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Cuando mueren las buganvilias

Resplandece el aroma
a color fucsia
de las centelleantes buganvilias
que gritan vida
desde la habitación verde
que recibe el abrazo del sol
en un viernes que podría ser
como otro viernes cualquiera.

Interminable es el desfile
de cuerpos rotos
que esperan su larga espera
por el elixir
de la fuente mágica
que sana todos los males.

Y entre las sombras
de una dimensión intangible
para el ojo desnudo, invisible;
pululan los oscuros espectros
de la antesala de la muerte,
en busca de almas
que exudan el desaliento,
que alimentan a los demonios
de la desesperanza y el desespero.

Y en los destellos
de otros pliegues
de alguna otra dimensión alterna,
aletean las emplumadas alas
de querubines y serafines
que rocían gotas de luz
desde las trompetas doradas
dónde nace la fe y la esperanza,
para las almas rotas
que autoflagelan sus cuerpos
desde el pozo
de las tristezas profundas.

Y danza el amor y el odio,
la tristeza y la efímera alegría
de la ilusión y el anhelo,
la podredumbre y descomposición,
y la lozanía de cuerpos que reverdecen.

Y a pocos pasos de allí
unos pies descalzos,
una piel encurtida,
y unas greñas blancas,
en el pausado silencio
de unos ojos que han visto
millares de amaneceres,
cuentan mil y una historias;
de todas sus vidas vividas,
de todas las ilusiones muertas,
de todos los sueños cumplidos,
de todas las batallas ganadas
de todas las guerras perdidas.

Y mientras tanto
en un viernes que aún no llega,
en el horizonte
de un infranqueable futuro;
desfallecen,
las descoloridas y marchitas
flores
en su ocre habitación,
en su cama de hojas pardas,
y se palpa inequívocamente,
que ha llegado el tiempo
cuando mueren las buganvilias.


~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~
@AljndroPoetry
2019-Ene-19
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Castigo Agonizante

Con tremendos aullidos de dolor,
van clamando venganza quienes
tu odio tú se lo clavaste,
como si de lanza se tratase.

Tres son las almas tu dejastes
vestidas con trajes de sangre.
Aquellas en las que cobarde,
un dia sus vidas arrebataste.

Por eso ahora has de saber,
que maldito es el castigo
que vivirás agonizante,
desde ahora en adelante.

Iván A
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La fé más efímera

Mi desdicha más repudiada
Mi miedo más desolador
Mi pérdida más temida,
El dolor más abrumador
El odio más acosador
Y la desgracia más evolucionada.


No tenerlo a él,
Eso lo ha sido todo
El desprecio más cruel
El orgullo más tonto
Que ha podido haber.

Dudo de su querencia
Pues sus palabras atormentan
Sus preguntas me hacen
Querer sufrir de demencia,
Lo que mis sentimientos intentan
Es producto de su indiferencia.

Ansío locamente su amor
Me desespero por su sonrisa
Me desvelo por sentir su calor.
Anhelo una acertada caricia
Un cumplido de aceptación
Un aliento a mi esperanza
Un susurro tranquilizador
A la tenue luz de una vela
Tendida en mi habitación.

Si tu preocupación
Está llena de angustia,
Si se colma de desconsuelo
Si se desborda en la desesperación
Si me defiende de la tiranía
Si me levanta del más profundo agujero.

¡Ya no lo quiero!

Porque es mi más vil deshonra
Mi vergüenza más desconcertante
La violencia más atroz
Tu descaro más agobiante
La manipulación más veloz
El caos más inquietante.

Reina después de la tragedia
El ahogo más asfixiante
El desierto más bochornoso
La caída más aparatosa
El silencio más ruidoso
El llanto más exuberante
La ausencia con mas envidia
La traición más ambiciosa.

Por desgracia ésto lo debo a tí
Si aún te puedes llamar querido...
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Me entrego

Me entrego a ti
porque ya no puedo negarlo
necesito de tu sal ardiendo en mi piel
del abrazo de tus olas
de llegar a lo más profundo
donde perdamos la consciencia
para ahogarse de tu amor mi mal…

Me entrego, rendida y llena de fuerzas,
con la sangre caliente recorriendo mis venas
y la piel como siempre sedienta de tus besos
queriendo desafiar a los celos de la arena…

Me entrego, no dejes de abrazar este amor
que regala a tu oscuridad la luz de su alma
que necesita una y otra vez atreverse
en tus brazos a nadar, más allá
donde la vida a veces es muerte
y yo no quiero escapar…

soundcloud.com/lola-bracco/me-entrego (Lola)

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Death is the road to awe

Acto 1. El miedo.

Estoy incubando la muerte
con mi propia vida.
Con mis manos, el amnios.
Con mi...

Antes de que apriete el frío,
La oscuridad supravital,
y el amor precario.
¿has amado por miedo?

Tanatofobia me suscita
Trémulo espiritual.
Para aliviar emulo
íntegro al estoico.

Si. He amado por miedo.
Para distraer a la muerte
incrusto entre párpados y tuétano
amores de sangre y prepago,
pero nada es suficiente.

Mi sangre es pura espuma.
Supura dolor a borbotones.
No podría gritar,
¡Oh, dios! Eso sería irreversible.

Lamento tanto acotar.
Trato de acostumbrarme
a la finitud
pero la angustia es absoluta.
Luego lego la muerte pero
es légamo insondable.

Acto 2. Objeto.

Me niego a descender
a la muerte profunda.
Procuro enraizar mi psique
sin que sea pertubado.

Me cierro en banda.
No recibiré tal puntilla,
que mi vida es solo mía
y en ella, soy quien manda.

Las posteridad hipotética
no me interesa así.
Inhumar sin impugnar
es inmolarse gratis.

¿Acaso no merezco
conservar mi formato?
Oh, por mi prez y mi amor,
¡Déjame curar mi muerte!

Acto 3. Trascender.

Jainista inorgánico.
Mis tibias cenizas
auspiciarán más vida.
Este es mi legado.

Como fiel vitalista
honraré la tierra
con la plenitud de mi carne.
Pétalos saldrán de mis escamas.
Tallos crecerán de mis lunares.
Amor emanará de mis huesos,
y de mi amor brotarán orquídeas.

Elevar aleve mi materia.
Multiplicar en definitiva,
de un único individuo,
retazos infinitos de vida.

Tras la brevedad del ser
Aguarda la trascendencia.
Ya no tengo dolor.
Sublimar empodera.

Estaré incubando la vida
con mi propia muerte.
Con mis átomos, el amnios,
Con mi...
luz.
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Toma

Te entrego mi alma
si es que tienes la calma,
de darle calor
entre tus manos.

Te entrego mi corazón
si tú contra toda razón,,
le haces un lugar
en tu pecho.

Te entrego pensamiento
dolor, sufrimiento,
si es que tienes el contento,
de compartirlo conmigo.

Te entrego mi muerte
si es que tengo la suerte,
de encontrarte
y morir entre tus brazos...
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Conservo tu sonrisa en mi mente

* Estar en paz con la vida
porque la muerte
no espera no llama
llega sin avisar *


Si pudiera
volver a tras
el reloj de la vida
verte una vez más

Siempre regreso
a nuestra última charla

No dejes de escribir
con tristeza te decía

Y tu respuesta fue escribir
una reflexión sobre la vida
escrita para el mundo

Un mundo que amaste
que le diste color
con tu filosofía

escribías ya sin fuerzas
aún sintiendo dolor
hasta tu último aliento

Sé que sabias
que te estabas muriendo
y con amor sonreías

Amaste tanto
que no querías traicionar
nuestra fe.

MMM
Malu Mora
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Mi designio, la soledad

Mi amor por ti no tuvo edad.
Mi amor por ti fue un desatino.
La condena social, arbitraria y descarnada
declaró nuestro dulce amor impío.
Verdugos implacables.
Sicarios despiadados.
El escarnio público al que fuimos sometidos
alimenta mi vergüenza clandestina.
Mi amor por ti era puro.
Mi amor por ti era inmaculado.
Tú eras tan joven, inexperto, efebo
yo una dama solitaria empapada en descontento.
El mundo no estaba preparado
para aceptar este perturbado desafío.
Acaso tú tampoco…
¿Acaso me querías?...
Me dejaste sin motivo ni palabras
Me dejaste herida y sin venganza
No quiero recuerdos que evoquen mi indecencia.
No quiero recuerdos que insinúen mi demencia.
Mi razón te desprecia y te maldice.
Mi corazón te desea y te bendice.
El amor…
¿Qué es el amor?
¿Acaso no verte?
¿Acaso extrañarte?
¿Sentirme vulnerable?
La cercanía crispaba mi piel con tu mirada.
Tus ojos me embrujaban y hacían latir mi corazón enloquecido.
Tus negras pupilas se clavaban como dagas
y fascinaban mi ultrajada madurez con un suspiro.
Cuando murmurabas poemas de memoria
me transportabas de rodillas a la gloria .
En mutua confidencia.
En íntimo deseo.
Susurros licenciosos y lascivos
estallaban en mi cuerpo enardecido.
Cierro ilusa los ojos encendida.
Abro mis vísceras profundamente conmovida.
El sonido viril y masculino de tu verbo
me hacían olvidar tu genuina juventud, tu lozanía.
Soñaba con tu voz antes de oírla.
Pensaba en tu cuerpo antes de verlo.
Embelesada y cautiva de tu hombría,
sueño con besarte, sueño con tenerte, sueño que eres mío.
Tu broma cruel pisoteó mi prístina ilusión.
Tu mofa macabra desató mi condena y mi tragedia.
Hoy mi alma grita tu nombre
desgarrada por la afrenta y la vergüenza.
Palabra nimias. Palabras huecas.
Mi derrota es a las claras tu triunfo.
Ya no transitarás la pureza de mi cuerpo.
Ya no sabrás de mis íntimos secretos.
Mi imprudencia desafió tu valentía.
Mi insensatez provocó tu ego henchido.
Amor espurio.
Amor maldito.
Es mi último deseo que te enteres
que esperé por tí toda la vida.
Que la pena infinita que me asola
es artífice del rencor y del despecho.
Lágrimas absurdas, necias, inoportunas
asoman por mis ojos casi ciegos
ruedan delirantes, errantes, moribundas
sobre mis mejillas anhelantes de escarmiento.
Me siento en el borde de mi lecho,
cómplice mudo de mis noches solitarias.
Las sábanas blancas con almidón inmaculadas,
son las eternas confidentes de mis sueños.
En la hora final de mi deshonra
serán manchadas cual bautismo en sacrilegio.
Acomodo mi falda de modo decente y circunspecto
aunque más no sea para aparentar en mi último aliento.
Tomo el arma ejecutora entre mis manos.
su frío metal presagia mi castigo, mi destierro.
La teofanía hace presente a mi ángel de la guarda
futuro compañero en el averno.
-Gira suavemente tu rostro y reza conmigo-
le suplico temblorosa
-O serás tú, cómplice en mi cobarde destierro.
Aprieto el gatillo con mano temblorosa
urgida en el final por tu partida.
El disparo atraviesa el corazón de medio a medio
agrietando criminal mi alma herida.
Mi cuerpo por la ofensa desangrado
yace inerte agobiado por la pena y el hastío
Esta es la prueba de un amor casto y sagrado.
Esta es la prueba de un amor enloquecido.
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sin muerte

¿cómo no sentir esa orfandad
hundida en el cuerpo?

suspirando

como una criatura
desolada,

anhelando
un nido de agua:

paraíso sin muerte

L
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Perdona, mujer

Quiero pedir perdón
por cada una de las veces
que te he mirado, mujer,
y he hecho que te sientas un objeto,
ganado directo al matadero.

Perdón por cada vez que has temido
cuando me acerqué a preguntar una dirección,
o la hora.

Discúlpame cuando he dado por supuesto que,
por ser cariñosa,
podía intentar algo más que una conversación,
o cuando he dicho algo que te ha molestado
y, rápida y hábilmente,
me disculpé,
dije que era broma
o que sacabas las cosas de contexto.

Perdóname por hablar de ti con los amigotes,
por contar lo que hicimos
y, sobre todo, por inventar lo que no.

Espero que alguna vez olvides
cuando te traté de manera distinta
por ser atractiva o por no serlo para mí,
cuando te he seguido por redes sociales
sólo por tu atractiva
o te he dedicado unas letras
porque me siento atraído por ti.

Me encantaría que no hubiesen pasado por tu cabeza
las cosas que pensaste cuando tuvimos sexo
y fui egoísta,
cuando nos hicimos un selfie
y te traté como un trofeo
o cuando rebusqué en tu muro
para señalarte como otra más que iba a caer.

Lo que no quiero que perdones,
porque yo no podré hacerlo nunca,
es mi silencio ante la fanfarroneria,
los comentarios agresivos,
sexistas, despectivos,
misóginos de los animales con los que,
por desgracia, comparto género.

No te merezco, mujer.
Ningún hombre estará jamás a la altura de ti,
mientras nosotros mismos permitamos
que compartas planeta con tanto miserable.
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Miedo asusta
miedo duerme
miedo se cansa y me mima
padre de mis lágrimas
padre de mi consciencia,
me pegas
y me arrastras
por los recuerdos de mis muertes,
se hace presencia permanente,
padre, tu ausencia puede matarme
de tí soy cuerpo vivo
de tí no son hombres muertos
y manos mías con sangre,
pero de ti soy consciencia enferma
¿Cuál es tu origen, infeccioso?
Y cuál tu final.
No se si te amo
o me resigno a aceptarte.
Miedo, padre.
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No hay tiempo para crecer

Martín tenía todos los años que su abuelo tuvo cuando empezó a trabajar, pero Martín todavía era un niño y sin embargo ya se confrontaba cara a cara con la muerte, día a día, hora con hora, al costado de la cama donde su abuelo agonizaba, resistiéndose a morir, pero con la certeza de un inevitable fin, que ambos conocieron desde aquella tarde en la que el médico les dijo que su cáncer de riñón había hecho metástasis y muy pronto consumiría al anciano, quien solo dos meses antes manejaba su camioneta y visitaba con frecuencia a sus parientes, a 70 kilómetros de la capital.

Martín no tenía que saberlo, no tenía que estar en el hospital cuidando a su abuelo. Ni siquiera tenía que saber qué cosa era un tumor canceroso o cuándo hacía metástasis, pero desde que se agravó el mal tuvo que hacerse cargo de su cuidado, abandonando el colegio, porque su madre no estaba con él sino fuera del país, tratando de ganarse la vida para enviar dinero a su hijo. Y su abuela apenas entendía lo que estaba pasando pues el cerebro de la mujer mayor se había deteriorado de tanto aislamiento y maltrato.

Y es que el viejo Samuel no era tan buen hombre como parecía. La condición de su esposa y el cáncer avanzado evidenciaban su descuido y su poco aprecio por la vida, situación a la que contribuyó una fe religiosa que los llevó a los extremos del fanatismo, pues su idea acerca de la predestinación y los designios divinos los mantuvo por décadas en la inmovilidad respecto a qué hacer con sus vidas (que no fuera orar), y en la resignación, frente a los hechos consumados. Ellos solo eran un “instrumento del señor”, y así se fueron entregando a su Iglesia Evangélica y a su Pastor, que cada día les exigía más señales de fe y más diezmos.

- Martincito reza por nosotros hijito. Seguro que si asistes al culto el señor te va a escuchar. Yo sé que el Pastor me puede sanar.

Martín vivía con sus abuelos, pero supo mantenerse alejado de las ideas y exigencias que los viejos tenían para él, y ello gracias a los reiterados reclamos que su madre hizo a sus padres, en ocasiones airados, y gracias además al dinero que ella enviaba, que condicionó el trato al nieto, por cierto, el único que tenían los ancianos, uno concebido del último “descuido” de su madre, pero que no quiso abortar (luego de dos “pérdidas” anteriores) para no perderse la oportunidad de “experimentar” la maternidad.

Él era un muchacho jovial, hecho para las redes sociales, pero también para los escasos contactos personales que el fútbol y las visitas al centro comercial posibilitaron. No conoció a su padre ni oyó hablar de él, pero recibió mucho amor de su madre, hasta los once años, cuando ella tuvo que partir a buscarse la vida en un bar latino de la costa mediterránea, de propiedad de una amiga de la infancia; lugar muy frecuentado por jubilados europeos, durante los meses de verano.

Y ahora que su madre parecía encontrar la forma de ganarse un dinero en esa ciudad española, ocurría esto con su padre.

La pensión de Samuel no alcanzaba para su tratamiento contra el dolor, por ello es que Martín trató de buscar la manera de apoyarlos y acudió a la iglesia a la que asistían los abuelos, pero el hijo del Pastor solo le dijo que pronto irían a visitarlo. Martín entonces habló con un tío policía que tenía allá en el sur, y éste habló con los parientes del abuelo, pero solo se pudo conseguir que organizaran una “pollada bailable” de la que se recaudó una suma de dinero que jamás llegó a casa de los abuelos.

- No te preocupes hijo, el hospital le va a dar medicinas a tu abuelo y lo van a visitar cada semana.
- Pero, tío, hay gastos extras.
- Muchacho, habla con tu mamá.

Luego de unos días en el hospital, el abuelo fue enviado a su casa a morir. Lo supieron del médico que recomendó darle calidad de vida al viejo para vivir sus últimos días sin sufrimiento excesivo.

- ¿Es que acaso no estaba en un hospital? ¿Por qué no lo podían curar?

En esos momentos, los sentimientos de Martín se confundieron, pensó en su madre y en medio de la noche, entre sollozos, la llamó, aunque solo fuese para echar fuera de sí el miedo y la rabia por no poder llevar una vida normal, igual que sus amigos.

- ¿Por qué me han jodido la vida reduciendo megas a mi móvil?

Unas horas después de andar cavilando y revisando la web, gracias al wifi del vecino, Martín ya tenía una idea de lo que tenía que hacer: velar por su abuelo, darle las medicinas prescritas para el dolor, esperar la visita de los médicos e incluso, si fuese necesario, aprender a inyectar.

Ya en casa las cosas se hicieron menos fáciles, porque empezaron a sufrir las carencias de implementos y atención que un paciente terminal requiere, sobre todo uno que empieza a perder la capacidad de movimiento. ¿Qué iría a hacer él para ayudar a ese hombre, si su cuerpo adolescente aún no había alcanzado la fortaleza para hacer frente a tanto esfuerzo?

Algunos días venía una pariente a dejarles comida, otros días la abuela pugnaba por cocinar, pero Martín, por consejo de su madre, se lo impedía, por ello es que se hicieron clientes habituales del restaurante de la esquina, que siempre enviaba una sopa que se debía licuar para ser deglutida por el abuelo. Fue entonces cuando descubrió las sopas instantáneas, que no tuvo reparo en usar.

- Total, ya no importaba si le terminaba dando cáncer por consumir esas sopas…. Además, tienen buen sabor.

Pero vaya que daba trabajo el ayudarlo a sentarse en la “chata” que se había traído del hospital, para defecar u orinar, por ello es que se agenció de una botella de boca ancha para usarla como “papagayo” y algunas bolsas para los vómitos, que inevitablemente se presentarán.

Dos semanas después de haber faltado al colegio vino su tutor; su visita lo inundó de sentimientos encontrados: pena, vergüenza, alegría, rencor, pero muchas ganas de extender su mano para recibir ayuda. Y así lo entendió el joven profesor que ya había pasado por una experiencia similar con un pariente, aunque nunca tan dura como la venía pasando el pobre Martín.

A los dos días llegaron unos compañeros, le contaron que en el salón se habían organizado para venir a darle una mano. La verdad era que el maestro aún tenía esperanzas que Martín volviese al colegio, por ello lo seguía considerando uno más de la clase y le enviaba ayuda para resolver las tareas. Pero su vuelta al colegio no dependía de él.

- ¿Acaso había alguien más que pudiese solucionarle el problema?

Coincidiendo con la llegada de sus amigos aparecieron nuevos parientes que acompañaron por horas al anciano. Martín tuvo la ocasión de tomarse algunos descansos fuera del cuarto donde dormía con su abuelito. Ya entonces una doctora había recomendado alejar a la abuela de su esposo, que se había tornado en un fastidio para ambos.

- Tiene que pasar sus últimos días tranquilo sin la presencia perturbadora de la vieja senil - Fue lo que dijo la doctora, sin mayor miramiento.

Por las noches su madre, tomando minutos al sueño, le escribía y en ocasiones realizaba video llamadas. Y lo que al comienzo fue un llanto compartido se tornó en rutina y dureza con el pasar de los días. Al cabo de unas semanas Lucía escribía menos y solo hacía video llamadas cada quince días. Eso sí con indicaciones precisas.

- Hijito lindo, si pasa algo grave o lo que tú ya sabes me escribes pronto para llamarte. Ya hablé con tu tío José para que se tomen las medidas necesarias. Te quiero mucho mi amor, pórtate bien.

Algunas noches el llanto tomaba por sorpresa a Martín y en esos momentos de desesperación llegó a querer que su abuelito muriese pronto, pero se acostumbró a su agonía, lenta, dolorosa, con vaivenes de lucidez, y dejó de hacer las tareas o dedicarle minutos al colegio, a pesar de las facilidades brindadas por el colegio.

Luego de algunas visitas esporádicas de sus compañeros, éstos dejaron de venir, pero quien no dejó de hacerlo fue Jimena, su mejor amiga. Venía unos minutos al salir de clase y luego vino un día que era feriado. Una tarde, cuando se entregaban al descontrol de sus cuerpos, junto al adormecido abuelo, apareció de pronto la abuela.

- ¡Muchacho del demonio que estás haciendo con el pantalón abajo, sal de aquí! -gritó la vieja- ¡Se lo voy a contar a tu madre!

Aquella tarde no pasaron de unas caricias, unos besos y un fallido intento de coito.

Pero tres semanas después Jimena dejó de venir. Y antes que Martín supiese la causa, Lucía se enteraba del retraso de la menstruación de la niña, porque la madre de Jimena se lo reclamó por whatssap. Martín nunca lo supo finalmente, pues Jimena no volvió a verlo y Lucía no quería perturbar a su hijo en estas circunstancias. Las dos mujeres habían coincidido en llevar a la niña a una curandera muy cumplidora, que la misma Lucía recomendó.

Después de todo la vida no hubiese tenido oportunidad alguna estando la muerte tan cerca.

Una madrugada, cuando Martín dormía al lado de Samuel, su abuela lo despertó violentamente.

- ¡Muchacho levántate, tu abuelo se ha metido en mi cuarto y me ha venido a despertar!

Martín quedó confundido por un momento y luego se levantó bruscamente para ver a su abuelo. Prendió la luz del cuarto, apartó a su abuela y como lo había ensayado varias veces observó el rostro del anciano que parecía dormir con los ojos bien cerrados, levantó las frazadas y observó su pecho y su abdomen, no se movían. Tocó su cuello para detectar su pulso y finalmente puso un espejo sobre su boca.

- Abuelita, se murió mi abuelo…

Se sentó al lado de la cama sin emitir sonido alguno, mirando al suelo, con la mirada seca y extraviada. Al cabo de unos minutos se puso de pie y buscó a su abuela, ya no estaba en el cuarto, la mujer había regresado a su cama, donde volvía a roncar, como cada noche, sin darse cuenta que había quedado viuda.

- Si pasa durante la madrugada no me llamen – Había dicho el médico tratante - igual no podré venir sino hasta la mañana, tápenlo y esperen mi llegada.

Por ello Martín se quedó a esperar el amanecer, sin poder dormir, pensando cómo se lo iba a comunicar a su madre. Recién a las cinco de la mañana pudo escribir unas palabras.

- Mamita, mi abuelito ya está con el señor. Llámame por favor…

Al tercer día Martín regresó a su cuarto y la abuela volvió a deambular por el departamento, sin entrar a la cocina, donde Martín le tenía prohibido ingresar y donde, para evitar su presencia, había pegado una imagen de Cristo en la cruz que le daba miedo a la mujer, porque su Pastor le había dicho que esas imágenes son obra del demonio.

Los días de Martín fueron distintos desde aquella tarde en que, oyendo los desvaríos de la abuelita supo que él tendría que hacerse cargo de la casa hasta que regrese su madre. Algo que probablemente iba a tomar un tiempo, porque Lucía, abriendo su maduro corazón, había iniciado un romance con un viejo alemán, que al parecer ya le había ofrecido matrimonio y prometido llevarla a su pueblo.

Tal vez pronto vendría más dinero de Europa, mientras tanto Martín tendría que ponerse a trabajar, como lo hizo su abuelo a su edad.
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Oscuridad Fulgente

Inerte se sentía la aurora
en un mundo limitado
llameante las tinieblas
sin leyes e hipocresía

Prefiero arder en la despiadada verdad
que sucumbir ante la sutil mentira
extenuado de seguir doctrinas y soporíferas rutinas
me fui a dormir con una sobredosis de morfina
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sin comentarios 13 lecturas versolibre karma: 41

Ironía

Que rápido acaba todo,
cómo es posible que morir sea un hecho tan agudo?
cómo puede dejar de respirar algo que en su momento fue tan real?
cómo puedes hablar sin que se te caiga el pecho a pedazos?
o sin que la voz se te haga añicos mientras golpeas los huesos que caen sobre sus brazos?

Que ironía el amor,
que irónica tragedia creaste,
al destruir todo lo que expresaste solo por amor al arte.
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7
sin comentarios 21 lecturas versolibre karma: 76

Destino

Cuando llegue la hora
de mi muerte,
Sin temor la miraré
de frente

"Eres la rueda, el ciclo
naturaleza y principio
¿Qué sería de un libro
si no tuviera final?
¿Qué de una historia
sin desenlace?
¿Qué es del bien
sin el mal?".

Cuando llega su hora
la estrella se apaga
En su lugar siempre nace
otra estrella que brilla


Una ola jamás será ola
si no rompe en la orilla

Evan Huygens
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3comentarios 79 lecturas versolibre karma: 106

•• fénix uno ••

Conozco el camino por el que ando,
pero no a dónde llega.
Siento el vacío
corrompiendo mis venas.
Miro alrededor y siento el frío:
debería dejar de revestirme
con la culpa y la pena.

Tiembla mi alma
y suspirando
le digo: ni consiguiendo la calma
tendría lo que ansío.

Es difícil bailar sobre el fuego,
imposible hacerlo sobre las cenizas que,
aunque sople el viento queriendo hacer desaparecer el duelo,
aquí estoy sin vida
sin amor
sin velo: he despertado
en el único momento
en el que habría preferido estar durmiendo.

Ven, león, mírame ahora
mírame ahora que el reloj se ha roto
y las agujas me ahogan.
Guíame para poder respirar
en este tsunami interno que noto,
¿seré capaz de olvidar?
¿Podría, aunque cobarde y si eso te trajera de vuelta,
volver a cerrar los ojos? ¿Es este fénix que siento
un espejismo? ¿Me miento?
¿Es esta sensación de volver a volar
la que va a hacerme caer y firmar
mi sentencia de muerte y llegar
a donde el camino por el que sé que ando me llevará?
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6comentarios 87 lecturas versolibre karma: 92

Mapa de ti

La vida o es corta
o hay demasiado tiempo muerto.
Duermes acostada en mis ojos
Y yo te sueño despierto.

Si estoy contigo,
Cómo le voy a tener miedo a la muerte,
Si hasta los treboles de cuatro hojas
me envidian la suerte.

El mundo está perdido,
como el caos en el ruido.
Sólo con un mapa de ti
me encuentran a mi.

Siempre está muriendo
La flor que regala su fragancia.
Para ser feliz
hay que hacer una tregua con la ignorancia.
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Persuadiendo a la muerte

Siempre pensé que el destino,
era el conductor de mi vida,
pero un día se hizo trizas,
al chocar con la muerte.

Y ahí estaba la suerte
salvando mi desventura,
trazándome la fortuna,
de terminar siendo un ente.

Entonces le ví los dientes,
a la muerte muy de cerca,
pues ella era una terca,
que me quería igual consigo.

Le expliqué que mi destino,
había chocado con ella,
y con mucha sutileza,
me fuí cantando bajito.

Así que ví que el destino,
puede cambiar con la suerte,
y que puede evadir a la muerte,
si yo la persuado primero.
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Mi último poema

Los días pasan frente a mí,
las horas es lo último que cuento,
los minutos casi no los veo,
y los segundos ya ni los puedo sentir

El tiempo está por consumir,
todos mis muchos recuerdos,
pulverizando sin esfuerzo,
lo que nombré vivir.

Qué decepción que en este momento,
quiera retornar yo atrás,
por olvidar la forma fugaz,
en que se ha perdido mi aliento.

No es tiempo de lamentos,
sino de disfrutar,
lo que aún puedo recordar,
y no olvidaré ni muerto.

Mi legado será,
todo lo que escribí,
las amistades que pude hacer,
la familia que construí,
y este poema que dejaré.

Espero así poder,
lograr que los demás,
se interesen un poco más,
en el tiempo que poseen.
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Amor hasta la muerte

Amor hasta la muerte
Un árbol, un árbol
está solo el uno con el otro, el
viento y el aire
dicen su distancia,
pero bajo la cubierta de tierra,
sus raíces crecen
en las profundidades de lo invisible.
Enredan las raíces juntas hasta la muerte.


Che-Bazan.España
www.youtube.com/watch?v=FiX_xKgdvbw
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