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Si yo tuviera el corazón que di

Ya no tengo
como amante la mayor duda
y eso que de la duda
no puedo escaparme

quisiera tenerte siempre muy cerca
desnuda

pero no soy tu hombre y solo
otra copa
puede cambiarme

si yo tuviera
la diplomacia de Neruda
o ese aire que tiene
Leonard Cohen de capo
que viene a por mí
por no cumplir con las musas
con una canción y mi vieja
dirección bajo el brazo

porque mi dignidad
es tan baja y tan ruda
que sólo hay trapos sucios
en mi corazón cerrado

para la soledad
estoy camaleónico y dispuesto
aunque mi nostalgia de tu piel
no se lo cree
y cambio a cambio
el calor de tu abrazo resto

que sólo voy a ser ya tu amigo lo sé lo sé

sé cuál es mi sitio
complaciente
aunque funesto

si supieran tus ojos cuánto te ama
aquello
que no ves.

(Abel Santos,
de EL LADO OPUESTO AL VIENTO,
Parnass Ediciones, 2010)
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El ahogado

-Tras la lectura de un cuento de G.García Márquez-

Las gaviotas se posaban en algo que flotaba para descansar. Eso extrañó a los habitantes del pueblo y se sorprendieron al ver cómo una cosa extraña asomaba entre las olas. Los primeros que se refirieron a ese islote flotante decían: ¡Es un cocodrilo!, ¡no, es una tortuga!, ¡no tenéis ni idea, es un tronco flotando a la deriva! Los niños jugaban con la idea de que fuera un barco pirata que se iba acercando. Los comentarios cesaron cuando quedó varado en la arena de la playa, entre piedras y algas.

 Se acercaron temerosamente, poco a poco. El más valiente fue, no, la más valiente fue la chica pelirroja. Ella fue la primera que se aproximó y le apartó la masa de poseidonia que le cubría la cara, y sólo entonces descubrió que era un ahogado.

En ese momento los hombres se acercaron. Los niños fueron corriendo al pueblo para dar la voz de alarma. Lo llevaron hasta la primera casa del pueblo y advirtieron que pesaba mucho más de lo normal y comentaron que tal vez estaba hinchado por el agua por haber estado demasiado tiempo flotando a la deriva. Apartaron la mesa de la sala para dejar el cuerpo en el suelo, fue ahí cuando se dieron cuenta de que era grande y negro. Uno de ellos dijo que los negros crecían después de la muerte.

Nadie le conocía, no era del pueblo ni de los alrededores. ‘No podía ser, no hay negros por aquí’, comentaron. Pero su negrura era especial, al tiempo que tenía algo desconcertante, también había algo de reconocible en esa cara. Sí, sus rasgos recordaban a alguien, pero era imposible. No había negros en esas latitudes.

Aquella noche los hombres decidieron averiguar si no faltaba alguien en los pueblos vecinos, las mujeres, encabezadas por la pelirroja, se quedaron velando al ahogado. Le quitaron la poseidonia que le cubría el cuerpo, le cepillaron el cabello, le sacaron los restos de ropa que aún le tapaban y descubrieron que sobrellevaba la muerte con dignidad aunque con manchas claras y oscuras por toda la piel. Solo faltaba sacarle el harapo que hacía las veces de taparrabos. Se miraron con picardía y la pelirroja se aprestó a reclamar su derecho. Así lo hizo. Lo que allí apareció no era negro y tenía una envergadura que las dejó atónitas, lo estaban viendo y no les cabía en la imaginación.

Entró un vecino a buscar un cubo y como con un reflejo instantáneo, las telas que tenían diversas vecinas taparon la imagen que avergonzaría a los hombres del pueblo. Asombradas por su proporción o desproporción y su color o no color, las mujeres decidieron entonces remendarle algo de ropa para que pudiera tener un funeral respetable. Mientras cosían sentadas frente al cadáver, lo miraban entre puntada y puntada con picardía. ¿Por qué aquello era blanco si él era negro?, se preguntaban. Lo compararon entre risas con sus propios maridos, pensando que ellos no serían capaces de hacer en toda una vida lo que aquél habría sido capaz de hacer en una noche.

—Tiene cara de llamarse Nacho, como el actor porno.

Y todas entre risas, asintieron. A la mayoría le bastó con mirarlo otra vez para comprender que no podía tener otro nombre. Las más atrevidas, que eran las más jóvenes, se mantuvieron con la ilusión de que al ponerle la ropa, el roce pudiera despertar aquel milagro de la naturaleza, aunque fuera por un instante. Pero fue una ilusión vana.
Por la mañana, cuando le taparon la cara para que no le molestara la luz, lo vieron tan muerto, tan indefenso, tan parecido a sus hombres, que empezaron a sentir pena por él. Fue una de las más jóvenes la que, habiendo consultado internet por la noche, les explicó su descubrimiento:

«El color de la piel es un carácter que cambia con relativa facilidad por la selección natural. Los primeros humanos, al salir de África, son de color, pero empiezan a perderlo en cuanto emigran a latitudes altas. Y esta pigmentación no fue igual para los que fueron a Europa y los que fueron al norte de Asia. El sol - continúa explicando- es el factor que hace que nos tengamos que proteger de él en latitudes donde hay más; donde no hay sol, la piel clara es mejor, porque necesitamos la energía solar para fabricar vitamina D».

 Es decir, continuó, el ejemplo es muy tonto, pero puede explicar los cambios de color que, con el paso de millones de años, pudieron llevar a los primeros hombres de África a ser primero blancos, después negros y a que, más tarde, algunos volvieran nuevamente a ser blancos. Es decir, Nacho era blanco y mientras su cuerpo flotó en el mar, se oscureció para protegerse, a pesar de estar muerto.

 Todas ellas se miraron con incredulidad. Pero la chica continuó, lo que debemos hacer ahora es volverle a mirar y tratar de verlo como a un blanco y no como a un negro. Quizás así le reconoceremos.

 Al rato, los hombres llegaron con la noticia de que el ahogado no era tampoco de los pueblos vecinos, ellas se mantuvieron calladas. Los hombres, sorprendidos ante aquel silencio, creyeron que no era más que cosa de mujeres y se marcharon al bar.

 La pelirroja, mortificada por tanta duda, le quitó entonces al cadáver la tela de la cara. Empezaron a mirarlo con ojos diferentes, le iban aclarando la piel mientras le escaneaban de arriba a abajo. A medida que pasaban los minutos, las mujeres se mostraban más inquietas, no se atrevían a poner palabras a sus pensamientos. No podía ser, se decían a sí mismas, pero se les notaba en las caras que iban llegando a una conclusión.

 Nacho solamente podía ser uno en el mundo, y allí estaba estirado frente a ellas. Las facciones que tenía por la mañana habían cambiado. Las mujeres se iban mirando unas a otras hasta que a la más joven se le escapó la risa y todas estallaron en una carcajada conjunta y deshinibida.

 ¡¡Es el sustituto del cura que se marchó del pueblo el mes pasado!! Gritaron alborozadas.

Decidieron no decírselo a los hombres del pueblo para poder así vivir en paz. Fue un secreto de mujer. Solo ellas se llevarían el recuerdo de aquel mástil vigoroso que les alegró la vista durante unas horas.

 Al día siguiente, le hicieron los funerales más espléndidos que podían concebirse para un ahogado huérfano. Las mujeres fueron a buscar flores y lo cubrieron con tantas flores que los hombres no entendían nada y seguían pensando: ¡cosas de mujeres!

 Ellas no tuvieron necesidad de mirarse las unas a las otras para darse cuenta de que todo sería diferente a partir de entonces. Sabían que, desde ese momento, sus encuentros amorosos iban a eternizar la memoria de Nacho.
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Como todos los poetas que sueñan con ser caballos

Como todos los poetas que sueñan con ser caballos.
Es una suerte sostener tu mano y morir.
Este es el pulso del silencio, del día y la noche.
¿Lo has oído?
¿Oyes?
Ese tono.
A menos que todos los vientos sean desviados,
se quiten las campanas, se derritan las torres.
Es una suerte sostener tu mano y morir.
Hay primaveras después de la muerte de la primavera, pero al menos, hubo un mayo que nos perteneció.
Cuando el sonido de las olas incomode al mundo,
suavemente convertido en un sueño: el barco en el puerto,
en la calle bajo la montaña, la asfixia en el caso de ser sonido del agua.
Conmigo por una larga noche;
donde quiero contar los secretos del mundo,
como un susurro crítico, que se ahogara en el viento que ronca,
para explorar el mundo perdido durante mucho tiempo, acompáñame al filo de los sueños.
Este fuego es grande,
florece en la patria sagrada.
Toma el fuego de tu cuerpo desnudo para pasar mi vida en la noche oscura.
Como todos los poetas que sueñan con ser caballos.
Corriendo por los campos de trigo verde, los rayos de nieve y sol; poeta, si te lo puedes permitir, el sabor del campo de trigo y la luz, un deseo, una amabilidad, una estrella brillante solitaria abriéndose sobre tu cabeza.
O simplemente soy una rama, que solía dormir en un caparazón oscuro, en el techo del otoño amargo y fragante.

Tu debes ser mi corona.
de laurel abierto y almendra amarga.
La llevaré como los grandes poetas del mundo,
que sueñan con ser caballos.
Ahí es donde nunca he soñado, no preguntes, ve a la tierra
de trigo, a la virgen, a los osmanthusde olor dulce.
Apaga la antorcha delante de la estatua.
Estamos en silencio juntos.
Eres un hada que vive en las profundidades de la mansión.
La luna, tu llama fría, vestida como una flor, en el cielo del sur.
Che.Bazan.España
www.youtube.com/watch?v=OHx4SyN7UWc&t=488s
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mujer con arrugas

En nuestras arrugas hay sabiduría.
En nuestro abdomen chato o abultado hay sabiduría.
En nuestros años de vejez hay sabiduría.
En nuestras imperfecciones hay sabiduría.
En nuestras sombras y ausencias hay sabiduría.
En cada rincón oculto de nuestra existencia hay sabiduría.
Quién no lo vea así, quedará con un vacío entre sus manos...
pero aún así, en ese mismo vacío habrá sabiduría.
Y dentro de esta atmósfera una mujer va madurando su preciosa vida.

ɐ u ǝ ɹ o L
ǝ l ɐ ɔ o ı C

(la mujer de la fotografía
es Fang-od Oggay tatuadora filipina que
al día de hoy tiene 101 años)
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Dulcinea

Cónyuge obligada al desamparo
y a la miel amarga de la alianza
que en tu dedo es una esposa,
cicatriz de tres soledades aceptadas
en la pasión reprimida de tus lágrimas
cuando inquieres la devolución
de una sonrisa.

Quejido eres
desde el trueno en tus fronteras,
alma en búsqueda
de las traviesas de tus fugas,
cándida en la entrega de peldaños,
obsesión con que golpeas
cada noche las estrellas.

Rasgas tus sedas soñando entregas
sobre campos llanos
para tus inventarios de lunas,
bajo los astros
arrimas rimas a tus ascuas,
viéndote señora de triste baja cama,
temerosa de los tejidos.
que tu verdad reiteran.

Con manos agitadas recreas el deseo.

Desde tu Nirvana de complejos
clamas por el olvido de la angustia,
parapetada entre tus musas
como puntal que debilite
los baluartes donde crujen
tus tablas doloridas.

En tu voz quiebran las rosas,
laureles secan por siempre
en tu frente de niña eterna,
pides renacer gritando
en las revueltas de la tristeza
de un rumor amoratado.

En tus vigilias suplicas ocultar
sombras en alforjas que rellenas
con piedra ajena,
remueves la incomprensión
que te recorre,
al leer entre tus noches de helado lecho,
las reseñas que los demás emiten,
resucitas lo sentido por tu tintero triste,
Dulcinea abandonada
de un Quijote imaginado..
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Sin morir en el intento

[...] Matar un dragón es cosa de un instante.
Resolver un acertijo es un relámpago
de inspiración. Son actos determinantes
pero escindidos del acontecer. Sin embargo,
los peligros de la realidad no los resuelve
un lance. Desentrañar la vida no significa
vencerla. Sortear un escollo no libra del
siguiente...

Érase una vez - Ana Rossetti


Del vientre del tiempo nacieron tantas
púas más que flores,
guerreras de mandil y descosidos,
las sombras de las sombras que obtuvieron
el triunfo, que no era para ellos.

De olvidos se llenan los libros
que hablan del miedo al instinto, a lo frágil.
Yace la capacidad en los brazos
de la ignorancia
—¿o será de la conveniencia?—.

Soy emoción, ingenio, deseo, razón;
debajo de mi pecho,
en mi cabeza,
entre mis caderas, dentro.

Desde siempre, me he asomado a la imagen
que quería de mí, completa,
sin mitades que encontrar para ser yo.
Y sé que la muerte me espera
para dejarme caer en la misma oquedad
que al resto.

¿Tanto pido?
Solo quiero ser paisaje de ambiciones
para mí, hombro, oído, mano, risa.
Ser la pieza que me falte.
Serme toda...
sin morir en el intento.
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"Zafiro Rosa, Alma Preciosa".

"Zafiro Rosa, Alma Preciosa".

-A ti alma preciosa,
-A ti fuerte destello de valentía.
-A ti, la que lloras, con cada inyección.
-A las de lágrimas de cristal, que soportas las noches de dolor.
-Que aunque el tratamiento te amargare la garganta y la boca, pero con tu sonrisa irradias mucha dulzura y esplendor.
-Sí, a ti, que pasan las primaveras, los otoños y los inviernos, con el corazón en congoja, pero con la esperanza, de que todo pasara.
-Que aunque te quiten cada parte de tu ser, tu bella esencia no dejara de ser.
-Me dirás: ¿No me gusta verme en el espejo?
-Lo sé, preciosa, difícil, pero tus ojos reflejan el mejor reflejo, de fe, esperanza y valentía.
-No le tengas miedo al ver tu reflejo, mira el espejo, mira tus ojos y veras la preciosura del reflejo de tu mirar.
-Mi zafiro rosa, que hermoso es besar tu cálida frente, eres tan fuerte y digna de admirar.
-Te asemejo como aquellas joyas preciosas…
-Eres como la turmalina rosa, la espinela rosa y el circón rosa.
-Fuerte, resplandeciente, y entre más estés en este proceso, más te pulidas, mi piedra preciosa.
-Recuerda esto.
-A ti alma preciosa.
-Que no se rinde, que no se deja vencer ni derrotar.
-A ti alma preciosa.
-Digna de admirar.
-Sé que vencerás.
-Zafiro rosa y alma preciosa.

Por Magdiel Guevara.

(Dedicado a las mujeres guerreras diagnosticadas por cáncer, un bello poema escrito por un joven para ustedes)
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Recuerdo su piel de mujer

Recuerdo su piel de mujer como el eucalipto, sus brazos suaves de un apurado verde casi a punto de alcanzar el
asombro del amarillo dulce, viniendo hacia mí desnuda,
en oleadas suaves.

Yo la recuerdo ahora, y mi memoria me asocia a sus
dorados pechos, y los vi deshojandose de puro abrirse
y darse en aquella luz que ardía lentamente el hipoclorito.

Recuerdo
su llegada muy despacio, hermosa, lentamente.
pálidamente dulce, caía, iba cayendo sobre mi cuerpo, a
intervalos se ruborizada; pero ella iba cayendo, como un
pañuelo de blanca gasa, sobre mi cara maravillada, expectante.

Recuerdo que cayó como una tenue rosa, cediendo se entregaba y se plegó dulcísima.

Recuerdo que todo sucedió, como acontece lo maravilloso.
Y luego vi su cuerpo, sus párpados, sus pechos dorados y
comprobé todas sus regiones como un lienzo de aire.

Recuerdo su cuerpo desnudo como el eucalipto concentrado, igual que si probara, por vez primera
su fruto más íntimo; igual que si quisiera recordar su porqué,
y duermo como un vaso en la bandeja de tu vientre,... mi corazón.

Che. (Nápoles)
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Con tu harina

Tiene el Sol sueño atrasado,
se acuesta más temprano cada tarde,
por momentos bosteza ,
entre las nubes,
un manantial extrovertido.

Tú le guiñas,
abrigada a buen recaudo en el molino
cuando arrecian
tus tiempos de lloviznas.

La harina nueva
te convierte en tahonera
cuando se atan a tus dedos lazos blancos,
te explica como se han de bordar
los panes horneados,
salpica tu mandil
con el color de la esperanza.

Trae este otoño
una primavera en tus pisadas,
confín generoso
en el sonido de hojarasca
de contraste creciente y color imprevisible,
se enamoran con tierra tus pies,
y tus raíces nacientes
alimentan y se alimentan de alegría.
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Hacia la mar

Cuando la mar te llame
acógela,
sumerge sus ribetes verdes
en tu regazo blanco de esperanza.

Ella te conoce,
mujer de historias y candelas,
ella te espera,
mujer de cintura encrucijada,
mujer de aire y temporal.

Cuando la mar te llame
contesta a su clamor con tus suspiros,
y resta su agonía
para sumar con tiento
en los resquicios de su costa,
sobre el puerto,
bajo las corrientes que dominas,
mujer de estigmas.

Cuando te acaricie elevarás el vuelo
con el cabello recogido
y la mirada abierta,
con alas de recuerdos
de extremidad de seda,
con la poesía envuelta entre las telas
de tu Mundo cubierto a tiempo lento.

Pintarás con tus dedos huellas
de amante de proverbios,
trazos blancos en tus playas,
rayas que hasta el horizonte alcancen,
pintarás con serenidad tu estela.

Serás tú,
desde tu soledad descalza,
calma entre los nidos de sus grietas,
la que eleve con sus manos
las caídas estrellas,
la ventura de los astros.

Cuando la mar me llame
nadaré con nuevas aletas viejas,
remaré con presentes viejos remos,
ausente en los minutos
fundidos como cera.

Resbalará el agua entre mis manos,
capturaré sus gotas nómadas,
recogeré la brisa tibia
en el horno de mi pecho,
la libertad de temporal alborotando
la oscuridad revuelta
de nuestro vendaval secreto.

Seré yo
longevidad de frases sueltas
entre la sal de marejadas,
con el Sur entre mis cejas,
y tus estrellas
los círculos concéntricos del tiempo.

Seré yo
en la espesura de las algas
enredadas en mis brazos,
cuerda dúctil que me aferra a las ideas
de mil nudos amarrados
a las nuevas experiencias.

Seremos la anciana mar
de pausado nuevo paso,
calmo clamor antiguo renaciendo.
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Hasta el acabamiento

Quisiera reflejar en tus límpidos ojos
mi anhelado ocaso, en la esperanza
de tu regreso imposible.

Mientras,
con los recuerdos opresivos,
con la tristeza en tu mirada,
con la tibieza en tu pecho,
pervivo en mi amor nulo.

Y el tiempo indiferente pasará,
y las caricias no regresarán;
y en la memoria,
el leve paso de tu existencia;
y en mi cuerpo decadente
ya rendido,
la penitencia mortal.

Tú, amor,
bendita filigrana de oro y plata
que hila mi corazón desgarrado,
brillarás entonces entre la sustancia inerte y dura.
Al fin, sigiloso huido
quedaré para siempre en Ella.
Y tú, alma mía,
eterna e infinita,
morirás para siembre en ella.

Luego, la fatalidad del silencio.




@Inmalitia, Andrés García. ©
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Tango fiero

Cuántos son nuestros dias
de agonía de luceros,
cuántas noches de espadas incendiadas,
cuánta la lluvia clavada en mi frente
y en tu cabello de azabache!.

Viajamoss deprisa enredando las horas,
las sembramos después
en portales de la pasión cuando,
empapadas de vida,
vuelan las miradas y las manos.

Crecen nuestros cuerpos
como en una danza de fiero tango,
nos sumamos los poros,
nos multiplicamos en los minutos
con mi cincel puliendo tu mármol,
esculpiendo en tus caderas
un collar de sortilegios raudos.

Gritamos,
narramos a gritos la impaciencia,
le cantamoss un tango al fuego
almidonándolo con las caricias,
con el incendio provocado por tus dientes
y con mi espalda recorrida
por el caminar especiado de tus dedos.

Estallando
generamos el exorcismo de los dos,
universos en volandas.

Después nos hacemos silencio.
complicidades del calor creciente
en el sueño que nos alcanza
con tu azabache en mi pecho,
en aquellas noches
de mi espalda en llamas
por el fiero tango de tus manos.
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"Lo que tu, y yo queríamos"

MICROPOEMA

Él, la trataba como una niña, ella
solo quería sentirse una mujer.....
ella, lo trataba como un hombre, él
sin embargo, solo quería sentirse
un niño otra vez.
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Por siempre, amor

....

Es la fatalidad del mar
es el odio profundo a la tierra
es de nuevo el veneno en mis venas
es la naturaleza de las cosas
es de una vez el inevitable dolor.


@Inmalitia, Andrés García. © Septiembre 2018
Imagen: Detalle de muro en la Sierra de Gredos
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La mujer azul

Cuando veo a la mujer azul escorada,
llanos quedan los versos, solo limo y espuma de sal.
Su orilla huele a nostalgia, a herida abierta
que me escuece a mí, también.
Se abruma la tarde, tirita hasta el faro.

Si alguien pregunta qué pienso diré,
—a riesgo de arañazos—,
que no me creo el estío del todo.
El ritmo sin rima me dice que la memoria respira
casi tanto como late el corazón.
Será pesadumbre… o será desencanto
al comprobar que la salida de emergencia
solo era una puerta dibujada.
¿Cuántos golpes dados contra la pared?

Me duele el dolor de la frente raída
y no puedo evitar la pregunta:
¿Soy yo el hueco de una ventana ficticia?
¿Dejo al menos que entre luz?
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Tu silencio rueda

A la vera de tu torre,
aderezada por el batir de las tormentas,
vas olvidando el tiempo
entre el solo de una flauta
y en la gratitud de tu grito sincero.

Más allá de las leyendas
(y de los años)
está el clamor de tus esferas abatidas,
llora y vibra
en el quejido solidario
del hierro oxidado de tus rejas
el solfeo áspero de las abejas despistadas,
la alquimia desmembrada
por tus rúbricas de insomnios.

Tu silencio respira en un reloj de Sol,
se bebe el tiempo a sorbos
(y a tientas)
más allá de las brumas,
cuando marca las diez
en tu ermita de paredes invisibles
y en el canto madrugador y sin consuelo
de un petirrojo en su espadaña.

Sabes que callas para escuchar
con el ronroneo meritorio de la lluvia
la vergüenza del satélite
agachado tras tu sombra,
sabes que caminar es el destino
de los que buscan la paz,
y se hunden sin pudor en el vértigo del valle,
conoces cómo has de tallar las piedras
para olvidar esas torres
hoy presentidas de tristeza,
ahora confusión de letras rotas
y de pecados del habla.

Más allá de donde las fuentes
regalan sus gotas doloridas
sobre tu torso helado
tu silencio ha de mudar
en sonido de la hiedra creciente
agarrada con ansiedad al mampuesto,
expuestas sus raíces hacia el aire,
cuaderno de bitácora desde donde redactar
la historia descosida de sus cabrestantes,
será diez kilogramos de ideas
suspendidas en lo alto
de una columna y de un capitel
sencillos y tallados de agua,
trasiego perpetuo del convencimiento,
espejo trashumante
en perspectiva de destino.

No será tu silencio túnel desfallecido
o inmenso secarral
de presente y de futuro,
no se tornará escala de patíbulo,
raíz cuadrada de la nada
o higuera infértil,
pues tus lágrimas las disipará el contraste
de un tañido ufano de campanas.
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Sin sombrero, pero con cabeza.(a Las Sinsombrero)

Sin sombrero
pero con cabeza.

Idealistas,
pensadoras,
soñadoras.
Creadoras a pesar de la historia.
Comprometidas, activistas, emprendedoras.

Portadoras del empiece y el empeño.
Luchadoras sin espada,
con pluma,
sin puño,
con arte.

A la sombra, siempre a la sombra del 27.
Sin hueco histórico, pero con peso propio.
Mujeres libres, vivas, fuertes.
Sin sombrero, pero con cabeza.




Hortensia Márquez


Imagen sacada de internet


Mujeres que tuvieron enorme peso en la vanguardia artística de principios del siglo XX : Maruja Mallo (Vivero 1902-Madrid 1995), pintora; Rosario de Velasco (Madrid 1904-Barcelona 1991), pintora; Marga Gil Roësset (Madrid 1908-Las Rozas 1932), escultora, ilustradora y poeta; María Zambrano (Vélez-Málaga 1904-Madrid 1991), filósofa; María Teresa León (Logroño 1903-Madrid 1988), escritora; Josefina de la Torre (Las Palmas de Gran Canaria, 1907-Madrid 2002), poeta; Rosa Chacel (Valladolid 1898-Madrid 1994), escritora; Ernestina de Champourcín (Vitoria 1905-Madrid 1999), poeta; Concha Méndez (Madrid 1898-México 1986), escritora; Margarita Manso (Valladolid 1908-Madrid 1960), pintora; o Ángeles Santos (Portbou 1911-Madrid 2013), pintora y artista gráfica.
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Ella (se fue)

Ella,
cantora perspicaz de mis temores,
cómplice de las imágenes
que hicieron girar la rueda de mi voz,
mujer de ojos de emoción diáfana,
narradora en sus pupilas
del amanecer rojizo de un verano de furias.

Ella,
hembra dulce de escalera atormentada,
amante de las noches de lluvias
y del lodo de los caminos infinitos,
residente en la sabana más profunda,
pintora en tantas madrugadas
de todas mis arrugas.

Ella se fue
dibujando con su rastro mi mirada nueva,
dejando mi orgullo moribundo
prendido entre sus ramas austeras,
se fue
danzando al compás de su llanto,
buscando entre las piedras
la sublime urgencia de sanar su magia.
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Para cuando regreses

Recordarás el día
en el que conociste en las anclas
la mixtura de la sal
con la corteza de las ostras,
(la mar colmada de tu alimento añil),
el día en el que un pueblo de redes
se convirtió en tus adentros
en habitación bárbara de llagas,
navegación pérfida de fachadas solemnes
y podredumbre sobre su mármol.

Harás memoria de aquella tarde
en la que la voz del matorral
pronunció por vez primera tu nombre,
cuando asentiste a su llamada
con la voluntad enjuta,
abandonaste sin una lágrima la costa,
y ligera,
sembrando de camelias cada paso,
partiste hacia las selvas
apurando tu andar converso.

Tejiste entonces un cesto
con mimbres olvidados por almas funestas,
lo rellenaste de tejidos de ilusiones,
te hiciste costurera,
maestra de lanas y de hilos.

Ahora extiendes en los prados
una enorme sábana blanca
redactada con millares de nombres muertos
para que jamás
nadie les vuelva a prohibir la vida,
elevas con tu aguja el compromiso
de saborear una sonrisa,
derribas la esclavitud de las mordazas
en el amanecer sin fin de tus laderas,
das las gracias por el aire que respiras,
cubres con colores vivos
nuestros muros,
tus espejos.

Cuando regreses a los puertos
susurrarás de nuevo tu nombre;
lo harás al oído
de aquéllos que en su ignorancia
te insultaron,
resquebrajarás sus encuestas falsas
haciéndote presencia
dentro de sus cráneos huecos,
y mirarás al frente,
sonriente,
sin esconder tu rostro.
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En tu cintura

Ardiendo en tu cintura
un nido de hipocampos
me anuncia amaneceres
cruzados por cascadas,
al lado de tu pecho
se acogen terremotos,
renuncian los temores,
se esconde el viento sabio.

Callado a ti me acerco,
armado de inocencia,
hundido en ti me pierdo.

Sintiendo la cadencia
del alma en tus latidos
adorno con guirnaldas
los valses de tu vientre,
decoro de rubores
las llamas de tus senos.

Ardiendo en tu cintura
se incendian cataratas
de hielo y de rocío,
de nieves en tu espalda
rozada por el tibio
temblor de la esperanza.
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