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Sobremorir

...

Aquella tarde imaginé mi vida:
dulce y evocada hacia un milagro,
disparado en la razón por una gota de polvo.
Me detuve en seco, tenía miedo. Lloré
y estuve a punto de escribir, de escribirme.
Respire por ti, por los lados, por los costados
por las gradas y la gente,
por lo dura que está la vida.
Pensé en el vuelo, y morí bueno, viví un poco más.
Quería solo contarte que estoy muerto,
quizá más muerto que tú, que ella,
casi herido por las golondrinas, casi al borde
del nacimiento de los nísperos,
agotado por las letras, los párrafos, el agua.
Me he quitado la vida y por mí circundan
las gotas de las fisuras.

Quemado, iletrado, sin huellas, así vivo, así muero,
a ratos, a cuentagotas, con pus y astillas.


Así vivo, con púas,
intentando, apenas, seguir, sobrevivir, o sobremorir.
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Mirada abajo

...

Se partía el día con la luz tenue de un arcoíris
y la calle ya se desnudaba irritantemente azul.

Mirada abajo
¡Cuántos vientos sienten pasar el tiempo!

Yo, quieto, abrumado por las ideas de la soledad
caminaba, el rocío germinaba, aleteaba.
Tenía la posesión y la posición del sueño:
estaba anclado a las antorchas y miradas del día.

Pasaba gritando y muriendo de frío junto a la carretera
y a los muros.
Mi cuerpo estaba enraizado en el banco. Me sentí.
Qué fácil es omitir esa pasión de las dos lunas.

Mi soledad tiene gestos de ser admitida en todas las escuelas.

Me detuve en seco entre la hierba mojada.
La vida me ha llegado a los labios. El día se sacudió.
Musitaron las campanas alrededor y en mis oídos tristes
se enunciaba la veta del amor.

Un mirlo tremendamente blanco salió a mi encuentro,
desenredó sus alas y me ofreció un dolor de piedra.
Amando amando le ofrecí unas migajas de piel y ámbar.

¡Qué contenta es la piel en los cantos fúnebres del amor!

Mi alma ardiente está fuera de lo que existe y lo que pre existe,
la tarde se va extinguiendo como los pasos de un último suspiro.

A mí concluye todo:
los ojos de nieve,
el cuerpo de las ciruelas
la fruta en el tiempo y las señoras eléctricas.

A mí, que me pesa más el amor que el olvido.

Me parece tan extraño la fiesta de las flores ahora
y el rumor de una silla quebrándose en mita del día.

Ahora todo tiene forma aniquilada, casi perenne, casi triste.
Ahora que nazco en una tumba veo mi cuerpo lejos lejos
Emergí de toda lucha y de todo contexto,
mi amor jamás está de luto.

Los pájaros del parque han establecido mis residencias
muy allá del mundo, muy allá de las mitades de las almas.


¡Ay si pudiera ver nacer a las amapolas!
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Kari Azul

...

Estoy aquí
pensando en ti y en tu canto:
de sirena, de estrella del alba,
de danzante...

cuando tus manos curiosas me tapan del día
y me abrigan,
cuando tus espinas doncellas se aprestan
a regarme,
a limpiar de mí los males
con el aliento que va cubriendo mi sombra
y de me devuelve el alma,
pienso en la ciudad de mis bolsillos
y en sus habitantes,

pienso en el mar
y en las lucecillas…

pienso en la espiga y en el grano de sangre
derramado sobre mi cuerpo,

pienso en tu caricias a borde del sol
este saliente hombre que te ama
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El milagro de la silla

...

Que escribo de la chimenea, posado
como un día desnudo en la historia de un día de rosas,
como mi más pequeño movimiento

Que he sentido el musgo en mis pies
pero no las flores en mi espalda.

Que me abandoné a la lluvia del verano pasado,
pero no al rocío de esta mañana.

Pues, que te digo
que estoy enraizado en un muro con las alas del viento
y que los pájaros ya no repiten mi nombre.

Que estoy en una esquina llorando y viendo morir el verano.
Que estoy con dudas sobre qué día escogeré para mi muerte
y estoy a la deriva, dejado con la sal y las banderas.

Que en vano se escucha el gemir de las frutas
y que las amapolas cortadas aún dan flor;
y que los días aún nos salen a vender sus dientes.

Pues, que me es imposible no recordarte
si desde mucho tiempo ya habías venido.
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Encerrado

...

Hoy es sábado.
Hay un sonido de semanas un tanto muertas.

Hoy es sábado
en todos los vientos que se acercan al barco.

Hoy es sábado
por todos los pétalos de las cobijas.

El día reconoce mis hijos
y mis salidas, / las inventa /.
Tu juegas con tus horas,
no me llamas,
ni escribes,
yo estoy muriendo con las palomas de la plaza.

Hoy la vida es fría
y por períodos
pido un beso escondido entre el vaho.

Hoy pido el don de verte y de reclamarte,
hoy adorno tu cuerpo con migajas de pan.

Hoy es sábado,
llámame,
¡claro que podemos jugar!

Ofrezco paz.
Tu solo ven que no hay nadie entre las rocas.
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Sin mucho ruido

...

Este es mi aliento que busca los surcos de la tierra
y vas tú, apareciendo desde mi pasado
para ofrecerme el presente (nacimiento de tu nombre mismo).

La palabra “tú” estalla con puñados en la boca de alguien más:
es una constelación a mil años luz,
es un sol de hierro hirviendo en tu pecho.

En el día, están mis manos como oráculos sin tiempo
perdidos entre una bandada de minúsculas palabras.
¡Oh la guarida perdida, oh el paisaje subiendo desde el alma!

Una piedra incrustada por la gota de agua
y un beso atendiendo a una clientela desnuda.
Desde muy lejos tú (un árbol de pelo negro).

Quizá vengo desde otro idioma, uno extranjero
porque soy tan errante como el viento en el mar.
El suave andar de una rosa sube a mi garganta.

Una vez en la vida anduve a su lado y todo se me conjugaba;
Estaba demasiado cerca, casi sus palpitaciones eran estatuas
que me cercaban y yo dormía.


No me quedaba nada, todo estaba al costado:
era un ser aliviado por estar viviendo, viviendo a su lado.

UN CUERPO QUE ENCENDIÓ EL VIENTO.
UNA ORQUÍDEA CONFUNDIDA CON MÚSICA
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En el aire

...

A ti acude la vida
cuando se le pierde la memoria.

Eres casi un sonido,
un sonido que está dejando de gritar y girar,
que catástrofes de agua y sal,
qué estrellas
tan pesadas salen del barro.

Siento algunos pájaros
al borde, al borde de mi piel de avena y trigo.

Ya viene el día,
ponte el abrigo, coloca néctar en tu lengua,
desde esta manera y no de otra
el viento cruza,

lo he visto todo,

tengo una cruz de flechas, de claras estrellas,
de torres calcificadas,
de reflejos,
de esquinas,
de grietas de vino y mármol.

Me simula el viento,
bajo un cielo inerte y fijo, es el polvo azul.

Cuando los perros fenecen y
mientras seamos dos, los dos
será agradable olvidarme a la vida.
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8comentarios 73 lecturas versolibre karma: 91

"Luz de papel" (Plumas: @EnidIsáis y @GaiborHector

Con solo verte,
viene una pequeña luz amarilla
ante mis ojos.

Y pienso que nunca sabrás
cuánto tu amor me rescata
de mis garras, mi destrucción.

Me deja de doler los huesos,
la carne, la sangre, las dudas...

Casi soy otra.


Surgen libélulas, hilando sangre
para la inocencia de un silencio...

Para verte en esa convicción de piedras
y papeles firmados en lo nocturno de un suspiro.

Sabrá el viento, moldear tus vestidos
y dibujar el contorno de tu sonrisa nueva...

Luz de papel.


Plasmo tus huellas
en mis caderas
como si fueran de blanca espuma.

Me cobijan en sabiduría,
y desnudas aquellos cántaros
mientras el mar susurra
tu nombre...

Se mancha el papel de luz
con las lágrimas de mi estrella,
aquella que te custodia
en un quinto cielo.

Germinando en mi párpados,
la secuencia insólita de mares indómitos.

Besando tus labios, en la verticalidad de
un verso, en la costura de un ave...

Asi me custodia tu alma de labriega,
en la ropa desnuda de tus sombras.


********************************************

Improvisación en redes sociales Twitter.


Enid Rodríguez Isáis
Estados Unidos.

Héctor Gaibor
Ecuador.
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Alfonsina Storni. In Memoriam

Recorriste la empedrada traza,
la comunión del cielo con la tierra,
la impretérita visión que yerra
por proferir la luz que nos abraza.

Luciste “desnuda virginidad y gracia silvestre”
con luminosidad y candor,
que aflora tu labio en derredor…
…como perfume de la flor agreste

Con un ritmo sonoro y formal tu lenguaje,
transformaste paisajes a tu paso;
como juglar desmitificando sus ocasos,
acuñando al orbe culto tu tatuaje.

Como “tu rosa que no era adulta y de vida impaciente”
fecundaste la gracia de ser madre,
inmortalizando “gotas de rubí” en la simiente.
Hablas de ti en cada frase, te exhibes desnuda;
Inmanente a tu condición de mujer.

Como un viento cósmico,
ávida de ternura por querer, querer.
Nadie te sojuzga ni somete,
te encuentras angustiada y sola;
“cual un peñasco, una selva, una ola”.

Mezquino y esquivo el amor se niega,
y tú “veinte siglos alzando las manos”
cuánta tortura si la paz no llega,
cuánto dolor si la luna es ciega…
cuánta diferencia si él no es humano.


El poema fresco” se negó a seguir,
tú lo recuerdas como el cuarto libro;
balbuceaste versos para oír y creer.

De un mundo virginal y eglógico
la vida te volcó a la angustia
y el amor te deambuló el suspiro;
te sorprendió la sombra, se escarchó la vena.

So pena de sentir dolor,
so rabia de vivir el odio,
la cavadura de la vida te privó el amor.

Fue más fuerte el ardor de tu llaga,
que la llama de Europa…
que observaste quemar indiferente,

Conjugaste la ironía y la amargura,
la ansiedad y el miedo.
Consentiste que ‘un rayo a tiempo
y se acabó la feria’ mas ‘allá dirán’
te rendiste a los brazos de Neptuno
en su ‘colchón de musgos y su edredón de
espumas’ … a caminar la tarde de octubre.
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El árbol blanco

Hoy ya estas muerto

y ni siquiera te arrepentiste

ni con tus problemas discutiste

ni la luz de tus ultimos dias sentiste

bienvenido hombre desterrado

ni siquiera fuiste olvidado ni abandonado

y de los millones de caminos que podias decidir

eligiste el camino para hacerte daño a ti

pero eso no termina ahi

porque viste la luz y no dejaste que entrara en ti

y para poder entenderte a ti

hablas con rimas para no deprimirte a ti

y asi tus maldades dejarlas sin fin

pero tu ya no estas alli

y aunque vieras a tus seres queridos subir al cielo

aun asi ni arrepentido estas

y crees que las cosas son asi

y cuando Dios quiso saber de ti y perdonarte

tu la rechazaste y te exterminaste

pero todo a llegado a su fin

y ahoras estas en el arbol blanco

donde ahora te alimentara y sera tu manto

donde tus gritos no se oyen y tus plegarias todavia persisten

pero nadie te oira porque ya no existes

ahora todo a llegado a su fin

y el diablo vendra por ti
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sin comentarios 26 lecturas versolibre karma: 18

Pintame

Pintame en la cara
la foto de tus ojos,
de cuando sonríen
y están llorosos.
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sin comentarios 28 lecturas versolibre karma: 51

Si me ves perdido

No existe cauce en las palabras
que pueda llevarte mi amor
sin desbordarse,
ni distancia ni tiempo suficiente
para alejarte de mi alma
o de mi mente.

Si me ves perdido,
mándame un beso ,
que seguiré de vuelta su camino.
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6comentarios 95 lecturas versolibre karma: 117

Dedicatoria - AZ -

...


A las nueve lunas de media noche
Alexander Silva

Soy niño.

Soy una razón y un pétalo,
soy el amor
y soy la vida.

El niño que soy tiene veintidós años,
y busca calor con ternura.
La razón y el pétalo tienen veinte y cinco años
y quiere amar sobre la costa.
La vida que se esconde como un archipiélago verde
tiene cuarenta y siete años
y es un sonido incontrolable.

El vuelo que nace de estos años
es imparable y mira con cien ojos
con trece manos,
siente con veinte espuelas de oro.

El pétalo que nace desde la flor
mira con armonía,
nace desde el centro y se ve morir
en todas las gargantas,
se funde en cualquier rincón y se traga cualquier verdad.

La vida que somos es un llano,
solo anida el viento en todo el fondo,
hay que saber que no tiene orificios.

Debe saberse que habrá más allá de cada primavera,
más allá de donde no se encuentra la vida,

más allá de los horizontes del olvido.
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3comentarios 96 lecturas versolibre karma: 122

Atardecernos

He sido feliz en la orilla
de tus labios cuando han pronunciado
que extrañan mi nombre

Ha sido un placer
crecer y querer
padecer y llover
en tu presencia

Quiero ser cartografo
descubrir tus sentimientos
acompañando al tiempo
porque un instante sin vida
es un instante muerto.
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4comentarios 40 lecturas versolibre karma: 36

Besos - shadorma -

Carmín
Queda en su boca
Malcriada
De amor
Oscilando tibieza
En los botones
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11comentarios 117 lecturas versolibre karma: 104

Cuán Lejos Llega Este Sentimiento

No importa cuán lejos
Estemos los dos.
Porque al cerrar los párpados
Puedo sentir cerca
Los latidos de tu corazón
Anhelando el día que nos volvamos
A encontrar
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11comentarios 179 lecturas relato karma: 86

Tengo algo que decir

...

Tengo algo que decir.

Bajo la noche de los cerezos estábamos
siluetas de humo y carne,
la calle se despedazaba con sonidos
y yo, y tú, en candiles sábanas
nos desvestíamos.

Llegamos.

Nuestra sombra se esparcía por el cuarto
y dentro figuras rosadas inundadas de aliento,
con mi razón, apenas con mis dedos susurraba
me adentraba en el largo camino de un nomeolvides
y se me cantaba el aire con tréboles lentos,
el luto ya no anidaba en mí.

Amargo fue el esperarte,
era un racimo de humedad mi cuerpo.

Sentado en esa atmósfera de luto
observaba algunas bocas verdes y dulces.
Caía en la sombra de mí mismo,
en medio de destruidas cosas internas.
Recuerdo nieve y estaños,
aullidos de carros inconclusos y una ligera película
empezaba su declive.

Llegaste.
Sonó el cantar de un bosque
y me devolvía a la vida entre madera cortada y dulce.

Tierna persona, ¡cuántas alas necesitas para volar!
Niño cítrico, mi rosa de pétalos fúnebres
por esas alas de ceniza subo y subo y me detengo
mis aroma cansado como una onza de harina,
llego y me arrodillo, pido un atrio de silencio.
Me acaricio cerca de tus labios como un alma dormida.

Poetas, vientres, cubos de estambre
cubren tu pecho monzón. Dulzura hacia dentro.
Seres llenos de silencio y velas
veo morir en mi boca,
varias caricias desde el centro del mundo
a poblar el valle de ángeles y flechas,
círculos pegados a mi boca
flotaban desde tus piernas a mi alma espesa;
humo y pulpa desde tu vientre
llantos y llamas de un aroma inundado
en un cuerpo cíclico naciente como el mío

postes, llanuras, citas desprendidas al día siguiente
gritos potentes de frío,
seres que no se creían posibles nacieron,
pulpas de incienso regadas en los balcones,
salientes niños sin almas,
flechas pegadas a tus manos, a tu alma caída.

Dulce polvo esperabas
tras una puerta que enciende los bosques
y donde apagabas mi sueño interrumpido;
¿ceniza que no se dio?, fuego lento y corto,
espero que solo hay sido tu espíritu espeso
en busca de un lingote de placer y agonía,


mientras mis hojas adentro sembraban árboles
y de ellos flores pálidas y blancas y armoniosas y dulces.

Ven a mí, soñemos con el cuerpo encendido
y el agua casi rota al filo de un maíz
cae en mi cuerpo, riega esa feliz caricia dormida
que la noche empieza y cae y cae y cae
como de un trompo una sustancia feliz.

Era la sed y el hambre ese día.
La dura fría hora en las que surcó tu alma a la mía.

En la noche que se ciñó tu boca a la mía
y donde emigraron pájaros de sexo a mi vientre
y nació la poesía.
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Alfonsina Storni. In Memoriam

Alfonsina Storni
In memoriam

Recorriste la empedrada traza,
la comunión del cielo con la tierra,
la impretérita visión que yerra
por proferir la luz que nos abraza.

Luciste “desnuda virginidad y gracia silvestre”
con luminosidad y candor,
que aflora tu labio en derredor…
…como perfume de la flor agreste

Con un ritmo sonoro y formal tu lenguaje,
transformaste paisajes a tu paso;
como juglar desmistificando sus ocasos,
acuñando al orbe culto tu tatuaje.

Como “tu rosa que no era adulta y de vida impaciente”
fecundaste la gracia de ser madre,
inmortalizando “gotas de rubí” en la simiente.
Hablas de ti en cada frase, te exhibes desnuda;
Inmanente a tu condición de mujer.

Como un viento cósmico,
ávida de ternura por querer, querer.
Nadie te sojuzga ni somete,
te encuentras angustiada y sola;
“cual un peñasco, una selva, una ola”.

Mezquino y esquivo el amor se niega,
y tú “veinte siglos alzando las manos”
cuánta tortura si la paz no llega,
cuánto dolor si la luna es ciega…
cuánta diferencia si él no es humano.


El poema fresco” se negó a seguir,
tú lo recuerdas como el cuarto libro;
balbuceaste versos para oír y creer.

De un mundo virginal y eglógico
la vida te volcó a la angustia
y el amor te deambuló el suspiro;
te sorprendió la sombra, se escarchó la vena.

So pena de sentir dolor,
so rabia de vivir el odio,
la cavadura de la vida te privó el amor.

Fue más fuerte el ardor de tu llaga,
que la llama de Europa…
que observaste quemar indiferente,

Conjugaste la ironía y la amargura,
la ansiedad y el miedo.
Consentiste que ‘un rayo a tiempo
y se acabó la feria’ mas ‘allá dirán’
te rendiste a los brazos de Neptuno
en su ‘colchón de musgos y su edredón de
espumas’ … a caminar la tarde de octubre.

Poema de Horacio F. Rodríguez Porto
Libro “Amanecer Crepuscular”
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Ella era viento y volaba

DEDICATORIA

...

Ella era – lo es –
furia y penas
contrariada así, como
un artefacto que
no se desenreda la
memoria,
es un onza de estampidos
y cantos
como un pájaro
en vuelo
naciendo de la boca
del viento.

Su fachalineo
es replica de un soneto:
carne viva, nácar
y explosión;
arena y hierba,
tiene una forma de morder
el llanto,
es casi como una jarra
de vidrio con amapolas
dentro,
tiene el olor
de un trébol en lluvia.

Cuando danza
la lluvia amenaza y empiezan
los caminos,
tiene el don
de mover las cenizas
y a los cuerpos,
tiene casi el color del humo
y el sonido se va, como ella,
por la tarde de las colinas…
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Poema I

Llegas niña con el ruido de los ancestros
de aquel frío y aquella ciudad
alta como las aves.
Trabajo me costó comprender que eras tú
de carne y hueso,
sin Facebook
sin Instagram
sin redes sociales,
apenas conmovida por los colores de las casas
o la calle sin asfalto
por la que tantas veces deslizamos nuestra carriola de madera.
Eras tú, perdida entre las sombras
de la prosperidad y sus secuelas
que volvías o partías con tus manos llenas de aurora,
no de quimeras.
Eras tú
ya sin internet,
sin la imagen que el teléfono congela.
Eras tú
y tu nombre
y tu rostro
derribando las paredes y mis puertas.
Eras tú volviendo a mi nada
desde el todo en que ahora te encuentras.
Eras tú
y tu voz y tus playas.
Eras tú y el rincón de tus piernas.
Eras tú
y el café en la mañana.
Tu niña
y el dolor de tus huellas.
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