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Joshua…El mesías

Cuando Joshua se dirigía
a sus conciudadanos
lo hacía con un lenguaje sencillo,
tenía el don de la palabra,
la gente, eso le gustaba.

Y a veces, se la ponía bien difícil
pues lo hacía a través de parábolas.

Un autentico arte,
diría que su elocuencia
no tenia límite,
de mente rápida,
con un léxico desbordante
algo que detallo en lo particular
no era un fanático religioso
y compulsivo,

al contrario,
amoroso y distendido.

Nació en la periferia,
lejos del mundano ruido
donde una luz emergió
en el cielo estrellado
como guía, faro nocturnal
guío a los reyes magos
o hierofantes
cargados de oro y esencias.

Hoy en día Joshua
hablaría de la anti-religión
no creo que perteneciera
a ninguna. Ni Judaica,
Catolica e Islamista
y otras que terminan en ista.

Somos hijos de Dios
y estamos hechos a su semejanza
tan solo debemos practicar
el dogma del Amor
y recurrir a esta sentencia
que lo inmortalizó

“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón,
y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas,
y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo..”
Lucas 10: 27 Reina Valera 1960

Entonces por qué tanto fanatismo?

Hasta ahora creo que emplazaría
o esparciría Las 7 plagas de Egipto
sobre la ciudad imperial
y sus periferias.
Las mismas que ya hipotecaron
el planeta, algunos lo llaman verde
otros la madre tierra.

Al fin y al cabo es un globo
que gira, lo quieras o no,
y de vez en cuando
enciende el motor
y hace sacudir las piedras,
el mar, y la hierba,
y si no te avispas

te arranca hasta la cabeza.
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Te conozco

De repente tú te frenas entre miles de guarismos, hastiado de tanto número hueco que te define en los archivos de las naciones. Te conozco. Tú agonizas bajo el dintel del sufrimiento, machacado por furias que nadie reconoce. Y el martilleo sedicioso de tu corazón en carne viva se rebela frente a las huestes de los dormidos, aporreando su silencio que no halla fondo. Te conozco. Bronco como una tormenta voltaica que brama exabruptos. Inmóvil entre los desesperados que persiguen como pollos sin cabeza un futuro que siempre les elude. Harto de tantas promesas que resultaron vanas. Harto de gentes tóxicas deseosas de cargar con sus piedras tu mochila que no entiende de rechazos. Desnudo y solo en el centro de un campo de batalla alfombrado por los cadáveres desmejorados de guerreros sin suerte. Te conozco. Roto, porque todas las profecías borraron tu nombre, descontando erróneamente tu muerte en el sucederse de los almanaques. Porque en cada retrato del Mesías tu rostro dibujado en la distancia siempre fue una pregunta sin respuesta. En el límite siempre peligroso entre luz y sombra viajas en precario equilibrio a través de los sueños, en una pirueta que por demencial resulta heroica. Te conozco.
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