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La Escritura de Arena

Si el Libro de Arena del que hablaba Borges existiera, su escritura sería la Escritura de Arena.

La Escritura de Arena debe contener en sí todos los signos existentes y por existir, todos los símbolos posibles en todas las lenguas posibles. Debe ser condensada y representativa, y a la vez desramarse como un árbol hacia el cielo. Debe ser ,en definitiva, un punto.

El punto es el origen de toda escritura y de todo signo, pues Euclides sólo podía definir la línea como una “sucesión de puntos”. Así, de ese mismo modo, el punto es necesario y consistente como la piedra angular desde la cual comenzar toda representación gráfica. Los antiguos calígrafos árabes eran capaces de dividir la letra por su estilo siguiendo el número de puntos que ocupaban. Esta es la importancia del punto.

Irónicamente, el punto en sí es un signo, como el Aleph no tiene un sonido vocálico determinado, y sin embargo actúa como vocal; así el punto siendo origen de todas las demás letras no tiene cabida entre ellas.


Qué traicionado debió de sentirse el usuario de aquel misterioso libro, cuando abrió las páginas y sólo halló puntos.
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Gravedad

Desde que la descubrió, recorría el mismo camino para verla cada día. Tarde o temprano caerás en mis manos, se decía. Ella era del Perú y aparentemente la única, no había otras. En su viaje de ida la observó, pero al regreso dos horas más tarde ya no estaba. Nervioso la buscó hasta encontrarla a los pies de la mata, en cuya sombra la tomo en sus manos y tras acariciarla con sus dedos la estrujó en su labios mordiendola apacionadamente... Y como había imaginado la hizo suya por completo...¡Una Ambrosía! Guayaba, la fruta que más le gustaba.

@Saltamontes : (27/08/2019)
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Jaque Mate

Desde el balcón observaba muchas veces al anciano subir las escaleras del Mercado trabajosamente, y rato después, bajarlas con mucha dificultad asiendo en sus manos el bolso con los artículos comprados y ya en la acera, caminar lentamente por el peso del bolso y de sus años... –Debe tener más de noventa- pensaba yo, que recién jubilado y pasado de los setenta me dio por imaginarme en su lugar...
Al verlo llegar nuevamente al Mercado, decidí esperar a que saliera. Cuando lo hacía, subí los trece escalones y al ofrecerle mi ayuda tomandolo por un brazo la rechazó con un gesto. Insistí pidiéndole el pesado bolso para acompañarlo, pero se negó nuevamente...
—Gracias, pero no
—Yo solo trato de ayudarlo, aliviarle de la carga
—Muy amable de su parte. Se lo agradezco... Pero no
—Pero... ¿Por qué?
Ya caminábamos por la acera y ante mi pregunta, se detuvo abrazando el bolso y mirándome fijamente, como pensando que decirme...
—Tengo noventa y siete años y vivo solo... Los órganos que no se ejercitan se atrofian. Lo que hago es lo que me sustenta y mantiene activo. Las seis cuadras que camino a diario fortalecen mis piernas y mi espíritu; y la carga, mis débiles músculos y articulaciones... ¿Me entiende?
—Perfectamente... ¡Lo admiro!
—¿Quiere ayudarme en algo que si necesito?
—Naturalmente que sí. Solo tiene que decírmelo y lo haré con gusto. Ya no trabajo y dispongo de tiempo. ¡Dígame!
—Vivo aquí... —Dijo deteniéndose frente a su casa, abrió la puerta y continuó —Pase y siéntese. Lo invito a un café.
Me llamó la atención oír “Radio Enciclopedia”, emisora de música instrumental solamente, que en esos momentos dejaba escuchar “La vida sigue igual” de Julio Iglesias. Al regresar a la sala con el aromático café y tomarlo, me dijo que solo escuchaba esa emisora, que nunca apagaba el radio, porque además de instruirlo cultural y musicalmente le alegraba la existencia.
—¿Qué puedo hacer por usted...?
—Ayudarme a ejercitar la mente.
—¿Cómo...?
—¿Sabes jugar ajedrez...?
La pregunta me sorprendió y al responderle que sí, fue al librero, lleno de libros desempolvados y abriendo una gaveta extrajo el tablero del juego ciencia, me invito a jugar ofreciéndome las piezas blancas. Con “Balada para Adelina” como fondo musical comenzamos el juego... con un Gambito de Dama. Pensé llevarlo suave, pero a medida que entrábamos en el medio juego ya me superaba en posición... Demoraba menos que yo pensando y tras un movimiento de las negras que me colocaba en difícil situación, se puso de pie mientras yo meditaba y trajo dos copas con dos líneas de ron Mulata especial. Me conminó a un brindis y al tomarnos el primer sorbo, me ofreció las “Tablas” que yo no acepté y quince minutos más tarde inesperadamente me dio Jaque Mate.

—Me dejaste ganar... —me dijo sonriendo y continuó —Gracias por la ayuda.
—Usted bromea... ¿Jugamos otra partida?
—No, a mi edad no se puede abusar de los ejercicios...—Respondió sirviendo en mi copa otras dos líneas de ron.
—¿Y usted no se sirve?
—No. Todo los días tomo solo dos líneas, con eso basta para mejorar la circulación de mi sangre y activar las neuronas.
A partir de ese día entablamos una amistad que perduró hasta su fallecimiento cuatro años después, Comenzó intentando ayudarlo y el ayudado fui yo. Sus consejos, ejemplos y enseñanzas para la vida me han servido de mucho. Se fue, pero aún vive en mis recuerdos que el día anterior, jugamos la última partida y me dio, sonriendo: Jaque Mate

Autor: Saltamontes (24/8/2019)
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Cobarde, sin más

Estoy a un paso de plantarme frente al espejo y ser parte de la locura.
Estoy a un paso de decirle a ese payaso de mi reflejo Why so serious? y aún así, con más gritos en mis entrañas que en mis lágrimas, seguiré sin entender porqué no pude mirarte a los ojos cuando me dijiste una y otra vez que te ibas.

Joder, si es así, vete de una puta vez, coge tu maleta y esos dibujos chinos y, no vuelvas más.
Estoy seguro de que a este payaso no le vas a cambiar más el sueño por noches de sexo a quemarropa al compás de tu puta canción favorita.

Y así, con máxima determinación y dejando ese olor a café mañanero, dejó a un hombre que, más que hombre, era un cobarde que, en lugar de mirarte, sonreía con la certeza de poder olvidarte.
Já, que ironía y que cabrona era la vida en mi (mala)mente.
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Multioficio

Las manos tratan angustiosamente de ensartar el hilo.
— ¡Ya no puedo más! ¡Basta! —piensa, mientras una y otra vez falla el intento. La ponen nerviosa los gritos de Al.
—Acaba de coser el pantalón. No sirves para nada. —Vocifera ofensivamente.
Además de humillada esposa, la obligaba hacer de “pala” del payaso; cobradora de taquilla; barrendera y otras tareas. ¿Retribución?..., solo el escaso alimento que ella misma cocina. Pero no, todo tiene un límite y el de ella la apremiaba..
—¡Se acabó, coño! Cóselo tú mismo. Ahí lo tienes. —Dijo con tal fuerza y resolución tirando la pieza rasgada al piso que Al, incrédulo, se quedó sin palabras al verla alejarse con firmes y apurados pasos.
Nunca la vi así. Se jodió esto –pensó- Y recogiendo el pantalón, el carretel de hilo y la aguja fue tras ella. Despacio. Iba confuso, sin saber qué hacer.
¡Qué se habrá creído! Siempre ha sido dócil –meditaba- Tengo que ponerme duro. Está probando fuerzas o se volvió loca. Se detuvo y pasó una hebra de hilo por el hueco de la aguja, la anudó. La vio sentada a horcajadas sobre un banco de madera. Le dio un manotazo en pleno rostro y tirándole el pantalón en la cabeza le gritó.
—¡O lo coses o no respondo de mí! Yo soy el equilibrista y no puedo caminar por las cuerdas enseñando las nalgas. ¡A coser!
Sin una lágrima en sus ojos, fruncido el seño y una penetrante mirada de odio se incorporó rasgando aún más la rota prenda. El no tuvo tiempo de reaccionar.
—¡Se acabó! —dijo ella sacando de entrepiernas una pistola..
Fue un solo disparo. Efectivo.

@Saltamontes
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Infantería

Troté y caminé el desierto,
bajo un sol abrasador.
Busqué el norte y el sur sin brújula ni mapa,
solo guiado por la sombra de los cactus.
La sed me vió casi extinguirme
¡Pero no me vió rendirme!
¡Montañas amigas!
Que anduve cansado, equipado,
siempre uno con el pelotón,
siempre en vigía bajo un manto de
millones de estrellas que nos orientaron.
Fusil en mano, mochila de equipamiento en la espalda, cargadores, y un miedo acallado
que no dejábamos se notará debajo de el casco acerado que cubría casi nuestra mirada.
Balas y trincheras,
enemigos de la tranquilidad frente a nosotros,
Disparos por órdenes,
valor cumplido bajo la prerrogativa del honor.
Adiestramiento bajo el infierno,
operaciones en las axilas del diablo.
Infantes, soldados de combate de a pie,
llorando detrás de un arbusto
sin que nadie nos vea la muerte del compañero,
la orden de no retirarse, el hambre insatisfecha,
la tristeza acumulada, días enteros sin dormir,
un infierno que solo se puede aliviar con alcohol.
Siempre puestos para lo que mande la nación, lo mismo sea dejar la vida en combate, que debajo del desastre auxiliando a la Población.
Y aunque dejé la tropa, no dejo de ser soldado. Pues soldado una vez ¡SOLDADO PARA SIEMPRE!
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Un día de lluvia

Hoy brilla hermoso el sol,
las aves y sus gorjeos merodean afuera de casa. Tomando café, escucho esa voz interna que es la conciencia y algo más adentro en mí anhela que el día fuera nublado y frío, sin gente en las calles, ni mensajes en el móvil.
Que cada quien se encargara de vivir su propia vida y no jodieran la de otros.
Que la cellisca cubriera a la comarca y que los automóviles estuvieran aparcados en sus casas y no inundando la vía de pitidos, choques y un indeseable caos.
Dejar postergados los problemas emocionales y refugiarse en la lectura de cuentos de Antón Chéjov tomando té a sorbos y viendo de vez en cuando la ventana para encontrarme en el viento helado que juega con los árboles.
Estar arrellanado en un viejo sillón de cuero, leyendo, en momentos hilvanando versos,
sintiendo el frío invadir la estancia y seducirme, entrar en momentos en el sopor de las ceremonias de interior y sentir un pequeño contento de saber cuánto disfruto ser un hombre entregado a la vida de los libros, que un mercachifles que deambula por la ciudad angustiado por no encontrarse así mismo, bajo un sol que no es el suyo, y una tierra que no es la propia. Cómo quisiera que hoy fuese un día de lluvia...
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Mi hogar

Vivo en un libro,
entre páginas connotadas de romanzas
hispanas, a la usanza de Quevedo, León Felipe y Alfonso Reyes; versos acomodados debajo del sol, amarillentas páginas olvidadas en el bazar donde rescaté este viejo libro que he tomado como casa y mi patria.
Vivo debajo de un ensayo olvidado de Octavio Paz, como almohada algún escrito de Julio Cortázar, Eduardo Galeano o del mismo José Joaquín Fernández de Lizardi;
cobijado por el surrealismo que Juan Rulfo me enseñó camino de Sayula.
Dialogo algunas tardes abigarradas con Juan José Arreola, escucho su luminosa narrativa describirme su hermoso Zapotlán el Grande, mientras bebo ponche de granada que un amigo me trajo de Zapotiltic.
Enclaustrado en nostalgias varias, por las noches me gusta encontrarme con Sor Juana Inés de la Cruz, eminente genio de las letras hispanas que suaviza mis horas agitadas por la marea emocional con sus impecables versos ¡Quién tuviera el gozo de haberte conocido Dulce Minerva de América!
Otras veces, siento ganas de volver a mí, a través de Ignacio Manuel Altamirano y su entrañable Navidad en las montañas que me envuelve en esa exquisita prosa franca y local que hace que mi estancia en mi hogar-libro sea confortable, serena y lejos de tanta insana hipocresía.
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Euzkal Herria

Quiero caminar contigo de la mano
y descubrir los rincones tan hermosos
de Euzkadi, bajo su hermoso sol vasco y el mar cantábrico mojando nuestros pies.
Que los vientos metalúrgicos de Bilbao, nos hablen del éxito fabril de la capital de Vizcaya y nos cuenten historias del atletic en San Mamés; reír con los abuelos, nostálgicos por la grandeza que vieron pasar frente a sus ojos.
y que nos abraze la magia verde de Guipúzcoa
mientras de la mano nos dejamos envolver
por la cordialidad de San Sebastián,
hacerte poesía euskera en Vitoria, conquistando juntos Álava en plena conjunción amatoria.
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Entre el cielo y la tierra

Fue un día extraño que no hubo sol.
Eras el prototipo de una antología poética
donde el dolor era cosa del pasado.
Llegaste como un libro jamás escrito,
Un verso jamás pensado que pude escribir
en las hojas blancas de mi propio olvido.
Los días se volvieron semanas, y yo,
esperaba la tinta de tu mirada para continuar
este libro que inédito dejamos postergado y se fue al sesto como una memoria inacabada debajo de un cielo extraño como ese día que no hubo sol.
Dos seres tan diferentes como la opinión.
Una oda al idealismo tan surrealista como el cielo y la catarsis de una vida herida por la soledad del alcoholismo, tan dura como la vida humana en la tierra, creían encontrar en la escritura de una página, la panacea al dolor de tener que estar vivos en dos latitudes alejadas como la ilusión lo está de la crudeza del dolor.
Dos personajes idealizados,
una historia insulsa que al final quedó
desplazada.
Guardo mis hojas, tapo el tintero para cuando me llegue la inspiración, tal vez en invierno, visitando Macedonia, o tal vez tomando té en San Petersburgo o leyendo algo de Bukowski, paladeando "la visión de Anáhuac" de Alfonso Reyes, leyendo "Rayuela" de Cortázar o "la Feria" de Juan José Arreola;
Tal vez charlando a solas con Pedro Páramo a través de Juan Rulfo o viajando por la fría Rusia de Chéjov en "La tristeza" que vendrá a mí esa inspiración y susurrarà al oído mi siguiente poema, algún cuento o la primera frase de algún libro donde dejar una huella de mi paso por esta tierra, sin pretender siquiera un cielo ignoto e incierto.
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Para que me olvides

Abre de par en par las ventanas,
si pretendes olvidarme.
No vaya a ser que te tropiezes con el aroma de la ausencia y te de por llorar.
Deja que los gatos distraigan tus oídos del recuerdo de mi voz, pon a Gardel para que te olvides de mi acento.
Bebe una copa de tinto,
deshaste del sabor que ya conoces,
mira bobadas en la televisión,
visita a tu madre,
charla con tus vecinas sobre el servicio de calefacción, para que no estés pensando en mí apretadando los muslos, emparedado en ellos tus manos ansiosas.
Ve al neuro siquiatra,
pídele que me extirpe de tu encéfalo,
que me arranque de tu vida,
que ya no pienses más en mi falo.
Compra flores y cómelas con cereal en las mañanas, y que te sirvan para
darle emociones a tu repetitiva vida,
que te consuelen cuando lloras
por papá en tu cuarto.
Si pretendes olvidarme,
publícalo en facebook,
allí solo se publican tonterías
que nadamás les interesan a las tías.
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Confusión

Las noches eran tan frías
como tú, como mi soledad.
Estar lejos de casa era más triste
sabiendo que tú no me amabas,
que todo era una confusión sentimental
de una chica universitaria que aún no
sabía qué quería de la vida.
Tú reías,
yo lloraba.
Tú, en casa cenabas.
Yo, hambres pasaba.
Tonta historia de un amor entre
un solitario, soñador empedernido y una
niña de casa que no sabía ni lo que buscaba.
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Al norte de tí

Al norte del planeta te pienso.
Ojalá puedas disfrutar de este sol
abrazador que acaricia mi piel,
aunque sé que a tí, el otoño hace que vibres al compás del sur, que tú no ves auroras boreales,
sino australes.
Que las millas que nos alejan,
son solo kilómetros de poesía y cartas
por escribirnos, canciones que agregar a nuestras itinerarios de tardes desiguales,
que para mí el sol tarda un poco más en irse,
y a tí te busca una luna más hermosa hasta tu ventana de donceles 23, y a mí me arrullan los gatos de Wilson Mark Street en los suburbios de esta federación al norte del mundo y al norte de tu corazón, desde donde te sueño, te leo poemas para que te duermas pensando en esos sonetos, y sueñes conmigo, aunque no me puedas ver.
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Disidente

Desde el portal, miembros de la fuerza de represión pública pugnaban por entrar a su casa; él se negó a abrir, argumentaba que sí de todos modos iba a ser atropellado, les daría la molestia de tener que derribar la puerta, —no creyó que lo harían— subestimó los niveles de resentimiento, la mucha capacidad de odiar y la presteza destructiva de aquella gente obnubilada por un discurso ideológico. Minutos más tarde, era conducido a empellones al interior de un calabozo, donde muchos hombres como él, sangraban heridos. Dos de sus vecinos cooperaron en la detención. El sujeto no era un delincuente; era disidente.
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Hijos de Roma

Petronio señaló a sus compañeros una arboleda situada en lo alto de la loma que dibujaba el camino por el que avanzaba su regimiento. El legionario había advertido previamente a su centurión, el respetado Favio Clodio Espurnio; III centuria, Legio XXI Rapax, de que unos exploradores de la avanzadilla enemiga les estaban siguiendo. Espurnio situó a sus hombres en avance de combate, preparados para sofocar cualquier imprevisto. Unos metros más adelante un gran tronco atravesado en el camino les cortaba el paso.
Mientras el centurión ordenaba a sus hombres situarse en formación compacta y defensiva, el rugir de una garganta enemiga tronó en el aire anunciando el inminente ataque. El sonido parecía venir de lo más profundo del Averno. Los legionarios romanos no conseguían distinguir a nadie entre la maleza y los altos arboles que atravesaba el camino. Petronio apretaba el “pilum” con fuerza, mientras con la mano izquierda situaba su escudo en alto. De pronto, unos gigantescos hombres del norte aparecieron entre la espesa vegetación, vociferando y lanzando improperios en su bárbara lengua. La gran mayoría combatía con el pecho desnudo, y con la única protección de un pequeño escudo de madera y una gran hacha de doble filo.

- ¡Preparaos para chocar!- gritó Espurnio, situado en primera fila de combate.- ¡ No olvidéis que luchamos por la gloria de Roma!

Estas palabras alentaron a algunos legionarios el valor necesario para comenzar a luchar. La colisión fue feroz. Un gran guerrero enemigo había conseguido romper la primera línea de defensa con un solo golpe de su terrible hacha, pero la rápida reacción romana rehízo la línea, abatiendo al germano con una estocada en el corazón. Los legionarios formaban la “testudo” mientras los enemigos continuaban hostigando la muralla de escudos imperiales con sus grandes hachas, espadas, lanzas, e incluso con grandes troncos y piedras. A pesar del brutal y continuado ataque, los romanos mantuvieron eficazmente su formación.

- ¡Atacad Ahora!- gritó de nuevo el centurión.

La orden del centurión Espurnio se realizó automáticamente, y los legionarios pasaron a la acción lanzando sus jabalinas y abriéndose paso con sus lanzas y espadas. Petronio clavó su “pilum” en el tórax de un gigante de larga melena rubia y ojos azules, mientras rápidamente se hacía de nuevo con el arma. Un soldado romano caía justo a su lado atravesado por un asta enemiga. El mandoble de una gran espada germana impactó contra su maltrecho escudo, rebotando terriblemente contra su casco. Petronio quedó unos segundos en el suelo, aunque su instintiva reacción de soldado romano le salvaría la vida. A pesar del golpe, el veterano legionario levantó su lanza y atravesó el estomago de su enemigo, el cual se retorcía de dolor en el suelo mientras se desangraba a gran velocidad. Rápidamente volvió al combate. Abatió a varios enemigos, aunque a su lado, algunos de sus compañeros también caían víctimas de la furia guerrera de las tribus bárbaras del norte. Los germanos comenzaron a retirarse al ver que los romanos aguantaban el envite, y de que estos estaban ahora llevando la iniciativa en el combate. Un gran cuerno de guerra resonó en el aire. Segundos después, los guerreros del norte habían desaparecido.
Diecisiete bajas se contaron entre las filas romanas, incluyendo dos heridos de gravedad. Espurnio ordenó montar a los dos heridos en un carro de la impedimenta y trasladarlos al campamento romano, situado a media jornada de camino. Una vez en el fuerte que protege la frontera, mandaría a algunos trabajadores a recoger a los muertos. Los legionarios marcharon en formación de combate en dirección al campamento, mientras Petronio, vigilaba en la retaguarda cualquier posible indicio de una nueva emboscada.
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Adiós

No creo poder olvidarte.
Dudo poder dejar de amarte.
Solo doy paso a la realidad.
Me parece imposible que pueda sacarte de mi corazón con mis propias fuerzas.
Me quedaré con los más gratos recuerdos de lo que fue y no debió ser.
Me rindo, no lucho más por un imposible.
Solo dejo que te lleves ese pedazo de mi corazón que se quedó adherido a ti.
Si un día decides desprenderte de ese pedazo, quémalo, ya no es mío, es tuyo.
Por el bien de los dos, no me queda más remedio que dejarte ir.
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Telarañas en los ojos

A veces, siento que tengo tanta arena en los ojos que me obliga a pestañear de continuo. Una aridez seca, terrosa, de desierto pedregoso, se me cuela en la mirada, que no sabe hacia dónde dirigirse.

Pequeños fragmentos que se mezclan y se adhieren tercamente, como telarañas, en los hilos de mis pestañas y en la córnea, ocultándose con ahínco por debajo de mis párpados.
Mis lacrimales obturados, se niegan a esparcir el fluido claro y transparente que lave y dé luz a mi mirada en un brillo húmedo que las arrastre y expulse de mis ojos en un chorro de lágrimas cálidas y liberadoras...Pero no...

Lo peor de todo, no es eso... Me miro en el espejo, pero aparentemente no se nota nada extraño; todo está normalizado: el color, el brillo, la blancura, la redondez verdosa y amarronada del iris, la oscura pupila, las pestañas despejadas...
¡De pronto es la pupila la que me intriga!
Intento acercarme más para estudiarla con atención, pero no... Falsa alarma.

Con la excitación que me produce, resbala el espejo de mi mano... Lo recojo, ya dividido y cuarteado. Y me vuelvo a observar. Ahora, mi imagen se ha multiplicado, pero continúa sin verse nada anormal en esos múltiples ojos que me devuelven insolentes los pequeños espejuelos.

Y yo continúo percibiendo, ahora más que nunca incrementada, esa extraña y agobiante aridez pegajosa, esa necesidad irresistible de frotar mis ojos; ese deseo imperioso de inundarlos, de licuarlos con una catarata fresca y vigorosa que la arrastre para siempre...

Es inútil. Sigue ahí la intrusa telaraña.

Y sigo sin saber adónde dirigir la mirada...sintiéndola muy adentro, muy honda.
Lanzo los pequeños fragmentos del espejo con rabia y desesperación.
Pero no, no sirve de nada.

Porque el misterio no está en mis ojos. Está en mi mirada.

Mirada que duele…
Rota la mirada en pequeñas esquirlas…
Y no sabe adónde dirigirse…

La telaraña…
en los espejos partidos del alma
se ve aún reflejada.



María Prieto
Septiembre 2019
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El Lenguaje Del Silencio

Quizá no pueda hablar ya que el tubo de oxígeno me mantiene vivo
Aveces escucho a alguien discutir
No se quien es la verdad pero por dentro se lamenta. Quizá sea por mi, no lo se. Tampoco se hace cuanto que me mude en este oscuro paisaje, no pedí el silencio como mi lenguaje menos que siempre estuviera aquí sólo hablándole a alguien que no veo.

No se que hora es pero parece una eternidad, no me gusta estar aquí ni tampoco sentir el suero
Recorriendo por dentro

No se si afuera llueve pero siento una gota fria y suave tocando mi piel seca, un trueno raro casi como un leve llanto y la calidez de una mano tocando mi frente con un beso en mi frente

Es malo estar aquí no hay nada que te abrige sólo es un sueño eterno no hay nada sólo un infinito manto oscuro no hay donde ir ni esconderse

No recuerdo nada sobre mi
Ni quien fui, sólo se que hace tiempo estoy atrapado. Hasta que veo una luz al final del túnel
Es mi hora decía fue que al acercarme más recordé quien era mi vida anterior rompí en llanto
Por quienes deje atras y no pude decirles nada... no me alcanzó el tiempo
Sólo espero que esten bien.

Todos mis recuerdos se borran
También el nombre
No se quién fui y creo que nunca lo sabré. Pero espero que estén bien.
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Mi Mundo

Siempre fue la misma rutina
Una palabra me acompaña
Por las noches, miro por la ventana
Y es el mismo panorama
No se que busco
Quizá la estrella fugaz más cercana
Para pedirle una esperanza más

Será que el día siempre acaba igual?
No lo se, sólo es una pregunta
Recurrente...

Quiero despertar del sueño
Pero cada vez más me hundo
En la telaraña, pienso tantas cosas que me pierdo
Recorro el pasillo buscando
La fortuna
Pero siempre lo encuentro vacío
Sin embargo las calles
Lucen diferentes
Los personas no son las mismas
Pero siempre te las encuentras
Tal vez sea un desconocido
Un fantasma entre el gentío

Un argonauta que perdió el rumbo
Un solitario más en las vías
Una obra sin terminar
Quizás el obrero se cansó de construir
Para que otros dejen de herirlo
Que habrá en mi paraíso?
El cual no supe encontrar
Un basto mar? en el cual no se nadar

No lo se... sólo sigo recorriendo
Este bastó mundo
El que de apoco estoy descubriendo
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Fantasma De Mis Noches (Con_@Mialma)

La brisa acaricia mi piel sin permiso.
Por la ventana se asoma la luna con su hechizo.
El sueño de siempre vuelve a mí,
y comienzo a soñarte…

Recuerdo tus dedos acariciando mi piel.
Una vez más ya no me siento solo.
El olor a margaritas que desprendía tu vestido de flores.
Puedo volver a sentirlo.
El calor de aquel verano.
El vino amargo y aquella melodía de la radio invitaba a la frenética danza que...

... quizá me hacía sentirme fuera de la atmosfera,
Los suspiros escapando como sonrisas mientras bailábamos bajo el manto de la noche.

Y sentada al borde del precipicio de mi cama,
siempre me esperabas,
Un mensaje, una señal, que me llamaba.

Por la ventana se asomaba.

Fue que tu piel se volvió blanquecina,
iluminada por la luz que los astros irradiaban.

En más de un beso enrede tu alma.
Mis manos pudieron sentir la suavidad de tu espalda.
Surcándola como ola.
Un par de besos se ocultan bajo las sábanas.
Una noche donde la pasión nos conquistó con su embrujo.

Por ahí despierto de nuevo,
y mis manos te buscan pero solo el vacío rellena tu espacio.
Y el sueño vuelve a mí como un grito de desespero.

Serás invisible para mis ojos canela,
Pero mi piel no olvida cada beso, cada caricia...
El susurro al oído que me hacía suspirar.

Y te haga recordar el amor.
Que siempre tuvimos arrinconado en la memoria,
Si este recuerdo es fugaz, quiero que perdure más
Que una palabra de despedida,
Más que la lluvia acariciando tu mejilla…

Me miente, mi mente, me engaña.
Con mis ganas de volver a tenerte.

Te soñé enmarañado en mis huesos,
jugando por el pasillo a alcanzarte y abrazarte...
En ese momento, agarras mis manos,
siempre para que no te suelte.

Oh Fantasma de mis noches
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