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Más Allá De La Muerte (Euridice y Orfeo)

Triste armonía que invade
Los acordes de mi melancolía
Sobre esta noble melodía
Forma parte de esta lírica
Desprendida de esta bella lira.

Escucha esta
Triste armonía,
Que invadía los acordes
Llenos de melancolía
En cada cuerda al recordarte
Aquél día, en que desaparecías
Siendo me arrebatada por aquella
Fría penumbra
Que te devoraba por segunda vez.

Te perdía en el interior del Hades
Siento la melancolía
Como la única melodía
Que me dediqué a tocar
Ya las flores se sienten
Tan tristes como cuándo las moja
La húmeda lluvia,
Los árboles ante mi se inclinan
Las bestias se fugan de sus escondites
Para unirse a esta queja.
Añejas hamadries improvisan
Con su coro, en tu nombre

Pobre hombre dicen al verme,
Lo siento tanto,
Que cuando canto esta
Desgarradorradora tragedia
El cancerbero se conmueve
Ante mi tristeza
Dejó su fiereza.

Se conmovió tanto
Por aquél cantó
Que se arrastró a mi
Para cambiar mi llanto
Por una simple sonrisa.

Me siento vacío,
Vacilo por estos extensas
Tierras de Grecia.
Que desgracia fue
Que en aquélla fiesta
Las vacantes me atacaron
Con fiereza, sin compasión
Sólo porque mi corazón
Sólo a ti te pertenecía.

Sufría aquella dolorosa
Injusticia, cerre mis ojos
Tome el último respiró
Sin antes derramar una lágrima...

Yacía mi cuerpo sin vida
Mi alma vagaba
En el limbo
Hasta que un haz de luz se abría
Ante mi sombría incandecencia
Se oía la voz de aquélla doncella
Que alumbraba mis penas
Le daba sentido a mis poemas.

Al sentir su cálido beso
Supe que más allá de la muerte
Me espéraste,
No supe responderte,
Me quede pasmado al verte,
Sólo deje de estar triste
Y al final de aquel mal momento
Me concedieron mi ultimo deseo.
Encontrarte al final de este caminó.
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3comentarios 46 lecturas versolibre karma: 90

Toco a Tu Puerta... (A Miguel Adames)

Toco a tu puerta porque ya no tengo más lágrimas
Por derramar.
Y me han dicho :— cuando cierran todas las cantinas
En méxico—
automáticamente sube el precio del tequila.

Toco a tu puerta porque ya no me quedan amigos.
Y mi cama es muy estrecha para tratar de soñar.

Toco a tu puerta, Miguel, porque tocar madera,
es bueno para los que volcamos la fe en el azar.

Toco a tu puerta con estas manos de poeta náufrago.
De marino sin nave que sucumbe al aciago
Tiempo que lo expulsa al exilio por no claudicar.

Toco a tu puerta... porque el tambor expropió al cuero
y una ordenanza me prohíbe; tocar.
Toco a tu puerta, porque perdí todos mis fueros
y estribos. y hay verdugos que me quieren fusilar.

Toco a tu puerta Miguel Adames, porque mi pulso
Esquivo, no consigue el tino de una rima cónsona
Que en el mundo abstracto adopte la forma
Y ocurra el milagro de alcanzar un buen recurso
Que lo haga volar…

Antes de acudir a otras... toco a la tuya primero,
—estoy bien abrigado Miguel—
no tengo frío... ni sed, ni otras hambres
y menos vengo a pedirte dinero.


Toco a tu puerta Miguel, en esta noche hambrienta
De estrellas
Toco a tu puerta, con la mano izquierda
Porque en la derecha traigo una botella.
Repleta de versos para compartir contigo
Toco a tu puerta Mute, sé que me abrirás
Porque eres mi amigo.
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15comentarios 179 lecturas versolibre karma: 104

Calidoscopio

Me pregunto -mirada bajo tu prisma- que cosas me embellecen, o envilecen, a través de la influencia de qué cristal me juzgas para aparecer inventada delante de tus ojos. Qué pensamientos, sentimientos- o falta de ellos- incluso, que carencias personales hacen que tu mente proyecte sobre mí- como reflejo tuyo y yo tu espejo-, de las que ni siquiera eres consciente, para convertirme en quien no soy, por exceso o defecto, pero otra, ( no yo, más bien tu... sombra, luz, tú)… Cuando yo sigo aquí, absolutamente desnuda. Semitapándome las vergüenzas que sólo tú aprecias y pasas a pintar sobre mi piel sin pertenecerme, robándome la verdadera esencia de mi ser, absolutamente inconsciente, ¿inconsciente?


Yo soy yo, así de simple,

así de jodida, no soy

tus proyecciones sobre

mí, no, y eso que callas,

Tampoco.


No hay veneno fluyendo en mis venas…

H de L
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El reloj y otras historias

¿Cuántas veces me paré frente al reloj?,
quería saber si tenía alguna historia
que contarme, pero sus manecillas,
sus manecillas aún permanecen calladas
como si estuvieran atadas a un tiempo perdido.

Recorrí las calles de mi ciudad buscándote,
pero también debía encontrar la paz
y las horas escaseaban en mis bolsillos descosidos de felicidad y sueños.

Los minutos relamían impacientes los segundos,
y gasté cada céntimo en postales
que jamás me atreví a enviarte.

Subestimé miradas desconocidas
intentando apartar la tuya,
en una esquina insignificante.

Admiré los escaparates absorbiendo
los detalles de aquellos maniquíes ataviados
con ilusión y magia; a todos les sobraba ropa,
pero les faltaba tu rostro.

Imaginarte me sabía a poco,
y poco nunca había sido suficiente.

La plaza sonaba a violines y a guitarras,
los pianos se contagiaron de una sublime melodía, las cuales, acordaron un pacto, traspasarme el alma hasta sentirte en mi propio silencio.

Caían los pasos —del gentío—a mis espaldas; hacía frío en mi corazón,
pero acontecían vivencias idílicas frente
a mis ojos, que calmaron mis ansias infinitas
de abrazarte.

Arrojé una moneda al aire,
no había otra opción que no fuera cara o cruz,
sin embargo, tras precipitarse al suelo pude apreciar tu fulgente sonrisa.

Tu nombre respiraba al otro lado,
así que no me quedó más remedio
que guardármela en la eternidad
donde habita la esperanza...

.............................. Allí, quizá,
algún día te encuentre
tan despierto como yo.


Fátima Rojo
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Venida Abajo

Fue mucho antes
ave pasajera.
No descendía nunca
para pisar la tierra

Pero llegaron los hielos
corroyeron las plumas
y ese fue el quebranto
que dónde se acuna.

Se abrieron las llagas
con la piel desnuda
lo más duro es la piedra
con su frialdad de luna

Le dió cobijo el barro
silenció sus quejas
fué calmando el llanto
se quedó muy quieta

Alguna vez mira las alas
culebreando el cieno,
pero el temor la embarga
le tiene miedo al cielo.
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6comentarios 190 lecturas versolibre karma: 77

De Dolores también se vive

Te despiertas cerrado como un puño,
y ya miras a la noche en tu cerebro,
te revuelcas en la cama como un cerdo,
y ardes como veinte leños contra uno.

Observas el mundo desde el sueño,
repetido incesante como los días
que pasan entre sí cortando vidas,
y ofrendas a la cuchilla tu cuello.

Pero te gusta cortarte con tu lengua
farfullando a esa noche y a ese sueño,
mientras la luna en la ventana mengua,

Y mientras el mundo viaja tan libre
tú en tu cama te cargas de cadenas,
sabes que de Dolores también se vive.
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9comentarios 170 lecturas versoclasico karma: 91
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