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Cristal

Cuando se postran sobre mí
Nubes negras en las alturas,
Recuerdo que sin ti
Mi existencia es de amarguras.

El llanto es intenso,
Se humedece el corazón
Como pintura en mi lienzo.
Al recordar esa canción.

Prometí trasegar sin miedo
Ser guerrero inmenso,
Amarte siempre, intenso
Pero tu mano concedo.

Este cristal roto me corta,
Sangran mis manos,
Dejando de dolor rastros
Que la mente no soporta.

Son pedacitos de corazón,
Cayendo al suelo día de por medio.
Y al resonar en esta prisión,
Se resquebraja sin remedio.

En cenizas se han vuelto,
Recuerdo de idilio muerto
Que ahora viaja solo por el viento.

Y a alguien habrá de llegar,
Quien suspire por aquel cristal
Y a aquella voy a amar.
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etiquetas: cristal, amor, roto, desamor, muerte, alma
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Ya Queda Poco

Ya queda poco y voy eligiendo
cuáles recuerdos guardar.
No quiero más lastres que soportar,
ya los aguanté sin rechistar
y merezco sólo quedarme,
con aquellos que me hicieron disfrutar.

Aúnque aún no sóis consciente
que se trata de un adiós anticipado,
no os sintáis mal ni os preocupéis,
cuando por fin comprendáis,
que fue un preludio premeditado.

No queda ya ni un trozo de tierra fértil
que sólo poder con sueños abonar.
Tampoco voy a negaros
que me voy triste y decepcionado,
sabiendo que aquello de mi recuerdo,
fue una mentirosa y falsa representación.

Aún me quedan recuerdos que elegir,
pero lo que sí ya tengo claro
cuál de todos ellos no voy a dudar,
en acallar en un profundo abandono
que sólo merezca poderlo olvidar.

Iván A.
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Rompe Muela

Caiga quien caiga
sera el principio de mi castigo a quien
verdad no busca
las masas están para cocinarlas
la mentiras para desenterrarlas.

Su creencia vaga sobre su ego
es su propia tumba
se ven volando entre nubes
y solo miran hacia el cielo
cuidado quien menosprecio mirando hacia abajo
se escupió así mismo,
mis problemas lo mantengo en mi circulo
no me creo eso del amable ciudadano
me miras mal y mis ojos
ven bien tu mente en cuadrado,
te subestimo a no ser menos
pero quien no subestima no suma
y no sube al próximo escalón.

El peldaño esta pesado
a quien no trabajo bien sus raíces
el viento te hace volar
solo cuando estas en boca de miles,
peros esos militantes hilarantes
cambian su pensar
de pasar a volar
besaras el suelo y su pesar.

Y yo buscando escusas para que te levantaras
y nunca lo hiciste
tiraste la toalla antes de tocar el suelo
y besaste el suelo después de la batalla.

Es mi disculpa a aquello que nunca pediste perdón
es mi lluvia ácida que podría avivar tu corazón
ooh por dios
ya estoy dando otra razón.
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Oscuras Noches Sombrías

Puede que las noches sombrías,
esas en las que la belleza transforma
en una oscura negrura.

Hagan confundir todos mis sentidos,
llevándome a un profundo precipicio
abarrotado de locura.

Terminando nuevamente con mis manos,
cubiertas del color de la Santa muerte
y sin recordad, ésta vez a quién le tocó.

Ya no recuerdo a cuantas sus almas arranqué,
ni hasta cuándo se las seguiré arrebatando.
Porque yo de mí, no soy mi dueño.

Tampoco quien en mi decide, qué o no hacer.
Soy una víctima más, sufriendo la ira furibundas de un ser maligno, que me consume desde dentro.

Acabad conmigo porque no me veo capaz,
de ponerle fin a esta psicosis insana de muertes.
Que día a día va creciendo en destrucción.

Llega la noche y de nuevo empiezan mis hábitos.
Acabad conmigo de nuevo os suplico.
O mañana me temo, habrá de nuevo otra muerte.

Iván A.
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Sol, muerte y vida

El sol hiere los iris de los ojos,
lacera las pupilas
inundando las cuencas
de legiones de lágrimas furtivas.

La esfera ígnea de encendido ardor
a las flores marchita
en los veranos tórridos
por la asfixia que daña la campiña.

Lastima la nieve alba del tejado
y ardiendo en las cornisas
derrite los carámbanos
pintando la pared con mil heridas.

Ese sol, que brilla resplandeciente,
ciega a las golondrinas
que vuelan sin sentido
buscando por el cielo una salida.

El astro que lumínico derrama
sus rayos en orgía
de luces y calores,
anunciando al albor un nuevo día.

Magno sol, que eres fuego y llamarada,
muerte y también la vida,
estrella abrasadora
alumbra el arduo caminar de espinas.
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¡No te detengas!

Ritaaaa! Ritaaa! Ritaaa!
No la veía, en unos segundos había perdido de vista a su hija mayor de diez años
en medio de la oscuridad mientras desembarcaban de la endeble balsa,
una persona gritó que corrieran hacia los matorrales que permanecieran allí
mientras se reunía , quizá algunos no entendieron y siguieron corriendo y con ellos la niña.

Fueron tres días de miedo y angustia; Silvia una señora que iba sola, la cuidó esos días hasta que se reencontraron
despertó sudorosa con miedo y angustiada, ésta escena se repetía algunas veces en sus sueños, quizá porque fue un suceso que marcó sus vida.

Sentada en la cama ya más tranquila acomodó el almohadón mientras recordaba; como hace algunos años en su país el cartel asesinó a su esposo por no quererse unir a ellos, solo Dios sabe como pudo salvar a las niñas.
Cuando su esposo Manuel y ella escucharon los disparos y gritos de los vecinos del poblado
sabían que era esa gente del narcotráfico que buscaban hombres que por las buenas o por la fuerza se los llevaban
no había opción los que ponian mucha resistencia los asesinaban junto con sus familias.
No había tiempo, ya lo habían planeado, iban a huir con sus tres hijas,
pero esa gente llegó antes, Manuel le dijo a Imelda; tienes que irte ahora
y hacer todo lo planeado corre por la puerta de atrás no pares y llega hasta la arboleda,
recuerda allí esta enterrado el dinero y provisiones y busca a la persona que las hará llegar al que será su destino.
Y no pares Imelda, oigas lo que oigas amor, por tu madre no te detengas,
no te detengas! salva a nuestras hijas, corre, corre y siempre les recuerdas que las amo.

Dio un beso y abrazo a sus hijas Rita, Caro y Ema, mientras las niñas lloraban
no querían soltar a su padre, él les prometía que las alcanzaría tiempo más tarde,
que obedecieran a su madre, luego se fundió en un beso y un abrazó con Imelda,
aún es sus brazos le decía cuán feliz lo había hecho y cuanto la amaba.

Ayudó a Imelda a salir con las niñas por la puerta de atrás, mientras las veía correr
escuchó los disparos en la casa de a lado ya venían por él era la última casa de la calle donde ellos vivían
no supo Imelda como pudo correr con las niñas para ponerlas a salvo mientras su corazón
se partía y lágrimas de dolor bañaban su rostro al oír los disparos, sabía que Manuel había muerto
en manos de esos maleantes su vida había ofrendado por su familia, no puede evitar llorar y abrazar
el recuerdo de Manuel que las amó tanto, como ella lo ama aún.

Miró el reloj y ya eran las 6.30 de la mañana había que irse a trabajar último día de la semana, las niñas llegaban mañana, la mayor estaba por terminar la universidad, que orgullosa se sentía, si su padre las pudiera ver, él también se sentiría orgulloso.
Mientras se bañaba y preparaba para salir recordaba su vida a partir de su llegada
Silvia la señora que le regresó a su hija Rita, tenía un lugar donde llegar, una amiga de su país llamada Carmen
le habló de ella y sus tres pequeñas niñas.

Les ofreció alojarlas mientras encontraba trabajo y ellas mismas le ayudaban a encontrar un empleo, Imelda correspondía agradecida cuidando a los dos niños de Carmen quién luego le dijo si podría cuidar unos días también a los hijos de una vecina y esta le pagaría , de pronto se vio cuidando niños de las vecinas que trabajaban. Rentó una casa más grande y hasta empleó a una paisana para que le ayudara no tuvo necesidad de buscar un empleo, ese trabajo le daba la oportunidad de ganar dinero y cuidar de sus pequeñas.

Las señoras iban a deja a sus hijos con sus comida en la lonchera para que Imelda se los calentara a la hora de la comida
ella preparaba la comida de sus hijas y los niños de Carmen, los otros niños al ver la comida que preparaba Imelda
para sus hijas y los niños de Carmen,le pedían .
Al regresar los niños con su lunch y ver sus mamás que preferían las comidas de Imelda, pronto empezaron a pidier si podía darles de comer de lo que preparaba, y así las las madres optaron por llevarle despensa y pagarle un extra, sabían que sus hijos estaban bien alimentados.

Poco a poco las señoras empezaron a pedirle si a ellas también les podía preparar lunch para llevar a su trabajo, tuvo que emplear a otra paisana, ya el trabajo aumentaba y no se daba a vasto.
El timbre del teléfono la sacó de sus recuerdos, era Carmen para recordarle que a las diez de la mañana tendrían la reunión en su oficina y no olvidara mandar la charola de bocadillos.
Subió a su carro y manejo por las avenidas hasta llegar a su negocio de comida restaurante "San Patricio" en honor al poblado donde fue tan feliz con su Manuel antes que el Cartel llegara a destruir y asesinar familias completas.

La gente empezaba a llegar siguiendo el aroma del café recién hecho y a hacer sus pedidos que con rapidez estaban siendo atendidos por los empleados, nativos del país y paisanos que como ella huyeron de la violencia de sus patrias, mientras abría la puerta de oficina pensaba, mañana será un día feliz llegarán mis hijas a casa, a pasar el fin de semana .
Dio las gracias a Dios y al país, la tierra que la acogió como una madre acoge a sus hijos
cuando más necesitaba, el país que les dio esperanzas y ánimo de continuar viviendo y luchar por sus hijas ahora universitarias, mientras en su mente y en su corazón escuchaba las palabras de Manuel ¡No te detengas! ¡No te detengas! y no, nunca lo hizo jamás se detuvo, solo la muerte la detendrá.


MMM
Malu Mora

imagen tomada de internet
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Trascender

Yo seré esto que ves: materia que se deshace, la bella rosa que nace para morirse después.

Cuando mis cohibidos pies no acaricien más el suelo y sea su descanso el cielo.

Cuando el eco del mar ya no evoque desconsuelo, cuando la desilusión ya mis pasos no persiga.

En ese momento mi ser inmaterial descansará, volará libre, se fusionará con lo natural.

Mi ser que trasciende, su voz olvida, se transforma en energía.
Y en un lúdico viaje mi alma respira

¡Retornado a la vida!
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Somos Inmortales

Quizás no hemos comprendido que somos inmortales…

Puede que sea causa de nuestra adultez, donde las fantasías de niño comienzan a perder sus plumas, y con el paso del tiempo nuestro pensamiento desciende a la tierra, encadenándose así a lo palpable. Como consecuencia, enjaulamos incluso la propia vida a un cuerpo, limitando así su existencia a la duración de este último... Pero, ¿realmente esto marca nuestro tiempo aquí en la tierra?

He comprendido que permanece vivo lo que en la memoria se encuentra… Fíjese, que cuando conocemos a una persona, de manera directa o indirecta, sea voluntario o involuntario, la experiencia que construimos junto con ella tiene un impacto en nuestras vidas. Estas vivencias moldean nuestras creencias, nuestras conductas, nuestras redes cognitivas… Y a fin de cuentas, nuestro futuro es el producto de todos estos fenómenos que juntos forman lo que es definido como ser.

Es, entonces, como una persona nunca se va… Así físicamente no se encuentre, permanece vivo en nuestra memoria, consciente o inconscientemente. Por esto, debemos entender que nuestro caminar viene conformado y dirigido por otras huellas más.

Entiéndase: cada cosa que hacemos, cada cosa que pensamos, cada cosa que creamos, viene dada gracias a alguien que nos ayudó a entender el mundo, cómo estructurarlo y cómo jugar con él. Detrás de cada pisada hubo alguien que nos enseñó a caminar… Detrás de cada conversación vive una persona que nos enseñó las vocales… Detrás de cada cálculo se activa el recuerdo de aquella persona que nos enseñó los números.

Estas personas, sin saberlo, encontraron lo que muchos desean. Quizás no hemos reflexionado sobre la labor que un conjunto de individuos hacen en nuestras vidas y lo profundo que logran calar cada una de sus lecciones; pero, estas personas comprendieron que dar su vida por el otro, es vivir para siempre.

Es por esto, que somos inmortales.
Porque solo está muerto, aquello que nunca existió.
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El niño y el mar

—SONETO—

No seas cruel, gran e imponente
mar, con éste, tu niño: Frente a la marea
yergue su amado castillo; inocente.
Déjalo besar tu piel nívea

con sus pies descalzos, ve a aquella gente
—que creé haber dejado huella en otra era—
con ojos mansos. Deja a un lado tu tridente:
Que tome el timón de su galera,

hasta que el viento lo lleve al puerto
donde todo navío naufraga: Bajo la duna
donde, huella y castillo paran: En la ensenada

de una extravia playa. Un desierto
donde llegas, sin sol, sin arena, sin luna
llena, brillo, o estrella: Sin nada.
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Intento de locura

El cielo está completamente nublado. Al menos, la penumbra ilumina este pequeño salón.
El sonido de las manecillas del reloj rompen el silencio que me rodea y el humo del tabaco parece danzar en el aire en cada calada que doy.

Parpadeo. Doy una última calada, giro la cabeza y observo el pequeño reloj situado encima de la televisión. Son las 13:57. Apago el cigarro.

Decido, de un vez por todas, levantarme de este puñetero sitio y dirigirme al baño.
Cierro la puerta. Abro el grifo, y mientras contemplo la escapada del agua por el desagüe del lavabo, me apoyo sobre este. Alzo la mirada hacia el espejo.
Tengo un poco de sangre en la mejilla, un moratón en el pómulo y otros cuantos en las muñecas. No sé como he llegado a este punto.

Agacho la mirada. Sigo contemplando el chorro del agua y su hermoso sonido. Desvío mis ojos por unos segundos hacia la derecha, donde está ese pequeño trozo de cristal proveniente de un vaso que cayó al suelo por su propio peso, días atrás.
O quizás, por su propio intento de suicidio.
Lo observo detenidamente. Me parece precioso... Vuelvo a centrarme en el agua.
Mientras me concentro cada vez más en aquel chorro, decido cerrar los ojos por un momento e inconscientemente, dar paso a miles de preguntas que comenzaron a rondar por mi cabeza.

¿Cómo he llegado a esto? ¿Cómo puedo aguantar tanto? ¿Qué he hecho para merecer esto? ¿Quién soy yo?

Vuelvo a desviar mis ojos. Decido agarrar con fuerzas ese cristal y guardarlo en el bolsillo de atrás. Me lavé las manos. Cerré el grifo. Salí y cerré con cuidado aquella vieja puerta.
Mientras recorro de dentro para afuera el pasillo, todas sus putas frases salidas como cuchillos de sus labios, son recordadas con más fuerza en mi cabeza.

¿Qué coño haces? ¿Quién es ese? ¿Te crees mejor? ¡No vales para nada! ¿Qué haces con eso puesto? ¿Tú que vas a saber? ¡Cállate!

Todas son recordadas.
Una y otra vez, como si mi consciencia no conociera el descansar.

-¿Cómo he llegado a esto?- susurro mientras camino con calma hasta el salón.

Tras llegar a dicho lugar, me dirijo al balcón y pienso en cada detalle con la cabeza fría.

Si salgo, él me vigila.
Si me relaciono, él me obliga a no hacerlo.
Si consigo algo, él me humilla.
Si decido hacer algo, él me amenaza.
ÉL, ÉL, ÉL y ÉL.
Él y su asquerosa mentalidad enfermiza.

Observo la calle desde el balcón.
Hace frío.
Creo que estaremos a cinco o seis grados. Es lo que tiene estar en diciembre.
Tras pensarlo todo fríamente, observo con máxima claridad que no tengo salida.
¿Estaré dispuesta a atentar contra la vida? ¿Contra mi vida?
Por supuesto que si.

Llevo mi mano derecha al bolsillo de atrás, agarro el trozo de cristal sujetándolo con cuidado pero con decisión y firmeza.
Miro mis muñecas. Dirijo ese cristal a toda la unión de venas de mi muñeca izquierda.
Miremos el lado positivo,
no solo me quitaré de en medio, también haré desaparecer ese estúpido tatuaje que me hice hace tres años, ignorantemente, de tu nombre.
Mataré dos pájaros de un tiro.

Visualizo una última vez la calle.
Hay varios coches aparcados.
Vuelvo a pensar todos los detalles.
Sonrío de forma nerviosa.
Lo admito, tiene que ser de muerte perder la consciencia por la falta de sangre y caer desde un cuarto piso. Será parecido al puenting, o eso creo.

De repente, comienzo a escuchar pasos que se dirigen hacia el lugar en donde estoy.

-¡No, no, no, no, no, no... Otra vez no... Él no!- grito susurrando, de forma nerviosa, a la nada.

Quiero que se acabe esta puta pesadilla de una vez por todas.
Sujeto con firmeza el cristal y decido hacer el golpe de gracia.
Si sale todo bien, la vida habrá superado mis esperanzas.
Mis ojos se empañan.

-Que te den, hijo de puta- susurro al viento, como si mi consciencia estuviera esperando una respuesta.

En un momento, sin esperármelo, mis ojos se abrieron en su máximo esplendor cuando escuché de la nada aquella cálida y suave voz.
Decido darme la vuelta.

-Mami, ¡feliz cumple! ¡Te quiero!
-...

Quizás... Si haya otra salida.
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Cuando mueren las buganvilias

Resplandece el aroma
a color fucsia
de las centelleantes buganvilias
que gritan vida
desde la habitación verde
que recibe el abrazo del sol
en un viernes que podría ser
como otro viernes cualquiera.

Interminable es el desfile
de cuerpos rotos
que esperan su larga espera
por el elixir
de la fuente mágica
que sana todos los males.

Y entre las sombras
de una dimensión intangible
para el ojo desnudo, invisible;
pululan los oscuros espectros
de la antesala de la muerte,
en busca de almas
que exudan el desaliento,
que alimentan a los demonios
de la desesperanza y el desespero.

Y en los destellos
de otros pliegues
de alguna otra dimensión alterna,
aletean las emplumadas alas
de querubines y serafines
que rocían gotas de luz
desde las trompetas doradas
dónde nace la fe y la esperanza,
para las almas rotas
que autoflagelan sus cuerpos
desde el pozo
de las tristezas profundas.

Y danza el amor y el odio,
la tristeza y la efímera alegría
de la ilusión y el anhelo,
la podredumbre y descomposición,
y la lozanía de cuerpos que reverdecen.

Y a pocos pasos de allí
unos pies descalzos,
una piel encurtida,
y unas greñas blancas,
en el pausado silencio
de unos ojos que han visto
millares de amaneceres,
cuentan mil y una historias;
de todas sus vidas vividas,
de todas las ilusiones muertas,
de todos los sueños cumplidos,
de todas las batallas ganadas
de todas las guerras perdidas.

Y mientras tanto
en un viernes que aún no llega,
en el horizonte
de un infranqueable futuro;
desfallecen,
las descoloridas y marchitas
flores
en su ocre habitación,
en su cama de hojas pardas,
y se palpa inequívocamente,
que ha llegado el tiempo
cuando mueren las buganvilias.


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@AljndroPoetry
2019-Ene-19
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17comentarios 132 lecturas versolibre karma: 89

La fé más efímera

Mi desdicha más repudiada
Mi miedo más desolador
Mi pérdida más temida,
El dolor más abrumador
El odio más acosador
Y la desgracia más evolucionada.


No tenerlo a él,
Eso lo ha sido todo
El desprecio más cruel
El orgullo más tonto
Que ha podido haber.

Dudo de su querencia
Pues sus palabras atormentan
Sus preguntas me hacen
Querer sufrir de demencia,
Lo que mis sentimientos intentan
Es producto de su indiferencia.

Ansío locamente su amor
Me desespero por su sonrisa
Me desvelo por sentir su calor.
Anhelo una acertada caricia
Un cumplido de aceptación
Un aliento a mi esperanza
Un susurro tranquilizador
A la tenue luz de una vela
Tendida en mi habitación.

Si tu preocupación
Está llena de angustia,
Si se colma de desconsuelo
Si se desborda en la desesperación
Si me defiende de la tiranía
Si me levanta del más profundo agujero.

¡Ya no lo quiero!

Porque es mi más vil deshonra
Mi vergüenza más desconcertante
La violencia más atroz
Tu descaro más agobiante
La manipulación más veloz
El caos más inquietante.

Reina después de la tragedia
El ahogo más asfixiante
El desierto más bochornoso
La caída más aparatosa
El silencio más ruidoso
El llanto más exuberante
La ausencia con mas envidia
La traición más ambiciosa.

Por desgracia ésto lo debo a tí
Si aún te puedes llamar querido...
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Me entrego

Me entrego a ti
porque ya no puedo negarlo
necesito de tu sal ardiendo en mi piel
del abrazo de tus olas
de llegar a lo más profundo
donde perdamos la consciencia
para ahogarse de tu amor mi mal…

Me entrego, rendida y llena de fuerzas,
con la sangre caliente recorriendo mis venas
y la piel como siempre sedienta de tus besos
queriendo desafiar a los celos de la arena…

Me entrego, no dejes de abrazar este amor
que regala a tu oscuridad la luz de su alma
que necesita una y otra vez atreverse
en tus brazos a nadar, más allá
donde la vida a veces es muerte
y yo no quiero escapar…

soundcloud.com/lola-bracco/me-entrego (Lola)

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Death is the road to awe

Acto 1. El miedo.

Estoy incubando la muerte
con mi propia vida.
Con mis manos, el amnios.
Con mi...

Antes de que apriete el frío,
La oscuridad supravital,
y el amor precario.
¿has amado por miedo?

Tanatofobia me suscita
Trémulo espiritual.
Para aliviar emulo
íntegro al estoico.

Si. He amado por miedo.
Para distraer a la muerte
incrusto entre párpados y tuétano
amores de sangre y prepago,
pero nada es suficiente.

Mi sangre es pura espuma.
Supura dolor a borbotones.
No podría gritar,
¡Oh, dios! Eso sería irreversible.

Lamento tanto acotar.
Trato de acostumbrarme
a la finitud
pero la angustia es absoluta.
Luego lego la muerte pero
es légamo insondable.

Acto 2. Objeto.

Me niego a descender
a la muerte profunda.
Procuro enraizar mi psique
sin que sea pertubado.

Me cierro en banda.
No recibiré tal puntilla,
que mi vida es solo mía
y en ella, soy quien manda.

Las posteridad hipotética
no me interesa así.
Inhumar sin impugnar
es inmolarse gratis.

¿Acaso no merezco
conservar mi formato?
Oh, por mi prez y mi amor,
¡Déjame curar mi muerte!

Acto 3. Trascender.

Jainista inorgánico.
Mis tibias cenizas
auspiciarán más vida.
Este es mi legado.

Como fiel vitalista
honraré la tierra
con la plenitud de mi carne.
Pétalos saldrán de mis escamas.
Tallos crecerán de mis lunares.
Amor emanará de mis huesos,
y de mi amor brotarán orquídeas.

Elevar aleve mi materia.
Multiplicar en definitiva,
de un único individuo,
retazos infinitos de vida.

Tras la brevedad del ser
Aguarda la trascendencia.
Ya no tengo dolor.
Sublimar empodera.

Estaré incubando la vida
con mi propia muerte.
Con mis átomos, el amnios,
Con mi...
luz.
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Toma

Te entrego mi alma
si es que tienes la calma,
de darle calor
entre tus manos.

Te entrego mi corazón
si tú contra toda razón,,
le haces un lugar
en tu pecho.

Te entrego pensamiento
dolor, sufrimiento,
si es que tienes el contento,
de compartirlo conmigo.

Te entrego mi muerte
si es que tengo la suerte,
de encontrarte
y morir entre tus brazos...
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8comentarios 80 lecturas versolibre karma: 97

Conservo tu sonrisa en mi mente

* Estar en paz con la vida
porque la muerte
no espera no llama
llega sin avisar *


Si pudiera
volver a tras
el reloj de la vida
verte una vez más

Siempre regreso
a nuestra última charla

No dejes de escribir
con tristeza te decía

Y tu respuesta fue escribir
una reflexión sobre la vida
escrita para el mundo

Un mundo que amaste
que le diste color
con tu filosofía

escribías ya sin fuerzas
aún sintiendo dolor
hasta tu último aliento

Sé que sabias
que te estabas muriendo
y con amor sonreías

Amaste tanto
que no querías traicionar
nuestra fe.

MMM
Malu Mora
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11comentarios 76 lecturas versolibre karma: 93

Mi designio, la soledad

Mi amor por ti no tuvo edad.
Mi amor por ti fue un desatino.
La condena social, arbitraria y descarnada
declaró nuestro dulce amor impío.
Verdugos implacables.
Sicarios despiadados.
El escarnio público al que fuimos sometidos
alimenta mi vergüenza clandestina.
Mi amor por ti era puro.
Mi amor por ti era inmaculado.
Tú eras tan joven, inexperto, efebo
yo una dama solitaria empapada en descontento.
El mundo no estaba preparado
para aceptar este perturbado desafío.
Acaso tú tampoco…
¿Acaso me querías?...
Me dejaste sin motivo ni palabras
Me dejaste herida y sin venganza
No quiero recuerdos que evoquen mi indecencia.
No quiero recuerdos que insinúen mi demencia.
Mi razón te desprecia y te maldice.
Mi corazón te desea y te bendice.
El amor…
¿Qué es el amor?
¿Acaso no verte?
¿Acaso extrañarte?
¿Sentirme vulnerable?
La cercanía crispaba mi piel con tu mirada.
Tus ojos me embrujaban y hacían latir mi corazón enloquecido.
Tus negras pupilas se clavaban como dagas
y fascinaban mi ultrajada madurez con un suspiro.
Cuando murmurabas poemas de memoria
me transportabas de rodillas a la gloria .
En mutua confidencia.
En íntimo deseo.
Susurros licenciosos y lascivos
estallaban en mi cuerpo enardecido.
Cierro ilusa los ojos encendida.
Abro mis vísceras profundamente conmovida.
El sonido viril y masculino de tu verbo
me hacían olvidar tu genuina juventud, tu lozanía.
Soñaba con tu voz antes de oírla.
Pensaba en tu cuerpo antes de verlo.
Embelesada y cautiva de tu hombría,
sueño con besarte, sueño con tenerte, sueño que eres mío.
Tu broma cruel pisoteó mi prístina ilusión.
Tu mofa macabra desató mi condena y mi tragedia.
Hoy mi alma grita tu nombre
desgarrada por la afrenta y la vergüenza.
Palabra nimias. Palabras huecas.
Mi derrota es a las claras tu triunfo.
Ya no transitarás la pureza de mi cuerpo.
Ya no sabrás de mis íntimos secretos.
Mi imprudencia desafió tu valentía.
Mi insensatez provocó tu ego henchido.
Amor espurio.
Amor maldito.
Es mi último deseo que te enteres
que esperé por tí toda la vida.
Que la pena infinita que me asola
es artífice del rencor y del despecho.
Lágrimas absurdas, necias, inoportunas
asoman por mis ojos casi ciegos
ruedan delirantes, errantes, moribundas
sobre mis mejillas anhelantes de escarmiento.
Me siento en el borde de mi lecho,
cómplice mudo de mis noches solitarias.
Las sábanas blancas con almidón inmaculadas,
son las eternas confidentes de mis sueños.
En la hora final de mi deshonra
serán manchadas cual bautismo en sacrilegio.
Acomodo mi falda de modo decente y circunspecto
aunque más no sea para aparentar en mi último aliento.
Tomo el arma ejecutora entre mis manos.
su frío metal presagia mi castigo, mi destierro.
La teofanía hace presente a mi ángel de la guarda
futuro compañero en el averno.
-Gira suavemente tu rostro y reza conmigo-
le suplico temblorosa
-O serás tú, cómplice en mi cobarde destierro.
Aprieto el gatillo con mano temblorosa
urgida en el final por tu partida.
El disparo atraviesa el corazón de medio a medio
agrietando criminal mi alma herida.
Mi cuerpo por la ofensa desangrado
yace inerte agobiado por la pena y el hastío
Esta es la prueba de un amor casto y sagrado.
Esta es la prueba de un amor enloquecido.
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sin muerte

¿cómo no sentir esa orfandad
hundida en el cuerpo?

suspirando

como una criatura
desolada,

anhelando
un nido de agua:

paraíso sin muerte

L
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Perdona, mujer

Quiero pedir perdón
por cada una de las veces
que te he mirado, mujer,
y he hecho que te sientas un objeto,
ganado directo al matadero.

Perdón por cada vez que has temido
cuando me acerqué a preguntar una dirección,
o la hora.

Discúlpame cuando he dado por supuesto que,
por ser cariñosa,
podía intentar algo más que una conversación,
o cuando he dicho algo que te ha molestado
y, rápida y hábilmente,
me disculpé,
dije que era broma
o que sacabas las cosas de contexto.

Perdóname por hablar de ti con los amigotes,
por contar lo que hicimos
y, sobre todo, por inventar lo que no.

Espero que alguna vez olvides
cuando te traté de manera distinta
por ser atractiva o por no serlo para mí,
cuando te he seguido por redes sociales
sólo por tu atractiva
o te he dedicado unas letras
porque me siento atraído por ti.

Me encantaría que no hubiesen pasado por tu cabeza
las cosas que pensaste cuando tuvimos sexo
y fui egoísta,
cuando nos hicimos un selfie
y te traté como un trofeo
o cuando rebusqué en tu muro
para señalarte como otra más que iba a caer.

Lo que no quiero que perdones,
porque yo no podré hacerlo nunca,
es mi silencio ante la fanfarroneria,
los comentarios agresivos,
sexistas, despectivos,
misóginos de los animales con los que,
por desgracia, comparto género.

No te merezco, mujer.
Ningún hombre estará jamás a la altura de ti,
mientras nosotros mismos permitamos
que compartas planeta con tanto miserable.
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Miedo asusta
miedo duerme
miedo se cansa y me mima
padre de mis lágrimas
padre de mi consciencia,
me pegas
y me arrastras
por los recuerdos de mis muertes,
se hace presencia permanente,
padre, tu ausencia puede matarme
de tí soy cuerpo vivo
de tí no son hombres muertos
y manos mías con sangre,
pero de ti soy consciencia enferma
¿Cuál es tu origen, infeccioso?
Y cuál tu final.
No se si te amo
o me resigno a aceptarte.
Miedo, padre.
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