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Ladrones (microcuento)

Ella era ladrona, ladrona de profesión, robaba todo a su paso sin nublarse ni un poco la razón, la razón la sostenía, la coherencia la olvidaba hasta llegar a la puerta de su casa…
Ladrona que roba a ladrón tiene 100 años de perdón, asi que robaba a ladrones esos sin corazón, esos que por la noches roban coches o suben por un balcón… pero la noche de una anoche, que al fin pudo dormir soñando como gastarse lo robado la mañana del día anterior, un ladrón entró en su casa, y mientras dormía la miraba y miraba, y tanto le había gustado que se iba sin robar (sin robar más que robado eso que sintió: amor) y fue cuando la ladrona de ladrones cuando se marchaba, por la espalda lo golpeó…
Lo llevó a su cama, y lo miró, y lo miraba, tenía cara de ángel, piel de niño, boca de esas que cuando duermen hace casi trompa… y lo miraba, no tenía arma, y lo miraba y le gustaba…
Y Despertó!!!
Y flor de grito pegaron al mirarse los ojos los dos, le pidió que se callara, su familia dormía, le preguntó que buscaba, que su casa era humilde y se quedo hipnotizada en el oscuro encierro de su joven y avergonzado mirar. El, él calló un rato y levantó la mirada, le explico y contó su historia, y ella embelesada, boca abierta, quietas sus pestañas, sólo atino a decirle una cosa: si, quiero robar tu amor cada noche y hacer nuestros sueños perfectos, que asaltes mi alma, me quiero casar .( Lola)



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Juez, jurado y verdugo (colaboración con @Letizia)

Cuando mis errores no vea
o me mantenga en mis trece;
cuando diga "no" y "no"
o creas que mi amor fenece;

Cuando de ti necesite
que otra vez me perdones
y sean tal vez más aún
que setenta veces siete;

Cuando digas "ya basta"
de soportar reveces,
o cuando tu amor creas
que yo ya no merezca;

Si llegares a pensar
que lo nuestro acaba,
o se pueda borrar todo
con tan solo un plumazo,

O que tal vez yo no me moriría
si no estuviera en tus brazos;
que volvería a estar solo
o que soportaría un fracaso.

Recuerda que deberás apretar
bien fuerte el cruel lazo
y atar mucho mejor aún
el insoportable nudo;

Pues entonces, vida mía,
siguiendo esa línea,
serás tú sola a la vez
juez, jurado y verdugo...

Cuando eso suceda,
entonces a mi boca
escucharás
un sonido emitir...
uno que suene
a silencio...

Pero si acaso,
quieres hacerme
hablar, te diré amor,
sin ánimos de caer
en una acalorada discusión,
que mires fíjamente
a mis ojos...

Y si tal vez descubres
en ellos una llama de fuego,
no pienses amor, que es un
juicio contra ti...

Pues en pecado,
me he declarado yo
ser la primera,
y no arrojaré
la dichosa piedra...

Entonces esa llama de fuego,
no es más que el montón de defectos
de los cuales tú te haces acreedor
y que los he extinguido yo...

Dicho de otra forma:
tus defectos,
no existen en mi memoria,
pues es más grande
el amor a tus virtudes y hallo
más placer en ellos,

Que en el querer
el tiempo valioso perder
en señalar tus defectos,
los mismos que al doble
seguro tengo yo...

Lejos amor, de osar
apretar el lazo
y hacer un mejor nudo,
lo que haré será
envolverte en mis brazos,
calmar tu dolor y cubrirte
con el bálsamo del perdón,
para así demostrarte
cuán grande es mi amor.

Juez, Jurado y verdugo,
en esta historia
tan grande de amor
no tienen un lugar que ocupar.
Que se vayan donde sus
funciones sí tengan valor...
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Piropo a una madre

....

Son tus besos, madre,
pedacitos de estrella,
puñaditos de tierra,
en tus manos luceras,
sembraditos en la mar.




A mi madre, Isabel García, por darme todo sin pedirme nada.
Sirvan también mis versos de homenaje al resto de las madres sean de donde fueren.

@Inmalitia, Andrés García. © Septiembre, 2018
Imagen: Mi madre
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Una casita frente al mar

Haz las maletas y camina hasta mi casa.

Mi casita está en la playa frente al mar.
Es pequeña y humilde, la pinté con el azul celeste y el marino del mar.
Ya verás, la reconocerás enseguida, no temas.
Notarás la fachada deslucida con el paso del tiempo y de las tormentas, pero todavía altiva.
A la puerta, en constante deriva una chalana que solo navego cuando te escribo.
¿Sabes?, a veces, sonrío al pensar que en realidad solo poseo una pequeña puerta de madera repintada de blanco, entre dos mundos.
Que las paredes son de un adobe amalgamado con la bruma de las aguas y la arenisca de las dunas.
Que las ventanas son enormes y cautivadores ojos de buey….

(Te confieso que me da por reírme tontamente como un chiquillo cuando pienso en los desorbitados ojos del animal)

… desde donde cuento cada una de las olas espumosas batidas contra las inocentes rocas del acantilado.
Es muy entretenido te lo aseguro, el tiempo parece detenerse a cada espasmo cínico de mi mirada y, cuando quieres darte cuenta, ya es prima noche.

Haz las maletas o coge cualquier cosa y vente a mi casa.

Seremos felices, lo intentaré con todas las fuerzas de mi corazón, de nuevo.
Aunque debo decirte que no tengo jardín; pero si tengo tiestos, pocos, la verdad, con flores multicolores que cada otoño mueren absortas mirando al mar, impasibles.
¡Oh, pero no me entristece por que apenas es perceptible!

Pero te hablaba de las noches, ¡Dios se me va la cabeza!, de la oscuridad de mis soledades, de mis tristezas…

Haz tu equipaje y vente.

Olvidaba decirte ¡No traigas libros!, aquí hay palabras y versos siempre en el aire.
Es un engorro porque a ellas tengo que atraparlas y a ellos escribirlos y son muy traviesas y esquivos,
es imposible tener la casa limpia con ellas, ¿tu me ayudarías a limpiarla?.
Mientras tú atraparas las revoltosas palabras escapando huidizas al olvido de mi memoria,
yo atraparía a los versos más dóciles.
Luego, al ocaso navegaríamos la chalana sembrando lo recogido en el mar purificador
que nos devolverá en cada ola contada desde mi ventana,
en reflujo jugoso de una lengua limpia de morfemas y lexemas tu ya sabes amor, de barreras.

Haz tu equipaje solo con la piel de tu alma y acompáñame.

Lo peor son las tormentas…
…se filtran por dentro y me recorren fluviales con su líquido cienoso y salado de sirenas embriagadoras….
Pero, amor, tu nos les temas porque serán para ti arcoíris dibujados al capricho del sol y del aire.
A los vecinos les gusta, supongo, yo nuca salgo pero si estás tu, cogeré tu mano enamorada y nos sentaremos en la arena
y nada nos secará ni marchitará.
Y cuando el viento amaine y la fuerza del mar se congele
cogeremos juntos la chalana y ya, sin miedo, pediré besarte.
¡Oh dios que vergüenza después de tanto tiempo!

¡Haz tu maleta y ven enseguida!

Creo que la flores están marchitándose,
que el ojo de buey, ¡maldita la risa!, se están ciñendo a mis ojos
y ya apenas distingo el reflejo del agua salada.
Que la bruma de las paredes se está disipando,
y la arena cae lánguida en el fondo acristalado de mi existencia.
Ahora, las tormentas son terribles y devastadoras,
y tengo miedo al trenzado de su cuerdas abrasadora de toda esperanza.

Coge tu mochila y vuelve con ella de felicidad repleta.

Y si por los caminos pierdes el rumbo y decides asustada no volver,
¡Ardamos entonces la playa, la casa y el mar,
y que el cielo contemple mi cuerpo abrazado
al dulce veneno de las sirenas de sal!.

Ven desnuda a contemplar mi cuerpo enjuto,
ahora parco en palabras,
y entiérralo bajo una lápida pesada,
y como epitafio estos versos,
con flores a María, no junto al mar,
si no en sombrío terreno de huerto castellano.




@Inmalitia, Andrés García. © Septiembre, 2018
Imagen: Aspecto de una caseta de la costa de Jesús en Ibiza. D.I. Diario de Ibiza.
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La carta



Hoy con el tiempo vencido
y la mirada perdida
del alcohólico redimido
solicito tu perdón.

Doblo la hoja escrita
encorvando mi vida
ensobro y franqueo
esperando tu razón.

Y pasa el tiempo silente
indócil a mis sollozos
llenando botellas vacías
con las lágrimas de mis ojos.

En mi buzón, la esperanza
la duda, la desazón
ya en mis manos temblorosas
tengo tu contestación.

Y se rasgan a un tiempo
el sobre, el alma y el cuerpo
para siempre ya pierdo
todo anhelo de salvación.

Remitiré tu carta a la parca
que no demora respuesta
verás que presta envía
a la muerte más impía.

Y en estas dantescas escenas
entre aguas y muros ardientes
entre dientes musito, exangüe
la penitencia de tu perdón.





@Inmalitia, Andrés García. © Agosto, 2018
Litografía Drawing Hands (1948) de de M. C. Escher
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Admitiendo La Verdad

A veces juzgamo a la vida equivocadamente y pensamos que a ella parezca gustarle el burlarse de nosotros. Que disfruta dándonos cosas, momentos y personas, para después arrebatarnoslo, pensando que así ella se entretiene.

Quizás porque nos empeñamos en creer que las cosas deberían ser tal y como queremos que sean, cuando la realidad es que nos está brindando la oportunidad del conocimiento de la auténtica verdad de cada momento y de cada persona. Para así evitar una vida de mentira, que nos haga engañarnos quedándonos con simples recuerdos de fábula.

Es cierto que cuesta y duele reconocer la verdad, tanto por verla como por admitirla, pero una vez que la aceptamos, nos sentimos auténticamente libres.

Iván A.
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Perdoname

En las cosas del amor
se nos atraviesa el error
Pero debe ganar el tu y yo
cuando se habla del corazón

No hay lugar para el fracaso
mucho menos para el adiós
cuando el alma te da un abrazo
y la ilusión llena espacios.

Yo te amo y lo confieso
no hay perfección ni tropiezo
pero si hay lugar para un perdón
Pues en el amor no hay razón

Hoy y siempre por ti suspiro
hoy en tus ojos me miro
pues aunque no estes conmigo
sacarte de mi mente no consigo

Vuelve a mi lado vida mia,
sin ti la tristeza me envolvería
quiero convertirme en tu manía,
pídeme lo que quieras, nada te negaría

Toma mi mano y no me sueltes
te enseñaré a volar sin alas,
a caminar conmigo siempre
y levantarte cuando caigas.

Aquí estoy, ven, encuéntrame,
no me iré mientras me quieras
este amor no es de quimeras
es real y amando jamás perdieras

Las letras de mi alma.
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El final de los pasos (con ze pequeño, RebkTD , Hortensia M. Ch.)

Hay derrotas que entierran

Toda esperanza

Toda alegría

Toda fortaleza



Y es que hay puñaladas de acero

afilando con sangre los sueños

borrando las huellas con charcos;

salpicando en la tierra su barro

y un magenta estremece los párpados

Porque es hoy

Hoy... que hay sonrisas tiznadas de negro

con el luto del hambre en el pecho



Se derraman los ángeles

alrededor de las almas;

¿quién puede creer en el universo

cuando todas las estrellas están apagadas?

Camino de barro para pies de plomo

que apenas se aguantan.



No se puede empezar,

cuando no se ha podido cerrar.

Las heridas se quedaron abiertas,

las puertas entornadas esperan los regresos.

La manos buscan el pestillo de nuevas puertas

y los ogros de ojos azules las cierran a cal y canto.

¿Cuándo dejamos de vernos en el espejo del otro?



Aparecen

Las princesas de negras mantillas

Los señores de feudos prohibidos

Los bribones de tierras lejanas

Los infantes de un reino olvidado

¿que buscaran?

¿acaso la esperanza guardada?

¿Acaso las rosas robadas... ?



Dónde están sus pétalos, el aroma blanco

y que respire el pueblo con sus verdes tallos

Dónde, dónde los capullos ...

solo veo espinas clavadas en manos

Y sed en los labios …



Pero el agua quema,

el cielo es lluvia de metralla,

las estrellas disparos.

Alguien cierra los ojos,

alguien tiende una mano...

pero nada...

¿Hay algún corazón que regale sus latidos

a aquéllos que no pueden escuchar

ni siquiera su propio ruido?



En el silencio el llanto es más fuerte,

el dolor más agudo

y el miedo la única ropa…

-No mirar no cambia nada-

-No ver no es eliminar-

…..Mira y grita…..

Que tu voz sea su voz.

Que tu mano calme su llanto

y que tu abrigo le vista de esperanza.


No te permitas desfallecer hoy

Eres el caballero del norte

Eres el principe del sur

Eres el duque del norte


Ten fe de tus proezas
No te rindas nunca
Ni con la agreste noche

Ni con el funesto sol

Lucha siempre

Vida, vida, vida

Te pertenecer hoy
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Te Perdono Papá

TE PERDONO PAPÁ

Yo no te conocí
jamás pudimos vernos
jamás te pude preguntar
¿porque me abandonaste?
dicen que mucho nos parecemos
¿puede ser que sí?
al fin y al cabo
aunque nunca supiste ser un padre
fuiste el padre que la vida me dio
por eso odiarte no puedo
y hasta el cielo te digo
te perdonó papá.

Autor: Robert Allen Goodrich Valderrama
Panamá
Derechos Reservados
Junio 2018
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Traición

Jeremías 17: 5 dice:

"Maldito el varón que confía en el hombre..."
Y yo, confíe en ella.
Y me sobrevino maldición,
por la desobediencia
de mi terco corazón.

Aquel mensaje decía :
"confío en tí, y siempre confiaré,
aunque se caiga el mundo"
Y, he aquí,
el mundo cayó a mis pies.

Entregué todo mi corazón
a quien no debía,
mi amor y....
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Pedir perdón

Al saber mis sentimientos
descubriste qué es amor,
al soñar sobre mi pecho,
cómo late el corazón.

De la llama de mis labios,
cómo quema la pasión,
de mi mirada, que nadie,
te va a querer como yo.

De mi boca suplicante,
qué es la desesperación,
del torrente de mis lágrimas,
cómo muero de dolor.

Del olvido de recuerdos,
cuánto daña una canción,
del puñal de tus palabras,
cómo muda mi color.

Y ya vuelan tus promesas,
tus mentiras sin pudor,
en ti queda la altivez,
en mi la desilusión.

Con el tiempo yo aprendí
que habías sido un error,
tú, del amor, casi todo,
excepto a pedir perdón.
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Canariona

Mi querida Carolina:
A ti bella canariona,
en primer lugar, ¡perdona!
por mi fuga repentina.

Las quedadas clandestinas,
por Ponzano y esa zona,
preparadas encerronas,
en aquel bar de la esquina.

Tú, siempre tan femenina,
la perfecta mujerona,
con el gesto de leona,
y mirada de felina.

Ay, viciosa mesalina,
montando como amazona,
me llevabas a la lona,
tan sagaz y tan ladina.

Por salir de la rutina
y no llegar a la nona,
te cambiaste de patrona,
dejaste las ursulinas.

Sí, mi marcha fue mezquina,
pensé, que esto no funciona,
había otra en mi neurona,
que me daba adrenalina

Era una Julieta endina,
yo un amante de Verona,
la niña que me ilusiona
aunque sería mi ruina.

¿Me podré sacar la espina
no despedirme en persona,
de dejarte tan tristona,
de que llore tu retina?
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Mi peor enemigo

Era época de reconciliación, decían y había decidido hacer las pases con mi peor enemigo, era hora de perdonar, debía acercarme y darle una oportunidad, tal vez así desistiría de una vez por todas de su enferma afición de hacerme daño;

No era fácil, no lo era, había tantos años de dolor por olvidar, tantos golpes que perdonar que nada más el pensarlo sonaba desquisiado, pero era tiempo de reconciliación, este era el momento.

Entonces, busqué dentro, me agarré de las pocas fuerzas que me quedaban y le vi mirándome, me puse de frente, le mire a los ojos y le abrí mi alma, le pedí perdón y le dije firme y decididamente “te perdono” y créanme señores fue mi mayor acto de honestidad y era verdad, quería, lo necesitaba y lo hice.

En vez de responder, mi enemigo, tal vez incrédulo no lo sé, callaba, nada respondía, solo me miraba y entonces sucedió, una lágrima imprudente comenzó a asomarse en sus ojos y sorpréndanse señores, simultaneamente una lágrima apareció también en los míos, le sonreí y me sonrío, hacía tanto que no nos veíamos sonreir que supongo que esa era suficiente respuesta, estaba hecho.

Me di la vuelta, toda la carga había desaparecido, aún sonriendo caminé alejándome de allí con aquella ya olvidada sensación de paz interior, seguramente cuando vuelva a verle, igual que yo sonreirá pensé, me invadió entonces la curiosidad y giré la cabeza para verle de nuevo pero también se había marchado.

Ya no había nadie en el espejo.
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Deja fluir para avanzar

Nos hacemos adictos al dolor.
Nos ahogamos cuando el sentimiento de culpa simplemente nos impide respirar.
Quisiéramos poder abrir la garganta en un solo grito.
Pero con ello solo conseguiríamos herirnos.
Porque siempre eso será imposible en esta vida mientras las cosas se mantengan igual.

No podemos seguir intentando resolver la vida de otros.
Eso nunca llenará el gran vacío que tenemos en nuestro interior.
Porque para sanar debemos despertar.
Y tendríamos que desprendernos del apego falso que solo nos marca.

Reacciona y recupérate.
Nadie más lo hará por ti.

Porque tú no tuviste ninguna culpa.
Deja de cargar ese montón de lamentos que solo te doblarán la espalda.
Sólo conseguirás que te romperán en dos partes siempre desiguales.
Y no podrás unirlas de nuevo en un solo tierno abrazo.

Yo te creo, yo te perdono.
Porque por lo único que siempre fuiste culpable fue el tener una inmensa humanidad que se atesora.
Ahora en nuestro entorno eso es una joya preciosa.
Porque es un valor en exterminio en un mundo invadido por la falsedad.

Poesía.
Miguel Adame Vázquez.
08/01/2017
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Me perdono

Me perdono por tratar de perder mis propios sueños en la maraña de la franca confusión.
Me perdono por no sentirme amado y estar perdido en el recuerdo de lo que se llevó el seol.

Me perdono por sumergir mis gritos bajo un manto profundo.
Y nuevamente no poder salir del mar oscuro que solo finge lo que soy.

Me perdono por las sonrisas secretas que se saben extintas en el amargo sabor de una rosa marchita por falta de amor.

Me perdono por todos aquellos deseos trillados de justicia que no llegan en una larga vida que transcurre solo soñando.

Me perdono por la caricia tan lejana.
Por la tenue luz de todos mis pensamientos que transitan hacia mi corazón.

Me perdono por no vivir en tu universo.
Y llegar siempre tarde a tus sencillos deseos.

Me perdono por creer que nuestros mundos son tan distantes en nuestra propia convivencia de hoy.

Me perdono por lo que no llegue a construir en tu pasado y por lo que no trasformó para mí hoy.

Me perdono por no poder cerrar los ojos cuando te estoy escribiendo.
Y solo deseo estar soñando despierto cada vez que no lo estoy.


Poesía
Miguel Adame Vazquez.
16/08/2014.
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Perdoné lo imperdonable hasta el mismísimo cansancio

Perdoné lo imperdonable hasta el mismísimo cansancio.
Cada lágrima vertida en mi cariño sin consuelo.

Te abracé para protegerte cada vez que el dolor fue una lápida muy pesada para el cuerpo.
Lo hice como lo hace el pequeño gorrión que protege a sus polluelos ante la tormenta oscura de la ira que todo lo aniquila sin remedio.

Yo también sé de muchos corazones rotos a los cuales nunca les mostraron humildad para amarse.
En donde solo la soberbia fue su escudo para no morir en la deriva de un mar agrietado por la desdicha.

Yo también ame hasta que mi corazón fue arrancado.
Derrame cada cariño hasta que en mis delirios se detuvo de golpe el martirio.

Descubrí que la angustia se deja de sentir cuando el amor es la única ventana abierta para poder escapar del refugio de las mentiras.
Descubrí que mi verdadero valor vive de ti con cada caricia.

Hoy ya no quiero volver atrás a un pasado enfermo y roto.
Prefiero respirar el aroma a tierra mojada después de la llovizna.

Perdoné lo imperdonable hasta el mismísimo cansancio.
Solo supe abrazar tu cuerpo y protegerte.
Yo también sé de corazones rotos que nunca se les tuvo la más mínima piedad.

Poesía
Miguel Adame Vázquez.
28/05/2017.
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Al lector mi confesor...

No quisiera vaciar tu recuerdo en simples letras que no darán mérito al sentimiento encerrado en cada una de ellas. Tampoco busco la justicia a mano propia en la que te juzgo a frases y te sentencia a puntos finales.

La verdad sólo pretendo expiar mis culpas.

Acúsome lector que he pecado, de pensamiento, palabra, obra y omisión.

De pensamiento por no alejarme de tu recuerdo ni un instante, por pensar en tu buena o mala fortuna, por descubrirme caminando a ninguna parte porque ha sido tu memoria la que llevaba mis pies, y como siempre, me deja abandonado al final de la calle sin un rumbo fijo.

De palabra por haberte dicho tantas veces, te amo, tanto... que el habértelo dicho en esas cantidades podría sonar a blasfemia, por decir que te apoyaba y porque en verdad lo hice, por hablarte al oído mientras dormías y susurrar un te quiero artero para que se clavara directamente en tus sueños y en tu conciencia.

De obra, porque cuanto estuvo en mis manos hice por ti, y créeme que no es reproche, cada pequeño paso, cada logro en mi vida lo hice por ti, por nuestro mañana y por nuestro futuro, lo malo es considerar un futuro escrito cuando debemos saber de la poca certeza que nos da, tan ingrato él, que nos deja hacer planes y al final todo se va perdiendo tras la niebla que despeja a su antojo.

De omisión, creo que son mi mayor falta... por omitir tus desdenes y tu hipocresía, por omitir tus faltas y buscarte perfecta, por omitir tu humanidad pensándote divina, por omitir mi conciencia buscando entrar en la tuya, por omitirme a mí dejando que me omitieras.

Esa es mi confesión, y acepto en el transcurso de este escrito mi pena, tal vez la sentencia sean diez canciones de Sabina y un poema de Benedetti, o dos horas de Serrat y tres libros de Onetti, igual y es más tranquila y son tres canciones de trova y una lectura ligera, digamos Cortázar o Borges, (es claro que esto último es una ironía). Sin embargo, cumpliré mi sentencia cabalmente, para expiarme de ti, y de todo aquello que no eres tú, es momento de redescubrir la fe que había perdido en mis dedos y en mis manos, hasta en mi inspiración.

Será que el amor se regocija de llevarse lo mejor de nosotros para alimentarse y al final, nos deja más pobres de todo, pero más fuertes... mucho más fuertes. Si a mí de pequeño me lo hubieran advertido, estoy seguro de que, aun así, me hubiera subido a esta montaña rusa... como seguramente lo haré mañana.
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A usted mujer

Yo no soy escritor ni poeta,
ni ese sol que en el alba despierta,
sólo soy de mi pluma las letras
que dibujan palabras muy ciertas.

Le admiro por su grandeza,
por su gran corazón y nobleza,
por ser flor de primavera
que resalta su belleza.

Ante usted doblando mi frente,
agradezco el abrigo en su vientre,
y por ser de la vida la fuente
...Que Dios le bendiga siempre.

¡Dios le bendiga mujer!
...Y si un día sin querer ,
o por ser un hombre ignorante
yo le he podido ofender,

que la vida me castigue en mi vejez,
y si con ese castigo tal vez,
allá en mi senil decadencia
estaré pidiendo clemencia
para que su perdón ponga mi cruz...

Al final de mi existencia.


Autor ; Carlos Roberto Reyes Paz.
Choluteca , Honduras.
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Escribir o perdonar(me).

Todavía no domino el arte de perder. Saber que voy dejando atrás un trozo de vida, cada día, que otro amanecer supone un capítulo más de la historia que no deja de avanzar hasta un final inevitable. Solo de pensarlo, me aprieta la hora en la muñeca y, en general, todo lo que me robe el tiempo y me corte las alas.

Me duele el cuerpo porque no he tomado mi sorbo de nostalgia, lo siento, pero hoy no tengo tiempo para un café triste. El verano me ha llamado la atención cuando mis ojos estaban ahogándose en la taza, mareados en los giros de cuchara que delatan mi manía de ir contracorriente, es decir, en sentido contrario a las agujas del reloj. Lanzó rayos de sol al cristal de la ventana y, enseguida, fui hacia ella y me asomé. Allí estaba el estío, sonriéndome con la boca de un niño pequeño que comía el trozo de sandía que su abuela acababa de ofrecerle. Aquella sonrisa carmesí me hizo sonreír, igual que el bostezo llama al bostezo y la lágrima a la lágrima. Qué bien nos entendemos con los gestos y qué difícil parece obtener el mismo efecto mediante palabras...

No lo he dicho, pero lo cuento ahora: me he bajado a la calle con la libreta bajo el brazo. El niño ya se ha marchado pero el verano sigue aquí. No quiero acostumbrarme a su forma de abrigarme sin ropa, a su techo de azul recién pintado, al alboroto infantil en los parques desde ya temprano, al olor de las piscinas, al gentío en la playa. No, no puedo habituarme a todo esto para luego relegarlo a la estampa color sepia de otra época. Como la canícula cordobesa que ya no besa mi piel, como la piel tersa menos tersa, como las letras recargadas de metáfora que escogía antaño.

Ni hablar, me niego a elaborar la imagen literaria de este momento que va a escaparse como todos los que vinieron anteriormente y, luego, huyeron pidiendo asilo a mi memoria que no sabe decir que no. Tengo demasiados tiempos dentro queriendo inventarse un recuerdo que no pinche. Por eso, escribo, para reorganizarme, perdonando y perdonándome para que no escueza cuando mis ojos rememoran una escena.

Atrapo el tiempo con las letras. Tengo entendido que las oes son muy hondas, una trampa perfecta. No así las íes, puentes de madera colgante que disponen solo de un minúsculo redondel como refugio, tan grande como mi bolso de las bodas. Menos mal que hay muchas letras. Me encanta la idea de almacenar tiempo en lo escrito, cazar instantes, leer y sentirme joven... toda la vida.
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Son tan pocas las palabras

Son tan pocas las palabras en el viento
que no me alcanzan para arrepentirme.
No quiero acostumbrarme al perdón
adulando a la vida con la costumbre
de querer solo vivir.

Pedir perdón.
Aún no porque tengo
que pedir perdón y arrepentirme,
me lo dice tantas veces el tiempo
que lo tengo impregnado en el corazón.

A veces quisiera tener la oportunidad
de rescatarme,
pero la valentía es una cobarde,
ya no posee ningún sentimiento amado
para poder olvidarlo todo y lograrlo.

Nunca he podido equilibrar la vida
y caminar en la cuerda floja,
son muchos los intentos fallidos
en los cuales solo tambaleo la realidad.

Ya perdí la cuenta de tantas veces
que solo me he dejado caer,
amo sobrevivir a la caída de un vacío
en un suspiro que no es fallido.

Ahora sé lo que es extrañar tu voz,
es una sensación de espanto,
porque no me acostumbro al silencio
de perdón al vacío de tu amor.

Es difícil avergonzarse cuando el miedo
siempre toma la delantera,
nunca es suficiente el esfuerzo
cuando simplemente tienes que seguir
bajo la metralla del odio todo el tiempo.

Mis ideas se duermen en un intento fallido,
en los sueños no puedo escribir
lo tanto que te quiero.

Son tan pocas las palabras
que se desprenden cada vez que no te veo,
que me he hecho invisible para ti.


Poesía
Miguel Adame Vázquez.
15/07/2017.
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