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Arrullador

Escucho su susurro silente
y me llevo sus afluentes a la boca
bebo cada palabra inflamada
como queriendo cambiar el curso de la tarde,
alterando llamas y caudales
antes de que las nubes plomizas,
descarguen sobre nosotros
su deliciosa melancolía.


Esa melodía grave e inaudible
de acordes herbóreos y álgidos agudos
el lugar en el que todo se desvanece
como explosión de supernovas.
Hecha de olas musicales y espaciales
donde el mi nunca es posesivo
y nos declaramos pertenencia del mar.


Escucho al alado mensajero
mientras me habla con sus labios sellados
y yo se los abro con el beso,
como queriendo despertar
toda la verdad que existe
entre su aliento y el mío.


Creando invocaciones
rompiendo redes,
llamando a lo justo, lo divino y lo carnal.
Teniendo por testigos
a los que saben guardar
todos los secretos.
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Evocación nocturna

Me llevo a los labios tu nombre ligero;
una balada de piano a tu recuerdo
juega a las escondidas con el silencio:
eres azul te soñaré, azul misterio,
regazo tierno de luciérnagas, noche.

De Arrullos de estrellas, 2014
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. . . nuestras galaxias

Y yo seguiré soñando
que en cada noche
se encienden estrellas,
que en cada luna
habré dejado mis huellas,
que cada sol
es en tu cuarto un candil.

Seguiré soñando
el canto del jilguero
el murmullo del búho
y que tú y yo
nos dormimos
bajo el arrullo
de los caminos estelares
dibujados en los confines
de galaxias
que fueron creadas
para nosotros,
solo para nosotros.



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@AljndroPoetry
2019-Ene-14
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27comentarios 176 lecturas versolibre karma: 115

No sabrás

Nunca sabrás
que tan fuerte fue ese abrazo
cuanto frío despojó tu ausencia
ni que el invierno se quedó esa tarde
dormido en mi pecho para no partir…

Y es que no supiste dar la vuelta
y ver como duele caerse en el frío
y que levantarse sin pensar
te hace caer, y caer de nuevo
en el mismo duro lugar…

Y no sabes que el presente de tus juegos
te abrazará en un cuento donde siempre
verás para no olvidar nunca más
tu propia sombra, acompañando tu soledad
en cada final…

Porque nunca sabrás la verdad
porque jamás oirás mis palabras
que no supiste escuchar
ni mi risa que solías contagiar
ni verás quien curó de amor mis heridas
no, no lo sabrás…

Y yo sé
que te resulta extraño hoy extrañar
que no querer saber tiene su precio
y a veces ni siquiera se puede pagar...

Yo sé que te aferrarás a otro abrazo
pero ninguno será cuando compares
como los nuestros, igual…

Y no sabrás
que tan fuerte es este abrazo
que arrulla mis noches
que ríe mi risa y vive en mis ojos
con un amor tan grande, de esos
que nunca has sabido valorar
y si el destino te abraza
quizás un día puedas ver
y lo sentirás…


soundcloud.com/lola-bracco/nunca-sabras-que-tan-fuerte (Lola)

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Su recuerdo arrullara mis sueños

Ella era de día un rocío matinal que florecía con la fría mañana.
Y en la noche nada le impedía que su canto heredado por muchas generaciones arrullara mis sueños.

Su máximo orgullo fue el fruto de su vientre amado.
No le importaba en lo absoluto el paso de los años.
Si en ese tiempo que avanza la esperanza alentaba su entusiasmo por poder volver a ver a su único hijo amado.

Recuerdo su alegría por cada uno de nosotros después de los muchos días de bullicio y escándalo.
Y de las gloriosas visitas que teníamos al mar azul que reflejaba la luz de un sol esplendoroso.

Recuerdo su tristeza cuando llegaba la hora del adiós y con esa despedida venía el llanto de los dos, madre e hijo.

Me queda la nostalgia de saber que era un niño de seis años que no comprendía del todo ese dolor que los separaba.
Nosotros como niños solo atinábamos a adelantar nuestro partir para no ser testigos de esa despedida que en cierta forma desgarraba.

Pasaron los años y la abuela venia de visita.
Yo corría ante su presencia por un abrazo de ella, era especial era la abuela.

Sus ojos brillaban.
Su cabello negro y largo brillaba.
Sus pies descalzos sentían el poder de la tierra que nosotros hemos ya dejado de sentir.

Aún recuerdo aquella imagen, los momentos que parecían eternos para un niño al observar a su abuela cepillarse bajo el sol aquel cabello que no anunciaba el correr de los años.

Recuerdo muy bien aquel aroma del aceite de coco.
Que me transporta a aquellas tardes interminables donde jugábamos todos bajo el resguardo de las olas del mar

Hoy la abuela y mi padre ya no están.
Pero aún sus recuerdos forman parte de mis días.
Mi máximo orgullo es tener su nostalgia en una noche fría donde su pasado arrullará a mis sueños.

Poesía.

Miguel Adame Vazquez.
22/12/2016.
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Arrullo de poesía

Es un árbol
cuya copa se despeña
en la cabellera
de Casiopea,
en un riachuelo
de estrellas
que arrulla sus hojas
con el trino
de corrientes
de cometas
que sorben su savia
y estallan
en manantiales de palabras
de realidades alternas
en sus sueños cósmicos
de un big bang de poesía.
Y mañana
los luceros morirán
en sus estallidos cuánticos
y de este lado del universo
otra vez nacerán
versos
con sus cánticos de alabanza
ante el milagro del alba;
y el árbol entonces
volverá a sus raíces.



@AljndroPoetry
2018-mar-15
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Refugio de una diosa

El tiempo de esperanza cesa cuando se apaga el alma,
cuando el dolor invade la razón:
la vida estalla y se desata el aura de la nada.
¿Dónde está mi vida?, se pregunta azorada.
Dicen que se oculta en la sombra,
que sólo la penumbra soporta.
Que fue una diosa sin temor a nada,
y ahora anda perdida y desolada.
¡Ay!, ¿Cómo sofocar el dolor?
El dolor del alma.
Aparece en medio de un paraje extraño y deshabitado,
las flores marchitas rodean el páramo.
Furtiva y cautiva, ya no recuerda cómo era su vida.
Sólo huye y desaparece, mientras su pena crece.
El arrullo de las aves oculta su paso,
el siseo de las hojas enmascara su llanto.
Etérea y sigilosa por el bosque deambula,
los sauces arropan su espíritu en desventura.
Suspiros que rompen el eco del lugar,
donde las aguas aumentaron su caudal.
Su imagen está rota, pues la ilusión no brota.
Condenada a vivir en un mundo sin pasión,
sólo busca redención.

Marisa Béjar,

Foto mía de Pola de Allande (Asturias).
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