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GOYA: estudio para los borrachos

Hola, ya llegué.

Nadie contesta porque nadie hay.

Estoy porque soy
y soy
porque he estado a punto de pedir un uber.
Guitarra, cajón y cante.
¿Qué más quiero?
¿Acaso amor?
¿Ternura?

Soy el payaso que alegra la fiesta,
que te acompaña al destino,
que te pregunta qué tal.
Soy el que te recuerda la cita con el médico
o la reunión con la tutora.

Soy el que recuerda comprar lo que falta,
el voluntario para escuchar tus penas,
el que deja las suyas para otro momento.

Yo soy.
Muchos de vosotros, no.
Y lo siento.
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2comentarios 45 lecturas versolibre karma: 87

Carta a un amigo desconocido

Yo solo era un crío que escondía a un hombre solitario sin saberlo.

Ella, solo una mujer que escondía una cría que creía ser demasiado bella para serlo.

Yo, sórdido y maltrecho
Ella, desalmada y con deseo

Yo, con cicatrices invisibles en mi cuerpo
Ella, con manos afiladas y ganas de hacerlas visibles.

Tardes de lujuria y noches de cadencia y podredumbre, nunca más, me repetía antes de volver a hacerlo.

Cupido, mi camello y ella mi droga enganchado al icor de su piel traicionera me hundí bajo su pecho cayendo en espiral hasta su lecho.
Cansado y malherido, una noche desistí y escogí pensar que vivir en soledad es mejor que morir acólito a sus bondad. Y sin más, me fui sin querer irme y cuando quise volver, abrí los ojos por fin y vi, que no era a ella a donde quería ir sino de la soledad de quién pretendía huir.

Soledad, taciturna e incomprensible compañera de mi camino.

Siempre me asustó pensar que no tendría a nadie con quien deambula, cegado por mi coraza no vi que fue la única que siempre me ayudó a caminar, el único problema es que no he vuelto a saber amar.

Tiempo después me la encontré, deambulando al igual que yo por la acera, de madrugada. Afrodita se me acercó preguntando por mí. Le dije, es extraño, ya no duele tu recuerdo, ya no me lacera tu llaga envenenada, ya no escuece la ambrosía de tu veneno, ya no te extraño.

Pero eso sí.

Se parece mucho a ti la soledad con la que te engaño.

Ella me miró indiferente, sonrió y sin decir una palabra se marchó.

Me dejó.

¡Ella me dejó!

¿O fui yo quién la echó?

Querido amigo, no sabes cuanto duele este frío, esta sensación de vacío que me corro por dentro como la despedida de un ser querido.

Siempre me asustó pensar que no tendría a nadie con quien vagar, ahora temo pensar que no quiero a nadie para poder errar, más que a mi fiel compañera, soledad.
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8comentarios 320 lecturas relato karma: 50

El león (y) yo

Al fondo de este foso profundo
me encuentro otra vez;
hay un león, de temible melena,
de profunda mirada, y me parece,
que es la misma mirada
que últimamente veo al espejo;
no es una mirada salvaje,
es quizás, una mirada triste,
derrotista, y a veces extraviada.

Y me mira el león como con desprecio,
sin apetito quizás,
pero igual, se avalanza hacia mí,
y en menos de lo que canta un gallo,
lo tengo encima; parece que tengo
toneladas de salvajismo natural
encima de mí.

Sus zarpazos, sus dentelleadas,
son instintivamente certeras;
desgarra mi carne a su antojo,
el piso es un reguero desastroso
de visceras, sangre y tejidos;
y el león, masticando, como sin ganas.

Y yo, miro al león,
con mi mirada triste y certera,
y el león me mira a mí,
desde lo profundo de mis ojos,
y yo devoro al león y escupo
al piso todos los pelos
de su desordenada melena.

Y no queda nada ya,
ni miedos, ni valentía,
ni sueños, ni frustraciones,
ni pasado, ni futuro,
no queda ni el león,
ni quedo yo...

me he engullido a mi mismo.




@SolitarioAmnte / x-17
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La noche se hace de día

Y como una pluma sin rumbo
me entregué
al vacío,
Olvidé el peso de la angustia
mientras las heridas
se abrían entre sí,
Y ríos de sangre
comulgaban con el perdón.

Mi lucha se hizo interna
nunca quise
estar atada a un solo corazón,
y la libertad llegó
en forma de autodestrucción.

La culpa voló alto
y no hubo vértigo
en mi superficie,
No lamento su partida
en mi calma
hay sueños que brillan
Aun, cuando la noche
se hace de día.

Y los días culminan con copas de vino
en mi boca,
Gota tras gota se va inundando
la memoria
Aun, hay calma cuando la oscuridad
entra por la puerta.
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