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Por alguna razón que desconozco

Por alguna razón que desconozco, aunque intuyo los motivos, ha venido el frío pronto este año. No saberme las respuestas, el agobio o los nervios que me piden que respire y le dé otros diez momentos a las cosas que me irritan, casi ya no me preocupan, os lo digo de mentira. Cómo voy a relajarme... llevo grapas en los ojos que funcionan como alarma, que me obligan a mirarme y recuerdan lo que escuece la existencia por las noches, cuando calla todo ruido en las calles y yo sigo con mi mente y su jauría muerta de hambre.

¿Duele menos lo perdido cuando nadie conocía que era tuyo? ¿Cabe menos soledad? Crece y crece la gazania en el centro de mi pecho. No sabía que vendría cargadita de altibajos: serpentinas en el aire espantándome las nubes, un milagro que, de cuajo, extirpaba mi pasado, sembradío de temores, cien pellizcos en el vientre —más abajo, más abajo—, la sonrisa juvenil decorándome la boca, la garganta obstruida con lo seco del otoño. Y la lluvia. Cómo voy a seguir cuerda... sobre todo, cuando busco la locura. He ahí mi gran problema, si es que puede así llamarse a ser tonta, terca, triste... o inconsciente. Bueno, no. Inconsciente sí que no. Que de tanto darle vueltas a los asuntos, intentando que no quede una ranura que mis ojos no conozcan, llego a ver el huracán mucho antes de que ocurra; pero no me pasa siempre. Tengo veces que aparezco en el borde de un barranco cuando el paso era seguro porque yo lo veía llano, pero no.

Lo importante es que me empuje yo a mí misma, si es que quiero despeñarme, o sujete, firmemente, a mis brazos con mis brazos, para no hacerme daño. Los susurros que se callen. Sugerencias no he pedido. Voy desnuda, más que antes. Con las manos bien abiertas porque quiero la locura y todo el roce. No me tiembla ya la voz.
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Invierno

Las mañanas son frías,
No por el invierno,
Es la falta de compañía,
la osadía de no saberte mía,
No abriga,

Cuando se alían, los sueños rotos,
De un amante incompleto,
Y el regurgitar de un corazón inquieto,
Deshecho por ti,
cansado de facto de estar obsoleto,
Su amor, en lecho ajeno...

Emocional este invierno,
Ya suficientes faltarán...
Es la inclemencia del tiempo,
Ahora también debo quitar tu cubierto,
Ya que tampoco estarás,
Y mi peor defecto,

Será, no degustar tu manjar,
No poderte regalar,
Ni pedirte siquiera a las uvas,
No poder contarnos arrugas,
Navidad a navidad...
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Mujer de ojos color almendra

Mujer de ojos color almendra.
Si tu corazón todavía puede temblar
por favor, ven.
Sé dónde sopla el viento.
Y es posible propagarse a las estrellas.
Como sal y sangre.
Decorado con gloria, oro y poesía.
Si tu corazón todavía puede temblar.
Entonces, por favor, ven sin parar.
Pasando por la caída de Yarlung Zangbo.




No mires atras.



Tus ojos de mujer están siempre llenos de la luz.
Recordando la época en la que nos conocimos.
Tu frente lisa está infiltrada por las olas del tiempo.
Tu pelo largo y negro se seca en la selva original.
El cielo claro de mis ojos desafortunadamente tiene estrellas caídas.
Paseando por el claro y cristalino Sial.
Caminando por el claro y brillante Eyar.
Caminando por el prometedor Ayar
Paseando por el monte macho blanco de Muir.
Paseando por la diosa roja de mar.
Paseando por el lugar donde duerme la montaña.
Pasear por el fondo tu alma
Definitivamente tendremos un amor profundo.




Mi soledad es la soledad de la humanidad.
Mi confusión es la confusión de la humanidad.
Todavía hay ansiedad, expectativa, búsqueda, tristeza, vergüenza y tristeza.
Tristeza, miedo, indignación, bendición ...
También hay confianza inexplicable, suspiros interminables, inagotables. Pasear por el fondo tu alma.
Los copos de nieve tienen tantos años de sentimiento.
Mujer de ojos de almendra, montando a caballo en un espacio puro, el espacio solo tiene un pequeño sonido de nieve y hierba.
Solo los dos montando un ardiente caballo rojo
Deambulando por nuestras últimas praderas.
La nieve es crujiente y fresca.
El caballo rojo.
No hay viento, ni nubes.
El cielo es profundo.
Tienes las mejillas heladas debido al rubor frío.
Solo muy lejos.
Hay un sándalo blanco inalcanzable...




Como la pradera del mar como un cielo estrellado.
Como una canción triste en las tierras de los amantes.
Mi eterno amor por siempre, mujer de ojos color almendra.
¿Cómo puedo explicarle al mundo mi amor infinito?
Un sueño de amor que se hunde en el pasado.
Tus ojos son cocidos por el fuego de tu corazón, tus pasos son
debidos al largo tiempo que corres, no solo estás ansiosa por la primavera sino también por las espinas, llevando el té dulce a tus labios.




Mujer de ojos color almendra.
Si tu corazón todavía puede temblar
por favor, ven.
Sé dónde sopla el viento.
Y es posible propagarse a las estrellas.
Como sal y sangre.
Decorado con gloria, oro y poesía.
El amor es invencible.
El único sol en el mundo eres tú.



www.youtube.com/watch…



Che-Bazan.España
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El ahogado

-Tras la lectura de un cuento de G.García Márquez-

Las gaviotas se posaban en algo que flotaba para descansar. Eso extrañó a los habitantes del pueblo y se sorprendieron al ver cómo una cosa extraña asomaba entre las olas. Los primeros que se refirieron a ese islote flotante decían: ¡Es un cocodrilo!, ¡no, es una tortuga!, ¡no tenéis ni idea, es un tronco flotando a la deriva! Los niños jugaban con la idea de que fuera un barco pirata que se iba acercando. Los comentarios cesaron cuando quedó varado en la arena de la playa, entre piedras y algas.

 Se acercaron temerosamente, poco a poco. El más valiente fue, no, la más valiente fue la chica pelirroja. Ella fue la primera que se aproximó y le apartó la masa de poseidonia que le cubría la cara, y sólo entonces descubrió que era un ahogado.

A partir de ese momento, los hombres se acercaron. Los niños fueron corriendo al pueblo para dar la voz de alarma. Lo llevaron hasta la primera casa del pueblo y advirtieron que pesaba mucho más de lo normal y comentaron que tal vez estaba hinchado por haber estado demasiado tiempo flotando a la deriva. Apartaron la mesa de la sala para dejar el cuerpo en el suelo, fue ahí cuando se dieron cuenta de que era grande y negro. Uno de ellos dijo que los negros crecían después de la muerte.

Nadie le conocía, no era del pueblo ni de los alrededores. ‘No podía ser, no hay negros por aquí’, comentaron. Pero su negrura era especial, al tiempo que tenía algo desconcertante, también había algo de reconocible en esa cara. Sí, sus rasgos recordaban a alguien, pero era imposible. No había negros en esas latitudes.

Aquella noche los hombres decidieron averiguar si no faltaba alguien en los pueblos vecinos, las mujeres, encabezadas por la pelirroja, se quedaron velando al ahogado. Le quitaron la poseidonia que le cubría el cuerpo, le cepillaron el cabello, le sacaron los restos de ropa que aún le tapaban y descubrieron que sobrellevaba la muerte con dignidad aunque con manchas claras y oscuras por toda la piel. Solo faltaba sacarle el harapo que hacía las veces de taparrabos. Se miraron con picardía y la pelirroja se aprestó a reclamar su derecho. Así lo hizo. Lo que allí apareció no era negro y tenía una envergadura que las dejó atónitas, lo estaban viendo y no les cabía en la imaginación.

Entró un vecino a buscar un cubo y como con un reflejo instantáneo, las telas que tenían diversas vecinas taparon la imagen que avergonzaría a los hombres del pueblo. Asombradas por su proporción o desproporción y su color o no color, las mujeres decidieron entonces remendarle algo de ropa para que pudiera tener un funeral respetable. Mientras cosían sentadas frente al cadáver, lo miraban entre puntada y puntada con picardía. ¿Por qué aquello era blanco si él era negro?, se preguntaban. Lo compararon entre risas con sus propios maridos, pensando que ellos no serían capaces de hacer en toda una vida lo que aquél habría sido capaz de hacer en una noche.

—Tiene cara de llamarse Nacho, como el actor porno.

Y todas entre risas, asintieron. A la mayoría le bastó con mirarlo otra vez para comprender que no podía tener otro nombre. Las más atrevidas, que eran las más jóvenes, se mantuvieron con la ilusión de que al ponerle la ropa, el roce pudiera despertar aquel milagro de la naturaleza, aunque fuera por un instante. Pero fue una ilusión vana.
Por la mañana, cuando le taparon la cara para que no le molestara la luz, lo vieron tan muerto, tan indefenso, tan parecido a sus hombres, que empezaron a sentir pena por él. Fue una de las más jóvenes la que, habiendo consultado internet por la noche, les explicó su descubrimiento:

«El color de la piel es un carácter que cambia con relativa facilidad por la selección natural. Los primeros humanos, al salir de África, son de color, pero empiezan a perderlo en cuanto emigran a latitudes altas. Y esta pigmentación no fue igual para los que fueron a Europa y los que fueron al norte de Asia. El sol - continúa explicando- es el factor que hace que nos tengamos que proteger de él en latitudes donde hay más; donde no hay sol, la piel clara es mejor, porque necesitamos la energía solar para fabricar vitamina D».

 Es decir, continuó, el ejemplo es muy tonto, pero puede explicar los cambios de color que, con el paso de millones de años, pudieron llevar a los primeros hombres de África a ser primero blancos, después negros y a que, más tarde, algunos volvieran nuevamente a ser blancos. Es decir, Nacho era blanco y mientras su cuerpo flotó en el mar, se oscureció para protegerse, a pesar de estar muerto.

 Todas ellas se miraron con incredulidad. Pero la chica continuó, lo que debemos hacer ahora es volverle a mirar y tratar de verlo como a un blanco y no como a un negro. Quizás así le reconoceremos.

 Al rato, los hombres llegaron con la noticia de que el ahogado no era tampoco de los pueblos vecinos, ellas se mantuvieron calladas. Los hombres, sorprendidos ante aquel silencio, creyeron que no era más que cosa de mujeres y se marcharon al bar.

 La pelirroja, mortificada por tanta duda, le quitó entonces al cadáver la tela de la cara. Empezaron a mirarlo con ojos diferentes, le iban aclarando la piel mientras le escaneaban de arriba a abajo. A medida que pasaban los minutos, las mujeres se mostraban más inquietas, no se atrevían a poner palabras a sus pensamientos. No podía ser, se decían a sí mismas, pero se les notaba en las caras que iban llegando a una conclusión.

 Nacho solamente podía ser uno en el mundo, y allí estaba estirado frente a ellas. Las facciones que tenía por la mañana habían cambiado. Las mujeres se iban mirando unas a otras hasta que a la más joven se le escapó la risa y todas estallaron en una carcajada conjunta y deshinibida.

 ¡¡Es el sustituto del cura que se marchó del pueblo el mes pasado!! Gritaron alborozadas.

Decidieron no decírselo a los hombres del pueblo para poder así vivir en paz. Fue un secreto de mujer. Solo ellas se llevarían el recuerdo de aquel mástil vigoroso que les alegró la vista durante unas horas.

 Al día siguiente, le hicieron los funerales más espléndidos que podían concebirse para un ahogado huérfano. Las mujeres fueron a buscar flores y lo cubrieron con tantas flores que los hombres no entendían nada y seguían pensando: ¡cosas de mujeres!

 Ellas no tuvieron necesidad de mirarse las unas a las otras para darse cuenta de que todo sería diferente a partir de entonces. Sabían que, desde ese momento, los encuentros amorosos con sus maridos iban a eternizar la memoria de Nacho.
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Miedo

Caminaba...
pisando las sombras
de una acera gris,
oscura y mojada.
La cabeza baja.
Cayendo la noche
de un día cualquiera
de cualquier ciudad.

Ojera profunda
de mirada inquieta,
de mirada huidiza.
Andar presuroso,
pasos vacilantes.

Territorio comanche.

(Revoloteando
el alma,
mariposas
irreales)

Sordo golpeteo
siguiendo mi rastro.
Temblor en las manos.

Masticando el pánico
de mi árida boca,
me volví deprisa
aterrorizada...

Un escalofrío
ardiendo en mi espalda...
(Onírico sueño
de inertes aceros.
Sutil, quebradiza,
línea de la vida)

¡No identificaba aquel ruido!
Intenso suspiro...
...................................................

¡Nadie!

Luz difusa y blanca
de negra farola.

¡Nadie!

El frío,
cortando el aire.

¡Nadie!

Suave llovizna.
La calle desierta.

Silencio insondable...
............................................

Al fin comprendí...
¡Eran los latidos
potentes,
furiosos,
de mi corazón!
(Indómito potro
libre y desbocado)

Corazón pertinaz,
no me arrastres
por oscuras,
tenebrosas sendas,
que ya no quiero
pisar.

¡Nunca!
¡Jamás!

Acre la garganta.
Andares resueltos
de mirada erguida.
Firme taconeo
gravitando sobre el miedo
y sus despojos.
Atrapando certezas,
desechando dudas.
(De nuevo…
se hace
la luz
en mis ojos)

Y por las esquinas…
la esperanza vuela
rozando la lluvia...

María Prieto
(Dedicado a todas las mujeres que han sufrido o sufren violencia machista)

Pintura: " 25 Rostros de mujer" Martí Ceballos
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Caída Eterna

Ciego sobre un bosque que arde,
Ícaro encuentra el destino que siempre le había pertenecido.
La luz que creí viva me saluda, fría, desde su nicho.
Los muros caen hacia arriba, mi derrumbe no tiene sentido.

Dulces versos para la mujer de blanco,
recitados por la sombra de lo que una vez fue un hombre.
El sol se apaga, las abejas mueren,
mientras el tiempo se tiñe de rojo.

Ojos al frente, corazón en mano,
una voz que sin cesar repite que no se puede vivir asustado.
Y tras ver las estrellas vuelve a salir el sol,
como cada día; nuevo y perpetuo
Bato mis alas. Vuelo de nuevo.
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1comentarios 43 lecturas versolibre karma: 83

No estoy acostumbrada

No estoy acostumbrada a que los sueños sean más que sueños. Dibujos que hace la mente, paisajes casi perfectos donde sucede lo deseado. En esos momentos, lo imposible hace la vista gorda, se relaja y sonríe. Como si pusiera la mano sobre el hombro de la crudeza y le dijera: «anda, déjala que juegue». Entonces, porque quiero que llueva, llueve.

Soñar siempre ha sido llegar a casa y quitarme los zapatos. Comer huevos fritos con patatas. Mirar por la ventana y toparme con el azul sin nubes. Volver al faro. Lo que yo quiera, con una condición: no pisar el jardín al abrir los ojos.

A veces, para soñar he cogido un puñado de versos inventando que volvía, él o ella, con el futuro bajo el brazo, sin reproches ni preguntas. Poesía de mi lado, cualquier cosa era cierta porque yo le daba nombre y traducía mis dolencias para que asustaran menos. Nunca he tenido Lisboa más cerca. Y llegas tú, remolino que juega al escondite con nenúfares —cuando la noche acompaña—, silencio que se lame las heridas en silencio, arce de mis otoños, viveza venida a menos cuando aprieta el estío... llegas tú arañándome el pecho, vacilando entre volverme loca o volverme loca a golpe de duda, recuerdo, pánico; despeinándome los sueños con tristezas que no curan porque temes tener miedo. Más miedo.

Que no entiendo de nostalgias, dices tú. Yo suspiro... vas a hablarle de saudades a Pessoa. Que no sepa amamantar a la nostalgia tanto tiempo no indica mi ignorancia. He soplado muchas velas con los ojos bien cerrados. Ves la prisa en mi cansancio. Veo desidia yo en el tuyo como veo oportunidad, derramada en cada rama que, por fin, puebla tu árbol. No es un sueño, es la realidad que llega cinco minutos —o varios lustros— tarde a la cita, pero llega. Después de entretenerse por el camino con qué sé yo, qué importa ahora... pero llega. Y a mí lo que me apetece es barrer con la punta húmeda de mi lengua todo rastro de no sé, no puedo. Comerle la boca al miedo. Llover... como tú quieras. Porque no tengo sueños, tengo motivos.
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10comentarios 118 lecturas prosapoetica karma: 125

Soy una pequeña colonia

Toda la luz esta noche es solo para mi; mujer.
Soy una pequeña colonia esta noche,
permaneceré durante mucho tiempo; melancolía desde dentro de tu cuerpo, exudación con delicadas gotas de agua.

La luna es como un cuerpo limpio y fragante, soñolienta, dando un aliento seductor.

Ver la sombra de mi triángulo desbordante, cada poro del vientre
está abierto.
Significado impredecible.
Las estrellas brillan en el cielo.
Y mis ojos están llenos de
placer de los tiempos antiguos.

Grito y grito, con un dolor satisfactorio, en tu hermosa mirada
está el poder de los demonios.
Haz de este momento un recuerdo que no pueda ser borrado.
Fui abandonada en el mundo, sola, la luz del sol es brillante.
Cúbreme, ¿sabes, cuando te inclinaste sobre mi mundo?
Nadie sabe como te quiero sin márgenes;
mis ojos te miran como dos heridas dolorosas.

Cúbreme.

Soy un cuerpo de plumas blancas, que es suave como el agua.
Me sostienes en tu mano, acomodaré este mundo, llevando la
piel al sol, me siento tan deslumbrante, es increíble.

¡El sol sale por el mundo! Solo te quiero a ti;
concéntrate en mi cuerpo con la más odiosa ternura,
desde el pie hasta la cima del máximo placer, tengo mi camino.
Cuelga tu cuerpo en la luz curva del aire, como un templo Florentino.

Cuerpo ondulado.
Como si yo resistiera la invasión del mundo entero.
Te lo doy.
El líquido se entrega a la tierra y se niega a desaparecer.
¿Qué tipo de flujo de aire aspirado en el cielo?
Un regalo tan inflado, un universo tan pequeño.

Todo está desapareciendo, todo es transparente.
Placer, miedo y fascinación, la habitación se está oscureciendo,
la luz roja anaranjada me mira por encima de mi cabeza.
El enorme viento de ayer parece saberlo todo.
Ahora puedo convertirme en luz de luna sin restricciones.

Dejó mi cuerpo desnudo en tus manos.
Todos los materiales transparentes u opacos.
Todas las formas originales son utilizadas por él.
Todos los cubos, conos.
Todas las esferas, cilindros (incluido el propio círculo)
Similar a la distorsión de la desnudez.
Está inclinado encima de mi.
Están justo debajo de la bruma
Cuerpo sexual.

Entra en mi, como una cuña.
Él controla la velocidad de la pasión.
El tamaño de la llama.
La tasa de conversión de la turbina
Su cuerpo también es impulsado.
Gira rápido.
Como la hierba después de la fertilización.
Vi su cuerpo expuesto, vainilla y miel.

Te vuelves inmortal, la pluma del tiempo se desliza,
produce efectos como el rápido declive de la playa fluvial.
Aunque sea de noche cubro la superficie de la cama con una flor. Escucho la noche con éxtasis.

Duerme a mi lado.

Soy completamente ignorante del espíritu de mi noche,
más allá de su mundo.

El techo está suavemente caído, como un suspiro.

Un vacío sentido por una niebla púrpura.
Sacudo al viento mi abrigo de mariposa.
Como un suspiro.

www.youtube.com/watch?v=k3Fa4lOQfbA

Che-Bazan.España

Place des Abbensses, Paris, encontraras un mural con
la expresión “Te quiero” escrita en todos los idiomas del mundo.
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12comentarios 210 lecturas versolibre karma: 136

Lágrimas simétricas

Si no hubiera sido por su timidez, tres gotas de lluvia; no me habrían desorientado: se tendieron en su cara y pensé que eran lágrimas, no fue suficiente para aplacar mi alma o protestar bajo el paraguas, porque si llora, pensé, todo está perdido.

Che.Bazan.España
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Y flores que brotan en el alma

Siento temblores en los huesos.
Y flores que brotan en el alma.

En la brillante paradoja de la existencia.
Es una energía que irradia luces cósmicas,
en su máxima frecuencia a través de los poros.

Puse la cabeza en la almohada de la locura,
en la inocencia caliente entre mi cintura y mi vestido, con una carga de ángeles menudos, como esas caricias que se desploman, solas sobre mi corazón, de piedra en la flor de su sexo, restaurado y aún tibio, y lo incomparable; que perdura en la rosa desnuda de la rosa.

Che-Bazán.España
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Como todos los poetas que sueñan con ser caballos

Como todos los poetas que sueñan con ser caballos.
Es una suerte sostener tu mano y morir.
Este es el pulso del silencio, del día y la noche.
¿Lo has oído?
¿Oyes?
Ese tono.
A menos que todos los vientos sean desviados,
se quiten las campanas, se derritan las torres.
Es una suerte sostener tu mano y morir.
Hay primaveras después de la muerte de la primavera, pero al menos, hubo un mayo que nos perteneció.
Cuando el sonido de las olas incomode al mundo,
suavemente convertido en un sueño: el barco en el puerto,
en la calle bajo la montaña, la asfixia en el caso de ser sonido del agua.
Conmigo por una larga noche;
donde quiero contar los secretos del mundo,
como un susurro crítico, que se ahogara en el viento que ronca,
para explorar el mundo perdido durante mucho tiempo, acompáñame al filo de los sueños.
Este fuego es grande,
florece en la patria sagrada.
Toma el fuego de tu cuerpo desnudo para pasar mi vida en la noche oscura.
Como todos los poetas que sueñan con ser caballos.
Corriendo por los campos de trigo verde, los rayos de nieve y sol; poeta, si te lo puedes permitir, el sabor del campo de trigo y la luz, un deseo, una amabilidad, una estrella brillante solitaria abriéndose sobre tu cabeza.
O simplemente soy una rama, que solía dormir en un caparazón oscuro, en el techo del otoño amargo y fragante.

Tu debes ser mi corona.
de laurel abierto y almendra amarga.
La llevaré como los grandes poetas del mundo,
que sueñan con ser caballos.
Ahí es donde nunca he soñado, no preguntes, ve a la tierra
de trigo, a la virgen, a los osmanthusde olor dulce.
Apaga la antorcha delante de la estatua.
Estamos en silencio juntos.
Eres un hada que vive en las profundidades de la mansión.
La luna, tu llama fría, vestida como una flor, en el cielo del sur.
Che.Bazan.España
www.youtube.com/watch?v=OHx4SyN7UWc&t=488s
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Electra, Blues-Rock

Permaneces oculta en una sombra
esperando, siendo paciente
como una leona en caza,
sigilosa y orgullosa
queriendo clavar tus colmillos de neón
a presas débiles a la luz.
Atacas a sus espaldas
eres inmune al peligro
pues, de él provienes,
de ti no se puede indagar mucho
pero, hay astucia en tus pasos
tac-tac-tac- es la marcha del tacón
anunciando la belleza oscura
que nace en tu pantalón.
Pronunciadas son tus caderas
como una canción de Blues-rock,
mirada caótica ¡Electra musical!
desatas la locura, eres un riff demencial
tu cuerpo lleno de notas está
aguardando la pasión
de un músico estelar.
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mujer con arrugas

En nuestras arrugas hay sabiduría.
En nuestro abdomen chato o abultado hay sabiduría.
En nuestros años de vejez hay sabiduría.
En nuestras imperfecciones hay sabiduría.
En nuestras sombras y ausencias hay sabiduría.
En cada rincón oculto de nuestra existencia hay sabiduría.
Quién no lo vea así, quedará con un vacío entre sus manos...
pero aún así, en ese mismo vacío habrá sabiduría.
Y dentro de esta atmósfera una mujer va madurando su preciosa vida.

ɐ u ǝ ɹ o L
ǝ l ɐ ɔ o ı C

(la mujer de la fotografía
es Fang-od Oggay tatuadora filipina que
al día de hoy tiene 101 años)
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Dulcinea

Cónyuge obligada al desamparo
y a la miel amarga de la alianza
que en tu dedo es una esposa,
cicatriz de tres soledades aceptadas
en la pasión reprimida de tus lágrimas
cuando inquieres la devolución
de una sonrisa.

Quejido eres
desde el trueno en tus fronteras,
alma en búsqueda
de las traviesas de tus fugas,
cándida en la entrega de peldaños,
obsesión con que golpeas
cada noche las estrellas.

Rasgas tus sedas soñando entregas
sobre campos llanos
para tus inventarios de lunas,
bajo los astros
arrimas rimas a tus ascuas,
viéndote señora de triste baja cama,
temerosa de los tejidos.
que tu verdad reiteran.

Con manos agitadas recreas el deseo.

Desde tu Nirvana de complejos
clamas por el olvido de la angustia,
parapetada entre tus musas
como puntal que debilite
los baluartes donde crujen
tus tablas doloridas.

En tu voz quiebran las rosas,
laureles secan por siempre
en tu frente de niña eterna,
pides renacer gritando
en las revueltas de la tristeza
de un rumor amoratado.

En tus vigilias suplicas ocultar
sombras en alforjas que rellenas
con piedra ajena,
remueves la incomprensión
que te recorre,
al leer entre tus noches de helado lecho,
las reseñas que los demás emiten,
resucitas lo sentido por tu tintero triste,
Dulcinea abandonada
de un Quijote imaginado..
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17comentarios 117 lecturas versolibre karma: 142

Sin morir en el intento

[...] Matar un dragón es cosa de un instante.
Resolver un acertijo es un relámpago
de inspiración. Son actos determinantes
pero escindidos del acontecer. Sin embargo,
los peligros de la realidad no los resuelve
un lance. Desentrañar la vida no significa
vencerla. Sortear un escollo no libra del
siguiente...

Érase una vez - Ana Rossetti


Del vientre del tiempo nacieron tantas
púas más que flores,
guerreras de mandil y descosidos,
las sombras de las sombras que obtuvieron
el triunfo, que no era para ellos.

De olvidos se llenan los libros
que hablan del miedo al instinto, a lo frágil.
Yace la capacidad en los brazos
de la ignorancia
—¿o será de la conveniencia?—.

Soy emoción, ingenio, deseo, razón;
debajo de mi pecho,
en mi cabeza,
entre mis caderas, dentro.

Desde siempre, me he asomado a la imagen
que quería de mí, completa,
sin mitades que encontrar para ser yo.
Y sé que la muerte me espera
para dejarme caer en la misma oquedad
que al resto.

¿Tanto pido?
Solo quiero ser paisaje de ambiciones
para mí, hombro, oído, mano, risa.
Ser la pieza que me falte.
Serme toda...
sin morir en el intento.
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Con tu harina

Tiene el Sol sueño atrasado,
se acuesta más temprano cada tarde,
por momentos bosteza ,
entre las nubes,
un manantial extrovertido.

Tú le guiñas,
abrigada a buen recaudo en el molino
cuando arrecian
tus tiempos de lloviznas.

La harina nueva
te convierte en tahonera
cuando se atan a tus dedos lazos blancos,
te explica como se han de bordar
los panes horneados,
salpica tu mandil
con el color de la esperanza.

Trae este otoño
una primavera en tus pisadas,
confín generoso
en el sonido de hojarasca
de contraste creciente y color imprevisible,
se enamoran con tierra tus pies,
y tus raíces nacientes
alimentan y se alimentan de alegría.
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Recuerdo su piel de mujer

Recuerdo su piel de mujer como el eucalipto, sus brazos suaves de un apurado verde casi a punto de alcanzar el
asombro del amarillo dulce, viniendo hacia mí desnuda,
en oleadas suaves.

Yo la recuerdo ahora, y mi memoria me asocia a sus
dorados pechos, y los vi deshojandose de puro abrirse
y darse en aquella luz que ardía lentamente el hipoclorito.

Recuerdo
su llegada muy despacio, hermosa, lentamente.
pálidamente dulce, caía, iba cayendo sobre mi cuerpo, a
intervalos se ruborizada; pero ella iba cayendo, como un
pañuelo de blanca gasa, sobre mi cara maravillada, expectante.

Recuerdo que cayó como una tenue rosa, cediendo se entregaba y se plegó dulcísima.

Recuerdo que todo sucedió, como acontece lo maravilloso.
Y luego vi su cuerpo, sus párpados, sus pechos dorados y
comprobé todas sus regiones como un lienzo de aire.

Recuerdo su cuerpo desnudo como el eucalipto concentrado, igual que si probara, por vez primera
su fruto más íntimo; igual que si quisiera recordar su porqué,
y duermo como un vaso en la bandeja de tu vientre,... mi corazón.

Che. (Nápoles)
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Hacia la mar

Cuando la mar te llame
acógela,
sumerge sus ribetes verdes
en tu regazo blanco de esperanza.

Ella te conoce,
mujer de historias y candelas,
ella te espera,
mujer de cintura encrucijada,
mujer de aire y temporal.

Cuando la mar te llame
contesta a su clamor con tus suspiros,
y resta su agonía
para sumar con tiento
en los resquicios de su costa,
sobre el puerto,
bajo las corrientes que dominas,
mujer de estigmas.

Cuando te acaricie elevarás el vuelo
con el cabello recogido
y la mirada abierta,
con alas de recuerdos
de extremidad de seda,
con la poesía envuelta entre las telas
de tu Mundo cubierto a tiempo lento.

Pintarás con tus dedos huellas
de amante de proverbios,
trazos blancos en tus playas,
rayas que hasta el horizonte alcancen,
pintarás con serenidad tu estela.

Serás tú,
desde tu soledad descalza,
calma entre los nidos de sus grietas,
la que eleve con sus manos
las caídas estrellas,
la ventura de los astros.

Cuando la mar me llame
nadaré con nuevas aletas viejas,
remaré con presentes viejos remos,
ausente en los minutos
fundidos como cera.

Resbalará el agua entre mis manos,
capturaré sus gotas nómadas,
recogeré la brisa tibia
en el horno de mi pecho,
la libertad de temporal alborotando
la oscuridad revuelta
de nuestro vendaval secreto.

Seré yo
longevidad de frases sueltas
entre la sal de marejadas,
con el Sur entre mis cejas,
y tus estrellas
los círculos concéntricos del tiempo.

Seré yo
en la espesura de las algas
enredadas en mis brazos,
cuerda dúctil que me aferra a las ideas
de mil nudos amarrados
a las nuevas experiencias.

Seremos la anciana mar
de pausado nuevo paso,
calmo clamor antiguo renaciendo.
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Tango fiero

Cuántos son nuestros dias
de agonía de luceros,
cuántas noches de espadas incendiadas,
cuánta la lluvia clavada en mi frente
y en tu cabello de azabache!.

Viajamoss deprisa enredando las horas,
las sembramos después
en portales de la pasión cuando,
empapadas de vida,
vuelan las miradas y las manos.

Crecen nuestros cuerpos
como en una danza de fiero tango,
nos sumamos los poros,
nos multiplicamos en los minutos
con mi cincel puliendo tu mármol,
esculpiendo en tus caderas
un collar de sortilegios raudos.

Gritamos,
narramos a gritos la impaciencia,
le cantamoss un tango al fuego
almidonándolo con las caricias,
con el incendio provocado por tus dientes
y con mi espalda recorrida
por el caminar especiado de tus dedos.

Estallando
generamos el exorcismo de los dos,
universos en volandas.

Después nos hacemos silencio.
complicidades del calor creciente
en el sueño que nos alcanza
con tu azabache en mi pecho,
en aquellas noches
de mi espalda en llamas
por el fiero tango de tus manos.
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"Lo que tu, y yo queríamos"

MICROPOEMA

Él, la trataba como una niña, ella
solo quería sentirse una mujer.....
ella, lo trataba como un hombre, él
sin embargo, solo quería sentirse
un niño otra vez.
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