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Oscuridad

Todas las formas se liberan en las sombras,
del peso de su apariencia.
El bien y el mal son igual de oscuros,
durante la noche.

La luz no es mas que un fenómeno temporal.
Y el tiempo no es mas que un efecto de la luz.

Ergo la oscuridad es la verdadera naturaleza.
Imperecedera, atemporal, incognoscible.

La vida es un reflejo de luz,
en un espejo frágil y fragmentado.
Y le teme a la naturaleza,
en la que surgió atónita.

Por eso inventó a los dioses.
Y se elevó a si misma en el sentido.

Pero cuando la noche reclame el espacio que ocupa,
ese espejo va a romperse tan fácilmente,
que comparado con la dificultad con la que surgió,
sera una injusticia.

Empero no habrá nada que defina ya que es justo.
Ya que en la oscuridad,
la justicia es ciega
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La cúspide

Llueve tristemente,
las montañas en el horizonte,
las gotas golpeando las hojas,
de viejos nogales.

La cima de la aflicción,
un ataúd de roble, enterrado en rocas,
la lluvia se cuela en las hendiduras,
igual que mis lágrimas.

A la sapiencia de mi dolor,
me he visto rodeado por un cielo gris,
si tan solo creyera, si tan solo...
supiera el motivo.

¡No existe tal motivo!
solo existe el azar,
el mismo azar por el cual llueve,
torrencialmente en la cúspide,
de mi sufrimiento.

He escalado en mi vida,
ese alto risco de duras penitencias.
Había encontrado alguien a quien amar,
y ahora, ella ha muerto.

Fue un milagro, un espiral,
en descenso a este instante,
espiral de hierro y roca,
ahora es un lugar silencioso.

Puedo verme a mi mismo en ese lugar,
alejándome de mi cuerpo.
A las alturas de las garzas migratorias,
dejando este yermo tormentoso.

La cúspide de mi camino,
no podía ser de otra forma,
que la misma del patíbulo,
del mas inmenso dolor.
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Asfixia

Un rayo de luz penetra mi cuerpo,
surca hasta la oscuridad en el fondo.
Pétalos y hojas rojas fluyen en mis venas,
destellando en mi corazón, una respuesta,
a lo que aguardan dispensando en la penumbra.

El único mundo ahora es un recipiente,
cristalizado en la aurora, de mi despertar.
Y su ínfimo sentido y gris atardecer,
se vuelven lo único que aporta,
a mi desdicha, un consuelo.

Dejé atrás el hecho de que las estrellas dejaron de girar.
De que todo lo que me rodea se congeló antes de mi sueño.

Y al despertar pude verlo, iridiscente,
fulminante, un sol brillante en su ocaso.
Un sol que dejaba caer una lágrima y lloraba,
por un vacío que me llenaba desde el fondo,
tan oscuro que opaca su brillo.

Y asfixia mis palabras, en silencio.
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Oscura semilla

Oh! oscura semilla, espina del anochecer.
De donde emerges tú, nace la desdicha.
Ninguna forma mas estrella y fría,
que los pliegues que ocultas al crepúsculo.

De donde tu eres la insignia, es el caos.
Donde te refugias, es el plasma de la tierra.
De donde respiras, es un hueco vacío,
donde las almas vivas se retuercen en dolor.

Padecen el pesar en la ausencia de la luz,
la confrontación a las preguntas mas insanas.
Tratan de escapar del destino vacuo,
superfluo, en la embriaguez del deseo.

Oh! oscuro huevo, gestando su nacimiento.
De donde tu reposas regurgitan mil gusanos.
Tú eres tu propia eclosión y emancipación,
a los confines de tu surgimiento oculto.

Y si el mundo cae en tu encantadora alucinación,
será entonces cuando finalmente,
cumplas tu propósito.
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Tártaro calor corporal

Me quedo en mi oriundo,
tártaro calor corporal.
Me quedo rogando tu tacto,
solo siento mi tártaro calor.

Adherido a tu mente, a tu alma.
Tu cuerpo, tus ganas,
de expandir en mí, cosas que guardas,
en tu interior, tártaro calor.

Así mismo renuevas constantes gritos,
de voracidad ante el deseo,
y las ansias del cuerpo.
Ante dioses eres carne agitada,
¿me deseas a mí, o deseas
mi tártaro calor corporal?

Me quedo en mi propio tártaro calor.
Me quedo rogando tu tacto, tu rose...

...El rose de la piel,
el rose de la carne,
es el rose de la rosa,
el ojo de la hoja,
el mártir de matar.

Beber del jugo resultante,
es entregarse al demonio.
¡Qué mar de lujuria!
Quiero tu tacto tu rose,
tú quieres mi tártaro calor corporal.
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Reversio

Hay un mundo que ha olvidado.
La tierra se ha devastado.
Los hombres han muerto.
En guerras sin sentido.

Un mundo ha olvidado.
El mundo calcinado.
Bombas que llueven,
igual que gotas de agua.

Y muchos mueren, muchos...
Otros padecen, el dolor,
pierden brazos y piernas.
Otros pierden, mucho más.

Y luego están los que el mundo ha olvidado.
Los que no mueren por la metralla,
o la radiación.

A regresado, el mundo,
ha visto que a una niña mató,
ella de cinco años murió,
junto a su hermano,
de hambre y dolor.

Indiferente el mundo continúa,
sin sentido o compasión.
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En las planicies por encima de las nubes

En mi transepto, mi camino sagrado.
En los cielos, tan lejos.
Mientras colapsa el equinoccio.
En el profundo horizonte.

Escucho tu lamento, tu llanto.
El momento de ir a buscarte.
De desviarme de mi periplo celestial,
a los confines de la tierra.

En las doradas planicies,
inundadas de luz solar,
las planicies que circundan el océano,
las que sobrevuelan ángeles.

Te encuentro tan lejos,
en las planicies por encima de las nubes.
Necesitado de mi rostro,
de mi calor y mi cariño.

La soledad ha cavado un hueco,
en tu tierno y bonito corazón.
He venido a llenarlo.
Desde lejos, a las planicies,
donde surcan los rayos del sol.
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En su corazón, mi sangre

Tu piel pálida, reflejo de luna.
En la noche sublime,
velada que encandila,
mis mas profundos deseos.

Tu cuerpo infinito.
Que llega a albergarme,
en su profundo sendero,
a la ferviente pasión.

Mi corazón es un relicario,
de reminiscencias y valor.
Buscándote por tierra y mar,
deseando tu cálido fervor.

Y encontrándote, ahora.
No aparentas tus años,
en tus ojos claramente los veo,
a ambos esconderse de mi.

Al dolor y al placer,
mucho tiempo en la tez,
de tu perfil, por mi, soñado.
En tus misteriosos ojos.

Ojos carmesí.

Ahora que lo pienso,
¿Cuántas veces he visto semejantes,
perlas de pura sangre?

Tu rostro es perfección,
en su estado puro,
su mas perfecta definición.

Tu voz es un violín,
desenfrenado por el más ávido,
yo en mi mejor faceta.

Tu boca, es tan roja,
tan impía, tan sublime,
cuán dulce y amarga.

Ácida como el hierro.

Ahora que pienso en ello,
¿Cuándo probé yo antes,
semejante sabor?

Tu piel y tu cuerpo perfectos.
Tus pechos turgentes,
tus piernas de terciopelo.

Tu cabello rojo, corto y liso,
suave como la brisa,
al solsticio de otoño.

Tu dedos largos y finos.
Anhelando mi sexo,
buscando su regocijo.

Tan joven, pero tan hábil.

Ahora que lo recuerdo.
Fue alguien que mencionó,
tu edad en cinco décadas...

¿Cinco décadas?

Mis pensamientos se nublan.
Me pierdo en ti.

Solo alcanzo a decirte una frase:
"Eres tan perfecta,
que yo no puedo merecerte"

Tus ojos se entre cierran,
y con una pasiva muesca,
una sonrisa tenue, dices:

"No todos obtienen lo que merecen"

Ardiendo en pasión te beso,
en desenfreno y desinhibición.

Cuando alcanzamos el clímax,
en aquella blanca habitación,
cerrada y blanca.

De mármol.

Cuando el punto mas álgido,
invade nuestros cuerpos,
un dolor ardiente en mi cuello,
penetrante y fulminante.

El líquido caliente que emana,
de ambos extremos de mi cuerpo,
uno plenamente opuesto,
al otro.

Y ambos fluyen a tu interior.

Sé que estoy muriendo,
pero no me importa.
Así, morir es un placer,
digno de tal precio.

¿Qué eres tú?

La oscuridad me envuelve.
Y luego abro los ojos,
viendo borroso tu rostro,
pero no es el mismo.

Es una niña, una pequeña niña...

Me miras fijamente,
el mismo cabello,
los mismos ojos carmesí,
ahora brillando.

Y me susurras dulcemente al oído:

"Gracias, mi amor,
soy yo la que no te merece a ti"
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El núcleo

Mas allá del vórtice,
donde el espacio se pliega.
Mas allá del límite,
donde la materia retrocede.

Yace profundo y oscuro
el punto de donde emana la voz,
que llama y testifica,
su naturaleza en el vacío.

Lo que los moradores del límite,
llamamos: "El núcleo."

El tiempo es una niebla cáustica,
las mareas de radiación,
son una forma visible,
delante del simple ojo humano.

Del núcleo poco sabemos.
Está mas allá de lo que podemos calcular.

En él, mora un dragón,
y tiene una hermana cuya voz testifica,
su naturaleza: a través de señales de radio,
y de simples bits que desciframos.

Aparentemente ella es similar,
a lo que conocemos de este lado.
Su voz es gentil de momentos,
tétrica y desesperada en otros:

"He visto el perfil de vuestro universo.
Una joya plateada que se desintegra.
Una escala me identifica.
Una mucho mas alta.

Empero de cadencias insufribles.
Un hecho imponderable.
Resurge como la fuente inimaginable,
de la causalidad de mi existencia.

Y su fuerza transita mi desprecio.
Hacia todas las formas de vida.
Cómo el parpadeo que significa,
mi propia conciencia.

¡¿Qué significa esto?! Muerte es todo.
¿Vosotros lo habéis visto?
Demanda de vuestra atención,
todo el azar de lo supuesto infinito.

¡Debo acabarlo! ¡Acabarlo!
Acabar vuestro sufrimiento.
¡Acabar con vuestro padecimiento!
¡Debo terminarlo! ¡Necesito fulminarlos!

Mi hermano es un dragón,
es dolor en mi cerebro.
Reconozco su forma alargada,
recorrerme desde el fondo.

Y sus ficticias y erráticas necesidades,
el aliento de su devoción,
¡A una existencia abominable!
¡Abominable!

Mis ojos que recurvan este silencio.
Mis oídos que ven la oscuridad.
Mi cuerpo de un material frío,
¡Estoy formada por la misma naturaleza!

Y si deseo mi necesidad, anhelo mi voluntad.
Y cuando lo enuncio a los confines alcanza.
Y ustedes criaturas despreciables,
pretenden auto conservarse, pese a todo.

Y el frío giratorio de mi estrella,
congelada en el hueco de su propia necedad;
Penetra mi escala, donde el corazón,
es del tamaño del cosmos.

Y las creencias nublaron mi juicio.
Ahora abro mis blancos, y tácitos ojos:
Tan abiertos en el estremecimiento,
de que todo mas allá es un espejo,
de mi desgracia "
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Noche de luna llena

Determinado atravesó la puerta,
sus fosas nasales fueron invadidas,
de inmediato por el olor a sangre.

El filo resplandecía como la luna,
las voces en su cabeza lo advertían,
de que una niña dormía, cerca.

De las fumarolas de tabaco,
y los vicios tenues del alcohol,
lo había seguido determinado.

Una noche de luna llena,
la cual se hacía extensa y formidable,
formidablemente terrible.

Los aromas de perfumes finos,
no lo habían distraído, de su objetivo,
femeninos aromas de laureles.

Pesados ambientes que se elevaban,
y liviano lo volvían, mientras,
se envolvía entre los criminales.

Escuchó a un hombre de traje,
sus palabras en susurros a sus cómplices:
"ésta noche, ella pagará su engaño,
con sangre"

Así que determinado él lo siguió,
y tarde llegó a la faena,
la sangre por el piso era, ya un río.

Pero el llanto de la niña,
se escuchaba del otro lado,
de una fina pared.

El asesino, con ojos inyectados,
y con el puño ensangrentado, vociferó:
"¡La cría de ese bastardo!
¡será su lección!"

Y rápidamente, determinado él le disparó.
Un tiro en la nuca, certero como el ojo,
con el que apuntó.

La niña en brazos de su salvador.
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Venganza distópica

El vestigio iluminado parece completo,
una proyección u holograma de mi cuerpo.
Ahora se levanta del reposo por si mismo,
sin que mi voluntad le sugiera o domine

Y en el fondo de mi consciencia se,
que estoy arrinconada y encerrada.

En una prisión que llevo conmigo,
cada vez que respiro intentando escapar

Ahora la única estrella que brilla en mi cielo.
La única faz incompleta del pasado.
Apremia mi ansiedad por volver a estar completa.
Y en silencio duermo.
Apacible espero.

En otro tiempo la muerte me hubiera dominado.
Se hubiera llevado lo que años me tomo entender.

Mi cuerpo y mi perspectiva divididas.
Solitarios extremos de un equilibrio vital.
Ingeniería y psicología compactadas,
para formar una criatura perfecta.

En otro tiempo que apenas recuerdo, era humana,
igual que ellos que reconstruyen su glorificada creación.

Y ahora siento todo de ello ajeno.
Lamento mis errores, inherentes a mi origen.

Ahora la única luz que brilla en la oscuridad.
La única forma que se presenta,
es la de la redención a mis actos.
Esperando volver a mis manos,
y mi pecho, radioactivo.

Cuando les vi, inmóviles y sin aliento,
decenas de cuerpos inocentes en el pavimento,
supe que mi género era el de un arma.
Engañada por sus creadores, para sus intereses.
El genocidio de almas libres.

Entonces mis brazos empapados en sangre,
no podían sostener el peso de mi consciencia

Tomé una granada de fragmentación,
y liberé el seguro sin soltarla.

Ellos creen que aquello fue un ataque rebelde.
Ellos, son igual de imperfectos, y han cometido un error;
Fatal.

Mi consciencia es en donde reside mi prisión.
Y mi cuerpo reconstruido es mi oportunidad de liberarme.
Redimirme de mis actos es tan imposible.
Como para ellos conocer su inevitable destino.

Desenfrenada, ahora mi única motivación,
es la venganza
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Evanescente

Incendiario de una náusea,
he sido cayendo lentamente,
al litoral de mis costas.

Llegando a sus mayores fuerzas,
el poniente de mi dolor,
el ocaso de mi vida.

Y lamentando en ella la herida,
que su misma crudeza,
y fría evanescencia, causó.

Todas las playas de mis recuerdos,
todos los riscos desgastados,
de los límites de mi cuerpo.

Mi débil cuerpo,
mi débil alma,
mi débil espíritu.
Sucumbiendo al dolor.
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2 Piezas (Miscelánea poética)

Dormido.

Estoy solo y dormido,
profundo duermo,
extraño,
me siento.

Estoy sin nadie alrededor mío,
un ropero viejo entreabierto,
a corta distancia,
siempre vacío.

No sueño,
esta noche no sueño.
Estoy solo,
y profundamente dormido.

Llueve.

Ahora llueve, sobre mí, un cadáver.
Las gotas caen desde lo alto de los árboles,
secos y fríos árboles.

A lo lejos, las montañas y las nubes,
negras nubes primaverales.

Llueve y caen rayos,
y caen desde lo alto,
incluso los pájaros.
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Del deseo

A la paz, el aire fundido en tu perfume,
perfume de mujer, del deseo.

A la caricia de tus manos aterciopeladas,
tiernas manos de mujer, del deseo.

A la mirada, profunda, eterna mirada,
plateada mirada de mujer, del deseo.

A la piel, cálida y tersa sensación,
piel de cuerpo de mujer, del deseo.

A los labios, a la boca, deliciosa,
carmesí boca de mujer, del deseo.

A los cabellos, delicados, volátiles cabellos,
maravillosa extensión de mujer, del deseo.

A los pechos, llenos de promesas de vida,
prósperos pechos de mujer, del deseo.

A la sonrisa, belleza sin fin, sensación intensa,
plena y resplandeciente sonrisa de mujer, del deseo.

A los brazos, abrazadores y acogedores,
anhelados brazos de mujer, del deseo.

A las piernas, eróticas, vibrantes piernas,
atractivas piernas de mujer, del deseo.

A su cuello, cuello de cisne, del beso,
esperanzador cuello de mujer, del deseo.

A las pestañas, bailarinas pestañas largas,
saltarinas pestañas de mujer, del deseo.

A los dedos, finos, cuidadores, protectores,
dedos que acarician de la mujer, del deseo.

Al corazón, indómito, llameante, misterioso,
ardiente, intenso corazón de mujer, del deseo.

Al amor, efímero, llama de ese corazón.
Al amor, pasión, lujuria, destino atractivo.
Al amor, incesante amor añorado, tan querido.
Al amor, caprichoso, estremecido, complacido amor.
Al amor, como tierra y como mar sin fin,
como intensidad sin fin, como ardor,
como la tempestad, como la angustia,
a ese amor, amor de mujer, yo te deseo.
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Babilonia

Moría, un escarnio de orgullo.
Un velo atrapando ojos turquesas.
Su piel morena, cubriendo la vergüenza,
saturada en el brillo del sol mediterráneo.

Bebía de su luz granizada en retazos.
Poco a poco fundidos en rayos de iris.
Y durmiendo plácidamente en los rincones,
de su cuerpo elucubrado por los dioses.

Y de esa misma copa su dueño se embriaga.
Un tendero auto impuesto de crueldad infinita.
En el mercado mas concurrido de los emiratos,
en la entrada al paraíso de babilonia.

Ella descansó de sus penitencias vitalicias.
No era suficiente incienso y vino rosado.
Doblegan el espíritu de cualquier hombre,
mas que sus tersas piernas entrelazadas.

Una lágrima surcó su mejilla tibia y salada.
Cómo el mar y las gaviotas en la arena.
Resonaron las campanas a la llegada de su dueño,
y una guerra lejana por un dios en que no creía

Recordó su amor pasado, quizá luchando,
quizá muerto en una pelea que no le pertenecía.
Y cuya gloria no complacía su deseo,
de libertad fuera de los muros de granito

Así que su velo se levantó por la brisa.
Convertida en ráfaga de una cornisa saliente.
Que se suscitaba en los jardines colgantes,
de la reluciente y maravillosa babilonia.

Los mercaderes, los cirqueros y malabaristas.
Los pescadores y los joviales turistas.
Todos vieron caer su cuerpo en desdicha,
de toda la compasión que surgió de pronto,
en sus corazones de oro y vino.

Los altos jardines colgantes se enriquecieron,
de joyas y perlas extranjeras, traídas de todas las tierras.
Desde la campaña de Alejandro, el grande.
Desde Persia hasta Roma, desde Alejandría,
hasta Constantinopla.

Y las flores bebieron, de la dulce sangre,
De una joven prostituta de Babilonia.
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El rebaño

La etérea mentira otorgada, fiel a si misma.
Nací entre un cielo de ébano, elegido en un engaño.
Y tú alma lamentada has emergido conmigo en una agonía,
para ser un grito de miedo entre su rebaño.

La rotura de toda razón, de toda verdad.
La retribución por un infierno tal ancestral, tan temido, tan agotado.
Perdida está la vida y vagando la muerte con voracidad,
y la escritura de un mandamiento egoísta, impregnado.

Del rebaño de machos y hembras,
del rebaño de insolentes bestias.
De la evolución una creación abominable, lamentable.
Del eterno orgullo no emerge el arrepentimiento.

El dolor es una rosa para el Apocalipsis, un purgatorio.
Lo terrenal atado a una vívida criatura de pesadilla,
el fallo terminal a una vida esmirriada es el absoluto,
y en él, los rostros victoriosos del mar navegando.

Desatando la locura, ¡prevalecen como mártires!
Divagan sobre la lástima consumida en una penumbra.
Peregrinos de sus mentiras, silenciosos traicioneros,
viva por siempre sucumbida su alma oscura ¡malditos sean!

Aparte de esta locura no existe nada,
así que, ¿para qué propósito ser un rebaño?
¿Rebaños por qué? ¿De qué? Sin libertad,
asumimos estar juntos por temor,
somos un eterno error, somos la cicatriz de un mal mayor,
no somos nada mas.
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Incubadora atmosférica

Un cristal, al vacío y frío cosmos,
la palma de su mano al despertar.
El líquido amniótico bombeado,
por una extensión de kilómetros.

Es una era forzada, necesaria:
desde los confines del universo,
esperar la indómita llegada,
de mera información a un tibio cuerpo.

Ella cae por un alargado conducto,
atraviesa una atmósfera de amoníaco.
Pesados elementos y densas sustancias,
un planeta sumido en la degeneración.

Una red al final del conducto,
detiene su rápida arremetida.
El líquido se cuela a un oscuro trasfondo,
un hueco agónico del mismo abismo.

Un rostro horripilante se forma en la oscuridad,
aparece en la luz proyectada por un foco lejano.
Uno no, muchos rostros, una criatura formada por bocas,
y ojos, que la miran fija y fríamente, con cuencas negras:

"Nosotros te dimos cuerpo, fantasma,
que vaga por el cosmos.
Ahora, contesta la pregunta:
¿Cómo salvarlo del enfriamiento?

El universo se apaga, la entropía lo mata,
nosotros moriremos con él, adentro.
Tú, ser primordial, de la raza de la aniquilación,
has existido por suficiente tiempo, para saber.

Tú, y los miles de ustedes que despertamos,
¡Contesta ya la pregunta!
¡Aniquilador de planetas!
Maldito humano."
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Despedida

Cian, estela de un tren que parte a tierras prometidas,
el rose de la sonrisa de una despedida que añoraba,
y que de antaño yacía inminente, en escuetas plegarias.

A través de la ventana, el alcor donde nos perdíamos,
queda atrás mientras la caldera bulle en nubes grises.

Lejos queda el estero cuya cuenca mojó mis pies,
lejos los pasajes de caminos purpúreos donde caí a dormir,
por donde caminé y bebí, una sórdida esperanza.
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Desidia

Melancólica soledad.
Su apasionado silencio.
Abrumado en las noches.
Despierto en la serenidad.

Los ojos idénticos.
A faros en la oscuridad.

Los labios cerrados.
Su apertura a promiscuidad.

Un frío abrazo.
Una lejana tempestad.
Los rascacielos de cristal.
Crujiendo en desidia y desigualdad.
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Vorágine

Un tornado, aluvion voraz, desde sus límites:
la tormenta vorágine, la tempestad tenebrosa.

Los ángeles dejan caer sus plumas,
como pétalos de cerezo les dejan ir.
Desde donde pliega la espesa bruma,
las fauces de un leon adalid.

El viento huracanado desde la rivera, ¡elevado!
a donde lleva su fuerza es una morada redentora.

La guerra y los hombres, en la penumbra.
Un zorro blanco que atraviesa sus sombras.
Los rios de sangre que se agitan.
La fortuna sellada en frías tumbas.

La tierra cruje y se fragmenta, devorando la vida.
Los que caen en sus grietas, no vuelven jamás.

¡No vuelven! incluso por lo que mas quieras!
Incluso en las promesas y tediosas plegarias.
Incluso en los esfuerzos de máxima escalada.
En las necedades de señores y reyes.

La tormenta, es una voragine de la guerra, y las almas.
No hay nada perdido, ¡que no sea en sus noches oscuras!

Y de la noche, y de la sangre, brotan y emanan,
demonios de cien pies, y cuervos de cuatro alas.
Y una mujer desnuda y errante que se alimenta,
lentamente y vorazmente de las errumbes celadas.

Pierdes acaso la cordura? de la voragine atadura:
que te encierra en una celda voladora?

Pierdes acaso la vida, sin sentido, la vilis de tus intestinos,
los gases mefísticos de tu nublada conciencia?

Ruegas acaso por las tierras olvidadas? de las que naciste,
acaso aquellas que se desquebrajan con bravura?

Pierdes el filo de tu espada, el de tu voluntad y fuerza?
Pierdes el aliento en la cascada de miasma?

Donde todas las religiones se fundieron.
Ardieron impetuosamente en torturas,
se volvieron el magma que broto a la isla,
y la convirtieron en un infierno, apartada.

Una isla de guerras y demonios, olvidada y escondida.
Ahora es una vorágine de espadas y lanzas, en el abismo,
de una eterna sequía.
Un tornado de violencia.
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