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Fragmento

#Fragmento

"Acá está en mi mano, remanufacturado, torpemente restaurado, temeroso, desconfiado, no hay más, ahora dime que harás con el"

David Felipe Morales
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2comentarios 29 lecturas versolibre karma: 89

Frase

"Soñar contigo es lo que me mantiene despierto" David Felipe Morales
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sin comentarios 36 lecturas versolibre karma: 108

Crisalida

Suena la música de Mendelssohn, anunciado una despedida, un alejamiento que me envuelve como brisa.

De mi brazo, una estrella fugaz irrumpe entre las flores y los seres amados que para la ocasión traen sus mejores atuendos.

Tu belleza engalana y el brillo de tu ser estremece el paseo hacia el altar, donde impaciente el nuevo hijo aguarda con la ilusión a flor de piel, con la mirada incrédula de quien ve a un ángel, entonces me viene sosiego al saber que Dios lo ha escogido para ti.

Entre cada paso que de mí te aleja y entre más extiendes tus alas, se me vienen a la mente esos ojos, esa mirada primera llena de magia que ante el canto de tu nombre se impregnó en mi alma y me enamoró.

Remembranzas de aquel día donde la alegría más inmensa y la angustia más honda, se juntaron en un cóctel de emociones que aun bebo en tragos cortos; recuerdo del amor y del sentimiento más grande que afloró sin palabras, y que aún hoy me embriagan con la emoción de tu sonrisa.

Me queda dejarte ir tras esa bendición, tras la promesa del amor eterno, tras la quimera permitida; ya convertida mi crisálida en mariposa, para que vueles junto a tu elegido.

David Felipe Morales

1 de Agosto de 2015
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Qué puedo decir que ya no dijera

Qué puedo decir que ya no dijera, liberé de mi estómago las mariposas que revoloteaban inquietas, cada vez que en mi pensamiento el color carmesí de esos labios tropezaba con algún anhelo.

Qué puedo ofrendar que ya de mis manos no saliera; mi rosal, el jardín de letras que tanto velaba, ahora yace desierto y trasplantado a sus manos. Ya no florecen lindas palabras, sólo lamentos plagados de desidia, de desdén.

Qué puedo sentir, si la noche sin estrellas fraguó un lamento y todas las luciérnagas se hicieron parte de su mirada, la luna se perdió en esa sonrisa, en esa que quise robarme un día y se me esfumó de repente.

Acudí al silencio, a la lejanía, a la sinceridad en exceso hasta quedar desnudo y sin armadura alguna; con todo eso, aún cautivo del desespero por encontrar salida a este laberinto que termine en una caricia.

Y qué puedo decir, o qué puedo liberar de mi alma que no hubiese hecho ya, o ya para qué hacerme el necio y dejar mal cerrada la puerta del espíritu, si nunca entrarás; si me custodian como en un sueño el imposible de esos adorables labios, la lejanía de esas caricias y cuando la niebla del amanecer envuelva con su manto helado, igual yo estaré expectante y quizás con el anhelo enmohecido pero no muerto.

Qué puedo decir que ya no dijera.

David Felipe Morales
27 de Diciembre de 2015
4
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Noche de Letanías

Noche de reconciliación, de confrontación con los miedos más enquistados, noche de tregua para detener momentáneamente la pugna que se ha tornado eterna entre los recuerdos y las metas olvidadas.

Ruego silente que surge como rosa al amanecer, apretado entre palabras que en el pecho parecen tomar forma de espinas, súplica para que en esta noche las pesadillas y la realidad queden en blanco, para que la mente descanse.

Noche para detener el transegar, para correr los velos que han salido con los días y darse la oportunidad de mirar hacia atrás, sin profundizar en exceso para no recaer en los pasos ya caminados y así no inundarse de nostalgias añejas, para mirar al horizonte sin que los ojos se claven insondablemente, para que no se obligue a ver las piedras que vienen con el camino, con cada paso.

Noche de letanías, de ruegos, de reclamos estériles para consigo mismo, nocturno propicio para inquirir la razón de esta soledad en la que habitan recuerdos, derrotas y dolores, que aunque dejadas atrás aún persiguen y agobian.

Cuántas noches dejando en desamparo la almohada, pensando en lo ya hecho y lo que se quedó pendiente, noche para recalcar en que el hoy es solo producto del ayer y con ganas inmensas mientras las lágrimas se hacen diluvio, buscando la manera de reiniciar la vida, de comenzar otra vez.

Noche de letanías, noche de vulgar trasnocho.

David Felipe Morales
23 de diciembre de 2015
4
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Entre la Razón y La Avidez

ENTRE LA RAZÓN Y LA AVIDEZ.

Conmoción aun latente de esos besos prohibidos quemando los labios, siento esas manos galopando sobre mi humanidad como corceles que recobran libertad, como famélicos náufragos buscando agua en medio de la mar.

Entre la razón y la avidez, el corazón agitado, la piel erizada y sometida en un sabor de ayer, fragmentos de ese único encuentro revuelan como golondrinas en pleno verano, con el bullicio de una jauría de niños en un parque.

Tanto silencio en el pensamiento para evocar, tanta sed de pasión, pero siempre un vacío autoimpuesto en el recuerdo, olvido que se me hizo preciso, y que erradicó de mi cerebro hasta su nombre, pero evocación ladina que persiste y que ha de vivir centelleante en mi cuerpo, en mis ganas, en el título de mis pasiones más obscenas.

Minutos de desenfreno que mermaron la razón, angustia que se desvaneció en un fugaz instante, paradigma de la culpa, mirada que ya no se mantiene, y el candado de las puertas que resguardan los cancerberos, abriendo lentamente para mí.

Una vez más me implora la piel un llamado desde el confín de la perdición, con esa voz que sentí tan cerca de mí oído, una mirada más y me condenó a pensarla hasta el fin de mis días, letanía al santo de los sordos, ruego a una estrella fugaz que vuela despavorida a encontrar su sepulcro. Media noche y el frío envuelve con un abrazo lúgubre.

Una vez más merecen los amantes atrapados por el sentimiento más límpido, una vez y temo mirar hacia atrás y que se forjen en estatuas de sal mis carnes, una vez más y firmo mi condena en el paraíso que deviene al interrogar su escote, en el oasis de su ombligo, y mi sepulcro lo descubro en su sexo.

Miedo, pavor, zozobra, somos ángeles, seres alados circundando y merodeando el infierno que el cerebro del hombre ha concebido ante algo tan natural y tan incontrolable, aversión por el tiempo que ya no es nuestro, vida en la pasión que destilamos en soledad.

Elijo recordar ese único encuentro, y con ello, con esas migas, nutrir mi mente para recrear encuentros fugaces que han de sucederse en la soledad de mis ideas, y tras el clímax, esbozar en escritos que emerjan cuando las cenizas de las pasiones ya estén frías, una vez más y venció la razón a esta colosal avidez.

David Felipe Morales
22 de diciembre de 2015
5
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De vez en cuando

De vez en cuando hablo en tiempo pasado, en evocación pretérita; de esas pasiones yertas que aunque sometidas por la distancia se mantienen latentes, en esas que pese al aplastante paso del tiempo, aún no encuentran resguardo en el olvido.

Momentos demasiado fuertes que marcaron la piel, los labios, las ganas; inolvidables pero tan difíciles de recrear en ellos nuestro hoy, cuando los corazones han sido pisoteados y nuestras almas fisgoneadas, como si lo vivido sugiriera que nos queda tan poco por ofrecer.

Con el pasar de los días sigue vivo un sentimiento que dejó huella en la isla abandonada donde rodaron desnudos nuestros cuerpos; como un volcán reprimido que espera el momento adecuado para estallar con desmedida lava, con inmensurable furia, esperando de manera inconsciente y con la esperanza sumergida en la inocencia, un nuevo encuentro.

Algo de magnetismo se siente en el aire, algo que no necesita palabras y que nunca se valió de ellas para existir, algo que aguarda el silente momento, el instante adecuado, algo que detona lo que debajo de la piel duerme.

De vez en cuando pienso en ello y tu rostro se esparce como neblina, sin poder evitar que me vengan recuerdos que calientan el alma y el espíritu, remembranzas que terminan con una sonrisa pícara y con un grito que contiene tu nombre.

De vez en cuando te recuerdo, de vez en cuando me pregunto a dónde hubiésemos podido llegar con la fuerza de esos momentos vividos que ahora calientan el recuerdo.

David Felipe Morales
16 de diciembre de 2015
4
2comentarios 55 lecturas versolibre karma: 61

Soliloquio

SOLILOQUIO.

Me precio de haber sostenido hasta el último pétalo al terminar aquel otoño y de haber aguardado mientras se ocultaba la última estrella, de haber bebido hasta la última gota de aquel néctar que se hizo amargo cuando la espera fue inútil.

Contando las horas, aguantando, sintiendo en esta silla el temporal acariciar mis entumecidos huesos, incauto centinela de una morada vacía, a la vera de un camino sin comienzo y sin final.

Ya sabía desde la cuna que vendrían a mí tantas decepciones a lo largo de esta vida, que si no fuese hecho mi corazón de la tierra misma donde se siembran, florecen y mueren rosas, a mis veinte años mi alma ya se hubiera perdido en las arenas de algún desierto.

Entonces en mí ya no hay odio, desolación o pena, ni tiempo perdido, pues mutaron a pensamientos que me dan un sabor a paz.

Para mí simplemente es el despojo de otro ángel forjado en mi mente, que pierde sus alas, yo y esa manía de idealizar mortales, para así encontrar valor real a lo inexplicable que me deviene cuando escribo.

Al final no estuviste, ni mi premio fue ese enardecido beso, ni ese abrazo que uno sintiera que extinguía las ansias de verme, solo un silencio y una turba de cuestionamientos que fueron como paladas de tierra, llenando la fosa donde deposité esa ilusión ya acaecida.

Al final, este soliloquio que retumba como lamento de un recluso dentro de mí mismo, este pensamiento en voz alta que de repente decidió volverse escrito, para intentar en vano quedar como advertencia, para cuando un ángel de labios rojos vuelva a mi ventana.

David Felipe Morales
30 de noviembre de 2015
13
sin comentarios 48 lecturas versolibre karma: 102

Semiología

Hay conexiones inexplicables, personas que logran desmoronar en el mínimo cruce de palabras, las percepciones que tenemos por ciertas.

Hay noches sin estrellas y lunas demasiado llenas; contrastes en el cielo, sabores en el aire; lluvias yertas y después soles abrazadores que parecen concebir en un breve amorío los arcoíris.

Hay corazones que deambulan por la vida como estrellas fugaces, encarcelados dentro seres humanos que no desean arraigar, ni anidar, ni pertenecer a ningún lado, personas que mantienen en constate huida.

Y hay quienes sentimos no pertenecer a ningún lado, aquellos que no cabemos en lugares genéricos, aquellos que intentamos construir universos paralelos, los que sufrimos en silencio y no encajamos, los que esperamos la noche para pintar cielos oscuros, los que exprimimos letras en papeles sin destinatario para poder compartir nuestra óptica y depurar así el alma.

Hay contrastes, gente que sigue modelos, algunas cabezas averiadas y los que logramos la sinceridad sólo en este lenguaje mudo, símbolos que no inmutan los oídos pero que se clavan en el alma.


David Felipe Morales
10 de Diciembre de 2015
3
2comentarios 52 lecturas versolibre karma: 50

¿En qué momento?

Y fue tu sonrisa como cielo manchado de extraños colores, que en el atardecer por su belleza me fue imposible obviarle; fue tu mejilla, tersa y suave como pétalo de rosa impar, de esas que incitan a adularle, pese a la prohibición, pese al aviso que lo impide.

Me vinieron tus palabras envueltas en sutil sortilegio, emergiendo un hechizo que acarició el espíritu, que abrazó el alma y del cual escapatoria no veo posible.

Y cuando lo advertí, cuando por fin me permití parpadear, ya salvarme de ese encanto no era una opción viable, ya sumido en el profundo túnel de tu mirada sentí tranquilidad.

Ahora hincado el corazón y sometida la razón, borradas las pasadas derrotas y ocultadas las cicatrices, no tuve más opción que entregarme en un vuelo por estos cielos desconocidos y entonces, me obligue a amarte.

Obligado a reconstruir mis alas, para poder alzar un vuelo sin destino pero a tu lado y así contemplar arreboles en el reflejo que deja el atardecer en tu mirada, con la premisa de ser eterno siempre que mis pasos fueran a tu lado.

Pero ¿en qué momento te clavaste hasta el fondo? ¿En qué momento te tornaste indispensable, para avivar el corazón, para germinar estos labios? ¿En qué momento lo permití? No sé.

David Felipe Morales
2 de diciembre de 2015
4
sin comentarios 54 lecturas versolibre karma: 57

La Leí

Y vi en sus ojos el destello que suele dejar la angustiosa soledad a su paso, la necesidad de un abrazo fue evidente y el tono de su voz pedía entre líneas que alguien le escuchara con vehemencia.

Sus labios marchitos y famélicos, colmados de despojos de tiempos mejores, tan llenos de anhelos, tan volátiles.

Su pecho al viento, como ese descubrimiento que ya por la constancia deja de ser novedoso, su piel ya sin huellas como playa de una isla abandonada.

Su sexo olvidado, lava yerta entre sus piernas, pasiones que ahora sólo forjan recuerdos, hace tantas lunas que no albergaba a nadie en su lecho, tantos días pasados en el calendario sin sentir un corazón palpitante en sus amaneceres.

La leí tanto mientras en un remolino de palabras se mentía y trataba de mentirme mezclando el espejismo de un presente prometedor, con esa mirada que era un lago reflejando nostalgia, un presente colmado de ausencias, falto de fogosidad, de vida.

Tras cada copa, esa estampa rígida y gloriosa que intentaba proyectar entre el humo de cigarrillos se desvanecía y la sinceridad afloraba.

Entre el sonido del reloj que sumergía más en la noche esa gota que por su mejilla rodó le dejó en evidencia, su miedo ahora su cárcel y los recuerdos se habían tornado en ese cancerbero que le obligaba a reír sin ganas.

La leí tanto y sentí que ella era mi reflejo, pero no pude llorar al unísono pues yo ya finalmente era libre y ya había aceptado como pasado el recuerdo sin aferrarme.

La leí, tanto que compartí en ese momento su dolor.

David Felipe Morales
4 de Diciembre de 2015
3
sin comentarios 43 lecturas versolibre karma: 51

Manifiesto de un Beso

En las noches cuando el frío arremete colándose en mi lecho, y el silencio retumba en mi cabeza, exhorto una idea que perturba de buena manera mi mente.

Una pregunta que emerge de los confines de mis ansias sosegadas, entrelazada finamente con anhelos que delimitan en el mismo pecado.

Palabras simples, ensoñaciones y espejismos que calientan el corazón y avivan el alma, derritiendo el más rígido de los hielos que amenace con colarse en mi cama.

Sensaciones que se fraguan en pensamientos famélicos, lugares inhóspitos de una anatomía distante, un universo paralelo que respira, camina y pernocta en el mismo lecho donde ella se entrega al abrazo sutil de Morfeo.

¿Y qué será el sentir esos labios tan cerca de los míos?

David Felipe Morales
4 de Diciembre de 2015
3
2comentarios 41 lecturas versolibre karma: 52

Un beso

Un beso surge como el más sencillo de los actos para convertirse en ese sublime instante que suele desencadenar una serie de eventos que finalizan en donde la razón se esfuma y la calma se doblega.

Un beso y se abre ante mí su pecho rebosante y palpitante tan cerca de mi mano, trayendo consigo ese calor que envuelve a los sentidos en una sinfonía de suspiros y respiraciones profundas.

Un beso y comienzo a sentir que me ahogo en el perfume que de su cuello viene, las manos se hacen curiosas en el vacío de su ombligo y se abren campo hasta el encanto acogedor de su sexo.

Recurro a mi imaginación que cada vez se hace más corta, más famélica, más monocromática, pero no menos tórrida, para adelantarme en el tiempo y así preparar los sentidos para todo lo que desencadena un beso.

Beso correspondido, lenguaje de los sentidos y tras ese sutil choque una vez colmado todo, retorno a ese beso para perderme en lo inexplicable, en lo que las letras nunca logran describir.

David Felipe Morales
5 de Diciembre de 2015
11
2comentarios 65 lecturas versolibre karma: 91

Gratitud

Como pétalos incinerados, como lágrimas en fuga, como abrazos a destiempo, me vienen recuerdos, imágenes de momentos, de rimbombantes carcajadas, olor a vino, a noche buena, a inocencia, inundan mis sentidos.

Recuerdos que como fugaces y despavoridas mariposas se meten en el pensamiento, me procuran gotas de nostalgia y de alegría que se mezclan como un coctel que toma tiempo de beber.

Entre luces titilantes y llamadas inesperadas que al colgar terminan en sollozo, entre regalos sin marcar y en el bullicio de la gente afuera de este recinto, contemplo la lejanía y en entero de cómo ha pasado el tiempo, los espacios simplemente se han perdido.

Volver y de manera violenta, pretender que nunca me he alejado, volver y sentirme aun parte de ese lugar donde ya no encajo, con una sonrisa fingida y con tanta aversión entre pecho y espalda.

Depongo el nefasto sentir que inunda, la época así lo exige, e intento sumirme y posteriormente ahogarme en este nuevo mar que tú me prendas, en este sentir que de a pocos se me hace propio, en este nuevo lugar en el que brevemente siento pertenecer.

Una nueva vuelta al calendario, un manojo de uvas y un brindis que le dé sabor a un nuevo comienzo, gratitud a éste nuevo trasegar de los días, a tu lado y con promesas compartidas, ya sin inocencia pero con la ansiedad de que vengan más noches buenas a tu lado, muchos más calendarios que en nuestras manos se esfumen.

David Felipe Morales
7 de Diciembre de 2015
4
sin comentarios 34 lecturas versolibre karma: 37

El perfume

Yo aquí, buscando excusas para mirarla, preso del sortilegio que me viene desde su cuello. Aquí, viendo pasar el tiempo a cuentagotas, mientras sostengo la sombra de una rosa en una mano y las cenizas de una carta en la otra.

Yo aquí, como el sol que huye de la noche, escondiéndome de los miedos, de esos temores que suelen disfrazarse y colarse entre mis múltiples aversiones, para así lograr llevar mi mente a la neblina, para pensarla en paz y así lograr fijarme en exceso en esa belleza, como en el placer que en la soledad tiene el silencio.

¡Ay¡ de la perdición que flora cuando pernocta mi pensamiento en sus labios, en esos besos ya conocidos y tan lejanos, de vez en cuando cruzo las líneas, los límites, y me atrevo, me adentro en el laberinto cuya puerta emerge en esa mirada, en esos ojos.

El vino mas denso como la misma sangre, la noche más oscura, la caricia que trasciende la piel para corromper la carne y el perfume, ese malévolo olor que eriza los sentidos y corrompe los pensamientos y terminan por someter la razón.

Más tiempo quisiera aunque este se colmara de silencio, de afonía y miradas que como dagas se incrusten hasta el alma, sin palabras precisas ni adecuadas en ese momento, pero perdido en la estela de ese perfume que se torna en maldito, embriagado en ese aroma que emana de su cuello.

David Felipe Morales
17 de noviembre de 2015
12
2comentarios 101 lecturas versolibre karma: 93

Paz Sepulcral

Quizás verás mis labios sangrando un poco, pues me muerdo de ganas pensando en los tuyos.

Mis manos inquietas famélicas de tu piel, sudorosas; mis piernas en temblor constante, poseídas por un apetito inexplicable de juntarlas a las tuyas.

Quizá y se crucen nuestras miradas, y puedas leer tanto de mis anhelos que delimitan en el pecado, que revolotean en mi mente; y por el temor de ponerme en evidencia, no podré mantener mis ojos en los tuyos.

Si traes ese profundo escote verás mi mirada incrustada al piso, para evitar irrumpir en la frontera invisible que me obligaste a trazar.

Pero cada vez que pueda, estaré los suficientemente cerca para aspirar tu perfume y alimentar mis pensamientos, para sentirte aunque esté en lejanía constante, en exilio de ti.

Pero jamás sabrás de mis pensamientos, de las palabras que se me anudan en la garganta, porque así lo acordamos, porque así lo dijimos, porque en el tedio de esta lejanía se concibe la paz...tanta paz sepulcral.

David Felipe Morales
16 de noviembre 2015
2
sin comentarios 35 lecturas versolibre karma: 14

Premonición

Si decidieras irte a otro planeta, la distancia que me tocara recorrer hasta encontrarte tendría una mínima parte del tamaño del amor que por ti yo siento.

Si te fueras, y entonces me tocara guardar estos besos que de mi ser brotan abundantes, ni las estrellas alcanzarían para contarlos.

Si te alejaras de repente, la arena del desierto no sería suficiente para llenar relojes en la impaciente espera que me agobia mientras a mí tu vuelves.

¡Oh, si te fueras!

Y si decidieras sacarme de tu vida, ni el agua que a raudales corre por las Cataratas del Niágara, podría borrar de este planeta las lágrimas que mis ojos derramaran.

Pero si me faltaras, si supiera que tus sentimientos no son míos, quedarían como la sal de un mar olvidado, depositados en mi alma, y mi corazón los desgajara y trozo a trozo los vertería en ríos que jamás se encontrarán, y en ese entonces haría que mi espíritu emigrara a otro planeta.

Goce de la primavera y premonición de un final e invierno inevitables.

David Felipe Morales
29 de noviembre de 2015
6
sin comentarios 53 lecturas versolibre karma: 84

Anhelos Silentes

Besos inmolados en sus mejillas, palabras buscando asediar en el profundo de su pensamiento, caricias suicidas bordeando el abismo que se fragua en ese escote, pensamientos mancillados por utopías, y silente se hace el lamento en una tarde de lluvia.

A mi espalda un equipaje atiborrado de imágenes que a cada paso se hace más pesado, caminos ya trasegados.

Una mirada certera y temeraria, queriendo invadir con sus tropas de caricias impertinentes tras su ropa, lucha diaria en pro de conquistar sus sentidos.

Vienen y van premisas de manera veloz, como golondrinas en verano, como esa gente que en vano intenta huir de este temporal, nada me lleva hacia el zócalo de su casa para resguardarme de esta tormenta, todos los caminos parecen alejarnos más.

Mente en desconcierto, corazón enredado y ajustado entre coronas espinadas, anhelos que se han enmohecido, dudo que en su abrazo encuentre la paz a mi angustia, dudo que el agua que de sus besos brota calme el ardor de mis entrañas.

Lejanía, confinado a verla a diario, zozobra de no saber cuál será su siguiente paso, yo esperaré a que el temporal pase, a que la sed mengüe pese a estar mojándome bajo esta lluvia, bajo este temporal de anhelos silentes.

David Felipe Morales
19 de Noviembre de 2015
4
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Para Elegir

Se hace necesaria la intermitencia en las palabras, las repentinas distancias, los momentos de silencio, para hacer frente a la realidad.

Alimentar anhelos y con ello atesorar ansias, para no ser atropellado por el inevitable trasegar de la rutina.

Pasan los días, y si en el camino no se topa con una piedra o algo que interrumpa el advenimiento de perfección, imperioso es para no caer en el tedio de una existencia sin sobresaltos, idear alguna nube negra que adorne el azul infinito de un cielo de verano.

Inherente al ser humano el conflicto, la necesidad de inquirir, de arrastrarse a nuevas sensaciones y situaciones que pongan límite a las premisas preestablecidas.

Urgente entonces tras invocado el percance, que las gotas de madurez estén presentes en el agua para que laven los rostros y los pies un poco enlodados de camino ya recorrido.

Breve repaso por los misterios del corazón en donde la razón no tiene cabida, esto para no ahondar en superfluas discusiones, en efímeros conflictos.

Después de la tormenta siempre ha de venir la calma, pero al arbitrio de cada quien si se edifica en ese lugar proclive al mal tiempo, si así es su menester, está organizar y seguir escribiendo sobre los vestigios dejados por el torbellino.

David Felipe Morales
18 de noviembre de 2015
4
sin comentarios 46 lecturas versolibre karma: 68

Sinceridad

No me culpes por no poder dejar atrás los miedos, los temores de heridas pasadas, de intentos fallidos, que susurran aún a mi oído en las noches.

Corazón encadenado y temeroso el que resguarda mi pecho, ojos que prefieren estar siempre abiertos para evitar soñar, fantasmas que con dagas me reprimen.

Heridas que se han cerrado y en su cicatrización han liberado odios y tristezas, más aún, así persisten en el recuerdo de una mente colmada de recelos.

No se busca entre estas letras que aflore sentires de lástima, pero se precisa decir y aclarar que la cruda realidad me pesa, y que mis besos no intentan cruzar más allá de los labios.

Cuántas cartas escritas a medias, para no ahondar en sentires que adentren indefectiblemente en el laberinto del amor, sentimiento ruin que la vida a golpes secos me ha enseñado, en su capacidad de hacerme efímero.

Cuántas veces he irrumpido el letargo a su lado cuando en mi lecho pernoctamos, todo para no sumirme en demasía en sueños y utopías.

El amor viene siendo el color de esta cárcel en la que me resguardo, para no sentir, para dejar pasar, para evitar por temor a perderme en las flechas de cupido.

Pero hoy, solo hoy quiero avocar a la sinceridad.

David Felipe Morales
21 de Noviembre 2015
5
2comentarios 33 lecturas versolibre karma: 80
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