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El vuelo

De caja torácica, un criptex.
Se derramó el vinagre por ti.
Que cada vez que quieras callar, grites,
y les vueles el peluquín.

Cállate el horizonte,
que sorprenda a los impasibles.
El silencio del monte
no alerta a los buitres.

El debate interno educado
entre alevosía desmedida y violencia radical
no soluciona un segundo plano
que transforma mundo interior en real.

Soy obsolescencia programada, por lo prescindible
y porque te sale a cuenta uno nuevo...
Cuando me acabe, lo único legible
sera la huella de un cuervo.

Sólo hace falta muy poco de lo que no abunda,
muy poco de lo que ansía el diablo,
muy poco de lo que hace que se hunda
un horizonte de sucesos preso en un establo.

Ojalá bastara con el exceso,
cabrían toneladas en mis bolsillos.
Caerían por su propio peso
como el vuelo de los mirlos.

No lo pedí, no lo quiero, me lo quito.
Escalofriante y certera lógica.
Lo que vi, lo que vieron y lo que grito
explica mi amarga tónica.
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4comentarios 44 lecturas versoclasico karma: 51

"Los mirlos de seda"

En profundos ojos laguneros
hay mirlos de seda
envenenados por belladona
en altares de granada.

Una apuñalada en el vientre
causó una herida
sangrando lágrimas blancas
a rosa perfumada.

Picoteadas cuerdas de encaje
por cuervos negros
han matado el canto que sale
de la boca a cien metros.

Los mirlos de seda están muertos
por doquier
en un círculo no descrito
del anochecer.

¡Oh líricas invocadas nocturnales de angustia!
atormentan al poeta
¿cuándo volverán a cantarle amor?
solo traen ramos de tristeza a su puerta.

No mueran queridas mías del cielo
hagan sus nidos
en el corazón esperanzado
háganlo sentir bienvenido.

¡Que de nuevo florezca la alegría y la lira!
pequeñas Musas
de pico de oro y carmín
¡regalen sus plumas!


Enid Rodríguez Isáis
Estados Unidos
Marzo 2019.

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25comentarios 248 lecturas versolibre karma: 105

El mirlo que escucho al anochecer

Hace un tiempo que al anochecer escucho el suave canto de un mirlo. Siempre es el mismo, lo reconocería en cualquier lugar del mundo.

El ave silba de un modo providencial eclipsando el agónico ruido de las masas lidiando por cerrar el día y refugiarse en la noche. Retumban las voces de la muchedumbre en la calle, relampaguean las persianas metálicas contra el suelo y los bocinazos de los coches en un sinfín de sonidos desacompasados. Es una lucha titánica, pero él logra coronarse en medio del desbarajuste urbano. Consigue crear un canal único en el que su voz se enarbola por encima del caos.

Nos une un magnetismo especial: cuando se aproxima la hora me tiendo en la cama y su dulce cantinela me transporta a otro mundo. Es una especial conexión de almas interespecies.

¿Puedes tú llegar a oír su canto? Quizá sea el alma del poeta que clama a la inmensidad y sólo unos pocos quieren o pueden oírla.
Seguro que hay otras personas que gozan de su bella melodía de acordes liberados al viento y lo aguardan al anochecer. Pero son conexiones anónimas que se pierden en el espacio.

Hay algo que me inquieta de su canto: durante el día advierto que el resto de aves se replican continuamente, sin embargo al canto del mirlo no le corresponde un semejante. Cada noche quiero oír una vocecilla que le responda, pero no aparece y yo no puedo contestarle…

Tal vez todos necesitamos que nos repliquen. Nos reconforta saber que nuestros sentimientos no quedarán sepultados en el tedio del olvido, mientras alguien conozca su existencia: vivirán eternamente.


Marisa Béjar.
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8comentarios 236 lecturas relato karma: 68

Espíritu escanciado

Morada de estampa hipnótica
en paraíso clónica.

Te perdí,
pero mi alma sigue allí.

¡Espartana batalla
por regentar tu aura!

Amor hermético al olvido,
amor jamás derruido.

Pareidolia en realidad,
tengo que soñar.

Mi espíritu navega escanciado
fiel a su pétreo pasado.



El espacio está frío,
el sendero abstraído
pero voy sin extravío.

Enaguas de batista sobre mis piernas
de olor a madreselva.
Luciérnagas
en mis pies…

De noche
mi ser deambula en el jardín,
descreído del destino vil.

Cede la verja argentada,
braman las ramas,
el mirlo en regocijo grazna
pero ellos no acusan mi llegada.

Marisa Béjar.
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3comentarios 98 lecturas versolibre karma: 79

Talía de carne

Mirla camina sabroso por la calle
con ese tumbao de las morenas de oriente.
Lleva en la piel tatuada la flor de la canela
cuando sonríe se ilumina todo
con ese cerco perlado
de perfectos dientes.

Mirla te mira con esa mirada
que atraviesa el cuerpo, nítida
tiene la extraña habilidad
de leer las formas de adentro
te sabe, te adivina.
Nada se le escapa de reojo...
pero de frente es un ojo al tiro
y si por alguna razón fallase,
es porque lo ha hecho adrede
escudada bajo la premisa
de la segunda intención.

Mirla es como una delincuente
de cara amena
esa, que saluda a todos
con una sonrisa de equinoccio
ese Sol que calienta
y que espanta al frío
pero aún así no quema.

Cuando habla en serio
sus ojos parecen que ríen
junto con su boca de pumarosa
cuando lo hace en broma, es igual.
Nunca puedes enjaularle
la mirada burlona
siempre se te escapan
ese par de vivarachos
de aceituna amarilla.

Mirla...
Mirla es una Talía de carne
de cuerpo sereno
bien plantado
que juega y se desliza
como en su propia fiesta
que nos manipula
escabulléndose en un degradé
de negro malva
como de sangre manchada y sucia
entre las hojas rojas
de unos pámpanos de fuego.-


@ChaneGarcia
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2comentarios 164 lecturas versolibre karma: 108

Dolor insepulto

Es el dolor insepulto,
¡abrupto!
Escarnio al sabio
que postula teoremas
en frágil andamio.
El muérdago huyó a otra morada,
pues la hedionda almohada susurra: ¡Basta!
El aire es gomoso
y el camino angosto.
Sólo en el canto del mirlo
hallaré el acertijo.

Marisa Béjar. 10/03/2018.
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12comentarios 137 lecturas versolibre karma: 133