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No recuerdo un octubre tan invierno como este

Me mata el frío.
Corre mi valentía —también llamada
imprudencia— hacia la ventana.
La abre de par en par, se asoma y mira:
todo es hielo, quema, duele.
No comprendo lo que no quiero
entender.

¿Por qué no seré gazania abrazada
a sí misma en la noche,
a la espera de luz siempre nueva
cuando amanece otro día?

No recuerdo un octubre tan invierno
como este y, sin embargo,
arden brasas en mi pecho, todavía,
porque es cierto que no llego a acostumbrarme
a lo gélido de ahora, pero llevo la memoria
apretada entre los muslos
y recuerdo, claramente, lo que nunca
ha ocurrido, pero siempre he deseado.
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8comentarios 72 lecturas versolibre karma: 136

Arraigada Nitidez... (Experimental)

ARRAIGADA NITIDEZ
.((Experimental)).

Con la memoria
paternal
De la madera
Creían atarse cien sentimientos
Azulados desnudares alentados
En
Aquéllo
Qué
Húmedo el nogal observa
Por el aliento
Claveles rosados
en la piel verter
después del alma
jadeantes... Del después...¡Quién sabe!
Entre
La sombra carcomida en mansedumbre
Pechos y latidos
¡ Relámpagos !
Del agua
Entretejidos
La lumbre qué al llorar pudre
Agua y fuego
En la barba de los lirios
Creían atarse
Lo que fueron

Campos florecidos, simultáneos amoldares
Atónita la frente, estelares las rodillas
¡ Escriben en criptas en copto,
copos granates y tabacos despreciados
al rumor amenazando...!
Arraigada nitidez
Las memorias del espejismo aventureras
Las señales sin patria del alabastro
¡Sórdidos terciopelos incoloros!

Al ritmo clandestino
De los tórridos relojes
¡ Nitidez arraigada !
En las noches sonámbulas de lunas
Nitidez
En las brumas escarpadas del canguro
Arraigada
En las blandas arpas del antílope
Nitidez

En los nidos sonoros del pino
Esgrimires
Del anfibio cañas
Dulces moviéndose
¡Más agudas las cicatrices!
Limpias se ofrecieron
Al verter
Después del alma
Nuevamente
Sus ritmos
Naturales animosos alentando

Por
la honda superficie de las cúpulas patéticas
Por
las almas ambulantes del arrecife
Por
El iris de la sal teñida lágrima
¡Qué lo fugaz delata inundando!
Las arterias...... Vertiginosas de la espuma
Al
Romper
El
Viento
Con
Las
Plumas

....Autor: Joel Fortunato Reyes Pérez.
(Tanto del texto como de la imagen)

Lea más: www.latino-poemas.net/modules/publisher/article.php?storyid=10596 © Latino-Poemas
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Batlle siempre me ha recordado a batalla, supongo que por su espíritu incansable de luchadora

"Nosotros no somos de madre capitalista. Nosotros somos de madre obrera."


Avanza por el pasillo con el sumo cuidado de los pasos indecisos que buscan pisar sin caer, sin perder el equilibrio al borde del precipicio que es el vacío del fin de la memoria. Y yo, al verla alejarse así cada vez que me da las buenas noches, como que intento hacer memoria por ella, y recordarle continuamente a qué día estamos, qué instante de la semana es mañana y preguntarle si ha tomado las pastillas, los polvos y el jarabe, en ese orden, pero al revés, consciente de que si no la regaño cada día por la cantidad de comida que sobra nadie lo hará, pero intentando hacerla entender y razonar, porque los gritos nunca sirvieron de nada para educar y ella, tirando de refranero popular lo sabe y me mira y me lo recuerda: Que por un oído me entra, y por el otro me sale.

Que la nevera nunca esté vacía, y la despensa siempre llena, supongo que es la herencia directa de una posguerra que dejó más miseria que toda la grandeza moral que nos vendieron que iban a instaurar durante la última cruzada de la cristiandad, que por desgracia, tuvo que tener lugar en nuestro país. Cuando nos sentamos a cenar y ve alguna noticia de actualidad y me pregunta que este de quienes son, y yo le digo que es Garzón, que es de los rojos, de los nuestros, de los del Padrí; y ella sonríe, se ríe, y asiente con la cabeza, y dice, como me dice cada vez que voy a una manifestación, que al Padrí le habría gustado conocerme, que era de los suyos, de los que creen que vale la pena cambiar el mundo, y yo sonrío, y le digo que lo sé, que a mí también me habría gustado conocerlo, y es verdad, a veces echo de menos no haber conocido a ese bisabuelo del que solo tengo como recuerdo un recopilatorio de prensa soviética que se llama como el satélite Sputnik, pero en castellano -los artículos, no el nombre-.

En momentos como ese, ella hace memoria y me cuenta como iba a ver a su padre a los campos de concentración, a mí me llama la atención su conciencia de la situación vivida y como no llama cárceles, sino campos, a esos lugares en los que internaron a todos los luchadores por la democracia y la libertad que cayeron a manos del franquismo. Continúo, que me voy por las ramas. Ella recuerda, y entre esos instantes de su niñez, siempre me cuenta como a veces a los presos los dejaban nadar en la playa y me cuenta, con la ilusión de una niña, como lo veía saltar desde lo alto de una cala y zambullirse en el mar. ¿Pero tú sabes la altura qué era? ¡Como diez metros! ¡Y saltaba y hacía CHAF! Acompasando la explicación con grandes gestos, para ensalzar la magnitud de la hazaña.

Otras veces hablamos de la política y me pregunta que qué ocurre en Venezuela y yo le digo que gobierna el pueblo y a los ricos eso no les gusta y ella me dice que claro, que a esos nunca les gusta, que por eso hubo una guerra civil aquí, porque los que mandaban querían seguir siendo ricos. Y se queda pensativa mirando el infinito, y como pasándolo mal al recordarlo, pero consciente de que debe contarlo, me explica como un día vinieron unos con camisas azules a buscar a su padre. Que petaron en la puerta, y su madre, les mandó a ellas y a sus hermanas esconderse bajo la cama en la habitación. Vieron sus pies, y en medio de la noche se llevaron al Padrí. Y a ellas les tocó pasar hambre, más de la que pasaban, hasta el punto de tener que comer las mondas de las patatas si no siempre, sí con frecuencia.

Cuando me lleva al cementerio yo la sostengo del brazo, sé que necesita llevarme de vez en cuando, como mostrándome los procedimientos de esa especie de ritual con el que rendir cuentas con los que ya no están, y a ella eso le hace ilusión. Y cuando lleva mucho sin ir porque ha estado mal de la pierna o de la cadera, pide perdón y les lleva las flores más bonitas que encuentra, como excusándose por haber faltado a su cita semanal. Camina con calma, me pide que coja una regadera y se dirige a la tumba de su marido, la riega y la limpia, como cuidando todas las arrugas que no pudieron envejecer juntos, hablándole en catalán y en voz baja, contándole todas las novedades, y que mira, que ha venido el vigués, el nieto de Manolo, que que grande está y cómo cuida de su abuela, que qué bien que lo pasamos juntos, que la espere una miqueta, que todavía le falta para reunirse con él.

Después recorremos el cementerio, a mí siempre me han parecido lugares fascinantes y me pierdo observando los mausoleos, las fechas de las tumbas y respirando todos los recuerdos perdidos que viven entre los que ya no están por acá. Giramos en una esquina y luego en otra, y llegamos a la antigua zona republicana, ahora es una zona más, pero siempre me ha parecido bonita la idea de que mi bisabuelo esté allí, como una forma sencilla, pero importante, de recordar que se dejó la piel en el Ebro, en la cárcel y que se salvó de la muerte por un azar del destino, porque las celdas estaban llenas y porque España necesitaba mano de obra y Franco decidió que era mejor el indulto, que ya habían aprendido a callar, aunque siguiesen gritando en voz baja y escupiendo cada vez que pasaban al lado de los del club de Hípica, que eran todos falangistas de los de camisa azul en domingo.

Y nos detenemos frente a la tumba, y otra vez la conversación en catalán, que mira tu bisnieto, que es como tú, que ojalá lo hubieses conocido, porque es de armas tomar. Y que me riñe siempre, pero lo hace por mi bien y porque me quiere, y que lo pasamos bomba juntos y que está con una chica muy riquiña y muy maja, que viene mucho de visita. Que en muy poco estoy con vosotros, pero esperad unos años más, que los quiero ver juntos. Y no lo dice, pero yo estoy seguro de que lo piensa, que no se quiere ir hasta que me vea mayor, porque para él sigo siendo un niño, de 24 años, pero un niño al fin y al cabo, y que no se puede ir hasta que hayamos reído tanto como para no olvidarla.


Y luego volvemos, y vamos para casa, o al médico, o a la farmacia, y subimos las 95 escaleras de su casa -se sabe bien ese número y siempre que puede nos lo recuerda, sobre todo al doctor y a los otros viejos que se encuentra por la calle, entre quejas que más bien son muestras de orgullo propio-.


Otras veces vamos a por helados a la Torre, uno de chocolate para mí y uno de limón para ella, nos sentamos en un banco y vemos el cielo de Coruña despejado, mientras hablamos y disfrutamos, de los cucuruchos, de las pipas, de las vivencias, de los años. Y cuando volvemos estamos agotados, sobre todo ella, pero sonrientes y pensando en qué cenar en un rato.


* * *


La Yaya, que así siempre he conocido a mi abuela, pasó muchas penurias durante la posguerra, por eso yo cuando veo la nevera llena me enfado un poco, pero no mucho, porque me doy cuenta de que todo lo sufrido bien vale el tirar de vez en cuando algún yogur caducado, que lo importante es soportar las heridas del pasado y como siempre, intentar que el olvido no nos engulla la dignidad, que bastante nos hicieron sufrir como para que hoy en día tengamos todavía que callar.
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Contigo

Si floreces en un jardín,
me derramaré sobre ti
en forma de lluvia

Cuando seas un desierto ,
me quedaré sobre el oasis
y vives bajo la sombra de mi nube

Si las gotas de lluvia se secan
antes de que te alcancen,
te hago sombra y soplo una brisa suave.

Si está oscuro y la luna no está allí,
ve la estrella que parpadea a lo lejos
y te deja sus rayos de luz

Cuando te quedes solo y arrepentido
te susurraré mi amor al oído.


MMM
Malu Mora con Giasuddin M (q.e.p.d.)
imagen de internet
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23comentarios 143 lecturas versolibre karma: 140

Desmemoria

Cuando vuelvas
A presentarte
Recuerda
A mis sueños
Que aún eres
Reminiscencia
De tu antes.
Quizás la desmemoria
Clausuró mi corazón
Y niega reconocer
A quien fué
Su gran amor.


♡Tanto te conocía ..
Que hubiera podido
Recordarte quien eras...♡
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17comentarios 127 lecturas versolibre karma: 131

El único objetivo

Dejarme la vida
en un álbum de fotos

por si algún día
se hace tarde cae la noche
y ya no estás conmigo
y tener así el privilegio
de poder decirte:

vale igual
el vacío que la vida
si el vacío me sigue
mirando

con tus ojos.
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4comentarios 149 lecturas versolibre karma: 114

No te olvides, mamá

Te vas transformando,
mamá
Cada día hay
mas niña.

Se han cambiado
los papeles,
en nuestra
función vital.

Yo, más madre
Y tú, más hija.

Guiándote
entre las brumas,
para que no
te sientas perdida.

******
Ahora que aún me conoces, mamá,
te echaré de menos
cuando sólo
sea una cara familiar. ..

*****

Gracias por hacer de mi la mujer que soy ahora.


****

"Alzheimer", pelearemos juntas para que tardes en separarnos!
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34comentarios 154 lecturas versolibre karma: 131

Lo contrario a la memoria

Las letras no se parecen a ti.
No eres musa de mis desvaríos.
La nostalgia, el recuerdo,
la pena, el reproche,
la rabia... ironía, indignación.
No te preguntan mis dudas.
Tuerces el gesto,
pero es algo maravilloso.
Sin embargo,
debo entender la arruga furibunda
de tu entrecejo
o la rabia contenida en el temblor
de unos labios que se sirven
del silencio
para hablar mejor.

A lo mejor no te vale,
pero en los mares sin arruga,
encontré el respiro sentado
en cordura de mimbre,
la brisa adecuada,
una barca sin naufragio,
el miedo escondido de mí.

A lo mejor no me vale,
pero eso es solo terquedad
o ignorancia.
Nunca entendí mucho de nada.
Hay domingos soleados
que no necesitan más que a ti.
Se me olvida.
Lo contrario a la memoria
siempre quiero que seas tú.
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9comentarios 115 lecturas versolibre karma: 112

Hierbas negras. Memoria. (Poema para un tema musical. "Himno coya". Lito Vitale)

Tristes y secas las olas de mares bravíos,
desoladas,
perdidas por los Campos de Marte.

Solitarios y grises los jilgueros
de la apoplejía.

tiempos estériles, vanos,
encerrados en cajita azul
de zapatos de niño.

Estereotipos indecisos
que juguetean impávidos
con rachas de buenaventuranza.

Vacías las huecas cloacas
de los cien sentidos donde resuenan
valerosos silencios apocalípticos
y fugaces.
Acabando con los días presentes.

Arden en fuego abrasador
las verdes hierbas
que serán por siempre negras.

Se defiende la mediocridad
a medio camino
entre mezcalina y salamandra.

A propósito de cuando
éramos nobles
y aprendimos de la ruindad...


(Y tu)

Viajas a lomos del Grifo
y recorres los rayos de luz negra.

Penetras mi vida y mi cuerpo
sin consciencia de lo que pueda sentir.

Te abrazo en todas las vidas
y rasgas mis camisas.

Te cuelas en mis edades
y te sueñas en mi almohada.

Naces cada segundo
de la barriga del Himno coya.

No puedes acabarte nunca.

No puedes terminarte.

No puedes dejar de nacer.

No lo permitiré.

En ello empeño
el corazón y la humildad.

En ello sufro y me revuelvo.

Te sigo buscando,

Memoria.

Vereda. Río.
Campo de amapolas.
Viejo árbol.
Calle con charcos.
Pelo rojo.

Beso...

Sonrisa...


Te seguiré pintando.

Te seguiré escribiendo.

Memoria.

Te seguiré mirando.


Aún sin ojos.



J. Robles
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6comentarios 60 lecturas versolibre karma: 117

Quisiera...

Quisiera caminar
descalzo
en la cumbre
de los pensamientos
que me atormentan
y se atornillan…


Y le hacen daño
a mis cansadas
memorias…
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6comentarios 77 lecturas versolibre karma: 111

Días con nombre propio

Tomé un pedazo de cielo
en una mañana de nombre impronunciable
y con una caída de ojos lánguidos.

Los días no deberían tener nombre propio nunca,
así no hay quien los olvide.


Nada me hizo tanto daño
como aquel pedazo de cielo……
aún no sé por qué lo guardo.
Atesoramos segundos de agonía
porque nos reconfortan tanto como nos duele.

Los pedazos de tiempo que nos dejaron huella
se quedan grabados como la imagen
de un corazón en la corteza de un árbol
o como el primer garabato de nuestro hijo.

Las mañanas de ojos lánguidos
son como llantos continuos de plañideras sin consuelo.


Y la vida se me volvió pedazos acumulados
a lo largo de 51 caminos y muchas mañanas de sol marchito.


(a la muerte de mi padre, a lo que se me quedó en el camino, y a lo que nunca volverá)




Hortensia Márquez


Imagen sacada de internet
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"No recuerdo tu nombre ..."

Tu nombre...

Oculto en mi memoria,
ahora gama de colores frios,
llora tu nombre querido,
en lo oscuro del vacío.

Yo solo necesito recordarlo,
para soñarte todo el día,
y tenerte en vigilia festiva,
hasta al alba olvidarlo.

Vos revele el misterio,
para que su nombre divino,
seque sus lágrimas frias
sobre mi pecho encendido.




@Inmalitia, Andrés García. ©, Agosto 2018
Ilustración de Analía Judith
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9comentarios 121 lecturas versolibre karma: 90

Vete

Aún sigues aquí,
En el recoveco de mis sueños,
Déjame sentir,
Vuelve a hacerme pequeño,
Déjame vivir,
Quiero verte luego,
Déjame ir,
Que yo ya no vuelvo.

Limpia mis paredes,
Destruye mis muros,
Y los que no ceden,
Son los que dudo,
En estos apareces,
Tú y yo desnudos,
Los miro a veces,
Y se me hace un nudo,
No por lo que fue,
Sino por lo que pudo.

Y al final de esta historia,
No queda más que eso,
El adiós a mi memoria,
La libertad del preso,
Lo que llegó a la gloria,
Sin salir ileso,
Un recuerdo que odias,
Una diosa a la que rezo,
Un adiós que obvias,
El deseo de un obseso,
Una triste parodia,
Por un simple beso.

Yo fui escoria,
Por querer en exceso.
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4comentarios 86 lecturas versoclasico karma: 100

Estacas

Llevo tus versos,
a saborearlos
en las comisuras
de mi mente.
A los recovecos
del pecho,
mudo palpitante.
Los lamo al salir
de mis labios.
Se relegan
por los poros
en mi piel.
Timonean las curvaturas
de mi cuerpo,
y la gran morriña
a un amar pasado
estancado en presente
la tengo clavada
con estacas
en los cimientos
donde tú habitas.

Y me digo:
-Hay que dar gracias por lo vivido-
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10comentarios 97 lecturas versolibre karma: 101

La influencia que tiene el olor en nuestra memoria

La influencia que tiene el olor en nuestra memoria es asombrosa. Al entrar a casa de los abuelos he sentido el aroma de las gardenias y un ramalazo de tristeza ha caído sobre mí, los recuerdos de aquel triste verano han aflorado de manera nítida.

Solo contaba diez años, para mí, los veranos en casa de mis abuelos eran días de correr a caballo, nadar en el río con mis primos, jugar y saltar, pero aquellos días de Julio, hace tantos años, jamás los olvidaré, viví de cerca un suceso extraño…

…falleció mi tía, esposa del hermano de mi madre y por ese motivo pasábamos unos días con ellos en la casona familiar, la tía había muerto a causa de problemas del parto y él bebe necesitaba cuidados.

También estaban varios primos, entre ellos una niña de 2 años que era la más pequeña, muy enferma de varicela, común por aquellos días.

El caso es que nos encontrábamos todos en la sala, un fuerte olor a gardenias llenaba todo, familiares y allegados conversaban sobre el terrible suceso y tomaban café, los muchachos, sentados en un rincón, hablábamos bajito.

La abuela nos dijo… ve con tu primo a dar una vuelta a la nena, para ver si sigue dormida

Mi primo, de mi edad, estaba muy afectado, amaba profundamente a su mamá, los dos en silencio, recorrimos el largo pasillo, sus luces tenues nos hacían sentir incomodos, y asustadizos, el cuarto estaba en penumbras, nos asomamos y vimos a nuestra otra tía Rosita, con su largo vestido blanco recostada, pasándole la mano a la nena por la frente.

Regresamos, mi primo fue a tomar agua a la cocina, yo me senté en el rincón, mi abuela preguntó —¿ya vieron a la niña? –abuela, tía Rosita esta con ella, contesté levantando la vista…

…un escalofrío me recorrió, quien estaba sentada hablando con mi abuela, no era otra que tía Rosita y el vestido que llevaba no era blanco, era de color oscuro.

Mi primo muy pálido regresó de la cocina, le dije que no era Rosita quién habíamos visto en el cuarto con la nena, y él respondió con voz ahogada

–¡NO no era tía Rosita! … ¡era mi madre!

Todos se dirigieron al cuarto para ver quién era la otra persona, no había nadie, solo varias mariposas revoloteaban sobre la exigua luz de la lámpara en la mesita de noche.

Aquello me dejó algo perturbada, pues recordé, qua a la tía la habían sepultado con un largo vestido blanco, a ella le encantaban las mariposas, siempre había muchas en su jardín, lleno de gardenias.

Desde entonces ocurren eventos raros alrededor de mi prima, que ya es mayor…por ejemplo, he oído a mi hermana decir, señalando algunas mariposas que entran a la casa…

–por ahí debe estar llegando la prima y en efecto al rato llega ella…
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Distopía

Es agosto. El insomne. Un grito en plena avenida. Una viuda llorando en la banqueta.
La noche se esconde. El letrero sucio de la Rue. La calle de enfrente.
La tabaquería de Pessoa. Polvo y ceniza en la ventisca que golpea tu reducto.
La viuda continúa llorando. Seres extraños bajo la lluvia. Observo a Morrison en sus rostros.
Una vez más La Rue. Cortazar y la Maga discutiendo al fondo.
Los cronopios y las famas bailoteando en sus narices. La tiranía del tiempo en tus ojos.

Allá en lo alto, percibo la niebla púrpura de Hendrix mientras me ahogo en Woodstock, el último.
Dios, mofándose en el cosmos. Robert Johnson pactando con el diablo en Mississipi.
Cruce de caminos. El trino del diablo. La quinta disminuida. El primer hijo del blues.

Borges, sentado en un banco al norte de Boston, intercambiando impresiones con su otro yo.
Benedetti, pasea por Manhattan buscando a su Luz, mientras Bolaño y Kafka, desde Central Park contemplan el fin mundo.
Me muevo, percibo tu sombra. Extiendo tu silueta. Levanto tu falda. Me oculto en tu sexo.
Mis manos recorren tus piernas, la enarmonía del universo estallando en tus tímpanos.

Aurora, luz viva y polvo. Estela de recuerdos. El grito del insomne. El cosmos se termina.
Desde Alejandría, Hipatia descubre el velo del infinito.
La caída. Finalmente, la expulsión del paraíso.
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Y aún no me he ido

Sé que no me olvidas. Sé que furtivo aún pasas por mis letras. Me tocas en braille. Recuerdas mis gestos, que torpes irrumpen sin llamar a tu puerta.

Te empeñas en negarlo, pero entre helados y velas, ventanas y fuentes, corrimos despacio y nos deshicimos pacientes.

Jamás se destruyen los rayos. Podrán transformarse. Pero siempre, a lo lejos, reflejan destellos, cabalgan salvajes.

[La libertad es lo más preciado que te pueden regalar. A veces, la memoria bucea al libre albedrío, y cuanto más se la sujeta, más lindo vuela]
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Memoria distante

Un fulgor incandescente
se viste de noche repentina
y en las altas torres escribe
voz de sombra y de fantasmas.
Y allí se asoma entre las ventanas
un recuerdo de pétalos vivientes,
ojos, manos, letras, huidas.
Trueno y memoria de los resistentes
se levantan en las miradas,
ocultas bajo la luna y entre las fuentes,
y se exponen frente a frente
la noche de los fantasmas
y la sombra de las fiebres.
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De escudos y otras tonterías

¿Acaso crees que el escudo de goma te protege de las ondas expansivas de mis idas y venidas?

Bares, reuniones que dejan las costillas temblando entre risas, conocer desconocidos, intercambiar pasos de baile entre tumultos siderales. Resacas de copas de globo, somos gregarios, corremos como lobos.

Y entre las subidas y bajadas de tensión, entre focos, roces, pérdidas de cordura aumentadas con amplificadores que explotan los herzios de mis ojos y los decibelios de mis latidos; entre la pérdida de la memoria, de la noción de ausencia, aparece de golpe el delirio.

Delirios por recordar los versos, las estrellas, las lunas, la pizza, el café y un pijama de abrazos sinceros. Secretos. Lejos del ruido. Lejos de la multitud. Las cortinas al viento en ventanas clandestinas.

Y vuelvo. No me he ido. Atravieso el escudo. Aquí sigo.
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Cuentos chinos

Uno

Dos

Tres...

He perdido la cuenta (¡te odio, memoria!). Siempre te trae a mi mente cuando menos te pienso. Es imposible hacer cábalas contigo. Ni historias largas, ni cuentos chinos.
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3comentarios 72 lecturas versolibre karma: 90
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