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Crónica y resúmen de un amanecer

CRÓNICA
Engalana áurea luz la inmensidad azul.
El amanecer exhala su último bostezo.
Sus sonrientes pupilas se dilatan al recorrer las persianas de sus nítidos vitrales.
Eximia sinfonía de melódico viento
sacude el rocío matinal,
envuelve en su danza
a impávidos girasoles.
Impregna la atmósfera
con cánticos de avecillas y
de grillos y chicharras sus chirridos.
La naturaleza esparce
su aromática fragancia.
El entorno perfumado da regia
bienvenida al deslumbrante día
que majestuoso se posesiona
de su real trono.
Los lumínicos rayos arrivan con
atestadas mochilas de luz y de calor.
Caprichosas estampas emergen
en el escenario tras la repentina fuga
de la calígine agazapada en el ocaso
de la agotada noche.
Los colores se avivan esbozando
fascinantes sonrisas.
Los tejados resisten estoicos
el ígneo embate solar.
La rosa de los vientos coquetea indiscreta
con las caricias del aliento mañanero.
Traviesas nubes enfadan al cósmico alumbrado con sus entrometidas
incursiones.
El tiempo como director de escena exige
a cada protagonista la caracterización
perfecta de su rol.

RESÚMEN
La noche se recluta en su sombrío cuartel.
El amanecer bosteza y asoma su ojerosa sonrisa.
Arriva el día en su lumínica nave.
El viento, místico espectro, irrumpe sigiloso con su ignoto viaje.
El eco recita la poesía del sonido.
Los colores avasallan el paisaje.
El reinante día asciende al permutable trono, ataviado con su áurea vestimenta.
Los tejados se embriagan ingiriendo el ígneo licor.
La rosa de los vientos presume vanidosa su idílico romance.
Las retadoras nubes opacan con sus velos
la luminosa arrogancia.
El tiempo presencia, adusto, el desfile cronométrico y disciplinado de su hueste.

Autor: Profr. Mucio Nacud Juárez
( Mayo 2020)
Derechos reservados

Con especial afecto a mis nietos estudiantes: Adrián, Melannie Rocío, Regina Montserrat, Basmy Andrea, Natalia Valentina, Jorge Eduardo y Gloria Naomi. Así mismo a todos los que han
sido mis queridos estudiantes
Día del estudiante en México
23 de Mayo
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Crónicas de confinamiento (microcuentos de 50 palabras)

Llevaba todo el confinamiento intentando tocarse los pies sin doblar las rodillas. Consciente, hería su orgullo exhibiéndose en contorsiones elegantes que él jamás conseguiría hacer. Cosas de la barriga cervecera. En el fondo quería a ese humano. Hoy le daría un lametazo de consuelo y le ronronearía en la oreja.

Tocarse los pies sin doblar la espalda, solo podía hacerlo él. Mogg era alto, de brazos larguiruchos, y piel casi transparente. Vino de lejos, nadie sabía de dónde. Apenas hablaba. Se ganaba la vida con pequeños arreglos. Si te veía triste, ya sabias que te daría un lametazo de consuelo.

Brazos larguiruchos, piel transparente, como dos palmeras, la luna en medio. En invierno algunas personas toman la palidez de los muertos. En el Caribe se vive con muy poco. Regala bondad el trópico bañando su piel de luz. Alguna vez fue rey, hoy debe dibujar la vida con pequeños arreglos.

Llevaba todo el confinamiento intentando escribir historias que nadie leería. Escribiéndolas con un dedo sobre renglones de nubes borrascosas que se asomaban a su ventana. Los personajes aparecían disformes en los contornos de cumulonimbos y el villano sería ese zancudo que todas las noches, neciamente, le ronronearía en la oreja.

Escribir historias que nadie leería entre ellas, las peripecias prodigiosas de aquel caballero andante que en tiempos honorables vagaba por tierras manchegas deshaciendo entuertos, impartiendo justicia donde el villano sería ese zancudo sin patas o ese molino de viento sin aspas, allí, donde la locura y la cordura se aman.

Llevaba todo el confinamiento intentando determinar un algoritmo proporcional integral derivativo con cinco variables distintas, no era ingeniero, ni matemático, era solo un analfabeta pobre, que a duras penas manejaba las cuatro operaciones básicas, sabía que si dejaba su mente a la deriva, la soledad le ronronearía en la oreja.

Intentando determinar un algoritmo proporcional desde el error que borda años luz en la cola de un papagayo, hasta una cúspide interestelar, su figura surfea el presente en una taza de café, comparado al fulgor de sus sueños, era solo un analfabeta pobre; mas en su interior todo había cambiado.






~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~
Colaboración de microcuentos de 50 palabras
Escritos por 7 poetas al estilo cadáver exquisito
con frases enlazadas...

Maravilloso el resultado mis estimados y admirados poetas !!

Muchas gracias por anotarse a esta aventura de micros !

@Galilea
@horten67
@Varimar
@AljndroPoetry
@Minada
@Ludico
@DeeDee

2020-May/15
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Breve Crónica en Cuarentena

Dos naranjas y una manzana conformaban mi inventario alimenticio para el décimo quinto día de la cuarentena, la noche anterior, había ordeñado el último tetra pack de vino tinto hasta disuadir a la gota más resilience dentro de aquel contaminante envase. Tengo dos empleos en negro . Hay pocas cosas que un inmigrante indocumentado pueda hacer fuera del parámetro lógico de la premisa «si no trabajas, no comes»
En la editorial, por unos cuantos pesos, soy desde corrector hasta electricista, y cuando llega el camión con las resmas de papel, mi lomo y mis brazos acuden solícitos a su desalojo, también reparo las computadoras y teléfonos móviles de los compañeros (a veces no cobro por ello) ; dentro de mi exiguo equipaje reposa incrédulo, un cartón con falsa apariencia de pergamino,refrendado y sellado tratando de persuadir mi acreditación en una rama técnica casi obsoleta.
Mi otro empleo —no menos importante—es como arreglista, consejero,luthier, sonidista y atrilero de la Banda de sonidos Tropicales del Sur, allí me dan quinientos pesos por presentación, y a veces tocamos hasta cuatro bailes a la semana (Al decir arreglista no me refiero a la ejecución de arreglos musicales, sino al arreglo de los objetos que se rompen).
El camino al pueblo no es largo ni corto, ni ancho ni angosto ; es inevitable como el camino a la eternidad; y ahora, ingrimo, absolutamente despoblado, en su defecto yo no soy un hombre solitario,Hay a mi alrededor de incógnito ángeles de la guarda y ladridos caninos espantando mi soledad. —Aspiro morir de viejo—
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Yoya

Nota:
Realmente no soy ducho en gramática, nunca la estudié a pesar de cuánto me han gustado siempre las letras. La vida y mis quehaceres como cubano de nuestro tiempo me llevaron insoslayablemente por rumbos incompatibles con las letras. No me pesa, porque cuanto hice fue con amor y creo haberlo hecho bien.
A la lectura debo, sin lugar a dudas, el hecho de poseer ciertas facilidades al escribir, porque aunque imperceptiblemente, cada libro que se lee deja huellas y aporta conocimientos además de placer, ampliando nuestro dominio de palabras, significados e incluso, sentimientos. Nos prepara mejor para entender, apreciar y fortalecernos ante las circunstancias que durante nuestro paso por el tiempo debemos afrontar.
De cuando era pequeño, recuerdo la expresión: “Matar enanos”, en alusión a poder realizar algo que siempre se soñó mucho tiempo después. Pues bien, no me siento frustrado porque ahora, después de viejo y jubilado, es que estoy “matando mis enanos literarios”:



Yoya: Así se resumen sus apelativos. Menuda como su mote, es su apariencia frágil cual mariposa. Pero… encierra tanta fortaleza física y espiritual, que sumadas al abanico de cualidades que airean las calles del pueblo cuando pasa, se ha tornado en objetivo de muchos que siguen sus huellas de buenas influencias.
Es un siglo con cuerpo de mujer, una ristra de años bien trenzados que conservan el mismo aroma infanto-juvenil que aún exhala en la envidiable senectud.
Con su andar, como alado, al pasar o detenerse, la saludan todos con cariño, y grácil, les corresponde. Siempre provoca comentarios entre quienes la siguen con la mirada…
-–Parece increíble, pero… ¡ahí va Yoya! –Dicen unos.
–Por ella no pasa el tiempo –Aseguran otros.
¡Y tienen razón! Pareciera que los años no le pesaran, o no le importen. Nunca los cumple….
– ¿Para qué?, si no sé ni cuántos son. –Me responde sonriente –De que los tengo, los tengo y nos llevamos bien.
Con la curiosidad que provocan los asombros, no he podido sustraerme a los impulsos por descubrir los misterios que han mantenido, como en urna de cristal blindado… sus neuronas, tierna sonrisa, carácter afable, férrea salud y excelente memoria; aunque:
–No en mí todo está bueno –Me dijo sin inquietarse –De hace un tiempo a esta parte… no oigo bien.
Hurgando entre amistades, algunas tan longevas y de ambos géneros, con las que compartió infancia, adolescencia y adultez; coincidentes afirman:
Salvo uno que otro resfriado u oportunista virus común que ha sabido eliminar con mañas propias, no ha sufrido enfermedades. ¿Hospitales? Solo a visitar o acompañar enfermos. Desde muy pequeña fue siempre solidaria, buena amiga, mesurada y solícita consejera. Bautizada y fiel creyente iba a la iglesia a cada evento y procesión. Todavía lo hace. Como toda niña, aún sin dejar los juguetes flotó entre humos de ilusión, por los campos de la fantasía. Creciendo amó y pudo descubrir después, que la vida es distinta a las creaciones de sueños dorados de besos sin treguas, de amores sin escalas en los paraderos del diario vivir. La abandonó el primero y al segundo se dedicó con devoción hasta ser separados por la muerte.
Continúa desbrozando dificultades. Las mismas de hombres y mujeres de nuestra sociedad, con el mismo sentido patrio que abrazó y compartió laborando por más de cuarenta años. Después de convivir en pareja por muchos años, ella y Alfredo tuvieron el honor de ser el primero de los matrimonios colectivos celebrado por Los Círculos de Abuelos. Se graduó en la Universidad del Adulto Mayor a los noventa años de edad… y con orgullo conserva su diploma.
A fines de mayo pasado, al cruzarnos le vi el brazo izquierdo en cabestrillo:
– ¡Pero…, Yoya! ¿Qué le pasó? –Le dije al saludarla con un beso y mi mano sobre su hombro derecho como si con ello la aliviara en algo.
–Nada… –Me respondió –Como cada domingo temprano en la mañana iba para el estanquillo del parque a esperar el periódico, en la acera había unos obstáculos de basuras, di un traspiés, me caí… ¡Y ya vez! –concluyó con pesadumbre.
Se me antojó paloma con el ala rota y me causó tristeza. Más tarde supe que sufrió fractura en la clavícula izquierda (Cabeza del húmero) y que no la enyesaron para evitarle daños en la fina y magullada piel.
–Lo de Yoya no son huesos, son cabillas –Me dijo en broma una amiga común celebrando que solo dos meses después, ya hace de todo , incluso lava y afirma que en Septiembre se incorporará de nuevo a los ejercicios en El Circulo de Abuelos.
Su carnet de identidad refiere que nació el 22 de julio de 1918, aunque confiesa haber nacido el 29 de junio de ese propio año. Vive sola, hace todos los quehaceres y mandados. Cada domingo en horas de la mañana se sienta en el mismo banco del parque, detrás del estanquillo, para leer el periódico “Tribuna de la Habana” y enterarse de la “distribución de productos”. Se interesa por las noticias de la ciudad.
–Las internacionales no me gustan… –Dice M– ¡Este mundo está muy loco!
*
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Poeta Libre

El hombre era poeta y libre, nunca se ganó un peso con la poesía. El hambre lo sorprendió esquivando los meteoritos desprendidos por las nebulosas de una calle en proceso de desintegración, aunque a decir verdad, no lo sorprendió; llegó a consecuencia de un metabolismo fisiológico — además lógico y físico— Tanto viento y tanta (lluvia padecidos y disfrutados) lograron borrar la efigie del prócer impresa en su billete de más alta denominación, el viento, hizo erosión en los dígitos de sus saldos bancarios y la moneda (literalmente), había sufrido tal devaluación que su valor sólo tenía sentido alegórico en la memoria numismática de una nación.
El hombre era poeta y libre, se cobijó bajo la persistente y pródiga sombra agonizante de una tarjeta de crédito, abordó una galería de micro tiendas, de esas que dan sustento y equilibrio a los pragmatismos de teorías económicas sobre el sano optimismo emprendedor, caminó hasta el final, donde un aviso publicitario tras la figura de un hombre trajeado a lo moderno sentenciaba : “ La exquisitez es asunto terrenal” Lo invadió cierta decepción al constatar que aquel lugar era una venta de corbatas y no de comida.
Alguna poderosa logia de poetas express sembraban la ciudad de metáforas inductores al consumo suntuario, era una forma legítima de tapar los agujeros dejados por la ausencia de un romanticismo considerado anacrónico por influyentes congresos de sofistas.
Pero el hombre seguía siendo poeta y libre. No le rendía cuentas al amor, muy pocas veces al estado y era irreverente ante el sistema al cual podía proferir cualquier cuestionamiento, rudo, grandilocuente, sin necesidad de fundamento, y sí se erraba, existía la sabía opción de la disculpa y el noble arrepentimiento; total — errar es de humanos—
Al fin encontró lugar que ocupar junto a otros comensales no tan libres ni tan poetas, tenían el tiempo ajustado al curso de un reloj, el espacio sujeto a un determinado tiempo y el discurso delimitado por la convivencia, la conveniencia , el deber y otras miles de restricciones morales, políticas, religiosas, filosóficas, filantrópicas, musicales y etcétera.
un hombre viejo hacía las veces de mozo, el hombre poeta y libre quiso gritar —¡comida por favor!, se contuvo, en su lugar esperó atención civilizadamente.
Haciendo gala de una acostumbrada y natural manipulación de la cortesía, el viejo que hacía las veces de mozo se acercó y preguntó entre otros rituales protocolares del servicio en restaurantes — ¿qué va a querer el señor?
—Ser poeta y libre, respondió entusiasta nuestro atribulado poeta, cuando en realidad lo que quería decir era: —una sopa de vegetales con fideos.


8/3/2019. Provincia de Buenos Aires.


Ilustración: Gran café , Sabana Grande, Caracas Venezuela 1978.
Imagen tomada del archivo fotográfico digital de Caracas.
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Tomate Negro: Estampas Inolvidables de Barrio

Un sábado soleado, nos permitía patear el balón hasta lo más próximo al siempre hermético portal, donde esperábamos, que un envalentonado empujón lo colocara en el fondo de la red donde anidaba el triunfo. Triunfo por demás fútil, pero esperanzador. Especialmente para los que perdíamos todo antes de comenzar a jugar; todo: menos ese raro estado anímico que conocemos como buen humor.
Después del partido, indistintamente del resultado, quedaba tiempo y energía para chasquear las cuerdas de una disonante guitarra. El borde de las aceras era buen lugar para posarse a emular las aventuras que condujeron a muchos trovadores populares a fases máximas de gloria, despertando en las muchedumbres unas pasiones desbordadas, al pulso de versos diáfanos y articulados oportunamente, con unos acordes magnetizables por los gustos mas silvestres de una audiencia varia e impróvida. Luego, en el preludio de las sombras nocturnas, nos adentrábamos en las calles (Zurita y yo), abriéndonos paso entre gente que venía y que iba, confundiéndonos —guitarra al hombro— con borrachines y vendedores ambulantes.
Así arribábamos a los puestos de fritangas que preceden al terminal de pasajeros, antes de abordar el autobús a casa, ese sábado, saciamos el hambre (Zurita y yo) con una porción colosal de chorizos, morcillas, chinchurrias y hallaquitas refritas, en un puesto que asertivamente alguien llamó: La Fiesta del Colesterol.
El autobús durante su recorrido, sirvió de escenario para entonar dos canciones que ya habíamos cantado antes en la acera, pero esta vez más desafinados y accidentados, por: «el efecto de las reacciones inerciales de un cuerpo en movimiento, cuando interactúa con otro cuerpo fijo dentro de su misma masa».
Al escuchar este argumento, un hombre mayor que viajaba como pasajero en el primer asiento del autobús, refuto, con algo de gracia mi teoría, aduciendo entre una sarcástica sonrisa— busquen mañana en la parada donde subieron, a ver si se les cayó el oído rítmico.
Minutos después, cruzábamos el cordón de miseria que marginaba nuestro barrio del mundo donde se preconiza la fantasía bajo la sombrilla del arte; de vuelta a la realidad, el barrio nos abría sus brazos como un abuelo huesudo, mostrando en sus costillas, una turbada arquitectura de casas esqueléticas a medio construir de donde salían olores de un desconcierto humano tratando de equilibrarse en los sudores secos que deja el viento vespertino, una tenue esperanza se aferraba antagónicamente a las notas de un acordeón, acompañando los versos de un vallenato, cuyo cantor formulaba las armonías del resentimiento que algún juglar anónimo engendrara en amores fallidos .Los guapetones, persistían en su acérrimo deambular por las esquinas quemando el tiempo a mansalva y los perros nos escoltaban meneando la cola como poseídos por espíritus querendones, ahogando sus ladridos, en un reconocimiento de pertenencia subyacente en el sincretismo de nuestros pasos con el lugar (o simplemente porque percibían el olor a chorizo en nuestras ropas) .
El final del camino de tierra consabido y almagre, nos ponía a salvo, pero sin ninguna garantía de sanidad.
A mi amigo Zurita le comenzaron unos retorcijones estomacales muy dolorosos, que en su efervescencia, le daban un grisáceo color a su piel oscura al tiempo, que torcían sus gruesos labios en medianera hendidura dejando entrever unos grandes y blancos dientes caricaturizando en su cara la sonrisa de un caballo. No era difícil determinar la causa de aquella dolencia, fue un verdadero milagro que a mí no me afectara semejante ingesta de grasa quemada expuesta a la intemperie no podía producir menos.
Nos detuvimos en casa de una amiga en común, la cual era pretendida de Zurita, éste, después de saludar afectuosamente (a la joven y a la madre) y con su humor característico, pidió entre satíricas payasadas, que le permitiera acceder a la sala de comunicaciones, ya que le urgía enviar un fax. La chica acostumbrada a su lenguaje bufo, con una natural y leve sonrisa le invito a pasar al baño.
La madre de la chica, haciendo notar su amplio conocimiento sobre las virtudes curativas de las infusiones, se dirigió a la cocina diligentemente y sin mediar palabra, comenzó la preparación de un brebaje, exhibiendo esa extraña manía que adorna a los seres que menos tienen, en cuidarse unos a los otros como una manada de fieles desposeídos sin más propósitos que librar el silencio de lamentaciones, después de algunos instantes, en que no dejó nunca de oírse el omnipresente percutir de los misteriosos tambores que rugen tras la paredes de la marginalidad, la taza humeante con la pequeña etiqueta del te colgante era ofrecida a Zurita, —quien ya había recuperado la negrura natural en su piel y estaba de vuelta en la modesta sala—La señora, con Sus dos manos extendidas, sostenía una mirada bondadosa sobre la taza con cuidado de no quemarse, pero con cierta autoridad maternal se dirigió a Zurita —¡toma te negro!. A lo que Zurita respondió espontáneamente: —No gracias, no me gusta el tomate negro; lo prefiero rojo.
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«Sonear»

Tal vez, remotamente exista una conexión extra sensorial, quizá unida por una fibra acústica que implica un punto de partida común, por encima de alguna posible pretensión espiritual, un elemento donde convergen todas las vertientes rítmicas y armónicas para impregnar de carácter universal y redentor el lenguaje más popular del planeta: la música.
Por eso tocábamos, cada vez que las obligaciones daban una pausa —tocábamos— sonaba una cuerda, un cuero o un metal, con dos propósitos bien definidos: sonar y soñar. La afinación de la voz era una menudencia absoluta, era más ponderado el entorno, la sombra de la Acacia floreciente, alfombrando de rojo con exquisito aroma. El tres y la guitarra, el bongó y el cencerro y por supuesto, las volubles figuras femeniles, derrochando juventud y una gracia excelsa en una danza espontánea, fresca con algo de irreverencia. Verso, ritmo, poesía y melodía daban rienda suelta a esa propiedad intima de sonar y soñar que acierta en su capricho de volar sobre el azar y sus consecuencias; sonar y soñar, vaya placida manera de conjugar dos verbos en uno solo inexistente, cual la presencia de un afable fantasma: “sonear.”


Fotografía. Calle de nueva York 1977 de autor anónimo, mostrando la juventud de Franki Vasquez y Louis Matos. (los dos que logro reconocer)
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Crónicas de un Final no anunciado / Con @AljndroPoetry

Jamás pensé que habría un final.
Yo que ví como los ríos
morían en el mar,
que coroné las cimas
de mil montañas;
jamás imaginé nada igual...

Solíamos bordar
los naranjas, los blancos, y los violetas
en el límpido azul del cielo.
Beber la burbujeante leche
de la Vía Láctea, en una noche despejada.
¿A dónde te has ido, mi estrella del alba?

Solíamos ser almas gemelas,
saltando los mismos charcos,
equilibristas en la misma cuerda,
prisioneros de la danza del viento,
manejando las velas del mismo barco....

Éramos un guiño de sol
en el ardiente mediodía,
un abrazo de viento
bajo la majestad del crepúsculo.
¿Cómo imaginar ese adiós incipiente ?

¿Cómo imaginar unas olas sin retorno,
una espuma de mar
que no se filtre por mis dedos,
si tú me enseñaste a nadar
sumergiéndome en tu cuerpo?

Fuiste mis alas
cuando me lanzaba al vacío,
carbones encendidos
en la hoguera de nuestro nido;
mi norte, mi sol, mi luna, mis estrellas.
Jamás pensé que habría un final...
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Crónicas de un amor

El reloj del bar marcaba las 10:00 p.m.

-No se que estoy haciendo aquí-

Aunque en realidad, sí lo sabía, tenía casi 2 años de haber terminado una relación muy formal, acabábamos de cumplir nuestro quinto año de noviazgo y para celebrarlo, nos comprometimos, iniciamos los trámites civiles e incluso teníamos una fecha tentativa ! 30 de mayo !
Nuestra fecha especial, por así decirlo, fue esa primera cita, el primer año de noviazgo, en fin, pero el destino se empeñó en decir - aún no es tu momento - si, esa era la versión oficial pero en la cruda realidad, lo encontré a él y a una compañera de su trabajo en pleno amorío, por supuesto, él negó todo y me pidió perdón en más de una ocasión y de formas diferentes pero en cada una de ellas, el resultado fue el mismo:

- Lo siento, rompiste mi confianza - ante él, yo parecía ser de roca y de hecho, ahora que recuerdo nunca derrame una lágrima frente a él, pero, en la soledad de mi habitación, yo me encontraba deshecha, mi corazón roto, el dolor en el pecho me despertaba varias veces en la madrugada pensando que era sólo un mal sueño y que al despertar todo estaría igual que antes, sin embargo, ese vacío en el pecho me hacía sentir cuán equivocada estaba.

- El tiempo todo lo cura.
- Date la oportunidad de salir nuevamente, de conocer a otros hombres, aún eres joven -

Me decían mis amigas tratando de reanimarme un poco.

Mi respuesta siempre fue la misma.

- No gracias, decido no volver a enamorarme.
- Cómo tú quieras, pero creo que debes dejar de sentir lástima por tí, la vida se nos va en un instante y debes vivirla siempre al límite.

Me cansé de escucharlas y me refugié varios meses en mi trabajo y en mi habitación.

Ocasionalmente nos mandabamos algún mensaje, pero la verdad es que seguía sin mucho ánimo.

Hace unas pocas semanas, una amiga del grupo celebró su cumpleaños y volvimos a vernos y a ellas les dió gusto que nuevamente saliera a divertirme.

¿- Sabes? - me dijo, Luisa - tengo un amigo que acaba de regresar de estudiar un doctorado en Canadá y el otro día sin querer vio tu foto en un mensaje que te estaba escribiendo y me ha hecho varias preguntas sobre ti.

- No te equivoques, estoy saliendo con ustedes pero no por ello quiero conocer a alguien, por ahora no.

- Anda, por favor, sólo conócelo, vayan a tomar una copa, creo que necesitas a un buen amigo y él es todo un caballero en verdad.

- Mira, es él - sacó su celular y me mostró una foto de un hombre de tez blanca, barba y bigote y unos enormes ojos color almendra enmarcados por un par de lentes.

- Jajaja no inventes es demasiado grande para mí - dije, al ver su cabello blanco relucir entre su rubio cabello.

- No, para nada, apenas tiene 34 años, pero en su familia todos han sido canosos, además ¿que no estás harta de chicos inmaduros ? Pues, intenta con alguien más maduro.

Ví nuevamente de reojo la foto y creo que me convenció su sonrisa.

- ¿ Bueno y como se llama ? Raúl … Raúl Chávez.

- Está bien, pero promete que tú estarás ahí.

- Si, claro, ya después me desaparezco.

Así que después de algunos días por fin nuestras agendas habían coincidido.

Y ahí me encontraba yo esperando en un bar, me sentía muy nerviosa, tenía más de 8 años sin salir con alguien, ni siquiera recordaba cómo era una cita y por supuesto sabía que Luisa nunca llegaría.

- Me lo hizo de nuevo - pensé

En ese momento, escuché su voz

- Hola, tú debes ser Iyali -

Me extendió su mano y estrechó fuertemente la mía.

- Si, Hola Raúl, buenas noches -

- Les puedo tomar su orden - dijo el mesero
- ¿Que deseas tomar ?
- Una margarita.
- Una margarita para la dama y una cerveza oscura para mí.


Raúl resultó ser más guapo en persona que en foto y no parecía ser tan engreído como pensé que sería.

- Es agradable - sin embargo, me sentía sumamente nerviosa y jugaba con lo que tenía al alcance de mis manos y claro, empezó el clásico interrogatorio me hacía preguntas acerca de mí trabajo.

- Debes ser muy inteligente para ser ingeniera en computación -

Yo sonreía.

- Para nada, no lo creo, más bien cuéntame cómo te fue en tu posgrado en el extranjero, ¿Cómo es Canadá? ¿Hace mucho frío?

El tiempo se iba tan rápido y las copas se llenaban y se vaciaban con mucha rapidez, los dos sonreíamos como un par de tontos de repente, él se acercó demasiado a mí y me dijo:

- Disculpa es que durante mi estancia en Canadá tuve un problema auditivo, por eso espero que no te moleste que me acerque a tí, la música no me deja escucharte-
- ja ja - pensé - ya conozco esa estrategia, asentí esperando a ver su siguiente estratagema.

- Así que también has viajado mucho -
- Un poco, creo, pero no tanto como tú -
- A ver permíteme -

Y en un instante quitó de mis manos mi red de seguridad - una servilleta que doblaba y desdoblaba una y otra vez (suelo jugar con lo que puedo para mantener ocupadas mis manos y que no noten que estoy nerviosa) él noto eso y por un instante me desconcentro y en un rápido movimiento tomó mi mano derecha y me preguntó:

- Vamos a ver ... ¿De qué tienes manos?
- Jaja, pues de ingeniera en computación de que más.

- En serio - dijo poniendo su mano izquierda en mi mejilla mientras mantenía prisioneras mis manos en su pecho, yo me hice levemente hacia atrás pero me encontraba literalmente presa entre el respaldo del mullido sillón y la fuerza de su mano, sentí su cálido aliento y la dulzura de sus labios y no pude resistir, lo besé, me besó, nos besamos, lentamente soltó mis manos y rodeé su cuello.

Me deje llevar por un instante, pero recobre la compostura y me alejé un poco - perdóname- dije creo que no es correcto.

- Tienes razón - dijo - Vamos a esperar otros 3 minutos y vuelvo a robarte un beso -

Me hizo sonreír.

Seguimos hablando de varias cosas y de repente el mesero se acercó
- Disculpen, ya vamos a cerrar.
- Madre mía es la una de la mañana.
- ¿Tienes prisa ? - preguntó
- No, pero no me gusta manejar sola tan noche.
- Tienes razón, vamos te acompaño hasta tu casa en mi auto si lo deseas.
- No es necesario, pero te lo agradezco.

Me acompañó al auto y de nueva cuenta jugaba con las llaves cuándo él me tomó de la cintura y me dió un tierno beso y dijo " gracias por la compañía "

Nos dimos un abrazo y me dijo por favor mándame un mensaje cuando llegues a tu casa ¿Quieres?

Al llegar a mi habitación, me sentía flotar entre nubes, que me está pasando, me sentía desconcertada, tenía miedo y pensaba en muchos “peros” sin embargo al cerrar los ojos lo veía y podía recordar su abrazo y eso me llenaba de tranquilidad.

- En fin, mañana será otro día, vamos a dormir - Me dije.

Al día siguiente recibí su primer Hola.

Y al siguiente y al tercer día y así ha sido por un largo año.

Hoy, estoy en el mismo bar de hace un año y no nos hemos hecho promesa alguna, todo ha ido surgiendo, suena mi teléfono y es él y mi corazón brinca de emoción.

- Bueno, bueno ¿Ya estás allá? llegó en 3 minutos.
- Jaja - sonrío - ¿ Estás seguro ?

- Claro, recuerda, que el tiempo es relativo.
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