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Tres de la Mañana

Tres de la mañana...
La luz tenue de la luna sangrante
penetra por mi ventana..

Se escuchan los pasos
de algún lobo solitario,
castigando al silencio,
con aullidos desesperados...

Pasa algún camión de limpieza,
lavando penas y conciencias,
de los que creen de su propiedad
el destino de la tierra...

Un gato sin nombre,
decide deleitarnos,
a los que todavía quedamos,
con alguna sinfonía de Beethoven...

Algún coche por la vía
desafía a la monotonía;
quizás no encuentre la salida,
al laberinto de su huida...

Un amante se detiene en la cuneta
y pregona pasión por los balcones;
quizás haya una Julieta,
o sólo sea un mal de amores..

Siento que la noche se apaga,
que ya no quedan estrellas,
sólo el brillo de las farolas
y la aventura de algún cometa...

Ya son las cuatro de la mañana..
Se apaga la vida,
se esconde la calle
y se entierra mi mirada...

Fran Renda
@Fran44Sombras
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"El zumbido de los sonámbulos"

Se abre una zarza en la tierra;
salen viejos recuerdos
atacando como tigres,
los espacios de mi cabeza...

¿Qué haré con este enjambre
de angustias?

Fácilmente me desintegra
en el éter, en la desidia,
en el cansancio de mis piernas
que sostienen mundos polvorientos.

¡Oh estas cadenas son pesadas!
mi vista me delata,
ya no soy pequeña y temo
haber perdido la transparencia
de mi alma.

En el centro antiguo,
llora sangre y su color es opaco,
su temblor insomne, invisible...
no me salva.

Mortales rutinas,
voluntades quebrantadas,
caen gota a gota contra
las calles de ciudades,
tan ruidosas como el zumbido
de una mente sonámbula...

Oh mente desprendida y sin peso
va y viene, pero yo anhelo...
estar lejos.




Enid Rodríguez Isáis
Estados Unidos
@EnidIsáis
Agosto 30, 2019.
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desveló

cuando llega la noche
llega el tormento
y las ansias
a que termine
este gran desvelo
cuando llega la noche
mis latidos se olvidan de su tiempo
y se rebelan ante mi cuerpo
cuando los siento tan fuerte dentro de mi pecho
cuando llega la noche
y los recuerdos aturden
las palabras no dichas hablan en la mente
las cosas que no hice se vuelven diferentes
y mi cuerpo comienza a buscar
alguna manera de poder escapar
pero la noche es larga
y me abruma en la esperanza
y ni mis sueños pueden ser contados
porque mi mente no me permite mirarlos

ah, este grande abismo que habita en mi sueño
por la paz mental cabaria tierra hasta llegar al sitio en donde debo estar.
por estos ojos cerrar haría más de lo que puedo dar
pero cuando la noche llega
mi mente se ocupa
de poner a cada uno
en su lugar
y mis ojos tan cansados de brillar
con mi cuerpo agotado de la realidad
solo pidiendo un poco de descanso ya

voy perdiendo los estímulos
y las magnitudes de mirar
en la noche larga que me atormenta
con sus frías voces y sus ganas de que no duerma
la fria noche larga en la ciudad
solo me dice
que todavía
debo esperar.




ah, cuando este abismo se digne a descansar..
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la insmonia de morfeo

He cruzado una línea
intentando no caer del precipicio.
He seguido
las voces de Morfeo,
buscando el sueño que una vez
creó,
pretendiendo llegar
al templo de tristeza
y dolor
y escuchar las canciones
de campanas redoblando
sin vergüenza
ni temor.
Puede que esté enamorada
de Insomnia
sin Oniria
cómo Love of Lesbian
una vez versó,
pues soy prohibida en la quimera
de noche
porque la Luna se ha cansado
de qué le sea infiel
de día,
cómo las campanas son:
sin vergüenza
ni temor.
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Anoche te vi

Anoche te vi.
Estas destinada a herirme toda la vida.
Pero no por vos. Sino por el hecho de no
aceptar tu partida.

Anoche te vi.
Radiante, distinta.
Eras silueta, gota de lluvia que atraía humedad.
Lloré por el hecho de que no eras real.

Anoche te vi.
Porqué cuando hay sol nunca estas.
En tu tiempo, en tu realidad, de mi ya te fuiste apartar.

Anoche te vi.
La brisa más linda dé este
vendaval.
Si tu pasado te llama, búscame que ahi voy a estar.

De día te vi...y ahnelaba la noche llegar.
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Insomnio

Ayer les juro que intenté acostarme temprano
Seguí la recomendación de mi médico: "practica la higiene del sueño"
como si el sueño estuviera sucio

A las siete comí algo liviano, a las ocho hice ejercicio
a las nueve leí con juicio a las diez volví a leer
a las once al fin me acosté
Y no conté ovejitas pero cerré mis ojos

esperando que la oscuridad me arrullara
pero mis pensamientos me pasaron una mala jugada
Se atiborraron en mi cabeza que ya estaba copada
con el zumbido audible y agudo
que me acompaña permanentemente

Después de una hora
el sueño no logró vencerme
más bien me di por vencido
y escribí este puto poema.
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La noche bohemia

Busqué consuelo en una copa de vino,
En una manta de lana,
En los tangos de Gardel
Y en el brillo de la luna

Mi poesía está hecha triza
Desazonada,
No tiene alma ni una espalda que esculpir,
Es una colmena de aforismos
Deslizándose, hasta el fondo
De mis entrañas.

Busqué consuelo en la noche bohemia
En los vientos vagos
Que se colaron en mis orejas,

El sueño se ha ido
Y mis ojos están llenos de violencia…
Solo encuentran consuelo
En este poema.
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Desvelos soñando

.
Él sigue soñando mientras yo miro fijo a mi desvelo
y el desvelo cuenta el tiempo de mis ojos abiertos
en el minutero y sus agujas clavadas en pensamientos
esos que olvidamos por el día y encontramos cada noche
gracias al inconsciente insomne que se acuerda tarde
lo que temprano olvida, para burlar a mi sueño
para doblegar la rebeldía con que me enfrento a los días…

Y los días arrullan a mi insomnio
cuando cansado se le cierran los ojos
en cualquier asiento, pasando sin querer
a mi estación, para volver a dormirme
y seguir pasando, siempre a su antojo…

Yo lo sé, son los sueños que han robado
y se vuelven desvelo cada noche desde lejos llamando
porque fueron míos, y quieren que los recupere
para hacerlos final….

Pero él sigue soñando
y repite cada sueño sin final todas las noches
noches de mi insomnio, insomnio de mis sueños
con los que él duerme, mientras a mi me atormenta
con o sin lluvia, entre un millar de ovejas
el paso de los minutos, alguna gota perdida
de una canilla, los pendientes olvidados
y el develo en las sombras mirando fijo
y despiadado…


soundcloud.com/lola-bracco/el-sigue-sonando-mientras-yo (Lola)

.
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Sonámbulo Por La Madrugada

La alma curiosa busca
La mente se preocupa
La duda busca su respuesta
El silencio le contesta
Con palabra muda

Y sólo en duda queda la duda
El viento pasa y sólo la siento
Alejarse, que se llevara entre sus ráfagas
Responde el no lo sé.

Las mañanas son largas
Y sin estrellas.
Sólo nubes invadiendo
El cielo
Y las noches cortas,
Y a la vez profundas.
Las estrellas aparecen de la nada.

La calma me acompaña
En este paisaje nocturno,
Donde la tarde me acompañaba.
Se quedó sentada
Mi alma con su duda
Clavada en su centro
Preguntándose
Cuándo volvera la mañana
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Sin punto final

En medio de mi silencio
hay susurros;
oigo voces que gritan
mi nombre
y me piden clemencia.
Yo quiero borrarlas
de mi mente,
escribo, sigo escribiendo
hasta que la última letra
sucumba sus palabras.
El insomnio llegó sin avisar
y yo le abrí la puerta;
dejé que me abrazara
hasta calmar mi sed,
pero el desasosiego
es como un piano
que no deja de tocar.
Vientos de madrugada
están en mis oídos
y yo sigo escribiendo
este turbio poema
sin punto final.

Segundo poema de la serie: El diablo de los poemas.
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Noche negra

La noche es, a veces,
un pozo profundo de silencio,
una opaca negrura que nos hunde
y ahoga en el fondo
de los más sombríos
pensamientos.

Como danza
de sombras chinescas, refleja
(inexorable)
nuestra pesadumbre
en sus turbios espejos
del desasosiego.

Esa sombra
que agranda los propios fantasmas.
El insomnio feroz de reproches
y arrepentimientos.

Inquietud en el alma…

A su abrigo,
los voraces y oscuros presagios
acuden, siniestros
como lunas veladas,
exhalando su hálito frío.

Anegando de zozobra
nuestros sueños
como blancos espectros.

Van pasando las horas…

Deseando la aurora
que nos traiga
la calma…


María Prieto
Marzo 2019

Pintura: "Muchacha dormida" 1943. Balthus
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Despedida

El viento arrastra
las últimas hojas
del recuerdo.
La ciudad aún duerme
en estas primeras horas.
Pronto despertará
con la luz del amanecer.
Mientras tanto, el tiempo se dilata
y me adentro,
insomne,
en el sabor de tus besos,
en el doloroso placer
de aquellos últimos besos
con los que cerraba todas las puertas,
anticipándome
a una despedida
inevitable,
deseada por inevitable,
doliente,
serena,
todavía sin lágrimas.
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2comentarios 298 lecturas versolibre karma: 24

El insomnio de los miércoles

Divago
vago
vagón que no llega
y pierdo otro tren
tu tren
se me escapa una mano
tu mano
la quiero agarrar
pero te alejas
te vas
me dejas
la mano suelta
la herida abierta
no debería existir
mi cuerpo debería morir
ya mismo
en este instante
y mi alma vagar por el mundo
tu mundo
hasta encontrarte
con no más fin que el de arroparte
aunque tú ya no sientas frío
aunque te abrigue hoy otra piel
te rozaré con mi alma
sentirás el escalofrío de mi recuerdo
ese que taladra
ese que aunque tú ya no quieras
hará que se te encienda la sangre
y revivas
porque hoy
para mi
tú ya estás muerto.
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Plegarias para las noches eternas

Ven, pequeña salvación
tan llena de descanso.
Estoy aquí.
Te he llamado mil veces
con gritos, con susurros...
Pero no llegas.

No sé que hacer,
siempre acabo igual.
Cualquier atisbo de poesía
vale para redimirme.
Ven, por favor.
Cierra por fin mis ojos
y permite que la sangre
se detenga y consiga dormir.

Posa tu dulzura sobre mis labios,
prometo besarte despacio
para que no te asustes.
Calma el desvelo.
Haz que deje de girar sobre mi misma.
Lo agradeceré tanto
que no me despertaré.
Todo volverá a ser un sueño.
Lo juro.
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Una noche tardía

No recuerdo demasiado bien aquella noche. El verano había abierto ya sus puertas y yo había abierto las mías hacía apenas un invierno. Sea como fuere, aquella cálida madrugada yo caminaba entre las estrechas calles prácticamente sin rumbo, dando violentos tumbos. Mi única compañía eran el humo de un canuto y medio litro de vodka que fluía burlón por mis venas. Yo, por mi parte, iba sumido en mi propia guerra interior. El eco de mis pasos se intensificaba a medida que la ceniza se acomulaba. Los minutos se esfumaban como espuma de cerveza industrial. Las farolas me alumbraban y me acusaban: ¿Qué haces aquí a estas horas?. Y yo no podía responder, no sabía qué hacía allí, no había ninguna razón por la que tuviera que estar vagando por ahí. Lo cierto es que simplemente sentí una llamada, tal vez el olor del crepúsculo me cogió de la mano y me invitó a salir.
Después de aproximadamente veinte minutos aparecí en la avenida, junto al río, y me senté en las escaleras que daban al paseo. Me sentía muy incómodo, inquieto, y no entendía por qué. Sería la postura, el lugar, el bochorno... el caso es que desencajaba allí por completo. Llegué a pensar que mi objetivo solo era terminar tirado en alguna cuneta o muerto en la orilla del río. Después de largas discusiones interiores descubrí que tampoco era ese el motivo de mi tortuosa estancia en aquel páramo. Resultaba muy curioso cómo el alcohol dificultaba mi hilo de pensamientos, pero el humo que aspiraba lo impulsaba por la vertiente más creativa. Una débil neblina se aproximaba y se filtraba por cada poro de mi piel buscando algún vestigio de humanidad. Pero ya no había nada. La luz que me guiaba por el sendero de lo correcto se extinguió justo el mismo invierno en el que abrí mis puertas. Y yo lo sabía perfectamente. Dentro de toda mi incertidumbre aún quedaban torres en pie. Pero no había nada que me atreviera a afirmar rotundamente, pues nunca se sabe cuándo volverá a asomar la duda.
Me estoy yendo por las ramas. Después de todas esas divagaciones nocturnas propias de mi locura y mi permanente estado de ebriedad, vinieron muchas más, y peores, de manera que se volvía más difícil saltar los muros que yo mismo iba creando. Me levanté del escalón en el que me encontraba sentado bruscamente. Se me nubló la vista por un momento. Y luego me fui de allí, me dirigí hacia el puente para cruzar a la otra orilla. Reptaba una quietud imponente por toda la ciudad. Hasta la persona más ruidosa se habría callado para respetar aquel silencio sepulcral. Yo tenía miedo de perturbar la calma con el sonido de mis pasos. Llegué al otro lado del río torpemente, casi sin aliento y sudando de manera demasiado abundante. O eso creía, porque cuando tocaba mi piel mis dedos no recogían ni una mínima gota. Pero esas gotas estaban ahí, yo las sentía brotar profusamente.
Tras delirar y hablar solo por lo que parecieron semanas (aunque habían pasado solo dos horas), encontré un edificio abandonado, destartalado y sin terminar. Lo miré desafiante, pues parecía que quería atraerme hacia él con el pretexto de entrar a explorar. Ese desgraciado sabía lo mucho que me deleita visitar construcciones en ruinas. Me tentó y yo sucumbí y entré. Los aromas eran diversos. Aparte del hedor de las heces y la... ¿gasolina?... había un olor penetrante que me desarmó por los pies. Me pregunté qué hacía ahí, qué pretendía. Solo podía escuchar cómo se deslizaba para alcanzarme, pero no me decía nada, no me daba ni una explicación, ni una excusa estúpida. No sé, una mínima charla habría bastado para contentarme. Pero no estaba por la labor y yo sencillamente no insistí.
El decadente edificio tenía cuatro plantas, según creo recordar. Dejé atrás el cóctel de fragancias y pestilencias de la primera planta y subí al segundo nivel donde no me esperaba nada más que escombros y una sobrecogedora sensación de frío. En uno de los pasillos había una silla de ruedas olvidada ahí mucho tiempo atrás. La luminosidad de la luna que entraba por las ventanas se teñía de un azul fúnebre. Te juro, compañero, que yo podía esuchar campanas y un lastimoso órgano desafinado pero potente a lo lejos.
El tercer piso era un auténtico desorden. Escaleras que surgían de ninguna parte y acababan en su propia base, ventanas sin forma concreta, totalmente asimétricas. Puertas a las que no se podía acceder, que estaban demasiado altas, algunas estaban tapiadas. Y los colores... Demasiados como para ser asimilados por mi podrido cerebro. Me dolian los ojos de mirar aquello, de intentar comprenderlo. Salí corriendo hacia el cuarto nivel.
La cuarta planta era la nada. La absoluta, imparcial e imprecisa nada. Ni siquiera era de ningún color, jamás sabría cómo describirlo. Ausencia total de todo cuanto cualquiera de nosotros conoce. No puedes imaginarlo, nada de lo que puedas llegar a pensar que era se acerca. No había límites. De hecho, podía flotar si quería, no importaba, nada me lo impedía. Tan solo no podía con ese peso. La nada. ¿Quién lo hubiera dicho?, ¡la encontré!. Pero... eso no me provocó satisfacción. Y tampoco estaba decepcionado. No sentía nada, mis emociones se habían esfumado. Luego mis conocimientos, luego mis recuerdos. Todo se desvaneció como si nunca hubiera existido.
Aún quedaba la azotea, que no era más que un vulgar techo, pero había una pobre escalera para acceder a él, así que subí. Nada más poner un pie en el último nivel del edificio lloré amargamente, y luego reí como un condenado, como un maníaco. Después comencé a temblar y los recuerdos me bombardearon. Habían vuelto. Todo lo que la nada me había arrebatado lo recuperé instantaneamente. Me tumbé sobre las tejas jadeante. Las estrellas eran como los ojos de un enorme monstruo celestial. Se apagaban y se encendían, como si la criatura estuviera cerrando y abriendo sus párpados. El brillo se iba haciendo más intenso conforme mi respiración se iba calmando y poco a poco se fue volviendo difuso y borroso.
Quedé inconsciente y lo siguiente que recuerdo es despertarme en los alrededores del edificio. Yo subí, me recorrí el interior, podría asegurarlo mil y una veces. Pero tú piensas que no subí, que tal vez estaba tan intoxicado que me había quedado dormido en el jardín y había soñado todo eso. Piensa lo que quieras, sé muy bien lo que pasó, estoy convencido de que vi, oí, olí y sentí todo aquello. Solo voy a darte un consejo, chico, creete todo lo que te cuenten sobre la noche y sus misterios, nunca se sabe qué puede pasar cuando el sol se pone.
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Cien años de insomniedad

Se me ha dado por medir la edad, no en número de años, sino en cantidad de noches de insomnio.

Dado que los niños y adolescentes, en promedio, no sufren de insomnio; diría yo que a estas alturas de mi vida, he vivido, al menos, unas mil y una noches de insomnio.

De esas, la tercera parte, quizás, han sido causadas por esos rabiosos, malditos y salvajes, amores perros. Sí, de esos que te muerden las pantorrillas del alma, que te ladran en voz alta en los oídos de los anhelos; de los que te muestran la dentadura y te gruñen enfrente de los ojos de las ilusiones, y te hincan los colmillos en las orillas de la médula de tu esencia. Sin olvidar, por supuesto, que te muerden y desgarran, con calma, con devoto cinismo, el tejido muscular, cada vena y cada arteria de tu pulsante corazón; sujetándolo con fuerza entre sus garras, para que no se les resbale, ni se les escape. Te lo desgarran con inclementes mordidas salvajes, mientras este, inutilmente, desfallecido y herido de muerte, se aferra a latir en tu pecho. Ah sí, a esos les debo, esta parte de mis desvelos.

El segundo tercio de mis insomnios, quizás, me la pasé pensando y volviendo a pensar, en toda la gente buena, seres queridos, y otros desconocidos, que han tenido que partir muy temprano de esta vida; ¿por qué se ha dado eso? Eran en esencia, gente buena; dedicada a sus familias, a sus trabajos, a sus organizaciones religiosas, a hacer el bien antes de hacer el mal; y sin embargo, fueron vilmente atacados por esos malditos monstruos silenciosos, que llegan inadvertidamente, sin ser invitados, se te cuelan en los poros, te carcomen los bordes de cada célula, se van a su núcleo, las atacan, las destruyen, las vuelven locas. Te destruyen el cuerpo, la voluntad; te arrancan los sueños, el futuro; lo estrujan, lo hacen una bola malforme de desechos, los tiran al suelo y los pisan con toda su desquiciada y depravada vileza. Te quitan la vida de a poquito. Ah sí, a esos monstruos les debo, esta otra parte de mis desvelos.

La tercera parte final, la dividiré en tres partes más; de tamaños desiguales que no logro por completo cuadrar.

La primera, quizás, han sido los desvelos causados por todas las injusticias del mundo; las hambrunas, las guerras, los genocidios, la discriminación en todos sus sabores, la intolerancia, la injusticia, el crimen rampante, el atropello flagrante a tantos seres semejantes; la codicia, la avaricia, el abuso a los más débiles. Ah sí, a todos esos bichos indeseables de la conducta social e individual humana, le debo esta parte de mis insomnios.

La segunda parte, quizás, son esos desvelos divinos, de esos en los que sueño despierto y un mundo mejor imagino; ya lo sé, son desvelos repletos de utopías, de seres humanos cuya bondad raya más allá del normal humano, de seres que son como hermanos. Sueños llenos de hermosas colectividades que no sacrifican sus maravillosas individualidades. De seres poderosos que ayudan a los desvalidos. Seres de todos los colores, que son capaces de ver la belleza de cada tono de piel distinto, de cada tinte de pensamiento peculiar. Ven el collage maravilloso de la diversidad de la humanidad. Ah, esos insomnios divinos, de esos quiero más.

Y la parte final, son desvelos llenos de tempestades; pero tempestades de las buenas, estas son tempestades de letras. Sentir que se abre un chorro cósmico en alguna parte del universo, y empiezan a tintinear, insistentemente, esas letras, esos versos, esas rimas, esa prosa divina, esa inspiración. Y en el techo de mi habitación, ver ese agujero que se abre, y esa mano invisible que introduce un embudo en él, y las letras se vierten perennes en ese embudo y llegan como gotas de rocío, fluyen como un río, que desemboca en el centro del alma. Y las siento, y las vivo, y las vibro, y las amo, y se hacen parte de mi tejido, de cada latido. Y al día siguiente, busco un espacio de tiempo, y escribo. Luego de leer y releer todo lo escrito; sin embargo, me doy cuenta que, no le he hecho honor a toda esa inspiración maravillosa, me he quedado corto, he mal esbozado como niño de kinder con su primer pincel, esas letras maravillosas cual pinturas de Rembrandt, cual gemas artísticas de Picasso, cual genialidades invenciones de da Vinci; y apenas me han quedado esos trazos desdibujados, en los que invariablemente, al colorear, me he salido de las líneas.

Y así van mis noches de desvelo, mis abundantes insomnios de vida.

Y no sé a cuantos años de vida equivalen cuantas noches de insomnio. Tampoco sé la cantidad de años de vida que me tiene deparado el destino.

Pero si sé, o eso imagino, que no he de abandonar esta tierra, hasta que no haya vivido, mis cien años de insomni(edad).

@SolitarioAmnte
iv-2017
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Animal nocturno

Convertido en animal nocturno,
al escribir siempre sale uno mismo,
mi mente divaga, surgen pensamientos.
Programar no fue lo mío
y el orden en mi desorden
encuentra colores que no distingue
y gestos discordantes.
Así la tristeza se asentó en mi ojos.
Suelo mirar atrás,
entonces te veo a ti,
y pregunto: ¿quién eres?
un reflejo que evitabas,
que se cubre con esa capa de felicidad.
¿es lo que quieres?
en mi hay un lugar dentro que creo no tener
pero que, incluso así, buscaré.
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12comentarios 173 lecturas versolibre karma: 88

En plena noche

En plena noche
todo parece distinto,
la ciudad duerme ahora
y en un silencio casi litúrgico
el mar huele más,
mientras, el viento no para de hablar.
Los sentidos explotan de emoción
sin poder abarcar tanto raudal.
La luna ,que tan poco duerme,
aporta algo de luz,
y es que la luz se esfumó
para renacer al otro lado.
Casi puedo verte desde aquí,
desde esta odiosa playa.
El insomnio otra vez me la ha jugado
y esa débil sensación de poderío
se desvanece con tu recuerdo.
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2comentarios 120 lecturas versolibre karma: 81

Noche de Insomnio

Noche de insomnio
noche de divagar la mente,
aunque no fumo
ganas de que un humo
se lleve las gélidas palabras.

No puedo conciliar el sueño
pasan los minutos, las horas,
mi mente dando vueltas;
con las ideas revueltas

Pierdo la noción del tiempo,
de las cosas, de las ideas
no me quedan más sentimientos
por expresar cuando nadie oye,,
las palabras sangran la herida.

La lucha entre la mente y el dolor
van contaminando al corazón,
que busca que alivien este insomnio.

porque mal suponen
que un corazón noble,
tiene que ser de acero
no se le permite se doble
ni implorar, ni dar sonido,
a sus silenciados gritos desgarradores.

Noche de insomnio
noche de divagar la mente
no puedo dormir la causa no soy
ni el ambiente que me rodea
sino el dolor causado a mi alma,
que sigue gritando y nadie oye.

MMM
Malu Mora
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6comentarios 195 lecturas prosapoetica karma: 87

Insomnio

Un goteo constante,
pasos en el techo,
ladridos distantes
y un reloj maltrecho

que solo da pasos
cuando no le veo.
Y de nuevo, siendo
en mi cama un reo,

veo una figura
naciendo en la esquina.
--Cálmate --me digo--.
Sólo es la cortina.

Finjo que no he visto
sus ojos brillar.
Decido taparme.
Prefiero olvidar

esperando el día.
Buscando escapar
de una cama fría
sin poder gritar.

Un zumbido seco
contra la madera
Luz ténue hacia el techo,
se acabó la espera.
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3comentarios 136 lecturas versoclasico karma: 87
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