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El árbol de la flor tridáctila

Ahí está...
se yergue sobre sí misma
retorciéndose
cómo la fuente pedestre que no es.
De la bugambilia viene ese claro olor a rocio
desprendiéndose nazarena de sus ramas en flor tridáctila.
Ahí está...
el árbol-fuente —¿o la fuente-enredadera?—
trepando por el emparrado para derramar sus gracias.
Parda es la sombra que ahora te cobija fresca
bajo el salpicado dosel.
Pareces una virgen incrustada en su nicho
¿O es acaso aquella fuente es la que te devora?
¡Las dos tan intactas!
Como si todo estuviera en su sitio sin faltar nada...
Tú... El árbol... Todo ese puntillismo de oscura sangre
Sangre como la de un crimen seco
alimentando al susto de tu claridad nipona.-


@ChaneGarcia
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El disfraz natural

Durmiendo
cual muñeco de trapo arrojado al suelo
allí, el de la purpúrea poltrona
amanezco adolorido con todo el rigor
con la tiesura al cuello
como la ele tumbada de costado
con los pies ataburetados
en el acalambramiento de la incomodez.
Y el palpitar lechoso de una difuminada tortícolis
que se empeña
en vampirizarme el cuello
obligándome a moverme
con una especie de desequilibrado rigor mortis.

Con la cara devastada y ojerosa
por las exiguas horas de sueño —despeidado—
tranquilamente pasaría por zombie
de andar quebrado
en un claro disfraz natural.-


@ChaneGarcia
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"Amor Ven"

¡Amor Ven!
toma mí mano, corramos
por el camino del rosedal,
miremos el mar
lee tu poema favorito.
Abrázame.

Siento latir mí ser,
besos que saben a frutilla
y nuestra piel suave
cómo la seda,
gira en abrazos
y la arena nos acoge.

Las olas rozando
nuestros cuerpos y
el atardecer cae cómo
pintura del artista.

La noche nos cobija
en manto de estrellas,
te amo, me amas,
susurros de primavera
de aquélla quimera.
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4comentarios 105 lecturas prosapoetica karma: 100

La hoja que arde fría

La palmera muere —su hoja—
como el Fénix que se sumerge en la umbra
para ocultar su plumaje grifo
los empalmes de su azafranada otoñalidad
de las puntas marrones
a las largas remeras rojas
hasta las pequeñas plumas de cobertura tejiendo un encaje en amarillo muy fino.
Su 'aureocidad' caóbica que la hace lucir tan cobriza
y ante el despliegue de semejante disfraz ígneo
la hoja-Fénix se ruboriza
tímida
se rauda hacia la noche interior
allí
en el apretado follaje de compañeras verdes
para así entonces morir a solas
en privado
al uso de los elefantes
como en una especie de necrópolis secreta
donde ya a oscuras arden hojas bermejas
en un extraño fuego sin calor.-

@ChaneGarcia
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Profecía sabática

Afuera...
a lo lejos ardían las hogueras
puntos de antorchas que
cómo enfiladas hormigas formaban una sinuosa línea inmóvil que titila.
La cuidad era un hervidero que duerme.
La lluvia —que lo apaga todo— tiene esa extraña cualidad que aplaca el ánimo
derrumba las erecciones
y la gente corre y se refugia bajo improvisados techos.
La quietud del sábado
sólo aberrunta otoñalmente
esa sepulcrez del domingo
ese aburrimiento cuajado en las manos cual torpes madejas
con las que no hallamos qué cosa tejer.-


@ChaneGarcia
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Amavasha

Ella, lleva al viento casado en el pelo
y entonces se le ondea en llamas toda esa hoguera negra.
Te mira de frente con su encono de flechas
pues eres el alimento de sus ojos garzos.
Se llama Selene...
y tú eres el que le debe a la prosapia de su añeja estirpe.
La órbita completará su vuelta
y esa navajilla curva que le argentinea el pecho cual dije
terminará eclipsándote.
Hoy habrá cuarto menguante en la madrugada
Yo que tú, evadiría al novilunio.-

@ChaneGarcia
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Tango polaco

Compañeros, nocturnos pasajeros
como gorriones en el cielo
intentando su trinar
un tango rancio espero
con gargantas de acero
en este nuestro cantar.

Mariposas y claveles
grillos y cascabeles
cantando bajo un lucero
encerrado en un cristal.

Suena ronco el bandoneón
y es tan dulce tu mirar
crece adentro mi canción
cuando el amor quiere tocar.

Vamos juntos abrazados
al cobijo de la noche
cantando para que escuche
el polaco en el balcón
de un cielo que un día se abrió
para su tanguero corazón.
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El gato intrínseco

De niño
yo tenía un gato llamado Tután
un felino escaqueado de alma bohemia
era muy libre
con esa bella indiferencia en su cara de mojón
la "cara e' tabla"
ese rostro inexpresivo en el que se acorazan los jugadores de póker.
Se te acerca oportinista en busca del mimo
y una vez saciado, te suelta
como quien arroja una agotada colilla.
Al final era un animal que iba a su bola.
Él tenía una hermana llamada Kamón
una gata negra de cascos ligeros —como tiene que ser—.
No se puede escapar a lo de la naturaleza
en cualquier momento
se termina por exudar lo intrínseco.-


@ChaneGarcia
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Primera redoblona

Ahí estaba recto... desnudo y de pie el hombre canijo. Creo recordar que se llama José... Mmmmm José algo; pero sus compañeros le dicen "Polla de burro". ¡Y no era para menos! Aquello era un péndulo al que no se le podía ignorar. Se podía sopesar con la vista. No hacía falta palparlo para saberlo... uno le adivinaba lo macizo sin el tacto.

Ella —la señora de la casa que los había contratado— al verlo sintió algo de temor, nunca se había arriesgado a tanto. ¡Claro!, acostumbrada estaba a los calibres normales, que la sola visión de AQUELLO, resquebrajaba cualquier tipo de morbo anterior. ¡Cualquiera en su sano juicio se lo hubiera pensado dos veces!

Animada entonces por los otros que le habían hecho la orgía, abrió sus cremas pálidas... los dos marmoleos muslos de leche que parecían no haber sido tocados nunca. Le ofrecía así la flor espectante a la que ya se le hacía agua todo. Ella era un punto de agua viva... el sitio donde brota todo manantial.

José —que en medio su descomunalidad aún lo tenía dormido— tuvo que hacer un esfuerzo por despertarlo, pues, a semejantes tamaños se les hace renuente el despertar tan presto.

Una vez lograda la enarbolación... roja como un casco nazi, enfiló el ariete hacía la depilada cueva. La entrada, con sus estiradas crestas de gallo, ensanchaba ya la boca, imaginando ilusa que podría tragar entera aquella colisión de un sólo bocado.

El primer contacto fue como el ardor del hielo seco. Aquel clavo era como lava abriéndose paso a través de un conuco nuevo. Todo ardía y quemaba, estirando sus ya arrugados pliegues viejos, que quedaban tensos y a punto, como un arpa bien templada en su afinación.

Su cuerpo adquirió entonces un dócil rigor mortis, quedando clavada al madero que suponía la colchoneta, cuál si fuese un cristo de un sólo clavo.

Todo se sentía como una mezcla arremolinada de cosas dispares. Nunca un dolor había sido tan placentero; ni un placer había lastimado tanto. Ella parecía un gusano dentro una manzana... retorciéndose... horadando túneles infernales llevándola hacia un Edén de mareos. El deseo en su boca mordía una almohada —que no sé de dónde salió— tratando de desplumarla en un ingente esfuerzo por matar al grito.

Intentataba pensar, centrarse en la situación que le acaecía mientras acontecía el acto; pero los mordiscos de aquellas divinas pirañas apenas le daban chance para el respiro,

Los orgasmos acaecian como vagones de un tren que arribaba indetenible, las cuentas de un tortuoso rosario de delicias irrefrenables, difíciles de asignarle la palabra justa que los contenga en su significación.

Ella lloraba de gusto. Nunca había sido tan feliz en medio de una locura abierta, a carta blanca, sin termor a salir escalada.

En un breve lapso que tuvo de lucidez, pudo sentir en sí misma profundidades nuevas, lugares que con su obeso y portugués esposo nunca había visitado.

Era como si un largo badajo pateara su úvula cervical en un carrillón de placeres de esos que, amenazantes te muestran los dientes. Acabó dando gracias a Dios antes de perder el sentido en un majestuoso tetánico, todo tembloroso.

José, fue el último de la orgía en cepillarse a la señora. Al acabar, entre los cuatro obreros la cargaron hasta su cama. Durmió como un cadáver, como alguien que acabase de morir... el resto de la tarde y hasta el otro día.

Esa redoblona, había sido sido el regalo que le había preparado su marido, quien, había contemplado todo desde una silla de playa cerca del rincón.

Ese fue el principio de una afición se repetiría más a menudo, cada vez que se requiriesen de obras en el sitio... y que él se las procuraría y a las que ella obviamente no se le negaba.-


@ChaneGarcia
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Tambalea la virtud

La mujer no es como el hombre
ella...
dónde quiera que esté
siempre anda mal parada.
¡No hay nada más llamado a romperse
que su acogollada virtud!
¡No hay cosa que ella más cele
y que atesore!


@ChaneGarcia
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De lo oscuro... emerge la flor de una Medusa

En medio de la oscuridad parda
como cuando se cierran los ojos
y preñado de esas insinuaciones fosforescentes
simulando las formas del humo fatuo
emergiendo hacia mí
veo aparecer el pálido fulgor de una flor fantasma
pentáfila de acorazonados pétalos
a cuyo centro se acogolla
la coliflor de sus asustados pistilos
esas inflorescencias de arbóreas
que se hacen sepia
o se van alimonando diluidas
cual si les fuese adherida la pátina de una antigua vejez
que... como la medusa abisal
solitaria
acuática
casi transparente
asciende desde el Averno del sueño
sólo para alimentarse de la claridad del Sol
cuya tenue aurora
se filtra ahora a través de mis cerrados párpados.
No te miento si te digo
que cada que la veo
a la hora de dormir
le temo a la decapitada corola sin cuerpo
que supone esa flor hambrienta.

¡Sí!... sé que no existe
que esa imagen en realidad no está allí
pero cada vez que cierro los ojos
—como un sigiloso gato— la hallo más cerca.

Me estoy haciendo reticente a lo de recostarme a ratos
a tomarme la siesta por las tardes
a cerrar los ojos
para no despertar.-


@ChaneGarcia.
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La mujer siempre lleva la culpa

Los hombres somos como mascotas
cachorros de perro a los que hay que entrenar.
Por eso la mujer siempre lleva la culpa...
porque —bien sea la madre o la esposa—
ella es la que como un dios
termina dándole la forma
al barro del hombre.-


@ChaneGarcia
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La gloria del Sol

Otra vez yo...
en la ventana de siempre;
pero esta vez a la hora justa, y...
el techo de aluminio me reverbera la gloria del Sol
hiriéndome los ojos
cerrándome los párpados
obligándome a apartar el ya recalentado rostro.

Esta noche cuando salga
la Luna nos hará lo mismo
cuando nos devuelva plétora en su faz
la anterioridad de un plenilunio perfecto
y preñada en esa luz
por un instante
se vaciará de la negra nada
esa otra Luna
de desconfiados ojos de sombra
con la que convive inevitable.
Un siamés maligno
que se lleva amorralado a la espalda
y al que nunca le llega una minucia de gloria.

Esta Luna blanca es entonces
como la imagen de un Cristo resucitado
reflejando en la transfiguración de su rostro
todo el amor lumínico de su Padre Sol
reverberando a todo el que la vea.

La Luna en sí no tiene gloria;
ésta le es prestada.-


@ChaneGarcia
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Quisiera Volar

Me llevaste en ése
hermoso viaje del amor.
Caminamos el mundo,
el mar nos abrazó
en su inmensidad.

En la profundidad
de nuestros desvelos,
remontamos a nuestra playa,
edificamos nuestros anhelos.

Hoy mí alma
marchita de tu ausencia,
busca tu perfume
y sólo encuentra
el desierto de la soledad,
horizonte de sol perdido.

Quisiera volar,
encontrarte en el
infinito cielo.
Quisiera cerrar mis ojos
y en delicado sueño,
dormir nuestro amor eterno.

Y... quisiera volar.
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Una sopa que camina

La contemplo desde el cenital
caminando apresurada
ahí va una sopa de vida...
con el lomo típico que le da la vejez
acarreando la liviandad de sus ya cansados huesos.
Una vieja dinámica
ataviada de bastón
una viuda sola y sin hijos.
¡Quién sabe a dónde irá con tan presta diligencia!
¡Y cuántos otros oficios aún le aguardan en fila!
¡Mira!, allí va una sopa que camina.-


@ChaneGarcia.
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Carismática

Ella llegó deslumbrante
de belleza,
él se enamoró
de su carismática personalidad.

Amó sus diferencias,
abrazó su inmensidad
de corazón,
respiró su perfume,
que lo llevaron
más allá de los deseos,
acarició su alma.

Durmieron mil noches,
amanecieron
en amor perpetuo,
vibrante, único.
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El castigo De La Doncella (Medusa)

Era la más bella
Del reino, sus mejillas
Eran rojizas como una delicada rosa
Sus ojos azulados
Y profundo como un abismo
En donde sus pretendientes caían
Ante tal encantó.

Más su belleza atrajo la atención
De Poseidón que robaria su corazón
Sería la razón, de que Atenea
Enfurecida castigaria a la joven
Transformando sus rizos
En arpias, sus delicados ojos
Transformarian a todo aquél
Que se atreviera a ver su mirada
En piedra se transformaría

Despechada entré penas
Se desborda, en su corazón
Sólo el odio por Atenea crecería
Más en villana se convertiría
En una de la más temidas

Más la ironía hace a la historia
Que en la travesía se enfrentaría
A Perseo hijo de aquel
Amor que no pudo ser, quien la liberaria
De su castigó, al acabar con ella.
Su alma se liberó
El dolor desapareció
Y su historia se transformo
En leyenda
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La marea

Bajo este gris plomizo, triste como mis ojos,
como mis manos escarchadas de recuerdos,
el corazón resistiéndose al camino,
el mar de los días asestando sus oleadas
en los huesos resilientes de este barco viejo.

Aquí lagrimeando versos en contra del viento
este poeta inmerso en las aguas del silencio
vuelca sobre un mantel los dados de vivir,
los cuencos llenos de amor perdido,
el agua que alguna vez estuvo entre sus manos.

Un añoso libro anhelando ser leído
bajo la mirada de un niño,
un banco en la estación del tren que nunca llega
así esta alma espera que suba la marea
para zarpar de nuevo a soñar con el amor.
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10comentarios 114 lecturas prosapoetica karma: 85

Pasado

De el tiempo que vivimos
cuanto de él estando ausente,
pocos recordamos en el presente
acaso para no evadirnos.

El pasado que olvidamos
por que no vive para siempre
sea por dolor o inconsciente
un camino al que retornamos.

Los fantasmas que agitamos,
los que viven en nuestra frente
murmullos entre la gente,
por el mundo de los pecados.

El ayer nos alcanza a todos
como un puñal irreverente
mata las horas urgentes
y los sueños que soñamos.
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La Tejedora Orgullosa (Aracne)

Entré hilos su belleza se escondía
La grandeza se desentraña
En cada costura que borda
Que hasta las ninfas adoran

Su popularidad crecía
En toda Grecia
Sólo en su mente quería
Ser reconocida
Y por inconsciencia
De su orgullo
A Minerva retaria
Ya que pensaba que le ganaría.

Y fue que su orgullo sería
Su condena
Ya que la diosa disfrazada
De anciana en cólera
Estallaria al ver
Aquél insultante tapiz
Mostrando los amoríos de los dioses
Con los mortales

Ofendida por tal insultante
Imagen, despedazo el telar
Con su lanza
Y llena de furia
Convertiría a la joven
En una araña por clemencia
De su padre

En la oscuridad del rincón
Un lamentó en silencio
Se rompe, entré su telar
Adorna sus penas
Su orgullo traicionero
Entré las telarañas
Desborda la melancolía
De una tejedora
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8comentarios 80 lecturas relato karma: 98
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