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La Escritura de Arena

Si el Libro de Arena del que hablaba Borges existiera, su escritura sería la Escritura de Arena.

La Escritura de Arena debe contener en sí todos los signos existentes y por existir, todos los símbolos posibles en todas las lenguas posibles. Debe ser condensada y representativa, y a la vez desramarse como un árbol hacia el cielo. Debe ser ,en definitiva, un punto.

El punto es el origen de toda escritura y de todo signo, pues Euclides sólo podía definir la línea como una “sucesión de puntos”. Así, de ese mismo modo, el punto es necesario y consistente como la piedra angular desde la cual comenzar toda representación gráfica. Los antiguos calígrafos árabes eran capaces de dividir la letra por su estilo siguiendo el número de puntos que ocupaban. Esta es la importancia del punto.

Irónicamente, el punto en sí es un signo, como el Aleph no tiene un sonido vocálico determinado, y sin embargo actúa como vocal; así el punto siendo origen de todas las demás letras no tiene cabida entre ellas.


Qué traicionado debió de sentirse el usuario de aquel misterioso libro, cuando abrió las páginas y sólo halló puntos.
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Inseguridad

Me siento insegura
en lugares donde no quiero estar
Me enojo porque me quiero ir
Huir
Mis cosas
Me siento insegura con personas
Que no quiero estar
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10comentarios 97 lecturas versolibre karma: 85

Gravedad

Desde que la descubrió, recorría el mismo camino para verla cada día. Tarde o temprano caerás en mis manos, se decía. Ella era del Perú y aparentemente la única, no había otras. En su viaje de ida la observó, pero al regreso dos horas más tarde ya no estaba. Nervioso la buscó hasta encontrarla a los pies de la mata, en cuya sombra la tomo en sus manos y tras acariciarla con sus dedos la estrujó en su labios mordiendola apacionadamente... Y como había imaginado la hizo suya por completo...¡Una Ambrosía! Guayaba, la fruta que más le gustaba.

@Saltamontes : (27/08/2019)
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25comentarios 154 lecturas relato karma: 111

Tu sonrisa

Viviría colgado de tu sonrisa
como un pájaro
en el nido de la vida,
tu sonrisa que calma,
que llena,
que completa,
después de los años,
después del llanto,
después de los golpes,
durante el dolor,
durante el amor,
en el fin de los tiempos
tu sonrisa.
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10comentarios 143 lecturas prosapoetica karma: 89

Jaque Mate

Desde el balcón observaba muchas veces al anciano subir las escaleras del Mercado trabajosamente, y rato después, bajarlas con mucha dificultad asiendo en sus manos el bolso con los artículos comprados y ya en la acera, caminar lentamente por el peso del bolso y de sus años... –Debe tener más de noventa- pensaba yo, que recién jubilado y pasado de los setenta me dio por imaginarme en su lugar...
Al verlo llegar nuevamente al Mercado, decidí esperar a que saliera. Cuando lo hacía, subí los trece escalones y al ofrecerle mi ayuda tomandolo por un brazo la rechazó con un gesto. Insistí pidiéndole el pesado bolso para acompañarlo, pero se negó nuevamente...
—Gracias, pero no
—Yo solo trato de ayudarlo, aliviarle de la carga
—Muy amable de su parte. Se lo agradezco... Pero no
—Pero... ¿Por qué?
Ya caminábamos por la acera y ante mi pregunta, se detuvo abrazando el bolso y mirándome fijamente, como pensando que decirme...
—Tengo noventa y siete años y vivo solo... Los órganos que no se ejercitan se atrofian. Lo que hago es lo que me sustenta y mantiene activo. Las seis cuadras que camino a diario fortalecen mis piernas y mi espíritu; y la carga, mis débiles músculos y articulaciones... ¿Me entiende?
—Perfectamente... ¡Lo admiro!
—¿Quiere ayudarme en algo que si necesito?
—Naturalmente que sí. Solo tiene que decírmelo y lo haré con gusto. Ya no trabajo y dispongo de tiempo. ¡Dígame!
—Vivo aquí... —Dijo deteniéndose frente a su casa, abrió la puerta y continuó —Pase y siéntese. Lo invito a un café.
Me llamó la atención oír “Radio Enciclopedia”, emisora de música instrumental solamente, que en esos momentos dejaba escuchar “La vida sigue igual” de Julio Iglesias. Al regresar a la sala con el aromático café y tomarlo, me dijo que solo escuchaba esa emisora, que nunca apagaba el radio, porque además de instruirlo cultural y musicalmente le alegraba la existencia.
—¿Qué puedo hacer por usted...?
—Ayudarme a ejercitar la mente.
—¿Cómo...?
—¿Sabes jugar ajedrez...?
La pregunta me sorprendió y al responderle que sí, fue al librero, lleno de libros desempolvados y abriendo una gaveta extrajo el tablero del juego ciencia, me invito a jugar ofreciéndome las piezas blancas. Con “Balada para Adelina” como fondo musical comenzamos el juego... con un Gambito de Dama. Pensé llevarlo suave, pero a medida que entrábamos en el medio juego ya me superaba en posición... Demoraba menos que yo pensando y tras un movimiento de las negras que me colocaba en difícil situación, se puso de pie mientras yo meditaba y trajo dos copas con dos líneas de ron Mulata especial. Me conminó a un brindis y al tomarnos el primer sorbo, me ofreció las “Tablas” que yo no acepté y quince minutos más tarde inesperadamente me dio Jaque Mate.

—Me dejaste ganar... —me dijo sonriendo y continuó —Gracias por la ayuda.
—Usted bromea... ¿Jugamos otra partida?
—No, a mi edad no se puede abusar de los ejercicios...—Respondió sirviendo en mi copa otras dos líneas de ron.
—¿Y usted no se sirve?
—No. Todo los días tomo solo dos líneas, con eso basta para mejorar la circulación de mi sangre y activar las neuronas.
A partir de ese día entablamos una amistad que perduró hasta su fallecimiento cuatro años después, Comenzó intentando ayudarlo y el ayudado fui yo. Sus consejos, ejemplos y enseñanzas para la vida me han servido de mucho. Se fue, pero aún vive en mis recuerdos que el día anterior, jugamos la última partida y me dio, sonriendo: Jaque Mate

Autor: Saltamontes (24/8/2019)
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Cobarde, sin más

Estoy a un paso de plantarme frente al espejo y ser parte de la locura.
Estoy a un paso de decirle a ese payaso de mi reflejo Why so serious? y aún así, con más gritos en mis entrañas que en mis lágrimas, seguiré sin entender porqué no pude mirarte a los ojos cuando me dijiste una y otra vez que te ibas.

Joder, si es así, vete de una puta vez, coge tu maleta y esos dibujos chinos y, no vuelvas más.
Estoy seguro de que a este payaso no le vas a cambiar más el sueño por noches de sexo a quemarropa al compás de tu puta canción favorita.

Y así, con máxima determinación y dejando ese olor a café mañanero, dejó a un hombre que, más que hombre, era un cobarde que, en lugar de mirarte, sonreía con la certeza de poder olvidarte.
Já, que ironía y que cabrona era la vida en mi (mala)mente.
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Cuando anochece

"Cuando anochece
Encendemos las luces"
Porque cuando algo se apaga
Nosotros encendemos
Porque nos negamos al no a la vida
Y decidimos comenzar de nuevo
Porque somor seres, luchadores
Porque sabemos vivir, y sabemos
Que cuando anochece
Encendemos las luces
Porque apagadas,
No vemos
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Luna

Luna soñaba con conocer el mar. Por eso después de un apretado año de trabajo lleno de privaciones y de sueños, no dudó un instante en sacar sus ahorros para cristalizar su fantasía. Con el entusiasmo de una joven emprendedora que no aparenta ser una coqueta incorregible ni una cabeza hueca para alcanzar sus ideales, alistó maletas, se despidió del Señor caído de Monserrate y partió hacia el corralito de piedras.

Atrás dejaba la tierna frigidez de la meseta y poco a poco iba sintiendo el ardiente y alegre calor de la costa. En el extenso y extenuante, pero agradable recorrido, guardaba en la memoria la atractiva diversidad de su paisaje. Y al llegar, caminó hacia su destino y se encontró con el especioso mar que la esperaba con los brazos abiertos, cruzaron sus miradas y quedaron hechizados.

La noche se extendía con la blanca luz del plenilunio, las ondinas le abrían las puertas de su lecho cristalino tapizado con las perlas del mar. El viento besaba sus oídos con su murmullo de amor. Con paso sensual, sus pies descalzos dejaban huellas de luz sobre el polvo marino... respiró el aroma festivo del mar y quedó subyugada; extasiada se lanzó a sus brazos, las perlas saltaron para tocar su belleza… y el mar se la tragó.

© Eder Navarro Márquez
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La musa calva

Estaba allí sentada en el trono
a plena terraza
y con los lobos del viento lamiéndoles las espelucadas cabezas.
Le cortaban el negro cabello
podando a cero la enredada tomusa
y salen volando algunas caspas lumínicas
puntos blancos de luz que
cual si fuesen chispas de hadas escapando del crepitar de una hoguera
se arremolinan todas
otoñadas
en la reguera de un gastado papelillo ya sin fiesta.
Sobre sus crismas las asentaba el reino un cuarto menguante
la hoz de la tijera había pasado
dejando yermo el Gólgota de este albo calvario
ahora...
es un campo de Marte.
El filo se lleva consigo todas esas altas yerbas
que secas
le coronaban en nido de chuchuas
el rosado fósforo de su enloquecida cabeza.
Quedó calva como una musa enferma
... convaleciente...
convocando a los nuevos flujos capilares.
Era una diosa sin cabello
o el tránsito de la oportunidad encarnada.-


@ChaneGarcia
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No me mires

Por favor
no me mires
con esos ojos
que me dejan
sin aliento.
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1comentarios 99 lecturas versolibre karma: 87

Demencia

Locos
los sueños en
mis manos
ansiosos
de encerrarse
entre las paredes
acolchadas
de tu vientre.
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2comentarios 124 lecturas versolibre karma: 74

Multioficio

Las manos tratan angustiosamente de ensartar el hilo.
— ¡Ya no puedo más! ¡Basta! —piensa, mientras una y otra vez falla el intento. La ponen nerviosa los gritos de Al.
—Acaba de coser el pantalón. No sirves para nada. —Vocifera ofensivamente.
Además de humillada esposa, la obligaba hacer de “pala” del payaso; cobradora de taquilla; barrendera y otras tareas. ¿Retribución?..., solo el escaso alimento que ella misma cocina. Pero no, todo tiene un límite y el de ella la apremiaba..
—¡Se acabó, coño! Cóselo tú mismo. Ahí lo tienes. —Dijo con tal fuerza y resolución tirando la pieza rasgada al piso que Al, incrédulo, se quedó sin palabras al verla alejarse con firmes y apurados pasos.
Nunca la vi así. Se jodió esto –pensó- Y recogiendo el pantalón, el carretel de hilo y la aguja fue tras ella. Despacio. Iba confuso, sin saber qué hacer.
¡Qué se habrá creído! Siempre ha sido dócil –meditaba- Tengo que ponerme duro. Está probando fuerzas o se volvió loca. Se detuvo y pasó una hebra de hilo por el hueco de la aguja, la anudó. La vio sentada a horcajadas sobre un banco de madera. Le dio un manotazo en pleno rostro y tirándole el pantalón en la cabeza le gritó.
—¡O lo coses o no respondo de mí! Yo soy el equilibrista y no puedo caminar por las cuerdas enseñando las nalgas. ¡A coser!
Sin una lágrima en sus ojos, fruncido el seño y una penetrante mirada de odio se incorporó rasgando aún más la rota prenda. El no tuvo tiempo de reaccionar.
—¡Se acabó! —dijo ella sacando de entrepiernas una pistola..
Fue un solo disparo. Efectivo.

@Saltamontes
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Infantería

Troté y caminé el desierto,
bajo un sol abrasador.
Busqué el norte y el sur sin brújula ni mapa,
solo guiado por la sombra de los cactus.
La sed me vió casi extinguirme
¡Pero no me vió rendirme!
¡Montañas amigas!
Que anduve cansado, equipado,
siempre uno con el pelotón,
siempre en vigía bajo un manto de
millones de estrellas que nos orientaron.
Fusil en mano, mochila de equipamiento en la espalda, cargadores, y un miedo acallado
que no dejábamos se notará debajo de el casco acerado que cubría casi nuestra mirada.
Balas y trincheras,
enemigos de la tranquilidad frente a nosotros,
Disparos por órdenes,
valor cumplido bajo la prerrogativa del honor.
Adiestramiento bajo el infierno,
operaciones en las axilas del diablo.
Infantes, soldados de combate de a pie,
llorando detrás de un arbusto
sin que nadie nos vea la muerte del compañero,
la orden de no retirarse, el hambre insatisfecha,
la tristeza acumulada, días enteros sin dormir,
un infierno que solo se puede aliviar con alcohol.
Siempre puestos para lo que mande la nación, lo mismo sea dejar la vida en combate, que debajo del desastre auxiliando a la Población.
Y aunque dejé la tropa, no dejo de ser soldado. Pues soldado una vez ¡SOLDADO PARA SIEMPRE!
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Un día de lluvia

Hoy brilla hermoso el sol,
las aves y sus gorjeos merodean afuera de casa. Tomando café, escucho esa voz interna que es la conciencia y algo más adentro en mí anhela que el día fuera nublado y frío, sin gente en las calles, ni mensajes en el móvil.
Que cada quien se encargara de vivir su propia vida y no jodieran la de otros.
Que la cellisca cubriera a la comarca y que los automóviles estuvieran aparcados en sus casas y no inundando la vía de pitidos, choques y un indeseable caos.
Dejar postergados los problemas emocionales y refugiarse en la lectura de cuentos de Antón Chéjov tomando té a sorbos y viendo de vez en cuando la ventana para encontrarme en el viento helado que juega con los árboles.
Estar arrellanado en un viejo sillón de cuero, leyendo, en momentos hilvanando versos,
sintiendo el frío invadir la estancia y seducirme, entrar en momentos en el sopor de las ceremonias de interior y sentir un pequeño contento de saber cuánto disfruto ser un hombre entregado a la vida de los libros, que un mercachifles que deambula por la ciudad angustiado por no encontrarse así mismo, bajo un sol que no es el suyo, y una tierra que no es la propia. Cómo quisiera que hoy fuese un día de lluvia...
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14comentarios 132 lecturas versolibre karma: 94

Mi hogar

Vivo en un libro,
entre páginas connotadas de romanzas
hispanas, a la usanza de Quevedo, León Felipe y Alfonso Reyes; versos acomodados debajo del sol, amarillentas páginas olvidadas en el bazar donde rescaté este viejo libro que he tomado como casa y mi patria.
Vivo debajo de un ensayo olvidado de Octavio Paz, como almohada algún escrito de Julio Cortázar, Eduardo Galeano o del mismo José Joaquín Fernández de Lizardi;
cobijado por el surrealismo que Juan Rulfo me enseñó camino de Sayula.
Dialogo algunas tardes abigarradas con Juan José Arreola, escucho su luminosa narrativa describirme su hermoso Zapotlán el Grande, mientras bebo ponche de granada que un amigo me trajo de Zapotiltic.
Enclaustrado en nostalgias varias, por las noches me gusta encontrarme con Sor Juana Inés de la Cruz, eminente genio de las letras hispanas que suaviza mis horas agitadas por la marea emocional con sus impecables versos ¡Quién tuviera el gozo de haberte conocido Dulce Minerva de América!
Otras veces, siento ganas de volver a mí, a través de Ignacio Manuel Altamirano y su entrañable Navidad en las montañas que me envuelve en esa exquisita prosa franca y local que hace que mi estancia en mi hogar-libro sea confortable, serena y lejos de tanta insana hipocresía.
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6comentarios 103 lecturas prosapoetica karma: 91
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