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La Hora Inmarcesible

Los árboles rasgaban la bóveda celestial, que se tornaba torva en una gama acromática y, conllevando el desosegado final, las ramas sin broza se explayaban, perdidas entre la bruma. Los aromas cetrinos, retornaban al ayer, y, proveían la falsa ilusión, de una pizca de redención. ¡Oh!, tan deseada era, tan escasa se repartía y, para su desgracia, su servidor la repartía. La niebla se espesaba, en un denso ensueño, fruto de la inventiva erudita de un náufrago. Silencio; pasivo silencio que moraba por el viento, con vacuos susurros que amedrentaban a los olvidados. Y ahí hallábase un ilustre cuarteto, con sus semblantes pardillos y mentes virginales; el primero, en edad ya de merecer, de faz ensanchada y tez nívea, con la imaginación desatada, agraviándose a cada suspiro. Le precedía la perfecta e inmaculada fémina, joven por condición, bella; ¡bella y pura!, entre sus famélicos brazos embalaba a una creatura sollozante, con amores mondos e inocencia efímera. Ni resentimiento fracturado y corazón sin pisca de violencia. Falto de humanidad. A la zaga, andando con culebreo ofidio; se hallaba el menor. De mirada soñadora, porte rechoncho; simbolizando en una gala inefable, lo que es la bonhomía. Y así, ante mis sacrílegos ojos deambulaban, el cuarteto pardillo que danzaba entre jolgorios rasposos, por yermos sin nombres y con poca redada, caminaban con recelo, bajo unos designios piadosos.
Algunos me llaman elucubrador, otros, con un hilo de odio en el silbido, maquiavélico; y unos pocos, escasos de sazón, me recitan: creador, engendrado e inmarcesible.




"Contemos historias con el corazón, con poesía"
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• efímero setenta y nueve •

Cuando no puedo mirar tu foto sin esbozar la sonrisa más triste que he aprendido a dibujar.
Cuando miro al cielo pensando en ti y llueve y pienso que de alguna forma has sido tú.
Cuando hablo con él y no se me escapa ni un solo gesto que ha copiado de ti.
Cuando me niego a seguir una saga porque la primera la vi contigo.
Cuando no dejo de pensar en la última palabra que me dijiste aunque no tenga sentido.
Cuando me preguntan por mi animal favorito y es a ti a quien oigo rugir con fuerza.
Cuando veo dos amigos apoyándose incondicionalmente o mirándose con complicidad en silencio.
Cuando veo a alguien llorar y me pregunta si la vida merece la pena y sonrío porque conocerte ya hizo que la mía la merezca.
Cuando escucho esa canción y nos recuerdo cantándola.
Cuando me subí a esa atracción tan alta y pensé, agarrándome a los barrotes con una tranquilidad y paz impresionantes: "ahora estoy más cerca de ti", olvidándome por completo de los metros que me alejaban de tierra firme. Hiciste que vértigo fuera sinónimo de ataraxia.
Cuando me preguntan en qué pienso cuando me hablan de pureza, lealtad o leyenda y únicamente puedo advertir todo lo hermoso que has dejado en cada uno de los que te hemos querido.

Eres mi respuesta a la pregunta más temida por el ser humano.

Todas. Todas esas veces acabo sonriendo aunque mi rostro esté repleto de lágrimas.
Porque sí. Significa que, aunque este dolor es cuanto me queda de ti, sigues vivo en mí. Sigues aquí. Sigues conmigo.
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