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Se tensa el arco

Que no me alcanzan
ni los versos ni el tiempo
ni las mil vidas
imaginarias... ¡No!
Ni alcanza o basta
este millón de besos
para plantar
en un lunar o dos...
constelación
y cosmos es tu ser.
Se tensa el arco,
se fractura la flecha.

Es que tú y yo:
¡destino y paradoja!
Es que tú y yo: ¡jamás!



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@AljndroPoetry
2018-mayo-28
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19comentarios 159 lecturas versoclasico karma: 112

Haiku 5

A veces para
crear, primero debes
destruir todo.


@ChaneGarcia
...
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2comentarios 63 lecturas japonesa karma: 78

No hizo daño cualquiera

No hizo daño cualquiera, sino quien apartó esas ramas
ya secas que sobraban, y escarbó hasta el interior.
Desde dentro arremetió.

No quien quiso, sino quien esos antiguos males calmó.
Aquellos que entre silencio y silencio supo ver,
y simplemente acompañó.

No hizo daño cualquiera, sino quien era guía
de pensamientos, y ordenaba a estos ojos
donde mirar, a estas caricias qué dibujar.

Tampoco vino el daño sino de quien ese mismo privilegio concedió.
(No sé si en el mismo tiempo, no sé si en misma fuerza).
No es sino de quien también se desnudó.

Y aunque en el presente parezca falsa la vida que movió.
Duele por esa dicha. No era engaño: duele porque atravesó.

Es dolor porque dio vida.

Sólo daña quien curó
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6comentarios 136 lecturas versolibre karma: 63

El parque de las miradas cruzadas

¿Quién no estuvo soñando en un parque de miradas cruzadas?
Han pasado muchos años y aún recuerdo cómo me mirabas.
En aquel parque todos idealizábamos nuestro futuro en distintos planos de la vida. Formábamos una multitud heterogénea de jóvenes soñadores. Con sueños amplificados, que estallaban más allá de nuestro ser, izados: en un país inventado.
La cancha ocupaba la parte central del parque, allí los deportistas se entregaban en cuerpo y alma entre pases de pelota y sudor.
Circundado la pista se hallaban diversos grupos. Nos dividíamos por afinidades variopintas. Yo estaba allí con mis amigas, porque me gustaba un chico que desconocía mi existencia.
No sé por qué me empeciné en alguien que no me veía, cuando tú sólo me veías a mí. Decisiones irreflexivas, o paradojas de la vida.
En la distancia me dedicabas bellas sonrisas e insoslayables miradas henchidas de dulzura, pero te mantuve orillado… Aunque creo que si hubieras iniciado el cortejo, al final me habrías atrapado. Pero eras joven e inexperto, y la situación te intimidaba. Allí no había clandestinidad, todo quedaba registrado, el espacio no era tu aliado.
En tu rostro se instalaba la eterna sonrisa. Tus ojos eran belleza cándida, de un anhelo que sigue vagando en la atmósfera imperecedero.
A veces paso por allí y siento la fuerza de aquella mirada que en su día omití, y por ello: hoy rindo tributo aquí.


Marisa Béjar.
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Dulce paradoja en vida

Vaya.
Tanto la oración suya como el escrito mío
han resultado ser sin existir.
Me explotaron en la cara
ambas, adicción y cobardía,
y lo plasmo ahora aquí.
Sí.
Porque ya era hora;
hora de ser decidida.
Aunque sea por mi musa de hoy
y no por mí.
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sin comentarios 102 lecturas versolibre karma: 87

Paradoja

Mi parodoja es despedirme,
para no cesar de buscarte,
tener que volar
para quedarme en tu cielo.

La paradoja es el olvido
y no apartarte de mi memoria,
huir de tu felicidad
para que puedas encontrarla.

Buscar el silencio
en el ruido de tu ausencia,
cerrar los ojos
y mirarte en cada verso.

La paradoja de mi súplica,
la oración de éste ateo,
es que me olvides en tu presente
mas no quiebres éste amor y el deseo.

Amén
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12comentarios 134 lecturas versolibre karma: 102

Al otro lado del revólver

Al otro lado del espejismo
alumbra un sol negro...

al otro lado de la colina
una lluvia ácida brota del árido subsuelo...

al otro lado de la tierra prometida
las promesas son de vidrio irrompible
a prueba de balas de grueso calibre;
sin embargo,
todas están hechas trizas en el suelo...

al otro lado del mar
los iceberg de certezas
deshielan todas las fantasías;
los pingüinos ya no visten de etiqueta...

al otro lado del universo
la hondura del tiempo
y la dilación de la anchura
están hechas de la misma sustancia...

al otro lado de esta realidad
se calcula el límite
de cada individuo que tiende al infinito,
y el resultado es el TODO mismo...

al otro lado de la borrachera
más allá de los sembradíos de agave
y sus filosos aguijones,
la sobriedad agazapada
asecha mi vida...

al otro lado de la vereda
y en sentido contrario
estás tú,
y de este lado estoy yo;
y nos separa
la contradicción irreconciliable
de la paradoja...

al otro lado del revólver
estoy yo,
y de este lado
mi otro yo
está apretando el gatillo.



@AljndroPoetry
2018-Ene-15
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11comentarios 133 lecturas versolibre karma: 119

La tortuga roja

"Despierto del sueño.

Abro los ojos, y todo esta sumido en una oscuridad.
(diferente a la normal)

Parpadeo, y consigo vislumbrar a duras penas, una forma a lo lejos que no puedo identificar hasta que se encuentra frente a mí.

Me mira fijamente.

Es una tortuga, una tortuga roja.

Me asusto y por inercia vuelvo a cerrarlos.
(Ahora la oscuridad me es más familiar)

Cuando los vuelvo a abrir, encuentro a una mujer pelirroja acariciándome la barba, sin dejar de mirarme fijamente. Sin miedo.

Encuentro, de una extraña manera, mi hogar.

Me atrevo a mirarla a los ojos, y veo en ellos una isla solitaria, de agua cristalina, arena templada, palmeras y cangrejos.

La veo a ella, flotando en el agua con los ojos cerrados, a la deriva.

Me tumbo en la orilla, y espero a que el mar la pose a mi lado.

Incontables veces, intenté escapar de la isla.
A nado, en una barca de troncos de palmera, a base de lágrimas y gritos, con el humo de un coche en marcha con las ventanillas cerradas.
Pero nada dio resultado.

Ahora, con ella aquí, sólo me dedico a beber agua de coco, escribir en la arena para disfrutar al ver como el mar se come mis palabras, morder sus labios y ver esconder la luna bajo el mar a la vez que yo me escondía en ella.

Hasta que mi barba se vuelve blanca, y su cabello pelirrojo se apaga.

Me veo morir entre sus brazos,
(que nunca dejaron de acariciarme)

Y veo su dolor, su pena, su rabia contenida contra el tiempo, el mismo que me consumió lentamente.

Y una vez que cierro los ojos y llego a ese "cielo" que muchos ansían y veneran como Cielo, Valhala, Aaru o Nirvana y que no es más que, una bruma negra parecida a una nebulosa.

Vuelvo a ver una oscuridad diferente.

Ella, mientras, se acerca al mar y vuelve a posarse en él, para flotar, para dejarse llevar a la deriva.

Y al llegar la luna,
(y con ella la noche)

Vuelvo a ver una tortuga roja mirarme fijamente a lo lejos, mientras se aleja, mientras se hunde bajo el agua, en la luna. "
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2comentarios 57 lecturas relato karma: 46