro…


Te beso las entrañas, porque ellas, en su espacio interior me extrañan horrores, desde que no las destripo para sacarle cada suspiro y hasta el hipo, donde repito de comerte y tragarte apurada, para devolverte a tu vida envuelto en un orgasmo de ensueños sólo, sólo, y sin rimas nuestro.

Te espero en el ascensor de los sueños, sin vecinos curiosos, entre medio de cualquier piso, con los espejos empañados y los otros mirándonos. Sin poder taparse los ojos, para que nos podamos ver mientras amamos al sueño, mientras subes y bajas indeciso y yo mordiendo en tu lengua un grito, en el entrepiso del descanso.


Noche de te llevo y me llevas y nos vamos de las manos y sin querer corriendo

Yo te dejo ungüento para que pases en tu pecho para mi resfrío cuando apoye el mio y la polla quiera poner huevos mientras cacareo un cuento desde el gallinero donde estamos presos y no hay gallina que no deje de envidiar mi polla, ni gallo que no quiera la doble pechuga mientras desplumamos nuestros sentimientos y luego me quedo ampollando los te quiero desde lejos viendo como vuelas con tus sueños a tu puerto, a tu granero…

Hay cuentos que se ahogan en sus bosques de hadas, cuando buscan duende de orejas largas, hay otros que se leen en la arena de los desiertos, hay microcuentos que atraviesan mares para besar los sueños, aunque sea en silencio, y aunque son puro cuento siempre a alguien, le hace ilusiones, que los soñemos…


Se duerme el Príncipe sapo y la princesa en la torre llora, porque no pudo besarlo… Porque lo vio desde arriba tan guapo de verde limón en la fuente y no pudo tirarle monedas para cambiar su suerte, para que no se duerma lejos de su torre, que no puede bajar, que no tiene escaleras y le da pena anudar sus sábanas vírgenes de seda…

Ella le dijo no te quiero y clavo un alfiler en su pecho para no sentir el dolor de estar mintiendo, para que el corazón sólo notara el alfiler y no se enojara, por mentirosa… ella le mintió y ahora la luna no la mira y el mar ni un hola y la arena se esconde en relojes de tiempo perdido para que no lo encuentre, cuando sueñe, ni lo llegue a abrazar cuando esté dormido…

Buenas Noches… (Lola)

soundcloud.com/lola-bracco/habia-una-vez-2-cuentos-para
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A la soledad yo la acompaño

A la soledad yo la acompaño
para que no se sienta sola
un café por las mañanas
un buen vino por las tardes
ella atenta a mis lecturas
en silencio sigilosa
va siguiendo mi escritura

"Mientras oímos música
de antaño como fondo"


No sé sin mi que haría
se ha encariñado conmigo,
ella, buena musa ha sido,
yo su total compañía.

¿Separarnos ?
¡ ni pensarlo!

Ella y yo somos
como esa antigua poesía
de la época de las cruzadas
la cual así rezaba;

"Un caballero tenía
un daga atravesada
en medio de sus entrañas,
muy serio dijo el galeno
si se la dejo se muere,
si se la quito lo mato"


Así se volvió la ingrata;
la soledad es como una daga
si me la quedo voy muriendo
y si me la quitan me matan

MMM
Malu Mora

Imagen de tomada de internet
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12comentarios 112 lecturas versolibre karma: 138

Lucha libre mexicana

Lucha libre mexicana

Normalmente sólo espero que me hables
para que me digas obviedades
y me recuerdes que todo es mentira.

Yo me escondo en la literatura,
y me decido a cambiar el mundo desde aquí.
Puede que sea un ejercicio de futilidad
pero son sólo unas letras
y me siento más feliz:
Siento que ya no comparto mundo con vosotros.

La mayor virtud de la humanidad
es que no necesitará de un destructor de mundos.
Se destruirá por sí misma
Adelantando el cambio climático,
construyendo armas cada vez más destructivas,
alabando y normalizando todo ese racismo,
el odio al diferente y la polarización.

Discursos emocionales que agradan a las masas
que a su modo también son literatura
y, por eso y sólo por ello,
cambiarán el mundo a peor.
Entonces repito:
Muerte a la literatura.

Pero vuelvo a sentarme en la pantalla del ordenador
acompañado de todas estas letras
y no cambio el mundo,
ni siquiera consigo mitigar mi enfermedad,
sólo sentirme un poco mejor,
más consciente de mis pensamientos,
más cercano a ti.

A pesar de todos tus reproches,
de las discusiones alrededor de la nada.
A pesar de no tener ya ni tiempo para escribir,
o tomar unas cervezas y hablar de lucha libre mexicana.
A pesar de que todas nuestras conversaciones
acaben remitiéndonos siempre a ese bicho
que metimos en nuestra casa.

Porque ahora la literatura es verla crecer,
imaginar como será dentro de diez o veinte años
y calcular, siempre sin acierto,
cuánto de lo que ella llegue a ser
dependerá de nosotros.

Y después por las noches
tú duermes abrazada a ella
y yo sigo soñando con el santo,
con la lucha libre mexicana.
Escribo un guion
en el que da su merecido
a todos esos malditos burócratas
que sólo sueñan con cuadrar los números.

Y en la literatura del sueño
puedo despertarme todavía soñando
que yo soy él.
Observar vuestra perfecta respiración,
y recordarle,
que no ha de tener miedo
ni a las brujas ni a los monstruos,
mucho menos a los hombres enmascarados
que vigilan agazapados en una esquina
y, piensan si ella siempre podrá dormir así de bien.

O, en momentos que dedico sólo a nosotros,
en llevarte a la habitación de invitados,
y hacerte una foto
en el instante preciso,
Porque creo que nunca te lo he dicho,
pero nunca eres tan joven
como cuando tienes un orgasmo.

Y eso es todavía mejor
que la lucha libre mexicana.
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Degradación

Mi mente se degrada,
puedo sentirlo,
en cada error que cometo
y me empeño en negar,
cada vez que te ataco sin sentido,
al encerrarme en un rincón
y gruñir, y aullar como un lobo
solitario, hambriento y asustado.

Mi mente es mi único hogar,
y cada vez me resulta más difícil
sentirme cómodo ahí dentro.
A veces pienso que me sustituirá
un nuevo inquilino,
alguien que me resulta extraño.
Tanto, como la persona
que habitaba este lugar
hace ya veinte años.

Cómo pretendes que te conteste
cuando me preguntas cómo estoy.
Ya ni siquiera estoy seguro de ser
la persona con la que hablas.

Me invade la amnesia y la tristeza.
E intento construir recuerdos felices
entre los sueños de un mundo que se derrumba.
Un mundo sin las agallas suficientes
para llevar esa tarea de destrucción hasta el final.
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Oxígeno

Conviertes mis defectos
en nuestras virtudes.

Tú eres el oxígeno
recorriendo mis arterias.

Eras la sonda que recorría
el espacio exterior
en busca de vida inteligente.
Y me encontraste a mí.

Eres la emoción,
la vida en su máximo esplendor
y yo el espíritu autodestructivo.

No somos el día y la noche
sino las tinieblas iluminadas
por la luna llena
y una tormenta de meteoritos.

Destrozan todo a su paso,
Provocan grandes maremotos
y hacen que caigan
los más grandes edificios.

Somos lo contrario a una humanidad aterrada.
Una mañana de domingo,
sentados en la azotea de algún edificio,
disfrutando del espectáculo.

Somos los que siempre
encuentran un camino
entre las ruinas.

Eres mi apoyo.
Quien perdona mis pecados
e insiste en seguir hacia delante.

Soy el guardián de tus malos pensamientos.

Un conjunto de proyectos,
errores y promesas incumplidas.

Sólo contigo
tengo la sensación
de ser capaz de todo.

Porque eres también,
el oxígeno,
que alimenta todas mis letras.

Eres el mejor sabor
cuando me metes
la lengua en la boca.

He aprendido, con el tiempo,
a saborear tu sexo.

Puedo olerlo tantas veces,
cuando te acercas a mí.
Y tú no te das ni cuenta.

Y, por muchas veces que nos aboque al desastre
cada día iniciamos una nueva revolución.
Masacramos palabras,
destrozamos armonía
y gritamos hasta quedarnos sin oxígeno.

Eres, deja que te lo explique mejor
porque cuando te miro
veo caer la arena de los relojes
cayendo a diferentes velocidades,
enanos voladores de color verde,
los ríos caminando hacia el mar
y criaturas alimentando a sus crías.

Eres la luna que ilumina a Marion Cotillard
en Midnight in París.

El Angelus novus que observa el mundo,
catástrofe tras catástrofe.
Reconstruyendo todas ellas,
generando nuevas ilusiones.

Eres todas las pinturas
desde Saturno devorando a su hijo
hasta el beso de Klimt.
Las puertas del cielo,
una nueva deidad.

Eres, esta vez te lo digo yo a ti,
mi otra mitad.
Mi deseo irrenunciable.

Mi único amor sincero,

El resto de los días que me quedan por vivir.
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Esperando

La cenicienta se aburre,
no ha sido invitada al baile.

Blancanieves no se despierta,
ni siquiera con los besos de mil príncipes.

Rapunzel nunca sale de su torre
y no llega a descubrir el porqué de los farolillos.

Elsa construye un castillo de hielo
que nadie nunca encontrará.
Se quedará ahí a vivir para siempre
atrapada,
como el resto de las princesas.

La sirenita ya no aspira a una vida
fuera del mar,
no descubrirá nuevos mundos
ni conocerá el amor.
Se pasará la vida esperando.

Como esperando se queda la princesa en el castillo.
El príncipe se muestra incapaz,
no puede acabar con el dragón.
Se burla de él,
disfruta del mero hecho de tenerla atrapada
y sueña con coleccionar princesas
mientras busca nuevos mundos que arrasar.

Coo los soldados que descubrieron el nuevo mundo.
Encerraron en una jaula a Pocahontas
junto con toda su familia.

La misma compañía de tantas princesas
que se pasan la vida esperando.
A que empiece el colegio.
A entrar en el instituto.

Esperando que acabe la tortura
de los mensajes en las redes sociales
y las palizas grabadas en los cuartos de baño.

Esperando conocer un hombre que las valore por sí mismas.
Tener su primera cita, su primer orgasmo.
Disfrutando sólo de esperarlo.
Al tiempo que espera que él venga a casa,
borracho y de mal humor,
soportando los insultos,
los estallidos de rabia.

Esperando el nacimiento de sus hijos,
nueve meses,
mientras recibe los primeros golpes.

Él le pide perdón demasiadas veces
y ella espera que alguna de ellas sea la definitiva.
Sueña con el borracho,
tirado durmiendo en el sofá
un golpe seco en la cabeza,
después otro,
y otro más,
y otro más.

Arrastrarlo al jardín,
donde las ratas buscan comida.
Hasta que al fin desaparezca.

Pero los sueños, sueños son.
Sus hijos crecen y se van de casa.

Esperando a subir en las listas para ir a una residencia
con la espalda destrozada de fregar platos.
Compartiendo habitación con él,
que pierde la memoria
y es cada vez más dulce
y más dependiente.

Esperando entre esas cuatro paredes.

Esperando.
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Ternura

Maldita sea la belleza de tus ojos,
cierro los míos y vuelvo a tu mirada,
destino indigno el de tenerte cerca,
ver tu cariño es miel amarga,
aún así no sé cómo regalarte el alma.-

Nunca podré alejarte amado mío,
a tu visión prendada esta mi entraña
Tal vez si ya no me sonrieras,
te perderías borroso en el olvido,
y volvería el gris plomizo,
a ahogarme en cada bocanada.-

¿Ves afuera mi silueta cada día?
Allí verás armada mi tienda
de viajera incansable que espera
otro amanecer, algún milagro,
que tiente tu ternura en la mañana.-
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El arte

No quisiste privarme de tus encantos,
y te alojaste en mis venas
incluso antes de que naciera.

Al principio,
eras ese cosquilleo en mis entrañas
de la incertidumbre y la curiosidad
por conocer.

Fuiste tomando forma
poseyendo cada recoveco
de mi cuerpo,
día a día,
año a año.

Te mostraste a través de palabras
danzando en mi cabeza,
que después tintaron
incontables folios en blanco,
de una inusual sensibilidad
que me ponía la piel de gallina,
que hacía temblar a mi alma.

Ahora puedo decir
que te has apoderado
de mi yo completo,
más allá de mi corazón
y mis huesos.

Eres una enfermedad que da vida,
y te expandes como el universo:
de forma acelerada e imparable.

Eres la causa de mi existencia.

Eres el arte.
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Por tí

Me he entrañado mil veces por querer buscar hacer lo mejor para ti, pero de tanto hacerlo me olvide de mí.
¡Sabés!
Por primera vez considero que una persona que no te permite pensar en si mismo, es una persona que no vale la pena.
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Zarpas que matan

Entorpece el cielo la mirada gris
que alerta del tiempo que pasa
como las nubes borrosas de agua
que esculpen penas eternas del alma.

La vida se enturbia con tu cara
como el bruno recuerdo ingrato
que atesora la zarpa que suprime y mata
para blindar un dolor eterno en calma.

Se pierde el miedo a la noche oscura
deshaciendo tus palabras en rima de plata
que versan cada una de tus farsas
reposando el silencio que acompaña y sacia.

Y me engancho al balcón azul del ocaso
para saltar hasta la última rama que aguarda
donde huir de tanto dolor certero,
que envenena horas y rastros,
que amarga la última luz de mis entrañas.
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