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y tú no estás

Tuve un sueño
la otra noche,
un sueño desigual
en una noche sin nombre.
Éramos estrellas
en un cielo desorientado,
pero tú no estabas
y las demás no podían
compararse con tu
simetría griega
en Andrómeda
o cualquier rincón
del universo
qué albergase
el primor de tus
incógnitas.
Puede que
el humo de las chimeneas
te cegara
y te hiciese caer
en la red de casas victorianas,
puede que fueras
el éxtasis de una niña
que sufría de insomnio
demasiado pronto.
Me pregunto si
le hiciste añorar
lugares perdidos
y hogares que nunca existieron,
la nostalgia de la lluvia
era reconfortante
bajo el rumor de la tormenta
gris,
recordando vidas pasadas
y aquel quizá
que tuvo miedo de ser.
Soy estrella
en un cielo desigual,
pues éste no merece ser
bello ni gozar del lirismo
de poesías consteladoras
si tú no estás.
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Respiro

Respiro, mis pulmones se llenan de aire…(suspiro)
A veces pierdo la noción del tiempo
entre cada bocanada;
suspiros van
suspiros vienen…
Mi intención no es otra más que recitar
banalidades entumecidas
en mi boca.
El silencio incómodo se desvanece
al escuchar la lluvia retumbar
en las calles,
y en mi cabeza suenan
las canciones del ayer,
canciones que las hice mías
mientras la vida me follaba
por el culo.
(Suspiro)

Respiro, sigo sobre la marcha…
Siento los pies cansados,
el alma blanda
y las esperanzas rotas.
Mis pasos se han perdido
buscando los tuyos,
la sombra de tu rostro
sigue impregnada en mi camino…(Suspiro)
Cierro los ojos y respiro.
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Amanecer en rosa y esmeralda

Y caminas
por las aceras de la vida
y en alguna esquina
de un instante desprevenido
la felicidad te sorprende
y te besa
con sus labios de sol de alborada.

Y flotas
entre densas nubes
de blanco rosa
con fondo esmeralda
y en algún suspiro de horizonte
en el cielo del alba
te topas con la esfera incandescente
el amarillo refulgente
del sol de esta mañana.

Y buceas
en el denso océano
del tráfico matutino
y volteas
y allí mismo
en el asiento vecino;
tu sol,
tu cielo,
tu azul,
tu amarillo,
tu rosa,
tu naranja,
tu púrpura,
tu viento.

Ella,
el oxígeno del amanecer,
tu lluvia esmeralda,
tu instante,
tu felicidad,
tu alegría.

. . . . . . Ella


~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~
@AljndroPoetry
2019-Jul-30
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Haiku #1

Gotas de lluvia
se deslizan serenas
por mi ventana
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Llueve

Llueve
y el mundo
sigue girando.

La noche
sin ojos,
sin lazarillo,
aumenta el sonido
de las máquinas
del tiempo
mientras un viento
indiferente
de octubre
mastica la carne
y los huesos
de los vivos muertos
y de los muertos vivos.

Llueve
y el tiempo
sigue avanzando.

Ayer hubo fiesta
en el pueblo:
mataron a tres personas,
conocidas,
desconocidas.
Hoy hablan de ello
en el mercado,
en la tienda
y hasta en la pollería.
Mañana el asunto
quedará olvidado,
jugará la selección nacional
de fútbol.

Llueve
y el mundo
sigue girando.

De Sombras, 2012
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5comentarios 108 lecturas versolibre karma: 96

Bajo la lluvia

Dos fanáticos bajo la lluvia
Salpicados por la brisa
Del agua natural que moja sus labios
Al besarse
Generando un desmarro
De felicidad adecuada .

Ellos dos danzando salpicando
Con los pies descalzos sin
Mojarlos sin sentir el frió que existe
En el tiempo de el mes de mayo .

Flotando abrazados dando giros
De costado importando nada
Que lo pueda arruinar

Nada de lo que pueda lastimar a
Dos desconocidos que juntan
Corazones insanos que buscan ser
Curados ,

Curar las penas entre el agua que recorre
Las partes mojadas de fracasos tiempo atrás
Fracasos de seguro abstracto congelados
Por un pasado que no los deja avanzar en el mundo donde viven de amores atroces que
Lastimaron sus encantos ...

Abrazados y danzando es lo que la lluvia
En esta noche ideal nos invita a pensar
Que el amor todavía existe y sale de ellos dos captando la atención ,de los que corren sin con miedo a no ser alcanzados por los aguaceros de amor

Dos desconocidos bailando bajo la lluvia
Una lluvia que no moja de tanto amor que
Hay ,

Amor del puro del qué no lastima el que con
Tan solo una mirada dice más que mil palabras
Desorientadas por mentiras .

Mentiras que en esta noche no se dirán
Solo juegan al amor y dejarse alcanzar
Danzando ellos dos viviendo el amor
Y solo son ellos dos ,

Así como danzar y bailan captando la lluvia que cae y no sienten mojados sus pies al sentir el calor y no dando importancia a la tormenta que asemeja con destruir el camino ,

Ellos saben que el camino es ruidoso y entre el . mareas alcanzarán hasta sus cuellos
Tratando de ahorcar para que olviden esta danza bajo la lluvia de amor que todos captan al ver dos personas que se mojan sin importar nada ....

Y aunque el camino sea largo ellos quieren seguir danzando bajo la lluvia
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4comentarios 84 lecturas prosapoetica karma: 109

Llueve en tus ojos

Tus pupilas palpitan sobre la luna
preparando el senil recuerdo
de una tormenta innombrable
Épocas con acento de arrullo
Se acercan al gran acuario solitario
Caminos largos sobre tus pestañas
contemplan sin cesar el viento en celo
Y esos ruiseñores que cantan en el alba
rezan por nosotros un amor perpetuo

Aquellas nubes de corcel
Señalan tus huellas tenues en mis brazos,
Esos resplandores que pasan con augurio
hacen de tus ojos el reflejo de mi alma
Tan cálidos ambientes de vanguardia
Nos dejan cautivados al andar
y veo en tus ojos llover azules diluvios
Con sabor a tristeza y a desierto
No temas que pronto vendrá el atardecer
te abrazaré hasta encender tu corazón
los latidos marcharán con nuevo ritmo
Y tus ojos cambiarán de estación
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1comentarios 37 lecturas versolibre karma: 37

Una tarde lluviosa

La nena de librería, aroma a distancia y nuez,
sacó de su mochila un ojo y me lo regaló:
Es níveo. Es gris. Femenino. Sensual. Profundo.
Pestañas cortas. Ceja arqueada y delgada.
Una sombra tenue lo rodea, lo embellece aún más.
Debajo de él un blanco erosionado se extiende.

El anochecer es la última llama solar,
el despertar del poeta
, pestañea.

Entre llamas líquidas
una rana arrugada nos indica el camino hacia el adiós:
boa mecánica, amanecer artificial.

En casa, con los zapatos húmedos,
coloqué el mundo sobre algunos libros:

La imaginación debe mirarnos incluso mientras dormimos.

De Cadáveres en el armario, 2015
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3comentarios 69 lecturas versolibre karma: 86

Tarde de tormenta

Tarde de tormenta.
Tan solo han llovido
las jacarandas.


Foto: Angélica Portales (Flickr/CC BY-NC-ND 2.0)
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4comentarios 61 lecturas japonesa karma: 78

Llueve

Llueven besos por la tarde
roces al caer el sol,
caricias por la mañana,
y por la noche… pasión.

Àngels de la Torre Vidal ©
Cuartetas
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13comentarios 68 lecturas versoclasico karma: 90

La chica bajo la lluvia

Te ví tan sola que quise acompañarte,
olvidandome loco que podría lastimarte.

Pero fueron tus brazos los que supieron decirme que jamás yo podría al amor referirme.

Desde entonces no viajo ni rebusco entre la gente, las miserias del olvido se esconden frente a la muerte.

Aprendí de un silencio que me supo a escarmiento, tras el ruido del viento me dejé al descubierto.

Pero lo que nunca supe es que esa soledad tuya venía a decirme lo mucho que te esperaba.

Y en el agua salada de mis lagrimas pude atreverme a decirte ven conmigo a las nubes.

Quisiste decir que no, quisiste morir de amor, pues un final tan cuerdo no lo esperaba ni yo.

Ahora ya no estás sola, pues se te abrió la consciencia, y en las tardes de lluvia se te ve la inocencia.

Callad los que no lo saben, huid los que no lo entiendan, te ofrecí la paciencia del camino sabroso.

Y aunque de nada sirva, ni canten ya los ruiseñores, hoy sabes que por ciertos amores,
se pierde uno entre rencores.

Descubriste mi secreto, que es el de amar por dentro, si bien nunca te faltó un beso,
ni se olvidan los recuerdos.

Amor que te ví tan sola, que ni a punta de pistola yo podría arrepentirme de causar pasión y guerra en las fronteras del destierro.

Cada vez que tengo miedo te recuerdo enamorada, y es entonces cuando vivo el valor de tu mirada.

Ahora el solo soy yo, y nunca merecí la pena, tanto canto de sirena nos corto a los dos las venas.

Por eso te pido perdón, por tanto recuerdo lloroso, que aunque culpa no tuviera, se me hacía cruel el gozo.

Y sabes que nunca miento, ni tampoco siembro dudas, para que si quisieras a oscuras me dieras la voz desnuda.

Abrazame la ignorancia de no saber que te quiero, que con la piel encendida se mojaron las heridas.

Que no te reprocho nada, pues nada me hiciste mal, tan solo te quise estár y acompañar tu soledad.
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Susurros de lluvia

Me estiras el alma cuando sonríes,
y sus peregrinas memorias son infinitas..

Tu boca es como una plegaria concedida.
Y en algún verano sucumbió mi piel a tu sombra.

Sabes ocultarme
mejor que la oscuridad de una semilla.

Sabes respirarme
mejor que un beso lejano en la penumbra.

Con susurros de lluvia..
llevo tu voz a la boca, al vientre de un poema..
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14comentarios 124 lecturas versolibre karma: 93

Hostoria bajo el paraguas

.
La conocí solitaria
Como quien va por la vida
Siendo vulnerable
A la melancolía de la noche
Anhelante del refugio
Que portaba en las manos
.
Caminamos, hombro a hombro
Con el firmamento bajo los pies
Deshaciendo estrellas en el lodo
.
Compartíamos un ápice de calor,
El leve roce de las manos
La huida lenta
De los gelidos reflejos de la ciudad
.
Al final del camino
Nos bastó un beso, un adios
Desapercibidos en las sombras
Como dos perfectos extraños
Que devoró la noche
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"Lluvia púrpura"

Cae la lluvia púrpura
sobre cántaros de barro que sostienen
mis manos encallecidas,
esta noche mi sed es saciada,
descubriendo el amor que me aguarda.

Cae la lluvia púrpura
sobre mi cuerpo mallugado,
sanando profundas heridas,
alzando mi ánimo con alegría.

Escucho un susurro en mi corazón,
a solas o acompañada
en mi desierto que lo empapa
esta lluvia que no para.

Me lava con su agua viva;
agua eterna que escurre
de la cruz del cielo,
sobre mi y a todos a quienes ama.

Aún llevo los cántaros rebosantes
de infinitas gracias que embellecen
y salvan para toda la eternidad mi alma.


Cae la lluvia púrpura
sobre cántaros de barro que sostienen
mis manos encallecidas,
esta noche mi sed es saciada,
descubriendo el amor que me aguarda.


Enid Rodríguez Isáis
Estados Unidos
Mayo 2019.
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20comentarios 222 lecturas versolibre karma: 89

Un día de lluvia

Hoy brilla hermoso el sol,
las aves y sus gorjeos merodean afuera de casa. Tomando café, escucho esa voz interna que es la conciencia y algo más adentro en mí anhela que el día fuera nublado y frío, sin gente en las calles, ni mensajes en el móvil.
Que cada quien se encargara de vivir su propia vida y no jodieran la de otros.
Que la cellisca cubriera a la comarca y que los automóviles estuvieran aparcados en sus casas y no inundando la vía de pitidos, choques y un indeseable caos.
Dejar postergados los problemas emocionales y refugiarse en la lectura de cuentos de Antón Chéjov tomando té a sorbos y viendo de vez en cuando la ventana para encontrarme en el viento helado que juega con los árboles.
Estar arrellanado en un viejo sillón de cuero, leyendo, en momentos hilvanando versos,
sintiendo el frío invadir la estancia y seducirme, entrar en momentos en el sopor de las ceremonias de interior y sentir un pequeño contento de saber cuánto disfruto ser un hombre entregado a la vida de los libros, que un mercachifles que deambula por la ciudad angustiado por no encontrarse así mismo, bajo un sol que no es el suyo, y una tierra que no es la propia. Cómo quisiera que hoy fuese un día de lluvia...
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14comentarios 131 lecturas versolibre karma: 94

Tengo los pies en la tierra

Tengo los pies en la tierra
aunque la mirada en la luna,
tengo el corazón en el pecho
aunque late sin ritmo.

Veo a la luna tan cerca
casi la puedo tocar con mi mano,
siento que me acaricia
con la luz de plata.

Más que ser una ilusión
pues mis pies siguen tocando la tierra,
y mi piel aún está ansiosa
de sentir que la abracen.

Tengo los pies en la tierra,
y poco a poco las gotas de lluvia humedecen
empiezo a sentir que su firmeza se va,
y siento perder el equilibrio.

Miro a la luna con mis ojos llenos de humedad,
la tierra que pensé que era firme,
se ha desmoronado a mis pies y me hundido
tengo los pies en la tierra.

Pero la tierra nunca me tuvo
por no aprender a volar
dejé la luna escapar
y la tierra simplemente me mato.
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Encuentro bajo la lluvia

Era sábado, llovía desde muy temprano en la mañana, ya era casi las seis de la tarde y no escampaba.
En un claro, de esos donde disminuye la lluvia, pero que no dura más de cinco minutos, a zancadas llegue a la parada.
Con mi paraguas desarmado, enchumbado por completo, temblando de frío, a esperar un taxi o bus que me llevara.
Allí estaba ella, con la mirada pérdida, parada sobre la banca, tratándose de refugiar de la lluvia, bajo el techito de la parada.
Piel trigueña, ni muy oscura ni muy clara, ojos café, casi como guayoyo, del que tomé en la mañana; de blusa y pantalón blanco; un poco sucio se le notaba, debe ser por el trajín, pues a cualquiera le pasa, una marusa de fique, con algunas cosas adentro cruzada por la espalda.
Los zapatos, no se veía el color, supongo que era por la embarrialada.
Con el cabello largo y un poco alborotado, aunque con una cola hizo como que lo arreglaba.
Su piel erizada hacía notar el frío que tenía, pero ella muy bien lo disimulaba.
Me parece que la he visto varias veces, pero la verdad no sé dónde.
--¿Te mojaste?
Me preguntó, con una sonrisa en la cara. Como rompiendo el hielo que nos unía y separaba.
--¡Solo un poco!,
le conteste, con tono irónico y baje la cara.
Con un suspiro me reconforte de haber llegado al lugar donde ella estaba.
Al frente la calle, hasta al borde inundada, el agua corría como un río, por la fuera que llevaba.
A lo lejos se divisa que lo que viene es más agua.
Vuelvo la cara a ella y la miro, con otro suspiro, me calentaba.
--¿Cuánto tiempo tienes aquí?,
le pregunte
--Más de una hora varada.
--¡Es tarde!,
le dije,
--Casi cae la noche y no pasa nada.
Vuelve a llover muy fuerte, parece que se rompe el cielo o se desangra.
--¡No te mojes más!,
me dijo,
--sube aquí, no te haré nada.
Sonreí, me acerque, casi me caía de la banca.
Me sujetó por el brazo, me acercó a donde ella estaba.
Me recompuse a su lado, me presente y le di las gracias.
Me impregnó con su aroma de mujer hermosa, Olía como a flores de jazmín, una fragancia suave y dulce.
Se me erizo el cuerpo desde los pies hasta la cara. Ella lo notó enseguida, con una sonrisa me miraba.
--Estoy cansada, no pasan taxis, ni buses; algunos carros pasan volando, pero no se paran.
--¿Para dónde vas? -le pregunte,
--Para mi casa, si me deja el agua; es a tres cuadra larga, cruzas a la derecha en la encrucijada.
--Voy más lejos que tú, pero caminemos, total ya estamos mojados un poco más de agua no quiere decir nada.
Abrí mi paragua, o lo poco que queda de él, la invite a refugiarse conmigo.
Casi abrazados y poco a poco, tropezábamos en el caminar.
--¡Con permiso!,
me abrazó y dijo,
--Así es mejor la velada.
Mientras caminamos, charlábamos y reíamos como si nos conocíamos desde hace tiempo.
Se quitó los zapatos, los guardó en la marusa.
Cada carro que pasaba nos bañaba.
Me abrazaba cada vez más fuerte con el salpicar del agua.
Con lo alegre que andaba y lo feliz que me hacían sentir sus palabras, poco a poco me quitó el frío con sus abrazos y carcajadas.
Llegamos a su casa, ya era de noche, parecía que había gente que la esperaba.
Me dio su número de teléfono, me lo escribió en la mano.
--¡Me llamas!,
me dijo sonriente
-- quizás salgamos en otras circunstancias.
Con un besito en la boca se despidió, no paraba de sonreír con gracia.
Me marché más contento, dando saltos de júbilo, pues me alegró el corazón esa muchacha de la parada.
Cuando llegue a mi casa ya era tarde, gracias a Dios escampaba, pero se había borrado el número de mi mano.
No la vi más, la he buscado por todas partes, nadie da razón, nadie sabe nada.
Han pasado varios días, quizás dos o tres semanas, hice el recorrido, caminando desde la parada a su casa.
Toque la puerta, nadie salió, fui varias veces, ella no estaba.
Pregunte a una señora que en la ventana se asomaba,
le conté toda la historia de esa tarde.
--Yo lo recuerdo a usted joven, ese día bajo la lluvia, sólo, reía y caminaba.
Ella me decía que yo parecía un loco, pues al parecer con alguien hablaba.
Pero en realidad todos veían que yo solo andaba,
--No, pero si allí vive ella, en esa casa rosada,
--No hijo, allí no vive nadie, tiene más de tres años abandonada.
Quede impactado, entré en shock, con las palabras de la señora de la ventana, no creía lo que decía, la verdad, no entendía que pasaba.
Seguí buscando y preguntando y no conseguía nada. 
Las respuestas coincidían con la casa abandonada.
Hoy, han pasado más de 10 años y no se con quién caminaba, no sé quién me ilusionó, bajo la lluvia.
No dejo de pensar en ella, cada sábado voy a la parada, antecito de las seis de la tarde, con la esperanza de encontrarla. Hago el mismo recorrido, bajando hasta la casa rosada.
Hay quienes dicen ¡pobre hombre!, se enamoró sólo, en unas cuantas cuadras,
de una muchacha que no existe, quien sabe que espanto lo desanda.
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"La danza de dragones"


Nuestras lenguas forman
una danza de dragones,
entre la lluvia roja que arroja
ardientes perlas a la tierra,
buscando descanso
sobre un escondido lecho
en la bruma verde del ensueño.


Enid Rodríguez Isáis
Estados Unidos
Mayo 2019
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