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El castillo (parte IV)

Se me había pasado por alto contarles
que come en lujosos restaurantes
jugosos bifes a la portuguesa,
y cuenta la leyenda que cuando
le hablan de su patria Rumania
escucha muy atento pero hace
como que no le interesa.

Aunque maneja sus coches
con habilidad y gran destreza
ha tenido ya en ellos un par
de accidentes muy graves
de los que su amada joven
siempre ha salido ilesa.

A veces viaja a América, donde visita
alguna que otra ciudad, entre ellas Detroit
-meca de la industria automovilística-,
y se sabe que especula con bitcoins.

Viste como nadie trajes a la moda,
se dice que le gustan Dolce & Gabanna
aunque a veces la luz diurna le incomoda
y pasa gran parte del día en pijama.

Por las noches luce su capa púrpura,
asiste cada domingo a la iglesia
y aunque con el cura no se confiesa
se entera de todo lo que allí se murmura.

Ahora tiene un vientre bastante abultado
pero con la capa y de noche lo disimula
su bienamada también peca con la gula
y por ello luce sus vestidos muy ajustados.

Espero que la historia les haya gustado
y pese a que algunas noches me he desvelado,
escribir en el estilo gótico me ha encantado
y podría decirse que hasta me he obsesionado.

(Imagen tomada de Internet)
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El castillo (parte III)

Reinaba la confusión alrededor del castillo:
el sol había aparecido hacía varias horas
el sacerdote llegó con la cruz sin demora
ya no se escuchaba el chirrido de los grillos.

Los aldeanos habían aprovechado el amanecer,
intentaron librarse de todos sus temores,
algunos llegaron incluso a plantearse retroceder,
pero el alcalde había hecho bien sus labores:

Una enorme guardia de estilo pretoriana,
enviada por el rey y sus fieles consejeros
había llegado muy temprano esa mañana
para terminar con el conde y sus laderos.

El primer disparo hizo en el muro un agujero
y salieron por él decenas de murciélagos,
no encontraron el conde en su sarcófago,
cuando el sacerdote y el alcalde lo abrieron.

¡Vaya sorpresa se llevaron allí ambos!
Al encontrar en su interior un esqueleto,
el cual no parecía para nada humano
pues tenía cabeza, pero no era bípedo.

Notaron que el conde les había madrugado;
tanto de él como de la joven vampiresa
no quedaba ni el más mínimo rastro,
en un abrir y cerrar de ojos habían escapado.

En medio del gran tumulto que habían causado
y a través de pasadizos lúgubres y secretos,
el vampiro de Transilvania se les hizo perdiz
y vive como un magnate junto a su aprendiz.

A veces recuerda su tétrico y mágico castillo
y la época cuando estaba rodeado de lacayos,
cuando la falta de sangre le producía desmayos
y descansaba en un ataúd trancado con pestillo.

Ahora se codea en Gran Bretaña con la realeza,
asiste al teatro y salones de baile por las noches,
se pasea junto a su amada en lujosos coches
y se toman vacaciones en la campiña francesa…

(imagen tomada de Internet)
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El castillo (parte II)

Pronto la noticia se supo en toda la villa:
el conde Drácula tenía una nueva aliada,
al parecer varias jóvenes fueron raptadas
y a todos la explicación les parecía sencilla:

La vampiresa las tenía en el castillo presas,
debían salvarlas, hacer lo necesario,
seguro ella bebía de su sangre a diario,
lo cual no les habría tomado por sorpresa.

El pueblo sabía que no había elección,
que debían esperar a que amaneciera,
cuando el conde en un ataúd estuviera,
ya que sobre él pesaba una maldición:

Debía esconderse de la luz del sol,
entonces aprovecharían la ocasión
para correr la tapa del sarcófago,
y clavarle una estaca en el corazón.

Algunos padres controlaron sus impulsos
la espera les parecía algo innecesario,
para ellos las desapariciones eran un calvario
y querían dejar al vampiro pronto sin pulso.

Los agobiaba el calor del verano,
tenían las armas para un gran asalto,
debían llegar hasta los más alto,
y la espera no debía ser en vano.

Rodearon el castillo con precaución
cuando la luna estaba bien oculta
rompieron el muro con una catapulta
que había sido traída hasta la mansión…

(Imagen tomada de Internet)
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El castillo (parte I)

Ese año hubo muchos desparecidos en la aldea,
por eso el joven conde Drácula fue condenado
por los villanos a vivir en su castillo encerrado
hasta que desapareciera de la faz de la Tierra...

Ella huía de sus pares, familia y de la abulia,
tan solo deseaba una noche de placer y lujuria;
llegó vagando hasta las lindes del pueblo
y luego miró hacia atrás, viendo a lo alto el cerro.

Su juventud y belleza no tenían parangón,
recordó la maldición del conde y el encierro,
bajo su piel sintió un extraño cosquilleo
y retrocedió sobre sus pasos, sin temor...

Llegose hasta el pie de la enorme mansión
y sin prisas tocó la aldaba, algo siniestra,
pues el motivo era un águila, muerta,
y de pronto el suelo a sus pies se abrió.

Por pasadizos y escaleras fue llevada
por un criado enano a los aposentos
donde se oían gemidos y lamentos,
y se sintió allí como nunca amada.

No necesitaba que le dijeran nada,
notó su vitalidad y belleza renovadas,
miró las paredes oscuras que le rodeaban
y entonces se durmió, por él abrazada.

Luego de una noche de pasión intensa,
-habíale dejado totalmente indefensa-,
después de devaneos y sobre su piel tersa
el conde Drácula le hincó sus colmillos
convirtiéndola en una joven vampiresa…

(imagen tomada de Internet)
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El anhelo

Las sombras diurnas
pedestres
se alargan vampíricas,
acentuando el ya frío aire que reinaba en el ambiente.
El temor se nos anidará en los ojos como pájaros negros agoreros,
al ver al Sol besar a clavo aquel rojo horizonte.
Él... abrirá los ojos infectos,
y levantándose como una tabla,
saldrá de allí todo hambriento.
Por el olor que deja el miedo
nos encontrará aquí bismutos,
y disfrutará tensándonos la cuerda sin romperla,
jugará felino con nuestros temores nocturnos,
antes de hundir fiero sus puñales bucales.
Él siempre ha sido frío y plutónico igual que un vano hueco,
rodeado de todo ese calor ajeno inalcansable,
siempre allí,
a un palmo de su garra:
La cosa intenible,
ese hálito tierno que entre sus dedos filosos, ceniza se vuelve
cual intacto pétalo estrujado
por las yemas de su gélido ardor.
¡Sí! ¡Ya lo siento!
Allí viene el que no tiene nombre,
el que no está vivo
el no-muerto.


@ChaneGarcia
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