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Bajo Cero (Con @Escritora_Chellmi)

En el ártico dejó
El corazón
Mientras se congela
Tal vez muera en estas heladas
Tierras de hielo
El corazón
Un día
Estuvo lleno de amor
Y le impartía calor
A otro corazón

En noches frías
Donde los suspiros eran nevados
Iluminados por
Pálidos luceros
Manos tibias
Daban calor y techo
Cielo nublado
Pobre enamorado
Con el corazón congelado
Lágrimas de desconsuelo
Suelo de hielo

Y ahora como sombra perdida
Va sin rumbo y camina
Buscando el calor
Que un día alguien más le dio
Falló en el intento
De tenerlo de nuevo
Camina a pasa redoblado
Sobre la fina calle hecha
De escarcha
Mientras el sentimiento se marcha
Entre la ventisca
Llevándoselas al frio Ártico
La flor del amor se marchito
A su pasó

Y mientras cae
La nieve
Sus dedos se congelan
Sus piernas ya no pueden
Su cabeza duele
Su mente ya no piensa
Un recuerdo empañado
Un fantasma deambula
Un junio a oscuras, solitarias
Calles, con cada caminar
La nieve comienza a indagar
Mi cuerpo hasta llegar
A mis adentros.
...y su corazón se detiene...

En ese día el enamorado murió
No sé si del cruel frío
No sé si sea de amor

El cielo se volvió
Grisáceo, La blanca oscuridad
Lo tapa, mientras la frialdad de la ciudad
Testigo del nómada que camino
Buscando el norte en ésta penuria
Que es el ártico...
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7comentarios 45 lecturas colaboracion karma: 93

Una Noche de Invierno

No dijimos nada,
todo quedo en silencio
el aire era difícil de respirar
y tiempo se detuvo.

Ella me miró fijamente,
me besó la frente,
sonrió ligeramente
y se dio la media vuelta.

Recuerdo como se alejaba,
lentamente entre la noche,
la niebla parecía abrazarla,
y mis ojos se llenaban de lágrimas.

Así fue como esa noche de invierno
su partida lleno de frío a mi corazón,
mi alma se escapó sin rumbo
y solo con su recuerdo me refugié.
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5comentarios 70 lecturas versolibre karma: 77

*Hokku de invierno*

Las níveas cumbres
son del lago espejismo
entre algodones.
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17comentarios 104 lecturas japonesa karma: 105

Un día de lluvia

Hoy brilla hermoso el sol,
las aves y sus gorjeos merodean afuera de casa. Tomando café, escucho esa voz interna que es la conciencia y algo más adentro en mí anhela que el día fuera nublado y frío, sin gente en las calles, ni mensajes en el móvil.
Que cada quien se encargara de vivir su propia vida y no jodieran la de otros.
Que la cellisca cubriera a la comarca y que los automóviles estuvieran aparcados en sus casas y no inundando la vía de pitidos, choques y un indeseable caos.
Dejar postergados los problemas emocionales y refugiarse en la lectura de cuentos de Antón Chéjov tomando té a sorbos y viendo de vez en cuando la ventana para encontrarme en el viento helado que juega con los árboles.
Estar arrellanado en un viejo sillón de cuero, leyendo, en momentos hilvanando versos,
sintiendo el frío invadir la estancia y seducirme, entrar en momentos en el sopor de las ceremonias de interior y sentir un pequeño contento de saber cuánto disfruto ser un hombre entregado a la vida de los libros, que un mercachifles que deambula por la ciudad angustiado por no encontrarse así mismo, bajo un sol que no es el suyo, y una tierra que no es la propia. Cómo quisiera que hoy fuese un día de lluvia...
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Amor a cuatro estaciones

Energía.

Curiosidad a primera vista.

Lo que me llevó a romper promesas
aquella noche en el medio de la floresta.

Era tan fácil,
hasta que se volvió difícil,
cuando el viento se torno frío
y con él tus sentimientos hacia mí.
Tú te fuiste con la última hoja del árbol
y yo quedé como la grama marrón,
las flores marchitas del maldito desamor.

Congelaste momentos,
helando tu corazón y derritiendo el mío.

Enigmas y confusión,
días de nieve eterna y cielos grises,
noches que paso en la ventana preguntándole a la luna:
"Qué nos pasó?"
dudando que la primavera existe,
segura que jamás llegará.

Porque al apagar el fuego solo queda el frío
y así quede yo,
sin tí,
sin entender.

Hasta que los retoños comenzaron a brotar
y con ellos la nueva promesa,
una esperanza de florecer.

Saliste de un capullo sin esfuerzo,
como si nada,
como si aquel invierno fue tan solo una ilusión,
como si no hubiese sufrido durante meses bajo mi propia sombra.

Acepte tus rosas
y jugué con los claveles que tendiste en mi jardín,
pero no era lo mismo,
porque aunque sea el mismo árbol,
no son las mismas hojas las que estrena al pasar el tiempo.

Días de tranquilidad.
Con la brisa templada tu ausencia
ya no dolía.
Era una fuerza constante, tu viento,
pero ya no me afligía.

El sol brillaba y con el verano sentí
que se pasaba otra página
en el libro de nuestras vidas.

Las hojas de los árboles tornabanse verdes,
maduras, cediendo la niñez.
Pero como debe suceder,
la temperatura tropical el año
no puede abarcar completo
y, poco a poco, el frío comenzó a azotar.

Tus juegos mentales retornaron
con los copos de nieve,
tempestad gélida que me hería,
y en aquella noche fría,
me volviste a dejar
sola, desnuda y vulnerable,
sin esperanza alguna.

En mi mente el invierno sería eterno
y la primavera desvanecería.

Días de cansancio y noches de llanto;
ocasiones en las cuales ni te culpaba.

Porque, en fin, la torpe fui yo
por pensar que el verano no acabaría como siempre,
bruta en pensar que la vida no es un ciclo,
por sospechar que lo bonito no es efímero,
que lo que empezó en mentira algo verdadero crear podía,
como si las rosas no tuviesen espinas,
como si con el pulgar el sol se puede tapar,
pero no, torpe mujer.

Cuando acepté la crueldad del invierno,
cuando acepté que jamás volverías,
las flores blancas comenzaron a brotar
en las puntillas de las ramas
y las aves empezaron a cantar
sonatas cargadas de melodrama.

En cuanto el sol se puso en esa costa occidental,
y la brisa cálida del mar sacudió mis entrañas,
supe que estaba condenada,
entendí que ibas a volver.

Y fue así como una tarde,
te sentaste a mi lado como la primera vez,
tu brazo acariciaba mi brazo,
tu piel tocaba mi piel,
como hace dos años atrás
cuando te vi y de ti
me enamore.
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7comentarios 80 lecturas versoclasico karma: 89

Haiku encadenados

Cielo nublado.
Sopla un gélido viento
en la alameda.

En la alameda
los castaños sin hojas.
Cae la nieve.

Cae la nieve.
cubriendo los tejados.
Luz del crepúsculo.


❄Invierno❄
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16comentarios 114 lecturas japonesa karma: 109

mientras te miro

ahora mismo está
durmiendo
la siesta.
en la casa huele
a café recién
molido
y a cansancio.
ha sido una mañana
dura, excesiva,
pero hemos conseguido
estar juntos
a la hora (tardía)
de comer.
antes me preguntó
si estoy bien, y le respondí
que sí,
que no tengo (cómo
iba a tenerlo) nada
de qué preocuparme.
luego,
por la tarde, nos
las veremos con el verde
del invierno,
como de costumbre,
y proseguiremos
con la búsqueda
de lo que ha de llegar.
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4comentarios 77 lecturas versolibre karma: 101

Un SOS al limbo

Yo pido ayuda con los ojos,
pero me veis como a Medusa.
Los marrones, ya rojos,
siguen siendo excusa.

Aquello que me cobra inestabilidad,
me regala equilibrio.
Es paradoja como la edad:
cuanto más experiencia, menos ritmo.

Si afecto es escasez,
calor es necesidad.
Si velocidad es lucidez,
parsimonia sí es capaz.

Y es que no eres refugio,
no sabes serlo.
El tuyo es sucio,
y frío en invierno.

Suenan los aromas del final
y la burbuja ya es translúcida.
Siempre cambiante e irreal,
pero con tintes de súplica.

Mi lírica es una llamada de socorro
al que me oye pero no me escucha,
al que me mira pero no me ve,
al que pelea pero no lucha.
al que me quiere pero no bien.
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Dos Hokku de invierno


Sol que ni templa
esta lánguida tarde
en el invierno.

*************

Copos de nieve
que decoran el día,
calor de leña.




Hortensia Márquez (horten67)
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18comentarios 122 lecturas japonesa karma: 111

El deshielo...

Tantas noches de este otoño que se ha consumido
he anhelado despertar de este letargo...
regresando una y otra vez hasta el afable lugar,
en el que plantabais vuestros versos, vuestros relatos,
y entre pesares y alegrías, los silencios,
esos espacios fértiles para sembrar pensamientos...
que como en un vergel trepaban por cada espacio.

Cuantas veces vuestras palabras...
desencadenaban tormentas que aliviaban la canícula
y la lluvia de la inspiración se empapaba de sentimientos.
Entre mi admiración, temblaba a veces mi corazón,
cosechando entre vuestros renglones grises profundos...
que luego se transformaban en luz, disipándose mis temores,
cuando volvíais a pintar amaneceres sobre rojos poemas.

No, este no es un invierno como los otros,
este trae el desenlace de un año cubierto de niebla.
Ahora toca hacer balance de despedidas y llegadas
y me doy cuenta de que vuestro destierro,
pesa tanto como si dentro de mis venas circulase mercurio
y en el termómetro del cariño sintiese un gelido desconsuelo.
Las dudas son como hienas y vuestras ausencias incurables.

Si hubiera podido evitar que os atrapara el invierno eterno
...me habría permutado por siempre en deshielo.
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5comentarios 85 lecturas versolibre karma: 81

~hokku~

-de invierno -

Manto de escarcha
en la fuente dormida
suave reposa

*********

- de verano -

Nada perturba
el lago de los cisnes.
Calma estival
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20comentarios 105 lecturas japonesa karma: 100

Una sola margarita

Una sola margarita,
por la nieve, entumecida,
sin que nadie la deshoje,
en invierno esta cautiva

Juncos inclinándose,
al camino adoran;
pajarillos tordos,
con el frío lloran

Una sola margarita,
aterida por la nieve,
dos vacías caracolas,
de los charcos de agua beben

Los viejos olivos,
renovados brotes tienen,
el matinal rocío al alba,
cubre de blanco hojas verdes

Una sola margarita,
broncearse al sol no puede,
ya quemados por el hielo,
desguarnecidos pétalos pierde

Flor de los almendros,
que a final de febrero, aflora,
el aire gélido de la sierra,
tu masculino estambre azota
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16comentarios 121 lecturas versolibre karma: 102

Dos hokku

copos de nieve

prendidos en la piel

frío bostezo

○○○○○○○○○

primaveral

retozar de las flores

entre el rocío
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24comentarios 140 lecturas japonesa karma: 110

Haiku

En el paisaje
Verde invernal con el
Frío usual.
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~hokku~

eterno abrazo
del olvido invernal
la luna es de hielo
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21comentarios 113 lecturas japonesa karma: 110

Que calor hará sin vos en verano

Yo era el sol que se iba apagando y que de a poco estaba dejando de brillar.
Tu eras el frío en pleno invierno,escarchas por doquier, pero aunque en ese momento fuéramos dos seres locos y distintos fuiste la única estación del año que supo darme abrigo.
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5comentarios 80 lecturas prosapoetica karma: 98

Reminiscencia de invierno (parte I) (B)

Cae la tarde, los vientos gélidos del norte soplan con fuerza sobre la estampa de plomizos y níveos colores del centro de la ciudad. Los pasos de Salvatore se hacen pesados sobre el pavimento glacial mientras libra una batalla épica contra la ventisca que escupe su ráfaga de furiosos copos de nieve. Recién salido del trabajo, se dirige a su estación del metro urbano, a unas pocas cuadras del altísimo edificio de cristal donde trabaja. Hoy no tiene ánimo de pasar a tomar su macchiato bien espeso en la cafetería de moda del centro que le queda en el camino, urge llegar a casa a atizar unos leños en la chimenea y entibiar un poco el espíritu.

A pocos metros de la cafetería, desde el otro lado de la acera, observa sin embargo a los grupos de amigos, parejas e individuos solitarios que beben los cálidos sorbos de sus bebidas a temperatura de ebullición, casi todos con un móvil en la mano y unos pocos con un libro. Y su vista se detiene en una figura en particular; una chica de mirada perdida que sentada en una mesita al lado de la ventana, observa la blancura del ocaso y se extravía en los laberintos espirales de algún fugaz remolino de viento. Sus ojos son de un café tan oscuro como la densidad del espresso en el macchiato que Salvatore suele tomar. Su cabello castaño claro es tan liso que la luz de la lámpara encima de su mesita resbala por su pelo hasta caer al piso. Sus labios carnosos sugieren que su sonrisa debe ser angelical, pero su expresión es más bien de tristeza, pero no de una tristeza llana y simple, más de esas que son complejas, envueltas por el misterio. El corazón de Salvatore, sin embargo, late ahora con una tibieza inesperada, y antes de darse cuenta se encuentra en la puerta de entrada; sus pies lo han llevado hasta allí sin notarlo, como deslizándose o patinando por el pavimento helado.

El lugar está abarrotado, no cabe un alma; el frío invernal obliga a los transeúntes a hacer parada obligatoria y pedir una bebida bien caliente. Pero ya está allí y voltea a ver a la chica de los ojos café profundo, ahora de espaldas hacia él; lleva un abrigo corto de un color tan blanco como la nieve, lo cual realza el rojo escarlata del lapiz labial sobre sus carnosos labios. —Me das un macchiato con leche de soya y un toque de caramelo por favor —le dice al cajero— ¿alto, grande o venti? —le responde el cajero— Mejor un venti. Que me dure un buen rato— y le da un billete de diez dólares. Ya con su café en la mano, da un par de vueltas por las mesas y barra de asientos individuales del lugar, sin encontrar un solo espacio, excepto por una silla disponible en una mesita pequeña donde una anciana de cabellos plateados que está absorta en la lectura de su libro mientras bebe un latte que parece inagotable; y otra silla al lado de un hombre de mediana edad —aunque por su cabeza calva parece mayor— con una abundante barba y cara de pocos amigos, como quien ha tenido un día muy cargado; y por supuesto, la silla libre en la mesita de la chica de los ojos profundos, absorta en el panorama invernal de la calle, con un libro abierto casi por la mitad al que no ha vuelto a mirar en todo el rato que Salvatore lleva observándola. —¿Te molesta si me siento aquí? —ella lo mira con semblante serio, con especial asombro, como quien quiere ver hacia adentro y no solo por encima, pero no dice nada— ¡Es que no hay un solo lugar disponible! Claro, si no soy inoportuno, y si no esperas a nadie —Y ella lo sigue mirando por breves segundos más, pero su boca no se abre, mas con sus labios hace un gesto tan leve, como el de una tímida sonrisa; y de alguna manera parece que asiente a que Salvatore la acompañe. Al menos así lo entiende él, que sin decir más pone su bebida sobre la mesa y jala la silla, inusualmente pesada y sin protectores de hule en las patas, haciendo un ruido particularmente enervante al hacerlo. Ella levanta una ceja, como diciendo: —¿Qué haces? —pero realmente no dice nada— Perdona, no ha sido mi intención— se excusa él.

La mirada de ella se zambulle ahora en la página actual de su libro, como queriendo esquivar la conversación con el chico; aunque en su interior siente, sabe, que debe, que necesita hablar con él. Mientras lee, sus ojos café parecen sumergirse en las páginas y éstas abren un portal que la transporta al mundo de la novela; al mismo tiempo, con su mano derecha y sus uñas semilargas, muy bien cuidadas, sin pintura; hace un sonido sobre la mesa que emula el cabalgar de caballos. —¿Qué lees? —pregunta él con sincera curiosidad. Y ella, en ese instante, es como sacada por un haz de luz del mundo de su novela y transportada en el acto a la mesita, con un par de bebidas calientes, un libro, y claro, un desconocido frente a ella. —No me despiertes del olvido —le responde, sin más— ¿Y de qué trata? —vuelve a preguntar, a lo que ella replica— es un cuento muy largo para contártelo, y aún no me decido si es ciencia ficción, o magia mística egipcia, o una combinación de ambas cosas; es intensamente romántica, eso si te lo puedo asegurar; pero, parece ser un romance que trasciende generaciones, eras, culturas y algo más— suena bastante bien —responde Salvatore— ¡es apasionante, no tienes idea! —concluye ella, y se sumerge de nuevo en su lectura. Mientras tanto él, bebe su macchiato lentamente, como disfrutando cada pequeño sorbo de alegría caliente; no sin notar que la alegría que siente no proviene del macchiato exactamente, sino de la contemplación de la hermosa chica que tiene frente a él. Su mirada se hace penetrante, sus ojos chocan contra el café oscuro de los de ella; por su parte ella, se siente observada, quizás contemplada más bien. Ya no logra concentrarse en el libro, se dedica a tomar su bebida, observarlo de vuelta disimuladamente, para luego envolverse con él en una charla trivial de desconocidos; de esas en las que hablas muy a grosso modo de tus aficiones, de tu trabajo, de que estudiaste, de que te gustaría hacer con tu vida más tarde, de alguna experiencia interesante vivida. Y hablan, y se observan, continuan charlando y se miran, casi como acariciándose con los ojos, hasta que en un instante inesperado, al unisono, ambos tienen una especie de flashback, una reminiscencia; una escena compartida, ambos caminando tomados de la mano, en una tarde de otoño, por una larga avenida de tiendas de moda en Milán. —¿Alguna vez has estado en Italia? —preguntan ambos al mismo tiempo— ¡Qué casualidad! Hacernos la misma pregunta en este instante —dice Salvatore— Nunca he salido de los Estados Unidos, dice ella —yo estuve de viaje en Alemanía hace unos pocos años, pero es el único lugar de Europa en el que he estado —responde él. Ninguno se atreve a mencionar nada de esa reminiscencia absurda que parecen haber tenido, para no atemorizar al otro.

En un abrir y cerrar de ojos, cae la noche con todo el peso de su oscuridad y la temperatura desciende unos cuantos grados más. Han conversado por dos horas y media ya. Ella se excusa, que debe salir corriendo, que tiene que pasar haciendo unas compras antes de irse a casa, que le cierran el supermercado. El quisiera acompañarla, quisiera pasar toda la noche conversando con ella, observando sus bellos ojos y sus carnosos labios que invitan a besarla. Pero no dice nada al respecto. —¿Te volveré a ver? —le pregunta— ¡Quiero creer que sí! —responde ella y le da un post-it de color neón, con algo anotado; se levanta de la mesa, le da un ligero beso en la mejilla y sale de la cafetería antes que Salvatore pueda siquiera decir adiós. La observa desde la ventana mientras se aleja, con sus jeans apretados y sus botas blancas de invierno; la ve caminar pero más bien parece que flota en el viento y se pierde en la oscuridad de la esquina donde dobla, para desaparecer.

Salvatore se queda sentado en la mesa unos minutos más, tratando de asimilar qué ha significado ese encuentro. ¡Qué significa ese flashback! ¿De dónde puede conocer a esta chica que se le hace tan familiar? Abre el post-it: "Alessandra, 493-2345. ¡Despiértame del olvido!". Es lo que ve al leerlo.

(continuará...)


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@AljndroPoetry - 2018-Dic-12

Quise recordar este relato
originalmente escrito a finales del 2017


Puedes leer la 2a parte en:
poemame.com/m/relato/reminiscencia-invierno-parte-ii
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11comentarios 150 lecturas relato karma: 117

Ice Dance

Lloré todas las lágrimas

más amargas del alma

pero el frío las inmortalizó

para que danzara alegre

en la nieve...
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13comentarios 165 lecturas versolibre karma: 111

Árbol de Primavera

Seguiremos colgados del tiempo
Como se cuelgan del árbol madre
Las ultimas hojas del otoño
Sabiendo que el invierno llega

Pero caeremos irremediablemente
Mientras esperamos primavera
Por que ella siempre regresa
Aunque nos parezca que tarde

Y ese árbol que fue vida
No será mas que madera
Sera guitarra y culata de fusil
Para quien cocina sera leña

Para un niño sera juguete
Será luz, calor y hoguera
Será cama en que Dormir
Como para cristo fue condena

Pero para mi sera un sueño
De los que sueñan los poetas
Al ser abono de la tierra
Que se cuela por sus grietas

Sera la urna en que descanse
Quien colgado a tus caderas
Se deshizo sobre el musgo
Con su colección de primaveras
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~ Hokku ~

se abre la rosa

perfumando mis manos

de primavera

********

trėmulas ramas

inminente presagio

del frío invierno
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