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Cuchillos sintetizados para morder el polvo

Nos prometían luceros del alba
y solo encontramos rastros de soledad,
perdimos la cuenta a las cartas
y ya los dados se quedaron estáticos
sin poder girar,
¿dónde está la paz?
¿dónde está la gloria?
Solo un mundo en ruinas que nos devora
incapaz, como somos, de escapar
a ninguna parte,
y así,
tan rampantes,
nos dejamos llevar por la sucia vorágine
devoradora
como la noche, como las sombras,
como los futuros que se aferran a nosotros
y nos ahogan,
hasta dejarnos sin aire.

Supimos saltar al vacío
y tropezamos con los sueños rotos,
nos herimos más veces de las que pudimos contar
a nosotros
mismos
y así,
sin saberlo
supimos caer más alto que nadie,
para tropezar
con el destino
en un desierto miserable
que lo arrasa todo a su paso,
como encuentros salvajes que nos devoran
por dentro,
dejando regueros rotos
de cristales y añicos,
pedazos y trozos
de esperanzas que ya no tienen a donde huir,
a donde escapar
cuando ya no haya ni gloria, ni paz.

Sonreímos con tristeza
conscientes de que el camino se terminaba,
y ahí
cuando no queda nada
es cuando ya resulta imposible
avanzar
o retroceder,
creer que lo podemos hacer,
fingir que nos podemos domar,
asumir que muertos
y desangrados,
acunaremos con nuestros dedos
los instantes certeros
que todo lo consumieron
hasta no dejar nada,
nada
que podamos apreciar
más allá de las cenizas.

Nos prometían vidas irrealizables
y como un baile
de luz
tratamos de aferrarnos a las sombras,
heridas de nuestras voces remotas,
cicatrices ignominiosas
que es mejor no nombrar
para no atormentar más
a nuestros demonios,
a nuestros fantasmas,
a nuestras tristes y patéticas miradas
que nos persiguen entre el tabaco de la madrugada.

Porque ya no queda nada...
porque ya no queda nada.
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Otro atardecer a tu lado

Hoy es martes,
aunque no sea 13
y yo te escribo
con un verso en la mano
y en la mirada verano,
escribiendo por los sueños,
por los años,
por los kilómetros recorridos a tu lado,
por el futuro que nos ganamos
paso a paso.

Hoy es martes,
y yo sigo en mis 13,
escribiendo poemas
a pecho de fuego
y abiertas las venas,
como si no hubiera otra forma
de decirte lo que siento,
de comprenderte en este cuento
que somos los vientos volando lejos;
brisa del atlántico
en mirada de invierno,
fantasías de otoño
ardiendo bien adentro,
canto de enero en este cobijo de letras,
somos la vida atrapada entre los dedos
rozando los cielos.

Hoy es martes
aunque no sea 13
y yo te escribo
porque no sé hacerlo de otra forma,
el decirte lo que siento,
lo que llevo en lo más hondo
de mi canto entero,
somos los sueños
que acunamos al viento,
y yo te lo digo así, ardiendo,
te quiero,
te quiero de aquí al infierno,
y del infierno al cielo,
te quiero como si no hubiese tiempo,
y te quiero como si el infinito fuese eterno,
te quiero,
de todas las formas,
frente a cualquier miedo,
te quiero como la luz de tus ojos
y el brillo de tu sonrisa,
te quiero
como el corazón latiendo en lo más profundo de tu pecho,
así te lo digo:
te quiero, te quiero, te quiero
como un poema que escribirte en este martes 14 de enero.

Seamos horizontes de fuego en el Atlántico.
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Los pequeños éramos los que más saltábamos

Los pequeños siempre supimos saltar mucho.

Quizás por eso cogimos todos nuestros sueños y los metimos dentro de una botella, por ver si así crecían y crecían y yendo a la deriva llegaban a alguna parte. Aunque fuese solo porque éramos pequeños y era nuestra forma de defendernos.

Ahora que soy grande
-pero solo en un sentido figurado en cuestión de años, no en altura, en eso no he cambiado mucho-
sigo metiendo mis sueños en pequeños frascos de cristal,
poemas -les llamo-,
y los lanzo al inmenso océano que es internet, por ver si así alguien los lee, alguien quiere saber un poco más, alguien siente cierta ilusión por comprender mis sueños. No lo sé, puede llegar a ser una tontería a veces. Pero aprendí a hacer eso, y ahora no sé hacer otra cosa. Por eso cojo un verso tras otro y los lanzo al mar. Por llegar más lejos de mi persona y sobrevivir al tiempo.

Ya lo dije una vez:
solo la poesía puede salvarme.

Sea lo que sea que signifique eso.

Pero por desgracia, o por suerte, es así. Y mientras tanto solo lanzo un poema tras otro. Esperando soñar más y más. Por ver si así alguno se cumple.

Los pequeños siempre supimos saltar mucho.

Siempre muy muy alto. Aspirando a más.

Era nuestra forma de defendernos en un mundo de gigantes en medio del patio del colegio.

Y funcionó. Creo.

Aprendimos a soñar. Con todas sus consecuencias.

Y saltamos.
Siempre más y más.
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Intro

Caminando por las vicisitudes de este mundo de niebla,
el humo se largó para no volver
y ahora las chimeneas arden en esta vorágine de llamas
mientras la tempestad ahí afuera se lo lleva todo
y la lluvia barre cada lágrima
que corrió por la mejilla ajena
que ya no sabe qué hacer.

Que sí,
que no,
que la guitarra todo lo rasguea
sin saber qué decir.

Porque sí,
porque no,
porque alguien podrá caminar,
y no seré yo.

La noche se ha perdido en un mundo de incertidumbres
y ya los dedos se dejan llevar
sin corregir nada
sin tratar de arreglar nada
sin tratar de mejorar nada
sin lograr nada
sin nada
sin nada
sin nada
que dejar entrever entre los puntos y comas
que desaparecen
como relojes de una contrarreloj
de un tiempo intempestivo que ya se marchó.

Nada.
No hay nada.

Ni fuerzas.
Ni ganas.

Ni paz en las mañanas
que ya no volverán,

que ya no volverán.
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Hay que saber buscar las razones

Estoy tecleando las letras al son de la música electrónica, sin saber muy bien qué pinto aquí a estas horas de la madrugada cuando no sé ni qué hacer con mi vida. Apuro el cigarro mientras el humo se escapa por la ventana. Sopla viento. Fuerte. De este que hace que te coja el frío pronto, y resulta incluso, en ocasiones, desagradable. Pero bueno, es lo que hay. Me digo mientras miro a través del reflejo sucio que el cristal me devuelve de mí mismo.

Aquí estoy. Tecleando, a las tantas de la madrugada. Mientras escucho a Basshunter a todo volumen en los cascos y dejo que la música me retrotraiga hacia una época en que probablemente, a veces, todo fuese mucho mejor. No lo sé. Eso quiero creer. Y mientras tanto suspiro exhalando el humo del cigarro, al tiempo que la noche se pierde por los rincones de esta ciudad en la que no escucho el mar, por mucho que me esfuerce en intentarlo. Las ventanas no baten con el viento, y el frío no me atenaza la piel. Y aún así, a pesar de todo eso, algo me desgarra por dentro, incapaz de poner rumbo a una vida que se me escapa entre los dedos ante las miles de decisiones que toman otros por mí, sin ser capaz de ser yo quien fije el rumbo, sin ser capaz de ser yo quien decida hacia dónde ir. Solo dejarme llevar. Porque así es más fácil. Y en realidad nadie quiera que sea yo mismo quien decida lo que yo quiero. Así que... ¿para qué?

Una vez, hace ya más de 7 años atrás, escribí que era el comienzo de una etapa, como un capitán de barco escogiendo su propio destino ante un mar de aventuras que se abría ante sí, consciente de que era libre de elegir lo que quisiera. Era un texto bonito. Está perdido por algún rincón oculto de este blog, quizás algún día vea la luz, no lo creo. Bueno, la cuestión era esa, yo escribía, y en la foto que puse salía Luffy señalando el horizonte. Feliz. Sonriendo. Así me sentía.

Me he sentido muchas veces así.

Pero ya no.

Me siento atrapado. Ahogado. Asfixiado.

Incapaz de elegir nada por mi mismo y sin las oportunidades para poder lanzarme al vacío por propia voluntad.

Y así. Poco a poco. Me quedo sin aire. Hasta que ya no pueda más. Y decida encerrarme. Para dejar de sufrir. Total... ¿para qué?

Para nada. Esa es la cuestión. Para una absurda nada en la que no hay nada más que Nada. Absolutamente nada.


* * *


Escribo. Aporreando el teclado. Tratando de coger una bocanada de aire
entre el humo del cigarro
que se escapa por la ventana
a las tantas de la madrugada,
mientras asoma en mi rostro
una sonrisa de medio lado
melancólica,
triste,
de esas que pones
cuando no sabes qué decir...


Miro al fondo de mis recuerdos,
y ahí, no sé por qué,
me viene la mirada a un vaso de vino
perdida en un bar cualquiera con billar,
eso es importante,
no importa el motivo,
pero sirve para darle un toque de realismo a la historia,
y queda bien,
¿para qué mentir?

Pues eso.
Una noche cualquiera.
En un bar cualquiera.
Con un billar cualquiera.
Y yo mirando el fondo de un vaso de vino,
que yo no bebo nunca vino,
pero ese día sí,
vete tú a saber por qué.

Miraba el vino,
y les miraba sonreír,
y ahí todo valía la pena,
y Alicia me miraba
y me decía que qué me parecía,
y yo sonreía
y reía
y le decía que me parecía bien,
que estaba bien,
y era verdad,
durante esos instantes,
allí,
con ellos,
todo estaba bien.
Y la música sonaba,
el alcohol me subía,
y yo estaba bien.
Muy bien.

No sé por qué.
Pero con frecuencia me viene ese instante a la cabeza.
No es que sea nada del otro mundo,
quizás eso sea todo,
que no era nada del otro mundo,
solo un instante breve,
fugaz,
precioso,
en el que todo estaba en su sitio,
como cuando estoy con ellos.

Y ahí,
yo sonreía.


* * *


El viento sopla mientras la noche desteje su manto de estrellas por toda la bóveda oscura y pastosa que es la noche de niebla espesa en la que el viento se cuela por la rendija de la ventana, mientras el humo todo lo empaña y la luna se regodea en su relente de madrugada. Yo escucho a Basshunter, con sus ritmos electrónicos de house y me dejo llevar frente al teclado. Sonrío mientras miro la pantalla. En cierto modo, si hiciera frío en la piel atenazante, el mar se escuchase, y estuviese en Monte Alto, me sentiría como si me encontrase en un quinto piso escribiendo en 2015. Escribía siempre con esta música de fondo por aquella época. La otra gran diferencia es que no me sentía en ese momento tan perdido como ahora. Y todo parecía mucho más hermoso. Aunque fuese simplemente por eso.

Ahora camino. Solo. Perdido. Y desorientado.
Dando pasos en falso.
Palos de ciego.
Gritos sordos al cielo.
Y golpes agridulces de una vida que solo nos deja un manojo de sinsabores
de los que resulta, en demasiadas ocasiones,
imposible escapar.

Y eso hago.
Caminar.
Mientras me fumo este cigarro de demonios, imágenes y metáforas
a las tantas de la madrugada,
frente a una pantalla,
mientras las notas electrónicas
me guían a través de las palabras
para desahogar
las ganas
de saltar desde la torre del reloj,
igual que cuando desaparece el sol,
en el horizonte de la vida.

Y eso hago.
Caminar
buscando la salida
que me lleve una y otra vez
a la próxima casilla
en la que ganar definitivamente
la partida con una sonrisa
de estas que sean libertad,

de estas que sean vida.
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Mi corazón reincidente

Mi corazón
la vida misma
mi corazón
la patria entera
mi corazón
la hora tierna
mi corazón
libertario.

Mi corazón
el canto nuevo
mi corazón
el silencio sincero
mi corazón
el pueblo soberano
mi corazón
el mundo en la mano.

Mi corazón
la nueva era
mi corazón
la tierra nuestra
mi corazón
la sonrisa clara
mi corazón
la paz velada.

Mi corazón
el cuento sin miedo
mi corazón
la mano en el fuego
mi corazón
el valiente luchando
mi corazón
el pecho ardiendo.

Mi corazón
con carta blanca
mi corazón
risa blanca
mi corazón
el cielo en las manos
mi corazón
el atardecer atrapado.

Mi corazón
mar salvaje
mi corazón
vientos de viaje
mi corazón
la hora del baile
mi corazón
tesón incansable.

Yo no tengo bandera
porque tengo la esperanza en el pecho
y canto en la trinchera
porque la lucha es paz para el futuro verlo.

Yo no tengo bandera
porque tengo esperanza en el pecho
y canto en la lucha
porque la libertad late en mi fuero interno.

Mi corazón
los tiempos cambian
mi corazón
la revuelta
mi corazón
mis hermanos y amigos
mi corazón
la libertad es nuestra.

Mi corazón los tiempos cambian
mi corazón
la revuelta entera
mi corazón
mis hermanos y amigos
mi corazón
la libertad es nuestra.
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1comentarios 110 lecturas versolibre karma: 90

Me desperté de mis sueños y solo sonreí porque te iba a ver fuera de ellos

Entre los recovecos de la vida te encontré
tan pura
como los sueños en un atardecer.

Te vi,
tras la cortina de luz
y ahí solo pude volar
con creerme infinito en la eternidad del presente.

Solamente,
caminé
ciego,
seguro,
sin miedo,
tranquilo al saberme entre tus dedos,
salvaje al beber de tus besos,
onírico al perderme por tu cuerpo,
valiente, cobarde, pequeño, inmenso, en ti,
en tu mirada,
en la plenitud de tus palabras
que me atesoran como si no hubiera mañana,
que me reconfortan como si la paz llegara,
que me acunan como cuando la luna asoma.

Si el futuro es vida, el presente es viaje,
y este yo quiero que me lleve a cualquier parte
contigo
de la mano,
la mochila
en la espalda,
y un mapa sin rumbo
por las rutas inexploradas
que me sé de memoria por tu cuello, tus piernas, tu espalda;
como si todo lo demás no importara
y solo fuésemos tú y yo tumbados en la almohada de seda
que hacemos perdiéndonos allá
donde se unen el cielo y el agua,
salada y dulce
como el día a día
tras la niebla de arena y salitre
que es tu vigilia iluminada tras tus fantasías que reviven
una y otra vez en nuestro cuerpo, nuestra mente, nuestro ser,
fundiéndonos en un eterno amor de viaje tras el que ver
la libertad de tu mano,
las alas en la espalda
y las ganas de saltar
siempre, siempre, como si no hubiera tempestad en este tumultuoso mar de madrugada
que somos los dos
cuando ni el tiempo, ni los miedos, ni nada,
nos ganan,
solo el deseo de ser dos almas entrelazadas
acariciando el mundo
con nuestros sueños y versos hechos escudo y espada
en esta indomable ciudad que es nuestra trinchera de corazones cuando todo lo demás falla.

Cuando todo lo demás falla.

Menos nosotros surcando la vida a las cuatro cuarenta y cuatro de la mañana.




Con sonrisas, con gracias,
pequeña Auri
que todo lo cuida
como si nada,
como si nada más importara.
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Que mosaico que es nuestro deseo de explorar

Me encanta cuando arqueas tu espalda
retorciéndote de placer,
cuando plantas cara en esta batalla
y me rompes del derecho y revés.

Me confunden la mente las curvas de tu piel,
me precipito al vacío de tu espalda
mientras agonizo mi pecho al beber
el pálpito intermitente de tu ser sobre mi alma.

Me suicido con la tempestad de tu cama
rozándome la valentía sin saber
si la elección correcta es arriba y con ganas
o abajo, cálido e inconfundible Edén.

Me aturden las fantasías de tu sed,
la noche se ha hecho poesía de calma
y rápida y furibunda marejada de satisfacer
los mordiscos habidos y por haber sobre mi almohada.


Me nubla la lucha por huir o vencer
el miedo a mis sentidos o la adicción a tus gemidos,
al constante resistir a salir o entrar
sin saber si vienes, voy o vas.

Pero si vas, voy o vengo
solo lo sabré si esta madrugada te tengo,
y yo seré tuyo,
y el fuego será nuestro,
y la hora de la eternidad será inmortal sobre el atardecer de mis sueños
cuando me pierda para siempre entre tus besos.
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1comentarios 80 lecturas versolibre karma: 104

Ríndeme, pleitesía

Suma, gana y juega
sucia canción de amor,
la poesía de una generación
que evade el presente que se nos vendió,

centra tu atención
en el paso posterior,
toma y vence en este lugar
rasgueando guitarras de distorsión,
cervezas por delante
y la suciedad de un bar de madrugadas
puede que mañana ya sea tarde,
pero aquí y ahora es el momento
de levantar templos por la libertad
y los cuerpos sintiendo los versos
con el sol perdiéndose lejos.

Sutiles sueños de cantares jondos (del nosotros).
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sin comentarios 97 lecturas versolibre karma: 109

A tu nombre

Rezando por el futuro
te dibujé en mis sueños,
no sé bien por qué
pero ojalá que todo sea luz.

Matamos al tiempo justo lo suficiente
como para entender que no tenía sentido
y no lo tenía, lo sé,
no lo tenía.

Ardí en vuestras banderas
que se peleaban por ver quien valía más
quien la tenía más grande
quien gritaba más alto.

¿Y todo para qué?
Nos decimos
¿todo para qué?
Para nada, eso respondemos.

Sangramos en demasiadas derrotas
y perdimos demasiado,
¡atended!
perdimos demasiado.

Entre las heridas de las manos
solo vimos sangre caer,
y al mirarnos los pies
solo quedaban casquillos de balas.

Las paredes ladran al silencio
conscientes de que se fueron
todos los niños que creímos ser
y ahora somos adultos rotos por vivir.

Entre el mar de mi patria
no encontré lugar al que llamar así,
venimos de nuevo a ninguna parte
y solo encontré un país sin personas.

Ciudades altas con ambiciones altas,
estados dirigidos por empresas,
políticos marionetas que sirven
a sus propios intereses.

Y tras todo eso recé, para mí,
recé, por seguir,
recé, por luchar,
recé por encontrar sentido a todo.

Señalé con el dedo,
y me lo cortaron,
señalé con la mirada,
y me cegaron.

Y entonces todos torcieron el gesto,
se fijaron en otras cosas,
y tiñeron de verde toda su sucia escala de grises
como si valiera algo.

Grité, grité y grité,
hasta quedarme sin voz,
lloré, lloré y lloré,
hasta quedarme mudo.

Y todos rezamos
por un mundo mejor,
y todos rezamos
por un futuro mejor.

Mientras ellos se lavaban las manos
con nuestro dolor,
mientras ellos se reían de nuestro patetismo
tratando de hacer futuro sin transformar el presente.

En tu nombre,
te dicen,
en tu nombre hemos hecho todo esto
y asentimos, sin saber qué responder.

Yo os digo,
este mundo no vale tanto,
este mundo
no vale tanto dolor.

Levantad la frente, por favor,
levantad la mirada, por amor,
levantad la esperanza, por vida,
levantad el puño, por todo.

Y sacamos una bandera que cogía polvo,
una que representase el futuro,
roja como el atardecer en el mar,
roja como la sangre que nos impulsa.

Y sacamos una bandera del pasado
para cambiarlo todo,
de arriba a abajo,
a día de hoy y para tener un mañana.

Después seguimos y seguimos
y seguimos cada día,
construyendo lo que queríamos:
todo.

Unos sueños con los que caminar,
una ética con la que actuar,
una cultura para educar,
una idea que desarrollar.

Y caminamos
como hay que hacer siempre
y caminamos
como siempre hay que hacer.

Matamos al tiempo, al miedo y a las derrotas,
apagamos todos los fuegos que nos consumían,
liberamos nuestro cielo para ver la luz,
forjamos armas de libertad para avanzar.

Y cuando flaqueábamos
y no sabíamos bien qué hacer,
mirábamos al frente
y asentíamos para continuar.

Hicimos historia
¿a dónde viniste a vernos?
Hicimos historia,
te esperamos, no te pierdas.





Poesía de una generación sin ideología ni sueños,
cantos en el atardecer para un nuevo mañana,
luces y sombras tras el humo en un barrio sin esperanzas,
demasiadas ganas de volar como para no versarlas.
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2comentarios 121 lecturas versolibre karma: 109

Frío y ausencias

La conocí en un bar cualquiera una noche de frío invierno. Su mirada brillaba entre la pista de baile y tenía ese aire ausente que dejan entrever las mentes perdidas que no saben muy bien qué hacen en un sitio como ese. En una vida como esa.

Yo la miré, quiero decir, no la vi, sino que la miré, con todas las letras que eso implica; la miré detenidamente, como se mira aquello que se quiere memorizar uno hasta el fondo del alma.

Y supe que en ese momento algo nos ataría por siempre jamás.



La siguiente vez que me la crucé fue en medio de la Gran Vía, ella llevaba un caminar apurado y ausente, con la mirada perdida entre el vaho de ese gélido invierno que asolaba la ciudad y yo sonreí al tropezar con ella. Ella sonrió. Reconociéndome. Y los dos seguimos nuestros caminos, conscientes de que nos volveríamos a encontrar.


Eso ocurrió en Enero, para Febrero ya éramos dos desconocidos que nos perdíamos entre las sábanas con la desatada pasión del que tiene que refugiarse del frío y la ausencia de quien no sabe estar en otro lugar mejor en ese momento.

Éramos así. Siempre éramos así. Uno huyendo del frío y la otra viviendo una vida que no le pertenecía, de algún modo, y que sobrellevaba a base de ausencias.

Cuando eso nos ocurría, ser cada uno quien le tocó ser, -a eso me refiero-, nos refugiábamos en el humo, el sexo y los baños de las discotecas que reverberaban con la música electrónica en un baile de destrozos que parecía no tener final. Como esas luces intermitentes a flashazos que siguen el ritmo de la melodía como un trallazo, pero que te impiden concentrarte y ver más allá de dos pasos.

Y la hostia viene. Siempre viene.


Era Abril, el frío ya se había ido y las sábanas ya no daban para cubrir tanta mierda como la que habíamos dejado en nuestra vida en ese irrefrenable tirar pa´lante porque no había otra cosa que hacer. Yo me había perdido y estaba ausente y ahora era ella la que siempre tenía frío. Y ninguno de los dos obtenía lo que buscaba, ni buscaba lo que quería. Y así nos iba. De polvo en ceniza. Hasta terminar fallando una vez más.

En Junio todo parecía precipitarse hacia ninguna parte. Y entre las latas vacías de cerveza y las colillas del humo, decidimos que eso no podía seguir así. Que era o seguir o suicidarnos los dos. Y ninguna de las dos ideas nos tentaba más que la otra. Así que... follábamos e íbamos tirando.

Para Agosto todo se había acabado y tras una noche de sudor y polvo frente al espejo de un local cualquiera, nos dimos cuenta con nuestras pupilas dilatadas que ya no había nada más. Simplemente así. Lo supimos. No había nada más. Y así se acabó. Tal como empezó.



No supe nada más de ella hasta Noviembre. Era ya invierno. En esta ciudad siempre es invierno después del verano. Ella estaba en medio de la pista de baile, ausente, como la primera vez que la vi. Ella me reconoció. Yo le sonreí. Y todo lo demás fue un torbellino de dolor del que resultaba imposible salir.

Para Febrero las sábanas se habían terminado. Y supimos que todo se había acabado. Otra vez. Y tras follar nos despedimos. Yo con frío y ella con ausencias.

-Hasta dentro de un año.- Nos dijimos.

Y el baile de ruinas volvió a empezar.

Como si nunca hubiese dejado de girar y girar hasta que no hubiera vuelta atrás.



Polvo, dolor y cenizas.
Poco más.
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Yo solo quiero reconocerme en mi tumba

Deambulo por la fantasmal ciudad mientras la noche lo envuelve todo en un halo de soledad teñido de una sucia escala de grises, a cada cual más oscura, como el techo de mi habitación cuando trago horas en blanco mirando a ninguna parte, porque la almohada no me acoge en su seno, y solo puedo tratar de encontrarme perdiéndome. Los pasos me llevan a ninguna parte, pisando las frías piedras de las aceras, con las manos en el bolsillo protegiéndome de la fría noche, con el vaho saliendo a través de las solapas de mi abrigo que me cubren la mitad de mi rostro del frío y tratando de discernir algo entre el frío relente que me cala con la helada de esta fría madrugada en que todo es frío en cada rincón y yo solo puedo caminar, por no morir congelado en el frío de resucitar los recuerdos ante la ausencia de expectativas en esta vida de sinsabores.

El sol se ha escondido hace ya largas horas, y la ciudad en brumas se difumina entre la oscuridad dejando apenas entrever siluetas informes de mansiones y caserones salidos de cualquier ensueño de pesadilla. Construida a las prisas la vida parece no llegar a ninguna parte, pero por más vueltas que le des tampoco vas a encontrar ninguna solución. Supongo que por eso a veces solo queda eso: caminar. A ver si así llegamos a alguna parte.

La luz se ha oscurecido cuando mi mirada fría se ha quedado vacía y vaga en el infinito, como mis pasos infinitos que me hacen avanzar sin querer seguir caminando, pero obligándome a seguir, para no calarme de frío, porque quiero todo menos volver al hotel ahora mismo y dejarme invadir por todos mis fantasmas. Odio los fantasmas. Así de claro. Siempre he sido más de demonios. Jugar con las tinieblas para crecer. Tiene su encanto. ¿Pero los fantasmas? ¿De qué te sirven? Te arrastran a cada paso que das. Tiran de ti. Te invaden de frío. Y en la soledad de la habitación te enfatizan tus más tristes sentimientos. Los demonios solo te atormentan. Pero los fantasmas te arrastran hasta otro plano astral en el que no hay lugar para nada, ni felicidad, ni tristeza, ni dolor; solo vacío. Así, sin más. Solo llano e infinito vacío.

¿Y eso de qué sirve?
Dime.
¿Eso de qué sirve?

Para nada.
El vacío no sirve para nada.

Solo
soledad.

Solo eso.

*
**
*
**

Deambulo por la gris ciudadela que es esta infinita cortina de lluvia tras la que se esconde una ciudad en sombras. Las flechas de los edificios se pierden en el negro cielo, como saetas que tratan de arañar a Dios, como tristes baladas que te recuerdan que todo pasó, que ya no queda nada. En la soledad de las calles es cuando más capaz te ves de huir para siempre. Por eso camino. Por eso camino. Por eso siempre camino. Para huir lejos de mí. Del dolor. Del recuerdo. Del mundo. De la eternidad.

Por eso camino.

Para olvidar.

Camino por una ciudad en sombras que ya no encuentra cobijo para los fantasmas que me invaden. Solo somos tétricas ilusiones tras decenas de espejos que se han roto a nuestro paso, y los cristales de los comercios me devuelven mi imagen distorsionada, como si así hubiese forma de hallar cobijo, de hallar palabras que definan esta infinita sensación de vacío.

El tiempo.

El tiempo se ha marchado.

Y el último cigarrillo ya no tiene sentido.

Por eso lo lanzo a la infinita caída en esta ciudad de brumas.

En la soledad de este mundo traté de encontrarme y solo me perdí. ¿Comprendes? Solo me perdí. Y este es el final del sagrado pasado. Innumerables murallas han caído antes ¿por qué no va a caer esta? Katagena ya no llora. Pero por favor, no trates de pronunciar mi nombre. Ya no existe.

Solo quiero desaparecer en una maraña de sombras, en un rastro de fuego que arda entre mis cenizas; que no quede rastro de mi existencia; que no quede nada. Quiero vagar por la negra ciudad en brumas sin existir. Como un Carax que ha borrado sus pasos, su vida, su existencia. Por favor. Déjame ir. Por favor. Déjame ir. Me digo. Por favor.

Y eso hago.

Camino.


Deambulo por la fantasmal ciudad mientras la noche todo lo envuelve en un halo de soledad e infinito vacío.

Las cenizas ya se han ido con la tormenta.
Y el humo del cigarrillo se ha perdido entre la cortina de lluvia.

Solo queda caminar con las manos en los bolsillos y la mirada en el suelo hacia ninguna parte.

Solo queda caminar.

Solo queda caminar.

Solo queda
esta triste y fría soledad
que lo envuelve todo
en un halo de olvido
que solo quiero dejar atrás.

*
**
*
**

Gracias.
Y adiós.
Gracias.
Y adiós.


Me voy. Para no sentir dolor. Me voy. Porque es peor el paredón de mis fantasmas. Me voy. Porque es así mejor.

Camino...
porque no sé hacer otra cosa...
camino...
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1comentarios 83 lecturas prosapoetica karma: 119

When I sleep under the ground (Spanish version included)

"Cuando duerma bajo la tierra"
(Spanish version)


Cuando duerma bajo la tierra...
dirán que tu nombre
lo he plasmado en las hojas
de mi diario rosa
y que todas los orbes del cosmo
presenciaron nuestras bocas besarse:
donde nuestra poesía comenzó.

********************************************

"When I sleep under the ground"
(English version)

When I sleep under the ground,
they will say
I have written your name
in all the pages
from my pink notebook...
O the orbs of the cosmos
have witnessed our mouths kissing:
where our poetry had begun.
leer más   
21
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Habrá valido la pena

El fin del mundo nos pillará sin saber qué hacer,
así que follaremos
¿qué otra cosa íbamos a hacer?

Ahí afuera aún quedan rastros de poesía
solo hace falta buscarlos,
pero a las 8 de la mañana
las miradas del metro van más apagadas que de costumbre,
diles tú de soñar
que se reirán en tu cara
-eso con suerte,
lo más probable es que te miren,
bostecen
y sigan dormitando hasta su parada-.

Ya te lo he dicho:
el fin del mundo nos pillará follando
porque ¿qué otra cosa íbamos a hacer?
Ahí fuera es todo humo, cenizas y cigarros,
aquí el orden es distinto,
cigarros, humo y cenizas
que acariciar con las manos desnudas
para levantar un templo al amor,
al sexo,
y al puro placer,
¿Eso es ya bastante no?

Al menos más de lo que sueles encontrar.

Ya lo creo -pienso mientras expulso el humo del cigarro lentamente-
ya lo creo.

Ella me mira,
sin comprender del todo,
creo que realmente yo tampoco lo entiendo,
pero miro a sus ojos
y vale la pena
¿el qué?
todo.

Se lo digo y me sonríe,
-A ti lo que te pasa es que has dejado de soñar hace ya demasiado tiempo-.
Vuelvo a sonreír
-Es muy probable- le contesto, - pero... ¿acaso importa?

. Solo eso. Nada más. Se queda callada durante unos instantes.
-Lo importa todo.- Sentencia. Me sonríe. Y me besa. -Lo importa todo.-

Yo, desconcertado primero,
sorprendido luego,
sonrío.
Apago el cigarrillo
y le sigo.

Me pierdo en el tiempo
y en el infinito.
Y ella
me deja hacer.
Me deja ser.
Eternidad.

* * *

El fin del mundo nos pillará sin saber qué hacer.
Eso está claro.
Así que nosotros eso...
pues esperaremos follando.
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Recuerdos de un quinto piso

Hace mucho que ya no escucho tus pasos por el pasillo ni tu voz al hablar sola; ya no oigo quejas de cuando rosmo, ni nadie que se ría cuando le digo lo aprendí de ti.

Hace mucho que no tengo a quien hacer batidos de fresa, ni nadie que me haga patatas cuadradas como solo tú sabías, la casa ya no huele a tarta de queso ni a tortilla de patatas con filetes empanados.

Ya no hay helados de limón y chocolate junto a la Torre, ni nadie que farde de mí con ese orgullo que se percibía en su voz mientras le brillaban los ojos.

Ya no hay nadie que me llame desde la sala para cambiar de canal, ni un beso de buenas noches y hasta mañana si Dios quiere.

Y supongo que Dios dejó de querer.
O el azar.
O la mala suerte.

Pero hoy te echo de menos
y aunque me convertiste en alguien fuerte
no sé si estoy listo para no volver a tenerte a mi lado.

Las noches son más solitarias desde que nadie me calienta la leche ni tengo a alguien a quien explicar la serie
esa del parruliño alto que es listo y tonto,
o aquella otra que vimos alguna vez en que el chaval del gorro no quería matar al niño,
pobre Jessie, que no estaba listo para ver el dolor del fin de una época ante sus ojos.

Los días son más silenciosos desde que no tengo
con quien barullar en la cocina
por no dejarme fregar,
de cómo contar mi rutina
despacio para que me entienda,
a qué forma nueva de hacer una tontería
para hacerla reír.

¿Y ahora delante de quien voy a salir desnudo del baño con el culo al aire para que se ría y me diga que un día una gaviota va a comerme el pajarito?

¿Y ahora quien me va a hablar en catalán y contarme historias de su juventud, de mis orígenes?

Aún no he publicado el libro ese con el poema bonito que te escribí;
nunca te lo leí
porque nunca te hizo falta que te dijese nada para saber lo importante que eres para mí,
para nosotros,
porque con los vigueses pareces una niña pequeña
siempre estrenando sonrisa y mirada despeinada
y Don Crispín
y Pancho Villa
y el aeropuerto
y los dinosaurios
y el monopolí
y los paseos rapeando,
y siempre lo hemos pasado bomba,
juntos.

Porque no me tenéis ningún respeto.
Pero me gusta que me tratéis como uno más.

Y ahora me voy a dormir
pensando en todo esto y en ti
un beso
y otro
y otro
y este de propina por lo bien que lo pasamos los dos.

Hasta mañana Yaya si Dios quiere
*
**
*
** Y si no...
***
*****
******* También.
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Vacuos y volátiles intentos de pisar terreno firme. Mientras todo se tambalea

Tratadistas sin miras
levantan imperios a ciegas,
observan los mapas
pero no perciben nada,
nada de lo que se esconde
tras palabras vacías
en líneas vacías
que separan lugares
que caminan sin rumbo.

Alzamos las manos al cielo
implorando por la gloria perdida,
y tras vernos los pies descalzos
comprendimos
que habíamos perdido la partida,
de nuevo.

Pobre sombrero que vuela al viento,
ya no hay cabezas que proteger;
solo un llanto de miseria
que deambula por las calles mojadas
mientras nada se detiene a su paso,
ni el silencio,
ni los cristales hechos añicos
por sorteo y azar del destino.

Apuramos la copa
tratando de aferrarnos a algo,
aunque el tiempo perdido ya se haya ido
y solo nos queden
los reflejos inertes que nos devuelven los espejos,
¡qué alivio!
¡qué calma!
¡qué dolor!

Todo ha pasado
y solo quedo yo
recorriendo perdido el eterno corredor.

Con permiso,
sin perdón.
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El camino al infierno

"En la noche oscura del alma, el individuo deambula solo por la ciudad gótica, callejeando hasta que llega a algún lugar entre la línea de sombra y luz."

¿Es pecar de soberbia el citarse a uno mismo? Puede, ¿pero acaso importa la soberbia o el pecado cuándo uno ya está condenado? ¿Sigue importando, cuándo el camino al infierno ha sido abierto por uno mismo a través de las distintas decisiones que ha ido tomando a lo largo de su vida?

Una vez escuché que la vida se mide en las distintas bifurcaciones que hemos tomado a lo largo de este camino; en las distintas opciones escogidas.

Las opciones.

Las opciones, en eso consiste todo; en las distintas decisiones que tomamos cada vez que se nos presenta la posibilidad de elegir.

Pero las decisiones son un arma de doble filo y tienen su reverso oscuro e inevitable: las consecuencias. Las consecuencias; todas las decisiones tienen sus consecuencias; consecuencias que determinarán nuestra vida, nuestro futuro, nuestro propio mundo; como una conexión neuronal que interrelaciona todos y cada uno de los elementos de nuestro entorno, y en el centro de esta tela de araña estamos nosotros: nuestras decisiones.

En eso consiste todo, en las distintas decisiones que tomamos cada vez que se nos presenta la posibilidad de elegir. Pero hay que preguntarse en las consecuencias que tendrán y como será nuestro mundo después de haber tomado dicha decisión, porque puede que nuestra propia historia cambie. Para bien o para mal. Y ese es el problema, en el camino que he ido forjando en torno a mí. En un camino construido sobre brasas que conducen directamente a un infierno en el que no existe vía de escape ni hacia el purgatorio ni hacia el cielo. Un camino que sólo lleva a las profundidades de nuestros pensamientos y miedos, como los nueve círculos del infierno sobre los que se asienta, en el centro, un diablo de tres cabezas dispuesto a devorarnos hasta el último suspiro de nuestro aliento.

¿Es pecar de soberbia escribir sobre uno mismo después de citarse para definir su fuero interno?

Puede.

¿Pero acaso importa la soberbia cuando uno ya está condenado? ¿Acaso importa el pecado cuando uno va camino de estar muerto?

No, ¿verdad?

Pues eso. Dejad a este escritor agonizante que prosiga con sus últimas voluntades antes de terminar su camino hasta el infierno.
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Cuando muera... quizás yo también quiera descansar la eternidad en una Torre del Silencio

Somos torres del silencio
que se yerguen vacías
en ninguna parte.

En medio del desierto
solo puedes escuchar el viento,
lo demás es nada.

Nada que lo baña todo
bajo el sol abrasivo
de la muerte silenciosa.

Quiero yacer eternamente
en una torre silenciosa
que nadie me recuerde.

Silencio que me olvida,
desaparecer para siempre
en la más absoluta oniria.

Todo vacío, todo eterno
silencio voraz
en la inmensidad del tiempo.
9
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"White snow" (Spanish version included)


Cuando tus manos
moldean mi piel de arcilla...
Yo me transformo
en nieve blanca
que alguna vez
fueron lágrimas.

********************************************

When your hands
mold my skin of clay...
I transform myself
in white snow
that once were tears.




Enid Rodríguez Isáis
Estados Unidos
Noviembre 2019.
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6comentarios 121 lecturas english karma: 115

En mis bolsillos llevo siempre todo lo que necesito

- Escribo a la noche... -
Siempre empiezo igual mis poemas
como si fuese una forma certera de acabar perdido
en las sábanas durante las madrugadas
en las que los sueños se desorientan tras pesadillas sin suerte
que se confunden el tiempo entre los intentos
de lograr atrapar la sinestesia de este mundo de sinrazones.

Nunca supe donde iba a acabar,
pero tras las caídas toca levantarse,
supongo que le juré a la soledad que nunca le faltaría
y últimamente fallo en mi promesa sintiéndome un poco menos solo
un poco más feliz
escribiendo para dejar constancia de todo;
aunque si he de ser sincero
hubo un tiempo en que tenía miedo de estar bien
por si dejaba de perderme entre las letras y los versos
en las noches en que la oscuridad venía a visitarme.

Sácame de estos desvelos
mientras nuestros cuerpos se retuercen de placer
supongo que perecí en vida
y los muertos solo pueden seguir así,
muertos,
o resucitar mientras otros follan sobre sus tumbas.

Traté de huir y solo me encontré a mí mismo,
traté de buscarme
y solo tropecé con cientos de piedras que me negaba a ver una y otra vez.

La suerte no tiene nada que ver en esta partida de cartas
y yo aún así reparto la baraja, saco una y reviso mi mazo,
como si los retazos del viento marino todavía trajesen pedazos de botellas a la deriva,
hay gritos de auxilio que se escuchan a miles de kilómetros distancia
y otros tan ahogados que jamás saldrán del agua,
espero no ser de los segundos
porque me gustaría ser capaz de pedir ayuda cuando la vida me supere.

Por ahora todo bien, no hay problema, no me he caído,
pero soy consciente de que por mucho que lo intente
los tatuajes no podrán mantenerme siempre en pie,
a pesar de todas las heridas y cicatrices que todavía supuran
sonreímos
con sangre circulando por el rostro,
con la mirada ciega
y los labios dibujando una media luna roja,
la rosa se ha abierto en todas direcciones
y ahora el pecho me arde como si no hubiese un mañana,
como si no hubiese un mañana.

¿Qué tendrá la poesía que a todo el mundo engatusa?
Hasta a su propio artífice de letras y marionetista de emociones.

Las arenas del desierto ya se lo han llevado todo
y solo queda un títere sin más rostro humano que su corazón,
imperfecto,
sí,
pero quizás en esa mínima imperfección resida toda su esencia.

Por si acaso yo miro hacia adelante y sigo caminando,
no quiero perderme entre la negra noche que nos cobija;
los lienzos han tratado de atrapar el instante fugaz
y las fotografías han sido demasiado lentas para lo rápido que vivimos la vida.

¿Qué harías si te dijesen que es tú último día?
Supongo que sonreír y no arrepentirme de nada,
el resto sería un absurdo que solo nos haría sentir mal
y ¿para qué sufrir innecesariamente cuando este mundo ya es suficientemente sucio por si mismo?

Eso me digo,
eso me pregunto,
a cada hora,
a cada minuto,
como un reloj infinito que parece no tener jamás final.

Escribo a la noche buscando respuestas
y están todas dentro de mí,
para eso leo,
para eso escribo,
para eso vivo,
para eso sueño,
para responderme siempre a mí mismo
y de paso lograr ser feliz.
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sin comentarios 75 lecturas versolibre karma: 114
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