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Tu amor fué un tirano

Tu amor fué un tirano,
al llevarse mi orgullo,
como papel de seguro,
mi dignidad fue pisada.

Al tocar con tus palabras,
mi moral con abuso,
le diste un mal uso,
a mi lealtad sin reparó.

¿porque fuiste tan tirano?
al arrojarme al vacío,
jugando como un vandido,
al amor despiadado.

Sabiendo que ya en tus manos,
se encontraba mi vida,
me dejaste las espinas,
de tu amor tirano.

Te agradezco por lo sano,
que al final te fuiste,
recordá que yo te quise,
y que tu amor fué un tirano.
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Los versos más tristes (Tiempo de mala cosecha)

Ayer la tierra anochecía amarga.
La siembra acrecentaba cada minuto
de misericordia
con la desdicha de un cambio de hora.

El abrevadero quedaba vacío
con cada verso digno
del mejor de los literatos, y
su nombre pacía en la falsa calma
de una promesa.

Golpe a golpe,
verso a verso,
quedaban merecidos
los rastrojos
y las entretelas
del miedo más penetrante.

Sonaba, tan impasible
como imposible,
el martilleo del que en su
euforia
se creyó herrero,
y engendró al peor de los vástagos
del sol naciente.

Rompió con valía la armonía inexpugnable
de los pianos, el sentimiento
que pintan con lágrimas
los cantaores.

Y sus guitarras... ¿Qué fue de
sus guitarras?
Por no quedar, no quedaron
ni las mentiras del poeta
en Nueva York.
Fue sólo corona de espinas,
adecentando a verborrea pura
los besos en balde
y las cenas de novios.
Grabado a fuego quedó,
en su espada, una única y afilada
advertencia,
como su mirada propia:
“Te quiero...
...¿Qué haces?”
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1comentarios 61 lecturas versolibre karma: 103

Perdona, mujer

Quiero pedir perdón
por cada una de las veces
que te he mirado, mujer,
y he hecho que te sientas un objeto,
ganado directo al matadero.

Perdón por cada vez que has temido
cuando me acerqué a preguntar una dirección,
o la hora.

Discúlpame cuando he dado por supuesto que,
por ser cariñosa,
podía intentar algo más que una conversación,
o cuando he dicho algo que te ha molestado
y, rápida y hábilmente,
me disculpé,
dije que era broma
o que sacabas las cosas de contexto.

Perdóname por hablar de ti con los amigotes,
por contar lo que hicimos
y, sobre todo, por inventar lo que no.

Espero que alguna vez olvides
cuando te traté de manera distinta
por ser atractiva o por no serlo para mí,
cuando te he seguido por redes sociales
sólo por tu atractiva
o te he dedicado unas letras
porque me siento atraído por ti.

Me encantaría que no hubiesen pasado por tu cabeza
las cosas que pensaste cuando tuvimos sexo
y fui egoísta,
cuando nos hicimos un selfie
y te traté como un trofeo
o cuando rebusqué en tu muro
para señalarte como otra más que iba a caer.

Lo que no quiero que perdones,
porque yo no podré hacerlo nunca,
es mi silencio ante la fanfarroneria,
los comentarios agresivos,
sexistas, despectivos,
misóginos de los animales con los que,
por desgracia, comparto género.

No te merezco, mujer.
Ningún hombre estará jamás a la altura de ti,
mientras nosotros mismos permitamos
que compartas planeta con tanto miserable.
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En una esquina

En una esquina de la habitación, sentada en el suelo, arranada, desolada y escribiendo.

Escribo, siempre escribo, pues en tinta negra me resguardo. Se me empañan los ojos y algo cae por mi mejilla, una gota que llega a mis labios, salada, es salada, lloro.

Escribo y pienso, pienso y escribo. Siento y lloro, lloro porque siento. No lo llego a entender del todo.

En mi esquina te miro, te observo, ¿qué diferencia ves en mí? Soy fuerte, lo sabes, lo sabes bien, lo tienes claro, pero, ¿quieres verme fuerte? Te vuelvo a mirar y veo tus pestañas, tus párpados entornados y tus ojos…, “me encantan tus ojos, ese marrón tierra, ese marrón brillante, esa dulzura…, esas ganas de amarlos”, aún recuerdo cómo te gustaban los míos, aún recuerdo lo que me dijiste. Son iguales, mis ojos y los tuyos, son marrones tierra, son dulces y apetece amarlos. Miro tu cara, ¡qué hermosura! Normal que me fijara en ti, aunque aún no sé cómo reuní el valor para hablarte.

Salado de nuevo, sigo llorando, te miro y lloro, lloro porque tus manos son iguales que las mías, tus ojos como mis ojos…, el amor es igual, él no entiende de sexos, Cupido quiso tocarnos con una flecha a cada uno, fechas que eran idénticas. No encuentro la diferencia entre tú y yo, entre él y ella, entre nosotros y nosotras, entre vosotros y vosotras, es que no la hay, es sólo una letra, es “o” o “a”, ellos y ellas, lo siento, pero me suena igual.

Cierro los ojos, los aprieto fuerte, necesito pensar o, quizá, no hacerlo. Los abro, escribo, recuerdo: “respetar para amar” y tú poniendo los ojos en blanco y diciéndome que no lo entendías, pero que me respetabas y por eso, a punto de que corriesen gotas saladas por tus mejillas, me juraste que si yo había decidido romper nuestra relación respetarías mi decisión:

– Porque la base de cualquier ser humano debe ser el respeto a los demás, al margen de estar de acuerdo o no, al margen de entenderlo o no – eso dijiste, nunca lo olvidaré.

Te alejaste y te perdí, por temor, te perdí. Pero volví a ti, porque el amor es más fuerte que el miedo y yo te amaba, y tú a mí. Cupido nunca dejó de creer en nosotros, nunca se cayeron sus flechas de nuestros corazones.

Y sigo llorando, arranada, escribiendo y mirándote. Pero de pronto, levantas la vista de tu libro, te giras y el semblante te cambia. En un segundo estás a mi lado, preocupado, pero no hablas, estás esperando a que yo me abra cuando me sienta preparada. Tus ojos marrones tierra, imposibles de no amar porque en ellos se refleja todo tu ser, todo tu amor, toda esa forma de respetar para querer. Y mi corazón comienza a hablarte:

– Pienso en toda esa gente que sufre cada día porque no la saben amar, porque tienen a su lado a alguien que no sabe valorar, que no sabe respetar, que no quiere querer. Pienso en todos esos lugares donde nos refugiamos, en nuestras esquinas, para sentirnos a nosotros mismos e intentar sentir a los demás. Pienso en ti…, y en mi suerte.
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Miedo

Caminaba...
pisando las sombras
de una acera gris,
oscura y mojada.
La cabeza baja.
Cayendo la noche
de un día cualquiera
de cualquier ciudad.

Ojera profunda
de mirada inquieta,
de mirada huidiza.
Andar presuroso,
pasos vacilantes.

Territorio comanche.

(Revoloteando
el alma,
mariposas
irreales)

Sordo golpeteo
siguiendo mi rastro.
Temblor en las manos.

Masticando el pánico
de mi árida boca,
me volví deprisa
aterrorizada...

Un escalofrío
ardiendo en mi espalda...
(Onírico sueño
de inertes aceros.
Sutil, quebradiza,
línea de la vida)

¡No identificaba aquel ruido!
Intenso suspiro...
...................................................

¡Nadie!

Luz difusa y blanca
de negra farola.

¡Nadie!

El frío,
cortando el aire.

¡Nadie!

Suave llovizna.
La calle desierta.

Silencio insondable...
............................................

Al fin comprendí...
¡Eran los latidos
potentes,
furiosos,
de mi corazón!
(Indómito potro
libre y desbocado)

Corazón pertinaz,
no me arrastres
por oscuras,
tenebrosas sendas,
que ya no quiero
pisar.

¡Nunca!
¡Jamás!

Acre la garganta.
Andares resueltos
de mirada erguida.
Firme taconeo
gravitando sobre el miedo
y sus despojos.
Atrapando certezas,
desechando dudas.
(De nuevo…
se hace
la luz
en mis ojos)

Y por las esquinas…
la esperanza vuela
rozando la lluvia...

María Prieto
(Dedicado a todas las mujeres que han sufrido o sufren violencia machista)

Pintura: " 25 Rostros de mujer" Martí Ceballos
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Siguiendo a la violencia

"Tomado según las instrucciones, Ubik le de-
para un sueño ininterrumpido y un desper-
tar libre de molestias. Con Ubik, usted se
levantará fresco como una rosa y dipuesto
a enfrentarse a esos pequeños problemas
que le preocupan.
No exceder la dosis recomendada."
Philip K. Dick, Ubik


Como una pintura en las paredes del alba,
estabas sentada en tu pequeño trono de gloria,
mientras los pequeños enanos adoradores de sillones
estaban como un parche a la luna oscura.

Vos, actuando como rayo del sol,
con todos los colores encarnados,
con la vitalidad de generar sorpresa,
destellando el asombro de los dioses,
y de los tristes feligreses adoradores…
estás completamente hecha Sur,
como una loca bruja botinera,
pisoteas las miradas sutiles,
tejés un tejado de olvido,
cuando yo,
detrás de las tinieblas de tus versos,
dibujo señales en los prados de tu alma.

Intento tocarte con música críptica,
diciendo a través de la nada
que no quiero volcarme al olvido,
solo quiero sentir tu perfume-carne,
mientras el movimiento sutil de tu aura,
como una puerta al alma entreabierta,
arranca la roncha al sol,
y los caminos callejeros que dejaron
la carne seca con su sensación de muerte,
dejan ver la seriedad de tus pasos.

Yo, por los callejones amarillos-grafitti,
esquivando almas cartoneras-crackeras,
busco la guarida de los magos del amor,
compro en el bunker la poción de la ubicuidad,
para devolver el tiempo hasta la esencia,
solo por 15 minutos,
para luego,
acercarme con miradas derretidas,
hasta tu etílica euforia
que me agrede como el sol mañanero de tu despedida.
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6comentarios 77 lecturas versolibre karma: 112

"Maltrato" jotabemo

Con paso lento, al cuarto se acercaba
la mujer, sobresaltada rezaba...

El Miedo, se hizo vivo... ¡la invadía!
Su corazón hizo estrago ese día
recordando como él, la maldecía
y con sus puños la desvanecía

En su rostro las marcas son notables
daban fe, de golpes indeseables

sola, su sufrimiento los guardaba
por los prejuicios no los compartía
si sabía que eran imperdonables

Ella decía, que ese hombre la amaba,
de forma inconsciente justificaba.

Cuando el golpe al rostro sobrevenía
caía al piso y llorando decía;
<<tus fuertes golpes no los merecía
ahora concibo tu cobardía>>

Los maltratos ya serán imborrables,
seré fuerte y con mis dichos estables

no avalaré lo que a mí me dañaba
me pararía... y con mi voz diría
<<¡los golpes no deben ser aceptables!>>
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14comentarios 119 lecturas versoclasico karma: 127

Al final del día

Temo ver tu rostro severo
oscuro, duro, tenso

yo temo...
y muero...
porque al final del día

sé...
que vas a acecharme de nuevo.


* Por el respeto y la tolerancia. Ni una menos.
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19comentarios 116 lecturas versolibre karma: 121

Basta ya

Por fin, ya paró el dolor...
No este, el obvio, pero sí
el que ha estado muriéndome lenta
y tristemente,
el de las palabras y los silencios.

Domingos de fútbol,
peliculas de Bruce Lee.
Domingos en la casa,
que lo tengo todo manga por hombro
y ya te aviso cuando baje a por el pan.
Domingos en los que les dices a tus amigotes,
borrachos como tú,
que ya te llama "esta",
tu jefa, tu domadora,
tu contraria, tu enemiga,
tu mujer.
Domingos en los que no logro quitarme
el asco de tu olor
porque anoche decidiste
que querías correrte dentro de mí,
sin un beso,
sin una palabra,
tras decirme que quitase
a esas putas y a esos maricones de la tele,
tras decirme que me diese prisa,
que tenía sueño,
tras sentirme violada otro mes más,
tras olvidar el sueño de un orgasmo,
tras olvidar el sueño del amor.

Y hoy, he vuelto a ser feliz,
por fin,
después de muchas conversaciones con mis amigas,
con las mamás del colegio,
tras muchos ánimos,
tras muchas lágrimas,
tras algún empujón,
tras un puñetazo sin querer,
porque mira cómo le obligó a ponerse,
tras dejarme encerrada en mi propia casa,
después de un millón de
"qué harías tú sin mí",
cien mil "no vales nada",
diez mil "si yo te quiero",
mil "yo trabajando y tú gastando",
cien "al gimnasio tú no vas",
diez "no volveré a hacerlo"
y un "si me dejas, te mato".

Hoy,
mi felicidad ha sido plena
desde el mismo momento
en el que le he dicho que me iba,
que no quería verle más,
que hiciese como siempre,
como si nunca hubiese existido,
que fuese feliz y que me dejase serlo.

Hoy,
mi felicidad ha sido plena
desde que le he dejado mis llaves en la mesa,
esperando un café que nunca llegará.

Hoy,
mi felicidad ha sido plena
bajando a la calle
con mi vecina apretando mi mano,
sonriendo, llorando.

Hoy,
mi felicidad ha sido plena
al sentir los rayos del sol,
al notar la fresca mañana
en un rostro que sólo quiere ser de nadie.

Hoy,
mi felicidad ha sido plena,
incluso ahora, en el suelo,
sobre un charco de mi propia sangre,
porque sólo me duele esta herida,
por la espalda,
con el que era mi cuchillo,
por la que se me escapa el tiempo.
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Un lugar el cual debo llamar hogar

Naces frágil en un mundo imperfecto
con llantos
y la necesidad que te protejan.

Con el sueño de un padre responsable
y una madre presente
así será , me cuidaran
hasta cada amanecer.

Dos años mas tarde
desde el nacimiento
el sueño yace roto
empiezan a quebrar mi ser
una familia rancia
que me acogen en su nido
con escasees de amor
y con odio en sus interior.

Seres rotos
que te añaden a su colección
de una casa vacía
donde queman tus alas
y la llama no deja de arder,
pero es mi lugar
el cual debo llamar hogar.

Frías mañanas
que se vuelven cansinas
con cada nota de su voz,
mis sentimientos amanecen taciturnos
esperando ser salvado
de esta agonía.

A mis dieciséis
mis ganas de vivir escasas,
cansado de sentirme un error,
tuve un intento
pero el deseo de un buen viaje
a lo desconocido,
me friso
escogí perderme en los ojos de nadie
y contemplar el eterno cielo gris.

Mi piel lastimada
el dolor mudo
y la inocencia robada
no era suficiente para ser defendió
por algún desconocido,
solo quería sentirme amado
y tener con quien hablar en las tardes nubladas
como aquel día que un señor mayor me toco sin permiso
solo era un niño,
quizás no lo entendías
pero le debo llamar hogar.

Me sentí olvidado
y entendí que era un crío abandonado
en la casa de los amigos de su padre,
el sueño de que regrese
aunque fuera demasiado tarde.

Crecí en cases
con miedo y agonía
sin una voz propia
con marcas en mi cuerpo
perdí mi color
en la batalla
y aun cubro los moretones
por el que dirán.

Llegue al final
agradecido por su labor social ,
me marche sin odio a mi tirano
olvidando los detalles
A punto de iniciar un viaje
Aunque me convierta el villano
de esta antigua historia.

escritor:
jhonbellido
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3comentarios 73 lecturas versolibre karma: 104

Signos de violencia de un cabrón contra una mujer

Signos de violencia de un cabrón contra una mujer.

Voy en contra de mi mismo todos los días
negando que tienes las marcas en tu cuerpo.

En cambio en los recesos desolados

del alma, tus palabras escritas

cayeron como meteoritos

por encima de los preciosos muebles

de sentimiento y educación.

Solo puedo ver mi ruina.

Che-Bazan.España
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5
1comentarios 39 lecturas versolibre karma: 89

Nómadas

Su techo, el reverso del puente. Sus paredes, cajas de cartón. Su cama, el frio asfalto.

No está sólo, tiene a Cristina, inmigrante, vino a España a buscar fortuna, ha conseguido heridas en el corazón, un desahucio y aborto oculto producto de una violación.

Él ha tenido mejor suerte. Está en paro. Le han gritado y pegado en la calle por tener otra orientación sexual.

Vivía con su madre, pero ella falleció, el banco reclamó su herencia, y así llegó a vivir al aire libre, bajo las inclemencias del tiempo y la contaminación de Madrid.

Qué privilegiados. Podría ser peor.

Cristina y él, compañeros de viaje, nómadas de una sociedad moderna que los margina.
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2comentarios 84 lecturas relato karma: 47

Senryu (violencia cósmica)

Y es que me estallas
con tu violencia cósmica,
aquí en el pecho.




@AljndroPoetry
2018-mayo-7
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11comentarios 101 lecturas japonesa karma: 108

Como prueba de gratitud

De común acuerdo decidieron abrirle la jaula a la joven torcaza (Juan la había atrapado muy pequeña en el monte cercano) Y al quedar libre emprendió vuelo hacia las ramas de los eucaliptos y desapareció. Los dos sintieron un extraño y enorme alivio porque algo del dolor del encierro se les contagiaba al mirarla todos los días. Desde entonces venía a visitar la casa y pasaba horas en los eucaliptos y las acacias. Hasta el día que los hombres armados vinieron una mañana a decirles que tenían que irse de aquella tierra que ya no les pertenecería más, no llevaron más que la ropa puesta y el deseo de irse lejos. Cuando la casa quedó sola y poco a poco fue quedando en ruinas, aún venía la vieja torcaza en las horas tranquilas a quedarse largo rato sobre el tejado roto y los adobes descascarados como si albergara un deseo secreto en cada visita.
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sin comentarios 67 lecturas relato karma: 35

No siento nada no siento

Ósculo: beso que yo ya no siento.
Eso dicen por ahí que no tengo sentimientos
los tengo pero profundo muy dentro.
Y es quizá el caos de mi vida,
mi violenta y tórrida infancia,
lo que llevo clavado en el alma y no se me borra
no se destapa, me atrapa, me ahoga.
Mi madre me dió la vida
mi padre casi me la quita,
oigo el sonido sordo de los golpes
lacerando mi cuerpo
algunas noches sueño con eso.
Y Dios, dios sólo me dio el dolor del vino
disfrazado de agua bendita.
No siento amor más allá del cariño,
no siento dolor más allá del físico.
Por no sentir a veces ni me siento,
me evado del mundo, de los muertos,
de las guerras del hambre, de la sangre.
Prefiero mi mundo donde no sentir no es pecado,
donde no se llora ni a los vivos, ni a los muertos
donde la felicidad es un momento,
y el dolor otro momento.
Donde se hacer real mi realidad
y puedo vivir mis sueños.
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1comentarios 178 lecturas versolibre karma: 56

El terror al miedo

Y agacho la cabeza una vez más.
Por miedo, capaz, por respeto, quiso pensar, hasta que se autoconvenció de que era ella el problema y de que estaba equivocada.

Había tenido un momento de lucidez, donde parecían salir a la luz ideas brillantes tal vez, ideas positivas, o al menos, eso buscaban.

Terror sentía a la hora de exteriorizarlas, capaz en el fondo compartía sus ideas, capaz no, y con una voz muy baja las decía en voz alta.

“¿Para que...?” Se preguntaba, “… ¿para que abrí la boca?”

Y comenzaba.
Esa catarata sin fin de exabruptos y calificativos irreproducibles, donde básicamente, se la trataba de inútil, incompetente, incapaz de pensar.
Apagándole las ideas como quien tira un cigarro encendido al agua...

El tema era que si. Pensaba. ¡Y cuanto pensaba!
Pensaba distinto que él.
Escuchaba distinto que él.
Y ese era el problema.
No era como él quería.

Siempre terminaba alteraba su plan a largo plazo, sus ideas, sus ocurrencias. Nada podía salir mal, ni nada agregarse a esa lista perfeccionista

Bajo la cabeza.
Ella tenía la culpa.
Otra vez estaba equivocada, según él.

Bajó la cabeza una vez más, sabiendo que nada de lo anterior era cierto.
Sabiendo que esa agachada, era el inicio de un levante eterno.
Sabiendo que no iba a bajar la cabeza nunca más.
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Historiodrama Colombiano

Volveré al tiempo en que el cabalgar de las bestias era la medida misma del borbotear de las venas.
Aquellos tiempos en que la vida valía el tajar de un machete y una cabeza rodante.
Cuánto miedo, burdo saber sobre la nada.

Al fondo, los complices de la danza de la peinilla, que macabra belleza, cuántas agonizantes victorias se ahogaron en las tripas del carroñero.
Hordas que asolaban hasta el último caserío, gritos de dolor que opacados por el conservatismo o la libertad así pura, salvaje, más violenta que mil aludes a mansalva golpeaban las veinticuatro del Jawaco de pared.

He de volver allí, atado en el suelo forrado de arapos, empapado entre lágrimas y sudor, destinado a arder en mi provincia.
Seré un faro humano y mi cabeza será pateada para el divertimiento de aquellos hombres castigados a hacer justicia y ley.
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No le busquemos más significados al no

No, una simple palabra de dos letras, que puede llegar a significar mucho o a no significar nada.
No, esa palabra que tenemos desde pequeños todos aprendidos, siempre nos hemos regido por ese vocablo. Pero qué pena que aún haya gente que siga pensando que no es sí.
Que aún haya maltratos por un no, que aún haya víctimas por un no, ese no que el hombre convirtió en sí, ese no que la mujer gritó sin saber que se perdería sin poder huir. Ese no que todo el mundo calla por miedo a lo que pueda ocurrir, ese no, es lo que debemos evitar.
Dejad de inventar más significados hacia el no, no es tan solo negación.
No más no, no más indiferencia, no más desigualdades. La desigualdad no lleva a nada, todo es caos y destrucción, peleas y guerras. Siempre estamos intentando romper esas barreras, vivir en armonía pero si luego llega un animal y decide estar por encima de todo, todo se chafa. No se puede vivir así, no, todos somos iguales, todos. Da igual el sexo, la ideología, la cantidad de dinero que tenga uno u otro todos somos iguales. Así hemos nacido, iguales, todos hemos nacido de una mujer. Una mujer que fue fuerte y valiente, que fue capaz de mantenernos a todos en su vientre. Cuidando a esa criatura durante nueve meses, siendo el escudo y la barrera para que nadie interferirá en su paz y tranquilidad. Es casi inexplicable como el ser que nació de ese vientre es capaz de hacer dado a una mujer o peor aún, a la propia mujer que lo tuvo en su interior.
Tengo un sueño, que la mujer deje de ser esclava de este mundo machista que nos domina y oprime en tantos aspectos y desigualdades. Que los hombres amen a las mujeres sin abusar de ellas, que no haya daños físicos y psicológicos a tantas féminas que se han quedado perdidas y encarceladas en la mente de un machismo opresor.
Ojalá el sueño se hiciera realidad. Ojalá algún día desaparezcan los no.
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Ni un silencio más, ni una voz menos

Solo silencio por aquellas que mueren en mi nombre,
solo silencio por aquellas que cayeron por mi vida,
solo silencio por aquellas que no tienen nombre,
ni voz, ni vida, ni rostro, ni alas, ni sonrisa.

Silencio por aquellas condenadas a él,
silencio por sus cuerpos y por sus heridas,
silencio por las víctimas y el dolor del crimen
del estado, del patriarcado y de la complicidad
de quién no es capaz de ver.

No, no, no quiero en tu rostro más lágrimas,
ni más silencio en nuestras calles.
No, ni una gota más de silencio en los días
ni un segundo más de soledad en tu nombre.

No estás sola hermana, somos resistencia,
somos flor, somos fuego y seremos mares.
Desbordaremos los muros que te encierran
y partiremos las cadenas y los alambres,
que con golpes han desgarrado tu alma,
roto tu mirada y derramado tu sangre.
Sé fuerte, sé firme y vuela libre, vuela,
que no es amor, eso que pretende,
sino la mayor bestialidad, la de la guerra.
¡Vuela! Que no estas solas en nuestro enjambre
que los pararemos y picaremos, compañera.

Mujer encarcelada por sus mentiras, levántate
que no hay nada de amor en su violencia,
que nos despertaremos en tormenta
frente a sus golpes y sus grilletes,
frente a sus palabras y sus cadenas,
juntas, mano a mano, frente a frente:
¡Ni un silencio más, ni una voz menos!
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Tan naíf

No consigo atajar la muerte
sólo partes del camino,
tengo escondido en la trastienda mi bienestar con el mundo.
Nadie le pide explicaciones al cuchillo por quien lo utiliza
si soy un asesino es por inercia
el tiempo mata con manecillas
y casi sin violencia.
Exponen el arma del delito en sus muñecas
yo no sé ni en que año vivo
las mías acompañan lo que quieren decir mis manos.
No me parece creíble,
no me gusta nada de lo que escribí
a veces quisiera prohibirme
este sentimiento tan naíf.
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5comentarios 84 lecturas versolibre karma: 99
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