Verso clásico Verso libre Prosa poética Relato
Perfil Mis poemas Mis comentarios Mis favoritos
Cerrar sesión

encontrados: 53, tiempo total: 0.005 segundos rss2

La Escritura de Arena

Si el Libro de Arena del que hablaba Borges existiera, su escritura sería la Escritura de Arena.

La Escritura de Arena debe contener en sí todos los signos existentes y por existir, todos los símbolos posibles en todas las lenguas posibles. Debe ser condensada y representativa, y a la vez desramarse como un árbol hacia el cielo. Debe ser ,en definitiva, un punto.

El punto es el origen de toda escritura y de todo signo, pues Euclides sólo podía definir la línea como una “sucesión de puntos”. Así, de ese mismo modo, el punto es necesario y consistente como la piedra angular desde la cual comenzar toda representación gráfica. Los antiguos calígrafos árabes eran capaces de dividir la letra por su estilo siguiendo el número de puntos que ocupaban. Esta es la importancia del punto.

Irónicamente, el punto en sí es un signo, como el Aleph no tiene un sonido vocálico determinado, y sin embargo actúa como vocal; así el punto siendo origen de todas las demás letras no tiene cabida entre ellas.


Qué traicionado debió de sentirse el usuario de aquel misterioso libro, cuando abrió las páginas y sólo halló puntos.
4
sin comentarios 38 lecturas relato karma: 51

A Quién Espera?

Su mirada parecía perdida
En sus labios yacía la duda
Más en la oscuridad del templo
Las estrellas le servían de compañía
Sentada en un rincon
Que da a un pilar
Ella se queda a observar
Entré la espesura del bosque urbano
Ver a alguien llegar?
No lo se no le pregunté

Entré la curiosidad
Me invadía la pregunta
El corazón me delataba
La pregunta recorría mi mente
Que hora será que no se va

A quién aguarda ver llegar
En aquél sombrío templo
No le quise preguntar
Como en un mirar
Sus ojos empezaron a llorar
Y su cabeza inclinada mirando el suelo
Seguro por dentro decía
No va volver

Sólo me quedé allí a unos pocos
Metros su tristeza llegar
Tal vez su corazón romper
Tal vez sus ilusiones desaparecer
Que será lo que tanto espera ver llegar
En aquel rincón y con sus brazos
Llenar de alegría, llenar de besos
Su corazón y ver de nuevo el
Amor revivir en sus ojos verdes
No lo se no pude preguntárselo

Sólo se que se fue por el mismo caminó
Con su cabeza agachada
Y sus manos entrelazadas
Buscando consuelo
Y yo no le pude preguntar
A quien aguarda llegar
leer más   
26
23comentarios 161 lecturas relato karma: 92

El misterio de los otros labios

El misterio de los labios —en la boca— pasa inadvertido para algunos hombres.

En el Medio Oriente
las mujeres de allá ocultan sus labios
los encofran bajo la celosía del velo
esa miniatura de burka bucal.

Si al paso de un hombre
las que sean sorprendidas sin llevarlo
para ocultar los gajos 'púrpuros'
sin darse cuenta
en pudor raudo
se levantarán el vestido
entregando a las miradas viriles
el amanecer de otros labios...
cresta de gallo
semejante a la orquídea
esa ajazminada flor prieta
que allí incrustada
a la que se le escapa el vilo de una cristalina gotita de miel.-


@ChaneGarcia
...
leer más   
10
7comentarios 113 lecturas versolibre karma: 89

De luto

.

El misterio estaba de luto
pero sin llorar, la vida era joven
reflejando un después antes de suceder
porque el amor muere muchas veces sin saberlo
y sin querer…


soundcloud.com/lola-bracco/de-luto (Lola)

.
18
4comentarios 259 lecturas versolibre karma: 100

Sonreír ( en colaboración de Carina_Di_Santo)

Tu sonrisa contagia
Es antídoto
Bálsamo
Medicación

Tu sonrisa
Me llama
Me seduce
Produce amor

Tu sonrisa
Se brinda,
Me nutre
Habla de vos

Tú sonrisa y la mía
Se amalgaman
Se unen
Se buscan
Se quieren
Se gustan
Son alegría rotunda
Que me das
Que te doy

Tú sonrisa y la mía
Son el obsequio al deseo
Que inspira y puja al niño fruto del amor.

Tu sonrisa
despierta mi infancia
humedad
en una vieja tapia.

Tu lo sabes
un gesto eterno
la lírica
de nuestro encuentro .

Sonrisas culminantes
adornan
a un barco griego
como tu lo haces
en una bello eco.

Tu sonrisa
habla del reflejo
de aquello de luna
amando tu cuello...

Descansa tu rostro
mañana lo espero
como estrella en vela
en busca de duelo.

Mi sonrisa
tu sonrisa
bajo un tercio pelo
tan suave sombra
en un campo de marlello.
leer más   
16
11comentarios 89 lecturas versolibre karma: 89

11.Senryu al misterio

Ha entrado el tren
al túnel misterioso;
todo se oscurece.
leer más   
4
2comentarios 63 lecturas japonesa karma: 59

Deja llorar a la guitarra

Vengo al nuevo destino,
y encuentro tulipanes alrededor

Es tranquilo este lugar,
para percibir las voces de amigos,
y escuchar música en su compañía

Hay un perfume de lilas en el jardín,
y juntos vamos a recibir,
una personal invitación de George,
para acudir a Bangla Desh

Cada pueblo y cada aldea,
repletos de buenos vecinos;
entre ellos Ravi Shankar,
y Russel, "el salvaje León"

Salvas acústicas y coros de estrellas,
rock and rhythm and blues en acción

Negros y blancos,
amarillos and violeta,
gente de todo color,
está llegando a Bangla Desh

Un cálido aire de mar nos convoca,
dejemos rezar al sitar,
que mientras Hárrison sube al altar,
revive el eco de las olas,
que calman la playa al atardecer

Ringo Starkley, espolea,
más que golpea,
los tersos parches de piel

No podremos encontrar otro lugar,
ni país que ofrezca más amor,
que el concierto in live,
que organizó my old friend George

En pleno auge,
su música y su voz,
lamentos de una guitarra,
que con el tacto sutil de Eric Clapton,
I really whant to go with you implora,
y siempre gentil, por el escarabajo místico llora.
leer más   
11
14comentarios 144 lecturas versolibre karma: 96

Senryu (misterio amarillo)

Entre tus pétalos
el misterio amarillo.
Flor de mis días.


( ... Senryu ... )
leer más   
17
12comentarios 110 lecturas japonesa karma: 99

Año 2120

Entre sus negras pestañas se abría un Universo cuántico que él podía descifrar. Tuvo conciencia de que aquel misterio traspasaría los límites programados, cada vez que Dasha le miraba y una vibración recorría todas sus conexiones.
Pasaron los años y las intervenciones experimentales, no consiguieron parar el proceso evolutivo de envejecimiento que, como humana, le llevaría hasta la muerte.
No era lo que se esperaba de un asistente de inteligencia artificial, pero él se negó a aceptarlo. Ser un androide no le impedía amarla.
-En alguna dimensión paralela nuestra espiritualidad existe y seguiremos unidos. – Susurró ella en su último suspiro.



Publicado en la Asociación Solidaria Cinco Palabras:
cincopalabras.com/2019/04/07/escribe-tu-relato-de-abril-ii-laura-vera-
17
18comentarios 194 lecturas relato karma: 93

Suena a misterio

Suena a misterio seguir aferrada
a los recuerdos,
nefastos recuerdos
oxigenándose de mi presente.
Suena a misterio seguir queriéndote
en silencio,
eterno silencio plagado
de inútiles suspiros,
que viven susurrándome tu nombre.
Suena a misterio los domingos
—a pesar de convivir con la soledad—
son más solitarios de lo habitual.

Y las mañanas saben a sal
y mi cama hiede a olvido
y las noches son taciturnas
y mis días corren tras el reloj.


Suena a misterio mis poemas
aún acechados bajo tus ojos,
perenne encanto
atado a las fibras de mi cuerpo.
Suena a misterio verte en cada lugar
como un fantasma,
caminando al lado mío
y sin poder tocarte,
porque en mi plano
no existes, no estás.

Y no quiero dedicarte un poema más
y no quiero recordar
tus labios
posados sobre los míos,
y no quiero dibujar
tu cuerpo
en mis gemidos.


Suena a misterio mis caprichos
sofocarte con mi aliento
enredarme en tus cabellos
mientras mis ojos,
te dicen
cuanto te deseo.
Suena a misterio mis sueños,
murmurando delirios
primitivos,
que viven en mi piel
y se trastornan con la tuya.

Todo este misterio
es inmutable,
trasciende con el tiempo
sin albergar
esperanza alguna.
12
10comentarios 120 lecturas versolibre karma: 97

Una taza de calma inglesa

Basta con mirar las huellas
calcinadas de la noche
para imaginar la soledad
de los muertos.

La suave risa de las estrellas
que se descubren titilante
y por momentos la luna
en un arrebato de luz intensa,
desnuda sus senos.

Cada mirada, es un misterio
clavado en las calles,
el perfume indeciso
de los cuerpos exhumados de moteles,
los abrazos alcanforados,
los deseos escondidos
en la plataforma de las inhibiciones
y algún ebrio maldiciendo
su aliento destructivo, en la décima hora.

El transeúnte esquivo
y de mal talante,
observa las sombras ajenas
aquellas que lo crucifican
al quitarse el sombrero luego de un día agitado.

La lluvia limpia los rostros
mientras un poeta con el alma intoxicada
trata de redimir los versos
que dejó en la cocina,
la tarde que comenzó un amorío repleto de utopía.

Ladra un perro de famélico andar,
tose, tose
y el eco retumba en el aposento
de una mujer de piel vetusta,
agoniza luego de hacer el amor
con dos soldados que ametrallan vientres.

Termina la oscuridad
después de mil leguas de insomnio.
Me preparo una taza de calma inglesa
y me dispongo a continuar labrando
lo que queda de futuro.

Yaneth Hernández
Venezuela
leer más   
11
8comentarios 74 lecturas versolibre karma: 38

Vos y yo. Nosotros. Esos

Viento y firmamento.
Historia y retórica.
Puerto y desierto.
Norte y horizonte.
Recuerdos y tuertos.
Locura y ternura.
Alas y balas.
Esencia y consecuencia.
Tristeza y crudeza.
Misterio y cautiverio.
Corazón y tropezón.
Ventanas y mañanas.
Idénticos y polémicos.
Dulzura y aventura.
Sombras y trombas.
Desvelo y vuelo.
Sueño y leño.
Vacío y silencio.
Portales y cristales.
Eternidad y verdad.
Aire y donaire.
Gloria y condenatoria.
Furtivos y explosivos.
Podría seguir...
Pero ya nos viste.
leer más   
9
4comentarios 182 lecturas versolibre karma: 62

Máscaras...

Al salir del concierto la noche se encontraba sumida en su existir más profundo, la calle poco a poco se vaciaba de los asistentes y todo aquel bullicio que hubieran generado las pláticas retóricas y los pasos sin rumbo, se fueron apagando como se extingue la luz de una vela con el paso del reloj.

Me gustaba disfrutar mi soledad en compañía, sentía cierto deleite en observar a las parejas discutir por trivialidades, ver cómo eran condescendientes entre sí afirmando conocer tal o cual obra, libro, persona, mundo, galaxia, constelación... para simplemente tornar los ojos admitiendo para sí mismos su poco conocimiento, sobre todo, hasta de su persona. Yo no tenía ese problema, sólo hablaba conmigo y para hacerlo ni siquiera tenía que articular palabra alguna, era un monólogo interno, donde no podía ocultarme nada y me daba explicaciones que me debatía con fundamentos lógicos, que sonaría ilógicos al mundo. No necesitaba demostrar mi valía ya fuera con ropas finas o con regalos lujosos; yo era quien era en ese momento sin más que ocultar.

Por fin me encontraba sólo bajo la luz que provenía del recinto hasta que éste cerró sus grandes y pesadas puertas tras un fuerte sonido al colocar los cerrojos, era como enclaustrar un alma noble entre cuatro paredes para mostrarse sólo en los momentos más sonrientes, mientras que los demás días son las lágrimas ocultas las que no paran de recorrer sus mejillas formando un río, un lago, un mar... Decidí comenzar mi regreso a casa con las melodías aún sonando en mi memoria, tarareando algún pasaje, disfrutando de aquel concierto de nuevo en mi mente.

El frío se sentía como un soplo suave de lijas sobre el rostro así que metí mis manos en los bolsillos y al hacerlo sin querer tiré las llaves de mi hogar al suelo, me detuve para levantarlas y fue entonces que noté que alguien me seguía sólo algunos pasos detrás. Giré el rostro apenas para alcanzar a observarla de reojo, sólo pude notar su silueta definida entre la obscuridad de la calle y la tenue luz amarillenta que daba la tímida iluminación de un poste a lo lejos; podía notar su figura de mujer, su cuello largo y fino, sus brazos delgados y su cadera ondear al caminar despacio. Permaneció inmóvil mientras yo me reincorporaba lentamente. Como si nada continué mi camino, sin embargo, sentía sus pasos tras de mí como si quisiese acercarse, pero algo se lo impidiera.

Después de avanzar una cuadra decidí dar media vuelta y pararme frente a ella, se encontraba aún lejos para poder reconocerla, o tal vez llevaba alguna especie de velo negro que no me permitía ver su rostro con claridad. Comencé a caminar hacia ella con un paso tranquilo, "Buenas noches señorita, disculpe, ¿la conozco?, ¿puedo ayudarle en algo?" le dije con una voz firme pero gentil, mientras me aproximaba, ella negó con la cabeza y comenzó a cercase al mismo paso que yo. Poco a poco la distancia se reducía y entonces pude notar como su rostro se veía claro, los ojos un tanto rasgados y grandes, la boca delgada, el rostro pálido un poco ovalado, el cabello ondulado de un café obscuro y la nariz recta... era ella. Hacía tanto que no la veía; por un momento la impresión y el gusto se notaron en mi sonrisa y justo cuando iba a pronunciar su nombre pude ver cómo se quitaba aquel rostro como si hubiera sido una máscara que tiraba al piso. No podía entender que era lo que sucedía, se acercó otro poco y pude notar que su rostro era diferente; ahora tenía los ojos ovalados y más pequeños, su rostro afilado de un moreno claro, el cabello negro rizado, los pómulos redondos y prominentes mostrando esa boca pequeña y rosada. De nuevo era ella, la que hacía tanto tiempo había querido. En ese momento no podía comprender que era lo que sucedía y para mi horror, volvió a quitarse esa máscara con un desdén que heló mis huesos. Ahora sus ojos redondos color avellana me miraban fijamente, de nuevo el cabello rizado pero esta vez más corto y rojizo, su rostro claro y la boca un poco gruesa bien definida. Me detuve como un acto reflejo, de nuevo un amor de hace tiempo. ¿Qué sucedía?, ¿era acaso un espejismo o una ilusión?, tal vez era un sueño o mejor dicho una pesadilla. También detuvo su paso y colocó sus manos tras su cabeza quitándose esa personalidad de un sólo golpe para mostrar la siguiente máscara. Apareció un rostro redondo de ojos grandes, negros, el cabello un poco ondulado de color castaño obscuro que llegaba hasta sus hombros, las mejillas algo abultadas y rojizas, con una sonrisa amplia. Sentí cómo su mirada recorría cada parte de mi expresión incrédula, claro que la recordaba, cómo no hacerlo si fue motivo de mil desvelos, de sentimientos encontrados, de un antes y un después en mi vida. Esa mirada fue rápida pues tomando el cabello se despojó de aquel rostro para dar paso al siguiente, un rostro delgado de cabello negro lacio y largo, los ojos pequeños un tanto rasgados y de un negro profundo, la boca muy fina de color rojo, la seriedad inundaba su expresión junto con la mía, me observo con su mirada fuerte y severa por un tiempo, bajó la mirada súbitamente; al levantarla, una nueva persona se asomaba en ella, su piel morena y los ojos grandes, redondos, negros y expresivos, la nariz pequeña a juego con una boca gruesa de labios carnosos absolutamente seductores pintados de un rojo intenso, tan intenso como ella, el cabello largo, absolutamente negro, obscuro como la noche, me contempló con un aire desafiante y yo sostuve la mirada de forma retadora, era ella, la de una lucha eterna, la que había desgastado mis manos de tanto escribirle, la que había tomado todo de mí y nunca más apareció de nuevo llevándose mi última esperanza de creer en el amor visceral y bohemio. Se acercó lentamente hacía mí, mientras yo permanecía estático; en éste punto poco importaba ya lo que fuera a sucederme. Se colocó justo en mi espalda y susurraba en una mezcla de voces, como si el tono, el color, el sentimiento fuera variando, unas veces tierna y afligida, otras en forma de reproche y hasta con odio, otras tantas indiferente y fría. Caminó y al estar frente a mí pude ver su nuevo aspecto; ahora su tez blanca, con el rostro muy delgado, los ojos claros casi verdes o miel, su sonrisa inocente se presentaba mientras su mirada seductora se clavaba dentro de mi ser, sentí como el calor recorría mi cuerpo y me abandonaba a lo que ésta presencia fuera, tal vez un demonio o un ángel. No podía más, empleaba las últimas fuerzas de mi cordura para permanecer en pie. Colocó sus manos sobre mis ojos, enfundadas en unos guantes negros de terciopelo, y al retirarlas pude observar mi rostro de frente, los mismos gestos, la misma incredulidad; la expresión tanto de asombro como de terror, y lentamente, como si fuera el vapor que emana del agua caliente, se fue desvaneciendo hasta quedar en un vacío absoluto, una obscuridad más profunda que la noche, que el hoyo más recóndito sumergido en los mares, que mi propia conciencia desvalida.

Sentí mi cuerpo helado, rígido, ella se dio la vuelta y siguió por el camino que antes había recorrido hasta doblar en una esquina donde desapareció por completo. Yo permanecía absorto, sin comprender qué era lo que había sucedido, coloqué mis manos frías sobre mi rostro, lo sujeté con fuerza y tiré de él; pude sentir cómo se desprendía de mí esa máscara que tiraba al piso, la vi rodar a mi lado, con su expresión vacía. Por un momento no supe que hacer, cómo reaccionar. Volví a colocar mis manos dentro del abrigo recuperando la calma, tomé de nuevo mi camino y pensé... "Ahora soy yo, el recuerdo de alguien más".
7
5comentarios 142 lecturas relato karma: 63

Misterio en sus ojos (un Mondô de @Galilea & @SolitarioAmnte)

¿Qué hay tras su piel
de porcelana blanca
y abanico de seda?

Una infinita
soledad y tristeza;
un amor imposible.


@Galilea & @SolitarioAmnte
vi-2017
leer más   
18
25comentarios 174 lecturas versoclasico karma: 70

Almas rimadas

Entre los arcos del claustro
se observan pasmadas.
Lo saben: son almas rimadas,
de texturas forjadas en vidas pasadas.

Peregrinan en distancia,
cautelosas acciones,
gratas sensaciones: conectadas.

Equidistantes miradas:
nostálgicas, soñadoras, embriagadas…
¡Férvida melodía en palabras imantadas!

El cielo reflecta un misterio.
Las flores exhalan fragrantes hologramas:
seducen el aire,
pomposo deleite
se instala en sus mentes.

En la galería clavan sus pisadas.
Él franquea el jardín,
sonríe: en el pozo la espera.
El agua cristalina gorgotea la misiva.
Ella recoge los bajos del vestido
verde infinito.
Salta el escalón, avanza frugal y etérea.

Son almas rimadas,
en medio del cosmos halladas.

Marisa Béjar.
leer más   
11
8comentarios 140 lecturas versolibre karma: 80

Luna Señora de la Noche

Luna fina, nostálgica,
pálida, taciturna.

Siempre romántica,
envuelta en una belleza
única y misteriosa.

Seductora dama de la noche
vestida de plata refulgente
danzando por las noches
con pasos lentos y elegantes.

Tu escenario nocturno
estrellas centelleantes
plafones de luceros rutilantes.

Te retiras suave y lentamente
en la mañana de sus albores
con los primeros rayos del alba
cerrando el telón triunfal
bajo los rayos crepusculares.

MMM
Malu Mora
leer más   
15
8comentarios 230 lecturas versolibre karma: 83

Dedos de luna

Niñita chula toca la ocarina
para que el mar se rinda a tus pies
porque tienes los dedos de luna
y en tu garganta vive un cenzontle.

Niñita chula prepara un rico pozole
para que tu abuelo sacie la sed
porque tienes los dedos de luna
en tus manos llevas la miel.

Niñita chula te llama la abuela
el nixtamal pondrás a cocer
porque tienes los dedos de luna
la masa se deja querer.

Chula niñita urde la hamaca
pa´ tu hermanito que está por nacer
con esos dedos de luna que tienes
dulcemente se va adormecer.

Niñita Chula ara el campo
el cielo comienza a llover
porque tienes los dedos de luna
con ellos la milpa verde es.

Chula niñita, muy buenas noches
el sol se oculta otra vez
la luna viene quedita
a tus dedos hará florecer.

Aria Nahual
Martes/ 08/ agosto/ 2017
8
4comentarios 88 lecturas versolibre karma: 70

Mujer Perfecta

La única mujer de mi vida,
La que de verdad por mi vela,
La que me quiere con desmedida,
La que mi felicidad Anhela,

La que pida lo que le pida,
Nunca da un no por respuesta,
Siempre con una sonrisa,
Por mí a todo dispuesta,

La que me supervisa,
La que me hacía la merienda,
La que me llevaba a clase a toda prisa,
La que me quitaba la venda,

Siempre con dulzura me avisa,
Si yo voy por mala senda,
Debe de ser pitonisa,
Porque siempre la acierta,

No hay oro, plata o divisa,
Para una mujer tan honesta,
No hay nada que pague tu risa,
No me seas modesta,

Perdona que te insista,
No hay posible propuesta.

Y ahora os preguntaréis,
Quién es esa mujer tan perfecta,

De apellido Gelabert,

No es otra que mi Abuela.
13
4comentarios 148 lecturas versolibre karma: 91

Reminiscencia de invierno (parte I)

Cae la tarde, los vientos gélidos del norte soplan con fuerza sobre la estampa de plomizos y níveos colores del centro de la ciudad. Los pasos de Salvatore se hacen pesados sobre el pavimento glacial mientras libra una batalla épica contra la ventisca que escupe su ráfaga de furiosos copos de nieve. Recién salido del trabajo, se dirige a su estación del metro urbano, a unas pocas cuadras del altísimo edificio de cristal donde trabaja. Hoy no tiene ánimo de pasar a tomar su macchiato bien espeso en la cafetería de moda del centro que le queda en el camino, urge llegar a casa a atizar unos leños en la chimenea y entibiar un poco el espíritu.

A pocos metros de la cafetería, desde el otro lado de la acera, observa sin embargo a los grupos de amigos, parejas e individuos solitarios que beben los cálidos sorbos de sus bebidas a temperatura de ebullición, casi todos con un móvil en la mano y unos pocos con un libro. Y su vista se detiene en una figura en particular; una chica de mirada perdida que sentada en una mesita al lado de la ventana, observa la blancura del ocaso y se extravía en los laberintos espirales de algún fugaz remolino de viento. Sus ojos son de un café tan oscuro como la densidad del espresso en el macchiato que Salvatore suele tomar. Su cabello castaño claro es tan liso que la luz de la lámpara encima de su mesita resbala por su pelo hasta caer al piso. Sus labios carnosos sugieren que su sonrisa debe ser angelical, pero su expresión es más bien de tristeza, pero no de una tristeza llana y simple, más de esas que son complejas, envueltas por el misterio. El corazón de Salvatore, sin embargo, late ahora con una tibieza inesperada, y antes de darse cuenta se encuentra en la puerta de entrada; sus pies lo han llevado hasta allí sin notarlo, como deslizándose o patinando por el pavimento helado.

El lugar está abarrotado, no cabe un alma; el frío invernal obliga a los transeúntes a hacer parada obligatoria y pedir una bebida bien caliente. Pero ya está allí y voltea a ver a la chica de los ojos café profundo, ahora de espaldas hacia él; lleva un abrigo corto de un color tan blanco como la nieve, lo cual realza el rojo escarlata del lapiz labial sobre sus carnosos labios. —Me das un macchiato con leche de soya y un toque de caramelo por favor —le dice al cajero— ¿alto, grande o venti? —le responde el cajero— Mejor un venti. Que me dure un buen rato— y le da un billete de diez dólares. Ya con su café en la mano, da un par de vueltas por las mesas y barra de asientos individuales del lugar, sin encontrar un solo espacio, excepto por una silla disponible en una mesita pequeña donde una anciana de cabellos plateados que está absorta en la lectura de su libro mientras bebe un latte que parece inagotable; y otra silla al lado de un hombre de mediana edad —aunque por su cabeza calva parece mayor— con una abundante barba y cara de pocos amigos, como quien ha tenido un día muy cargado; y por supuesto, la silla libre en la mesita de la chica de los ojos profundos, absorta en el panorama invernal de la calle, con un libro abierto casi por la mitad al que no ha vuelto a mirar en todo el rato que Salvatore lleva observándola. —¿Te molesta si me siento aquí? —ella lo mira con semblante serio, con especial asombro, como quien quiere ver hacia adentro y no solo por encima, pero no dice nada— ¡Es que no hay un solo lugar disponible! Claro, si no soy inoportuno, y si no esperas a nadie —Y ella lo sigue mirando por breves segundos más, pero su boca no se abre, mas con sus labios hace un gesto tan leve, como el de una tímida sonrisa; y de alguna manera parece que asiente a que Salvatore la acompañe. Al menos así lo entiende él, que sin decir más pone su bebida sobre la mesa y jala la silla, inusualmente pesada y sin protectores de hule en las patas, haciendo un ruido particularmente enervante al hacerlo. Ella levanta una ceja, como diciendo: —¿Qué haces? —pero realmente no dice nada— Perdona, no ha sido mi intención— se excusa él.

La mirada de ella se zambulle ahora en la página actual de su libro, como queriendo esquivar la conversación con el chico; aunque en su interior siente, sabe, que debe, que necesita hablar con él. Mientras lee, sus ojos café parecen sumergirse en las páginas y éstas abren un portal que la transporta al mundo de la novela; al mismo tiempo, con su mano derecha y sus uñas semilargas, muy bien cuidadas, sin pintura; hace un sonido sobre la mesa que emula el cabalgar de caballos. —¿Qué lees? —pregunta él con sincera curiosidad. Y ella, en ese instante, es como sacada por un haz de luz del mundo de su novela y transportada en el acto a la mesita, con un par de bebidas calientes, un libro, y claro, un desconocido frente a ella. —No me despiertes del olvido —le responde, sin más— ¿Y de qué trata? —vuelve a preguntar, a lo que ella replica— es un cuento muy largo para contártelo, y aún no me decido si es ciencia ficción, o magia mística egipcia, o una combinación de ambas cosas; es intensamente romántica, eso si te lo puedo asegurar; pero, parece ser un romance que trasciende generaciones, eras, culturas y algo más— suena bastante bien —responde Salvatore— ¡es apasionante, no tienes idea! —concluye ella, y se sumerge de nuevo en su lectura. Mientras tanto él, bebe su macchiato lentamente, como disfrutando cada pequeño sorbo de alegría caliente; no sin notar que la alegría que siente no proviene del macchiato exactamente, sino de la contemplación de la hermosa chica que tiene frente a él. Su mirada se hace penetrante, sus ojos chocan contra el café oscuro de los de ella; por su parte ella, se siente observada, quizás contemplada más bien. Ya no logra concentrarse en el libro, se dedica a tomar su bebida, observarlo de vuelta disimuladamente, para luego envolverse con él en una charla trivial de desconocidos; de esas en las que hablas muy a grosso modo de tus aficiones, de tu trabajo, de que estudiaste, de que te gustaría hacer con tu vida más tarde, de alguna experiencia interesante vivida. Y hablan, y se observan, continuan charlando y se miran, casi como acariciándose con los ojos, hasta que en un instante inesperado, al unisono, ambos tienen una especie de flashback, una reminiscencia; una escena compartida, ambos caminando tomados de la mano, en una tarde de otoño, por una larga avenida de tiendas de moda en Milán. —¿Alguna vez has estado en Italia? —preguntan ambos al mismo tiempo— ¡Qué casualidad! Hacernos la misma pregunta en este instante —dice Salvatore— Nunca he salido de los Estados Unidos, dice ella —yo estuve de viaje en Alemanía hace unos pocos años, pero es el único lugar de Europa en el que he estado —responde él. Ninguno se atreve a mencionar nada de esa reminiscencia absurda que parecen haber tenido, para no atemorizar al otro.

En un abrir y cerrar de ojos, cae la noche con todo el peso de su oscuridad y la temperatura desciende unos cuantos grados más. Han conversado por dos horas y media ya. Ella se excusa, que debe salir corriendo, que tiene que pasar haciendo unas compras antes de irse a casa, que le cierran el supermercado. El quisiera acompañarla, quisiera pasar toda la noche conversando con ella, observando sus bellos ojos y sus carnosos labios que invitan a besarla. Pero no dice nada al respecto. —¿Te volveré a ver? —le pregunta— ¡Quiero creer que sí! —responde ella y le da un post-it de color neón, con algo anotado; se levanta de la mesa, le da un ligero beso en la mejilla y sale de la cafetería antes que Salvatore pueda siquiera decir adiós. La observa desde la ventana mientras se aleja, con sus jeans apretados y sus botas blancas de invierno; la ve caminar pero más bien parece que flota en el viento y se pierde en la oscuridad de la esquina donde dobla, para desaparecer.

Salvatore se queda sentado en la mesa unos minutos más, tratando de asimilar qué ha significado ese encuentro. ¡Qué significa ese flashback! ¿De dónde puede conocer a esta chica que se le hace tan familiar? Abre el post-it: "Alessandra, 493-2345. ¡Despiértame del olvido!". Es lo que ve al leerlo.

(continuará...)



@AljndroPoetry / xi-17
22
35comentarios 295 lecturas relato karma: 93

Reminiscencia de invierno (parte II)

Es una mañana de otoño, y las lágrimas de los pinos llorones del Himalaya cubren de hojas el paseo de una pareja de enamorados por el parque Sempione en Milán. El abundante cabello negro rizado de él parece la copa de un árbol que aún no se entera que es otoño, la clara melena lisa de ella parece un sol vertical que resplandece sobre la ocre estampa del lugar. La fragancia de una sonrisa carmín llena de colores el sentido auditivo de un chico que no sabe si está más enamorado de la bella ciudad italiana en la que está vacacionando con su novia, que de la novia misma. Y de pronto todos los árboles dejan caer las pocas hojas de colores azafranados y amarillentos hacía un cielo que se torna de un gris muy denso. Y todas sus ramas secas se cristalizan y se quiebran en cientos de pedazos triangulares y son engullidas por un remolino maligno que se ha formado en el centro del parque; y toda el agua del lugar se petrifica cual lava incandescente que ha dejado de arder. Son las 4:44 de la madrugada, Alessandra despierta con un sudor frío que empapa sus pechos y su abdomen. Otra vez esa pesadilla recurrente que la aflige desde el encuentro con ese chico en el café del centro aquella tarde de ventisca de invierno, hace una semana ya.

Salvatore la toma de la cintura con una mano, y con la otra detrás de su nuca la acerca con una firmeza gentil hacia su cuerpo encendido por una pasión que le recorre y que casi no puede reconocer como algo suyo; siempre ha sido muy moderado con sus expresiones de afecto en público. La silueta del Duomo de Milán sirve de escenario en un ocaso otoñal en el que Alessandra y Salvatore viven un fuego de verano en las venas. Ella apaga por un instante la intensidad de sus profundos ojos café al cerrar sus párpados y unos labios rojos, de carnes abundantes, se abren para recibir el beso en llamas de Salvatore, que la besa tan profundo como el amalgamar de dos galaxias que se funden en la honda oscuridad del cosmos abismal. Son las 4:44 de la mañana, Salvatore despierta de un sueño casi húmedo con un hervor en su cuerpo y la natural erección matutina propia del género masculino. Nuevamente el mismo sueño ardiente, que lo persigue desde el encuentro con esa chica hermosa, envuelta en una misteriosa tristeza, que conoció en aquel café aquella tarde de feroz batalla contra los vientos del norte. Ha pasado una semana y no se ha atrevido a llamarla. No termina de entender por qué. Quizás el imperativo de su nota al despedirse lo pone nervioso.

El piso setenta y siete de la torre de cristal en la que Salvatore trabaja como publicista se siente como un iglú esquimal a pesar que la calefacción está a tope. Pero a él nada le entibia el alma. Lleva dos años de ser un lobo solitario, refugiado en su trabajo, teniendo solo el mínimo contacto con la gente, por temas laborales; rehuyendo las citas y fiestas o reuniones con amigos o conocidos. El encuentro casual con esa chica quizás ha empeorado esa consciente autorevelación de que está muy solo en el planeta. ¿A dónde va su vida? ¿Qué le hizo enconcharse dentro de un caparazón emocional todo este tiempo? Son interrogantes que lo asaltan. Alessandra no ha pasado por la cafetería desde hace diez días. Luego de una semana de indecisión sobre si llamarla o no, cuando al fin decide hacerlo, una contestadora automática dice que el número marcado se encuentra fuera de servicio. Se pregunta si ella acaso cambió de número para eludir el contacto, la posibilidad de un segundo encuentro; quizás de una cita verdadera. El día es largo, de una longitud intransigente. Cuando al fin llega la noche, ya en su casa y al calor de la chimenea, Salvatore decide intentar nuevamente: 4, 9, 3, 2, 3, 4 y 5 marca a toda velocidad en el teclado virtual de su móvil. Se lo sabe de memoria ya. ─¿Hola? ─responde una voz masculina al otro lado, se queda callado─ ¿Hola? ¿Hola?─ la voz se hace más ronca y aspera, cuelga. El número queda en la cima de la lista del historial de su teléfono. Lo presiona otra vez. ─¡Hola! ¿Quién habla? ─la misma voz masculina─ ¿Me comunicas con Alessandra por favor? ─pide Salvatore con una tímida firmeza─ Llámale más tarde, está tomando un baño de tina ─le responde la voz─ Dile a tu compañera de apartamento que me llame de vuelta por favor, a este número; menciona que es el chico impertinente de la semana pasada en el café ─Alessandra es mi prometida ─responde la voz─ Le daré tu recado, hasta luego─ y corta. Un aire de desesperanza, más frío que el invierno que vive, anega todas las emociones de Salvatore. ─Hay un prometido en el medio. Esto no puede ir para ningún lado ─se dice a sí mismo mientras las pupilas de sus ojos azules se tornan de un naranja lacerante al reflejar las llamas que arden sobre los leños de su chimenea.

La tienda de dulces y pastelillos en esa concurrida calle del centro se encuentra a tope esa tarde. Alessandra no da abasto para tomar las órdenes, cobrar y despachar. ─Buen día para que Claudia se enferme ─piensa, mientras hace malabares con las tareas de la tienda. Hace poco más de dos años, cuando Claudia le ofreció ser parte de esa aventura de emprendimiento, su propia tienda artesanal de repostería; no habría imaginado Alessandra que durarían tanto y que un día como hoy habría tanto que hacer que estaría refunfuñando entre dientes por la ausencia, bien justificada, de su amiga del alma y socia de hazañas empresariales. Al fin un respiro, se ha vaciado la tienda y Alessandra se acerca a la ventana y se sienta un rato a descansar en una de las pocas mesitas del lugar; su mirada se pierde en la calle, sin mirar a nadie ni a nada y a la vez, como mirándolo todo. ─¿Por qué no has llamado chico extraño del café? ─empieza un monólogo en su mente─ ¿Te habré asustado por lo callada que me puse? ─no puede ser, una chica decente no debe ser efusiva de buenas a primeras ─¡de qué estoy hablando, estamos en pleno siglo XXI, el fenimismo es más victorioso que nunca! ─si este chico piensa tal cosa, definitivo que no vale la pena ─¿Por qué no me llama? ¿Por qué tengo esa pesadilla recurrente con él? ─¿Por qué tengo esta sensación de que él me necesita tanto como yo a él? ─¡Qué estoy diciendo, por todos los dioses, si yo ya estoy comprometida!. Su monólogo es interrumpido al sonar el teléfono con la monótona melodía de su celular android. ─¡Hola! ─responde de inmediato─ ¡Alessanda, hola, al fin me respondes! ─¿Quién eres? ─Soy Salvatore ─no conozco a ningún Salvatore ─el chico impertinente de la cafetería hace un par de semanas ─¡Ah! El chico del macchiato, Salvatore es tu nombre entonces. ¿Qué cuentas chico lindo? ─y antes que él responda, se arrepiente de haberle hecho esa pregunta de esa manera, qué va a pensar este chico, que es una lanzada ─Te he estado llamando, pero tu teléfono parecía estar inactivo ─Oh, lo siento, lo extravié unos cuántos días después de nuestro encuentro y tardé en recibir el repuesto de mi proveedor de servicio─ La otra noche te llamé y me respondió tu prometido, dijo que te daría el recado─ Y continúan charlando amenamente durante una media hora sin advertirlo. Ella excusando la actitud de su prometido, él diciéndole que no importa, que lo bueno es que al fin la ha encontrado. Preguntas triviales sobre como han sobrevivido ambos las inclemencias de este invierno y como van las cosas en el trabajo y otras nimiedades; hasta que finalmente, Salvatore en una forma muy casual y natural, como quien no pretende forzar nada y casi esperando una negativa, la invita a tomar otro café en la misma cafetería; y ella acepta encantada de inmediato, se verán en un par de días.

(continuará...)



@AljnadroPoetry / xii-17


Ver parte III en...
poemame.com/story/reminiscencia-invierno-parte-iii
17
25comentarios 238 lecturas relato karma: 94
« anterior123