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Se queja el viento

Se queja el viento
llora en silencio
lacónicas sus pisadas,
y sus sollozos . . . densos.

Murmura los secretos
de plomizas nubes
de lánguidos soles
de cenicientos ocasos. . .

Se arremolina
se enreda
en los rizos de la tarde. . .

Se desploma
se precipita
en los charcos de la vida. . .

Los ayeres
flotan como plumas de ganso
en sus alas etéreas. . .

Los mañanas
y sus trazos
se desdibujan
en el cristal de sus ojos. . .

El hoy
se le escurre
entre sus dedos de aire
como gotas titilantes
de una clepsidra danzante. . .

Se anega
se asfixia
se despeña
sufre. . .

. . . y se olvida,
que es viento.



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@AljndroPoetry
2019-feb-10
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42comentarios 274 lecturas versolibre karma: 101

Llamando el Otoño

Los rendidos jardines de un sueño prometido, con la vid madura en las manos y las tardes llenas de vientos en espirales con las hojas llamando el otoño.
Quejidos de un verano pasado y un invierno venidero.
Abrir siempre nos alivia, y cerrar nos provoca aislamiento
un fino hilo nos amarra de por vida, amar

SIEMPRE...
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2comentarios 136 lecturas versolibre karma: 82

Quejas

No, no me queda. De nada debo quejarme.
Pero tal parece que el mundo de la demanda
y publicidad quieren hacer de mí un títere
para comprar y comprar, sin hacer consciencia
de que la tarjeta plástica, un límite de crédito tiene,
pero presa soy de la vanidad...
Hoy no pude comer por falta de tiempo, y yo quejándome,
ya no hallo quién me la debe, sino quién me la pague.
Hoy mi carro no quiso encender, tuve que caminar y por
el enojo, no percibí que dos fuertes piernas me llevaron
a mi destino.
Hoy vi a mi co-worker presumiendo su IPhone, y yo
quejándome; a penas tengo el 7.
Hoy el calentador de la ducha no funcionó y yo quejándome,
con agua fría tuve que ducharme, sin importarme que es
bueno de vez en cuando un contraste de agua.
Hoy quise vestirme con camisa blanca y corbata zafiro
y de las 28 camisas blancas que poseo, la que yo quise
estaba sin planchar.
Hoy quise vestir los zapatos de la gran vía, que solo me
costaron 1000 euros, y yo quejándome, porque con mi
bléiser no hacían combinación.
Hoy me quejé: "Santo Cielo. No tengo qué ponerme." mi
cuarto de vestir, está en desorden. Los vestidos de noche,
de verano, invierno, la ropa de algodón, de seda, de lino,,,
no hallo por dónde empezar. Y de los 225 pares de calzado
que tengo, ya ninguno me complace...
Y yo, quejándome...

Letizia Salceda,,,
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20comentarios 179 lecturas relato karma: 90

El uniforme de Isabel

Estaba en la cocina cuando mi hija entró, saludo apenas al pasar apresurada por el corredor y se encerró en su habitación. Unos minutos después golpearon en la puerta y le abrí a la señora que venía con la niña de apenas unos cuatro años, tomada de la mano que no paraba de llorar.
--Señora, es que su hija le acaba de pegar a la mía en la salida del colegio, mire como la dejó—y me di cuenta que había botado sangre por la boca y la nariz, tuve la impresión.
--Isabel—la llamé y acudió más rápido de lo que me imaginé— ¿le pegaste a esta niña? ¿Sí o no fuiste?
--No, yo no fui.
--¿Tú le pegaste?—volví a insistir en un tono más drástico y vi que se sonrojaba un poco.
--No, mamá.
Pero fue en ese momento la señora de la niña la que acabó por darle un giro inesperado a la situación.
--Señora, perdóneme la equivocación, la niña que la golpeó tenía uniforme del colegio y su hija no lo tiene.
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El eurodiputado simplón

Como un puñal, como un ladrón
el eurodiputado simplón
te vende su canción.

En la fría reunión
donde decide tu situación
te exprime el corazón
el eurodiputado simplón.

Sabemos del chaleco matavidas
y del capitán Frontex
y de la nocturna violación
amigos todos del eurodiputado simplón.

Rojo sale de la reunión
bajo el sol y el cóctel de la legación,
el eurodiputado simplón.

Todos pendientes de su decisión,
negros de prieta ceja,
niños de cara vieja,
mujeres de lágrima seca
bajo el ojo fijo del policía,
mirada que ensucia el día.

Será tal vez una ilusión,
raya arriba, pastilla abajo
más veo cantar
en el plasma de la habitación
la enésima mentira-canción
del eurodiputado simplón
al que tú pusiste el altavoz
con tu voz de queja,
no de rebelión.
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Enemiga de las comas

No le gustan las comas,
Las pausas,
La jaula,
Llamada ortografía,
Mal asunto,
Que quiera finales y punto,
Y no puntos y aparte,
No hay mejor arte,
Que pararte,
ante un buen verso,
Sé que puedo resultar extenso,
Por eso facilito las pausas,
Con estas minúsculas barras,
llamadas comas.

Mujer absorta,
Lectora de versos,
Jueza de estrado,
Escapa del infierno,
De mis versos acotados,
Entre barras sin estrellas,
No hay mejor bandera,
que una coma,
Aunque te duela,
Que me salte la norma,
Y de escribir mi forma,
Sea atroz,
y al albor,
del buen soneto,
sonoridad manifiesto,
Entre postillas,
Aunque no te guste el texto,
Delimitado,
Es ese mi estilo,
Y punto,
Pero por supuesto con punto y coma.
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Ruge la gente

Ruge la gente que lucha a diario para que vivir no sea cada mes un sacrificio. La que se desloma bajo el sol del mediodía exprimiendo de la tierra la cosecha. La que se ensucia las manos en el engranaje o colecciona varices a los mandos de la caja del súper. La que se siente ignorada y sin cariño en un mundo de prebendas y chanchullos que los poderosos intercambian en los áticos del mundo. Se queja el olvidado que no ve futuro en el mañana, el que apenas conserva aliento cuando regresa a casa, el que defendió a su patria por unos cartones húmedos en la calle, el que ve acabar su vida sin haberla disfrutado, el que teme que sus hijos vivirán de la nostalgia. Como un ejército marchando en armas, ungidos por la voz que todo lo derriba, viajan de un extremo a otro del planeta arrasando las leyes del pasado. No supimos ver la marabunta enojada. Y ahora contemplamos perplejos su avance decidido. Qué hacer! Qué decir! Cómo calmarlos! farfullamos con el ano distendido. Pero la turba ya no atiende a placebos ni a promesas vacías. Ya no confía en el púlpito ni el trono. Requiere sangre, culpables y la sensación gratificante de estar al mando de las cosas. Como un rodillo que todo lo aplasta la plebe reclama su lugar en la historia, agitando consignas, discursos flamígeros, ocupando orgullosa las plazas de los pueblos. Elige lo subversivo, lo inquietante, lo que amenaza la calma en que retoza la casta. Ignorante de que a muchos peldaños de distancia en la escalera, Ellos, los que mandan de veras, contemplan la revuelta con sonrisa displicente. Aguardando a que este calentón, como otros tantos, se disipe como siempre en las rutinas de la vida.
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sin comentarios 40 lecturas prosapoetica karma: 25