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Por esta noche

Hoy sumergiste tus labios en mis pechos,
rasguñaste mi espalda con tus besos
mientras acariciabas las ganas que te tengo con tu danza sobre mi,
la tinta de nuestros cuerpos hicieron poesía
y la creatividad brotó de la habitación y nuestras almas
posaban en cada posición.
Yo tomaba bocanadas de aire preguntándome
¿Cuanto tiempo podía pasar sin respirar?
mis uñas se afilaban en tu espalda y sin pedir permiso explore tu coraza
y por un instante estuve dentro de ti,
vi esas minas que viven en tu corazón
aún así te abrace y te disfrute mientras me reía
de esa mierda llamada miedo que abandonaste sólo por un momento
y empecé a contar tus lunares y te susurraba un par de palabras
que sólo tu podías entender, quiero conocerte y saber más de ti
y si no es para siempre
por lo menos si por esta noche.

Libertad R.
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etiquetas: amor, intimidad, deseo
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Tornasol

A ti, es a quien busco
detrás de un tornasol plasmado
en los vidrios de un día lluvioso;
quiero esa agua de perlas vivas
correr libres por mis senos
y empaparme de tu esencia
de uvas molidas vertidas
entre el calor de mis piernas.

















Enid Rodríguez Isáis
Estados Unidos
Junio 2019.
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Me delato

Me delato.
Cuando miro a tus labios
y los acaricio con mis pupilas
que sonríen descaradamente.

E imagino su sabor
a la sal de mis recuerdos
al sudor de nuestros cuerpos
desnudos bajo una vela.

Quiero envolverte en mí
atraparte en mi vórtice
que te ahogues conmigo
y renazcas como un niño.

Quiero que te abras
como un fruto oscuro y dulce
que extasíe lentamente
cada uno de mis recovecos.

Me delato.
Cuando te busco de madrugada
en una cama distinta.
Cuando bebo de ti sin tu permiso
y no me sacio de tu piel.
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¿Habrá cerezas en el cielo?

Esto pensé ayer mientras seleccionaba y degustaba las más maduras y exquisitas que alguien me había regalado en un cesto.
Y viniendo al caso recordé una anécdota que escuché cierto día a la salida de un templo.
¿Me dejarán tener un huerto pequeño en el cielo?
Preguntaba a mi amigo el organista, un anciano horticultor, un señor entrado en años.
Al instante intuí que a Dios le parecería tierno y entrañable el deseo del abuelo y aprobaría el cumplimiento de ese anhelo.
O quizás al llegar ese día le responda…. ya te lo di, ya lo tuviste en la tierra que amaste.

¿Qué sabemos del más allá?
Independientemente de lo que por adelantado nos haya podido ser revelado como don,
todo lo que por nuestra cuenta podamos imaginar es recreación, ilusión, deseo, fantasía.
Pero puede ser que “alguien” de inteligencia superior, grandeza inalcanzable y amor conmovedor,
que es quien nos induce a ser creativos,
recoja todo lo positivo de nuestros trabajos y desvelos,
y en su momento agradezca nuestra humilde contribución.

¿No estamos inmersos en una creación?
¿No somos partícipes de ella?
Qué hacemos entonces bloqueados y sin ilusión?

Aparte de quejarnos por todo, mostrarnos irritables, irascibles,
y necesitados de tranquilizantes, tabaco, sustancias, ansiolíticos etc,
por qué en este mundo consumista, no apreciamos lo bueno que tenemos
y siempre queremos probar más y de todo sin que nada material nos satisfaga ni llene nuestro vacío de Dios.
Podemos desde nuestra pequeñez ser felices aprendiendo de la filosofía de aquel abuelo que con sudor y esfuerzo, trabajó la tierra que daba de comer a su familia.
Y ni en el soñado, por prometido, cielo, quería desprenderse de aquella tierra de cultivo que le hizo feliz,
que le daba pan, que le llenaba de paz y no le permitía estar ocioso.. …
como yo este ayer, comiendo cerezas, goloso.
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Al natural

De tu boca a tus labios:
Tus senos, tu abdomen, tu pubis y tu clítoris.

De tu norte a tu sur emigran los besos;
de tu este a tu oeste cruzan las caricias.

De tu sur a tu norte emigran las caricias;
de tu oeste a tu este cruzan los besos.

De tus labios a tu boca:
Tu humedad, tu llama, tu viento y tus dunas.

Me encantas.

De Cadáveres en el armario, 2015
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Los ataúdes

Para Paulina Monroy

Macetas de caoba
para cultivar orquídeas con ojos
en algún sótano o cuarto abandonado;
la luz, de la ciudad o del bosque,
los hiere, los marchita, los resquebraja;
la oscuridad y el polvo
los sanan, los renuevan, los embellecen.

Ellos manosean.
Ellos degustan.
Ellos contemplan.
Ellos respiran.
Ellos escuchan.

Hablan de pesadillas
cuando se les deja por mucho tiempo
frente a un espejo; se preguntan:

¿Quién eres? ¿Estás seguro de que eres tú?
¿Te perteneces? ¿Te vives? ¿Te asumes?
¿Te representas, proyectas, o sólo reproduces?
¿A qué le tienes miedo? ¿Crees en ti?
¿Qué necesitas? ¿Qué buscas? ¿Te gustas?


Ellos descubren.
Ellos comprenden.
Ellos aprenden.
Ellos entienden.
Ellos comparten.

Depósitos de nombres
que una vez que te encuentran
aprovechan tu vulnerabilidad humana,
frente a las emociones cotidianas,
y te encantan y te abrazan y te atrapan;
una vez en su interior serás
nada más un recuerdo, un suspiro material.

Ellos imaginan.
Ellos hablan.
Ellos caminan.
Ellos callan.
Ellos ensueñan.

Cajas de cristal
para cultivar girasoles con corazón,
en algún jardín o patio habitado;
el grito, de la calle o del cementerio,
ni los atemoriza ni los intimida ni los limita;
la música y el silencio
los entretienen, los divierten, los purifican.

Ellos conocen.
Ellos protegen.
Ellos seducen.
Ellos renacen.
Ellos mueren.

De Cadáveres en el armario, 2015
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Te deseo

Te deseo
como el bosque a la lluvia,
el desierto a la arena.
Como el río a sus peces.
Te deseo,
como desea el mar al cielo,
las nubes al viento,
como el Sol al arcoíris.
Te deseo.
Deseo tus manos.
Deseo tu olor.
Deseo tu pelo.
Tus ojos deseo.
Deseo tu AMOR.

Omar Martínez González, 2018 ©
La Habana, Cuba.
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Quisiera

Quisiera ser gota de lluvia
para caer sobre tu rostro,
y recorrerlo entero
hasta terminar en un beso

Quisiera ser rayo de luna
que se cuele por tu ventana,
y en abrazo luminoso
acurrucarme a ti en tu cama

Quisiera ser ola del mar
para envolver tu cuerpo,
acariciar cada parte de él,
suavemente y muy lento

Quisiera ser ráfaga de viento
para jugar con tu pelo,
y desprender los aromas
de tu hermoso cabello

Quisiera ser hierba del campo
para acariciar tus pies,
y besar tus pisadas
guardando tu huella amda

Quisiera ser flama de fuego
para darte calor,
para abrigarte siempre,
con calidez de amor

Quisiera ser tantas cosas
para amarte de mil formas
para besarte de mil modos
para amarte a toda hora
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Movimiento

De afuera hacia adentro,
de adentro hacia afuera,
me humedeces y te humedezco
después de desnudarnos
mutuamente, con o sin luz.

De arriba hacia abajo,
de abajo hacia arriba,
el calor incesante
derrite nuestros icebergs
mientras tu aroma y el mío
se mezclan suavemente
con el vapor virginal del Tiempo.

Entro y salgo de ti,
sales y entras de mí.

Voy y vengo en tu cuerpo,
vas y vienes en el mío,
encontrando y perdiendo
miradas anudadas
en el vértigo de nuestros besos.

Ni de agua ni de fuego,
ni de aire ni de tierra,
Tú y Yo somos
a pesar de arder mojados
en la arena del aliento óseo,
carnal y sanguíneo,
del deseo corpóreo.

De afuera hacia adentro,
de adentro hacia afuera.
De arriba hacia abajo,
de abajo hacia arriba.

Entro y salgo de ti,
sales y entras de mí.

Voy y vengo en tu cuerpo,
vas y vienes en el mío.

De Cadáveres en el armario, 2015
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Sueño de una tarde verano

Para Sally (You Say)

Llevo aquella tarde desnuda en mi pecho.
¡Cómo olvidarla! Era de agosto. ¿Y tú? Hermosa.
Dispuesta a ceder tu vulva primorosa
a los besos de vino tinto en el lecho.

¡Cómo olvidarla! Estrellas puse en el techo
para contemplarte sonreír nerviosa.
¡Cómo olvidarla! Eras una mariposa
libando flores a seductor provecho.

A la luz de las velas tu piel lozana
empapó la habitación con su belleza,
cálida, natural, tal orín temprana.

Llevo aquella tarde viva en mi cabeza.
¡Cómo olvidarla! Nos traicionó la gana,
y el deseo se apagó con sutileza.

De Cadáveres en el armario, 2015
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Luna

Un ovillo de luna me llama,
me transporta entre lazos
al cubil del deseo
antaño descrito
por tu boca perdida entre lluvias
en la noche alada de marzo,
un ovillo de luna
me enreda en la luz de sus hilos
para soñar el presente
y tejer el futuro,
me perturba su pálpito
cuando languidece en la sombra
para hacerse brevisima y nueva,
apenas visible,
timbal que resuena
menudo e inconsciente en mi pecho.

Al ovillo de luna le maúlla mi gato
la respuesta a sus juegos.
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Joder

Que se joda tu indiferencia a lo bello
que solo pocos admiran la poesía;
que se jodan los mensajes ausentes
que no todos saben de cortesía.

Que se jodan las noches tristes
que pa’ el romance han existido;
que se jodan los versos sin causa
que las musas para eso han vivido.

Pero que no se joda la mentira
al reconocer el valor de la confianza;
ni que se joda el desamor
porque aún nos queda la esperanza.

Que no se jodan los patanes
que por ellos reconocemos a los buenos;
que si los malos ratos nos encuentran
bailamos, caemos y aprendemos de ellos.

26/05/19
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Sueño de una tarde de primavera

De tu cuello a tus senos
hay una distancia de diecisiete besos;
de tus pezones a tu boca uno alado.
Suspiras cuando sigilosa
mi mano se desliza de tu cintura a tu pubis
hasta perderse en la húmeda calidez entre tus piernas.

Me empapas de los oídos al alma
con tus cándidos gemidos,
y pronto me tienes
endulzándome la lengua y el paladar
con tu almíbar vaginal.

¡Qué fácil es descalzarnos del Tiempo!
¡Qué fácil es despojarnos del Sistema!

Imitando el aleteo
de una mariposa libando licores primaverales,
me invitas a penetrarte.
Nuestros cuerpos deseosos,
vestidos de sudor, se anhelan.

Arde mi pene cubierto de látex
dentro de ti.
Me atenazas. Te liberas.
Somos más que complicidad;
menos que carne, huesos y sangre.

En cada vaivén de tu pelvis,
al estar sobre mí,
te vuelves etérea, hermosa, divina;
y valiente me aferro a tus nalgas ligeras.

Tu ritmo aumenta. Tus pupilas se dilatan.
Tus mejillas se ruborizan. ¡Estallas!
Y caes
y caes
y caes
desmoronada sobre mi pecho.

¡Qué sencillo es perdernos de la muchedumbre!
¡Qué sencillo es olvidarnos de la insignificancia!

Te arrodillas. Te inclinas hacia adelante;
y yo, detrás tuyo,
veo la planicie desnuda de tu espalda.

Mis brazos sostienen tus caderas.
Tu cabello se balancea acariciándote.
De la calma al frenesí.
Todo acaba, Nada empieza,
para mí, fuera de ti.

Y desarmados, en un espacio íntimo,
nos abrazamos mientras la tarde se desvanece.

De Cadáveres en el armario, 2015
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Deseo

Del deseo satisfecho se vive,
pero también del deseo
eternamente insatisfecho.

Ese deseo que te carcome por dentro,
obsesivo, inalcanzable, cruel,
ardiente e innecesario
pero irreprimible.

Ese deseo que sabes que te convertirá en cenizas.
Pero ese deseo lo es todo.
Nada importa más allá de ese deseo.
Ni siquiera el objeto de deseo.
Nada.

La cuenta atrás del tiempo
juntos y a la vez separados
un aliciente para un lobo hambriento.

Tan cerca y tan lejos,
haciendo que hiervan tus venas.
Disfrutando de ese juego en el que los dos,
o quizá tu y tu imaginación,
os movéis en la linea de lo permitido y lo prohibido,
de lo moral y lo amoral.

Mientras se cruzan los ojos
sin poder leerse su trasfondo
y se rozan las pieles...
¿accidentalmente? tantas veces
que no puedes pensar con claridad.

Fingiendo que no lo notas,
buscando lo políticamente correcto,
regocijándote de nuevo
mientras notas que no lo evita.
Nunca.

Y tu cerebro juega.
Con el sinfín de posibilidades
detrás de aquel gesto.
Todas ciertas en aquel momento
y al mismo tiempo todas falsas.

Sabes que está mal
pero eso es parte del juego.
Sabes que te vas a quemar
pero no te importa.
Sabes que vas a sufrir.
Así que mientras tanto juega.
Y disfrútalo.
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Olas

Una ola de oro
alcanza tu cuerpo.

Es agua
con la sal del deseo,
es espuma
para tu placer,
agua y espuma
que te reviven
cuando sin pausa
en ti se adentran,
cuando sin prisa
besan tu piel
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Dieter: Instinto animal

Me inquieta más tu silencio
que el cuerpo de un perro
aplastado en la avenida.
Somos animales y no del miedo:
me muerdes con tus palabras,
y luego huyes de las mías.

Nos resguardamos en la distancia
durante la mañana y la tarde,
y de noche salimos de caza
dispuestos a encontrarnos
en una celeste bala perdida.

Sin un "Te amo" o "Te odio",
ni nombres de azúcar,
ni nuestras manos tomadas,
dando un paseo a la deriva:
te deseo y te quiero conmigo.

Cierra tus ojos e ignora mi tristeza,
no quiero que el abismo te mire.

De Caminantes, 2017
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Recuerdo

Siempre he sido
una buena seguidora de las normas y las reglas,
pero eso cambio
en cuento tus ojos se posaron en los míos.
En ese momento,
los dos sabíamos
que seriamos capaces
de derribar
el muro más alto,
solo por una caricia del otro.

No recuerdo
ser capaz de pasar por tu lado,
sin levantar la cabeza,
para descubrirte a ti mirándome,
como si fuera la joya más bonita de la corona.

No recuerdo
el inicio de esto,
pero si tus besos furtivos,
alejaos de la sociedad,
con el único deseo
de quedarnos a oscuras siempre.

No recuerdo
que pensé la primera vez que,
en tu cama,
rompimos todas las normas,
ni tan siquiera recuerdo
que sucedió después,
lo único que hay en mi mente
son nuestros deseos,
unido al fin,
que parecían
fuegos artificiales
con cada uno de nuestros movimientos.

No recuerdo
que fue lo que pasó después,
porque el muro derribado
volvió a ponerse en pie,
pero si me acuerdo de nosotros.
Y,
por tu mirada,
sé que tú tampoco lo olvidas.
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Buenas intenciones

Me gustan tus ojos, pero…
¡Qué bonitos senos tienes!

Ni son muy atrevidos
ni son muy tímidos:
tienen la sensualidad precisa,
exacta,
para imaginarlos
desnudos y dispuestos
al deseo
de mis manos y mi boca.

¿Huelen a mandarina, a naranja,
o a durazno?

Han de lucir hermosos
cuando dejas al aire tu cuerpo.

¿Son suaves y delicados
como el pétalo de un tulipán,
o como una espiga de trigo?

Un día de estos,
¿te gustaría venir a casa
a leer, o a escuchar música,
o a ver una película?

Me gustan tus ojos, pero… En verdad,
¡qué bonitos senos tienes!

De Cadáveres en el armario, 2015
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Umbral celestial

Cuando muestras
el azul desnudo de tu cuerpo
a las esporas de Tiempo.
Cuando dejas
que la espuma tatúe en tu piel
figuras oníricas.
Cuando te vistes de gris
y nos humedeces
con tu saliva vaginal.
Cuando cópulas con el Sol
y se naranjizan
tus mejillitas juveniles.
Cuando tiñes
de violeta algunos mechones
de tu extensa cabellera.
Cuando manchas
de inocente carmín
tus braguitas de algodón.
Cuando adornas
con lilis cristalinas
la negra enredadera
de tu pubis.
Cuando excitas
a las aguas salinas
con la atracción platinada
de tu clítoris.
Cuando con copitos de leche
blanqueas el paisaje:

¡Qué belleza!
¡Qué hermosura!
¡Qué maravilla!
¡Qué sensual!
¡Qué deleitable!
¡Qué sublime!
¡Qué increíble!
¡Qué preciosura!:

eres Cielo.

De Cadáveres en el armario, 2015
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El tatuaje de rosas...

En los impares montes,
sotillos y calvarios
que rodean el parnaso
de tu onírica boca
muerdo los biseles dorados
del deseo
y saboreo las grutas ácidas
de una soporífera mañana.
La suntuosa y vaporosa luna
dejó colgada sus runas de cristal
sobre tu espalda
y pecho brioso
sobresaliendo el tatuaje de rosas
que atavía la hermosura
de tu piel espartana…

En esa copa consagrada
del viento meridional
juegas con tu lengua y paladar
el manjar exquisito
que brota del madrigal.
Vamos penetrando
el aire del hechizo
que nos funde sin previo aviso
hasta alcanzar la inmortalidad
dos cuerpos que se entrelazan
hasta hacer reventar
la hojarasca y el estío
formando partículas parecidas
a los alfabetos rúnicos.

Ven...
alcancemos la cima del cielo

que el viejo calendario nos muestra
el solsticio de invierno
y en tu ciclo o fase folicular
podremos engendrar
el árbol de los deseos
que crecerá a orilla del estero
por donde pasa la gacela
condenada a vivir
en la prisión
entre rocas, pesados grillos
y aceros.


Ramón Pérez
@rayperez
29/04/2019

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