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Tan Clara

Esta noche es tan clara
mas que una palabra que se desvela
de las estelas de las estrellas
de este manto que nos rodea
o como el cosmos que se inclina
sobre tu pecho.

Tus sueños descansan sobre el lecho
castaños de tus ojos.
el amor lo tienes refugiado
en el corazón
para que ningún ladrón
te lo arrebate.

Tu eres tan clara
como la luna posándose sobre la laguna.
un lucero que guía este naufrago anonadado
en este mar turbulento
de mis pensamientos

Como el reflejo
de un espejo
que no dejo de mirar
Mientras me pierdo
en sus ojos de cielo

cuando callas
te sientes tan lejana
tan lejos de mi alcance
como cuando tratas de alcanzar con tus manos
alguna de las estrellas

eres ese manto del cielo que jamas podre tocar
solo puedo admirar
con mi mirada
mientras me pierdo como un nómada
tratando de buscarte
en estas lejanas
y llanas tierras

Eres tan clara como un lucero
partiendo en el horizonte
iluminando la oscuridad
que invade esta ciudad de sombras
donde la penumbra se escapa
se ilumina cuando tu estas.
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Paraste corazón...

Paraste corazón, como el reloj,
que antaño contemplaban los poetas
dejando en una torre tantos sueños
que duermen al amparo de las piedras.

Un día volverás con tus latidos
a ser ese reloj que el hombre espera,
la dulce sinfonía de la vida
vibrando en libertad y sin cadenas.

Serás la referencia de los niños,
el brillo que se busca en las leyendas,
la brisa y la resaca de la playa
que impulsa por el aire los cometas.

Serás ese segundo tan ansiado
que pide el comprador de luz eterna,
la tierna Campanilla renovada
la rosa singular de otro poema.

Se quedan en la torre, reflejados,
los trazos singulares y las huellas,
del tiempo en que dictaba tu figura
la furia y la pasión a esa silueta.

Se quedan los suspiros contenidos
las lágrimas de tantas primaveras,
las noches de lujuria incandescente
y el llanto, singular, de las estrellas.

Y vuelas, corazón, hacia otros puertos,
a brazos de marinos y sirenas,
aquellos que soñabas con los niños
en ratos de fervor en la escollera.

Seguro que el volcán que llevas dentro
dará a nuestro reloj algo de cuerda,
haciendo que su lava se derrita
surgiendo, la pasión, desde tus venas.

"...Paraste, corazón, en un momento
e hiciste que el reloj se detuviera,
así te curarías las heridas
y un día volarías de tu celda..."

Rafael Sánchez Ortega ©
22/11/18
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En una fuente tranquila...

En una fuente tranquila
se bañaban las estrellas
que mandaban desde el cielo
un reflejo de violetas,
y llegaba hasta las aguas
el desnudo de su esencia
esa imagen sinuosa
y lujuria de poetas.
En la noche silenciosa,
con suspiros y cometas,
las estrellas, en la fuente,
se estiraban cual sirenas,
y cantaban las cigarras
y soñaban las abuelas,
con los hombres que eran niños
y que estaban en escena...

Esos hombres que luchaban
y morían en las guerras,
eran niños, en el fondo,
que buscaban la respuesta
de la vida y de las gentes,
de palabras y de letras,
que enseñaran lo correcto
olvidando las monsergas,
de palabras melodiosas
con mentiras y promesas
que confunden los sentidos
y los cubren con la niebla,
terminando con los dramas,
y los llantos y tragedias,
donde el hombre mata al niño
y con él a su inocencia...

"...Cambió el viento, en un momento,
anunciando la galerna,
las estrellas, en la fuente,
recobraron su conciencia,
y se vieron tan desnudas
que se hicieron prisioneras,
de los besos de los niños
y sus risas tan sinceras..."

Rafael Sánchez Ortega ©
21/11/18
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Máscara

Te veo y mi corazón palpita.
Te veo y mis ojos brillan.
Te vas y quedo con los cachetes rojos.
No sé qué harás con él, yo no lo conozco ni tu a él.
¿Será mi timidez? ¿será que no sé de qué hablar?
¿Será que tengo miedo a que me sigas rechazando?
¿Por qué a ellos los aceptas en tu cama y a mí no en tus brazos?

Te veo y mis hombros tiemblan
Te veo y mis piernas se aflojan.
Te vas a acostar con otro y yo paso otra noche solo.
Pensando qué hice mal, pensando que no estoy solo.

No te aguanto la mirada, miro para otro lado.
Miro para abajo y veo mi calzado pequeño.
Miro mis manos sucias, me veo abandonado
¿Será que no te agrada? ¿Será que no te agrado?

Bendito sea el que te haga sonreír.
Maldito yo que no lo puedo conseguir.
Trato y trato de ser un buen hombre.
Aquel que te merezca, aquel que te sí lleve
por el camino que nunca llueve.

Pienso en lo que pudo haber sido…
Perdón mamá, por haber nacido.


El hijo de puta.
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Reminiscencia de invierno (parte I) (B)

Cae la tarde, los vientos gélidos del norte soplan con fuerza sobre la estampa de plomizos y níveos colores del centro de la ciudad. Los pasos de Salvatore se hacen pesados sobre el pavimento glacial mientras libra una batalla épica contra la ventisca que escupe su ráfaga de furiosos copos de nieve. Recién salido del trabajo, se dirige a su estación del metro urbano, a unas pocas cuadras del altísimo edificio de cristal donde trabaja. Hoy no tiene ánimo de pasar a tomar su macchiato bien espeso en la cafetería de moda del centro que le queda en el camino, urge llegar a casa a atizar unos leños en la chimenea y entibiar un poco el espíritu.

A pocos metros de la cafetería, desde el otro lado de la acera, observa sin embargo a los grupos de amigos, parejas e individuos solitarios que beben los cálidos sorbos de sus bebidas a temperatura de ebullición, casi todos con un móvil en la mano y unos pocos con un libro. Y su vista se detiene en una figura en particular; una chica de mirada perdida que sentada en una mesita al lado de la ventana, observa la blancura del ocaso y se extravía en los laberintos espirales de algún fugaz remolino de viento. Sus ojos son de un café tan oscuro como la densidad del espresso en el macchiato que Salvatore suele tomar. Su cabello castaño claro es tan liso que la luz de la lámpara encima de su mesita resbala por su pelo hasta caer al piso. Sus labios carnosos sugieren que su sonrisa debe ser angelical, pero su expresión es más bien de tristeza, pero no de una tristeza llana y simple, más de esas que son complejas, envueltas por el misterio. El corazón de Salvatore, sin embargo, late ahora con una tibieza inesperada, y antes de darse cuenta se encuentra en la puerta de entrada; sus pies lo han llevado hasta allí sin notarlo, como deslizándose o patinando por el pavimento helado.

El lugar está abarrotado, no cabe un alma; el frío invernal obliga a los transeúntes a hacer parada obligatoria y pedir una bebida bien caliente. Pero ya está allí y voltea a ver a la chica de los ojos café profundo, ahora de espaldas hacia él; lleva un abrigo corto de un color tan blanco como la nieve, lo cual realza el rojo escarlata del lapiz labial sobre sus carnosos labios. —Me das un macchiato con leche de soya y un toque de caramelo por favor —le dice al cajero— ¿alto, grande o venti? —le responde el cajero— Mejor un venti. Que me dure un buen rato— y le da un billete de diez dólares. Ya con su café en la mano, da un par de vueltas por las mesas y barra de asientos individuales del lugar, sin encontrar un solo espacio, excepto por una silla disponible en una mesita pequeña donde una anciana de cabellos plateados que está absorta en la lectura de su libro mientras bebe un latte que parece inagotable; y otra silla al lado de un hombre de mediana edad —aunque por su cabeza calva parece mayor— con una abundante barba y cara de pocos amigos, como quien ha tenido un día muy cargado; y por supuesto, la silla libre en la mesita de la chica de los ojos profundos, absorta en el panorama invernal de la calle, con un libro abierto casi por la mitad al que no ha vuelto a mirar en todo el rato que Salvatore lleva observándola. —¿Te molesta si me siento aquí? —ella lo mira con semblante serio, con especial asombro, como quien quiere ver hacia adentro y no solo por encima, pero no dice nada— ¡Es que no hay un solo lugar disponible! Claro, si no soy inoportuno, y si no esperas a nadie —Y ella lo sigue mirando por breves segundos más, pero su boca no se abre, mas con sus labios hace un gesto tan leve, como el de una tímida sonrisa; y de alguna manera parece que asiente a que Salvatore la acompañe. Al menos así lo entiende él, que sin decir más pone su bebida sobre la mesa y jala la silla, inusualmente pesada y sin protectores de hule en las patas, haciendo un ruido particularmente enervante al hacerlo. Ella levanta una ceja, como diciendo: —¿Qué haces? —pero realmente no dice nada— Perdona, no ha sido mi intención— se excusa él.

La mirada de ella se zambulle ahora en la página actual de su libro, como queriendo esquivar la conversación con el chico; aunque en su interior siente, sabe, que debe, que necesita hablar con él. Mientras lee, sus ojos café parecen sumergirse en las páginas y éstas abren un portal que la transporta al mundo de la novela; al mismo tiempo, con su mano derecha y sus uñas semilargas, muy bien cuidadas, sin pintura; hace un sonido sobre la mesa que emula el cabalgar de caballos. —¿Qué lees? —pregunta él con sincera curiosidad. Y ella, en ese instante, es como sacada por un haz de luz del mundo de su novela y transportada en el acto a la mesita, con un par de bebidas calientes, un libro, y claro, un desconocido frente a ella. —No me despiertes del olvido —le responde, sin más— ¿Y de qué trata? —vuelve a preguntar, a lo que ella replica— es un cuento muy largo para contártelo, y aún no me decido si es ciencia ficción, o magia mística egipcia, o una combinación de ambas cosas; es intensamente romántica, eso si te lo puedo asegurar; pero, parece ser un romance que trasciende generaciones, eras, culturas y algo más— suena bastante bien —responde Salvatore— ¡es apasionante, no tienes idea! —concluye ella, y se sumerge de nuevo en su lectura. Mientras tanto él, bebe su macchiato lentamente, como disfrutando cada pequeño sorbo de alegría caliente; no sin notar que la alegría que siente no proviene del macchiato exactamente, sino de la contemplación de la hermosa chica que tiene frente a él. Su mirada se hace penetrante, sus ojos chocan contra el café oscuro de los de ella; por su parte ella, se siente observada, quizás contemplada más bien. Ya no logra concentrarse en el libro, se dedica a tomar su bebida, observarlo de vuelta disimuladamente, para luego envolverse con él en una charla trivial de desconocidos; de esas en las que hablas muy a grosso modo de tus aficiones, de tu trabajo, de que estudiaste, de que te gustaría hacer con tu vida más tarde, de alguna experiencia interesante vivida. Y hablan, y se observan, continuan charlando y se miran, casi como acariciándose con los ojos, hasta que en un instante inesperado, al unisono, ambos tienen una especie de flashback, una reminiscencia; una escena compartida, ambos caminando tomados de la mano, en una tarde de otoño, por una larga avenida de tiendas de moda en Milán. —¿Alguna vez has estado en Italia? —preguntan ambos al mismo tiempo— ¡Qué casualidad! Hacernos la misma pregunta en este instante —dice Salvatore— Nunca he salido de los Estados Unidos, dice ella —yo estuve de viaje en Alemanía hace unos pocos años, pero es el único lugar de Europa en el que he estado —responde él. Ninguno se atreve a mencionar nada de esa reminiscencia absurda que parecen haber tenido, para no atemorizar al otro.

En un abrir y cerrar de ojos, cae la noche con todo el peso de su oscuridad y la temperatura desciende unos cuantos grados más. Han conversado por dos horas y media ya. Ella se excusa, que debe salir corriendo, que tiene que pasar haciendo unas compras antes de irse a casa, que le cierran el supermercado. El quisiera acompañarla, quisiera pasar toda la noche conversando con ella, observando sus bellos ojos y sus carnosos labios que invitan a besarla. Pero no dice nada al respecto. —¿Te volveré a ver? —le pregunta— ¡Quiero creer que sí! —responde ella y le da un post-it de color neón, con algo anotado; se levanta de la mesa, le da un ligero beso en la mejilla y sale de la cafetería antes que Salvatore pueda siquiera decir adiós. La observa desde la ventana mientras se aleja, con sus jeans apretados y sus botas blancas de invierno; la ve caminar pero más bien parece que flota en el viento y se pierde en la oscuridad de la esquina donde dobla, para desaparecer.

Salvatore se queda sentado en la mesa unos minutos más, tratando de asimilar qué ha significado ese encuentro. ¡Qué significa ese flashback! ¿De dónde puede conocer a esta chica que se le hace tan familiar? Abre el post-it: "Alessandra, 493-2345. ¡Despiértame del olvido!". Es lo que ve al leerlo.

(continuará...)


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@AljndroPoetry - 2018-Dic-12

Quise recordar este relato
originalmente escrito a finales del 2017


Puedes leer la 2a parte en:
poemame.com/m/relato/reminiscencia-invierno-parte-ii
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Melodía sin igual...

Melodía sin igual
la que ofrecen las estrellas
a través del gran silencio
de las sombras satisfechas,
así escapan de las arpas
los sonidos de trompetas
y la música sin nombre
que recogen las aceras,
es por eso que los ojos
en la noche cobran fuerza,
se dilatan las pupilas
para verlas más de cerca,
se congelan los suspiros
vislumbrando algún cometa
y esa música sublime
llega y roza las orejas...

No sé bien lo que me pasa
y la sangre se me altera,
al sentir fuertes latidos
que transitan por mis venas,
el adagio va surgiendo,
toma vida y da mil vueltas,
alterando los sentidos
con pasiones muy secretas,
es un canto inenarrable,
un susurro sin respuesta,
una brasa de las llamas
y el remedio de las penas,
mientras tanto el tiempo corre,
hay guirnaldas y centellas
que se cruzan en el cielo
con palomas mensajeras...

"¡...Melodía sin igual
que analizas y chequeas,
tantas almas de los niños
a través de tus poemas...!"

Rafael Sánchez Ortega ©
20/11/18
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Una bella sonrisa...

Una bella sonrisa
se desliza en los labios,
y hasta un beso furtivo
aparece temblando,
es el alba que llega
con el sol de la mano,
y la ofrenda dorada
de cariños y abrazos,
y así día tras día,
en invierno y verano,
este encanto madruga
y aparece volando,
porque ansía la vida
con las rosas y nardos,
del jardín y las almas
de este mundo prestado...

Van pasando las horas,
se producen los cambios,
y la tarde se acerca
y con ella el rosario,
aquel tiempo de infancia
de colegios y patios,
donde el juego y los libros
disputaban horarios.
¡qué bonitos recuerdos,
en los días de antaño,
se vivieron felices
en momentos tan mágicos!,
y llegaba la noche
con la bruma por manto,
y la negra sonrisa
de aquel pecho tan rancio...

"...Una bella sonrisa
en un rostro muy cándido,
un montón de recuerdos
quieren hoy su prefacio..."

Rafael Sánchez Ortega ©
26/11/18
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De nuevo

De nuevo vuelve la noche
y se asoman las estrellas
en el cielo que florece
con lucecitas pequeñas,
diminutas, solitarias
que parece que se acercan,
y otras veces, nuestros ojos,
observan como se alejan,
una amalgama de luces
y de sombras encubiertas,
una adagio sostenido
que da el cielo con su orquesta,
y el director, sin batuta,
es un ángel de novela,
ese juglar encantado
dando vida a tantas letras...

De nuevo busco en la tarde
a la noche tan diversa,
con sus manteles de plata
y los turbantes de seda,
en ellos cubre su cara
nuestra lunita lunera,
para guiar desde el cielo
a las humildes traineras,
éstas que van en las almas
tienen deshechas las velas,
y hasta precisan cuidados
y carantoñas diversas,
pero la noche que busco
llega y me abraza con fuerza,
para dejarme un susurro,
cual colofón de respuesta...

"...No tengas miedo a la noche
ni a las sombras traicioneras,
porque si buscas la vida
la tienes ya, en tu poema..."

Rafael Sánchez Ortega ©
17/11/18
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Suspiro

Un suspiro se me escapa
desde el alma,
es mi beso enamorado
que el viento ha llevado,
convertido en suave brisa
hasta tu boca,
cuando frente al mar
miras sin prisa
el horizonte que se apaga.

Bela
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Palpitante

En menos de un segundo me ví sobre una nube dándome trampolines, jugaba con ellas de manera que dibujaba con ellas unicornios, me detuve y me coloque encima del horizonte podía ser el nuevo juez de viento, volaba pero no tenía alas trasladaba el aire de un lugar a otro y controlaba las respiración, crecí de tal manera que traspase los cielos y traje conmigo algunos planetas a mis bolsillos para adornar mi habitación. Dí en cuestiones de segundos un paseo por el universo de la eternidad al consolar a cada una de las almas que dibagan sobre este solitario mundo buscando un descanso en una felicidad falsa. Recorrí hasta el rincón más incógnito de la desesperante agonía y visite de pasó a las gemelas alegría y tristeza.
Despues me encoji para pasear sobre las flores, yo olía tan bien que ellas me pedían de mi perfume, me dí cuenta que todas ellas no querían marchitarse por lo que les obsequié un día más de eternidad y hermosura. Luego me encontraba observando a toda la creación desde un lugar donde pude mirar con determinación unos ojos que se sobreponian en mis espaldas haciendome íntimidar mis poderes mágicos de fantasía. La idea de convertirme en un Dios se esfumaba de apoco al saber que desperté, y al abrir mis ojos y regresar a mi cabalidad y denotar que no era un sueño, me aleje poco a poco y ví que nuestros rostros estaban juntos y comprendí que me hiciste dar vueltas al infinitos en segundos donde el mundo y el universo quedaba a mis pies con nuestro beso.
Danny J Abdel
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Era perfecta

Era el sol en el crepúsculo,
grácil nimbo de una hoguera,
era una piedra preciosa,
una cascada de perlas.

Era un invierno nevado,
refulgente luna llena,
arrecife de corales,
era el brillo de una estrella.

En otoño, manto de hojas,
el arco iris tras tormenta,
era notas de un adagio,
el perfil de una pantera.

Era un campo de azahar,
era un ramo de azucenas,
era un cielo de verano
una verde primavera.

Era el mito de Afrodita,
de la Venus su silueta,
una escultura sin mácula,
era tacto de piel tersa.

En la selva era follaje,
catarata gigantesca,
en el mar era oleaje,
era el sumun de belleza.

Todo en ella era hermosura,
era baile, su cadencia,
era beso, era suspiro,
simplemente era perfecta.
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Entendí tu mensaje en el silencio...

Entendí tu mensaje en el silencio
y marché, con el mismo, hacia la nada,
quería refugiarme en las tinieblas
y ser un Peter Pan con telarañas,
quería ser la rosa de los vientos
que un día sorprendió la marejada,
cubiertas sus espinas por las olas
dejando entre las aguas su nostalgia,
quería emborracharme en el salitre
y ser el cisne gris de la mañana,
que marcha en un estanque abandonado
en pos de la silueta de las hadas,
es fácil que renazcan del silencio
los gritos inaudibles de fantasmas,
aquellos que surgieron en las noches
por medio de cadenas y campanas...

Entendí que quisieras liberarte
y marchar por el mundo con tus alas,
a beber en las fuentes misteriosas
que ofrecían mil sueños y esperanzas,
pero yo me quedé con una duda
y pensaba en un tiempo y las palabras,
cuando tú me ofrecías tu cariño
y, también, me decías que "me amabas",
pudo ser una frase irreflexiva
para hacer de mi vida una metáfora,
un oasis de paz, un espejismo
y lograr embriagar, así, tu alma,
pero atrás me quedé con el silencio,
compañero de guerras y batallas,
él bien sabe de heridas y lamentos
y de sangre, tinieblas y de lágrimas...

"...Entendí que los hombres nacen libres
y que tú, en el fondo, eso buscabas,
a pesar de sumirme en el silencio
y negar lo que un día proclamaras..."

Rafael Sánchez Ortega ©
06/11/18
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Refresca las ideas...

Refresca las ideas,
aclara la garganta,
no seas como un niño
miedoso a las arañas,
entiende que la vida
contiene mil etapas,
en unas hace lluvia
en otras soleadas
y así se pasa el tiempo
y en ellos las jornadas,
y todo se supera
poniéndole las ganas,
rechina bien los dientes,
y guarda la navaja
la vida así se acepta,
de frente, y no se ataca...

Rescata de los labios
las letras y palabras,
y en ellas lo susurros
que surjan de tu alma,
apórtalas, si quieres,
también a tu mirada
que sean golondrinas
y alondras en las ramas,
las musas de tus ojos
buscando en lontananza,
las huellas de la vida
que están en las calzadas,
por eso ten paciencia
y sufre si hace falta,
vivir exige esfuerzo
y es dura la batalla...

"...Refresca las ideas
y ten la confianza,
el miedo se supera,
la vida es cada etapa..."

Rafael Sánchez Ortega ©
15/09/18
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Asoman las nubes...

Asoman las nubes
vestidas de sueños
llegando a los ojos
dibujos diversos,
los hombres las miran
y observan veleros,
las madres, por contra,
mechones del pelo,
los niños contemplan
pegasos y ciervos
y algunos ancianos
las nieves de invierno,
en este teatro,
lo blanco y lo negro,
se juntan y casan
se pintan de nuevo,
y todo es posible
si el sueño es sincero,
si afloran sonrisas
y mudan los miedos

Avanzan las nubes
tan lindas de aspecto
y vienen cargadas
de juegos y espejos,
hay lindos castillos,
gaviotas, veleros,
y letras grabadas
con sangre y con fuego,
hay lunas sublimes,
cristales, reflejos,
y en ellos se asoman
los ángeles tiernos,
hay labios de niños,
suspiros sinceros
que van a sus padres,
amigos y abuelos,
y todo es posible,
te dice tu pecho,
las nubes tan lindas
ofrecen su aliento...

"...Ya llegan las nubes,
sonríen los ciegos,
los niños se alegran,
presienten sus besos..."

Rafael Sánchez Ortega ©
25/11/18
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Yo te buscaba

Tú has guardado el alba en tus ojos
y la luna ya era tuya.
Te recuerdo en esta humilde tarde
porque sobre mis brazos he sentido
tu ausencia,
yo insistía en ti
y tu tal vez
te ocultabas ya en mis sueños
como una niña perdida,
y nadie de la tierra, sino solo yo,
exploro tus anhelos
y se extravió en tu piel,
después la noche se hizo accesible
para explorarla juntos,
y así descubrimos nuestra serenidad,
la verdadera aurora de la libertad,
y algo que encontré temblando en tu boca
me hizo saber que nos pertenecíamos.
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Entre la niebla y la bruma...

Entre la niebla y la bruma
despertaba la alborada
y con ella los latidos
de los hombres y las almas,
pero, entre tanto, los niños
continuaban en las camas
con los cuentos y el silencio
que les dejaban las hadas,
así sus ojos menudos
con ternura descansaban
alejados del presente
las envidias y batallas,
y esa inocencia precoz
con dulzura se quedaba
en las pupilas divinas
de los niños y su magia...

Entonces abrió los ojos
un poeta en la mañana,
para escuchar el susurro
de la luna que se marcha,
"aquí te dejo las rosas
y el estanque lleno de agua,
para que busques la imagen
que amaneció con el alba",
eso le dijo la luna
al poeta con nostalgia
y se perdió por el cielo
con su carita de plata,
y estremecido el poeta
quiso escribir sin tardanza,
y soñar, como los niños,
para encontrar a su amada...

"...Entre las piedras del suelo
hay algunas que me hablan
y me dicen que tus pasos
están cerca en la distancia..."

Rafael Sánchez Ortega ©
12/11/18
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Estár ardiendo mis ojos...

Están ardiendo mis ojos
por los celos y la envidia,
ya que al tenerte tan lejos
se me borra la sonrisa,
puede que sean las dudas
por saber donde caminas
o de entender que compartes
una parte de tu vida,
y lo haces, sin pensarlo,
de una manera instintiva,
logrando así, que el vacío,
te de siempre compañía,
pero me encuentro temblando
en la maraña bendita
de comprender los motivos
de tu anhelada partida...

Están ardiendo mis ojos
por el llanto y pesadillas
que va creando la mente
en mi cabeza maldita,
y se mojan las pestañas
con la lluvia que destilan
ese agua de unas nubes
que rebasan las pupilas
y es la pena y la nostalgia,
es el alma que así grita,
sin saber si estás despierta
o embriagada por la risa,
y si estás en otros brazos
recibiendo sus caricias,
mientras aquí, yo perezco,
entre las llamas y brisas...

"...Están ardiendo mis ojos
al entender que la dicha,
está muy lejos, contigo,
y ya es, batalla perdida..."

Rafael Sánchez Ortega ©
10/11/18
15
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Seré la brisa...

Seré la brisa que en tu cabello
bese la misma con gran candor
y, por supuesto, seré la mano
que busque el rayo que deja el sol
para llevarle, pronto a tus ojos
esa alegría que dios nos dio,
y así, seguro, que tu sonrisa
será sincera con esa flor,
en un instante serás gaviota,
serás las olas de mi canción,
y por la arena seré la alfombra
y tú la nota de algún farol,
pero si quieres iremos juntos,
salvando rocas al malecón,
y allí veremos pasar los barcos
con marineros, ojo avizor...

Seré el abrazo que tú precisas
y tú el latido que espero yo,
serás el beso que está temblando
a que mis labios te den amor,
porque te quiero, porque te amo,
porque tú sientes esta pasión,
y nos buscamos y nos sentimos
y ambos perdemos el buen control,
porque no importa perder la vida
si van unidos en oración,
los sentimientos y los latidos
que solo aspiran al mal menor,
a que se abracen y a que se besen
unas figuras bajo el reloj,
y esas personas somos nosotros,
tú bella niña y un trovador...

"...Seré la sombra que tras tus pasos,
marche a tu lado cual caracol,
seré tu ángel y tú la luna
de un fiel poema que dios trazó..."

Rafael Sánchez Ortega ©
26/09/18
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Niña sureña

Miradas, risas y ron,
y de repente un ardid,
posó mi labio en tu labio
en respuesta a tu mohín.

Con unos besos robados,
así comenzó la lid,
robados y deseados,
es importante el matiz.

Apenas tú y yo quedamos,
la fiesta llega a su fin,
y con tu gracia andaluza
me pides salir de allí.

-Vente pa'mi casa, nene,
que ya sobramos aquí,
que has encendido mi hoguera
y me quiero divertir.


La mañana amaneció
con restos de tu carmín
pintando todo mi cuerpo
de escarlata y carmesí.

El primer rayo de sol
iluminaba Madrid,
llenando cada rincón
de luz ese mes de abril.

Primavera fue esa noche,
tu hogar, un bello jardín,
un oasis, un vergel,
tú, una dama, yo, gentil.

A través de la ventana
vi volar un colibrí,
comprendiendo en ese instante,
lo bello que era vivir.

-Ya me voy, niña sureña,
la luna me trajo a ti,
ahora el sol nos separa
y es momento de partir.

Quizás no te vuelva a ver,
a lo mejor fue un desliz,
pero no te quepa duda
que esta noche fui feliz
.
20
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Ya va llegando la noche...

Ya va llegando la noche
y las sombras con sus velos,
los pajarillos se marchan
quedando todo en silencio;
se va pasando noviembre
y el otoño soñoliento
nos regala sus colores
que son variados y eternos,
¡qué ternura se percibe,
y recibimos del viento,
qué cantidad de caricias
con sinónimos de besos...!
y es que el otoño y la noche
son dos mundos paralelos
en la mente del poeta
y en las letras de sus versos...

Tanta magia derramada,
recogida con esmero,
por la frente del artista
y que plasma con sus dedos,
por eso en estos instantes
de nostalgias y recuerdos,
hay que acudir a la esencia
de lo escrito en otros tiempos,
y volver a los poetas,
a los versos tan diversos,
a estaciones y personas
que susurran sus deseos,
y lo hacen sin cuartillas
en el libro de los cielos,
junto a las hadas del bosque,
como decían los cuentos...

"...Ya va llegando la noche
y con ella me estremezco,
cuando pienso que este otoño
es preludio de mi invierno..."

Rafael Sánchez Ortega ©
09/11/18
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