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Confusiones

Me hallé perdido entre la multitud,
Paseaba encandilado por los focos,
Con un éxtasis que daba color al viaje,
Tenía el reloj a mi antojo.

Me pareció tan raro verle,
Aunque no significara nada,
Aunque me olvidaran segundos después,
Me quedé envuelto en aquella cara.

También es la cara del peligro,
Donde el paso mal dado es castigado,
Y donde los sabuesos captan la adrenalina,
Pasé por ahí despreocupado.

Vaya viaje largo y perdido,
Antes de eso intenté charlar,
Sin resultados favorables,
No perdía con intentar.

Es difícil, digo, estás en el blanco,
Estás oscilando entre el desastre y la salvación,
Entre los déficits de la cotidianidad,
Aunque tu vida no carezca de gracia.

Expeles una esencia diferente,
Aunque te muestres desfigurada,
Quizá todo esto no tuvo importancia,
Tampoco aquella cara.
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3comentarios 75 lecturas versoclasico karma: 104

Agua dulcita

Mi madre me contó del río transparente que corría cerca de casa, de los peces que lo habitaban y la tranquilidad de sus aguas. Un río que conocí de otra forma; me invade la tristeza de descubrirlo ahora, me siento desafortuna de verlo así y a la vez desilusionada, abrumada, molesta.

Recuerdo los tiempos de mi infancia: los días soleados refrescantes, las tardes lluviosas jugando fuera y las noches de fútbol en la tierra. No había mayor peligro que rasparme la rodilla o mayor dolor que volarme la uña por correr descalza o temor más grande de que la pelota cayera en la casa del vecino quien había puesto un letrerito "nido de víboras"en la bodeguita de madera donde guardaba chatarra.

Adolescente caminaba desde la escuela a la casa, disfrutaba la tranquilidad de las calles mezclado con el bullicio de las aves volviendo a sus nidos porque el día ya terminaba y cruzaba ese río que no reflejaba nada.

Ahora todo es distinto, ni el cielo es el mismo, solitario, pareciera que las estrellas le han abandonado porque levanto en las noches la mirada y solo veo el abismo; no hay deseos a quien pedir pero insisto al firmamento aguardando a que una estrella me conceda un único anhelo; no regalos, ni riquezas, ni fama solo mirar una vez aquel río del que mamá hablaba.
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2comentarios 64 lecturas relato karma: 87

Sus labios tiemblan entre los míos

La conocí esa noche en la fiesta del pueblo,
estaba sola como esperando,
como buscando quien la invite a charlar, a bailar o a tomar,
no más de tres horas tomamos y bailamos,
me invitó a subir la colina para apartarnos de la algarabía.
Veo la luna sentado a su lado,
la noche es oscura solo esa luna la ilumina,
el silencio hace placentero el momento,
un viento suave acaricia su piel,
mientras con mis brazos la abrigo,
señala el cielo con su dedo delgado,
fugas va volando la estrella en el firmamento,
con más intensidad brilla la luna como mirando con ternura
aquella pareja que desde lejos la contempla.
En la colina, arriba el cielo, no tiene estrellas,
abajo el pueblo, en la oscuridad y las gruesas nubes
parecen cocuyos sus luces que alumbran sus calles,
en la distancia apenas se oye la alegre música.
Su espalda tendida sobre la hierba,
me inclino sobre ella buscando su cara,
con un beso en su frente, interrumpo su mirada,
que algo extasiada contempla el firmamento,
con otro beso en su boca atrapo su aliento,
que desde ese momento en mío lo convierto;
sus ojos brillan como la luna llena;
sus labios tiemblan entre los míos,
mi lengua descubre las perlas de su boca,
y se encuentra con la de ella con aroma de rosas,
me abraza con fuerza me estruja hacia ella,
no veo su cara mi sombra la tapa,
me muerde los labios, los aprieta con fuerza,
al principio me gusta, después me molesta,
me busco zafar de su boca inquieta,
ya no es aroma lo que sale de ella,
parece azufre lo que respira,
de un salto grandote me paro enseguida,
aun en mi cuello ella se encuentra colgada,
como muñeca de trapo la tengo guindada.
No sé cómo lo logro, pero con fuerza me escapo,
corriendo bien duro colina abajo,
me caigo y volteo parece me sigue,
me levanto ligero, un grito espantoso me asecha,
quiero gritar, me siento mudo, y empiezo a llorar con exasperación,
mientras sigo corriendo con desesperación.
Hoy cuento la historia y la cuento de broma,
allá en la colina bese a la Sayona.
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1comentarios 29 lecturas relato karma: 45

Ráfagas

Yo, te digo, roto en ráfagas briosas que cabalgan la tarde como un cimarrón atolondrado, que todo es una dulce pantomima. Estas gentes correteando las aceras, enjauladas en los días que pesan y se repiten. Las voces necrófagas de los telediarios, reviviendo catástrofes con que enjuagar las comidas familiares. Las pibas de piernas largas que bailotean descaradas en las ferias, con ojos como farolas y sonrisas de piraña. Los ejércitos de ceño fruncido que ratifican armados las fronteras del mundo dividido. Los abuelos, bruñidos al sol de la mañana, amortajados en recuerdos que el tiempo deshilacha. Los amigos que se difuminan de perfil cuando vienen maldadas las hostias con que la vida te espabila. Yo, te digo, abriéndome paso por entre la maraña de mis decepciones, que todo es una anécdota efímera. El mar bravío en tu mirada, volcánica en las tempestades cuando escupes mi nombre. Los días como acantilados por los que se despeñan mis cariños cuando la rutina no halla freno. Los años que guardé tu sueño mientras tú explorabas el éter con tu salacoff de aventurera, como si mi vigilia fuera suficiente para mantener a raya las hordas de demonios a los que te enfrentabas.
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