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Obstinación

Descubro que sigo
a pesar de haber quemado tu nombre
entre los destruidos bajeles de mis pensamientos,
a diario,
sumergido en otras realidades,
en un viaje
preñado de desastres inminentes,
habiendo llorado en riadas enfermizas
y dolidas,
atacado por la miasma en los bares,
entre la acristalada irrealidad del whisky,
entre las vacuidades
de mis ojos,
los falsos sabores en el humo,
el hedor de los apartados en los prostíbulos
y los abrazos engañosamente cálidos
de las putas.


Descubro que sigo
perdidamente,
dolorosamente...
enamorado de ti.
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Vivir maltratada

Del amor ya no espero nada,´
el morado de mis ojos me delata,
le quise con toda mi alma
le tendí caminos de oro
y puentes de plata.

Bebí los vientos y las aguas por él
de tarde, de noche y al alba le cuidé
el rey de mi vida en su trono de papel
cuentos de princesa, lunas de odio y hiel.

Mi piel almidonada está llena de llagas
heridas profundas recorren mi espalda,
mi corazón y mi alma, tengo rota la mirada,
mi vida está perdida, sucia y desolada.

Promesas edulcoradas, lenguas amargadas,
te amaré mi vida, ya, hasta matarme con tus balas
no me dejes corazón, y yo, despedazada, humillada
mi vida muda, sin palabras, la cara destrozada.

Pero se acabó lo que se daba,
hoy decidí que no hay gloria
en perder la vida por un ¿me amas?
verbo frío, dos míseras palabras.

Hoy ni tus suplicas ni tus golpes me callan,
hoy me voy, te dejo en tu castillo, alimaña,
hoy te destrono, te desdeño, te maldigo
hoy eres corona, de mi vida, desterrada.

Camaleontoledo*
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4comentarios 122 lecturas versolibre karma: 80

La costumbre en la piel escaqueada

Mi primo César es uno de los panaderos del pueblo, chambea y suda como el que más. Trabaja como un negro para vivir como un blanco: Madruga a eso de las cuatro, amasa, hornea y luego ya a las siete comienza a despachar el pan y hasta se da el lujo de atender él mismo su propio negocio. Es una panadería pequeña que le queda "a pata e' mingo" pues la misma está ubicada en la planta baja de su casa de dos pisos.

Trabaja, suda y se cansa; luego se ducha bañándose como los pájaros, rápido y sin estregarse el cuerpo.

Por su estilo de vida y la forma como trabaja, en donde prácticamente es él solo para todo, pues funge de "utiliti", es normal que en estos casos se sude mucho... y aunque no te puedo decir que huela mal (porque de afirmarte lo contrario estaría mintiendo) bien es sabido que sobre la piel se acumula el carare, esa capa de sucio que se adhiere a las depresiones propias de los pliegues, a las superficies, igual como lo hace un liquen de pequeña esmeralda que se aferra fuerte a la roca de faz desnuda, dejándole la piel veteada, con esos brazos ajedrezados, ¡Todo percusio y mohoso!, como una pared vieja... que se desconcha... mudando su piel de culebra por el fresco en el salitre de un mar cercano. Ese es su aspecto a pesar del aseo diario.

Yajaira —su mujer— siempre arisca y desconfiada como toda buena cuaima, discute con él a este respecto y... consciente de que en realidad tiene dos hijos (su hija de tres años y César) un día, así, de sorpresa, se mete a la ducha armada de pumita y una lanilla de acero, de esas que se usan para sacarle brillo a una olla después de haber quemado el arroz blanco.

Lo agarra, lo cepilla, lo estruja, lo raspa... lo enjuaga como si fuera un felpudo caqui de color y no conforme con esto, ella lo vuelve a estrujar de nuevo como para asegurarse así del proceso abrasivo. Al terminar el asalto lo deja limpiecito como un Sol y obviamente todo magullado.

Esa misma noche César no puede dormir. Lo ligero que le dejó lo limpio parece que le espanta el sueño. Vuelta y vuelta en esa cama cual pollo en pincho atormentado por el calor no sé qué brasas.

Es como si de pronto se sintiera incómodo dentro del traje de su propia piel, ¿sabes?

"¿Qué pasa, amor? ¿No puedes dormir?" —ella pregunta— "¡Sí!... ¡No sé qué ocurre! Creo que me hace falta toda esa suciedad que me quitaste".

A veces se subestima el sutil poder que sobre nosotros tiene la costumbre.-


@ChaneGarcia
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sin comentarios 62 lecturas prosapoetica karma: 71