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No me beses deprisa

Sabiendo de quererte
en una cúspide
de baño vertiente
una golondrina en mano mide.

No olvides como ardes
ni como tenerme
en cuna de tardes
hasta no verme.

Tu lo sabes y lo miras
y aun en ello
te atreves y giras
todo aquello.

No me beses deprisa
porque creeré que me quieres
y en esas mentiras de misa
mi alma hieres.

No dejas de ser la musa
en viejos cuartetos
de un cuerpo en blusa
una flor se ha muerto por falta de sonetos.

Sabiendo de quererte
ya no hablemos de ello
sino despierta en otros brazos vierte
lo que nunca supe si era bello.
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Que ingrato es

Él sentado frente a la computadora
Casi siempre en la sala.
Ella persiguiendo la mugre y el polvo
Con una escoba por la casa.
Él escribiendo, poesía
o pendejadas que se atrasan.
Ella revisando las tareas
de los pequeñines de la casa.
Él se aplasta en el sillón
o se echa en la cama
a ver televisión a veces no hace nada.
Ella cocina, lava y plancha,
arregla la ropa, tiende la cama,
se esmera por que todo quede bien
desde el patio hasta la entrada.
Él se queja en las noches
cuando ella no quiere nada,
cuando el cansancio del día la derrumba
y cae muerta, agotada,
sin embargo, se da un baño
se arregla como si nada
le hace cariños, le consiente
y le atiende en la cama.
Él termina y se sacia
con el postre en la sabanas,
se duerme profundamente
en seguida le da la espalda.
Ella espera que se duerma,
en un santiamén se levanta
se da otro baño se acomoda,
va y le da otra vuelta a la casa,
se asoma, mira a los chicos,
se asegura que no pasa nada,
deja todo preparado
para el otro día en la mañana,
no se queja, no murmura,
no se altera por casi nada,
en silencio los llena de amor,
como quien riega sus plantas.
Al otro día sale él
Apurado de la casa,
como si no le alcanza el tiempo,
ni siquiera de besarla.
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8comentarios 84 lecturas versolibre karma: 79

Una lágrima helada

Bajo un ventilador,
tendido sobre las sábanas blancas,
esperando la noche,
y soñando con que acuda a mi cama.

Que al entregarle mi obra,
los versos en los que desnudo mi alma,
se enamoren sus ojos
en esta noche de fiesta y de gala.

Al llegar al salón,
bajo una difusa luz azulada,
relumbra su silueta,
el sutil contorno de la elegancia,
en el vestido negro
que ciñe sus bellas formas delgadas.

Y al comenzar la música,
donde las notas silencian miradas,
ojos tristes se esconden
tras una máscara, tras la arrogancia.

Deserta la sonrisa
de su boca lánguida y sin palabras,
muda y tan taciturna,
más su rostro dice, lo que ella calla.

Lo que yo vi esa noche,
no fue una dama, más bien un fantasma,
el desalmado espectro
que al amor le daña, o quizás le mata.

Y al llegar la mañana,
solo reposa sobre mi almohada,
una lágrima helada,
la de la tristeza por esa ingrata.
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