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Ni contigo ni sin ti

Tú,
que vives a la sombra de tu humor,
que finges ser un necio en el amor,
no busques fama si no das la cara,
no quieras cama sin tocar mi alma.

Tú,
que sigues siendo un niño al que callar,
que anhelas mi cariño y nada más,
no digas que no entiendo lo que pasa,
no entiendo que digas que me resbala.

Por ti,
caería en el abismo sin mirar,
sabes que tu sentido es mi verdad,
en ti hay la luz que guía mi velada,
velando mi rencor con tu mirada.

Sin ti,
un lío y no un lazo al corazón,
con celo me desplazo hasta el perdón,
no veo, sin tus ojos, un mañana...
no duermo sin tu brazo como almohada.

Y así,
deseo una caricia nada más,
que roces con tu dedo, al brindar,
mi mano y sin quererlo se nos vaya
saltando, el corazón, al Himalaya.
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2comentarios 46 lecturas versoclasico karma: 111

ʍí ղօʍҍɾҽ

Nunca tan plena
como si ningún eclipse;
nunca tan colmada
como si ninguna tormenta;
como ahora
vestida de ti
y del jade de tu cuerpo;
de tu fosforescencia nocturna
y purpurina.
Es el retorno
de tu boca tibia,
tu torso gallardo
y tu esmerado resplandor
lo que me devuelve la vida...

Va en pos de ti
mi joven canto nocturno;
el agua clara
y la orquídea
que me florece
en tu lecho
cubierto de oscura obsidiana...

Vuelvo a tus olas...
a la esencia de tus corrientes
uniendo lo que me descubres
y lo que eres,
para sernos uno sólo
cuando asciendes y me besas.

En ti;
por ti;
para ti,
sea menguante;
creciente;
nueva;
de ti,
tan llena...



Tú, me has puesto nombre.



Yamel Murillo


Confesionario®
El Diario de Paloma©
D.R. 2017
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14comentarios 128 lecturas versolibre karma: 96

Dezíame padre

"Dezíame padre con freqüencia que, cada vez que vía un semeiante muerto por un otro, fazíagele difícil llegar al entendimiento de que qualquiera puede ascançar a sentarse convidado al Banquete del Criador. Empero cantábame una copla que mi agüelo le dixo quando moço él:

"El querer es un miraglo,
el non querer, una pena,
fasta que das con el Diaño
e fazes d'amor, condemna."

Quando padre morió en un lançe con copiosos lobos de los Montes de la villa que dizen Brannosaria e vide el mirar escuro e mal almado desas bestias faziendo pedaços el su cuerpo e traendo fuera las sus entrannas saqué duas cosas claras: que los lobos traen concencia adentro e que quien concencia adentro trae, asunto trae para afuera..."

(Genealogia Cantabrorum, Didacus Scanderbergi, Manuscrito ca. 1145)
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2comentarios 78 lecturas relato karma: 55

Los huecos de mis amaneceres

Llegas desnuda, engastada
en una etérea fragancia
con mil enigmas ajustados a tu sonrisa,
las manos habitadas de pieles olorosas
y una gentil suavidad
que brota de tus rincones.
Te palpo elevada entre una vida
de ribetes oscuros
y con la edad embargada de celos antiguos,
pregonando un amor sepultado
en el vientre y la muerte.
Todo, en ti, es como un relámpago,
una puerta estrella de padecimientos
y voces que perduran en tu memoria
orquestando triviales hazañas.

Te amé, desde aquel instante.
La noche saboreando tus cabellos,
tu cintura en ebullición perenne
Y me afán esclavista
por besar todas las madrugadas
que no te esculpí bajo mi fuego.
Quizá, te pertenecí en alguna
fantasía de vibrante enredadera,
tú, llenaste de puntos excitantes
los huecos de mis amaneceres.
Ahora, que estas en una tempestad de caricias,
me pregunto cuántas veces
sellarían tus labios mientras los míos,
pronunciaban tu destino.

Yaneth Hernández
Venezuela
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6comentarios 143 lecturas versolibre karma: 54

Nunca fuiste llama

Noche de los cantares antiguos,
de algún poeta extraviado,
de versos espumantes
que hieren los huesos
cuando la pluma se hace sangre,
victima quien los lee
y los guarda en su costillar,
emblema de sus dolores más augusto,
impiedad de un amor
que arrebata la vida
y los sinsabores de llevarlo
en la garganta.
Para que quiero cielo/infierno,
sin poseerte es cruz que cargo
en la tierra y en lo intangible.
Miro la geografía de tu ausencia
y comprendo lo inútil
de mis signos,
de mis agonías
de mis zozobras,
nunca fuiste llama cierta en mi hoguera.

Yaneth Hernández.
Venezuela.
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1comentarios 75 lecturas versolibre karma: 70

El Fénix

Plinio, en su Historia Natural,
menciona al ave sagrada,
que anida en la ciudad del Sol.

Cargado de mirra y ámbar
teje su nido en el Templo de Amon
y allí se inmola en llamaradas.

El Fénix, cansado del flujo inmortal,
ya no se ve más sino en cuentos,
relatos empolvados del pasado.

Un alma es como un Fénix cansado,
que sale y regresa cargada de tesoros
y en su nido, se quema al guardarlos.
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2comentarios 91 lecturas versoclasico karma: 60

Y yo...

Y yo,
Que he tenido más amantes,
Que días vividos,
Que he bebido,
Mucho más que antes,
Por el antojo de Cupido,
Cual animal herido,
Me refugié,
En una bohemia de cartón piedra,

Bueno mi ser,
Mi esencia,
Y mirando hacía el ayer...
Solo sé,
Que no sé qué hacer,
Con ella.

Y no es que ya no la quiera,
Pero no me deja ya leer,
Lo que quiera que pusiera,
Y no sé que hacer...
Quererla no puedo,
Odiarla aunque debo,
Tampoco,
Y quizás me equivoco,

Porque me hizo un daño,
Inequívoco,
Un amor dañino,
Y el tóxico,
Era yo,
Acaparador,
Que acapara su amor,
Por ir al son de sus besos,
Y hacer caso omiso,
A consejos,
De amigos,
Que me decían que no...

Que yo era demasiado,
Sentido,
Para este amor tan retorcido,
Que sin haberme destruido,
A punto estuvo...
Pero como bien dirían,
Mis exs musas,
Este tóxico,
Obtuso,
Que se desajusta,
Entre blusas,
Que recuerde lo que tuvo,
Porque no me volverá a ver...
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2comentarios 69 lecturas versolibre karma: 90

La ciudad es ella

La ciudad es ella.
Me hacía perder el habla, a su lado era torpe y balbuceaba. En ocasiones me dejaba caminar junto a ella, mientras intercambiábamos un par de miradas y una que otra sonrisa, sin embargo cada sonrisa y miradas suyas eran, de alguna manera, formas sutiles de rechazarme, que dejaban, sin embargo, un poco de esperanza para volver a hablarle, a pesar de mi extrema timidez.
La conocí en una tarde calurosa y lluviosa de finales de julio, el olor a tierra mojada inundaba toda la alameda. Yo caminaba a pesar de la intensidad del agua y ella estaba ahí parada en un quiosco, sin embargo aquella mujer de piel traslúcida y con una sonrisa que sostenía en vilo al mundo me miraba, parecía un poco de primavera de anticipo que hacía afrenta a la vida bullente que llevaba. De repente me detuve y me quede parado a su lado, nos miramos un instante sin dirigirnos ni una sola palabra, de mi brazo asomaba tímidamente un volumen de libertad bajo palabra de Octavio Paz que durante largas horas me ha acompañado, ella al verlo abrió los ojos muy sorprendida, lo arrebato de mi brazo, yo sólo reía un poco sorprendido y avergonzado, y después de buscar por un par de minutos me señalo con su dedo índice un verso que decía: óyeme como quien oye llover, ni atenta ni distraída. Tras pasar unos minutos impávido frente al poema, alcé la vista y atónito descubrí que ella se había ido.
Tras pasar un par de semanas caminando y recorriendo las calles y avenidas, los parques y glorietas, los zócalos y plazas buscando a tientas, buscando sin encontrar el rostro de la joven de los poemas, así decidí referirme a ella puesto que no sabía su nombre, desistí. Y ahí estaba yo tomando un café, era ya tarde y apenas briznaba, enfrente de mí una joven hermosa que me hablaba palabras ininteligibles e indescifrables; a mi lado izquierdo una pareja discutiendo, ella se quería divorciar de él, él la había engañado con la mejor amiga de ella, trataban de no alzar la voz pero la señora rompió en llanto; a mi lado derecho un chico solitario que observaba continuamente su reloj, esperaba a alguien que jamás llego y tras un largo tiempo se fue. Ella me hablaba y yo me limitaba a asentir, a veces le sonreía, reía cuando ella reía, ponía una expresión sería cuando ella fruncía el ceño. Volteo un par de segundos, ella se acerca, quiere besarme, yo alzo la vista y tras el cristal veo a la joven de los poemas así que me levanto de prisa y dejo un billete en la mesa, me disculpo con mi acompañante y corro lo más rápido que mi cuerpo me lo permite, ella avanza dos calles en línea recta, dobla a la izquierda en la esquina, me ha traído a la alameda -pienso, el lugar está lleno de gente, la pierdo de vista, tras tomar unas bocanadas de aire y fallar en mi misión camino por toda la alameda y al final de mi recorrido me encuentro con aquel quiosco dónde la vi por primera vez y ahí encuentro en una hoja un poema de Octavio Paz escrito a mano por la joven de los poemas, esta vez se trataba de habla ciudad y tras leerlo encuentro algunos versos escritos de la siguiente manera: Hablo de nuestra historia pública, y de nuestra historia secreta, la tuya y la mía, la ciudad que brota de los párpados de la mujer que duerme a mi lado y se convierte en sus calles y avenidas, autobuses, taxis y cines y TEATROS.
Tras haber leído varías veces el poema pensé que tal vez la joven de los poemas escribió en mayúscula la palabra teatro porque quería que fuera a ver una función en especial, decidí por último ir al teatro de San Ignacio de la llave, las razones que me motivaron a ir a este lugar sobra decirlas, ya que, era el único teatro de la ciudad donde se iba a presentar la hija de Rapaccini, la única obra de teatro escrita por Octavio Paz.
La obra se iba presentar ese mismo día, así que salí corriendo al teatro san Ignacio de la llave para encontrarme con la joven de los poemas. Compre el boleto. Faltaban un par de horas para que la función iniciará, así que decidí esperar sentado en una banca de hierro, al sentarme me di cuenta de que estaba mojada, no me importo y seguí sentando, saqué mis cigarrillos y empecé a fumar. Observe por todos lados para ver si por los alrededores estaba la joven de los poemas, no la vi, en cambio había un viejo sentado en una banca frente a mí, hablaba a solas ¿Con quién hablamos al hablar a solas? ¿Había recordado su pasado u olvidado su presente? Había carros que iban y venían, transitando por la ciudad y alrededor del teatro, rompiendo el viento y zumbando mis oídos, yendo de prisa ¿Adónde vamos cuando vamos de prisa? No sé, no sé ni lo que va a pasar después de esta noche, que triste pasan nuestras vidas, miro el reloj sin comprender nada en absoluto, ya es hora de la función. Apago mi cigarro. Voy a la función.
Entro al teatro y dan la tercera llamada, la obra inicia, no veo a la joven de los poemas, quizá me equivoque e intérprete mal su mensaje, si es así no es mi culpa, el amor es un intérprete obsesivo el cual a veces a cierta, el cual a veces se equivoca. Como sea la obra avanza y así como la obra de teatro avanza así avanza mi vida, de escena en escena. Beatriz fue creada por el doctor Rapaccini, la joven de los poemas existió para mí un día lluvioso y caluroso; por las venas de Beatriz hay veneno que es vida y muerte, los ojos de la joven de los poemas vida y muerte me deparan. Juan le dice a Beatriz: «Perderme en ti, para encontrarme en mi mismo, en la otra orilla, esperándome...» ¿Tras esta noche al encontrarte me encontraré? ¿El buscarte es buscarme joven de los poemas? Viene la última escena y tras esta maravillosa elegía de amor viene lo inesperado, Juan no decide sacrificarse por Beatriz y junto al doctor Rapaccini lloran su muerte, si amar es morir, revivir y remorir ¿Por qué Juan no se sacrificó? La función acaba. Me voy.
Camino por las calles de Orizaba, es ya de noche y hay neblina, el frío penetra mis huesos, meto mis manos a las bolsas del saco, camino dos calles y decido acortar camino por la alameda, camino toda la alameda y no está la joven de los poemas, sigo caminado, estoy ya cansado, pienso que me equivoqué, fui un mal lector de sus poemas, fui un mal intérprete de sus señales. Doblo a la derecha y enfrente está ella, la luna nos miraba, la noche se volvió eterna en aquella callecita desierta
-¿Quién eres? -le pregunto-
-Soy Beatriz y tú Juan -respondió ella-
-No entiendo-respondí todo confundido-
-No se trata de entender si no de sentir -me dijo- 
Doy un paso al frente la tomo de las manos y la beso, al besarla entiendo que la joven de los poemas es la ciudad que cada cien años se despierta y se transforma, la joven de los poemas es aquello que me espera a la otra orilla del camino.
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En el fuego (hoy cocina papá)

Hombres que se rompen
a cada instante, cada parpadeo.
Errores itinerantes
asesinándote, con balas de fogueo.

Vuelve a cortar el césped
para que vuelva a sonar
la melodía atropellada que
es tu voz al mentir
y tu mirada perdida,
la que salimos a buscar.

El bote de mermelada
no soporta un centavo más
porque el vidrio chirría
como tu lo hiciste allí,
en esa misma cocina
de la casa familiar.

Hombros que se hunden,
no es el momento de alzar el vuelo.
Rezaban por el desarme
de tus territorios infinitos.

Y el grito destroza el vidrio
y su boca ahora escupe
fuego desde dentro
y todas las monedas
ruedan locas por el suelo,
desordenando el pensamiento.

Y tu escuela fue el grito,
y tu profesor el miedo
y las esquinas ocultas
y los lápices en sus
agujeros eternos
de desconsuelo.

Grises que se expanden,
por los bosques y el cielo.
enjambres hambrientos,
en la punta de los dedos.

Vuelve a caer la lluvia
para que pueda limpiar
los gritos, cristales y el miedo,
la cocina quedará
presa de un vasto silencio,
mientras las vuelvo a contar.

Decidimos recoger tu nada
y comenzar también a gritar
dejando nuestras gargantas cada día,
gritando no vuelvas más
por encima de los acordes
de una guitarra al sonar.

Hombres que se recomponen
moneda a moneda.
Sinápsis efímera
de conductas moduladas.

Y los ojos ahora están
abiertos para contemplar,
no importa que fuera a
golpes y dolor si ahora
solo queda ya el sonido
de las olas de este mar.

Gracias y jódete
y sal a cortar el césped
y a mirar desde tus
cuencas vacías el
lento caminar de asesinas
en minifalda,





es primavera.
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