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Conmovedor...(Experimental filosófico)

CONMOVEDOR
(Experimental filosófico)

Hay un sendero de espinas y piedras donde
se respira acidez y amargura.
Hay un lago negro que solo espera.
Hay un suelo sangrante en cada puerta.
¡ Qué angelicales verdugos !.

En la esquina de la memoria
mil huérfanos escriben al otoño secos.
Sus escalofriantes historias recorren el abismo
y su vida deforme y grotesca no espera justicia.

En su retorno al infinito
unos ángeles encontraron los despojos
y el horrendo suelo que pisan.

Ni sombra somos del olvido perdido.
La complicidad de alguna divinidad
anima y alimenta el agua que se bebe.

En sus almas el pasado asesinó el presente.
La ira y la impotencia visten el futuro.
Existe una obscuridad que anidó el espíritu.

En el crepúsculo encontré ortigas,
recubriendo lechos y ropas y hogares
y polvo arrogante y casas desnudas.
En las nubes
alfileres y cuchillos de dioses muertos.

Autor del texto y la imagen.

All rights belong to its author. It was published on e-Stories.org by demand of Joel Fortunato Reyes Pérez.
Published on e-Stories.org on 12/23/2016
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Narrador de olas

Despacio se destruyen los acentos hueros
acomodados al confort de suspicacias,
despacio y con préstamos infieles
aceptamos en las hojas que giran insensatas
todo el Mal y todo el Bien que hasta nosotros
se acercan para acariciar en nuestras frentes
la humedad del sudor
y nuestra fiebre arrebatada por murallas.

Desde el llanto de nacer hacemos olas
de trabas y defectos,
y lágrimas consideradas
en su afán cociente de experiencias,
golpes sobre el pecho que nos duelen
como aceptación de pecado de corduras
que recuerdan que nuestro corazón se nos antoja
un rincón atravesado por el miedo.

De esta residencia de minutos lentos,
sobre esta sinfonía de la espuma
incubada por las llamas mortecinas,
de la interrupción forzada de sus puertas,
ha de brotar el germen impreciso de la integridad,
perdida por aquéllos,
cobardes amamantados en el orgullo.

Cuando arda el horizonte será el instante
de tensar los hilos de lo extraño
con las curvas de preguntas que reviven
en la línea primigenia de esta arena,
compuesta por los granos desgastados,
rotos por la falsa luz de sus altares.

No será solo final de días perdidos;
vendrán hacia la noche abierta
las bandadas lloronas de las lechuzas grises
que cruzarán sus candados
alrededor de los eclipses necesarios
para acercar la intuición de los primates
a los ojos asustados de los sabios.

Nos quedará grabado en las solapas
el aliento de los siglos recorridos,
tejido conductor de nuestros vínculos,
nostalgia de los adivinos ebrios;
se quedará prendido entre los dientes
el vaho agazapado del invierno arbitrario,
vulnerado, encanecido.

Así, desde la altura
llamaremos por su nombre a las cenizas,
ampliaremos en lenguas de la Babel orgullosa
los escalones de sus torreones muertos.

Hablaremos en mil,
en diez mil,
en cien mil idiomas diferentes,
sobre las leyendas comunes arrastradas,
haremos collares con frases infantiles
creadas de la Nada,
recreadas desde la distancia para el verso.

Así, desde estos mares
leeremos en voz alta
la verdad de las historias postergadas
en el albedrío libre de sus fauces
en nuestras alpargatas de lisonja amarga.
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Nuestro buzón

Un día nos llegará una carta
repleta con un millar
de pétalos de otoño,
continente de un polvorín de luces,
sin remite
y con el matasellos del presente.

Vendrá en un sobre,
lacrado con el calor de las respuestas,
el folio proveedor de aroma a vida.

Será el regalo para nuestra tentación
de restringir el débito,
con todas las presencias revolviendo
en el vacío de nuestro buzón.

Cualquier día,
certificando con un correo nuestro sino,
nos será entregada una sonrisa
sellada en blanco,
envuelta entre papeles gigantescos,
y con la pequeñez de la humildad
convertida en embalaje del destino.
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11comentarios 83 lecturas versolibre karma: 115

Quién

Dime si sabes
Quien robó la Poesía?
esa que teníamos en cada gesto
en cada palabra y tu boca en la mía
tan secretamente escondida…

Fue el tiempo, los otros, la distancia
o finalmente fuimos nosotros?
mientras los cuervos volaban
y nos susurraban los fantasmas…

Quien ensanchó tanto los mares?
que volvieron a ser océanos
océanos iguales y distintos
fríos y profundos, donde caer
y caer es ahogarse…

Quien? dime quien? mato mis versos
que hacían de cada uno de tus suspiros
caricias de tus dedos sobre mis manos
aferrándose a mi mente y manipulando mi cuerpo…

Quien? quién se llevó de mi boca
tantos besos que aún quedaban guardados
para besar con mis ojos tus sonrisas por la mañana…

Dime si sabes
porque entre nosotros
nos hemos robado esa historia
donde amamos…

Y aquellos instantes
que fuimos más que letras palabras
más que palabras, versos
y como el verso no alcanzaba
escribimos con las bocas, bellos poemas
y cuentos…

Ahora, dime con tu silencio
que yo entiendo
quien te hará eterno verso?
quien será tu reflejo?
porque ese amor
que me ha quedado
nunca será pasado
sino presente en siempre
pero tú, ya hueles a recuerdo
buscando otros pasados
y a mi, a libro en biblioteca
guardado... Lola)
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Un Poema

El escote de tu blusa,

la sábana de tu cama,

el color de tus mejillas

voy a ser si tú me amas.


Ese aire que te alienta,

ese amor que tú reclamas,

esa chispa que te enciende

yo sería si me amaras.


El respaldo de tu silla,

el espejo de tu cara,

la mirada de tus ojos

era yo cuando me amabas.



Alfredo Vento
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Tempus fugit

Acabas de leer este verso y ya es pasado.
Breve momento de tu presente ya olvidado.

El tiempo fluye.

El presente cesa de ser en el pasado
sin desaparecer.

Misterios del tiempo.

El próximo verso es futuro,
no es real hasta que sea pasado,
mediante el presente.

El tiempo pasa, pero no es pasado.
Viene, pero no es futuro.
Pasa, viene y llega el presente.

El tiempo es mientras cesa de ser.

El presente lo tengo siempre: permanece y cambia.
El futuro falta a veces, todavía no es.
El pasado es nostalgia, ya no es.

Existir es resistir, pensar es crear,
vivir es actuar en el presente.
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Párrafo triste de Hill Street

Siento, dolorido, un gran vacío
en el interior de una carcasa
que no termina de cicatrizar,
mientras los ojos que persigo
esquivan mis deseos etéreos
y terrenales, espirituales
y carnales, en una angustia
cotidiana que no hace sino
ahondar en la pena,
manchar la triste sed.
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Ahora soy

Yo ahora vivo distinto,
Una fue la que viste
Y otra la que enfrentaste.

mis alas se extendieron
me hice inmune al dolor,
me hice segura de mi,
y deje de sobrevivir por vivir.

Ahora ya no soy la misma,
ahora me quiero más a mi,
Ahora escribo mi propia historia,
y decido que quiero en mi memoria

Ya soy otra, y no culpo a nadie,
dejo de obsesionarme la perfección
hoy adoro mi imperfección.

Deje de buscar el amor,
espere hasta que el me encontró,
deje de creer en mariposas,
hasta las hice silenciosas.

Ya no cierro ante nadie los ojos,
ya no interpreto miradas,
Ahora me gustan las cosas claras,
y de frente para no dejar que pensaras.

Siempre me gustan las rosas,
y los poemas de amor,
vivo un presente sin clamor,
olvidando las penas dolorosas.

Ahora soy la que vive sin control,
la que invita a la emoción,
La que vive sin precedente,
Y disfruta su presente.

Las letras de mi alma.
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Me viene a la memoria lo que no ocurrió

Ansias. Nubes.
Me esperaba el amor,
con un gusto ignorado
en el beso completo
y en el cuerpo sin límites
un extraño temblor…

María Calcaño


No me pidas que imagine con ventisca una hoguera sin que arda en mis labios ni te queme a ti en los dedos. Ya no puedo, no me sale, no concibo otra forma de acercarme al recuerdo de un futuro que quiero que llegue a mi puerta, golpeando con un puño de desorden y naciéndole un puñado de amapolas en la palma de la mano.

No pretendas que desista de encontrarme donde se acaba el naufragio, es decir, a orillas de tu playa. No me llenes de celaje ese azul que veo tan claro desde que lo veo sin ojos, a través de mi ventana (al sur, siempre al sur). Ni siquiera el descontento me parece tan eterno a estas alturas, ni el odio que le debo a la musa se me hace tan pesado (porque claro... hasta lo fingido pesa, pero no). Tú lo sabes: al principio, era un juego, un vaivén, un cosquilleo y, después...

La próxima vez que te vea, que no será en sueños, me vendrán al recuerdo todas las escenas que hemos diseñado y se derramarán sobre mis versos las palabras que les faltan (para el poema perfecto). Además, según dice mi memoria, las calles a nuestro paso van a ser escaparate de esos días escogidos a conciencia de entre todos los que forman el catálogo de ansia de vida. Mientras tanto y, hasta entonces, me conformo con todo (para qué variar la poesía...) y le pongo a los días un flequillo de vesania que me ayude a proseguir.
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16comentarios 218 lecturas prosapoetica karma: 101

Lo que nos queda

Al final, ¿qué nos queda?
¿una foto? ¿una canción?
¿una persona? ¿un momento?
varios pensamientos,
de miles de cosas
que luego olvidaremos.
Nos queda el presente,
nos queda un futuro,
nos quedan ganas de vivir,
de luchar, de lograr,
afrontar lo que nos venga,
nos queda todo lo que queramos.
Si estamos dispuestos
vamos a superarlo.
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sin comentarios 102 lecturas versolibre karma: 53

La celda

Estoy atrapado en una celda de barrotes de oxígeno inoxidable. Mis carceleros son segundos mudos e implacables. Me cambian los carceleros a cada instante; cada que volteo a ver, se han ido los anteriores y vienen unos nuevos; más implacables y más mudos que sus predecesores.

Subyugado a la tiranía del presente, desde esta celda invisible; soy incapaz de caminar a la habitación contigua, la del ayer; sólo se me permite verla desde un cristal a prueba de balas atemporales.

Enfrente, observo constantemente, la habitación del mañana; pero no lo distingo claramente; hay una cortina de bruma que me la desdibuja. Por ratos la veo soleada, asombrosa y esperanzadora; por ratos la veo sombría, quejumbrosa y aterradora.

Cada vez que despierto, tengo la sensación de despertar en lo que parecía la habitación del mañana; pero la observo a detalle, veo el papel tapiz, los cuadros de arte abstracto que cuelgan de sus paredes, el color y textura del piso; el techo, esa misma mancha en una de sus esquinas, esa misma gotera que tanto me desespera; y concluyo, que sigue siendo la habitación del presente.

Durante el día, me siento en un banco de circunstancias; tiene tres patas desiguales; con mucho trabajo mantengo el equilibrio. Desde mi banco veo los segundos pasar; tan mudos, nunca me dicen nada, ni me saludan ni se despiden; tan implacables, de reojo me miran con desdén. Desfilan instante a instante frente a mí. La otra vez quise sujetar uno de ellos de una de sus piernas; era tan escurridizo y resbaloso; se me escapó en un segundo el muy taimado.

Tengo esta lista de cosas por hacer en este presente constante, y se me va la vida en hacer y hacer. A veces estoy tan ocupado en el hacer, que ni veo los segundos pasar; solo tengo esa sensación de que son multitud de ellos los que se han ido y han llegado, casi sin dejar huella en mi celda del ahora.

Después de un tiempo, empiezo a notar en carne propia, lo verdaderamente implacables que han sido (esa infinidad de segundos que han pasado).
¡Mira como me van dejando el cuerpo! Todo gastado, cada vez más marchito y mallugado; segundos desalmados.

Y sigo aquí, con mi lista del hacer; haciendo, deshaciendo y volviendo a hacer. Sin notar el ejercito de segundos que desfila frente a mi celda; sin sentir el daño que le hacen a mi cuerpo, a mi alma. Luego de un buen tiempo me doy cuenta, que la verdad; es que me están matando de a poquito, haciéndome pequeñito.

Un día desperté con esa sensación, clavada como puñal en el centro de mi corazón; ya no habrían más segundos para ver pasar, mi cuota estaba por alcanzar. La promesa contínua (que siempre se cumplió) de seguir viendo el mañana, se había acabado. Ese día quise contemplar el mañana a través de la bruma; mas una cortina de hierro me separaba de él. La cortina estaba recubierta de espadas de dos filos de distintos tamaños; en cada espada caminaban, a cada lado, escorpiones ponzoñosos de aspecto formidable. Infranqueable.

Me senté en mi banco de circunstancias. Miré mi lista de cosas por hacer, estaba vacía; del asombro casi me caigo de mi banco, al perder el equilibrio. Me parecía que los segundos pasaban más lento, casi se congelaban; y en ese momento observé sus rostros con todo detalle; cada uno tenía un rostro diferente, pero era obvio que todos, eran los rostros de la muerte.

El último segundo que llegó, tenebrosamente enmudecido; tenía los mil rostros de la muerte. Llevaba una túnica negra muy larga, parecía tan antigua. Su cuerpo parecía totalmente atemporal, desprovisto de temperatura; sin embargo, daba la sensación de estar envuelto en llamas ancestrales; pero las llamas no abrasaban, todo lo contrario, eran tan terriblemente frías; como salidas de un invierno recalcitrante, desde el origen de los tiempos de todos los universos. Llevaba un aro muy grande de plata, del cual pendían miles de millones de llaves de eternidad (no sé como le cabían tantas). Tomó una, la introdujo en el cerrojo de mi celda del ahora y la abrió.

─Eres libre ─me dijo─ ¡Todo ha terminado!

@SolitarioAmnte
iii-17
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Pasado

Del pasado
los recuerdos hablados
y del presente
el futuro callado.
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Hoy

Hoy voy a comprender
por primera vez
ese atardecer
que me hace volver.

Tener esa sensibilidad,
que me hace volar
en la inmensidad,
cerca del gran mar.

Salir del oscuro portal,
perder y volver a intentar,
encauzar mis pasos al andar.

Hoy una rosa gris
me hace saber
el estandarte lis
del nuevo amanecer.
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Exilio voluntario

Es fama que hace tiempo
Las aguas inundaron
La Tierra corrompida.
Es fama, que no es cuento
De lumbres o de viejas.
Quizá lo has olvidado,
Como olvidas tus ojos
En el fondo de un vaso
O abandonas tu cara
En los falsos espejos...
Porque viene de antiguo
Que las conchas besaron
Las copas de los árboles
Y las aves bebieron
En corrientes salobres,
Y una fuente de plata,
Y unos labios de niebla,
Que hayamos olvidado...
Pero existió el Diluvio
(O, al menos, eso dicen).
La Biblia no lo niega,
Lo teme Babilonia
De Súmer, sumergida
Por barros y oros varios,
Se saben los desastres,
Se ve en pagodas chinas,
Está en profetas incas,
Y en templos africanos...
Y está en cuentos de ahora.
Lejanos artificios
De don Jorge Luis Borges
No acallen las verdades
Del Tiempo de las Lluvias.
Acaso ya recuerdes...
Naciste en este valle
De lágrimas y llantos.
Y, aunque no lo vivieras,
No olvides, buena amiga,
Los cielos ya pregonan
El iris de tus ojos.
Los cielos te recuerdan
Las viejas alegrías,
La vida del presente
Y el miedo a lo futuro...
No caigas en el pozo
Del olvido. No dejes
Entrar a la tristeza.
No emprendas, buena amiga,
Exilio voluntario
De tus ojos, tu risa
Tan hermosa y feliz,
Exilio de tu vida,
Exilio del pasado,
Exilio del presente
O del futuro incierto.
No dejes que te agobie
Nada ni nadie nunca.
Recuerda tu pasado,
Disfruta del presente,
Confía en lo futuro
Y sueña que este mundo
Podría ser mejor.
Que tú puedes cambiarlo,
Que tú puedes hacerlo,
Que tú lo harás, sin duda.
No temas nunca más,
No temas, buena amiga.
No vayas al exilio
De todo y de ti misma.
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¡Que me llueva el cielo!

¡Cómo me dejas que te piense!
Pedro Salinas

La realidad no es la que viene
sino aquella que aún tiene que llegar.

J.M. Caballero Bonald



Camino bajo cúmulos, racimos
de nubes níveas que proliferan
en un cielo azul, cerúleo
—mientras reste día—.
Una cuña de luna me mira,
ufana sonríe, subida a su palco.
Qué cerca parece que tengo
grandezas lejanas...

Camino pensando que el tiempo
se extingue, no cuando yo quiera
y quiero llevarme la vida conmigo
allá donde vaya.

Camino como si volara
subida a una abeja, dejando el futuro
tendido, sujeto con pinzas
para cuando llegue, presente del todo
y, entonces, lo vea.

Camino conmigo, sintiéndome mía
y del mundo, aparte.
Quedarme a mi lado ha sido un acierto
después del lodo, que darme a la vida
es lo que le debo a este calendario.

¡Que sea lo que sea, que me llueva el cielo!
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Dolores

Rotura total de los ligamentos de la rodilla.
Quemadura de tercer y hasta cuarto grado.
Cólico Nefrítico.
De muelas u oídos.
Fractura con desplazamiento.
Parto.
Golpe en los testículos.
Cefalea de racimo.
Cáncer de huesos.
Y neuralgia del trigémino.
Dicen los presuntos expertos, que esos son
los mayores, los peores dolores.

A ellos, nunca se les ha roto el corazón.
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Me sobran palabras

Me sobran las palabras.
Lo que me falta es el poema
donde dejarlas estar.
Liberarlas de la carga
de aguantar en el aire
el peso muerto del silencio.

Una amiga me preguntó
un día:
¿Dónde queda todo lo que
no se dice?
Yo le respondí:
Supongo que se pierde
por la misma rendija
invisible
que escapan aquellas ideas escritas
y luego, borradas,
las que nadie más llega a leer.
O quizá, convergen
donde habita el olvido,
suponiendo que haya un sitio
capaz de dar cobijo
a tanta inmensidad.
Cualquiera sabe.

Yo lo que sé es que
me sobran las palabras.
Sí, y me falta el paso que avanza,
traspasando el límite de la afonía,
dándole voz presente
a otros días, que ya no son,
pero fueron.
Trasgredir la línea,
sacarle punta a las tildes
o la lengua a las esdrújulas.
Guiñarle un ojo al pasado,
sin pena ni gloria.
Subirme al presente,
dejarme de historias,
mirar al futuro
como algo cercano
que puede que llegue
pero no me agobia.
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º-tempus fugit-º

La semilla del deseo planté en tierra estéril
y observé el ocaso con ligereza.

Oportunidades perdidas que no olvidaré.

Tengo un presente de cartón doblado
y le doy la espalda al mañana.

Es tu sombra, de nuevo, de paseo por el alma,
sorda como una tapia, cuasi autista.

Por un módico precio volaré en un cielo
pintado de azul.

Saturno desatado masca los minutos de cada
uno, engulle su estómago-vórtex.

Y el correr del tiempo transporta mi cuerpo
de espejismo en espejismo, sin mucho que aportar.

Somos los niños de la tierra,
vendieron nuestra alma en el callejón,
mercaderes del vicio hacen su día…

La fe está coja y de bote en bote tropieza.

Mi vida encerrada en una pantalla de cine no existe.
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Mal augurio

Cuarto creciente quebrado
por el halo de una nube rota
empedrada y negra
cual mosaico de carbón hecho añicos
y envuelto en su propia mortaja
un vaho tenue de luz amarilla y gris.
Mal momento para deambular
la calle y la noche
tentando al filo que se esconde en la esquina
la navaja se agazapa en la sombra
la larga calle es un camposanto del que provoca huir...
Ahí afuera
en algún sitio
asechan los espantos
carne fresca para la Llorona
a los que de parranda
tornan al acabar la tercera vela
"canto del gallo", susto en la nuca
embriagados por el licor de esta madrugada
embrutecidos por lo artificial del sueño.
Ojos inyectados
por el hedor de todo ese insomnio
vivo... muerto...
Negra y empedrada nube rota
formando un halo quebrado
envolviendo a este cuarto creciente.-



@ChaneGarcia
...
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