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Tormentas de agosto

Aurora poseía la belleza
de una estrella del Hollywood clásico
pero aquella esquina en la que trabajaba
le desposeía de todo el glamour.
A veces, echaba la vista atrás,
y, preguntándose la razón
que le había llevado a ese lugar,
sólo encontraba una:
el silencio.

El silencio de cuando era una niña,
temerosa de como su padre pudiera reaccionar
porque sabía que cualquier comentario suyo
podía ser interpretado como un desafío
y seguido de un castigo en el menor de los casos
y, en el mayor, de una paliza.

Era esa y no otra la razón
de que fuera tan buena estudiante
porque dentro de los libros,
dialogando con los fantasmas que habitaban el desván,
podía escuchar sólo sus manidos sueños
y no los gritos de eternas discusiones.

Muchas veces soñó que llegaban las tormentas de agosto
y se llevaban consigo aquella casa con el resto de sus habitantes.
Dejando tras de sí un mundo en blanco
que ella pudiera pintar todas las cosas y los colores que quisiera.

Podría pintar un corazón y, sobre él, un hombre que realmente la quisiera
pero tuvo la desgracia de provocar otro sentimiento en los hombres,
el que proviene de sus más bajos instintos
y del que fue por primera vez consciente en las clases de catequesis
tras las que el párroco, aquel al que todos consideraban un santo varón,
le invitaba a quedarse un poco más para profundizar en su fe,
la que habitaba bajo su ropa interior,
tiñendo de sangre los bajos del vestido de su comunión.

También aquella historia se quedó en el silencio,
pues siempre supo que sus padres le habrían culpado a ella,
como le culparían hoy de los moratones provocados
por tantos borrachos en tantas malas noches
o de todas las veces que,
para volver a aquel mundo en blanco,
había atravesado su piel con la aguja.

Y, entonces, las tormentas de agosto
se llevaban también todos los recuerdos
de aquella esquina
a la que inevitablemente debería volver al día siguiente
para cobrar por sentir en su piel el asqueroso sudor del deseo.

Ganar unos pocos billetes con los que poder pagar
un nuevo lienzo en el que algún día
pintaría un camino sin retorno.
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sin comentarios 18 lecturas versolibre karma: 28

La última fila

Mi padre era alcohólico,
casi siempre estaba ausente.
Excepto cuando nos dedicaba
temerosas muestras de cariño
o excesivas de violencia.

Mi madre se enamoró de él
y se casó muy ilusionada.
Nunca más estaría sola, pensó
hasta que,
diazepam tras diazepam,
olvidó aquel desvarío
dedicando sus pocos momentos de lucidez
a llorar agarrada a los barrotes
del cabezal de la cama.

Los recuerdos felices de mi niñez
siempre acababan de forma terrible.
Era el niño que se sentaba en la última fila
y vivía feliz en su mundo.

Pero siempre había alguien dispuesto a sacarme de él.

En casa o fuera de ella.

Y con el tiempo aprendí, observando a los animales que me rodeaban
que uno sólo puede llegar a realizarse revolcándose en el dolor ajeno.

Nunca saqué muy buenas notas
pero acabé el instituto
entre el humo de la marihuana y
las canciones de los Smiths.

Escribiendo mis propios poemas sobre la mesa.

Un día mi profesora leyó uno de ellos
y vi, por primera aquella mirada.

La que significaba que detrás de aquel chico triste y solitario
se escondía alguien capaz de ser deseado,
porque la intensidad de mis pensamientos
rozaba la enfermedad mental al tiempo
que atraía los gemidos de placer más profundos.

Aquellos que siempre había escuchado en mi mente,
los que van a mezclarse ahora con tu dolor.

Esta noche tu vida acabará, con ella tus anhelos,
Las buenas notas que hacían sentir a tu padre orgullosa,
las vacaciones de verano en una bonita casa en la playa,
todos aquellos novios de una noche a los que te entregabas
como una guarra, sólo suplicando el afecto que te faltaba
y alimentando la sensación de ser deseada que te perdía.

Esta noche la sentirás, yo me encargaré de ello.
Viajaremos al fondo de mi subconsciente
para hacer realidad por fin mis deseos más ocultos.

Siempre te acercaste a mí por considerarme inofensivo,
razón por la que me contaste todos tus secretos.

Hoy seré yo quien te cuente los míos.
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5comentarios 71 lecturas versolibre karma: 90

Anhelo de imperfección

Beso tu boca quieta
sin atreverme a preguntar
qué es lo que escondes tras tu mirada
o cuan grande es el abandono
que sientes bajo tu sonrisa fingida.

Sé que te gustaría recorrer mis pensamientos,
convertirte en exploradora de ese terreno desconocido
y, sin embargo, tan vasto que te haría perder la cabeza.

A veces tengo la sensación de que mi dolor te duele a ti más que a mí.
Yo lo escondo, en un mundo inventado que ya no existe.
Y sólo siento tu dolor constante.
Y no sé si quiero que escapes o escapar.

Pero no puedo; nos une una leyenda:
aquella del hilo rojo
que nos ha unido incluso desde antes de nacer.
Y, aún así, sé que si aquello que nos ata llegara a quebrarse,
yo seguiría fingiendo que sigo atado a ti.

Porque con mis secretos cercanos al suicidio
y mi melodía incompleta,
sólo a ti me entrego.

Es como una pieza de Jazz,
donde todos los elementos parecen moverse sin control
y, sin embargo, hay un ritmo latente,
que se rige por los latidos de nuestros corazones.

No lo dudes: Soy tormenta, caos,
contradicción, adicciones y oscuridad.
Vivo en un mundo paralelo
regido por las reglas nacidas de la destrucción.

Y tú, el Big Bang, que lo remueve todo y le otorga un sentido,
el animal que lame mis heridas cuando no puedo caminar,
los abrazos que calman mi dolor constante
y los besos que saben a chocolate.

Un camino a la perfección,
un anhelo de imperfección constante pero dulce
como un narcótico que, de repente, falla en sus efectos
y me saca del sueño para recordar
que lo que tenemos aquí es lo único realmente importante.

Y es entonces cuando pienso en mandar a la mierda
a toda esta literatura enganchada a la soledad,
la desesperación y el narcótico sabor de la eutanasia.

Y te leo como el libro lleno de páginas subrayadas,
De frases magníficas que nunca me canso de leer.

Y se detiene la tormenta, llega el verano,
y tus sombras iluminan las mías.

Te necesito tanto como necesito tu boca moviéndose
con la mía en pasos de baile perfectamente coordinados.

Te necesito tanto, tanto, como para pasarme la eternidad
obsesionado con los secretos que esconde tu mirada.
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2comentarios 74 lecturas versolibre karma: 98

Baila la tristeza

Baila la tristeza y, con ella, mis pensamientos,
sobre todo en las noches de luna llena,
cuando no hay lágrimas sino sangre en tus ojos.
Y tú bailas con ella, con tus recuerdos,
con todas esas veces que te has avergonzado
de tus pensamientos y con la mentira,
porque sin la mentira tu vida no existiría.

Quisieras escucharla pero sólo puedes sentirla
y, aunque a veces quisieras bailar con otra,
ella nunca dejará de seducirte colándose en tu eterna somnolencia.
Tu mundo de sueños rotos no tendría sentido sin ella.

Y todo el mundo te mira,
todos te hablan suavemente y te tratan con cuidado
como si fueras a romperte.
Te miran sólo porque tienen miedo,
No de ti, sino de las sombras
a las que te aferras con toda la alegría
que la tristeza es capaz de proporcionarte.

Y todos los veranos te sientes así,
porque todos tus pensamientos están compuestos de deshechos
y por tus venas sólo corre un veneno que,
sin ninguna clase de límite, año tras año,
te has ido inoculando suavemente.

Y si te quedas en casa otra noche más
te dejarás atrapar por ella.
Y ningún dolor será lo suficientemente fuerte
para hacer que dejes de bailar.
Porque la vida es mentira sin ella.

Y no podrás cometer ningún acto lo suficientemente atroz,
da igual lo que hagas, viejo amigo,
estás atrapado sin remedio en su macabra pista de baile.

Tiene un plan para ti, sólo que no dejes nunca de bailar,
pidiendo sin saber cómo una ayuda que los demás ignorarán,
no por falta de afecto sino porque tu mente es cada día más críptica,
tu carácter más oscuro.

Y el dolor te mueve a bailar
mientras tu carne se pudre
y tus ojos brillan a la luz de la luna,
persigues un sueño,
lo pierdes y continúas,
rodeado por seres demacrados como tú,
en una fiesta eterna, a la que todos hemos sido invitados
pero a la que sólo unos pocos decidimos entregarnos incondicionalmente.
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3comentarios 50 lecturas versolibre karma: 87

Viaje (de ida) al país de las amapolas

Horas después ahí estábamos ella y yo con un candil preparado para abrimos las puertas del cielo.
La cuchara negra y semi oxidada , borboteando como un lago en el infierno.
Dos agujas goteantes como dos colmillos de cobra mas, yo, siempre fui de los que gustan de el veneno.
Entra.
Enseguida noto esa mágica calidez. Acariciando mis venas como tsunami de orgasmo. Todo ese placer multiplicándose en mi cuerpo.Pero no, no me metí todo de una.
Ella prepara su dosis. La verdad es que yo puse en la mía, la mitad de una dosis, 12 , pero aun con el subidón parecía controlable.
Pero ella parece que se lo inyectó todo de golpe.
Su epidermis ,ya trémula y enfermiza, empezó a vibrar a un ritmo que no sonaba ni orgánico ni artificial.Era un contoneo doloroso y lleno de matices.
Como no pedorrearse de esa situación. Todo tristeza.
Ese silencio se hizo tan denso que me ahogaba.
Lo único que recuerdo es su pálida carne exhalando su último aliento.Y nada más resurgió de su interior. Solo silencio se hizo. Yo estaba también por exhalar mi último aliento, cuando pasó. Ráfagas de luz y oscuridad ,recubrieron mi ser de una divina providencia.
Todo cambió. Mi ser estaba ya en otro plano.Otro espacio.Otro tiempo.
Pero yo seguía en los arrumacos de esa maldita y bendita droga.
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Un gran porvenir

Mi madre se casó muy ilusionada.
Todas las mujeres consideraban
que mi padre era un hombre bastante guapo
con un gran porvenir.
Pero, lo que más le importaba a ella,
era toda la retahíla de atenciones que le dispensaba.
Con él nunca estaría sola.

Pasaron los años, entre medias yo nací,
mi padre pasaba cada vez menos tiempo en casa.
Normalmente no salía del bar hasta que el camarero,
cada día de manera un poco menos educada,
le instaba a hacerlo aunque no quisiera.

Echaba la culpa de todos sus problemas a la crisis industrial
pero yo podía sentir la vergüenza que sentía
las pocas veces que se animaba a dedicarme temerosas muestras de cariño
para compensar el color gris de nuestras paredes.

Después empezaron las explosiones de violencia,
y lo que debió ser una niñez plena de recuerdos felices
se vio alterado por el llanto de una madre,
que diazepam tras diazepam, había olvidado sus desvaríos
aferrándose a los barrotes del cabezal de la cama.

Miraba a los otros niños desde un pupitre de la última fila.
La profesora me miraba con desprecio desde la pizarra.
Mis compañeros siempre se percataban de mi presencia
cuando necesitaban alguien con quien meterse
y no para jugar al fútbol,
escogiéndome siempre al final, de mala gana,
cuando había que organizar los equipos para un partido.

En fin, sólo me hallaba feliz dentro de mi mundo,
cuando imaginaba que tenía alas y podía volar
o una espada con la que cortar las cabezas de todos mis enemigos.

Aquellas imágenes me acompañaron desde que tengo memoria,
fueron ellas y la literatura los únicos lugares en que me sentí importante,
pero siempre estaba ahí la realidad dispuesta a sacarme de mis ensoñaciones.

Y con el tiempo aprendí, observando a los animales que me rodeaban
que uno sólo puede llegar a realizarse revolcándose en el dolor ajeno.

En el instituto me reinventé, era aquel chico triste y solitario
que se había comprado una chaqueta negra
con la palabra odio escrita en la espalda.
Yo me regodeaba en mi interior,
cada vez más, gracias al dulce humo de la marihuana
y a aquella música que potenciaba mis sueños
que, día tras día, se teñían color rojo, odio y rencor.

Nadie se preocupó nunca de los secretos
que se ocultaban detrás de mi mirada
hasta que llegaste tú,
preguntándome por aquellos poemas
que escribía en aquella libreta negra.

Te gustaban aunque nunca llegaras a comprenderlos del todo,
te parecían crueles y cercanos al trastorno mental
y siempre me regañabas por su oscuridad.

Tú, una persona cuya única preocupación en su niñez
fue la de crecer y ser feliz.

Me consideraste el amigo inofensivo
al que podías contar todos tus secretos.
Y, poco a poco, te dejé entrar en los míos
protagonizar las primeras fantasías
con las que me masturbaba,
donde mi placer se mezclaba con tu dolor.

Y es por eso que ahora te escribo esta carta
mientras estás tirada en alguna parte de ese bosque
donde lo único vivo son los insectos que devorarán tu carne.

Se acabaron las buenas notas
y los ánimos que te dedicaban tus padres,
tan falsamente amables conmigo y tan orgullosos de ti.

Se acabaron las vacaciones de verano,
tus historias acerca de todos aquellos tíos
a los que te entregabas
sólo por sentirte deseada.

Se acabó la universidad,
formar una familia,
trabajar como abogada defendiendo causas perdidas,
tantos y tantos viajes que tenías planeados.

Adiós a un gran porvenir que siempre todos te vaticinaron.

Esta noche hemos viajado al fondo de mi subconsciente
y, gracias a ti, he podido realizar mis deseos más ocultos.

Durante tantos años, he sido yo el guardián de tus secretos.

Por eso te lo debía, esto: ser la silenciosa guardiana de los míos.
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Banda sonora para campos de concentración

Despertamos de madrugada llenos de arena.
Y, después, desperté en un charco de sudor.
Hacía un día perfecto para algunos
e insoportable para otros como yo.

Tumbado en la cama sudaba queroseno
y las manchas de nicotina del techo me recordaban tu ausencia.
Que se habían acabado las vanas discusiones
en las que nos empeñábamos en no entendernos,
nuestra colección de sueños rotos
y tu mal humor al despertar.
Aquel que fue tristeza esta noche en la playa
cuando me dijiste que te marchabas a Inglaterra.

Simplemente me entregué al alcohol
y, después de recordarte toda la mañana,
salí a la calle.
Y todas las señales de tráfico estaban torcidas,
cerca de Olmos era imposible caminar sin chocar con algún turista
Estaban más atentos a sus planos y a sus móviles que a mi tristeza.
Y, en las terrazas, había negros que trataban de venderles unas rosas
que se marchitarían más rápido incluso que los sueños de prosperidad
que un mal día les animaron a venirse a España.

No había desayunado, ni probado bocado en todo el día.
Así que decidí sentarme en el Moderno.
Toda mi comida fue un bocadillo de serrano,
unos cien litros de agua para la resaca
y un millón de cigarrillos.
Todo ello amenizado por el tío del acordeón,
maestro de ruidos estridentes
que hubieran sido una perfecta banda sonora para campos de concentración.

Al mirar tu silla me di cuenta de que había un bolso sentado en ella
y pedí un café con leche para no dormirme en tus recuerdos.
Saqué mi libreta del bolsillo para vomitarte versos en ella
y acabé también haciéndolo en el baño del lavabo,
con la mala suerte de que me quedaron restos de ti en los zapatos
en cada una de mis pisadas de vuelta a mi mesa
cuando la tarde empezó a oscurecer.

Permanecí sentado hasta que el camarero decidió no esperar más.
Me trajo la cuenta motu proprio, pero ni de esas era yo capaz de moverme.
Así que tarde un rato en darme por aludido porque, en aquella tesitura
en que me encontraba, caí en la cuenta de que sólo tenía un sitio donde ir.

Se encendieron las luces de las farolas y permanecían abiertas las iglesias,
Esperando que sus fieles acudieran a confesar sus pecados y pedir penitencia
en vez de presumir de ellos colgándolos en Youtube.

Me crucé con un gato negro, pasé debajo de una escalera y rompí un espejo.
Pasee sin rumbo hasta que dieron las siete, justo las siete y cinco cuando
pasé por debajo de tu casa y pensé que era la hora perfecta de perder la compostura.
Tiraría piedras contra tu balcón para destrozar aquellos geranios
a los que siempre había envidiado porque los tratabas con más mimo que a mí.

Pero, para hacerlo, tenía que armarme de valor,
y, para ello, entré en un locutorio,
compré dos botellas de whisky,
y fui a bebérmelas al parque,
como han hecho siempre todos los que
alguna vez han perdido su hogar.
Recuerdo mis órganos deteriorándose
y después de haber perdido la memoria
me encontré vomitando Nueva Delhi en la fuente
que está frente a la estatua de un conquistador.
Hasta que dos policías, amables pero armados,
Se ofrecieron a llevarme a casa.

Pero yo no quería ir a una casa sin ti.
Y les pedí que me llevaran de vuelta al parque,
que me dejaran allí, en cualquier lugar,
enterrado en la hierba,
porque era la hora en la que el cielo terminaba de oscurecer
y las hojas bailaban al son de las ráfagas de viento
que también se llevaría consigo aquella arena,
la que aquella madrugada se me había quedado enmarañada en el pelo.
El material con el que aquella noche se habían construido mis sueños rotos.
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No todos los borrachos son poetas pero todos los poetas son borrachos

Solo se escribe buena mierda
cuando estás borracho.
Pero la gente confunde el estar borracho con la ingesta de alcohol.
Yo me emborracho con cerveza o ron pero también he estado borracho
de odio ,alegría,
amor,bohemia o tristeza.
Por eso solo escribo buena mierda
cuando estoy borracho.
Lo demás es perder el tiempo.
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Coágulos

Se apagó el televisor
y, el silencio,
casi siempre ausente
tomó todo el espacio
excepto el de mis pensamientos.

Cerveza caliente,
el frigorífico tampoco funciona.
Tengo un nudo en el estómago
Y mi piel está cada vez más arrugada.
Se esta llenando de manchas.

Y dormíamos en un colchón
tirado en el suelo.
No éramos felices
pero nos unía la necesidad,
tan grande como un universo.

Y hablábamos a menudo,
también con nuestro ángel de la guarda
que también estaba perdido.

Hoy se me ha puesto dura al levantarme.
Pensando que has vuelto
me he masturbado recordando
los tiempos mejores
y, cuando me corro,
recuerdo que tampoco lo fueron tanto.

Y me levanto de esta cama,
y miro las paredes sucias,
desconchadas,
el rojo de los ladrillos
de la sangre que salía de tu interior
cada vez que tenías el período.

Aquellos coágulos,
que fueron el único recuerdo
de nuestro hijo no nato.
En quien pienso ahora
con la música de la humedad de fondo
y tu mismo llanto constante
también al fondo, a la izquierda.

En aquella habitación,
donde la luz siempre está apagada
porque ya no necesitas ver
la sangre que resbala por tu entrepierna
después de una picadura mortal.

¿Recuerdas?
Cuando él o ella naciera
lo dejaríamos todo atrás,
pero no fuimos capaces de hacerlo a tiempo
y a ti te queda la suerte de no sentir
que sean los fantasmas quienes lloren
y la luna la que ilumine todos los huecos
donde se esconde el terror
que siempre guio nuestros actos.

Y a mí me quedan recuerdos
de los que apenas soy consciente.
Dime por favor, que yo también
encontraré tu reposo, vida mía,
que algún día el dolor
será más grande que mi necesidad.
Y que nuestras almas
separadas la una de la otra
encontrarán, por fin,
el reposo que nunca llegaron
a encontrar cuando no pasábamos
separados ni un solo momento.
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Ángel beodo

Es buscarte y perderme
yo trovando la luz
Y tu siempre danzando con la muerte
como no voy a perderme, en ti
Si , a golpe de juernes
paseando por ahí
te veo , ángel beodo
de bella y tonta sonrisa
moviéndote
como una torpe sierpe
Y yo dejándome picar
mejor, si lo haces sin prisa
Tu y solo tu
gostosa engullidora de almas
repartes amor sin darte cuenta
en esas noches que no te aguantas
ni por dentro , ni por fuera.
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Me hice adicto...

Antes de que tú llegaras
el sol no fulguraba en su centro
la lluvia no regaba el frió valle
el viento no escupía jironadas
y la luna no se apostaba
en los barrotes de mi ventana.

Pero pasado un tiempo...
y apareciste en escena
con tu mirada seductora
causaste un temblor
a la brújula de mi tiempo
que sostengo en mis manos
y cuido con esmero.

Me hice adicto
a tus encantos
a tus besos tirados al aire
y a tus ojos verdes,
y generaste una tormenta
en cascada sobre mi azorado
templo.

El equilibrio ecológico
que ahora tengo
ya no está en estado amorfo
ahora si puedo
enderezar la cuesta
y poco a poco retomar>>>>>>

el camino sin los fantasma
del pasado
autopistas de viles cuervos
perdigones de sonrisa.

Artemisa eres la cara sonriente
del acorazado azul de mis inventos
el astro de fuego
que brilla con su diamantina luz
en la cúspide del deshielo
y los pájaros azules de tu mar.

Eres un canto a la belleza
quiero merecer tu tiempo
la fruta madura
el café de tus noches
la mariposa de tu jardín
la luna que sale en tu balcón.

Oh, mujer de blanca textura.



www.youtube.com/watch?v=H6Mg1oPhPug
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Adicto intrínseco

Extasiado con su aroma,
tantas veces
como me he pinchado con sus espinas,
tantas veces

He contemplado sus diáfanos colores
y tratado en vano de describirlos
en versos suicidas,
con ahínco;

La tesitura de mis días
de mi piel misma,
están atados a sus ganas
a sus deseos,
obra del necio amor que profeso, 

Le hago esbozar una ilícita sonrisa
bosquejo de su ego e incertidumbre,
cómo incitando a pecar,
reto que acepto incauto

Deseo embriagar mis sentidos
con sus delirantes zumos,
embestir su secreto
tantas veces me permita
tantas veces me sea posible

Rosa que embelesa con su esencia
esclavo soy de sus encantos
de su ambivalencia,
de esa batalla en su interior

De su piel desnuda,
cómo de su tacto
adicto intrínseco

Concédame esta pieza
bailemos alegres y despreocupados,
a ritmo de estos caóticos días
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2comentarios 158 lecturas versolibre karma: 51

Tu sonrisa

Soy una persona que no tiene muchas adicciones pero si hay algo que necesito en mi vida es tu sonrisa y es que, menuda adicción.

Me atrevería a decir que mi mayor vicio es verte sonreír y cuando no puedo verla cierro los ojos y ahí está, en mi mente.

Te gusta usar tu sonrisa para tentarme y ponerme a prueba. A mí, que me pierdo en tu boca cada vez que sonríes.

Y es que desde que me sonreiste por primera vez, vivo con una sonrisa pintada en la cara.

Tu sonrisa debería ser una maravilla del mundo porque fue capaz de iluminar una vida tan oscura como la mía.

Postdata: regala más sonrisas pero reserva tu boca solo para mí.
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Droga

Poco a poco, sin notarte. Así te fuiste haciendo con el poder, así te fuiste haciendo con mi control.

Te sentía sincero, me ayudabas, conseguías aliviar mi dolor, mi pesar. Me ponías una sonrisa en la cara por un momento, bendito momento.

Te fui introduciendo en mis días, poco a poco, sin notarte. Te fui haciendo importante en mi vida, poco a poco. Poco a poco, poco a poco…

Tu presencia me hacía viajar a otro sitio, no sé a cual. Tu presencia me llevaba al pasado y al futuro, incluso a veces, al presente. Tu presencia me aliviaba, porque tu presencia me hacía volar a cualquier lugar, a cualquier tiempo, pero contigo.

Te hice mío sin quererlo, ya sabes, poco a poco, sin notarlo, sin notarte. Te grabé en mi sien, como se graban esas anécdotas que nunca olvidas, pero tú no eras, no eres, una anécdota, eres real y estás, ahora no, pero estás, no se donde, pero estás.

Te necesité, ¡Dios, cuánto te necesito! Te necesité, y estuviste, a tu modo, pero estuviste, siempre. O, al menos, así lo recuerdo. Estuviste…, ¡mierda!, estuviste y por eso ahora sigo atada a ti. Ojalá no hubieses estado, porque todo sería más fácil, más sencillo, te dejaría marchar más rápido, más profundo. Ojalá hubieses sido un cabrón y me hubieras hecho sufrir de verdad, ojalá no me hubiera atado a ti, ojalá no hubieses estado, ojalá no me hubieses dado lo que necesitaba, ojalá no hubieses hecho que me sintiera mejor. Nunca, desde el principio, ojalá todo.

Maldita droga que crea adicción, que te hace sentir mejor, que llega sin notarla y se hace diaria. Maldita droga que te hace dependiente, porque alivia el dolor y un día sin ella es un asqueroso día de mierda. Maldita droga, maldita tu droga, maldito tú.

No dejes que me desintoxique de ti, por favor.
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Miedo al blanco

Escribir lo ocupa todo.

Me ofrecen una copa, unas líneas de sucia nieve,
pero ya soy otro tipo de loco.

He cerrado con trabajo duro las puertas
de los paraísos artificiales
y ya no se me caen los ángeles.

En cuanto a volver a amar otra vez
no tengo la respuesta;
sólo el miedo que junta mis labios
con la pasajera huella
de una sombra.

"Ella es demasiado buena para mí",
cantaba Chet Baker con dulce oscuridad
poco antes de caer con su música
desde el balcón de un hotel barato.

Pero la poesía lo ocupa todo.

Después del huracán
que se llevó mi vida
sólo ella y yo quedamos en pie.

Contra el miedo, el vacío y la rendición,

escribir,
escribir es mi arma,
escribir es mi arma blanca.

Yo no compro poesía,
yo le vendí mi alma.
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Entre líneas

ENTRE líneas
dedicas mucho tiempo a tomar cocaína o a buscarla
entre líneas
olvidas ser un poeta limpio allá donde llegases
entre líneas
empiezas a tener deudas para poder pagarla
entre líneas
también se va haciendo polvo el corazón de tu madre
entre líneas
cumpliste 30 sin probar bocado del pastel de tus deseos
entre líneas
te ataron las correas en el amanecer más abstracto
entre líneas
se hizo tarde para perderle el respeto al infierno
entre líneas
estrechaste el perdón de los tuyos hasta casi asfixiarlo
entre líneas
dejaste copa a copa de ser un agraciado perdedor
entre líneas
níveas muchachas se entregan y tú eyaculas solo en la oscuridad
entre líneas
intentas saciarte con otro mal trago de mal sabor
entre líneas
es con el del espejo con quien te tienes que alinear
entre líneas
bufarás como un toro enajenado para no tener bajones
entre líneas
tu camello sonríe entre una cascada de billetes de 50
entre líneas
decides no tomar sólo si te sangra la nariz a borbotones
entre líneas
tu voluntad se amarga por mucho que endulces la absenta
entre líneas
tu pasado desequilibra al corazón en la balanza
entre líneas
piensa
porque está sucediendo lo más serio: vivir
piensa
será como perder la esperanza
porque ésta ya habrá encontrado
un ejemplo de peso a seguir.

(Abel Santos.
de EL LADO OPUESTO AL VIENTO,
Parnass Ediciones, Barcelona, 2010)
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18comentarios 223 lecturas versolibre karma: 95

Ve hasta el final

Frente al espejo,
atrás quedaron las drogas,
las notas de rechazo a tus poemas,
los filos de navaja al doblar
las esquinas de la boca del lobo,
los 12 años de auto-desprecio.
Mira a donde has llegado:
eres ese ejemplar firmado de tu libro
que Iribarren le dio a Diego Vasallo
en la barra del bar
donde actuaba Rafael Berrio;
y también los adjetivos de fuerza
y de profesionalidad
que te dio en privado
uno de los mejores escritores
de novela negra
tras una lectura de tus versos.
Y aunque podría decirme a mí mismo:
"Ya puedes morirte tranquilo",
todo poeta sabe que para morir en paz
tiene que ir hasta el final.

(Abel Santos.
de LAS LÁGRIMAS DE CHET BAKER
CAEN A PISCINAS DORADAS,
Chamán Ediciones, 1era edición 2016,
2da edición 2017)
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Cigarrillo

Conoces mis demonios,
Compartes mis dudas y temores.
Te metes en mi boca,
Detienes mi respiración.

Acompañas mi embriaguez y depresión.
Pienso, analizo, sueño, maldigo, lloro y mas, a tu lado.

Eres el pre y el post de intrincados momentos.

Pero por fin.....
Te has ido.
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No es poesía para ñoños

Mi lírica no va florecillas,cirios o mariposas
va de borrachos,yonkis y putas
No soy un preciosista de los versos 
Ni pretendo ser Becquer,ni lo quiero alcanzar
Admiro tu belleza desde lejos
¿para qué amar?
si te pago,solucionas mis complejos
moviendo tu culo sobre la barra del bar.
-
me encanta estar apagado
entre el coma y el etílico
casi en estado crítico
y entonces escribo
lo que vivo
lo que bebo
y pocas veces lo que debo.
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No intentar

Sigo pegado , dentro de mi interior ,pegado.
Paredes de ego y plástico
y solo las rompo cuando voy colocado.
Si no, todo es asfixiante, la realidad,
esa que todos tienen por verdad,
me llena la boca de sandeces.
Por eso me veras en calles oscuras haciendo eses.
Para aguantarme, para destruirme ,para quedarme triste....

Dedicado a Henry Chinansky aka Charles Bucowsky
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