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" Warrior"

Resurjo de sus cenizas
En cada batalla perdida

Anudando en mi brazo
Las heridas recibidas

Y aún dándome él
Por vencida

Siempre seré
Su heroína. .
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12comentarios 142 lecturas versolibre karma: 138

"La Heroína"

Ella, no necesitaba capa, ni poderes especiales, solo sus pensamientos la conducían por los más remotos, recónditos e intrincados senderos de la vida, sin descuidar a su entrañable descendencia, asida a ella como ramas al árbol.

Desde que abrió los ojos al mundo, no conoció otra cosa que amarguras, aún sin saber pronunciar palabras…. Las que escuchaba, eran tan feas que le herían sus tiernos oídos y quienes las decían asustaban al mostrar sus endurecidos rostros. Así aprendió a pensar, antes que a hablar. Y se preguntaba una y mil veces: — ¿por qué?...—con el pensamiento, mientras miraba a quiénes debían amarla y protegerla, que adivinándolos le respondían con maltratos físicos y verbales. Así creció, entre golpes, lágrimas y suspiros esperanzadores. Los martirios sufridos, en silencio le endurecieron la piel como coraza; pero dentro del pecho, su corazón latía sensible y bello como rosa nacida en el pantano.

Fueron muchos sus sueños, pero más los desengaños. Confiaba en el prójimo, pero éste le cerraba las puertas y ventanas de forma denigrante y cargada de desprecio. Y se preguntaba: — ¿Por qué el Mundo es así? —Pero sin encontrar respuesta.

La grandeza de su humildad la fortalecía ante las vicisitudes de la vida. Y desbrozaba…, a fuerza de voluntad y pensamiento todos los escollos que se le interponían. << ¡Sobrevivir y adelante! >> Eran sus mejores consignas.

Como gallina de clase que tras aovar y sacar sus pollos les da calor y abrigo bajo sus tiernas alas, les enseña a andar y que alimentos llevar a sus picos…; Así, está mujer carente de conocimientos básicos, analfabeta, pero licenciada en escuelas de sacrificio, ha conducido a su prole por los avatares de su derrotero, garantizándoles alimentos, educación, prestigio y guiándolos por los caminos del bien.

¡Por eso, mis hermanos y yo la queremos tanto!

—FIN—





Clementina Bravo Rivera
Cleme_Eternamente
23 de septiembre de 2018
Arica - Chile.
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15comentarios 138 lecturas relato karma: 130

Mi heroína

Te miré, te observé y te admiré,
día tras día aprendía,
cuál era mi misión en la vida,
de la mano de tu amor, yo lo hacía.

Aunque aveces vi como te caías,
y eso, afectaba tristemente a mi vida,
porque tu eras mi heroína,
a la que nada, ni nadie vencía.

Con el pasar de los años,
las arrugas venían,
y tus ojos denotaban,
el vacío que yacía en tus dias.

Cuando descubrí que de errores,
también se hizo tu vida,
fue un trago amargo,
que no me suponía.

Hoy después de abundantes años,
aprendí que mi heroína,
hacia lo mejor que podía,
tratando de salvar su propia vida.

Entonces te digo madre querida,
tu serás siempre mi heroína,
aquella que me enseñó a batallar en la vida,
y a levantarme con dignidad, si yo por error caía.

Autora: Claudia Viviana Molina.
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25comentarios 372 lecturas versolibre karma: 101

Zombi

Me dijeron que te transportaba a las puertas del cielo
y aquel veneno se introdujo en mi carne
reproduciéndose rápidamente en mi interior.

Pronto alimentarlo se convirtió en LA NECESIDAD ,
mi único anhelo, dejarme llevar
alimento de mis delirios,
dulce sabor de la eutanasia.

Mil millones de veces supe que me destruía
y cada noche en la calle pensaba que sería la última.
Mil millones de veces dejaste de importarme
tú, y todos aquellos que acabaron simulando que yo les importaba.

Tal es mi degradación,
que ahora soy huesos y arterias marcadas en mi piel.
He dejado de tener sombra.
Me como mi orgullo
y lo vomito cada noche.

Veía cada día como era la muerte,
deseaba tanto poseerla.
Ése era mi delirio,
mi única necesidad,
convertirme en un zombi
necesitado de alimento.

Y, cada noche,
dormir en la calle.
Sentir el calor
que producen más de cincuenta grados de alcohol.
Y, al día siguiente,
volver a alimentar a la perca.
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Coágulos

Se apagó el televisor
y, el silencio,
casi siempre ausente
tomó todo el espacio
excepto el de mis pensamientos.

Cerveza caliente,
el frigorífico tampoco funciona.
Tengo un nudo en el estómago
Y mi piel está cada vez más arrugada.
Se esta llenando de manchas.

Y dormíamos en un colchón
tirado en el suelo.
No éramos felices
pero nos unía la necesidad,
tan grande como un universo.

Y hablábamos a menudo,
también con nuestro ángel de la guarda
que también estaba perdido.

Hoy se me ha puesto dura al levantarme.
Pensando que has vuelto
me he masturbado recordando
los tiempos mejores
y, cuando me corro,
recuerdo que tampoco lo fueron tanto.

Y me levanto de esta cama,
y miro las paredes sucias,
desconchadas,
el rojo de los ladrillos
de la sangre que salía de tu interior
cada vez que tenías el período.

Aquellos coágulos,
que fueron el único recuerdo
de nuestro hijo no nato.
En quien pienso ahora
con la música de la humedad de fondo
y tu mismo llanto constante
también al fondo, a la izquierda.

En aquella habitación,
donde la luz siempre está apagada
porque ya no necesitas ver
la sangre que resbala por tu entrepierna
después de una picadura mortal.

¿Recuerdas?
Cuando él o ella naciera
lo dejaríamos todo atrás,
pero no fuimos capaces de hacerlo a tiempo
y a ti te queda la suerte de no sentir
que sean los fantasmas quienes lloren
y la luna la que ilumine todos los huecos
donde se esconde el terror
que siempre guio nuestros actos.

Y a mí me quedan recuerdos
de los que apenas soy consciente.
Dime por favor, que yo también
encontraré tu reposo, vida mía,
que algún día el dolor
será más grande que mi necesidad.
Y que nuestras almas
separadas la una de la otra
encontrarán, por fin,
el reposo que nunca llegaron
a encontrar cuando no pasábamos
separados ni un solo momento.
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Tormentas de agosto

Aurora poseía la belleza
de una estrella del Hollywood clásico
pero aquella esquina en la que trabajaba
le desposeía de todo el glamour.
A veces, echaba la vista atrás,
y, preguntándose la razón
que le había llevado a ese lugar,
sólo encontraba una:
el silencio.

El silencio de cuando era una niña,
temerosa de como su padre pudiera reaccionar
porque sabía que cualquier comentario suyo
podía ser interpretado como un desafío
y seguido de un castigo en el menor de los casos
y, en el mayor, de una paliza.

Era esa y no otra la razón
de que fuera tan buena estudiante
porque dentro de los libros,
dialogando con los fantasmas que habitaban el desván,
podía escuchar sólo sus manidos sueños
y no los gritos de eternas discusiones.

Muchas veces soñó que llegaban las tormentas de agosto
y se llevaban consigo aquella casa con el resto de sus habitantes.
Dejando tras de sí un mundo en blanco
que ella pudiera pintar todas las cosas y los colores que quisiera.

Podría pintar un corazón y, sobre él, un hombre que realmente la quisiera
pero tuvo la desgracia de provocar otro sentimiento en los hombres,
el que proviene de sus más bajos instintos
y del que fue por primera vez consciente en las clases de catequesis
tras las que el párroco, aquel al que todos consideraban un santo varón,
le invitaba a quedarse un poco más para profundizar en su fe,
la que habitaba bajo su ropa interior,
tiñendo de sangre los bajos del vestido de su comunión.

También aquella historia se quedó en el silencio,
pues siempre supo que sus padres le habrían culpado a ella,
como le culparían hoy de los moratones provocados
por tantos borrachos en tantas malas noches
o de todas las veces que,
para volver a aquel mundo en blanco,
había atravesado su piel con la aguja.

Y, entonces, las tormentas de agosto
se llevaban también todos los recuerdos
de aquella esquina
a la que inevitablemente debería volver al día siguiente
para cobrar por sentir en su piel el asqueroso sudor del deseo.

Ganar unos pocos billetes con los que poder pagar
un nuevo lienzo en el que algún día
pintaría un camino sin retorno.
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