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Todo llega y todo pasa

Grapado en el flanco de mi costado llevo un reloj que no marca horas. No tiene minutos, le faltan segundos.

Tiene un engranaje nuevo y viejo. Porque todo llega y todo pasa.

Estoy acostumbrada a mirarlo cuando me levanto y cuando me acuesto. Y le doy vueltas a la cuerda. No hay mañana. Quiero que palpite cuando dé la medianoche. Quiero que grite cuando vaya a caerme. Quiero que se desperece y riegue mi sangre caliente cuando irrumpa el alba.

Grapada en mis párpados llevo luz de velas. Queman el negro. Pintan ventanas. Serpentean siluetas. Acompañan mi cama y acarician mi espalda.

Abierto de par en par queda el reloj. Hecho añicos por el tiempo vivido, ese que circula sin mesura, el que no se abarca con los brazos, el que no tiene sentido para el resto del mundo. El que me tiene en carne viva, el que se bebe a suspiros y a bocanadas de ganas. El que desaparece en un pestañeo. El que llega con ímpetu y arrasa.

Déjame que te viva. Déjame que te abrace... porque todo llega y todo pasa.
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A las puertas de su boca

Regaló suavidad a las puertas de su boca. Transeúntes de aceras pasaban sin pena ni gloria. Pero ella, siempre, regalaba.

Las heladas de invierno no impedían el calor y las ganas. Entraban y salían con viejas patrañas. Pero ella, siempre, regalaba.

Noches de copas, mañanas de huídas. Hoy te comen, mañana te olvidan. ¡Pero siempre regalaba!

Un día de primavera, cuando por fin llegó el deshielo, se acordó de guardarse un trocito para ella. Para quererse. Para asomarse a su balcón. Para darse una oportunidad. Para darse un paseo por las nubes. Y quedarse allí.

Un día de primavera, ya era tarde.

Murió.
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Pisando las huellas

Recorriendo la senda pasabamos sobre suelo ya pisado,
estabamos rememorando el pasado que se hacía presente.

Tempus fugit al acecho, una vez más.

Pisamos el acelerador -a fondo-
pero se nos volvió a cruzar.

El destino intentando alcanzarnos
los recuerdos pasando por nuestros ojos
nuestra mirada puesta en el retrovisor
perdiendonos la parte primordial de la escena, otra vez..

Una vez más el futuro se convirtió en presente,
el presente se quedó en el pasado,
y el pasado volvió, de alguna u otra forma,
a nuestros ojos como una estrella fugaz.

Solo dejó trizas.
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