Verso clásico Verso libre Prosa poética Relato
Perfil Mis poemas Mis comentarios Mis favoritos
Cerrar sesión

encontrados: 81, tiempo total: 0.004 segundos rss2

Placer innegable

Aún recuerdo cuando tuve en mis manos
el arco del triunfo,
Aún recuerdo como bordeaba con mis dedos
el designio pontificado,
de mis ojos.

Magia al instante
placer innegable
templo sagrado,
mi piel estaba adormecida
y fue, naufragar en tus agridulces aguas
para ahogarme con tu profundidad.

He saciado mi virtud
en las ondas sonoras de tu mar,
mis demonios han sido
desterrados por la furia
de tus vaivenes,
y he visto el sol renacer
en mis pupilas dilatadas.

Sexto poema de la serie: Diablo de los poemas
7
1comentarios 56 lecturas versolibre karma: 87

Yatziri

En el centro, una gran mesa arqueada iluminaba el recital. Los doce candelabros de oro y rubí, empotrados en la pared, simbolizaban los doce reyes del séptimo cielo, al igual que las doce sillas finamente decoradas, situadas a lado y lado de la mesa.

Delicados golpes se oyeron en el umbral de la eternidad. Un guía vestido de blanco rebosando juventud, se hizo visible.

Depositó sobre la mesa una jarra de vidrio cincelado y flores doradas, dejando caer sobre la misma, esferas de purificación de cuyos colores difuminaba paz y sanación. Sin más, dando vuelta, desapareció.

Aun costado del pasillo y sin ser vista, eso creyó, observó y percibió tan divina sensación. Viró en círculo exhalando amor. ¡Oh, dulce gratificación!

Casi que ininteligible, escucho una dulce voz. Una vez puesta la túnica, puedes ingresar. Guardó silencio. La voz se emitía en los cuatro costados del lugar.

¡Sus delicados labios fueron sellados!

Abrochaba a su hombro izquierdo la blanca túnica y ceñía sobre la frente la cinta negra de blancas estrellas, cuando divisó a través del cristal, que del extraño estanque de aguas acaneladas y aromatizadas flores, volaban diminutas mariposas y caballitos de mar de diversos colores que se adherían silenciosos a las almas yacentes.

Al borde de aquel estanque, una joven, de tez morena, cabello negro y lacio que tocaba su cintura. Ceñía en su cabeza una cinta blanca trenzada de diademas y pétalos de diversos colores. Era delgada e inmensamente linda. Su cuerpo soportaba un diminuto sujetador bordado de azahares, y una túnica amarilla reluciente bifurcada en dos, colgaba del sujetador y su cintura. Calzaba sandalias color café. No se comprendía, pues sus pies no tocaban el piso.

¡El encanto de la adolescente la hechizó! Ella, le hizo señas que se acercara. Tomándola de la mano vociferó: Recibirás, baños de sanación espiritual. “Seres de contrariedad circundan tu esencia”

En la orilla del estanque y con los pies sobre el agua perfumada. Dicha joven, vertió lentamente y sobre su cabeza , desde la flor de los mil pétalos y hasta la punta de sus pies y más allá, el contenido de la jarra cincelada. Una a una, diminutas y luminosas esferas deslizaban, traspasando el cuerpo físico y espiritual. Al caer sobre el agua, bifurcaban en una multiplicidad de divinos colores, no vistos por el ojo humano

“Tus dones han sido revitalizados” manifestó.

Amplios ventanales permitían alcanzar elevaciones espirituales en su máxima intensidad. ¡El mundo y la eternidad! ¡Alma y espíritu, divina fusión!

YATZIRI, flor del rocío, doncella de la luna, sabiéndose protegida, desveló el fino lienzo que separa el mundo onírico de la real inmensidad.




Imagen tomada de la Revista Criterios y Valores.


Luz Marina Méndez Carrillo/04052019/Derechos de autor reservados

6
2comentarios 36 lecturas prosapoetica karma: 74

El cuarto azul

Era una casa antigua, con un patio extenso y largo. En el centro de dicho patio, se encontraba una alberca con acabado de ladrillo y una pequeña fuente, la cual cumplía doble función: por un lado, era ornamental y ambiental, y por el otro, lugar de reunión de las mujeres del hogar para lavado de la ropa. Vivía en esa casona, una niña de cuatro años de edad.


Una habitación de dicho inmueble, se había arrendado a una familia integrada por padre, madre y tres hijos varones. Ésta señora, sentía un amor casi maternal por la chiquilla, y en aquellos impulsos, decidió hacer para la nena, un vestidito. Dicha prenda, tejida con amor y una cadena sucesiva de diminutos botones de diversos colores y pequeñas estrellas.


Doña Magda, como se llamaba, colocó la prenda de algodón en el cuerpo de la pequeña. La nena, de piel blanca, cabello dorado y ojos cafés. En el cenit del astro rey, se le miraban de un verde intenso. Era muy, pero muy inquieta.


La madre de la pequeña, matrona en el lugar, agradeció con un gesto el presente.


La chiquilla, cantaba en su corazón melodías de amor, y a la vez, recorría de forma cíclica, el patio de dicha casona, jugando con sus rizos dorados y una sonrisa en los labios. En ese vaivén, el encaje azul y rosa adherido de estrellas, quedó prendido en una puntilla tachonada en la pared. La niña se asustó al ver su vestido roto y la cadena de estrellitas en el piso. La madre que la observaba se abalanzo sobre ella, la tomó del cabello y le espetó tres garrotazos. Para dicha matrona, huérfana desde los tres años, le era difícil entender, que la alegría, espontaneidad e inocencia, es propia de los niños.


Doña Magda, al escuchar el llanto de la niña, salió apresurada del cuarto y detuvo la ira de la matrona, implorando piedad. “ Yo lo arreglo” le decía. Quitó del pequeño cuerpo dicha prenda y cambio las estrellitas por diminutos corazones.


La niña, escondida a un costado de la alberca, observó a través de la larga enredadera, asustada y con los ojos aguados. Su corazoncito temblaba. ¡Su más preciado regalo yacía en el piso! ¡Diminutas y brillantes estrellas reflejaban su dolor!


Esta niña poseía un don especial. La imaginación propia de los niños, en su alma y su mirada, se vio cristalizada y mil veces dimensionada.


Un día, que la navidad permeaba en el firmamento, encontró cerca de su casa, una carita de muñeca hecha de caucho. Tenía ojos azules, piel blanca y unos labios carnosos. Aún conservaba varios mechones de un color violeta intenso.


Esa casa, amplia y a medio construir, tenía una cocina de carbón. Después de la comida, todos los viernes, una vez la madre alzaba la loza, el padre, al abrigo de la brasa de la estufa, contaba sus vivencias e historias de miedo y espantos a los pequeños moradores del lugar.


En la parte de atrás de la vivienda, se levantaba unos barrancos de tierra en los que ella jugaba, soñaba, vivía y moría a la vez.


¡La belleza de la sacra inocencia que todo lo puede, le permitía divagar por mundos desconocidos! Percibía, sentía y veía lo que otros no.



A la edad de cinco años, su madre salió de compras a un lugar lejos de la casa. La chiquilla quedó sola.


Sentada sobre la cama, espero como siempre, la bendición que abría sus ojos espirituales a la imaginación, y por ende, a la magia bella e imperceptible.


De repente, por la ventana del cuarto que da a la calle, se filtró un rayo de luz invadiendo de un azul intenso ese lugar. La niña se llenó de felicidad.


Ese hilo de luz, iba dibujando a su paso, un camino que se alzaba perpendicular a su propio nacimiento. La chiquilla se incorporó y subió por el sendero trazado hasta desaparecer de la vivienda. Caminó y caminó siguiendo la señal que conducía a un bosque frondoso y desconocido.


¡Esa extraña fusión de miedo, soledad y alegría pintaba su rostro de una sutil melancolía!


A la distancia escuchó una algarabía. Parecía provenir de mucho más adentro del bosque. No supo si seguir o retroceder.


En un santiamén, se vio rodeada de pequeños colibríes y ardillas del bosque. Estas criaturas, le hablaron en un lenguaje que solo ella podía dilucidar. El manto azul que cubría el firmamento se tornó cristalino y una suave brisa en forma de pañuelo abrigó su cuerpo.


Avanzó unos pasos y un racimo de piedras preciosas de diferentes tonalidades se miraban en el piso. Tomó una y quiso saborearla. En ese momento, un fuerte viento la halo con fuerza retrocediendo a gran velocidad, quedando nuevamente sentada sobre la cama.


Una llave se introdujo por la rendija de la puerta, y su madre la observó con extrañeza. ¿Por qué la risa? Preguntó. La pequeña Yatzhiri no contestó.


Un suspiro en el aire y la esfera luminosa se deshizo entre sus dedos.



Luz Marina Méndez C/20/05/2017/Derechos de autor reservados.
8
4comentarios 62 lecturas prosapoetica karma: 77

La cuna cóncava de madera

Como si fuese otoño, las hojas de los árboles caían sobre la cuna cóncava de madera. El viento soplaba como lo hace en la noche: dulce, apasionado, y a la vez , salvaje.


Dentro de la cuna, la chiquilla gemía en un tono lastimero y casi que silencioso. El rostro de la madre, se había reemplazado por uno desconocido, que generaba a su alma y pequeño cuerpo, temor e inseguridad.


¡El velo traslúcido que cubría la cuna ahogaba el alma!



Envolvió su cabellera en una pashmina oscura. Su bata larga e igualmente negra, le daba extraña apariencia. Mecía la cuna una y otra vez con su mano izquierda, mientras, con la derecha, llevaba a la boca un cigarro.

¡El sol abrasador devoraba las horas, y el aire liviano se tornaba áspero, presagiando horas eternas!

La nena de meses de nacida, se diluía bajo la manta blanca, hasta perderse de la mirada fría que de reojo la vigilaba. De tanto esperar, cayó en el limbo onírico.

El vaivén de la misma, fue perlando en sus sueños un mundo delirante de diversos colores.

La madre, una mujer de estatura baja, tez morena y cara bonita, no se miraba a la distancia. A lo lejos, yacía recostada en una cama de hospital.


Aquella mujer, alta, mirada seca, rostro pálido y feo, permanecía adherida a la cuna. Al calor abrasador, recostó su cuerpo sobre una silla cercana, dejando caer el brazo que entre sus dedos jugaba con el cigarro.

La manta blanca se tornó pavorosa cubriendola totalmente. El aire en su mágico vaivén, giraba en extraño zigzag. La temperatura ascendía y el humo del cigarro en su agonía, tapaba la visión.


De pronto, el árbol gigante que proyectaba sombra a la cuna, abrió sus fauces, y la nena desapareció. La doña en su plácido sueño no se percató.

¡Un aire mágico, casi místico, moraba dentro del gran árbol!

La cuna que minutos antes yacía adherida a la tierra, giraba en círculos lentamente hasta levantarse del piso.

El miedo presa de su angustia feneció, y la pequeña se incorporó. Desde allí, estampó en su alma, ese pedazo de cielo, ese regazo de amor divino, que a partir de ahí, identificaría el color de su existencia en ésta tierra.

El artefacto de madera se cubrió de un halo blanco con diminutas mariposas de vivos e intensos colores. Tomó entre sus dedos la más esquiva, e ipso facto, cobraron luminosidad, y el manto blanco se tornó dorado. De la cuna cóncava se desprendían campanitas de oro fino que entonaban deliciosa melodía infantil.

A lo lejos, vio venir lo que parecía un ángel. Su rostro angelical de mejillas rosadas, cabello rubio y ojos azules, le brindaron tranquilidad. Levantandola, la extrajo de la cuna.

Se recostaron sobre el césped mágico.

El tiempo se detuvo al igual que la cuna. De pronto, un sonido como de reptil se escuchó en el aire, y un diminuto dragón se divisó a lo lejos. Sus ojos y patas eran como la sangre y su plumaje como el oro; se estaciono de frente. Abrió sus fauces y lanzó sobre el césped una llamarada.


Del impacto se enredó en la sábana y cayó sobre la alfombra. ¡Sudaba a chorros! ¡De los pliegues de su corazón rodó una gota mezcla de amor y fuego! La bata traslúcida que cubría su cuerpo, dejó entrever sus hermosos pechos .

Esa noche y desde lo onírico, la verdad le había sido desvelada.


* Dibujo a mano izquierda de la suscrita.


LuzMarinaMéndezCarrrillo/28042019/Derechos de autor reservados.
5
2comentarios 51 lecturas prosapoetica karma: 65

Hokku

Risas lejanas
abanicadas al sol.
El verano vive.
15
1comentarios 41 lecturas japonesa karma: 81

Mágica Poesía

Un verso secuestró mi alma
sin darme cuenta.

Por la noche mientras dormía,
se introdujo en mis sueños y fue
invadiendo poco a poco mis
pensamientos silenciosos.

Y surgieron palabras desordenadas,
como una caja de pandora,
sorpresivamente brotaron y corrían
de un lado a otro, chocando entre sí
sin saber de dónde venían y a dónde iban.

Hasta que el verso miró a una gran
multitud de pensamientos, todos
desorientados. Y comenzó a tocar a cada
uno con la suave y melodiosa voz de calma.

Entonces las palabras y pensamientos
respiraron hondo, llenaron sus pulmones
de aire y poco a poco todo se fue
ordenando hasta encontrar su lugar,
sintieron alivio.

El primer pensamiento fue cálido
y callado, más no mudo, porque
empezó a hablar con mesura, tenía
la cara de ángel lleno de ternura.

Éstos actuaban en sincronía,
parecían una mágica pareja de
baile, bailando una melodía que
solo en sus oídos se podía escuchar.

Y el verso comenzó a interpretar
aquello que había estado dormido,
olvidado y no comprendido…

El verso tomó forma viva y surgió
la primera estrofa, encantadora
y así la segunda le siguió, hasta
completar los versos, hechos
de pensamientos y sentimientos
más claros y limpios como el agua
de un manantial.

Estos tenían manos, boca, ojos, oidos
y plasmaron en la hoja de papel,
con tinta de color quietud, un bello poema,
el cual, en este instante acabas de leer…


Letizia Salceda,,,
leer más   
23
15comentarios 84 lecturas versolibre karma: 102

Soplo

Desde el primer encuentro
magia en el momento,
un rayo atravesó
mi pecho, mi vientre,
¿quién quiso que te encuentre?
¿El destino?
¿El Dios divino?
¿Y por qué te puso tan lejos?
Y yo viéndome a diario en el espejo
las hueyas de tu ausencia
que como una penitencia
el sueño me arrebatan.

¿Por qué, Inspiración, no me tocas
como del ave una pluma,
y luego te esfumas
para después volver
y besarme hasta el amanecer?

¿Díme Inspiración,
por qué no estás
a la vuelta de la esquina,
por qué tienes que doler, que arder,
humillar al corazón?
Yo le pediré a Quirón
que hasta tu casa me lleve,
y allí hasta el cielo se eleve,
la rima, el canto, la poesía,
con el perfume de tu cercanía!
leer más   
18
17comentarios 71 lecturas versolibre karma: 103

Azul

¿recuerdas lo salones fríos?
¿los pasillos en la mañana?

¿recuerdas nuestros pasos primerizos?
¿el mural dónde me besabas?

¿recuerdas la vida en ese tiempo?
¿a esa edad?

pues aún te veo
siempre te espero ahí

te visito en esos recuerdos
nos miro de lejos

y soy el más feliz...
10
3comentarios 89 lecturas versoclasico karma: 90

Llevan magia

.
Porque no quería rosas
para ver su muerte trágica
marchitando poco a poco su pasión
porque no era el tiempo de girasoles aún
porque ellas llevan magia en su simpleza
fragilidad, y cuando vuelan, llevan a veces
algún sueño en sus semillas
hasta adonde el viento
la quiera en sus manos dejar
para hacer raíces
de otras flores de panadero
nuevas, iguales, sutiles, silvestres
sin necesitar perfume, ni colores
para coquetear…


soundcloud.com/lola-bracco/llevan-magia-corto (Lola)

..
15
6comentarios 148 lecturas versolibre karma: 82

Pequeña hada

Para Tatiana Arely Valdez H.

Extiende tus alas, pequeña hada,
y vuela tan alto como quieras;
muéstrale a los faunos y quimeras
la belleza oculta en tu mirada.

Si un día la esperanza perdieras
(y sintieras que no vales nada),
busca en tu interior la luz llamada
Amor, hasta que al maleficio hieras.

Vive intensamente, pequeña hada,
disfruta el color de otras esferas,
haz de los inviernos primaveras
y nunca pierdas tu magia alada.

Si una noche a la Luna no vieras,
sueña entre las nubes hechiceras.

De Versos perdidos, 2011
leer más   
8
4comentarios 75 lecturas versoclasico karma: 82

Transformación

Mirando las flores he comprobado
que mi mundo entero se transformado
colores que no había visto he observado,
frescores nuevos mi piel ha captado

En la mañana me he despertado,
lleno de energía me he levantado
Hasta el café se ha endulzado
y mi corazón palpita alborozado

Por mi ventana yo he observado
un amanecer de reflejos dorados
Nada de lo que era,se ve como antes
todo,todo se ve de modo brillante

Hasta una piedra que he encontrado
como gema preciosa he atesorado
Y extraños sonidos mi oído capta
es mi jardín que, hoy también canta

Incluso al respirar el mismo aire,
lo siento puro como nunca antes
Y en el cielo como algodones
las nubes dibujan corazones

¿Qué le ha pasado a mi mundo?
¿Si es el mismo que ayer estaba?
Algo ha cambiado en lo profundo,
algo nuevo que no asomaba

Y tengo claro que no es locura
aunque se le parezca un poco
Es realidad,no me cabe duda
y por lo tanto, no estoy loco

¿Pero cómo explico esta maravilla?
En esta mañana en que todo brilla
Y no paro de mirar extasiado
el nuevo mundo que se ha creado

Pero rápidamente caigo en la cuenta
que este milagro tiene explicación,
una que todo este cambio sustenta,
y que sólo entiende mi corazón

Todo este mundo nuevo y brillante
lo creaste tú, sólo en un instante
Al pronunciar un mágico conjuro
que expresaba sentimiento puro

Y ese conjuro es necesario ahora revelarlo,
porque lo maravilloso no hay que ocultarlo
Por eso con mi corazón y mi alma proclamo:
Todo surgió cuando tú me dijiste “Te amo”
leer más   
12
7comentarios 85 lecturas versolibre karma: 129

Otredad

Tu nombre es la mágica luz alada
que ilumina al ocaso con su encanto,
presencia y ausencia de ti, de ti, haz en canto,
de ti, espacio, de ti, tiempo, de ti, hada.

Ángel a brisa risueña encantada,
tu nombre hechiza y transforma el quebranto
en unicornios exentos de llanto
cuando ando y no ando en la mar desbocada.

Ayer tu nombre, tu nombre presente,
mañana tu nombre en lo indescifrable:
amanecer azul, claro, sonriente;

atardecer violeta, inolvidable;
anochecer carmín, plácido, ardiente:
Es tu nombre, imagen inigualable.

De VII Poemas para un hada, 2016
leer más   
13
9comentarios 84 lecturas versoclasico karma: 110

Te daré la luna

Te daré la luna
disfrazada de poema
tan llena de amor
haciéndonos
en él cada verso
amando en metáforas
sus letras…

Te daré su luz, sus faces
y cada cuarto creciente
y menguante, hasta apagarnos
al cerrar los ojos luego de amarnos
humanos y salvajes…

Te daré los versos de sus noches
los aullidos que lejanos llaman
a su amante, para hacernos cuento
leyendas que se suceden entre las luces
y las sombras de las mágicas noches…

Y me darás tu corazón tan tierno
y tu mirada diciendo mi nombre
me abrazaran protegiendo
mis sueños tus garras
me amarás cada noche
cuando la magia
te haga mi hombre…

Te daré la luna
la que alumbra desnuda
y perfecta, aunque robe del sol
su reflejo, para poder curiosa y celosa
desde el cielo, ver hacernos el amor…

soundcloud.com/lola-bracco/te-dare-la-luna-disfrazada-de (Lola)
.
24
4comentarios 142 lecturas versolibre karma: 114

La novia del mar

La novia del mar, me llaman
me dicen que dicen cuando los escucho
y me ven al pasar, cada día vestida de blanco
al borde del altar entre rocas a su abismo
donde me espera y yo lo vengo a visitar…

La novia eterna, que besa su bruma
que no teme a sus olas de tormenta
que a veces me empapan, como queriéndome
llevar…

Enamorada de todos sus colores
de sus días nublados, lluviosos y radiantes
de soles…

Hechizada de la magia
con que la luna sube y baja
su marea cuando está llena
y celosa los vengo a espiar…


La novia del mar
dicen al verme cada día
y no saben tu secreto y el mío
ni de como reímos, lloramos
o compartimos el silencio
cuando no queremos hablar
el mirarnos cada uno en su a
bismo
sin poder escapar…

soundcloud.com/lola-bracco/la-novia-del-mar ( Lola)
23
12comentarios 230 lecturas versolibre karma: 140

Magia

Viví mucho tiempo creyendo que la magia no existía.
Hasta que creí encontrarla en una vida simulada.

Aprendí...

... que las luces que deslumbran solo conducen al lugar vacío

... que la mentira más cruel es la que se susurra al oído

... que un error no cambia lo que eres

... que hay quien te arrastra al fango, pero no puede impedir que aún desde allí veas las estrellas.


Aprendí...

... que de todo se aprende

... y que la verdad se esconde en el abrazo eterno de los que se sienten afortunados de que formes parte de sus amaneceres.

Viví mucho tiempo tratando de adivinar el truco.
Hoy solo vivo para dejarme llevar por la magia.
18
6comentarios 121 lecturas prosapoetica karma: 109

Desenlace

Aparece el mago suspiro.
Toque.
De chistera.
Redoble en abracadabra.
A golpe de varita,
busco una salida.
Equivoco el sentido,
la única,
es hacia dentro.
Tres cuartos de arena
y soy incapaz de decir nada.
Aunque no dejo
de hablar por los ojos,
que pueden más que mi boca, sellada
por el último verso que me diste,
antes de que todo saltara
por los aires.
Palpita el pobre acongojado.
Transfusión a medio ritmo
entre el hecho y nuestro lecho.
Tablas para terminar la partida.
Borrón y hoja nueva.
Pronto llegará el otoño.
No hay narrador
que aguante esta historia.
Si dos perdidos
incrédulos creyentes en la fe
y esta
no siempre mueve montañas.
Ilusionistas del verbo,
mientras nos quitamos la ropa.
Los muebles del salón
danzan con sabor a despedida.
Los miro de reojo,
en súbito desafío vuelven a guardar silencio
y polvo.
No quedan velas para este encierro.
Siempre fuimos más de a oscuras.
Allí, todo se ve de color.
Cuando todo es demasiado
y es lo mínimo a ofrecer.
Por eso he decidido no
ser menos
y bailar con mi sombra
que no me pisa nunca,
aunque siempre vaya descalza.
14
12comentarios 99 lecturas versolibre karma: 115

Magia

Hazme un truco con tus manos,
que me hechice tu mirada,
cautívame con embrujos,
con sortilegios de cama.

Sedúceme con suspiros,
aliento de nigromancia,
alquimista de mis sueños,
la Reina de mi baraja.

Mi piedra filosofal,
mi sibila, bruja, mi hada,
el ritual de mi pasión,
del amor, conjuro y ánima.

Embrújame con tu cuerpo,
y que éste sea la cábala
que revele los deseos
y te desnude hasta el alma.

Anhelo un encantamiento,
hazme hipnosis con palabras,
fermentadas en tus labios,
que en tus besos brote magia.
10
4comentarios 75 lecturas versoclasico karma: 105

Un paseo para recordar

Me acerco a la Naturaleza
y ella juega a sorprenderme.
Un instante de luz
detiene por un momento
el mundo.
Sin ser gaviota,
puedo sentir la
brisa del viento,
la melodía del río
y contemplar el universo
en su agua cristalina.
Cierro los ojos,
me acaricia la mirada,
los sentidos.
Me siento tan diminuta
en esta gran maravilla.

Foto: @danicastillo133
leer más   
10
4comentarios 143 lecturas versolibre karma: 31

Domingos

Los domingos y su magia,
último día de la semana,
día de finales
o de proponer comienzos.

Día de arrepentirse, de olvidarse, de encontrarse, de salir a dar paseos o de volver a emborracharte.

Día de películas, café y libros,
de sofá y manta o de montaña.

Entrar en depresión por afrontar una semana más
(o saltar de alegría, qué más da).

Rutina. Otra semana más.
Domingo. Por favor. Llega ya.

Día de espacios en blanco, de recordar,
de tumbarse en la cama y ver las horas pasar.
Cuando te das cuenta,
ya no queda domingo que celebrar.

Pero tú...
Qué magia tiene(s) (en) los domingos.
9
1comentarios 112 lecturas versolibre karma: 50

Hechizado

Un frío intenso le calaba hasta los huesos. El abrigo de paño fino de Samantha, no servía para aplacar la tiritona, que hacía chasquear sus dientes. Después de una noche atroz, donde hasta el Alma que no tenía quedó hecha trizas, la desapacible mañana en Bruselas, estaba resultando ser un auténtico martirio. Al frío se unieron las primeras gotas de lluvia, de este mes de Febrero que comenzaba. Aceleró el paso, las gotas cada vez más frecuentes, aventuraban que iba a caer una buena. Además, debía llegar a tiempo para deshacer el hechizo. Quizá, sólo así podría recobrar la paz. La paz eterna. Como eterna estaba siendo su desdicha.
En sus recuerdos, se aglutinaban varios siglos vividos de tormento. Jamás, en todos ellos, consiguió un amor duradero. Anoche, su querido Liam, le confesó que estaba enamorado de otra mujer. Recogió sus cosas y se marchó del apartamento que compartían. Así, sin más, de nuevo y después de un año de relación, volvía a estar sola. Sola por toda la eternidad. Ese debía de ser su castigo. Un castigo impenitente, para una bruja que siglos atrás, cometió un error, castigando a un niño que no dejaba de importunarla. “¿¡Cómo podía saber, que ese niño, era sobrino del célebre brujo Glanmore Peakes!?”
Anoche, después de que Liam se marchara para siempre y ella quedase, una vez más, en la desesperación que le producía verse de nuevo abocada a la soledad; recibió una visita. Un ayudante del brujo, hombre de baja estatura y contrahecho, le descubrió el motivo de su infortunio en el amor. Si quería recuperar el amor de Liam, debería deshacer el hechizo que hizo siglos atrás, al sobrino de su jefe.
Ahora ya lo sabía, conocía el motivo de tanto tormento y estaba decidida a recuperar la paz. ¡Por fin sabía cómo conseguirlo!

La lluvia arreciaba. Había poca gente por la calle y la que había, caminaba deprisa en busca de refugio. Le pareció que esta circunstancia facilitaría las cosas. Que el lugar estuviese limpio de curiosos turistas, le ayudaría a que todo se desenvolviese con mayor discreción.
Por fin, llegó al pequeño rincón, donde se situaba la fuente rodeada por una verja. En lo alto, la pequeña estatua de sesenta y un centímetros. La figura de un niño desnudo, orinando dentro de la fuente.
Después de tantos siglos, recordaba el momento en que, con un conjuro, lo convirtió en estatua. “Ya nunca más lo encontraría orinando en la puerta de su casa”, se dijo. ¡Cómo disfrutó contemplando su obra… y cuánto lo lamentaba ahora…!
Miró a su alrededor. La lluvia era aún más intensa y se encontraba sola y empapada frente a la estatua. Sacó de su bolsillo, la pequeña y vieja varita, que hacía tiempo se prometió no volver a utilizar. Cerró los ojos mientras el agua mojaba su cara y susurrando unos sortilegios ininteligibles, giró la varita dos veces en el sentido de las agujas del reloj. Un instante después, al abrir los ojos, vio al niño bajando con dificultad del pedestal. Tras ella, sintió una presencia y su aliento en la nuca.
- Vete, ya has hecho lo que debías.
Sin mirar atrás, siguió su camino. Al girar la calle, resguardado bajo un porche, vio a Liam. Con la bolsa de su ropa en el suelo y entre las piernas, tenía los brazos cruzados y la mirada perdida.
Corrió hacia él.
- ¿Volvemos a casa? -Le dijo.
Liam, la miró confundido.
- No sé qué estoy haciendo aquí, ni porqué llevo toda mi ropa en esta bolsa. Sólo sé, que te he echado de menos.
Ella, le besó en la boca. Y tirando de él, corrieron juntos bajo la lluvia camino a casa.

A la mañana siguiente, después de una noche de amor maravillosa, Liam despertó a Samantha, llevándole el desayuno a la cama en una bandeja, junto con una flor colocada sobre el periódico.
Se recostó a su lado. Ella tomó la flor y agradecida, lo besó tiernamente.
Después Liam, cogió el periódico mientras ella daba cuenta del desayuno.
- ¡Vaya! Han robado el Manneken Pis. -Dijo viendo el titular de la portada. – “Parece ser que la estatua fue sustraída durante la mañana de ayer. A pesar de que el robo, sucedió a plena luz del día, nadie fue testigo de lo ocurrido.”– Siguió leyendo.
- ¡Qué cosa más rara!
- Tampoco es tan extraño, ayer llovía mucho y la calle estaba desierta. Fácil que nadie viera nada – Dijo Samantha
Liam, se encogió de hombros. Poco recordaba de lo sucedido, desde la noche que salió de casa con su ropa metida en una bolsa. Por otra parte, había decidido que no le importaba. Estaba donde quería estar; junto a ella.
- Será eso, brujita mía. ¿Sabes?, yo nunca voy a desaparecer. Estaré contigo para siempre.
Samantha, lo miró con dulzura. Seguramente él, nunca sabría el verdadero sentido de la palabra “siempre”. Pero si esta vez su relación de amor funcionaba, un día tendría que explicárselo todo. Un día tendría que hacerle entender, que sí… que de verdad... era una bruja.



Publicado en Gente Yold, el 11/Marzo/2017
7
4comentarios 68 lecturas relato karma: 63
« anterior12345