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Cósmos

Ya! dañino y volátil espíritu,
comparte del dulce néctar, tu sabiduría,
al mar de estrellas nocturno, mi cosmos.

De su pecho abierto creció el niño.
Durmió su loca entidad, invernó el dolor.
Tocó su vil boca sucia con el fuego,
y cuando ardió en llamas nació el amor.

Sus ojos rompieron el silencio en el firmamento,
cerrándose ante el desprecio, parió el odio.
Sus narices respiraron el frío a los pulmones,
por su boca el tibio aire corrió, el sol.

Con sus uñas, arañó el oscuro lienzo,
y la tierra debajo de ellas formó el mundo.
Y el dueño de su hermosura, alma bella,
pensó que su llanto haría de esa tierra una perla.

Danzó por una eternidad, hasta que su puro amor le traicionó.
Así calló a esa tierra y la inundó con sus lágrimas.

Dañino y volátil espíritu, bendito amor.
Y que todo sea amor y odio contemplado en esta perla,
si compartes tu dulce néctar, la sabiduría,
ellos ya no tendrán vida, mal nacido dolor el tuyo sea.

Pero el pecho abierto de la bestia continuó pintando.
En el oscuro lienzo de su creación, así la bañó de luz.
Y cada luz era un alma que nacía en el dolor.
Herencia eterna del néctar creciente de la sabiduría.

Ese día aquel niño que había nacido,
en el pecho abierto de la bestia,
se convirtió en hombre, luego en hombre viejo,
y luego murió y así volvió a nacer.

Y el lienzo se rompió, día tras día,
se volvía a lastimar, el purgatorio cosía sus heridas.
Cada vida que volvía a nacer provocaba el llanto,
el llanto del silencio, la oscura vida.

Así se dice que fue parido mi cosmos,
así se maldice la historia,
y bendicen los sueños proyectados del alma.
Novata obra de arte, desproporcionada.

Nada ni nadie menciona el porqué,
porqué cosmos victorioso, yacimiento de dioses.
¿Por qué eres, por qué serás? Cosmos mueres lentamente,
tus latidos se escuchan en mi desgracia,
bendito seas si mueres hoy, te lo ruego,
¡Maldito cosmos!
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Artemisa de la aniquilación

Caí a través de un extenso hueco.
Hondonada del lado oscuro en la luna.
Era póstuma a todo viaje extenso.
Esa caída era el fin, el objetivo.

Una gran estructura cámbrica de acero en penumbras.
El vibrar de una campana de polvo y roca helada.
Mi estoica espada de rubí, trabó con la empinada.
Calce mis botas magnéticas y emprendí al centro.

Voltaje de filamentos iónicos iluminaba su estancia.
Estática de inmensa densidad arremetía una y otra vez, en relámpagos.
Levanté mi escudo de polietileno y carbono solar.
Reflejé aquella energía derritiendo y sacrificando la herramienta.

El impacto fulminó anatemas incandescentes a miles de grados.
Una de ellas fundió en su pecho un agujero del tamaño de mi puño.
Herido, y bajo la presión de mi presencia, el ente opaco se sumió.
Vi de cerca su rostro pálido, con la expresión típica de melancolía,
de un purgador.

Un ángel hermoso, sin dudas.
Debe ser una criatura hermosa,
la purgadora de la raza humana.
La artemisa de la destrucción.

Pero yo he de vengarme, como la última de mi especie.
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Trance

Trance, me he sumido en ella.
El mundo que se aleja, en una flor que lamenta.
Piezas de mi que rotan detrás de su sombra.
Retos de sus miradas, en desencuentros y ruegos.
Complacientes caídas al alto cielo.

Tú eres flor de mi, estela,
eres pasión en, el resto de toda ilusión.
Tú eres dolor en, una rosa oscura,
tu naciente corazón retrae mi amargura.
Por este mundo.
Quieto, inmóvil y frío mundo.

Tú eres fuego en, mi invierno,
eres locura de amor, pleno y único.
Tú eres placer en, mis sueños,
contenta me desespero por tu llegada.
Por tu luz de aurora.
Qué ilumine mis pliegues ocultos.

Ella es el trance en mi soledad.
La voz susurrante de necesidad que oculto.
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La lluvia que cae en el infierno del amor

Tu corazón es un mar embravecido.
Está dolorido y se queja.
Está enfurecido y golpea,
las paredes de tu pecho.

Estoy aquí para redimirte,
demuestra lo que en verdad deseas.
El latir de tu corazón es la niebla,
de tus sentidos deseosos de pasión.

Ella es un dulce pajarillo.
A quien está mirando ahora?
Quien la protege y resguarda?
Estoy aquí para redimirte.

La tormenta en tu interior,
no arreciará, no amainará.
Será hasta el confín de tus anhelos.
Un sueño ideal que la satisfaga.

Tú precioso pajarillo, volará.
A los cielos de la libertad.
Se alejará de ti, para siempre.
Estoy aquí para redimirte.

Susurrando esas palabras de amor en su oído,
sintiendo cada una el calor de la otra,
compartiendo besos mas dulces que la miel.

Ese es el infierno de tu amor.
Intenso como el sol ardiente,
como la fe en el creyente,
de sueños abstractos.

Un amor de devoción,
un amor de obsesión,
un amor imposible,
con el que sueñas dormida,
y despierta.

Ella ni siquiera puede verlo.
No lo siente, no lo reconoce.
Es una ilusión, un espejismo,
en el filamento lúgubre,
de tu velo.

Destrozalo ya! El mundo es una cadena,
egoísta y rencorosa que te ata,
ignorando la intensidad de tu amor.

Quieres morir con ella románticamente?
Arder hasta las cenizas húmedas de sus cuerpos?
Ambas, juntas hasta la eternidad, en el patíbulo de tu deseo?

Confiesa, los dioses te perdonarán.
Incluso cumplirán tus deseos impuros.
Yo misma en otra era hubiera caído,
en el mismo hechizo ante semejante belleza.

La tristeza cae como gotas de lluvia,
cuando se disipen podrás ver las estrellas.
Deja que esas aguas enfríen lentamente,
El infierno que es tu imposible amor.

Estoy aquí para redimirte.
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Estéril presencia

He tenido tiempo, en mi pletórica de quietud,
noche despierto.

De atestiguar, la desdeñada de pasión,
frialdad de tu cuerpo.

Transito solitario, ondulante y extendido,
camino silencioso.

Y resguardo del fuego,
la estéril presencia a mi lado.

Eres una luna menguante, indiscriminada y tediosa,
tu luz me deja, en la mañana.
Un sinsentido, y un deseo.
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3comentarios 54 lecturas versolibre karma: 110

Brennenburg

Roca de Brennenburg.
La oscuridad se cierne sobre mí.
Los gritos de almas torturadas resuenan a lo lejos,
resuenan por las tuberías de bronce metil.

Emanan del bramar de un buey,
cuyo vientre descansa sobre un fuego intenso.
Y dentro un hombre se cocina lentamente,
desde su carne hasta los huesos.

Roca de Brennenburg.
La oscuridad es más densa que en la noche.
Afuera el frío y la niebla no dan tregua,
a quien quiera acercarse a ti.

Camino por pasillos estrechos,
tan miserable que entre ellos me escondo,
una sombra me persigue,
y si me alcanza, será mi amargo fin.

Roca gloriosa de Brennenburg.
Un viejo inmigrante me dio a beber Amnesia.
Y sobre el suelo húmedo me desperté desolado.
Ni mi nombre, ni mi propósito recordaba,
hasta que leí el poema de mi yo anterior.

El tempter de los huesos de una criatura,
cuya anatomía desconcierta,
suele vagar por las profundidades,
suele descansar en rincones, en donde anida.

Láudano hasta en los tuétanos,
¡Me ha mordido la locura!
Los vapores alquímicos de otro mundo,
me han quitado hasta el último aliento.

El castigo que fue tu caída,
me lo has hecho pagar como humano,
una penitencia no merecida,
un castigo por mi egoísmo.

Alexander, de un planeta lejano,
la atmosfera te hace inmortal,
y por un crimen te han exiliado,
a este castillo oscuro y terrestre.

Ahora en la tierra buscas tu inmortalidad,
la que te arrebató tu propia codicia,
buscar el amor de una esposa ajena,
una debilidad que sientes,
la del ser más elevado de tu especie.

Y esa inmortalidad has de obtener esencia,
la mismísima esencia vital de los humanos,
los únicos capaces de producir suficiente,
para ser un bálsamo en tu cuerpo,
que te permita atravesar el túnel cuántico.

Quieres volver a ser inmortal,
regresar a tu mundo y a los brazos de tu amada,
pero de este planeta no escaparás,
pagarás tus crímenes, miles de almas torturadas.

La esencia vital solo del dolor se obtiene,
solo del extremo dolor del filo y la miseria.

Y tú has extraído cada gota,
desde la corteza cerebral,
desde la fuente, matando en el acto,
sin misericordia.

Brennenburg, el santuario ya está cerca.
¿Y aun eres tan dichosamente arrogante?
Ahora volverás a tu tierra,
pero te prometo, miserable,
volverás como un cadáver.
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5comentarios 97 lecturas versolibre karma: 103

Camino hacia el inframundo

Rayo de fuego, arcana desilusión.
Extraviada e indómita a caído mi fe en el mundo.
Mas de un sol hoy para mí, se ha hundido en ocaso.
Mas que cualquiera, he vuelto al hueco de mi corazón.

Sostenida en mis manos la sangre de los que libero.
Antes de caer a la grava, sea absorbida por mi piel.
No hay nada peor que ser, portadora de desgracia.

Allá es el infierno en cuya puerta me aguardan.
Fantasmas de decrépita apariencia y doliente expresión.
Y mas allá, lanzas en cuerpos frescos, y cuervos posados en ellas.
Y como mi final: me aguardan demonios que mimetizan, este mundo.
Que ha muerto.
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2comentarios 59 lecturas versolibre karma: 105

Las frías aguas

La vida que regalé, terramar lejana.
Siluetas de veleros en pleamar,
suscitadas y frías a las islas perdidas.
En el pacifico agitado, de mi océano embravecido.

Te trato en el olvido de mis amarguras.
Yerta en la rivera de un último atardecer.
Tácita y plena, absorbida como el sol,
por el cálido horizonte del poniente.

Aquí, en la playa de las almejas de esmeralda,
parecería que los sueños mas abyectos se hacen realidad.
Por eso esta es mi última carta, a ti, que te deseo,
mi último grito en esgrima de pluma y tinta.

De verdad, solo puedo tener en mi memoria tus ojos.
Esos ojos carmesí de pura turmalina, añorados.
Derrotados ante el deber que te separó de mi.
Asimilados en el recuerdo de la noche en que te conocí.

La recuerdo bien, eramos ambas dos errantes.
Eramos en un tibio rayo de sol, esperanza para la otra.
Un beso como la miel selló nuestro destino.
Y ahora, la luna conmigo llora, mi última misiva.

Ondulante he ido y vuelto a ti, como una perla de gracia.
Una dádiva silenciada en su forma armoniosa,
a caer en la pena y el desahucio que forma mi espera.
Reencarnando desde las aguas cristalinas.

Me he vestido con tus prendas, arropado en tus rosas.
He florecido en tus letras, crecido con tus notas.
Canciones de marea alta. El amor que me embarga.
El deseo que me encanta, en mi propia redención.

Quisiera volver a sentir tu fina cintura,
esforzarse hasta casi romperse delicada,
sosteniendo tu inmaculada belleza,
rogando por el tacto de mis suaves manos.

Rosar el diamantino néctar de tus pliegues,
sentir por una vez mas tu voz susurrante,
tu aroma de primavera bermeja y cían,
tu tornasolada conmoción de joven pura y tierna.

Si lo deseo realmente iré contigo.
Mas allá del reflejo de las estrellas,
en lo profundo,
de las frías aguas.
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Endogénesis

Génesis, las piezas del surgimiento.
En ausencia de la luz,
la oscuridad engulle todo.
Prevalecerá por la eternidad,
el frío del vacío y la nada.

En el final, la vida no solamente acaba,
se abandona toda esperanza.
La conciencia se desvanece,
las posibilidades se anulan,
las sombras se disipan como polvo.

Soy un sujeto, en un abismo,
rodeado de objetos hasta el infinito.
Inconmensurable soledad,
inimaginable frialdad,
la de la naturaleza de este mundo.

Una entidad de gélidos labios,
de cuencas vacías, murmura:
"La insolencia del humano,
es no reconocer su insignificancia,
buscar un significado, sin sentido."

Ahora es cuando, las estrellas dejan de brillar.
Las galaxias dejan de girar, la humanidad desaparece.
En un silencioso e inevitable cataclismo.

Y de nosotros solo polvo quedará.
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1comentarios 45 lecturas versolibre karma: 68

Hanami peculiar

Una noche, en el claro, luz de luna.
Tsukumogamis en un danza fehaciente.
Los bosques de secuoyas.
Un caldero de ofrendas, a los dioses.

¡Tanukis Acercaos a la flama!
Opacan la noche si se os muere uno de frío.
Aquí tenemos suficiente comida para vosotros.
Nuestra estirpe no es egoísta, mas no nos falta codicia.

Codicia nos ha traído al festival.
Y sera codicia lo que nos embriague.
El zake fluye como una cascada,
impregna el aire, su aroma.

Perversión, los tengu jamás habíamos visto,
Tal hanami, se adecua a viejas historias.

Bakedanukis Acercaos a la hoguera!
Aquí tenemos suficiente comida!
Fantasmas y espectros arrimaos también,
Para todos vosotros aquí hay suficiente,
carne humana.
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1comentarios 53 lecturas cadaverexqui karma: 72

La noche de los lobos

Esta es la noche de los lobos.
La cacería en la nieve, de frías almas.
La búsqueda en el poniente, de carne fresca.
Donde las mismas sombras disipan, la soledad.

He mentido y perseguido, matado y olvidado.
La jauría no tiene piedad, yo no tengo miedo.
Mis pecados merecen castigo.
Y al caer la noche, vestigios de vidas humanas serán mi pesar.

No puedo dormir, les escucho aullar.
La cacería no es un juego,
la cacería repta salvaje, lobos hambrientos.
Todo lo que veo y siento es oscuridad.

Conocen mi olor, mi esencia.
Saben de qué estoy hecho.
Saben de mi debilidad por la sangre.
En especial si es de humana santidad.

La casta de los mas agraciados,
perros salvajes y lobos criados en la misma luna.
Ellos tienen sombras que se proyectan en la noche.
Ellos tienen collares diáfanos de oro y esmeralda.

Esta es la noche de los lobos.
La nieve roba el calor de cada aliento.
Allá a lo lejos veo sus siluetas,
y en sus ojos, mi momento,
de venganza.
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Pescador de sueños

Esta tarde gris.
Árboles deshojando.
Tristeza que deja caer,
el lirio del vacío,
y la desilusión.

Un lago cristalizado,
viento helado,
que agita las copas.
Un señuelo,
un pescador de sueños.

Sus ropajes son harapos.
Su pesca,
es un espejismo.
En el frío lago,
proyectada al abismo.

Donde yace,
hay dolor.
Petrificación del poniente.
Un sol fijo,
en el horizonte.

Ardiente, su esperanza.
Busca su sueño,
murmura su deseo.
Un ruego,
me aclama.

Pobre de él,
que espera la muerte.
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Ópalo y turmalina

Iluminada por el sol,
de mi última primavera.
Tus ojos imitaban la profundidad,
de un lago misterioso.
Miras a la tierra desde lejos, como un guijarro,
un resto de vida en la oscuridad.

Rodeada del énfasis,
de las rosas florecientes.
Su plenitud bebe,
del reflejo sórdido de tu cabello.
Ondeante negrura de la paz en mis últimos días,
la sombra que me protege de mis monstruos.

Tus labios son pétalos,
tus suspiros son de amor.
El advenimiento de mi piel,
te trajo a mi lado.
Ese lago silencioso se ha posado en mi,
ha hecho un agujero tibio en mi corazón.

Mía, tu mineral metamórfico de las estrellas,
Una tormenta que has elevado,
en la luna plateada.
Este amor que me embarga es todo tuyo,
y se proyecta cuásiestelar al infinito.

En mi anhelo de ti,
vivo poco, sufro, sonrío.
Llevo conmigo tu imagen,
añorada y querida.
Todas las heridas de espinas y caricias de garbanzo,
mis aves que revolotean en rededor de tu aura.

Somos nosotras acaso confidentes?
Cómplices de los males,
que azotan a la naturaleza.
Veticinios y promesas que susurras en mi oído,
"Te amaré por siempre mi luna nueva"

Siempre desee una noche eterna.
En la que dirigir la sinfonía que eres.
Desde aquel día de mi última primavera,
en que te robó la plenitud el tiempo.

Es ahora este augurio de placer y dolor.
Mi pasión por ti desenfrenada.
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Plena luz estelar

Usurpadora de mi corazón. Estrella fantasmal.
Volátil rotas al vacío, en mi pecho abismal.
Son guirnaldas que decoran tu brillo, peculiar.
Son calor y sentido de un deseo elemental.

Fugaz y subsecuente. Estrella ardiente.
Imponderable fuerza, ansiosa e impaciente.
Te has hecho con las formas anhelantes.
De mis intenciones mas evidentes.

Deseos de luz y calor de tu brillo, me embargan.
Mi voluntad se encierra allá donde plena tu estela.

Estrella fantasmal. Eres de mi tanto como yo de ti.
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El error mas grande

Estas conmigo? Sueño apacible del amanecer.
Caí somnolienta en los pliegues del firmamento.
He dormido una eternidad en un mundo nuevo.
Y he vuelto para enseñarte tu mas grande error.

Todas las alianzas con los dioses son engaños.
Prefacios a las grandes masacres humanas.
Prólogos de la tristeza y el dolor, profundo.

Los albores de la civilización, son eufemismos.
Dicen entre lenguas: "compraremos la vida"
"Compraremos el mundo, la tierra y el agua,
y con ello haremos el desdén por la corta existencia"

La hipocresía abunda, todos un poco, nadie escapa.
Las almas mas nobles se esconden y agonizan.
Todos son hipócritas, excepto los niños, ellos son ironía.

La muerte es el final de un camino sin sentido.
Ahora pues, es el sentido del viviente: algún día morir.
Y si las rocas que sostienen los castillos de la moral,
y la estética humana, son de arena y fino herrumbre?

Si! He venido a mostrarte tu error, frío e indiferente,
mundo sin sentido. Tu error fue existir.
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Slalom

Slalom, sobre un viejo maniquí,
muñecas artesanales y tramas anticuadas.
Él está apacible semidormido.
Una muñeca le habla con sus párpados:
"Para tu sorpresa, tu dueña se ha ido.
solo te ha dejado" maullo.
"Slalom, te han abandonado.
¿Quieres que te cante una dulce canción?"
Ronroneo.
"Slalom, fuera hay un mundo,
tu aquí arropado, escuchas a los espíritus.
Pobre mujer, si solo te hubiera llevado.
Con tu firme mirada y falta de acción,
hubiera notado, que mucho tiempo,
no le quedaba.
Una predicción acertada,
a que si! Slalom."
De pronto la muñeca dejo de parpadear.
Las demás, incluso el maniquí,
miraron fijamente a Slalom.
Los cuadros de viejos puentes de Escocia,
las telarañas entre ellos.
Aquel claustro le había quedado pequeño.
Tomó impulso y subió por las escaleras.
Un cadáver surcó.
Y el dulce afuera,
el aire fresco, el sol de la mañana,
y la primavera lo embriagó.
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Ventisca agónica

Mi pasado oscuro se agita.
Mi forma mas endeble.
Cierro fuertemente los ojos,
trato de no ver la imagen,
de mis fríos recuerdos.

Se han congelado los rastros de mi inocencia.
La conjunción de los astros al caer la noche.

La luna se oculta de mi,
no quiere iluminar mis lágrimas.
Existo aquí y ahora.
Sufriendo tu espera.
fría desde el fondo, de mi corazón.

No puedo verlo, ni oírlo, ni sentirlo,
es una ilusión. Un recuerdo.
Mi pasado se entremezcla con la nieve,
lo cálido se hiela en penumbras.

Floto a través del tiempo.
Hacia el otro lado.
Como si fuera un niño perdido,
un deseo se acomete, prohibido,
y lo desdeño en dolor.

Solo mis manos, mis brazos, mis ojos.
Se cierran en tú búsqueda.
El deseo que arde dentro,
y se corrompe en la ventisca agónica.
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Eris

Luz y melancolía, ¡Luz y melancolía! Lejos.
De mí sobrevuelan, vuestros deseos.

Signos, entrada a una densa niebla,
signos y símbolos, llena de significados.

La bruma que es la ceguera a lo invisible del abismo,
la forma de mi alma expresada en símbolos.

Figuras tántricas, engaños y fenómenos.
Luz y melancolía, es un acertijo etéreo.

El tiempo en mi vida dedicado a resolverlo.
Un laberinto donde me he sumido buscando ayuda.

Luz y silencio, ella me ha hablado con una voz muda.
Lo que me ha dicho no le he comprendido.

Madre de los desamparados, y de los famélicos.
Pero también le rezo a una mujer del odio y rencor.

Diosa de la guerra y la discordia.
Jugadora de las piezas del tiempo y la devoción.

¡Soy devota! Grito en la espesura,
Mi voz al eco denota como medio de sus palabras.

¡Soy devota! Y en llanto rompo, la deseo conmigo.
Necesito ver sus símbolos de arena y granito.

Si tan minúscula, como soy, a lo largo de este periplo.
He demostrado mi valía, y méritos he cumplido.

He matado y librado la guerra en tu nombre.
Y mis deseos y necesidades prometiste en mi último día.

Luz, luz y melancolía, lejos de mi, lejos el calor del tiempo.
Tu arropada en terciopelo, la eternidad en vestiduras gráciles.

La fragilidad de la vida te ha de parecer un tedio bochornoso.
Pero aquí estoy yo en plena agonía buscando tu cuerpo.

He diezmado aldeas y pueblos en tu nombre.
Matado cabras y corderos, mujeres y niños.

Y aquí en silencio, en la bruma, ignorada y sangrante.
Mi único deseo no ha sido cumplido.

Luz y melancolía, luz que desaparece.
Una imagen de ti sonriente.
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Ave carmesí

Toda mi vileza, aplacada en el silencio,
una suplica he detenido, con el filo de mi lengua.
Desdén ha sido la implacable sutileza de mis dedos,
vacía la fe que resiste tu paciencia.

Se que de las frías aguas de un río sólido,
han emergido tu encierro y agonía.
Trepando y nadando por el hielo y agua derretida,
por mi corazón ardiente y majestuoso.

Desearía poder regalarle a la vida con esmero,
tu hermosa sonrisa y tu bello ceño.
Pero aquí me resguardo de la tragedia en tus recuerdos,
me alejo con prudencia de tal sufrimiento.

Carmesí a de ser mi herida si de ti he huido,
nada mas cobarde sería tal rastro de fluido,
mi sangre sedienta que desciende al olvido,
de tus memorias y tus mejores sueños.

Entonces, ¿cómo evitar semejante rudeza?
Si conozco bien tu linaje y tu pasado.
Si bien siendo apenas una dulce joven,
Has tenido que padecerlo y superarlo.

Ahora te hayo aquí en mis manos,
eres un colibrí herido y necesitado.
Y yo no hay nada que desee mas,
que dormir en los pliegues de tus alas.
Pequeña y dulce ave carmesí.
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Épsilon

Épsilon de luz a tu letargo han invadido.
Un traspaso simbiótico entre las perlas de tu resignación.
Un mundo solitario hundido en el firmamento oscuro.

En tus sueños silenciosos se han cerrado las norias de tu legado.
Una estrella vacía sumida en la fría eternidad del abismo.
Tenacidad desbordada de tu corazón, desolado.

Son plenas las vidas elegidas de tu milagro acaecido.
Formidable invasor del páramo infinito entre galaxias.
Suscitado y lacrimoso dolor, Épsilon.
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